
Construido en 2016, el buque es el símbolo mismo de la presencia rusa en el Ártico, el barco más potente de su clase. Tiene 173 metros de eslora, 15 metros de manga y un calado de 14.000 toneladas.
Está destinado al transporte de gas natural licuado desde el Ártico. El sábado regresó al puerto de San Petersburgo después de un viaje de prueba de dos días. Su destino son los astilleros bálticos donde se construyó.
Los dos días que Arktika pasó en el mar fueron utilizados para probar los algoritmos operativos y la maniobrabilidad del barco, dijo Moustafa Kachka, director de Atomflot, la compañía a cargo de la flota rusa de rompehielos, en un comunicado. Aunque es de energía nuclear, el Arktika usó un motor diesel para este primer viaje. Según sus fabricantes, puede cortar 2,8 metros de hielo.
Arktika forma parte de un proyecto de mayor envergadura para permitir la navegación durante todo el año a través del paso del noroeste, que conecta el Océano Atlántico con el Océano Pacífico a través del Ártico. Debería simplificar la entrega de hidrocarburos al sudeste asiático para Rusia. Las pruebas finales del Arktika están programadas para marzo y abril del ao que viene y su puesta en servicio está prevista para mayo. Otros dos buques similares, el “Ural” y el “Sibir”, están en fase de construcción.
El Ártico es una encrucijada en la chocan los intereses de cinco países, entre ellos Rusia y Estados Unidos. Por motivos estratégicos, Putin considera una prioridad que Rusia se convierta en la principal potencia económica y militar de la región.
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