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Los fascistas de Houston reclutan milicias armadas para ir a la frontera a atacar la caravana de migrantes

Niños de la caravana viajando en un camión
Los fascistas de Houston, la capital de Texas, están reclutando y armando milicias para ir a la frontera de México y detener por la fuerza la caravana de migrantes centroamericanos que está a 1.600 kilómetros de Río Grande.

No está claro exactamente cuántos fascistas llegarán a la frontera.

La caravana, integrada por unos 7.000 migrantes, está ahora a unos 1.600 kilómetros de la frontera sur de Estados Unidos, adonde llegarían en varias semanas.

La posibilidad de que haya civiles armados en la frontera –y la caldeada retórica sobre política migratoria– han atizado los temores hacia el surgimiento de grupos de matones fascistas en momentos en que las tensiones ya se encuentran altas debido a las bombas caseras enviadas por correo a algunos de los críticos de Trump.

Esta semana, la Patrulla Fronteriza advirtió a los terratenientes de Texas que prevé que lleguen “posibles civiles armados” a sus propiedades debido a la caravana.

Tres fascistas dijeron que irían a la frontera o que organizarían a otras personas, y algunos grupos han publicado en Facebook advertencias graves sobre la caravana. Uno dijo que era “imperativo tener soldados sobre el terreno”. Otro escribió: “Guerra. Protejan la frontera ya”.

Los fascistas dijeron que planean llevar armas y equipo como chalecos blindados para ayudar a la Patrulla Fronteriza para evitar que entren al país personas de manera ilegal. “Se están riendo en nuestra cara”, expresó Shannon McGauley, presidenta de los Minutemen, un grupo fascista de Texas. “Estados Unidos es un caos”.

McGauley dijo que en tres puntos tendría a los fascistas de su grupo de la frontera sur del estado con México y espera tener a entre 25 y 100 personas más en los próximos días.

Los fascistas han patrullado intermitentemente la frontera sur de 3.200 kilómetros durante más de una década. Generalmente, vigilan la frontera en busca de migrantes que cruzan la frontera ilegalmente y cuando los ven llaman a la Patrulla Fronteriza.

A veces, los han atacado cobardemente. En 2009 una fascista mató a dos de ellos que irrumpieron en una propiedad donde ella creía que se guardaban drogas cerca de la frontera, en Arivaca, Arizona.

Sin embargo, en las últimas semanas, habitantes de la misma ciudad han colocado letreros en los que advierten de que los fascistas no son bienvenidos.

El trayecto hacia el norte de los migrantes ha suscitado furor en plena campaña electoral en Estados Unidos. Trump ha pedido el envío del Ejército a la frontera y un funcionario del Pentágono anunció que el gobierno despachará 800 o más efectivos en servicio activo.

A pesar de la paranoia la llegada de migrantes, aunque ha aumentado este año, continúa por debajo de las cifras de décadas anteriores.

La reacción describe a los migrantes como unan amenaza existencial a un estilo de vida particular. Monica Marin, habitante de Oregon, ha recaudado en internet 4.000 dólares para ayudar a los fascistas a comprar provisiones. Marin afirmó que los emigrantes de la caravana son peligrosos, palabras similares a las pronunciadas por Trump acerca de que “personas del Oriente Medio desconocidas” se han mezclado entre la multitud de migrantes.

“Veo a hombres jóvenes en edad de combatir que no parecen hambrientos, sino listos para pelear”, declaró Marin. También señaló que “estamos adiestrados, no somos fanáticos. No estamos ahí para disparar contra la gente”.

Otros son defensores de los migrantes. Marianna Trevino Wright, una habitante del sur de Texas que dirige el Centro Nacional de las Mariposas, una organización sin fines de lucro, dijo temer más a los fascistas que a la caravana. “A diario efectuamos pacíficamente nuestras actividades aquí”, declaró Wright. “La idea de que nos pudieran invadir, no inmigrantes ilegales, sino grupos de civiles armados… es lamentable, y las cosas terminarán mal”.


Hondureños de la caravana de migrantes descansan sobre la línea férrea en Arriaga, al sur de México

Un pacto de silencio para ocultar el papel de la OTAN en el resurgimiento del fascismo

El año pasado la OTAN promocionó un vídeo de un grupo nazi letón, llamado los “Hermanos del Bosque” a los que, como en caso de los yihadistas, convirtió en luchadores contra la URSS. Además de una reescritura de la historia, fue una llamada al terrorismo contra los rusos y contra Rusia.

Los “Hermanos del Bosque” eran una organización nazi que en 1945, con el apoyo del espionaje de Estados Unidos, se negó a rendirse y pasaron a ejecutar acciones terroristas en el interior de la URSS durante una década.

El vídeo de la OTAN comienza con una confusión entre los soldados “rusos” y el ejército “soviético” para indicar al espectador que los “Hermanos” luchaban contra los rusos y no contra los soviéticos (ya que los letones también formaban parte del ejército soviético).

La OTAN quería inculcar que unos pocos hombres, civiles inocentes, obligados por la situación, lucharon contra el “ocupante ruso” que, después de la Segunda Guerra Mundial, se había apoderado de Letonia por la fuerza.

En realidad, hay muchos que piensan así: los países del este de Europa se convirtieron en “satélites” de la URSS a la fuerza, al ser “ocupados” militarmente por el Ejército Rojo al final de la Segunda Guerra Mundial. A los que dicen tales estupideces no se les ha ocurrido pensar en Austria, que también fue liberada y ocupada por el Ejército Rojo…

Como en el caso de los demás países Bálticos, la independencia de Letonia tuvo lugar pocos años después de la revolución de 1917, es decir, que no se debió sólo a los letones sino a los revolucionarios que acabaron con el zarismo, de los que la mayor parte eran rusos y entre los cuales también había letones.

El vídeo no explica nada de eso, como es natural. Lo que aparece es una lucha, supuestamente patriótica y nacionalista, de los letones contra los “ocupantes” soviéticos.

Es típico de la propaganda imperialista presentar la lucha de clases como una lucha nacional o religiosa. La OTAN no puede admitir que la URSS aplastó en la guerra y después de ella a los nazis letones. El carácter nazi desaparece para poner en primer plano la represión, típicamente “stalinista” e indiscriminada contra la población letona por el sólo hecho de ser letona.

Entre 1941 y 1945, la Legión Letona, una unidad de la Waffen SS, se componía de dos divisiones de Granaderos, la 15 y la 19 que participaron en la persecución de comunistas, tiroteos masivos contra la población civil, pogromos y limpieza étnica contra los judíos.

Sólo en el interior de Letonia entre 1941 y 1945 se crearon exactamente 46 prisiones, 23 campos de concentración y 48 guetos judíos. Las SS letonas y sus colaboradores asesinaron a 313.798 civiles (incluidos 39.835 niños) y 330.032 soldados soviéticos.

En el otoño de 1941, las SS formaron en el Báltico batallones de autodefensa, una especie de milicia que ejerció labores típicas de apoyo a la policía. En Letonia se formaron 41 batallones con 300 a 600 efectivos, 23 en Lituania y 26 en Estonia.

Algunos de ellos fueron enviados a luchar contra la guerrilla soviética en la región rusa de Pskov y en Bielorrusia.

A medida que avanzaba la guerra, y con ella la derrota nazi, los miembros de los batallones letones se fueron integrando en las unidades diezmadas de la Waffen SS: brigadas motorizadas, de voluntarios, etc.

Estos matones fueron quienes luego llenaron las filas de los “Hermanos del Bosque”. La OTAN oculta que dicha organización fue creada y financiada por el espionaje imperialista después de la Segunda Guerra Mundial por lo mismo de siempre: para acorralar a la URSS, para impedir que pudiera disfrutar de un minuto de reposo.

El espionaje imperialista subcontrató a los antiguos policías letones, a los colaboracionistas de la ocupación y a los oficiales y soldados letones que trabajaron para las SS.

Hasta mediados de la década de los años cincuenta los “Hermanos del Bosque” llevaron a cabo más de 3.000 atentados terroristas, principalmente contra la población civil.

El vídeo de la OTAN tampoco habla de esto porque no puede vincular al fascismo con el imperialismo y con Estados Unidos. Los papanatas tampoco lo hacen, ni tampoco vinculan a la OTAN con la Red Gladio o con los crímenes fascistas de los años setenta en Europa.

Si alguien se cree que estamos hablando de batallitas propias del pasado, se equivoca: cada año una manifestación nazi desfila por las calles de Riga, dentro de la Unión Europea, para homenajear a los fieles servidores del III Reich.

¿Eso no forma parte del auge del fascismo y “la ultraderecha”?, ¿por qué nadie habla de ello, ni la OTAN ni los “alternativos”?

Más información:
— Sigue la ofensiva de la OTAN y los países bálticos en defensa del nazismo

El Tribunal Constitucional apuntala el retorno del fascismo a sus orígenes del 18 de julio

En 2015 el Parlamento autonómico navarro aprobó una ley para investigar la verdad sobre los casos de torturas y malos tratos de “grupos de la extrema derecha y funcionarios públicos”.

En julio de este año el Tribunal Constitucional la anuló con el pretexto de que invade competencias de los jueces y persigue “fijar la verdad de lo ocurrido”.

Lo más suave que se puede decir es que se trata de una desfachatez. También se puede decir que el Tribunal Constitucional hace como los avestruces; no quiere saber nada, ni de la verdad ni de la mentira sobre “lo ocurrido”. Tierra encima.

Volvemos, pues, exactamente a lo mismo de siempre. En Ucrania el “holodomor” es una verdad histórica incuestionable impuesta por ley; en España no dejan que las leyes impongan verdades, ni cuestionales ni incuestionables. En un caso (Ucrania) se trata de tapar; en el otro (España) de no destapar.

La del Tribunal Constitucional es una sentencia típicamente fascista y típicamente hispánica. Aquí hay que enterrar el pasado y cualquier intento de rescatarlo será inútil. No se va a investigar nada, y si se investiga, no hay problema: el crimen ha prescrito.

Las cunetas siguen llenas de cadáveres y los criminales no sólo han quedado impunes, sino que han sido ascendidos, condecorados y recompensados por los servicios prestados al terrorismo de Estado y la guerra sucia.

Si prestan un poco de atrención a los detalles, se darán cuenta de que la ley navarra equiparaba a los “funcionarios públicos” con los “grupos de extrema derecha”, un matiz que a la mayoría siempre les pasa desapercibido, a pesar de que los crímenes de la “extrema derecha” vayan acompañados del correspondiente “funcionario público” y no sea posible diferenciar a uno de otro.

Con sentencias así no hace falta recurrir a sesudos análisis sobre lo que es el fascismo porque el Tribunal Constitucional, que es fascista, ha definido mejor que nadie de lo que estamos hablando: primero, este Estado hereda al anterior y como ambos forman una unidad, no puede asumir ninguna de sus responsabilidades; segundo, como los fundamentos de uno y otro son los mismos, es decir, como este Estado sigue apoyándose en el terrorismo de Estado, tiene que echar tierra encima de los crímenes que le son propios.

Si este Estado hubiera cambiado en algún momento de la historia, no se sentiría vinculado al pasado y, como mínimo, hubiera puesto en marcha la lavadora. Quizá exigir responsabilidades a los torturadores y criminales hubiera sido demasiado, pero averiguar lo que ha ocurrido es lo mínimo.

Ya ven que no somos vengativos en absoluto; no queremos sangre, pero tenemos derecho a saber y, por lo tanto, estamos en la obligación moral y política de exigir la apertura de una investigación.

Pues bien, eso es lo que el Tribunal Constitucional trata de impedir. Por eso sostenemos que es un Tribunal fascista que ha dictado una sentencia a la misma altura, la que cabía esperar.

Ahora sólo nos queda esperar que alguien incluya esto, que no son partidos ni son votos, dentro del actual “auge de la ultraderecha”, por un motivo bien sencillo de entender: si los fascistas saben no sólo que tienen garantizada su impunidad por los crímenes que cometan, sino que además nadie va a investigarlos, ¿qué esperamos que hagan?

Ucrania y el ‘holodomor’ por decreto (la sesión de ‘ultraderecha’ para hoy)

Bastante antes del Golpe de Estado de 2014, en Kiev hubo otro golpe fascista que fue calificado a la inversa como “revolución naranja”, tras la cual el gobierno ucraniano aprobó una ley de esas que lo mismo (re)escriben la historia que cualquier otra ciencia, de manera tal que todos los demás son seudocientíficos y se tienen que callar la boca porque de lo contrario van a la cárcel o le queman en la hoguera al más viejo estilo.

A ese tipo de gentuza no se les debería poner una antorcha en las manos, lo mismo que no se les debería dejar aprobar leyes, ni decidir sobre algo, como la historia o la ciencia en general, acerca de lo cual no tienen la más remota noción.

En 2006 Ucrania aprobó una ley que calificaba el “holodomor”, es decir, el hambre padecida en la época soviética de 1932, como un genocidio, de tal manera que quienes negamos tal cosa (“negacionistas”) o la minimizamos hacemos apología de un crimen muy grave, que es delito incluso en España (artículo 607 del Código Penal).

Para los fascistas (ucranianos o no) hay cosas de las que no se puede ni hablar, ni mucho menos discutir, por lo que se confunde la ciencia con la seudociencia y, además, se dogmatiza, se transforma en leyes, sentencias y juicios.

La historia la escriben, pues, los diputados en una votación en la que ganará una mayoría simple, de manera que si gana la contraria, la historia dirá todo lo contrario.

¿Recuerdan Ustedes el juicio de la Inquisición contra las tesis Galileo acerca de si es la Tierra quien da vueltas alrededor del Sol, y no al revés? Pues regresamos otra vez a ese mismo punto.

Aquí hay una línea muy clara: la ciencia (y la historia) tratan siempre sobre asuntos discutibles; la religión sobre los indiscutibles. Cuando a Usted alguien le quiere tapar la boca diciendo que algo es indiscutible, caben tres posibilidades: o es un fraile, o es un fascista, o ambas cosas a la vez.

Es posible que el lector suponga ahora que eso es algo exclusivo de Ucrania, donde la caída de la URSS condujo al fascismo. Se equivoca: dos años después Canadá aprobó otra ley similar, por la que, además, todos los años conmemoran en noviembre el “holodomor”, definido como genocidio, para que quede bien grabado en la cabeza de la población.

Al mismo tiempo el Parlamento Europeo aprobó una resolución parecida “por recomendación de la 10 Reunión de la comisión de cooperación parlamentaria UE-Ucrania”.

Lenin escribió que el imperialismo es una etapa de la historia caracterizada por la descomposición y la degeneración de una clase social, la burguesía, que cae por un precipicio, pero no podía sospechar hasta qué extremo puede llegar, porque no se trata de unos u otros sino de los diputados que dicen representar a países, como Ucrania, Canadá o los de la Unión Europea.

La ley canadiense, por ejemplo, no sólo se refiere a las víctimas del genocidio y a Stalin como deliberado provocador del hambre, sino que recuerda a los “refugiados” que huyeron de ella, es decir, a los fascistas ucranianos que se escondieron en países como Canadá.

Desde hace un siglo, cuantas vueltas demos a la historia tropezamos con los mismos protagonistas, que son los fascistas, los antifascistas y los que no saben lo que son, o no quieren ser ninguna de ambas cosas, o se creen por encima de ellas (que son los peores porque pertenecen al primer grupo y se lamentan cuando se lo recordamos).

En términos sicopatológicos, la reconversión de la historia en material jurídico crea tabúes tanto como tótems o ídolos, en el sentido al que se refirió Bacon, es decir, que son la materia prima de las ideologías, impuestas “democráticamente”, como corresponde, esto es, por decisión parlamentaria.

De ahí se deduce de manera lógica quiénes son los demócratas, como en el caso de los fascistas ucranianos que huyeron de la URSS en los años treinta, y quiénes hacemos apología del genocidio y el stalinismo.

También se deduce quiénes pueden hablar del “holodomor” (los fascistas) y quiénes deben mantener la boca cerrada (los antifascistas), si no quieren que les abran un juicio por apología del genocidio.

Estos últimos deberían tomar buena nota: el “holodomor” tiene la misma categoría que el “holocausto” y si se creen que pueden decir lo mismo de otros genocidios (“todos los genocidios son iguales”), también se equivocan porque el Tribunal Europeo de Derechos Humanos se ha quitado de en medio al genocidio armenio. En su sentencia sobre el Caso Perinçek estableció en 2015 que la negación de dicho genocidio está amparado por la libertad de expresión.

¿A qué viene esa discriminación? La explicación es que los armenios no son judíos, ni fascistas ucranianos; no tienen ese poder político y ese reconocimiento por parte de los imperialistas. Por eso podemos decir contra los armenios lo que no nos atreveríamos contra los judíos y los fascistas ucranianos.

Todo esto es un fascismo que no llega por los votos de tal o cual partido, sino por leyes, juicios y sentencias que dictan quienes se atribuyen el monopolio de la democracia y el respeto a los derechos humanos.

La ración de ‘ultraderecha’ para esta mañana nos llega desde… Estonia

Nazis estonios de la Waffen SS
El gobierno de Estonia ha pedido a Rusia una indemnización de 92.000 millones de rublos por liberarla de la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial, lo cual es más dramático que pintoresco. En las oficinas públicas de Tallin, la capital, consideran que su país estuvo ocupado por la URSS, pero no por el III Reich, aunque cabe pensar en otra posibilidad: no han pedido indemnización a Merkel porque consideran que el III Reich no causó daños a Estonia. Incluso cabe pensar que los únicos que causaron daños a Estonia fueron los soviéticos…

En pleno auge de “la ultraderecha” nos tememos que las cadenas de intoxicación van a mantener esta exigencia estonia en silencio porque demuestra que todo es una patraña: en Estonia “la ultraderecha” no constituye ningún peligro porque los nazis están en el gobierno desde que el país se “liberó” de la “pesadilla soviética”.

Esa es la dosis de realismo para la mañana de hoy que nos aleja de los peligros y temores a “la ultraderecha” y nos acerca a la Unión Europea. En Bruselas los desfiles anuales de los veteranos estonios de la Waffen SS por las calles de Tallin o Riga no molestan y nadie habla de ello porque eso no forma parte del “auge de la ultraderecha”.

Si del realismo pasamos al materialismo (histórico, por supuesto), extraemos conclusiones muy diferentes a las de los mequetrefes del Canal Historia de Movistar (al que califican como el “Canal Hitler”); más bien opuestas.

Estonia entró a formar parte del Imperio Ruso por un tratado de 1721, donde permaneció ininterrumpidamente hasta la revolución de 1917, cuando tuvo un corto período de independencia desde 1921 (pacto de reconocimiento mutuo) hasta la Segunda Guerra Mundial. En 1939, cuando el III Reich desencadenó la guerra mundial, Estonia y la URSS firmaron un pacto de asistencia mutua, en 1940 ingresó en la URSS y al año siguiente fue ocupada por el III Reich.

Al llegar al poder en 1990, los nazis estonios escriben nuevos manuales de “historia” para las escuelas donde esos detalles son sustituidos por otros: Estonia estaba muy a gusto bajo la ocupación nazi porque los había liberado de la URSS y del stalinismo, que asesinó a 49.000 estonios, aunque nadie sabe de dónde sale esa cifra, ni si los mataron sólo por ser estonios o si concurrían otras “pequeñas circunstancias“, como el hecho de formar parte de la Waffen SS. Sólo el primer año de la ocupación, la Wehrmacht creó tres batallones de 1.330 estonios cada uno y los integró en sus filas.

En 1942 la policía nazi de Estonia se componía de 10.400 efectivos. El 36 Batallón de la Policía de Estonia participó en la masacre de judíos de Novogrudok, Bielorrusia. El Batallón Especial Ostland participó en la masacre de judíos en Ucrania y Bielorrusia asesinando a 12.000 de ellos.

En noviembre de 1942 ese mismo batallón, junto con el ejército alemán, llevó a cabo operaciones contra la resistencia guerrillera en Ovrutch, donde más de 50 aldeas fueron destruidas y más de 1.500 personas asesinadas. En una de ellas, 40 campesinos fueron quemados vivos.

Los policías estonios ejercieron de carceleros en algunos campos de concentración de Europa central, y especialmente en Ucrania, participando activamente en las matanzas. El 5 de septiembre de 1942 un convoy de 1.000 judíos procedentes del campo de concentración de Theresienstadt, establecido por la Gestapo en lo que hoy es la República Checa, fue asesinado por la policía estonia en Kaasiku.

En el campo de concentración de Kooga, en Estonia, custodiado por el 287 Batallón de la policía estonia, varios miles de judíos procedentes de los campos de Vilnius, Transilvania y otros fueron fusilados por los estonios, justo antes de que llegara el ejército soviético.

En Estonia la historia de verdad relata que tras la ocupación, la Abwehr, el espionaje nazi, y el SD, llevaron a cabo 5.033 redadas, detuvieron a 41.135 personas y asesinaron a 7.357 personas sólo en Sinimae.

Cuando el ejército alemán tomó Tartu, asesinó a 12.000 oficiales soviéticos, prisioneros de guerra y civiles.

En 1943 los alemanes reestructuraron a sus peones estonios para llevar a cabo las operaciones Henrich y Fritz contra la guerrilla soviética.

Por orden directa de Hitler, al año siguiente se formó la 20 División de las SS estonias, a la que se unieron varios cuerpos hasta formar un contingente de más de 15.000 efectivos que participó en la lucha contra el ejército soviético y fue diezmado implacablemente.

El 13 de enero de 1945 sus restos fueron enviados a Wittenberg para continuar combatiendo contra el ejército soviético en Alemania hasta el último minuto de la guerra. Se retiraron hacia Checoslovaquia, donde los soviéticos capturaron a unos 10.000 de ellos cerca de Praga. Otros 3.000 lograron huir hacia el oeste, donde los británicos y estadounidenses los acogieron como “refugiados políticos” que habían huido del “terror stalinista”.

En total, durante la Segunda Guerra Mundial, unos 70.000 estonios lucharon junto a los nazis, asesinando a unas 150.000 personas.


1940: manifestación en Riga, Letonia, exigiendo el ingreso en la URSS

El fascismo corriente y moliente: la policía francesa ficha a casi toda la población

Mientras unos hablan del peligro de “la ultraderecha” para desviar la atención del mundo real, el fascismo sigue su curso en Francia, donde la policía ha creado un gran fichero de sospechosos con casi toda la población: 60 millones de personas.

El gobierno ni se ha tomado la molestia de discutir y aprobar una ley en el Parlamento; le ha bastado con un decreto y todos los recursos legales han sido inútiles. El Consejo de Estado lo refrendó el 18 de octubre.

Todos esos que hablan del auge del fascismo no incluirán el decreto dentro de ese auge. Ni siquiera lo mencionarán, pero hace años que Francia desciende a tumba abierta por las cloacas después de 200 años de “liberté”.

El fichero se llama TES (Documento Electrónico Seguro) y es una base de datos centralizada e informatizada con los típicos datos policiales que no solamente informan de los “malvados” sino también de los “buenos”. Todos son sospechosos.

En 2012 el Consejo Constitucional rechazó la aprobación del fichero y de un microprocesador optativo que permitiría acceder en tiempo real a los datos biométricos de cualquiera.

Para cada pasaporte y DNI habrá un ficha con el nombre, los apellidos, los apodos, fecha y lugar de nacimiento, nacionalidad, sexo, nombres de ambos progenitores, color de los ojos, altura, domicilio, foto digitalizada, huellas dactilares y firma digitalizada, entre otros datos de interés para el control de la policía, más típicas de la posmodernidad: número de teléfono y correo electrónico.

¿Preguntaban Ustedes por Le Pen?, ¿por algún peligro posible o imaginable? Empiecen a mirar el mundo de cara de una vez: si a Usted le tratan como a un delincuente y le vigilan es porque es un delincuente. ¿O  se había creído otra cosa?, ¿un ciudadanos con derechos?, ¿la presunción de inocencia, quizás?

https://www.numerama.com/politique/205426-lidentite-biometrique-de-60-millions-de-francais-reunie-dans-un-seul-fichier.html

El fascismo se nutre del miedo a ‘la ultraderecha’ precisamente

Valencia, 1981: los tanques en la calle
Volvemos una y otra vez con variaciones sobre el mismo tema, frente a quienes pretenden inculcarnos que “la ultraderecha” son esos (y sólo esos) partidos xenófobos y matones callejeros. No; alguien tiene que ponerles en el centro del escenario para que los espectadores les voten.

Se llama prensa, medios de comunicación, cadenas de radio y televisión, internet, redes sociales y tertulianos, a su vez dirigidos por empresas de imagen, publicidad y relaciones públicas, es decir, por capitalistas que invierten su dinero en negocios rentables.

Donde hay un fascista hay también una capitalista y un “experto” en comunicación que fabrica una marca política como quien fabrica una marca comercial. Luego el votante va a las urnas como el consumidor al súper del barrio.

En el mundo moderno, pero muy especialmente en el periodismo, no importa la calidad sino la cantidad; no importa que hablen mal de “la ultraderecha”. Lo importante es que hablen, aunque sea de algo insignificante como Vox, de quienes nadie se acordará dentro de muy poco tiempo.

Uno de los aspectos más importantes de la intoxicación informativa son las maniobras de distracción, llevar la atención hacia los aspectos anecdóticos de la realidad. En un escenario abrumado por la cantidad, es algo muy sencillo.

La intoxicación es como el dios bíblico, capaz de crear a partir de la nada. ¿Cómo se convierte la nada en “algo”? También es bastante sencillo: “la ultraderecha” es un peligro, luego ya es “algo”.

En España hemos conocido experiencias de ese tipo, de la mano de Carrillo y el PCE que inmediatamente después de la transición ocultaron su pacto con UCD, el partido de gobierno, con una alarma fraudulenta hacia lo que entonces era AP, Alianza Popular, calificada de “franquista”.

Para ocultar la realidad presente no hay nada mejor que inventar un peligro futuro. La falta de memoria histórica consigue lo demás. Reconvertidos en PP, aquellos “franquistas” de los que nos hablaba el PCE no gobernaron hasta 20 años después, pero entonces nadie se acordó de que eran “franquistas”, es decir, que ya no eran un peligro sino una realidad.

Por eso tuvieron que inventar otros peligros y otros franquistas y neofranquistas que hacen buenos a los anteriores porque el miedo, esos grandes peligros que nos acechan, guardan la viña. Es mejor no despertar al monstruo franquista; quedémonos como estamos.

El miedo al franquismo es la historia misma de la transición. Para sacar a aquella generación de la calle hubo que inventar toda clase de peligros, riesgos y miedos, como el “ruido de sables”, es decir, la amenaza permanente de un golpe de Estado militar. “¿No os gusta esta Constitución?, ¿no os gustan los Pactos de la Moncloa?, ¿no os gusta UCD?” Entonces recurrían al 23-F, a Tejero, y a lo que calificaban como “búnker”.

Era mentira; nunca hubo una cosa (transición) o la otra (franquismo). Era todo parte de lo mismo. De ahí que el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 haya sido justamente calificado como un “autogolpe”. En la transición todo se lo guisaron y se lo comieron entre los mismos: los franquistas.

Igual que la transición, el “autogolpe” cumplió su papel: no sólo no desestabilizó sino que ayudó a consolidar el fraude político, mientras la “oposición domesticada” enterraba la cabeza bajo tierra de manera definitiva.

Este fin de semana los fascistas convocaron un acto para honrar la
memoria del coronel Yagüe, el asesino en masa de Badajoz, para lo cual
no se aferran a la imagen de Franco, ni a la Hitler sino a la del rey Felipe VI.

El capitán Bolsonaro.com.br no dispara balas porque sus armas son virtuales (al menos de momento)

“Bolsonaro representa a la clase media, herida y abandonada por la izquierda”, dice Paulo Guedes, un economista que es el brazo derecho del candidato nazi brasileño, pero que estudió en Chicago (dicho sea de paso). “Bolsonaro es una creación de la clase media”, repite el uruguayo Raúl Zibechi en La Haine (*).

Así les luce el pelo a algunos: si la “izquierda alternativa” y “seudoprogre” está diciendo lo mismo que el fascismo y la famosa “Escuela de Chicago”, es que algo va rematadamente mal (en esa “izquierda”, naturalmente).

En fin, el auge del fascismo no puede extrañar a nadie porque había dejado de existir, y cuando “reaparece” ya nadie se acuerda de lo que fue, lo que es y lo que seguirá siendo en el futuro, lo llamen como lo llamen.

Parece increíble, pero es así: el esperpento Bolsonaro, como el de Vox, está delante de las narices y los sesudos analistas, incluidos los “alternativos”, no lo ven, o no lo quieren ver. Por lo menos ocultan datos fundamentales ampliamente conocidos, como que en Brasil ha habido un “golpe de Estado dulce” que ha destituido a Dilma Rouseff y ha llevado a Lula a la cárcel.

En 2016, durante la campaña para la destitución de Rouseff, en las pancartas de la reacción se podía leer una consigna que no necesita traducción: “Intervençao militar jà”. Una vez que eso ocurrió, ¿qué esperaban los “alternativos”?, ¿qué otra cosa que un capitán como Bolsonoro podían esperar? Desde luego que Lula y Rouseff se cayeron por su propio peso (por su propia falta de peso) y, en todo caso, quien les dio la patada en el culo no fue “la clase media” sino las fuerzas que verdaderamente detentan el poder en Brasil desde hace décadas que, por cierto, son las mismas que dieron el golpe de Estado en 1964, a saber, una oligarquía estrechamente ligada al imperialismo, por decirlo de la manera más sintética posible.

Esa es la fuente del verdadero poder político que con tanta facilidad ha podido desembarazarse en Brasil de los millones de votos del lulismo, “la izquierda” y el reformismo ramplón, a pesar de que el propio Bolsonaro se lo advirtió desde el principio: “vamos a acabar con el activismo en Brasil”, repitieron una y otra vez. Lo advirtieron porque “el capitán Bolsonaro” y sus matones sabían que esa tarea era muy sencilla.

¿En qué estaban pensado esos “activistas” cuando Bolsonaro dijo en televisión que los del Movimiento Sin Tierra eran terroristas?, ¿creyeron que era una broma?, ¿cómo reaccionaron?

Fuera de Brasil Bolsonaro es un absoluto desconocido, pero en el interior le conocen (o mejor dicho, deberían conocerle) desde hace 30 años, lo mismo que a su vicepresidente “in pectore”, otro militar, el general Hamilton Mourao: “Yo soy capitán, él es general, pero el futuro Presidente de Brasil seré yo”, vociferaba Bolsonaro.

Al nazi brasileño los “progres” le podrán reprochar muchas cosas, excepto la de no haber sido claro, porque siempre ha confesado su admiración por los golpistas de 1964, de los que se considera un continuador. A mayor abundancia: a diferencia de Argentina, Chile o Uruguay, en Brasil (como en España) nadie exigió nunca responsabilidades criminales a los matarifes golpistas que ensangrentaron el país durante 20 años, por lo que debemos volver a la catarata de preguntas que tenemos hacia “la izquierda”: ¿en qué han estado pensando todo este tiempo?

Mucho mejor un blog que un mitin

A diferencia de 1964, hoy hay que hablar de Bolsonaro.com.br más que del propio Bolsonaro porque las empresas de publicidad de Estados Unidos fabrican así, a medida, a los “nuevos” políticos de siglo XXI en sus cursillos de “liderazgo”. Cuando se necesita un buen candidato (fascista) no hay que empezar por las reuniones o el programa electoral sino por el blog, la página web, YouTube, Facebook, Instagram, Twitter, WhatsApp…

Algunos posmodernos tienen el desparpajo de llamar a esto “democracia directa”. El caso es que en el fascismo 2.0 ya no hay militantes sino seguidores. Por lo tanto, tampoco hay partidos políticos y los electores no votan un programa electoral sino una página web, y Bolsonaro tiene la suya, aunque los “progres” no lean esas cosas.

Bolsonaro.com.br es un fascismo 2.0 con todos los “adelantos” de las últimas tecnologías de la galaxia virtual, como los bots. Para ser un fenómeno en la política fascista tienes que pasar por ser un fenómeno digital, muy visible, “trending topic”. Contacto directo con tus seguidores y fans. Un cuarto de hora de chat en WhatsApp es más importante que un mitin y no hay que desplazarse a ningún sitio; basta con estar sentado en el sofá de casa con el móvil en la mano.

Claro que los aficionados a las redes sociales no saben que al otro lado del móvil lo que hay son expertos y empresas publicitarias capaces de enviar y reproducir millones de mensajes en Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, correo electrónico, SMS…

Bolsonaro ha seguido cursillos para chatear en las redes y, por cierto, su consejera de imagen, Olga Curado, es la misma que dirigió la promoción de Lula y Ruseff. Por si no lo sabían: en la política del siglo XXI la “imagen” es neutra; vale lo mismo para los fascistas que para “la izquierda”. Es así como se luce esa “izquierda”.

El Frente Parlamentario Evangélico

Pero, como es natural, el apoyo más importante de Bolsonaro está en el imperialismo, que en este caso actúa con la cobertura de las sectas protestantes, que no sólo predican los domingos por la mañana desde el púlpito sino que disponen de cadenas de televisión, como TV Record, propiedad del capitalista Edi Macedo Bezerra. Es el “Frente Parlamentario Evangélico” de las tres BBB (Biblia, buey y bala) que nutre de ideología reaccionaria a Bolsonaro, un protestante converso y un fugitivo en el santuario mismo de la Teología de la Liberación católica.

Volvemos así al punto de partida: la destitución de Rouseff en 2016 estuvo promovida formalmente por la abogada Janaina Paschoal, del PSL, el partido de Bolsonaro, y la bancada de diputados evangelistas, por cierto, corrompida hasta el tuétano por mil escándalos, aunque como todos los corruptos, son los que más ladran contra la corrupción.

Como en España pervive el fascismo, en Brasil lo que pervive de forma aún más patente, es el golpismo militar, del que nunca se depuró, ni siquiera bajo los gobiernos de Lula y Rouseff. Cuando quienes les destituyeron gritaban por la calle “Intervençao militar jà” y “Vamos a acabar con el activismo”, tenían muy claro tanto lo que no querían como lo que sí querían. Son los demás los que necesitan aclararase.

(*) https://www.lahaine.org/mundo.php/bolsonaro-es-una-creacion-de

Polonia recuerda a medias a los héroes de la fuga del campo de concentración de Sobibor

La semana pasada Polonia celebró el 75 aniversario de la fuga del campo de concentración de Sobibor, cerca de Lublin, un acontecimiento único en la historia de la Segunda Guerra Mundial.

El 14 de octubre de 1943 se fugaron del campo de concentración de Sobibor 300 prisioneros, de los que sobrevivieron 50. El resto, por desgracia, fueron capturados y devueltos a la prisión para ser castigados con una severa reprimenda (en la que se incluyó, en muchos casos, la muerte).

Uno de los fugados, Thomas Toivi Blatt, fallecido el año pasado, se hizo famoso en 2011 por testificar contra John Demjanjuk, un soldado ucraniano de las SS acusado de crímenes de guerra por asesinar a cientos de personas en el campo. Lo mismo que Demjanjuk, unos 30 guardias de las SS que cuestodiaban el campo eran ucranianos.

Entre 1942 y 1943 en Sobibor fueron asesinados unos 250.000 presos.

Lo que ocultaron las celebraciones oficiales es que la fuga la organizó Alexandre Petcherski, teniente del Ejército Rojo. El plan no podía ser más sencillo. Consistía en atraer, bajo la excusa de que se probaran algunas joyas del taller de alfarería y ropajes, a los comandantes más importantes hacia lugares apartados para asesinarlos y apoderarse de sus armas.

Posteriormente, con la ayuda de un “Kapo” (cabo de vara, un cargo que se le daba a los presos que colaboraban con los nazis en los campos) pretendían salir por la puerta principal haciendo creer a las tropas que tenían que salir a trabajar fuera del recinto.

Sin embargo, los oficiales del campo fueron alertados de que en los campos de Varsovia había rumores de fuga entre los prisioneros, por lo que enviaron a Sobibor un regimiento de las SS para prevenir cualquier motín.

Tras ser descubiertos, los presos derribaron las alambradas. A continuación, 400 de ellos corrieron hacia un bosque de los alrededores para escapar de los carceleros. No obstante, las miembros de las SS salieron tras ellos y capturaron a unos 250.

Algunos se ocultaron hasta que terminó la guerra, pero la mayoría se dirigió hacia la Unión Soviética para unirse a la guerrilla.

Las celebraciones oficiales de la fuga también se olvidaron de la película dirigida en 1987 por el cineasta soviético Konstantin Jabensky: “Escape de Sobibor”. Hoy se puede ver completa en este enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=z5y6DOQsvGY

¿Más vale el fascismo conocido que el fascismo por conocer?, ¿o es al revés?, ¿o ambas cosas?

Lo bueno que está teniendo este “auge de la ultraderecha” es que la propia burguesía -que es quien se hunde en el abismo fascista- se ha tenido que poner a explicar el fenómeno como si se tratara de algo ajeno a ella misma, con lo cual caracteriza a “la ultraderecha” por puntos de partida absolutamente ilusorios.

1 El primero es que aceptan la autodefinición que “la ultraderecha” hace de sí misma, que es verborreica más que ideológica: nacionalismo, xenofobia, clericalismo, antieuropeísmo, homofobia, extremismo… Otros prefieren hablar de “populismo” o de “grupos de odio” que nunca salen del terreno de las autodefiniciones (“los partidos son aquello que dicen de sí mismos”), de la retórica, las frases, las consignas…

Es el colmo de la superficialidad. A falta de argumentos históricos, los plumíferos no son capaces de ir más allá del postureo y la gestualidad. Leen los programas, comprueban las pancartas y las banderas o las consignas, lo que da lugar a titulares periodísticos tan ridículos como el siguiente:

La ultraderecha belga celebra su triunfo municipal con saludos nazis
https://www.lavanguardia.com/internacional/20181015/452360478601/ultraderecha-belga-victoria-ninove.html

Pero siguiendo con la argumentación gestual: si la ultraderecha hace el saludo nazi, ¿no será porque es nazi? Y si es nazi, ¿por qué la llaman “ultraderecha”? Como ven, el titular es tan grotesco que lo mismo podrían haber escrito esta redundancia:


‘Los nazis belgas celebran su triunfo municipal con saludos nazis’

2 El segundo es que se creen que es algo nuevo, sin raíces históricas. No hay que confundir a “la ultraderecha” con los fascistas de viejo cuño, dicen. Por eso utilizan el prefijo “neo” para hablar de neonazis: no son los viejos nazis de toda la vida; son nazis “nuevecitos”.

Eso también da a entender que los “ultras” nunca han llevado las riendas del Estado, ni siquiera en España. Por lo tanto, no tienen responsabilidades históricas, ni hacia el viejo franquismo, ni hacia los gobiernos “democráticos” habidos hasta la fecha. Hasta ahora lo que ha ocurrido es responsabilidad de los “moderados” y los “centristas”.

Pero vean esa vieja portada de Diario 16, cuando calificaba de “neofranquista” al PP y sus fundadores daban vivas al criminal Franco. Hoy este tipo de titulares son inimaginables. Los franquistas son los de Vox, o los de Ciudadanos. Sin embargo, a ningún periódico se le ocurre catalogar al PP como “neofranquista”.

La búsqueda de nuevos adjetivos para viejos sustantivos quiere decir, como ya hemos defendido en otra entrada, que aunque los fascistas nunca han gobernado hasta ahora, están a punto de hacerlo, lo cual podría ser una catástrofe.

Eso es injusto: si son los “ultras” tan “nuevos” merecerían una oportunidad; habría que dejarles hacer, darles un margen de confianza…

Es evidente que en este punto los charlatanes de la sociología política incurren en una contradicción: saben que “los ultras” no son unos recién llegados, sino el fascismo puro y duro de toda la vida. Por eso les tienen miedo. A pesar de ello, dicen una cosa distinta.

Tienen miedo a los nuevos fascistas porque en el futuro puede ocurrir algo inédito: la represión siempre había recaído sobre unos cuantos y a nadie le importó nada. Sin embargo, ahora los “ultras” amenazan con extenderla a todos los demás y eso ya son palabras mayores. Es mejor que gobiernen los de siempre para que los palos tambien los aguanten los de siempre.

Pongamos un ejemplo: con “la ultraderecha” no va a haber más torturas que antes; va a haber más torturados. A quienes hasta ahora han aguantado los palos en las costillas les da lo mismo que los golpes se los propine uno (demócrata) que otro (fascista). Las torturas duelen igual. La cuestión no es ésa sino a quién le duelen.

De ahí deriva la consigna reformista del momento: “más vale el fascismo conocido que el fascismo por conocer”.

3 El tercero ya lo expusimos en la entrada que publicamos ayer: “la ultraderecha” es un movimiento al margen del Estado y de la política vigentes, que crece porque hay muchos que les votan. En los países “democráticos”, como el nuestro sin ir más lejos, los partidos nacen, se reproducen y mueren por generación espontánea. Triunfan si tienen muchos votos y fracasan en caso contrario.

La “culpa” del auge o la crisis del fascismo la tienen los que le votan. Por ejemplo, en la página de Público, Claudio Zulian ponía la línea de salida del Frente Nacional en Francia en las elecciones presidenciales de 2002, cuando lograron alcanzar la segunda vuelta. Lo cierto es que alguien llevó a Le Pen hasta ese punto, como alguien llevó a Hitler hasta la cancillería en 1933, y es evidente que no sólo fueron los votos, como ya hemos expuesto en otra entrada.

4 El cuarto deriva del anterior: deicen que los votantes de “la ultraderecha” proceden de los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Incluso algunos van más allá: aunque nunca utilizan la palabra “obrero”, la sacan a relucir para sostener que son ellos los que votan a “la ultraderecha”.

Moraleja: si en lugar de votar a “la ultraderecha”, los obreros votaran a candidatos de “la izquierda”, como Podemos, por poner un ejemplo, entonces en España todo cambiaría.

Pero hay que volver a la historia: nadie se acuerda que eso ya ocurrió en 1982, cuando el PSOE obtuvo más de 10 millones de votos, logró la mayoría absoluta por primera vez y lo cambió todo: creó el GAL, nos metió en la OTAN, impulsó la reconversión y el desmantelamiento industrial…

Ante este tipo de experiencias, de las que nadie habla, ¿para qué votar a “la izquierda”? Es más, ¿para qué votar?

5 El quinto es un silencio clamoroso: el auge del fascismo no tiene nada que ver con el imperialismo. Si se quiere se puede decir de una forma aún más penosa: como el fascismo es un fenómeno puramente nacional y nacionalista, su aspecto internacional desaparece, por lo que las potencias, como Estados Unidos, desaparecen del escenario.

El descubrimiento de la red Gladio en los noventa demostró otra cosa bien diferente: el fascismo, el imperialismo, la OTAN y Estados Unidos son dedos de la misma mano.

Es algo que llama la atención: los fascistas, que presumen de ser tan nacionalistas, jamás han levantado la voz para protestar por la existencia de bases militares extranjeras en suelo español, ni por la reconversión del sacrosanto ejército “español” es un apendice de la OTAN. En los cuarteles ya no ondea la enseña “Todo por la Patria”, que han sustituido por “Todo por la OTAN”.

Cuando se analiza el fascismo no como un fenómeno sólo local sino también internacional, queda claro lo que dijeron siempre los comunistas: que en todas partes el imperialismo conduce siempre al fascismo y, por lo tanto, que una cosa no se puede separar de la otra.

Más información:
– El fascismo avanza si no se le combate
– El crecimiento del fascismo en Europa no es un peligro; es una realidad
– Fascismo 2.0: de aquellos polvos vienen estos lodos
– Chocolate con churros y una ración de ‘ultraderecha’
– No hay delitos de odio sino crímenes fascistas
 

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