mpr21

La web más censurada en internet

Archivos (página 937 de 1505)

Lo que el fascismo no es…

1. El fascismo no es “la ultraderecha” y, sin embargo, “la ultraderecha” forma parte del fascismo.

2. El fascismo no es sólo un adjetivo, ni un insulto, sino también un sustantivo: una determinada forma de ejercicio del poder político por parte de la burguesía monopolista en la época moderna.

3. El fascismo no puede ser idéntico hoy que hace 90 años porque las situaciones históricas han cambiado. La lucha de clases ha cambiado. El movimiento obrero ha cambiado. La URSS ya no existe y, además, existen instituciones antes desconocidas: la ONU, la OTAN, la Unión Europea, la OEA… Que el fascismo evolucione no significa que no sea fascista, sino todo lo contrario: cambia para seguir siéndolo, para mantenerse en el poder.

4. El fascismo no puede ser idéntico en un país que en otro porque la situación política es distinta. No es lo mismo en una gran potencia imperialista que en un país sometido. No es lo mismo en Europa que en Latinoamérica.

5. El fascismo no es un partido, ni dos, ni tres, ni todos. El fascismo no es el PP, ni Ciudadanos, ni Vox, ni España 2000, ni… Esos partidos son fascistas, pero no son el fascismo.

6. El fascismo no es la clase media, ni la pequeña burguesía, ni el lumpen, ni los desclasados… Un ejército no es fascista porque lo sea su tropa sino porque lo es su Estado Mayor, es decir, quien lo dirige.

7. El fascismo no es una política económica, ni tampoco su contraria. No es el (neo)liberalismo, ni el intervencionismo, ni la autarquía, ni las nacionalizaciones, ni la liberalizaciones, ni las privatizaciones, ni el corporativismo, ni la seguridad social…

8. El fascismo no es nacionalismo, ni patriotismo. Cuando un país es socialista, a los fascistas no les importa venderse a cualquier país extranjero que quiera regresar al capitalismo.

9. El fascismo no es una ideología, ni una simbología. Tampoco es ninguna clase de cultura, sino lo contrario; es la ignorancia, el embrutecimiento, el anafabetismo y el garrulismo. Los fascistas no exponen argumentos porque no los necesitan. No es que no digan nada nuevo; no dicen nada.

10. El fascismo no es igualitario sino discriminador. Sobre todo diferencia según la clase social y, por lo tanto, según el poder. Favorece al fuerte y perjudica al débil. Su política consiste en dividir para vencer. Discrimina según el pasaporte, el color de la piel, la religión, las prácticas sexuales…

11. El fascismo no es pacifismo sino su contrario. Es la violencia, el rearme, la guerra, la represión y todas las formas de ejercicio del poder por la fuerza bruta.

12. El fascismo no se opone al reformismo sino que lo necesita. La amalgama de fascismo y reformismo se llama socialfascismo. Ambos son complementarios; se ayudan mutuamente. Los reformistas son el maquillaje del fascismo: lo encubren, lo visten y lo desvisten para que no parezca lo que es. Los fascistas no disimulan ni sus objetivos ni sus medios. Eso lo dejan para los reformistas.

La máquina de censurar: la Unión Europea quiere liquidar la libertad de expresión en internet

Un texto presentado por la Comisión Europea en septiembre, a petición de Francia y Alemania en nombre de la “lucha contra el terrorismo”, podría aprobarse rápidamente. Aunque no se le ha dado mucha publicidad, el proyecto plantea una grave amenaza a la libertad de expresión en las redes de internet independientes de Google, Facebook, Twitter y demás monopolios.

Con el pretexto de bloquear contenidos considerados como “terroristas”, se concede la facultad de censurar tanto al sector privado como a los Estados, incluso a los más arbitrarios. Algunos defensores de la libertad consideran que también está en juego la supervivencia de la mensajería cifrada.

En septiembre, a petición de los gobiernos alemán y francés, la Comisión Europea presentó un proyecto de reglamento sobre la prevención de la difusión de contenidos terroristas en línea (1). “Francia y Alemania han hecho de la lucha contra el uso de Internet con fines terroristas una prioridad”, escribieron el entonces ministro francés Gérard Collomb y el ministro alemán del Interior en una carta dirigida a los comisarios en abril de 2018.

Cinco meses después, el texto de la Comisión estaba listo. La censura policial y privada de internet se trivializa, denunció en septiembre la organización francesa de defensa de las libertades La Quadrature du Net (2). La asociación con sede en París advierte de otros dos peligros: el reglamento refuerza el monopolio de las multinacionales digitales (Google, Facebook, Microsoft) y pone en peligro la existencia misma de servicios de mensajería cifrada, como Signal o ProtonMail.

La propuesta de Reglamento de la Comisión -que, de adoptarse, será vinculante para todos los Estados miembros de la Unión Europea- establece que “los proveedores de servicios de alojamiento suprimirán o bloquearán el acceso a contenidos terroristas en el plazo de una hora a partir de la recepción de la orden”. Es la policía, no necesariamente los jueces, la que decidirá qué contenido hay que suprimir.

En Francia es la Oficina Central de Lucha contra la Criminalidad vinculada a las Tecnologías de la Información y la Comunicación, el servicio de policía encargado de la ciberdelincuencia. Los proveedores también deben, por sí mismos, detectar e identificar los “contenidos terroristas”, lo equivale a un sistema de filtrado preventivo para censurar el contenido incluso antes de informar a las autoridades.

“Los sistemas de filtros automáticos son máquinas de censura”, advierte Patrick Breyer, cabeza de la lista del Partido Pirata alemán para las elecciones europeas del año que viene (3). ”Estos sistemas ya han eliminado completamente el contenido legal, como la documentación de las violaciones de los derechos humanos en las guerras civiles”. La libertad de opinión “no se debe confiar a algoritmos”, añade.

El miembro del Partido Pirata alemán teme abusos por parte de las autoridades nacionales responsables de ordenar bloqueos de contenidos. Con el pretexto de bloquear el contenido terrorista, “se pone la libertad de expresión e información en manos, por ejemplo, del Ministerio del Interior húngaro o de la policía local rumana”, escribe. En Hungría, bajo el gobierno de Viktor Orban, en el poder desde 2010, un refugiado sirio puede ser condenado por terrorismo por el simple hecho de forzar una valla fronteriza. Las personas que ayudan a los migrantes también corren el riesgo de un año de prisión desde que se aprobó una nueva ley en junio.

El reglamento también amenaza la existencia misma de los proveedores independientes de servicios de internet. “Sólo un puñado de anfitriones podrá cumplir esas obligaciones, en particular el plazo de una hora para censurar el contenido. Los otros anfitriones -la gran mayoría de los cuales, desde el principio, han formado el cuerpo de internet- son incapaces de responder a él y estarán sistemáticamente expuestos a sanciones”, dice La Quadrature du Net.

“Si se aprobara el texto, los monopolios de la red (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft, Twitter) quedarían consagrados en su papel clave en las políticas de seguridad de los Estados miembros. Se verán reforzados en sus posiciones ultradominantes, ya que todos los demás servicios han tenido que cerrar, incluidos los servicios descentralizados que respetan nuestros derechos”.

“Esta regulación europea de la censura se aplicaría a casi todos los servicios de internet, comerciales o no comerciales, como los blogs con funciones de comentarios, foros, Wikipedia, servicios de intercambio de archivos o portales de noticias con comentarios”, asegura Breyer. “El Reglamento pone en peligro la existencia de muchos de estos servicios, que no disponen de los recursos necesarios para aplicar el filtrado y bloquear los contenidos en una hora”.

El Reglamento convierte en ilegal los sistemas de mensajería cifrada, como Signal o el servidor de correo ProtonMail. El artículo 2 de la propuesta de Reglamento establece que se verán afectados todos los servicios que pongan la información “a disposición de terceros”. Esto es diferente de “disponible para el público”. Este pasaje significa que la regulación podría aplicarse a servicios de correo electrónico como ProtonMail y a servicios de mensajería instantánea como WhatsApp, Signal o Telegram. El cifrado de punto a punto, es decir, la protección de nuestros intercambios privados, se volvería contraria a las obligaciones establecidas en este texto y sólo podría desaparecer.

Con el pretexto de la “lucha contra la difusión de contenidos terroristas”, el proyecto de reglamento abre de par en par la puerta a una vigilancia y un filtrado generalizados de internet, sostiene a las multinacionales digitales en su posición de monopolio y evita la existencia de cualquier forma de mensajería cifrada y, por tanto, protegida.

Se supone que los proveedores aplicarán técnicas de geolocalización cuando se les ordene bloquear el contenido. De hecho, no se les pide que eliminen el contenido en sí, sino que lo bloqueen para los usuarios de la Unión Europea. Sin embargo, es muy fácil superar técnicamente el bloqueo geográfico, por ejemplo, utilizando proxies o servidores intermedios con sede fuera de la Unión Europea.

(1) https://edri.org/leak-france-germany-demand-more-censorship-from-internet-companies/
(2) https://www.laquadrature.net/2018/09/12/reglement_terro_annonce/
(3) http://www.patrick-breyer.de/?p=574033

Brasil otra vez bajo la bota militar yanqui

Darío Herchhoren

En 1964 el ejército brasileño dio un golpe de estado contra el presidente de Brasil Joao Goulart bajo el mando del General Castelo Branco, inauguraba de esa manera la terrible instalación de dictaduras militares en Sudamérica que siguió luego en Bolivia con el general Banzer, en Uruguay con la dictadura cívico militar de Bordaberry, en Argentina con la dictadura de Videla y en Chile con Pinochet.

Ya en años anteriores el presidente de los EEUU Richard Nixon predijo que «a donde vaya Brasil irá Sudamérica». Y se cumplió fielmente. El golpe brasileño tuvo unas características muy particulares, ya que los militares establecieron unas condiciones que les permitieron una gran autonomía con respecto a la injerencia de los EEUU en su política interior. Es así como la dictadura militar brasileña se propuso desarrollar el país sobre todo en materia científica y tecnológica, para lo cual permitió que investigadores venidos de los países limítrofes, sobre todo de Argentina y Uruguay, se instalaran y pudieran trabajar con relativa libertad.

El mentor de esa política fue el jefe de la fuerza aérea brasileña brigadier general Silvio Heck. Es decir que «solo se reprimió a aquellos que se debía reprimir». La represión se centró en líderes sociales, campesinos, estudiantiles, culturales; y con ello demostraba la dictadura militar brasileña una actitud mucho más inteligente que sus homólogas vecinas.

Pero el huevo de la serpiente ya estaba puesto y era solo cuestión de tiempo para que eclosionara, y pariera a otra serpiente.

La dictadura militar brasileña comenzó a soltar lastre, y aflojar la represión y de esa manera surgieron gobiernos civiles como el de José Sarney y el de Henrique Cardoso, que obviamente contaron con el apoyo vigilante del ejército,que dio un paso atrás y permitió la «apertura democrática», que posibilitó el triunfo de Lula Da Silva.

La presidencia de Lula significó que muchos de los «farraposos» (harapientos como les llaman las élites de Sao Paulo) salieran de la pobreza y abandonaran los peldaños más bajos de la sociedad. Ese gobierno sacó a 38 millones de brasileños de la miseria y los incorporó a las las clases medias  de la sociedad; y ese hecho hizo que sonaran las alarmas.¿Cómo era posible que los farraposos de ayer fueran a los mismos restaurantes, a las mismas escuelas, a las mismas playas y a los mismos cines que nosotros? La «buena sociedad basileña», profundamente racista, no podía permitir ese desmán. Había que impedir como sea que otra vez ganaran los desarrapados, los marginados, los miserables de siempre. Para ellos bastaba con las comparsas del carnaval, la bossa nova y el futbol.

Algo muy parecido a lo ocurrido en Argentina con el triunfo de Macri, donde la clase media dio el gobierno a ese servidor del imperio. Ese es quizá el mayor de los motivos que llevaron al triunfo de Bolsonaro, un oscuro diputado ex militar y conspicuo fascista, que ocupará el palacio de Planalto sede de la presidencia de Brasil. Esta vez el ejército brasileño, que había jugado la carta nacionalista aunque «ma non tropo» en 1964, prefirió la entrega del país al imperio con tal de que los farraposos no salgan del lugar donde deben estar. Pero esto tiene los pies de barro; y con la pérdida de la cámara de representantes por parte de Trump; el mentor de Bolsonaro, este último quedará colgado de la brocha, y su gobierno pasará con pena y sin gloria.

La verdadera historia de Bush y la independencia de Ucrania

Recientemente falleció el criminal de guerra Bush, padre de una saga cocinada a su imagen y semejanza, y en su cuenta de Twitter a Poroshenko no se le ocurre otra cosa que calificarle de “testigo de la restauración de la independencia de Ucrania”.

A Poroshenko se le olvidó añadir que Ucrania es independiente en contra del criterio de Bush y de Estados Unidos porque eso le hubiera llevado a concluir que su independencia se debe a quienes en 1991 regían los destinos de la URSS, es decir, a Gorbachov y compañía.

Es más, Bush se opuso a la independencia de Ucrania porque debilitaba la posición de Gorbachov, que era su hombre en Moscú. Por eso viajó tanto a Moscú como a Kiev: para sostener la cohesión entre ambos países.

El 1 de agosto de 1991, unos meses antes del referéndum de diciembre, en el que Ucrania votó a favor de la salida de la Unión Soviética, pronunció en Kiev un discurso en el Parlamento ucraniano, en el que les dejó muy clara la postura de Estados Unidos:

“Vengo a decirles que apoyamos la lucha de este gran país por la democracia y la reforma económica. En Moscú, presenté nuestro enfoque. Apoyaremos a los que están en el centro y en las repúblicas que buscan la libertad, la democracia y la libertad económica. Los estadounidenses no apoyarán a aquellos que buscan la independencia para reemplazar una tiranía lejana con un despotismo local. No ayudarán a quienes promueven el nacionalismo suicida basado en el odio étnico”.

El discurso lo escribió Condoleeza Rice, pero Bush lo modificó personalmente para añadir un punto importante: la independencia de Ucrania conducía al fascismo. Bush lo sabía porque había sido director de la CIA que, a su vez, era quien había sostenido a los movimientos fascistas ucranianos durante toda la Guerra Fría, según muestran los archivos (1).

Ucrania es un país sin identidad propia. Literalmente su nombre significa “región fronteriza”. Lo que tiene se lo debe a la URSS. La población de la mitad oriental es de origen y cultura rusos, mientras que la mitad occidental está habitada por los rutenos de Galicia y de otras nacionalidades.

Durante siglos, Ucrania occidental estuvo bajo la dominación del Imperio Austro-Húngaro (2), es decir, fue dependiente de un Estado germánico. Los que les une es su hostilidad hacia los rusos, a quienes consideran invasores. Para escapar de su pasado soviético, desde 1991 Ucrania fabricó un “nacionalismo” basado en la cultura de la parte occidental, que desde 1933 era predominantemente nazi.

Los gallegos de la parte occidental fueron quienes se aliaron con los invasores nazis y masacraron a polacos, judíos y rusos en nombre del “nacionalismo”.

Bush temía que se reprodujera la experiencia de 1941 y luego la independencia (1991) y dos golpes de Estado sucesivos en Kiev en 2004 y 2014 así lo han demostrado contundentemente, y manda huevos tener que dar la razón aquí a Bush frente a Poroshenko (nada menos).

(1) Hitler’s Shadows. Nazi War Criminals, U.S. Intelligence and the Cold War
https://www.archives.gov/files/iwg/reports/hitlers-shadow.pdf

(2) Vladimir Golstein, Why Everything You’ve Read About Ukraine Is Wrong
https://www.forbes.com/sites/forbesleadershipforum/2014/05/19/why-everything-youve-read-about-ukraine-is-wrong/

La crisis capitalista reduce la esperanza de vida en Estados Unidos

La esperanza de vida en Estados Unidos continuó cayendo el año pasado, según los informes oficiales de los Centros para el Control de Enfermedades (*), que destacan el efecto desastroso de la crisis en la clase obrera estadounidense. El país no había experimentado un período tan prolongado de disminución de la esperanza de vida desde hace un siglo.

Los suicidios y las sobredosis de drogas, conocidas como muerte por desesperación, han sido identificadas como las fuerzas que impulsan la continua disminución de la esperanza de vida en Estados Unidos.

En 2017 más de 2,8 millones de estadounidenses murieron, un aumento de cerca de 70.000 con respecto al año anterior, y el mayor número de muertes en un solo año desde que el gobierno de Estados Unidos comenzó a recopilar estos datos. Entre 2016 y 2017 la tasa de mortalidad ajustada por edad de la población total aumentó en un 0,4 por ciento.

La esperanza de vida promedio en Estados Unidos se redujo de 78,7 a 78,6 años. La esperanza de vida de los hombres disminuyó de 76,2 a 76,1 años, pero se mantuvo sin cambios para las mujeres en 81,1 años. La esperanza de vida de las mujeres siempre ha sido mayor que la de los hombres y la brecha sigue aumentando. En 2017 la brecha en la esperanza de vida entre hombres y mujeres aumentó en 0,1 años, de 4,9 años en 2016 a 5,0 años en 2017.

Las tasas de mortalidad por edad entre 2016 y 2017 aumentaron en los grupos de edad de 25 a 34 años, 35 a 44 años y más de 85 años. Las estadísticas indican un sistema sanitario deficiente para las personas mayores y una crisis social que asola a los trabajadores jóvenes. Las muertes por desesperación, incluido el alcoholismo, son una de las principales causas de muerte entre los más jóvenes.

El año pasado la tasa de mortalidad por suicidio en Estados Unidos alcanzó su nivel más alto en 50 años. Desde 2008 ha sido la causa de muerte para todas las edades en Estados Unidos. En 2016 el suicidio se convirtió en la segunda causa principal de muerte entre las personas de 10 a 34 años de edad y en la cuarta causa principal entre las personas de 35 a 54 años de edad. Entre 1999 y 2017 las tasas de suicidio aumentaron tanto para hombres como para mujeres, con el mayor aumento anual desde 2006.

El aumento promedio anual en las tasas de suicidio aumentó de alrededor del 1 por ciento anual de 1999 a 2006 a un 2 por ciento anual de 2006 a 2017. La tasa de suicidio estandarizada por edad de las mujeres aumentó de 4,0 por 100,000 en 1999 a 6,1 en 2017, mientras que la tasa de suicidio de los hombres aumentó de 17,8 a 22,4.

El estudio también se centra en los suicidios en zonas rurales desfavorecidas. En 1999 la tasa de suicidio en el mundo rural era 1,4 veces mayor que en la mayoría de las zonas urbanas. La tasa en las zonas rurales era de 13,1 por cada 100.000 habitantes, mientras que en las zonas urbanas era de 9,6 por cada 100.000 habitantes. La brecha se amplió aún más en 2017, cuando la tasa de suicidio en el mundo rural (20 por cada 100.000 habitantes) aumentó en un factor de 1,8 en comparación con las zonas urbanas (11,1).

La tasa de sobredosis de drogas se ha disparado en el mismo período. De 1999 a 2017 la tasa de sobredosis aumentó de 6,1 por 100.000 a 21,7 por 100.000. La tasa aumentó en un promedio del 10 por ciento anual entre 1999 y 2006, del 3 por ciento anual entre 2006 y 2014 y del 16 por ciento anual entre 2014 y 2017. Este aumento coincide con la crisis de opioides que está asolando parte de los Estados Unidos, concentrada en Virginia Occidental, Ohio y Pensilvania.

Las cifras reflejan el fracaso del sistema capitalista y la naturaleza enferma de la sociedad estadounidense. Los empleos precarios y mal pagados, cuando existen, han reemplazado los empleos destruidos. Los trabajadores están siendo empujados al borde de la desesperación por los efectos del asalto de la burguesía sobre el nivel de vida alcanzado por la clase obrera en el siglo XX.

(*) https://www.cdc.gov/nchs/data/databriefs/db328-h.pdf

El gobierno argentino autoriza el trabajo de los niños en las empresas tabaqueras

Javier Pellegrina

El gobierno de la norteña provincia argentina de Jujuy – el mismo que mantiene presa sin sentencia firme desde hace casi tres años a la lideresa social y diputada al Parlasur, Milagro Salas- dio luz verde a las empresas tabacaleras y a otros grupos empresariales para emplear a menores de edad.

En lo que va de 2018, el gobierno de la alianza oficialista Cambiemos otorgó 45 autorizaciones oficiales para el trabajo de niñas y niños de entre 10 y 17 años, un medida que alarmó al país y produjo cruces a nivel político y social.

¿Qué implica ésta explotación infantil en un contexto crítico? Cuando los capitales avanzan y el Estado se desdibuja, la filosofía de la maximización de ganancias no encuentra freno, aún cuando se trate del proyecto de futuro de una sociedad.

Los datos de la primera Encuesta de Actividades de Niñas, Niños y Adolescentes (EANNA) realizada por el Ministerio de Trabajo, señala a Argentina como un país que históricamente ha mantenido tasas bajas respecto de este problema y pone en relevancia la reducción de la tasa de trabajo infantil.

Este proceso se evidenció a nivel regional durante los años 2000 y 2016, en coincidencia con los períodos en que la región estuvo gobernada por proyectos políticos que promovieron procesos redistributivos e inclusivos de amplias masas de la población. Pero ¿qué sucede hoy cuando el Estado se desdibuja?

El estudio recoge información entre los años 2016 y 2017 y revela que 9,4 por ciento de los niños argentinos realiza alguna actividad productiva y que cuando se habla de poblaciones rurales, la cifra se duplica: el 20 por ciento de las niñas y niños de  entre 5 y 15 años que viven en zonas rurales del país, realiza alguna actividad productiva.

El 70 por ciento del trabajo infantil del mundo, se concentra en el sector agrícola, según datos del Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Expresado en números, hay en Argentina más de 1.100.000 menores de 18 años que participan en actividades económicas, productivas o domésticas intensivas, interrumpiendo su formación y desarrollo.

Si se toma la problemática a nivel nacional, según UNICEF, en América Latina y el Caribe, unos 17,4 millones (16 por ciento) de los niños y niñas de 5 a 17 años trabaja, y según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 77 por ciento realiza trabajos peligrosos. Esta cifra equivale a cinco veces la población total de Uruguay. Si el total de niños y niñas trabajadoras conformara la población de un país, sería el octavo país más poblado de América Latina sobre un total de 33.

Aunque en comparación con la tasa regional las cifras argentinas no parecen alarmantes ¿a cuánto debe llegar esta cifra para que represente un llamado de atención a nivel gubernamental? En este contexto, la actitud permisiva del gobierno de la provincia de Jujuy, frente al tema es un dato a destacar. ¿Será el inicio del ascenso de esta tasa para el país y la región?

Entre las principales causas que dan origen a esta problemática social y humanitaria se encuentra la pobreza; la falta de acceso a una educación de calidad completa un círculo vicioso de origen y reproducción de este problema.

El patrón cultural, como la naturalización del trabajo infantil -en el caso argentino avalado por la Ley- complica la situación en los contextos en los que los gobiernos son más benévolos con los intereses empresariales.

Marcelo Nasiff, diputado jujeño del oficialismo, justificó el empleo de niños y niñas para “tareas livianas” como “encañar y desencañar tabaco”, en la Legislatura de Jujuy donde otros diputados opositores pidieron explicaciones.

“En el campo los chicos ayudan a sus padres, en esas frágiles economías, y muy bien les vienen algunos pesos que hacen con el trabajo que sólo los chicos pueden hacer”, justificó. Aclaró que los niños “no van a hacer cosas que no pueden hacer”, dividiendo así las tareas que estarían permitidas para el trabajo infantil de las que no.

Según Nasiff, el trabajo y las herramientas de trabajo “no matan a nadie. Es bueno que todos aprendamos porque hay algunos que si de chicos ni ven una pala cuando la ven de grande se infartan”.

De acuerdo con los datos que dio a conocer la EANNA, en la región norte donde se encuentra ubicada la provincia de Jujuy, el porcentaje de niños y niñas que trabajan escala a 13 por ciento, tres puntos por encima de la cifras nacionales. Allí las principales  actividades productivas, vinculadas al trabajo agrícola, configuran realidades sociales excluyentes, condenando a familias completas a trabajos forzados, en condiciones de precariedad y con salarios bajos.

No son buenos los pronósticos si se consideran, como lo plantea un informe de la OIT, las vinculaciones entre contextos de crisis financiera y el crecimiento de las cifras de trabajo infantil. Los procesos inflacionarios, la contracción de la economía y las pérdidas de puestos laborales formales, ponen en la mesa familiar el problema de la urgencia económica, que obliga a buscar alternativas.

En agosto de 2018 el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica (UCA) advirtió que el porcentaje de pobreza alcanza a 33 por ciento de la población y que una de cada 10 personas se encuentra en situación de indigencia.

En un mundo globalizado, donde el sistema económico necesita maximizar sus ganancias para repartir entre unos pocos, la explotación laboral de niños y niñas es uno de sus destinos preferidos.

¿Qué medidas ha tomado el Gobierno argentino al respecto? En 2015 un fallo de la Corte Suprema de Justicia disolvió el Registro Nacional de Trabajadores Agrarios (Renatea), que intentaba avanzar en la fiscalización para el control del Trabajo Infantil en el campo y en la consolidación de alternativas, como espacios de cuidado para niños y niñas y programas de alfabetización y capacitación para los trabajadores y trabajadoras.

En el mismo sentido, este año, cerró la Secretaría de Agricultura Familiar, destinada a acompañar a los pequeños productores, hoy desamparados frente a los monopolios de la producción de alimento y la concentración de la propiedad en cada uno de los eslabones de la cadena de valor.

La definición que rige a las legislaciones respecto del trabajo infantil se expresa de manera diferente en cada país, obedeciendo a realidades particulares que “obligan” a considerar situaciones como el trabajo en el seno familiar o para el auto consumo.

La legislación argentina acompaña la definición de la OIT respecto de las prohibiciones al trabajo infantil, por considerar que interfiere con el desarrollo del niño, pero contempla tareas aceptables que se incorporan como excepciones a la norma general. Así, en la ley 26.390, artículo 189 bis, se permite el trabajo para los niños de 14 años y más en la empresa familiar, bajo ciertas condiciones.

La ley no ayuda en este contexto de disputa, donde en brutales condiciones de desigualdad y cuando no hay un Estado presente, los actores que pugnan son los poderes económicos (las empresas), en la búsqueda de maximizar ganancias, contra las familias inmersas en contextos laborales cada vez más adversos.

La crisis recrudece la voracidad de los capitales por reducir costos y pone a las familias en contextos de vulnerabilidad. La permisividad legal, lo avala.

Al analizar un poco más a fondo los datos de los niños y niñas trabajadoras en Argentina, surge que  un 57,5 por ciento en el área urbana lo hace por la necesidad de ayudar a su familia por cuenta propia, mientras que, en  áreas rurales, el número alcanza a 50,1 por ciento. El 5,7 por ciento de niñas y niños que trabajan, entre la población urbana, no asiste a la escuela, mientras que en el ámbito rural el porcentaje asciende a 10,1 por ciento.

En pleno siglo XXI, somos conscientes de que el trabajo infantil amenaza la integridad física y psicológica, el proceso de educación y acceso a la salud en millones de niños y niñas. En un contexto de neoliberalismo en ascenso estas desigualdades amenazan con profundizarse dejando presos a los niños y niñas en condiciones cada vez más degradantes de vida.

http://estrategia.la/2018/11/26/el-gobierno-legaliza-el-trabajo-infantil-en-el-norte-argentino/

Rusia revisa a la URSS sobre el envío de tropas a Afganistán

Piotr Akopov

Rusia ya no considera que la entrada de tropas en Afganistán en 1979 merezca una condena política y moral. La Duma está dispuesta a adoptar una declaración de anulación de la condena de la Guerra de Afganistán que fue emitida en su momento por el Parlamento soviético. Esto es necesario no sólo para los veteranos de aquella guerra, sino también para nuestra sociedad en su conjunto.

En menos de tres meses estaremos celebrando los 30 años de la retirada de nuestras tropas de Afganistán y, en ese aniversario, Rusia revisará la evaluación oficial de la guerra. La decisión se tomó durante las audiencias parlamentarias celebradas el miércoles [22 de noviembre] en la Duma. Se ha aprobado un proyecto de declaración y resolución de la Duma, que se adoptará en vísperas del 30 aniversario de la finalización de la campaña en Afganistán, el 15 de febrero de 2019.

¿Por qué es necesario no sólo celebrar este aniversario, sino también invertir la decisión tomada durante la era soviética? Porque desde diciembre de 1989, cuando el Congreso de los Diputados del Pueblo de la URSS adoptó una resolución condenando la intervención en Afganistán, no ha habido ninguna otra evaluación formal a nivel estatal. Y resulta que, debido a la continuidad natural de Rusia con la URSS, seguimos compartiendo esta actitud:

“El Congreso de los Diputados del Pueblo de la URSS respalda la valoración política del Comité Supremo de Asuntos Internacionales de la URSS sobre la decisión de introducir tropas soviéticas en Afganistán en 1979, y considera que esta decisión merece una condena moral y política”.

La condena política y moral no es simplemente un reconocimiento del hecho de que estábamos equivocados: es la autoflagelación.

En aquel momento, en medio de la Perestroika, la condena de la “aventura afgana” fue uno de los golpes más poderosos, no sólo contra el PCUS, sino también contra la Unión Soviética.

El cliché propagandístico occidental de que “la guerra criminal en Afganistán socavó la autoridad de los dirigentes soviéticos, inmovilizó al país y fue la razón principal del colapso de la URSS” a lo largo de la década de 1990 fue inculcado sistemáticamente en nuestro pueblo, incluso por los reformadores económicos y concienzudos que lo reflejaron en nuestro país. Lo que significa que muchos incluso creían en ella. Criminal, colonial, cruel, injusto, sin sentido… lo que no hemos oído hablar de la guerra en Afganistán, aquel llamado “Vietnam soviético”.

Luego se produjeron las dos guerras chechenas, y la actitud hacia la guerra de Afganistán comenzó a cambiar gradualmente. Luego se produjo el ataque estadounidense contra Afganistán, sin ninguna razón ni invitación de las autoridades del país. Afganistán no atacó a Estados Unidos (incluso considerando que el saudí Osama bin Laden, que se escondía en las montañas locales, organizó los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, su caza no justificó la invasión y ocupación de un Estado independiente) y la guerra civil que estalló a varios miles de kilómetros de Estados Unidos no es motivo suficiente para intervenir por parte de una de las facciones. La presencia estadounidense en Afganistán, que ha durado 17 años -el doble que la nuestra- ha cambiado aún más la actitud de los rusos hacia esta guerra.

Es decir, si simplemente distinguen entre los veteranos, por un lado, y el aspecto político de la cuestión, por otro -los chicos sólo cumplían órdenes y luchaban con valentía, por lo que recibieron apoyo público, compensación y respeto, pero la guerra en sí fue un error y una estupidez-, ahora están empezando a cuestionar las razones de la decisión de enviar tropas.

En febrero de 2015, en el aniversario de la retirada de nuestras tropas, Vladimir Putin presentó por primera vez una nueva evaluación política del despliegue de tropas en una reunión con veteranos afganos: “A medida que pasan los años y se conocen más y más hechos, somos cada vez más conscientes de la razón y la causa de la introducción de las tropas soviéticas en Afganistán. Por supuesto, hubo muchos errores, pero hubo amenazas reales a las que los dirigentes soviéticos estaban tratando de poner fin en ese momento mediante la introducción de tropas en Afganistán”.

Esta declaración lacónica no debe tomarse a la ligera. Porque puso fin a las elucubraciones del estilo “Brezhnev y el Politburó llevaron al país a una aventura innecesaria e injustificada” o “Los rusos siempre atacan a todo el mundo, son agresivos y, a través de Afganistán, se dirigían al Océano Índico”.

Sobre las razones que llevaron a la adopción de la extremadamente difícil decisión de intervenir en Afganistán, ya hay montañas de literatura científica o no hay mucha, incluso sobre la base de los archivos desclasificados del Politburó. Y está claro que no puede ser agresividad o aventurerismo.

Había verdaderos temores de que la guerra entre islamistas y comunistas en Afganistán se extendiera a Asia Central (poblada por los mismos grupos étnicos que el norte de Afganistán). Hubo una rivalidad geopolítica con Estados Unidos en el Gran Oriente Medio (para ellos muy lejos y para nosotros como vecinos -Irán y Afganistán para nosotros son como Canadá o México para Estados Unidos). Pero no hubo violación del derecho internacional -fuimos invitados por el gobierno legítimo (que controlaba la inmensa mayoría del país en ese momento) o incluso por un plan para expandir el área de influencia de la URSS (Afganistán había sido parte de ella durante muchas décadas). La URSS no llevó a los comunistas al poder en Kabul, sino que luchó contra las consecuencias de la guerra civil, que no había comenzado con ellos. Sin embargo, Estados Unidos puso deliberadamente una trampa a la URSS incluso antes de que nuestras tropas entraran. Más tarde, Zbigniew Brzezinski escribió francamente sobre este tema, recordando el suministro de armas a los muyahidines de Pakistán en el verano de 1979:

“El mismo día, escribí un memorando al Presidente explicando que, en mi opinión, esta ayuda conduciría a una intervención militar soviética. No presionamos a los rusos para que intervinieran, pero deliberadamente aumentamos la probabilidad de que lo hicieran”.

Nuestro periódico [Vzglad] ya ha informado de todo esto, así como de la larga y difícil historia de las relaciones con Afganistán, subrayando que era hora de reconsiderar la condena oficial de los motivos de la introducción de las tropas.

Y ahora ha llegado el momento. El pasado mes de abril, Vladimir Putin aprobó la propuesta del Presidente del Comité de Defensa de la Duma, Vladimir Shamanov, de hacer un balance político de la Guerra de Afganistán antes del 30 aniversario de la retirada de las tropas soviéticas en forma de decisión parlamentaria:

“Estoy de acuerdo con los afganos. Las celebraciones deben tener lugar y las evaluaciones deben llevarse a cabo. Estoy completamente de acuerdo contigo”.

Está claro que el próximo mes de febrero, Putin hablará tanto de la Guerra de Afganistán como de los motivos de la introducción de tropas. Por el momento, la Duma se está preparando. En la audiencia del miércoles [22 de noviembre], se aprobó un proyecto de declaración y decisión que revocó la condena “moral y política” expresada en 1989.

“Debemos afirmar inequívocamente que la Duma considera necesario reconocer que la condena moral y política de la decisión de introducir tropas soviéticas en Afganistán en diciembre de 1979, expresada en la resolución del Congreso de los Diputados del Pueblo del Consejo Supremo de la URSS en 1989, es históricamente infundada […] reconocer que la condena política y moral es nula y sin valor”, dijo el diputado Nikolai Jaritonov, que presentó el proyecto.

El proyecto de declaración afirma que la decisión de introducir tropas soviéticas en Afganistán se tomó en estricto cumplimiento de las normas del derecho internacional y “de conformidad con el Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación entre la URSS y la República Democrática de Afganistán, teniendo en cuenta las reiteradas peticiones de los entonces dirigentes afganos de intervención directa soviética en el conflicto”.

Además, la declaración rinde un homenaje a los soldados soviéticos: “Nos sometemos a su coraje, lealtad y patriotismo y, por nuestra parte, haremos todo lo posible para evitar que se repitan los trágicos acontecimientos de este conflicto, y los veteranos de la guerra en Afganistán recibirán a su vez el merecido reconocimiento del Estado, así como medidas de apoyo social en el nivel necesario”.

Además, los diputados desean pedir al Ministerio de Educación que cambie la interpretación de los acontecimientos de la Guerra de Afganistán en los libros de texto.

Esta rehabilitación de la Guerra de Afganistán es necesaria no sólo para los excombatientes “afganos”, sino también para que recuperemos el respeto por nuestra historia. La guerra no puede ser “buena”, siempre es mala y terrible. Pero hay una diferencia entre guerras agresivas, estúpidas o sin sentido y guerras, aunque no patrióticas, sino forzadas. Por supuesto, habría sido mejor para todos que no hubiera habido una guerra en Afganistán, pero se debió a la situación en el propio Afganistán, a la confrontación entre Estados Unidos y la Unión Soviética y a la situación internacional en su conjunto. Ni política ni moralmente teníamos motivos para arrepentirnos: no regamos Afganistán con napalm y no tratamos de consolidar los miles de kilómetros de nuestras fronteras para mantener nuestra dominación mundial. Incluso hemos logrado salir de Afganistán de tal manera que las personas que nos apoyaron siguen en el poder, algo que los estadounidenses no pueden y no quieren hacer.

Además, a diferencia de nosotros, no condenan ninguna de sus guerras, ni política ni moralmente, aunque la gran mayoría de ellas hayan sido abiertamente criminales y agresivas. No necesitamos imitar a los americanos, sólo necesitamos conocer y respetar nuestra historia, sin sustituir sus páginas pesadas por caricaturas, dibujadas por manos extranjeras.

https://vz.ru/politics/2018/11/21/951712.html

Espías y periodistas: se le atrapa antes al mentiroso que al cojo

Harding: mitad espía, mitad periodista
Si el Washington Post es el más fiel portavoz de la CIA (además de Amazon), el periódico británico The Guardian es el equivalente de los servicios secretos británicos. Así lo prueba su reciente falsificación de las reuniones entre Julian Assange y Paul Manafort, quien fuera director de campaña de Trump.

La documentación indica, además, que se trataba de una falsificación deliberada.

El 27 de noviembre The Guardian estaba a punto de publicar un artículo en el que afirmaba que Manafort se había reunido con Assange en la embajada ecuatoriana en Londres al menos en tres ocasiones. Alrededor de dos horas antes de que la “noticia” se publicara, Katherine Viner, redactora jefe de The Guardian, se puso en contacto con los abogados de Manafort y Assange para recabar sus comentarios.

Assange respondió a través de su cuenta pública de Twitter, que cuenta con 5,4 millones de seguidores, entre ellos Viner.

Una hora y media después, se publicó el artículo de The Guardian, firmado por Luke Harding, que se anunciaba en la primera página para estimular la persecución judicial de la “pista rusa” en la victoria electoral de Trump.

Además, aseguraba The Guardian, los correos electrónicos publicados por WikiLeaks habían sido capturados por espías rusos de los servidores del Partido Demócrata.

El artículo no mencionaba el desmentido público de Wikileaks a sus millones de seguidores en las redes.

Ocurrió lo de siempre: a los papanatas les faltó tiempo para hacerse eco del sensacional artículo servido desde Londres, por el “siempre fiable” The Guardian.

Toda falsedad obliga a reconstruir la verdad desde el principio, lo que en este caso no era difícil porque a los intoxicadores de The Guardian les fallaron varios detalles: la embajada ecuatoriana en Londres está bajo la vigilancia de cámaras de circuito cerrado de televisión.

Además, los visitantes deben acreditarse antes de entrar, por lo que estaba chupado: si Manafort hubiera visitado Assange, no cabría ninguna duda posible.

A mayor abundancia: el firmante de la intoxicación, Harding, es el típico híbrido entre espía y periodista. Antiguo corresponsal del periódico en Moscú, su nombre ya salió a relucir hace un año por ser un farsante de la pluma (1) y autor de un libro titulado “Colusión: reuniones secretas, dinero negro y cómo Rusia ayudó a Trump a ganar”, que pueden comprar en la cloaca Amazon (2) para cotejarlo con una entrevista grabada que se puede escuchar en YouTube (3).

Cuando el entrevistador le dice que el libro no contiene absolutamente ninguna evidencia que apoye sus conclusiones, Harding dice que sólo está “contando historias” o, en otras palabras, que se lo ha inventado.

El intoxicador tiene otro libro sobre Snowden de la misma factura: basura fabricada por el espionaje para consumo de tarados y mequetrefes. Pero si prefieren les dejamos la opinión de Assange: “garabatos en la más pura expresión del término”.

Después de que se publicara la intoxicación del The Guardián, Manafort también desmintió las reuniones: “Nunca he conocido a Julian Assange ni a ninguno de sus familiares”, dijo. “Nunca he sido contactado por nadie en relación con Wikileaks, ni directa ni indirectamente. Nunca he contactado con Assange o Wikileaks sobre ningún tema. Estamos examinando todas las opciones legales contra el Guardián, quien continuó con esta historia incluso después de que mis representantes le informaron que era falsa”.

Entonces, el periódico maquilló discretamente la noticia, añadiendo advertencias en el título y en varios párrafos, aunque sin informar a los lectores de los cambios introducidos. También añadieron un párrafo para incluir el desmentido de Wikileaks.

Pero no fue suficiente para tapar la intoxicación, por lo que el periódico tuvo que publicar una declaración y volvió a retocar otra vez el texto del artículo.

Tampoco fue suficiente: al día siguiente el Washington Times les deja con el culo al aire al mostrar los pasaportes de Manafort, que demuestran que no había estado en Londres en los momentos en los que The Guardian asegura que visitó a Assange.

Blanco y en botella: como ya hemos dicho, a través de The Guardian, el espionaje británico dirige la campaña de intoxicación contra Rusia, donde Assange y Snowden juegan el papel de “colaboradores” del Kremlin y donde los Skripal han sido víctimas de un pérfido intento de asesinato de connotaciones rocambolescas.

Por su artículo tan chapucero, en cualquier periódico riguroso, el payaso de Harding debería estar despedido. Si no es así es porque sus padrinos del MI6 le sostienen contra viento y marea.

(1) https://www.moonofalabama.org/2017/12/washington-post-russia-sham.html
(2) https://www.amazon.com/Collusion-Secret-Meetings-Russia-Helped/dp/0525562516
(3) https://www.youtube.com/watch?v=9Ikf1uZli4g

Xinjiang: la puerta abierta a la desestabilización de China

Laurent Schiaparelli

Siguiendo otro guión sacado de los cajones del Pentágono, China desempeña el papel de nuevo “enemigo del día” de Estados Unidos desde hace unas semanas, que acaba de darse cuenta de que su campaña anti-rusa de los últimos dos años, lejos de desestabilizar a Trump, sólo había acercado a Rusia a China. Si en 1972, en plena Guerra Fría, Nixon se acercó a Zhou Enlai para aislar a Rusia, ahora es la misma política que el Estado profundo estadounidense está siguiendo, esta vez al revés, tratando de relajarse con Rusia para aislar a China.

Como Putin y Lavrov resultaron ser estrategas demasiado finos y diplomáticos excepcionales para ser empujados al error, el Estado profundo norteamericano está afinando su maquinaria propagandística contra China, que de nuevo es objeto de críticas occidentales, esta vez sobre su política policial en la provincia de Xinjiang.

Como cada vez que el imperio anglo-sionista intenta desestabilizar un país, se activa el mismo “kit de demonización”:

– el vocabulario estrafalario: “palestinianización” de Xinjiang
– referencias “shoáticas” a un “genocidio cultural”
– “es caro destruir a un pueblo sin matarlo, pero Pekín está dispuesto a pagar el precio”, olvidando señalar que Estados Unidos tiene como aliados en Oriente Medio al menos a dos Estados que han demostrado no gastar ni escatimar en sus esfuerzos militares para destruir pueblos y culturas sin aniquilarlos por completo
– los habituales gemidos de las ONG en nombre de los agitadores

En primer lugar, escuchemos las acusaciones del “fiscal”, de la ONU, y los “hechos” que han provocado la indignación de los medios de comunicación occidentales: supuestamente un millón de personas “están encarceladas” en Xinjiang (uno de cada diez uigures). El comité de la ONU, que tomó esta cifra de la nada, no proporciona ninguna prueba ni fuente, simplemente cita “fuentes fiables”.

China se enfrenta a una amenaza real para su población y su territorio. Esta amenaza se ha hecho pública, con el apoyo de vídeos, por miembros del Califato Islámico y ETIM (Movimiento Islámico del Turquestán Oriental). El Gobierno chino no es ingenuo sobre el origen y el apoyo de estos grupos terroristas, ni sobre la duplicidad de Turquía en este caso; a saber, la presencia de 200.000 turcomanos residentes en el norte de Siria, que reciben protección y formación de Turquía, que podrían ser enviados de vuelta a la frontera entre Turkmenistán y China como una fuerza desestabilizadora para el Turquestán chino, si la relación chino-turca se deteriora, como sucede a menudo cuando se habla de la minoría uigur en China.

China ha estado siguiendo la presencia de yihadistas sunitas uigures del Partido Islámico del Turquestán (TIP, el otro nombre de ETIM, es uno de los grupos fundadores de la nebulosa Al-Nosra que “hace un buen trabajo”, considerada como organización terrorista por la UE y Estados Unidos) que ahora están agrupados principalmente en Idlib.

China, al igual que Rusia, quiere abordar el problema en su origen, y no permitirá que estos yihadistas bien entrenados regresen a China, o incluso a Asia Central, donde se unirían a sus colegas en Afganistán, Kazajstán y Turkmenistán, países fronterizos con China.

China está reeducando a algunos de sus ciudadanos uigures que están tentados a radicalizarse en su tierra, pero no les permitirá regresar a sus hogares, ni tratará inútilmente de des-radicalizar a los que se han ido a Siria para una orgía de violencia con pretextos religiosos. La serie “Les Bisounours” (*) nunca ha sido emitida en China, por lo que no existe en este país ningún proyecto de “centros de des-radicalización” a la francesa.

La participación de China en la resolución del conflicto sirio es un hecho: ha adoptado la forma de apoyo financiero y material, y parece que el aspecto humano, si no se despliega ya discretamente, pronto se desplegará, aunque sólo sea en forma de asesores y personal de inteligencia.

A diferencia de los países occidentales, China no duda en abordar su problema de forma preventiva: reeducación en Xinjiang de los radicalizados, aumento de la vigilancia física en las ciudades de Xinjiang, control de las redes sociales, pedir a los uigures que juren fidelidad al Partido, enseñanza obligatoria del mandarín en la provincia de Xinjiang, etc.

ONG extranjeras como Reporteros sin Fronteras y Human Rights Watch, sin posibilidad de investigar seriamente sobre el terreno, intentan pintar un cuadro de “holocausto” con la situación de los uigures en Xinjiang e instruir al “régimen totalitario” chino sobre la condición de los periodistas, sin conseguir desviar al gobierno de su objetivo: sellar su territorio de cualquier intento externo de incitar al separatismo uigur, y garantizar la seguridad de su población, para asegurar la sostenibilidad de su proyecto de desarrollo económico para toda la región a lo largo de las Nuevas Rutas de la Seda.

A diferencia de publicaciones como Foreign Policy (fundada en 1970 por Samuel Huntington, Clash of Civilizations, y Warren Demian Manshel, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores junto a personalidades como el Dalai Lama, Francis Fukuyama Fin de la Historia, Madeleine Albright, Colin Powell, Condolezza Rice, Paul Wolfowitz, Henry Kissinger, Joe Biden, Bush padre, Brzezinski, la pareja Clinton, John McCain, George Soros, toda la familia Rockefeller, etc., digamos que con motivos ocultos), esta política china no es anti-musulmana. Sólo afecta a la provincia de Xinjiang, donde la amenaza terrorista existe y amenaza con extenderse al resto del país, como ha ocurrido varias veces en los últimos años, con terroristas uigures atacando lejos de su base, en Pekín, Chengdu, Jinan y Guangzhou, por ejemplo.

Esta campaña de paz en Xinjiang no está dirigida contra los musulmanes en China, como escriben, con la malevolencia que les caracteriza, los medios de comunicación occidentales, sino contra ciertos elementos de la provincia de Xinjiang que el gobierno chino tiene motivos para sospechar, según la información que obra en su poder. Los demás grupos étnicos musulmanes de China, que superan con creces a los uigures, no se quejan de discriminación alguna.

La campaña contra el radicalismo religioso llamada “Campaña de huelga contra el extremismo violento” comenzó en Xinjiang en 2014. El responsable de esta campaña en Xinjiang es Chen Quanguo, antiguo dirigente del Partido de la Provincia del Tíbet, donde dirigió con éxito la misma campaña para desactivar los intentos separatistas contra un telón de fondo de prácticas religiosas, budistas, pero orquestadas y apoyadas por las mismas personas en Washington. Observamos de paso la asombrosa presencia del Dalai Lama en el Consejo de Relaciones Exteriores, antes mencionado, un verdadero nido de “neoconservadores”, en el origen de todas las desestabilizaciones geopolíticas de los últimos 40 años.

Lo que los chinos, todos los grupos étnicos y las provincias combinadas, están sufriendo con diferentes grados de resignación es una campaña nacional de pacificación y seguridad, una mayor vigilancia del territorio y de la población, incluido el uso de las redes sociales y el acceso a los medios de comunicación extranjeros.

Dado el delicado contexto geopolítico en el que se encuentra China, en el centro del objetivo perseguido por Estados Unidos en todos sus intentos de desestabilización indirecta (Corea del Sur, Taiwán, Japón, Hong Kong), ¿podemos culpar al gobierno chino por garantizar que la ofensiva no provenga en primer lugar de agentes manipulados o simpatizantes de los extranjeros en la provincia de Xinjiang, en forma de otra “revolución de colores” más?

Sólo en Occidente, en el siglo XXI, nos indigna que un gobierno se tome en serio la protección de su población, el mantenimiento de la paz social entre las comunidades religiosas, el respeto de su integridad territorial y la neutralización de la influencia de agentes extranjeros.

(*) La serie de dibujos animados “Les Bisounours” (Los osos amorosos) ha llevado al idioma francés moderno una expresión equivalente al ingenuo. Literalmente, “un osito de peluche”.

Aquí son los fascistas los que siguen imponiendo la ley como siempre desde 1939

La noticia importante del fin de semana no son las elecciones andaluzas, donde se ha vuelto a imponer la abstención, que ha alcanzado cotas históricas. No. La noticia es la misma de siempre: los fascistas imponen en la ley en todas partes con sus amenazas y chantajes.

El espacio cultural La Rambleta, en Valencia, se ha visto obligado a cancelar el espectáculo humorístico “Mongolia sobre hielo”, que iba a ser representado este fin de semana tras recibir amenazas de grupos fascistas, mientras la policía hacía dejación de sus funciones: decía que no podía garantizar la seguridad de los asistentes, de los trabajadores de las instalaciones y de los artistas.

Desde La Rambleta afirman que “la crispación, los insultos, las amenazas y la incitación a la violencia que se han expuesto en las redes sociales, así como las amenazas directas que han recibido los trabajadores” del Centro, “impiden la celebración» de la representación. También aseguran que han mantenido contactos «tanto con la Policía Local como con el Ayuntamiento de Valencia» y que no se puede “garantizar la ausencia de incidentes durante la celebración del espectáculo”. «Las amenazas lanzadas son verosímiles e intolerables”, arguyen.

Es la segunda vez en tres semanas que este tipo de ataques fascistas logran la cancelación de una función humorística en la ciudad. El 8 de noviembre el Teatro Olympia, también en Valencia, decidió cancelar el espectáculo protagonizado por el cómico Dani Mateo, “Nunca os olvidaremos”, después de la polémica que protagonizó al sonarse la nariz con la bandera fascista en la televisión, por las “presiones recibidas” por las bandas nazis.
Hace menos de una semana el dirigente de esa formación, José Luis Roberto, ya amenazaba con boicotear la actuación ahora retirada de La Rambleta. En un mensaje de Facebook decía: “¿Escrache a Dani Mateo y no a estos cerdos traidores que se cagan en ti?”.
El viernes la Revista Mongolia, responsable de la obra “Mongolia sobre Hielo”, emitió un comunicado aclarando que la suspensión les parece “una grave equivocación en una democracia que quiera ser digna de este nombre”.
Aseguran no comprender “que las autoridades no sean capaces de garantizar la seguridad”. A este respecto, les resulta incomprensible que un país que puede garantizar la seguridad de unos Juegos Olímpicos o “incluso nada menos que en la final de la Copa Libertadores” no pueda asegurarla en una obra de “dos humoristas en un teatro de titularidad municipal”.
Por otro lado, explican que “cada suspensión refuerza a los intolerantes, que ven cumplidos sus objetivos y se envalentonan ante la siguiente campaña”, y afirman que lo sucedido “interpela directamente al conjunto del país al amenazar las bases mismas de una sociedad abierta”.

Ya ven: en Valencia no es necesario que las elecciones las gane Vox para que triunfe “la ultraderecha”.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies