Rusia: una cadena de montaje para disidentes, exiliados y perseguidos de todo tipo

Mijail Shishkin es un escritor ruso de éxito que ha recibido varios premios literarios y el pasaporte suizo después de publicar una muy documentada historia político-literaria sobre “La Suiza rusa”, que en 2000 le valió el premio del cantón de Zurich.

Podría ser uno de esos rusos que cada año se suman al desfile del 9 de mayo en las calles de Moscú, llevando el retrato de su padre, un veterano de la última guerra mundial, dos veces condecorado con la Orden de la Bandera Roja, y de su tío, que fue fusilado por los nazis.

Pero en 1995 se instaló en Basilea al casarse con una suiza, desde donde hace los típicos llamamientos que entusiasman a los reporteros occidentales, no ya sólo por su oposición a Putin sino incluso para boicotear la Copa del Mundo de Fútbol, sólo por el hecho de que se celebró en Rusia. Según Shishkin, “el deporte se ha convertido para Rusia en la tercera etapa de la guerra”, después de la Guerra Fría y la Caliente.

En sus numerosas entrevistas, el escritor dice que está exiliado en Suiza, algo que también vende mucho en las cadenas de intoxicación. ¿Hay mejor entrevista que la de un disidente ruso?

Son personajes que propician titulares espectaculares, como el de “Le Monde” hace cinco años: “Un escritor ruso se niega a representar al ‘régimen criminal’ de su país”, al que le seguía otra entrada, no menos llamativa: Shishkin rechaza una invitación a la Feria del Libro de Estados Unidos para protestar contra un gobierno al que califica como “hatajo de chorizos”(1).

No nos podemos imaginar que un escritor español rechace una invitación parecida para protestar, ni contra el “régimen de 1939”, ni contra la corrupción institucionalizada.

Pero Rusia se presta al consumo de este tipo de titulares, que luego acompañan los informes de los palurdos de las ONG. Lo que nadie leerá nunca es que Shishkin se fue a vivir a Zurich en 1995 porque se casó con una suiza, lo que nunca le ha impedido publicar y vender muchos libros en su país de origen.

Al casarse con su tercera esposa, rusa, dejo su “exilio” y regresó a Rusia, aunque por poco tiempo, ya que los medios le echaban de menos. Tras el golpe de Estado en Ucrania y la anexión de Crimea, regresó a Suiza y no ha vuelto a Moscú desde entonces.

Pero no son sólo las mujeres o la política lo que le hace vivir a caballo entre uno y otro país. En Rusia el escritor ha sido acusado de plagio, las facultades de filología le ponen como ejemplo de ello e incluso la radio rusa más escuchada, “Ecos del Moscú”, ha dedicado un programa entero a destapar su “copia y pega”(2).

Por el contrario, en Suiza nadie le reprocha nada, posiblemente porque no hay muchos especialistas que sigan la literatura rusa moderna. “Le Monde” nunca dedicará un titular a los plagios de Shishkin.

(1) https://www.lemonde.fr/europe/article/2013/03/08/un-ecrivain-russe-refuse-de-representer-le-regime-criminel-de-son-pays_1845421_3214.html
(2) https://echo.msk.ru/blog/kurvimetr/1027936-echo/

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