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La crisis del capitalismo no conoce ninguna clase de ‘culpas’ ni de ‘culpables’

Los índices de las bolsas del mundo entero van cayendo fuertemente, uno tras otro. El martes el Dow Jones perdió 500 puntos, lo que elevó sus pérdidas combinadas de los últimos dos días a más de 1.000 puntos. El índice S&P 500 cayó más de un 2 por ciento, con ventas en todos los sectores económicos.

Los índices caen en más de un 10 por ciento desde sus niveles más altos, Wall Street está en camino de su mayor caída anual desde 2008, el año en el que “empieza la crisis”, según dicen. Se espera que este mes los índices Dow y S&P 500 registren su peor caída desde 1931, en el punto álgido de la Gran Depresión, después de haber perdido un 7 por ciento en lo que va de mes.

El índice Nasdaq centrado en nuevas tecnologías cayó un 2,3 por ciento, registrando una pérdida del 2,2 por ciento en el año. Esta vez la táctica de “comprar a la baja” que permitió que las caídas anteriores no fueran tan fuertes, ya no funciona.

Todas las previsiones bursátiles están presididas por la palabra “recesión”, que no sólo es inminente sino imparable. Pero hay otras que gustan más a las cadenas de intoxicación, como la guerra comercial de Estados Unidos contra China. Así puede echarle la culpa a su juguete favorito: la culpa es de Trump.

El capitalismo no conoce ninguna clase de “culpas”. No las busquen en nadie. Miren los indicadores. La evolución de los tipos de interés causa pánico. La Unión Europea no sale de la encrucijada. ¿Les suena algo lo de los “chalecos amarillos”?

Pueden revisar cualquier continente, como Asia. China padece la mayor caída en la tasa de crecimiento de las ventas al por menor en 15 años y una disminución en la tasa de crecimiento de la producción industrial a un mínimo de tres años. Algunos advierten que la tasa de crecimiento general de China, en su nivel más bajo desde 2008-2009, podría disminuir aún más el próximo año a medida que la guerra comercial de Estados Unidos comiencen a afianzarse.

El capitalismo no puede hacer más por su autodestrucción que lo que está haciendo; el resto les corresponde a Ustedes, que tienen una vela para este entierro. ¿O están empeñados en la respiración asistida?

‘Abrí la fosa de mi padre con mis propias manos’

“Yo tenía 18 meses cuando fusilaron a mi padre. Mataron a ocho de mi familia. Los falangistas fueron a buscarles a las eras, al campo, donde estaban todos trabajando. Iban a por mi padre, querían tomarle declaración, dijeron. Pero mi abuelo dijo: ‘Donde va mi hijo voy yo’. Y su sobrino, lo mismo. Y así, se los llevaron a todos. Ya no les volvimos a ver”, recuerda Esperanza Pérez Zamora.

Acaba de cumplir 77 años y hace 35 estaba recorriendo pueblos, buscando pistas sobre el paradero de sus familiares para abrir las fosas donde se encontraban. Hoy, incluso el partido que tanto criticó la memoria histórica, ahora en el poder, apoya y planea subvencionar las exhumaciones. Pero entonces, cuando Esperanza Pérez empezó a hacerlas, justo después de la muerte de Franco, solo expresar en público el deseo de abrir las fosas del franquismo era peligroso.

“Muchos me insultaban. ‘Puta comunista’, me decían. O directamente, me cerraban la puerta en las narices en cuanto les decía por qué estaba allí. Todavía había mucho miedo. Solo me ayudaron mujeres en una situación parecida. Alguna me cogía de la camisa por el pecho, me metía dentro de su casa y me contaba en voz muy bajita lo que sabía. Una señora me dijo: ‘Subía la gente a ver a los muertos como en una procesión. Los habían dejado mal enterrados. Fue una vergüenza…”.

Esperanza tardó tres años en encontrar a todos sus familiares. “En el momento en que salió Adolfo Suárez, fui a por ellos. Mi marido, que es taxista, dejó de trabajar para llevarme de un pueblo a otro, a preguntar a la gente si sabía algo. Tenía que volver muchas veces a la misma casa para que me contaran cosas. Al principio estábamos muy solos, pero luego nos fueron ayudando familiares de otros fusilados”.

Esperanza tenía a sus familiares repartidos por varias fosas en distintos pueblos. El paradero de su padre se lo dijo el mismo asesino. “Me dijeron el nombre del falangista que le había matado y esa misma noche fui a verle. Era 1977. ‘Soy la hija de Juanón y sé que usted le dio el tiro a mi padre. Mañana a las nueve de la mañana más le vale que esté usted en las tierras que tiene en Villamuriel para que me diga exactamente dónde está enterrado’, le dije. Se quedó blanco. Al día siguiente se presentó allí con la Guardia Civil. Los agentes me pidieron un montón de papeles, pero al final, el asesino señaló el sitio”.

Esperanza abrió tres fosas en Villamuriel, cuatro en Villamediana, cinco en Magaz, dos en Valdespina y una en Valoria la Buena, todas en Palencia. “En total recuperamos unos 150 cuerpos. Teníamos una pala, un azadón y un cepillo. Pero todo lo hacíamos con las manos, con las uñas, un día y otro día, hasta que terminábamos. Luego metíamos los restos en sacos. La excavadora que utilizamos alguna vez, la pagamos a escote entre los familiares”. Aún guarda aquellas facturas. “Es lo mejor y lo más difícil que he hecho en mi vida. Pero fue muy duro. En la primera exhumación pensé que me iba a dar algo y que me iba a morir allí mismo yo también. Tener una calavera en la mano y pensar que es de tu padre es terrible. En Villamediana, por ejemplo, los restos estaban cubiertos de cal y las faldas de las mujeres se veían todas blancas. Aún conservaban larguísimas trenzas. También encontraba botas, cucharas, monedas…”.

Esperanza calcula que en total debió poner de su bolsillo un millón de pesetas. “Por cada cuerpo que sacábamos teníamos que pagar 1.000 pesetas al Ministerio de Sanidad, por eso no declaramos a todos. Entonces no había ADN y enterrábamos a muchos juntos. Vendimos los dientes de oro de uno y nos dieron 14.000 pesetas para seguir exhumando. Otro señor que se enteró de lo que estaba haciendo me dio 20.000 pesetas y así íbamos tirando. Era mucho dinero y muchos trámites: había que ir a la sede del Ministerio de Justicia a Madrid, y a Sanidad, y luego hablar con el alcalde del pueblo…”

En cuanto terminó las exhumaciones, se puso con las pensiones. “Empecé a buscar a viudas de fusilados para explicarles que podían pedir la pensión. A algunas les daba todo tanto miedo que no querían ni llevarse los papeles para no tenerlos en casa. ¡Y Franco ya había muerto! Otras no sabían escribir y para firmar tenía que llevarlas yo con la mano sobre el papel”.

En 1979 ya había terminado su misión, exhumado a sus familiares, celebrado dos funerales y enterrado a los fusilados en cementerios. “El día que terminé sentí mucha felicidad y mucha tristeza. Ese día le pude decir a mi madre: ‘Ya está’, y lloramos las dos todo lo que nos dio la gana. Me abrazó como nunca me había abrazado y solo por eso ya valieron la pena todos los malos ratos”, explica Esperanza. “Tuve muchas pesadillas. Por la noche, en la cama, me veía a mí misma dentro de una tumba, rodeada de huesos. Miedo creo que no tuve nunca. Cuando murió Franco, abrimos una botella de champán y luego me vine como una fiera a España a buscar a los míos. Entonces estaba en Bélgica. Todo lo que quedó de nuestra familia después de la guerra se había refugiado en otro país. Creo que he sido valiente. Y estoy muy orgullosa de haber hecho lo que hice”.

https://elpais.com/politica/2012/04/07/actualidad/1333834735_777733.html

Unas Navidades alternativas con barricadas y huelga de los estibadores de Valparaíso

Después de 32 días de huelga y duros enfrentamientos en la calle con la policía, los estibadores del puerto de Valparaíso han conseguido que el gobierno obligue a la empresa a sentarse a negociar una mejora salarial, aunque los disturbios no han acabado y el acuerdo deberá ser ratificado por la asamblea de los trabajadores.

Por segundo día consecutivo en el centro de la urbe costera, ayer se volvieron a reproducir los enfrentamientos de los trabajadores con la policía.

Las manifestaciones se desarrollaron en el corazón del principal puerto chileno, que a causa de la huelga ha estado paralizado, en el inicio de la temporada de exportación de frutas y de la recalada de cruceros de turismo.

El lunes, en medio de los violentos choques, los Carabineros entraron en la sede de un sindicato y detuvieron a una veintena de trabajadores, y los incidentes acabaron con la destrucción de una feria de artesanía navideña instalada en una plaza de la ciudad portuaria.

Desde el pasado 16 de noviembre, cuando comenzó la huelga, los embarques de frutas suman apenas 3.006 toneladas en Valparaíso, un 95  por ciento menos que en igual período del año pasado, cuando concentraba el 54 por ciento del total de dichos embarques.

Una parte de las actividades tuvieron que ser desviadas al cercano puerto de San Antonio.


Según la empresa, hasta ahora las pérdidas, sólo por la no atención de buques, llegan a unos 4,2 millones de dólares.

Los estibadores eventuales trabajan por turnos y se les contrata sólo por ocho horas diarias, sin salario mínimo ni beneficios por años de servicio, vacaciones ni derecho a negociación colectiva.

Al comienzo, los trabajadores pidieron un aumento de turnos y un bono compensatorio de 2 millones de pesos operario (unos 2.900 dólares), a lo que luego agregaron un crédito blanco de 500.000 pesos (unos 735 dólares) y la eliminación de las “listas negras” de dirigentes obreros a quienes se margina de los turnos.

El presidente de la empresa pública Empresa Portuaria de Valparaíso, Raúl Celis, fue destituido por el gobierno a causa de “diferencias en la apreciación del conflicto”.

El pasado viernes los trabajadores anunciaron manifestaciones “con barricadas” en Navidad y Año Nuevo, cuando cada 31 de diciembre Valparaíso recibe el año nuevo con un gigantesco espectáculo pirotécnico que abarca cerca de 50 kilómetros a lo largo de la costa.

“No queremos arruinarle el Año Nuevo a nadie, pero tendremos un show nunca antes visto en Valparaíso, un Año Nuevo alternativo, con barricadas y protestas en la calle”, anunció Pablo Klimpel, portavoz de los huelguistas.

El ejército británico impulsa el empleo militar de la ‘inteligencia artificial’

El secretario de defensa de Reino Unido afirma que se hará un mayor uso de la inteligencia artificial y otras nuevas tecnologías para combatir las “amenazas mundiales emergentes”.

No habrá ninguna clase de recortes presupuestarios. Se establecerá un fondo de 160 millones de libras para apoyar las nuevas armas militares para hacer frente al espacio y las amenazas informáticas.

Gavin Williamson dijo que la inteligencia artificial tiene un papel cada vez más importante en la protección de la flota submarina del Reino Unido.

Pero el Laborista dijo que no se había destinado ningún dinero nuevo para enfrentar la “crisis de asequibilidad” en las inversiones.

En una declaración a los parlamentarios sobre el Programa de Modernización de la Defensa, una iniciativa de 1.800 millones de libras iniciada en enero para fortalecer a las fuerzas armadas, Williamson dijo que habría un mayor enfoque en las tecnologías de vanguardia para permitir que el Reino Unido siga el ritmo de sus competidores y adversarios.

Según el Partido Laborista, las estimaciones del gobierno sugieren un déficit de financiación de entre 7.000 millones y 15.000 millones de libras contra el gasto en equipos planificados durante la próxima década.

El Ministerio de Defensa también planea invertir fuertemente en buques de guerra, aviones y vehículos blindados (*).

Williamson dijo que la “inteligencia artificial” se integrará en nuevos programas mientras el Reino Unido se esfuerza por aprovechar su “variedad de capacidades de vanguardia en el mundo” de la manera más efectiva posible.

En particular, los nuevos programas de “punta de lanza” buscarían aplicar tecnologías modernas a las amenazas submarinas, las capacidades de vigilancia y reconocimiento, y el comando y control en operaciones terrestres.

El Williamson dijo que el gasto en defensa aumentaba en términos reales cada año y que el presupuesto total aumentaría a 40.000 millones de libras para 2021.

El secretario de defensa argumentó que debía tomar el control de la revisión para evitar ser forzado a hacer recortes de defensa más dolorosos. Ya ha persuadido al Tesoro para que otorgue al Ministerio de Defensa una suma adicional de 1.800 millones de libras.

También expuso sus planes para modernizar las fuerzas armadas, con una inversión adicional en nuevas tecnologías como la lucha contra la guerra informática y el desarrollo de robots para el campo de batalla con “inteligencia artificial”. Pero aún no ha demostrado cómo hará todo esto con el dinero que le han dado.

(*) https://www.gov.uk/government/organisations/ministry-of-defence

¿Ha cambiado el fascismo?

Darío Herchhoren

Lenin enseñaba que el imperialismo es la fase superior del capitalismo. Pero al decir «fase superior» no quería decir con esto que el capitalismo se había superado, sino al contrario se había hecho más cruel, más rapaz y más feroz todavía.

Siguiendo ese concepto de Lenin podemos decir sin lugar a errar, que el fascismo es la fase superior del imperialismo. Las ideas fascistas no nacen en Italia con Benito Mussolini, sino en Francia,  son producto del pensamiento del marqués de Gobineau, qe asustado por las revoluciones populares francesas de 1844 y 1848, propone una serie de medidas para poner remedio drásticamente a tanto «alboroto». Posiblemente el reinado de Luis Napoleón estuviera inspirado en esas ideas.

Pero es recién con la llegada de Mussolini y sus camisas negras al poder en Italia en 1922, cuando el fascismo muestra toda una panoplia de medidas de tipo social, económico y político que lo caracterizan cabalmente.

El fascismo italiano suprime el derecho de huelga, la libertad de prensa, la libertad de sindicarse a los trabajadores, suprime los partidos políticos, y crea un remedo de poder legislativo que era el gran consejo fascista, donde se integraban los patronos y grandes empresarios, los «productores» (así se llamaba a los trabajadores), la iglesia católica, y los grandes de Italia (la vieja nobleza). No hay que olvidar que Mussolini era en realidad un primer ministro, y que en Italia había un monarca que era Victor Manuel II, de la dinastía Saboya.

El fascismo italiano al igual que el nazismo  alemán, desarrolló una economía planificada, al igual que lo hicieron los bolcheviques en la URSS, con la pequeña diferencia, de que tanto en el fascismo como en el nazismo, la mayor parte de los beneficios se los llevaba el capital privado, que se beneficiaba de la prohibición de huelgas y de los bajos salarios que se pagaban. Igual ocurrió en Alemania.

Pero hay algo que imprimía un carácter peculiar al fascismo y al nazismo, y era su defensa a ultranza del papel del estado en la economía. En esto eran intransigentes. Se trataba de un capitalismo de estado, donde el estado favorecía al gran capital, y a cambio este obedecía los mandatos del estado.

Es decir, que el estado fascista, el estado nazi y también más luego el estado impuesto en España por la falange y el nacional catolicismo eran fuertemente intervencionistas en la economía de sus respectivos países.

Estas eran las señas de identidad de los regímenes fascistas europeos sin excepción. Así fue en Italia, en Alemania y en España aunque en este último país, esa política se hizo más débil a partir de la entrada del Opus Dei en los círculos de poder del franquismo.

Pero en la actualidad, las ideas fascistas imperantes en Europa se han modificado y han perdido un elemento fundamental, que es el carácter «romántico» que les imprimía un sello particular. Ya no se habla de ideas vaporosas como «una unidad de destino en lo universal» (así llamaba Primo de Rivera a España), ni se habla de «caminos imperiales», ni en Italia donde ahora gobierna una rara amalgama de fascistas y una sedicente izquierda se habla del «mare nostrum», ni sus gobernantes aparecen con el águila imperial, ni en España aparece el «águila de San Juan». No nada de eso: Ahora el fascismo que nos acecha se ha entregado totalmente al imperio yanqui; un imperio ya en decadencia, que ha perdido su supremacía económica a manos de China, y que va perdiendo su supremacía militar a manos de Rusia. Ya el estado ha vuelto a lo que se llamó el estado gendarme, y el fascismo ahora es liberal en lo económico.

Aquí volvemos a lo que enseñaba Karl Marx: La historia se repite dos veces; una vez como tragedia y otra vez como farsa. El fascismo ya no es lo que era; ya no tiene la capacidad que tenía de hipnotizar a las masas, ni de entusiasmar a la chusma. Ahora sus consignas causan hilaridad. Pero estemos alerta, el fascismo sigue siendo peligroso y criminal.

Lo que los obreros ‘son’ y lo que los obreros ‘deben ser’ en todo el mundo: una única clase social

Uno de los artículos sobre los “chalecos amarillos” ha suscitado los comentarios de dos lectores que, a su vez, puede ser interesante comentar porque exponen opiniones bastante comunes, pero no por ello menos erróneas.

El primero de ellos dice así: “Si os creéis que los proletarios de los chalecos amarillos son todos de izquierdas vais mal, una gran cantidad son nacionalistas liberales que solo quieren dejar de pagar impuestos y luchar contra eso que llaman globalización”.

Este lector lleva el fenómeno de la protesta francesa terreno de la ideología y de la conciencia. Le preocupa si los manifestantes son de una u otra filiación política, con el agravante de que se refiere a “todos”, lo cual es ya una exageración en sí misma.

A una lucha tan masiva, como la de los “chalecos amarillos”, los manifestantes acuden con su propia cabeza, creencias y, posiblemente, algunos también con el carnet de afiliado, y es muy típico juzgar a las personas por ello, por sus opiniones, por su afiliación, sus votos, o su pancarta.

En definitiva, el lector supone que las personas “somos” diferentes en función de lo que pensamos: “somos” de izquierdas, de derechas, anarquistas, reformistas, socialdemócratas, etc. Lo que nos define es nuestra ideología porque “somos” o nos definimos por eso: por nuestras peculiares ideas.

No obstante, el materialismo sostiene lo contrario. Independientemente de sus creencias, las personas se definen por las relaciones de producción en las que participan, es decir, por sus condiciones de trabajo y por el trabajo mismo que desempeñan, o por la falta de trabajo, que es lo que les conduce (o no) a la lucha y a la protesta, es decir, a una práctica social.

Es lo que Marx y Engels escribieron en el “Manifiesto comunista” de varias formas distintas, como por ejemplo: “El capital no es una fuerza personal sino una fuerza social”. No se trata de que la ideología no sea interesante, e incluso la ideología personal de todos y cada uno de los que han intervenido en la movilización de los “chalecos amarillos”, sino que es más interesante aún eso que normalmente se llaman las “condiciones objetivas”.

Por ejemplo, el lector hace referencia a que los manifestantes no “quieren” pagar impuestos (directos, suponemos), que es otra manera de llevar el análisis al terreno de lo subjetivo. Pero el problema principal no es lo que quieran o no y, según una reciente encuesta publicada por Le Monde (*), resulta que una buena parte de ellos no es que no “quiera” pagar sino que no paga ningún tipo de impuestos directos, seguramente (así lo interpretamos nosotros al menos) porque su salario no llega al mínimo impositivo, es decir, porque no puede.

Otro lector escribe lo siguiente: “Hablar de la clase obrera como algo monolítico es no tener ni puta idea de la realidad en la que se vive pero bueno lo importante es hacer un artículo ‘redondo’ para tener el ego y la vanidad bien alimentados”.

Es una buena demostración de que lo que cada uno lee puede no tener nada en común con lo que queda escrito, aparte de que el recurso a la palabra “monolítico” es algo que se viene imputando al movimiento comunista internacional desde la Guerra Fría.

Cualquiera que haya leído un poco por encima a Marx y Engels sabrá que nadie más que ellos han descrito hasta la extenuación las diferencias entre unos trabajadores y otros, entre unas condiciones de trabajo y otras, de tal manera que una de las categorías básicas del marxismo es la “división del trabajo” que se extiende al ámbito internacional, es decir, a todos los trabajadores del mundo.

Analizar al detalle esas diferentes condiciones de trabajo en las que cada trabajador está inmerso, es fundamental para llevar a cabo una buena labor sindical y política, y en función de ello podríamos hacer un largo listado de tipos diferentes de trabajadores: trabajadores del campo y la ciudad, trabajadores y trabajadoras, trabajo simple y complejo, manual e intelectual, trabajadores autóctonos e inmigrantes…

La clase obrera es, pues, esencialmente heterogénea pero, al mismo, todos sus integrantes tienen en común un hecho igualmente básico: todos ellos son obreros asalariados (o parados), es decir, todos ellos pertenecen a una única clase, cualquiera que sea el lugar en el que trabajen o el tipo de trabajo que desempeñen.

“Unitas complex”, decían los clásicos. Tan erróneo es decir que todos los trabajadores son iguales, como lo contrario: decir que no son trabajadores. Todos los trabajadores del mundo forman parte de una única clase obrera y ese es el significado con el que concluye el “Manifiesto comunista”: proletarios del mundo uníos.

En el mundo actual y en cada uno de los países la burguesía impone, sin embargo, lo concreto, las peculiaridades entre unos y otros trabajadores, el “divide et impera”. La tarea de los comunistas es justamente la opuesta: unir a millones de trabajadores que son diferentes unos de otros.

El artículo versaba precisamente sobre eso: no de lo que los trabajadores “son” sino de lo que “deben ser” en la medida en que todos ellos forman parte de la misma clase social, única en todo el mundo (repetimos). Pues bien, si todos ellos forman parte de una misma clase social, deberán actual como tales, es decir, como una clase única, uniforme y homogénea, para lo cual es necesario tener lo que decíamos en el artículo: programa, organización y dirección.

(*) https://www.lemonde.fr/idees/article/2018/12/11/gilets-jaunes-une-enquete-pionniere-sur-la-revolte-des-revenus-modestes_5395562_3232.html

Más información:
– ‘Chalecos amarillos’: como pollo sin cabeza
 

En el mundo nunca había habido tanta ‘inteligencia’ como hoy

Las calles y plazas de las grandes ciudades se están llenando de redes wifi que luego venden a las grandes multinacionales de la tecnología a fin de mantener bien controlados a los vecinos. Por un abuso del diccionario, las llaman “smart cities”, o sea, “ciudades inteligentes”, una de las cuales es Toronto.

Luego todo eso se oferta y vende como servicios y prestaciones de interés para los propios vecinos y visitantes, además de los consabidos discursos absurdos de algunos informáticos sobre las maravillas que nos esperan con la nueva “inteligencia artificial”.

Nunca como hoy había habido tanta “inteligencia” en el mundo. Hay ciudades “inteligentes”, vehículos “inteligentes”, robots “inteligentes”, teléfonos “inteligentes”, viviendas “inteligentes”… Todo es ”inteligente”.

Nuestro viejo diccionario dice que la palabra inglesa “smart” tiene múltiples significados de los que “inteligente” no es el que más nos gusta. También pueden valer “astuto”, “hábil” e incluso “listo” porque en una sociedad capitalista realmente el tipo “inteligente” es el “listo”, o más bien el “listillo” y el “espabilado”.

Lo que normalmente los expertos llaman “inteligencia”, sea natural o artificial, no es otra cosa que la capacidad de adaptación de alguien o algo a la sociedad en la que vive, que es burguesa, competitiva y sedienta de lucro. De ahí que la ciudad “inteligente” de Toronto haya resultado una ciénaga de corrupción, sobornos y mordidas al más alto nivel, desde el Primer Ministro de Canadá hasta el último concejal del ayuntamiento.

En el escalafón de los “listillos” el último lugar lo ocupamos, naturalmente, los vecinos más tontos, que somos lo más típico de internet y las nuevas tecnologías digitales: somos la mercancía que se compra y se vende. En una era tan “inteligente” nadie se preocupa de sus derechos, a los que en la Antigüedad se calificaba como “inalienables”, una maravillosa palabra legada por el Imperio Romano para denotar “aquello que no se puede vender”.

Antes de la llegada de la “inteligencia artificial” en el mundo había cosas así, que no tenían precio, que estaban fuera del mercado (“res extra commercium”). Con los derechos no se negociaba.

Ahora las cosas son de otra manera muy diferente porque en el mundo no prevalecen los derechos sino la “inteligencia” que se aprovecha de nuestra necedad y de nuestra necesidad. A nadie le debe extrañar que los “progres” quieran legalizar la prostitución. Si los órganos se donan, la sangre se vende, los cuerpos se entregan y los vientres se alquilan, ¿por qué no?

A este cambio algunos lo llaman “avance” y los más osados se atreven a hablar incluso de “revolución”. Ya ven como cambia el lenguaje en poco tiempo.

Parece mentira


Jon Iurrebaso

A casi 10 años del abandono de las posiciones de liberación nacional y social para Euskal Herria por parte del complejo Sortu (hablamos de estructuras y no de personas) seguimos asombrándonos.
En un mitin dan por bueno reivindicar la república vasca y al mismo tiempo aceptar la partición de Euskal Herria y teorizar sobre 3 procesos políticos en 3 territorios de Euskal Herria que confluirían en quien sabe qué. Y todo esto dando por hecho que se va a hacer por las buenas y que los Estados francés y español lo van a aceptar. Impresionante.
Ya ni siquiera mencionan a la comunidad internacional como aval de que el paso a la integración en el sistema del ocupante era lo mas racional, justo y prometedor. En realidad lo único que ha hecho el equipo internacional especializado en desmontar movimientos revolucionarios de liberación nacional, a lo largo y ancho del mundo, es ayudar a terminar con el MLNV para gloria de la burguesía (vasca y española), el capital y el imperialismo.
Un día loan a las fuerzas represivas españolas a cuenta de un acción yijadista indiscriminada en Barcelona, como consideran al Estado español en clave democrática. Y, al de pocos meses, dicen que la Constitución es una cárcel de pueblos. El tufo de las elecciones es palpable. Es como el PNV en Salburua, ese día independencia, y al de dos minutos, cipayos de los ocupantes y del orden capitalista.
A bote pronto diríamos que no se puede articular una dinámica de liberación nacional y social (lo decimos por enésima vez) intentando contentar a las bases independentistas, al capital y susuncorda. Todo a la vez. Un imposible que todavía es perdonado e incluso atrae a algunas conciencias.
Esa dinámica es propia del PNV. La lleva practicando toda la vida y salvo intereses puntuales (crisis…), el sistema no va a soltar cuerda a aprendices de última hora, desechando los buenos oficios de la burguesía vasca.
Y lo que parece mentira, decíamos como titulo de esta pequeña reflexión, es que algunos se quejen a diciembre del 2018 que el gobierno no muestra disposición a mover ninguna ficha en el tema de los y las presas políticas vascas. Parece un descubrimiento.
De nuevo decimos que hay enemigos chulos, patanes, perdedores de un imperio, nacionalistas en su 98 % (incluidas la mayoría de las izquierdas) que no mostrarán clemencia ante quien no les va a plantear nunca ningún problema serio. Eso es lo que esta ocurriendo entre el complejo Sortu y los Estados que nos ocupan.
Y parece mentira que unos pidan reformar la Constitución y al mismo tiempo pidan que se aplique la ley del ocupante, tanto en la calle como en las cárceles. Esa misma ley tiene en prisión a militantes vascos en condiciones extremas y uno de ellos proximo a cumplir los 35 años de cárcel.
Una vez más, constatar que desde dentro del monstruo no podemos construir tenemos por qué ser sumisos ante quienes nos niegan a ser libres y dueños y un futuro libre. Es imposible. Apelamos a la reflexión y al debate. No dueñas de nuestro destino. Tenemos derecho y obligación (por los que lucharon, por nosotros/as y por los y las que lucharán) a ser libres y eso solo lo podremos desarrollar mediante la lucha.

Fenómenos mediáticos: Vox, Podemos…

Bianchi

Estamos tentados -a riesgo de simplificar las cosas- de afirmar que, así como «Podemos» nació en un plató de televisión, o alrededor de una terraza de bar tomando unas birras unos profesores universitarios de medio pelo avispadillos en Lavapiés, otro tanto sucede con Vox, aunque estos con otras libaciones y otras extracciones.

También puede deberse, ante el agotamiento de un sistema bipartidista -PP,PsoE-, a destilados fabricados en los laboratorios y covachuelas, con retortas y marmitas, de «think tanks» para reanimar el cotarro con otras «ofertas electorales» para consumo del «cuerpo electoral», que se dice.
El canal privado La Sexta, sobre todo, promovió y promocionó a «Podemos» hasta la extenuación, y lo mismo, o parecido, ha hecho con Vox con el mismo formato aunque distinto mensaje: si los primeros son pintados de «progres» y semibolcheviques para la caverna, los segundos son la «ultraderecha», rayana en el fascismo, lo que, por una parte, «europeiza» al Estado español con una «extrema derecha» que faltaba en el mapa político español, una «anomalía», al decir del cínico Felipe González en comentario supuestamente «gracioso» de este cerval anticomunista, y, por otra parte, «centra» a los partidos que protagonizaron el timo de la llamada «Transición», PP y PsoE, alejados de los «extremos».
Sólo hace falta, eso sí, la «gente» (como decían los «podemitas» antes de convertirse ellos mismos en «casta») que, como cumple en una democracia que se precie, mire usted, les vote, les legitime. Pero, como ya no se dan mítines multitudinarios como antaño, algo anticuado y a los que ni diós iría, se ofrecen -en las campañas electorales, sobre todo- resúmenes televisivos de primeras espadas hablando en un portal o en un frontón pero ya con autobuses y bocadillo para llenar y «estimular», igual que con Franco movilizando a sus huestes. Y para ello, ¿qué mejor que machacar al personal, un día sí y otro también, en tertulias y telediarios, entrevistas y debates, que con imágenes de estos zánganos? Ya se experimentó con un PsoE inexistente en los albores de la «Transición» reanimando su cadáver.
Esto que digo se me ocurrió estando en la sala de espera de un hospital donde los allí presentes veían embobados la caja tonta en que aparecían, o bien, tertulianos políticos (?), o bien, telebasura del hígado, que, si bien lo miramos, apenas hay diferencia entre un tertuliano y una folklórica ya que venden lo mismo: estiércol.
Y es que, queridos amigos, amigas, ya no existen, como las llamaba el gran Lenin, «las masas», sino el (gran) «público»… mediatizado. Como el público que llevan a un set de televisión por 50 euros para hacer bulto en un programa y aplauden cuando se enciende el cartel luminoso de «applause». Un público reducido a reflejos condicionados como el perro de Pavlov. Un público que asiste al show mediático (o al despliegue patético del 40º aniversario de la Constitución), el que lo ve, claro, al que quieren idiotizado, embrutecido y nesciente. Un, como decía el «situacionista» Guy Debord, «espectáculotariado».
Buenas tardes,

¡Vivan las cadenas y mueran los negros!

Juan Manuel Olarieta

Lo único que no se le puede reprochar a la reacción española es que no sea fiel a sí misma desde hace siglos, al menos desde la Contrarreforma, algo que no se puede predicar de los “progres” ni de los posmodernos, tipo Errejón, que nunca sabes si son carne o pescado, pero de quienes no cabe duda que no son lo que dicen ser.
Desde la Inquisición, los reaccionarios hispánicos se gustan a sí mismos y no admiten cambios que no sean para echar el freno y regresar al pasado, cuanto más pasado mejor. Por eso España es una galaxia con mucho pasado y ningún futuro… si las cosas siguen como hasta ahora, o sea, si no hay una revolución.
Cada vez que en España ha caído la monarquía, a la reacción no le ha importado desatar una guerra civil y matar a cuantos ha sido necesario.
La diferencia es que antes no le importaba reconocerlo, mientras que ahora se ha vuelto hipócrita.
Los progresistas españoles (los de verdad, no la bazofia “progre” de ahora) siempre tuvieron que apoyarse en un desmoronamiento del Estado para empujar la historia hacia adelante.
Así ocurrió hace 200 años, cuando Francia invadió la península y los liberales (hoy denostados) aprovecharon para publicar la primera Constitución, de la que se desprendía una agradable sorpresa: los españoles tienen derechos (los mismos derechos).
Aquello no gustó nada a la reacción cavernaria, que acusó a los liberales de “negros”, es decir de lo peor que se le podía tildar a alguien en aquella época. Hoy los llamarían “terroristas”.
En aquellos tiempos la reacción no disimulaba; no le gustaba la libertad (de los demás), ni tampoco los derechos (de los demás). Su consigna era “¡Vivan las cadenas!” porque eso es lo que siempre han pretendido: poner cadenas (a los demás).
Hoy la cosa no ha cambiado. España ha cumplimentado su regreso al pasado y estamos otra vez en el mismo agujero del que nunca hemos logrado salir, en 1939, que es la fecha preferida por la reacción actual.
Lo único que ha cambiado son las invocaciones y la retórica. Hoy todo se hace en nombre de la constitución, la libertad y los derechos. También oigo hablar mucho de un concepto que hace 200 años era subversivo: la nación.
Lamentablemente hay quien cree que la nación es un concepto reaccionario, mientras que otros creen que es algo ahistórico, por encima de la historia o que siempre ha existido.
Pues bien, si hace 200 años la reacción española gritaba “¡Muera la nación!” es porque la nación (española) tenía un contenido subversivo, ligado a la eliminación de los privilegios feudales y a un programa revolucionario como la milicia nacional, es decir, al armamento del pueblo, e incluso al patrimonio nacional, o sea, la expropiación de los bienes del rey para entregárselos a la nación.
Ahora los reaccionarios le han dado una vuelta de 180 grados al asunto y se desviven por eso que ellos consideran como “la nación española”. Para ellos España es una nación que identifican con el fascismo y con los símbolos fascistas.
Por eso cuando el patán de Errejón habla de “arrebatar a la ultraderecha los símbolos nacionales” se refiere a que los antifascistas hagan lo mismo que sus enemigos, o sea, enarbolar la bandera fascista y defender la unidad del Estado.
La España antifascista no tiene nada que ver con eso. No tiene nada que ver con Errejón ni con Vox, empezando porque defiende la libertad y se atiene a un principio clave: “un pueblo que mantiene sometidos a otros, no puede ser libre”.
Hoy como hace 200 años, la España antifascista defiende los derechos de los oprimidos, los individuales y los colectivos, y jamás aceptará que quede integrada en un nuevo Estado, republicano, popular y democrático, ninguna nación que voluntariamente no quiera formar parte del mismo.

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