‘Salvar a Ucrania de Rusia es salvar a Taiwán de China’

Es el último argumento de los altavoces del imperalismo en Estados Unidos: salvar a Ucrania de Rusia es salvar a Taiwán de China. La consigna se está repitiendo estos días de forma monótona, siguiendo un guión claramente establecido.

La vicepresidenta del gobierno canadiense Chrysta Freeland ha dicho: “El mensaje de disuasión más fuerte que podemos enviar a China es una victoria decisiva para Ucrania”.

El senador de Estados Unidos Lindsey Graham repite lo mismo: “Detener la financiación a Ucrania es una sentencia de muerte para Taiwán”.

Necesitan renovar los mensajes de pánico porque la audiencia de las televisiones ya está aburrida de Ucrania y de las noticias sobre la guerra. Tienen que dar un giro, buscar una amenaza nueva en un teatro diferente.

La nueva retórica imperialista es perversa. China no quiere invadir Taiwán, al igual que Rusia no quería invadir Ucrania. En múltiples ocasiones China ha dicho que quiere la reunificación pacífica basada en el consenso de ambas partes. Son los imperialistas los que provocan a China enviando armas a Taiwán y convirtiendo a la isla en un fortín militar.

Lo más lógico es pensar lo siguiente: si Rusia gana la Guerra de Ucrania, entonces los imperialistas se debilitan y la presión sobre Taiwán se calma, lo que reduce el riesgo de guerra y fortalece las posibilidades de China de lograr una reunificación pacífica.

Pero si, por el contrario, Rusia pierde la guerra, entonces los imperialistas vuelven por sus fueros y utilizan su victoria como prueba de que pueden debilitar a China de la misma manera que lo hicieron con Rusia. Eso llevaría a China a recurrir a la fuerza con Taiwán.

Hace muchos años que China ha trazado las líneas rojas, que los imperialistas tratan de sobrepasar. La principal de ellas está en Taiwán. Si Estados Unidos reconociera la independencia de Taiwán, sería una declaración de guerra contra China.

Los imperialistas saben que militarmente China es más débil que Rusia. Desde su nacimiento en 1949, tiene muy poca experiencia bélica, a diferencia de Rusia. Es un gigante con los pies de barro, por más que sea la primera potencia económica del mundo.

No es ningún secreto: aunque el gobierno de Pekín está a favor de una solución pacífica con Taiwán, se prepara para cualquier eventualidad.

China ha crecido con la política de “puertas abiertas” que Estados Unidos impuso al mundo en la posguerra, y quiere mantenerla. Los mercados mundiales son complementarios y de ellos se pueden extraer beneficios para todos. Pero no se hacen ilusiones sobre los nuevos planes que elaboran en Washington para romper la baraja.

China se ha convertido en el enemigo principal porque es un bocado más grande y un enemigo más débil que Rusia. Pero en caso de una guerra similar a la de Ucrania, Europa podría aportar poco y Estados Unidos lo tendría mucho más complicado, incluso contando con Japón y Corea del sur.

Estados Unidos ya no se hace ahora las ilusiones que se hizo el año pasado con Rusia: las sanciones no van a servir para nada y la guerra económica tampoco. El bloqueo no ha puesto a Rusia de rodillas y tampoco lo van a lograr con China.

En el plano diplomático, hace muchos años que China ganó la partida. El mundo reconoce que Taiwán es parte integrante de China y, por lo tanto, cualquier alusión a la isla es un asunto interno de China. Las diferencias con Ucrania son abismales en este punto.

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