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Los rusos tienen miedo al capitalismo

Esta semana la prensa rusa ha publicado los datos de una encuesta de opinión que explora los principales temores de los rusos. ¿A qué le tienen miedo?

Para una población que se ha sacudido de encima recientemente un gulag terrorífico, las respuestas deberían conducir hacia el pasado: “tenemos miedo de que vuelva la represión política”, debería ser la respuesta correcta.

Pero no es así. Según la encuesta los mayores temores de los rusos son los siguientes:

— el crecimiento de la injusticia social, las desigualdades entre las personas: 68 por ciento
— la disminución de los ingresos: 63 por ciento;
— la pérdida de la atención médica gratuita o la mala calidad de la atención: 58 por ciento
— el aumento del precio de los bienes y la imposibilidad de comprarlos: 58 por ciento.

El temor a los “disturbios en el país causados por manifestaciones contra las autoridades” ocupa el siguiente lugar y con un retraso significativo respecto a los anteriores: el 39 por ciento. Este miedo ha sido fabricado por una gigantesca maquinaria propagandística que intenta presentar cualquier manifestación como el producto de intrigas externas. Incluso cuando los residentes de una aldea o pueblo remoto protestan contra el cierre de una escuela u hospital, la propaganda habla de agentes del Departamento de Estado. Sin embargo, ese 39 por ciento es todo lo que las autoridades pudieron lograr con la ayuda de la propaganda a gran escala.

Los demás temores son consecuencia del capitalismo, como el miedo a perder un trabajo, que temen un 35 por ciento de los encuestados.

La evocación de Stalin lo que suscita es esperanza. En las conversaciones corrientes, los rusos recurren a las referencias a Stalin como contraste con lo que ven ahora, especialmente para denunciar la corrupción.

https://kprf.ru/party-live/cknews/189388.html

Trump indulta a los soldados condenados por cometer crímenes de guerra en Irak y Afganistán

Los matarifes se van de rositas
Ayer Trump indultó a un ex soldado estadounidense condenado por asesinato y a otro acusado de apuñalar a un talibán.

Los indultados son el teniente primero Clint Lorance, condenado por ordenar en 2012 disparar a un grupo de tres civiles afganos, dos de los cuales murieron. Este oficial ya ha cumplido seis años de prisión de los 19 años de su condena.

“Muchos estadounidenses han pedido clemencia para Lorance, entre ellos 124.000 personas que firmaron una petición a la Casa Blanca, así como varios miembros del Congreso de Estados Unidos”, dijo Trump ayer en una declaración.

Trump también indultó a un miembro de los Boinas Verdes, una unidad de élite del ejército estadounidense, por el asesinato premeditado en 2010 de un talibán sospechoso de fabricar bombas.

Por último, el Presidente revocó la decisión de degradar a Edward Gallagher, un soldado de otra unidad de élite, los Navy Seals, acusado de apuñalar hasta la muerte a un joven detenido del Califato Islámico en Irak, y de asesinar a otros civiles.

Gallagher fue absuelto de la mayoría de los cargos en julio, pero fue condenado por haber posado con otros mercenarios de los Seals para una foto que le mostraba con el cuerpo del joven detenido y asesinado.

“¡Felicitaciones al Navy Seal Eddie Gallagher, a su maravillosa esposa Andrea y a toda su familia. Han soportado todo esto juntos. Me alegro de haber podido ayudar!”, dijo Trump en un mensaje publicado en Twiter en julio.

“No hay suficientes palabras para expresar mi gratitud y la de mi familia a nuestro Presidente, Donald J. Trump, por su decisión e intervención”, reaccionó Gallagher en Instagram.

El almirante estadounidense retirado James Stavridis, que fue un alto dirigente de la OTAN, se ha opuesto firmemente a estos indultos. “Dirigí a varios de los soldados a quienes [Trump] podía indultar”, dijo en un artículo de la revista Time. “Perdonarlos debilitará al ejército”, añadió.

Los indultos son “una afrenta a la idea de orden y disciplina y al estado de derecho”, dijo Pete Buttigieg, un veterano de la Armada de Estados Unidos y candidato a las elecciones presidenciales primarias demócratas del año que viene.

‘Si la tortura funciona, ¿hace falta practicarla 183 veces en un mismo prisionero?’

Durante siete años, un investigador del Senado estadounidense, Daniel J. Jones, trabajó en un informe acerca de los métodos para interrogar prisioneros que la CIA implementó tras el 11 de septiembre de 2001. El resultado fueron 6.700 páginas que demostraron que los espías torturaban, ocultaban esas prácticas y, además, no obtenían ninguno de los resultados que buscaban con esas prácticas aberrantes.

“Si la tortura funciona, ¿hace falta practicarla 183 veces en un mismo prisionero?”, pregunta un verdugo de la CIA en la película “The Report”, dirigida por Scott Z. Burns, un especialista en escribir guiones basados total o parcialmente en investigaciones, como El desinformante o La lavandería. Ahora, a cargo tanto del guion como de la dirección, se enfrentaba al desafío de convertir un mamotreto árido y farragoso en una ficción atractiva. Lo logra sólo a medias: “The Report” no es tanto una película de suspense como una lección sobre el funcionamiento de la burocracia estadounidense.

Burns muestra todo el proceso de realización del informe de Jones y se las ingenia para sacar agua de las piedras, explotando al máximo el escaso material dramático que puede proveer una tarea burocrática. Porque la mayor parte de esos siete años, Jones se los pasó encerrado en un sótano sin luz natural revisando correos electrónicos, memorandos y otros documentos internos de la CIA. Era todo lo que el acuerdo entre la agencia y el Senado le permitía: no podía entrevistar agentes.

Aun así, su obsesión por el trabajo le permitió llegar a conclusiones lapidarias y sólidamente fundadas. Para amenizar la lectura de esos papeles, tan apasionantes como una escritura inmobiliaria, hay “flashbacks” que recrean las prácticas de los torturadores de la CIA que aplicaron “técnicas de interrogatorio mejoradas”, un eufemismo para evitar la palabra “tortura”. Las famosas fotos de la cárcel de Abu Ghraib parecen un juego en comparación a lo que se muestra la película.

En paralelo están las intrigas palaciegas, las presiones políticas por las consecuencias que traería la publicación del informe. Con constantes diálogos explicativos, la película mantiene el tono didáctico para evitar que nos perdamos lo menos posible en los pasillos de la burocracia estadounidense y poder transmitir un mensaje propagandístico de n¡buena esperanza: a pesar de todo la democracia estadounidense goza de buena salud.

Democracia significa que haya al menos dos partidos y circos electorales cada cierto tiempo. Lo demás no importa, no tiene que ver con la democracia. No importa la salud, ni la vivienda, ni la educación, ni el paro, ni la guerra… Nada de nada.

Teoría y práctica de la traición

Juan Manuel Olarieta

En el mundo lo más extendido es el pensamiento metafísico, que se atiene a lo que las cosas “son” y a veces a lo que “deben ser”.

Las cosas “son” de una determinada manera y no pueden “ser” de otra, de manera que cuando las cosas cambian nos quedamos estupefactos, sobre todo si se convierten en lo contrario de lo que “son” o “deben ser”.

En la medida en que los trabajadores forman una clase social enfrentada a su contraria, la burguesía, suponemos que deben actuar como tales, al unísono, por ejemplo durante una huelga que defiende los intereses de todos ellos.

Sin embargo, en las huelgas hay trabajadores que se posicionan en favor del contrario. Se llaman esquiroles, son traidores a sus compañeros y, desde luego, a su clase social. Toman partido por el bando opuesto y siempre ha habido y hay trabajadores que actúan de esa forma.

El traidor y el esquirol se justifican a sí mismos con alguna explicación, más o menos elaborada. En ocasiones esa explicación llega a formar un cuerpo de doctrina de la traición, como por ejemplo la libertad de elección individual. “Vive y deja vivir”. El capitalismo es un sistema de libertad que permite optar a cada cual por la huelga o por el derecho a trabajar, incluso en medio de una huelga de los demás. “Trabaja y deja trabajar”, “Para y deja parar”…

Un esquirol no es otra cosa que una contradicción, pero los metafísicos sólo tienen en cuenta que “es” un trabajador tan trabajador que quiere trabajar incluso aunque haya huelga. En la realidad las cosas no “son” ni dejan de “ser”. En una huelga, que es una lucha, un esquirol está en la trichera opuesta, es un instrumento de la patronal y como tal, a lo largo de la historia, siempre ha sido objeto de los ataques del movimiento obrero, incluso físicos y violentos.

Lo mismo ocurre en las batallas políticas, así que no cabe extrañarse de que haya quien se ponga al servicio del bando contrario sin quitarse las insignias por una muy buena razón: la mayor parte sólo se fija en las insignias, en las apariencias, en las siglas. Para “ser” comunista basta con autodefinirse uno mismo: levantando el puño, o la hoz y el martillo, o la bandera roja…

El capitalismo es un gran supermercado político en el que es posible elegir libremente, “a diferencia de las dictaduras”. Por eso hay quien se autodefine como comunista, como anarquista, como independentista y así sucesivamente. Lo realmente importante es que quienes se autodefinen quieren que los demás los aceptemos tal y como ellos mismos se presentan, o sea, que “son” así.

A partir de ahí los posicionamientos políticos no son importantes. Da lo mismo. Siempre hay una doctrina que “explica” los motivos por los que “son” una cosa y “hacen” la contraria. Lo importante no son las prácticas sino las doctrinas que las “explican” o las “justifican”.

Por eso las bibliotecas, las redes sociales y los blogs están repletos de teorías, doctrinas y justificaciones, la mayor parte de las cuales tienen en común la superficialidad porque sólo se trata de eso: de cubrir las apariencias.

En el circo político el mayor problema es siempre el más sencillo: llamar a las cosas por su nombre. Un ejemplo son los que apoyan al fascismo con las insignias de la “izquierda”. No están en el bando de la lucha antifascista sino en el contrario.

Es el caso de los trotskistas franceses que durante la ocupación de 1940 a 1945 no se unieron a la resistencia antinazi con pretextos pintorescos, a cada cual más estrafalario. Incluso un trotskista notorio, como Paul Cognet, formó parte del gobierno de Petain, para el que redactó el Estatuto del Trabajo. ¿Como definir a Cognet?, ¿era trotskista?, ¿era fascista?, ¿o era ambas cosas?

A ese tipo de elementos políticos la Internacional Comunista los llamó por su nombre, socialfascistas, o sea, socialistas de palabra y fascistas de hecho. Los comunistas franceses siempre los llamaron hitlero-trotskistas. Si hay alguien interesado por los laberintos doctrinales, puede leer artículos de la época, como “¡Confraternicemos!, ¡Mano tendida a los soldados alemanes!” publicado en el periódico trotskista “La Vérité”, el 22 de junio de 1944. Tres meses después de publicarse el anterior apareció otro con un titular no menos definitorio: “Por qué no nos hemos unido a la resistencia”.

Lo mismo ocurre con los “socialimperialistas”, es decir, toda esa mugre de colectivos y medios de “izquierda” que se posicionan siempre con los imperialistas con algún pretexto, alguna doctrina o alguna teoría. No les sirve de nada que acontecimientos tan definitorios, como una guerra o la invasión de un país soberano, definan dos bandos de manera inequívoca. Lo importante es la doctrina, el pretexto o la teoría.

Recientemente una radio “alternativa” de Euskadi llevaba a dos invitados a un debate sobre la Guerra de Siria, pero cada uno de ellos no representaba a uno de los dos bandos combatientes porque alguien ha inventado un tercer género en discordia: Rojava. Si los organizadores querían mostrar el abanico de opiniones que hay sobre dicha guerra, podrían haber invitado también a un miembro de Al-Qaeda o a un portavoz del Pentágono. ¿Por qué no?

En las guerras revolucionarias no hay más que dos bandos. En la Guerra Civil no hubo más que dos bandos. En la Segunda Guerra Mundial también. Cuando en plena guerra algunos medios como “Viento Sur” fabrican una entelequia doctrinal intermedia, que no es carne pero tampoco pescado, es para camuflar que están con el más fuerte, es decir, con el imperialismo. No es un error, no es una equivocación, ni tampoco un desliz sino que han tomado partido, lo mismo que los trotskistas franceses lo hicieron en 1940: están con los imperialistas y en el futuro lo seguirán estando.

“¿Por qué no nos unimos a la resistencia antifascista?” Porque estamos con el fascismo. “¿Por qué no nos unimos a la lucha antimperialista?” Porque estamos en la trinchera opuesta. No es tan difícil de entender; no hacen falta doctrinas muy librescas. No obstante, donde hay una traición al lado siempre hay una doctrina y hay a quien le gusta perder el tiempo en leerse la doctrina para olvidarse de la traición, que es lo realmente importante, lo realmente definitorio.

A la mugre le encanta debatir sobre los papeles impresos, los artículos, las reflexiones…

¿Están zumbados los ‘conspiranoicos’?

Bianchi

El 12 de enero de 2010 un brutal terremoto golpeó la capital de Haití, Puerto Príncipe, causando la muerte de casi 200.000 personas dejando sin casa a cerca de un millón. A pocas horas de la tragedia, el gobierno de los EE.UU., con la excusa de la ayuda humanitaria, anuncia un despliegue militar propio de una invasión con alrededor de 30.000 marines y alta tecnología militar.

Al margen de la posición geoestratégica de la isla (entre una socialista Cuba y una bolivariana Venezuela), se ha sostenido por parte de expertos que Haití alberga reservas de petróleo y gas en grandes cantidades, hummmmm (ya empieza nuestro instinto conspiranoico a activarse), investigadores no de pacotilla sospecharon -por las extrañas características del terremoto de Haití- del uso de técnicas de modificación ambiental por parte de los USA para provocar dicho terremoto. Unas técnicas, a todo esto, que no son nuevas desde, al menos, el fin de la II Guerra Mundial.

Se sabe -por documentos desclasificados- que a partir de 1944, el gobierno neozelandés inició un proyecto secreto (habrá quien no sepa ni situar en el mapa a Nueva Zelanda) destinado a provocar maremotos mediante explosiones nucleares submarinas. Según los mismos documentos -dados a conocer por el ministerio de asuntos exteriores neozelandés en 1999-, tanto ingleses como usamericanos se interesaron vivamente por el proyecto para desarrollarlo en secreto visto el éxito de las primeras pruebas.

Años más tarde, las autoridades francesas se vieron obligadas a reconocer que el tsunami que en 1979 costó innumerables vidas en el archipiélago Tuamotu en la Polinesia francesa, tuvo su origen en las pruebas nucleares que Francia venía desarrollando en los atolones de Mururoa.

En 1974, el 19 de mayo exactamente, el senador estadounidense Claiborne Pell consiguió que se hiciera pública la «Operación Popeye» desarrollada por el Ejército de los EE.UU. en Vietnam entre 1967 y 1972. El objetivo de la operación fue prolongar, de forma artificial, la estación de lluvias del monzón sobre el territorio por el cual discurría la ruta Ho Chi Minh con el fin de hacerla intransitable. Esta ruta era utilizada por los movimientos de liberación nacional de Vietnam como ruta de aprovisionamiento. La 54ª Escuadrilla de Reconocimiento del Ejército gringo sembró el cielo con yoduro de plata con lo que consiguieron que el período de lluvias aumentara un promedio de 30 a 45 días.

El 18 de mayo de 1977, la ONU, ante la preocupación generada por el uso y desarrollo de técnicas de modificación ambiental, se vio obligada a celebrar, en Ginebra, la primera «Convención sobre la prohibición de técnicas de modificación ambiental con fines militares o con cualquier otro fin hostil». A pesar de que tanto la URSS como los USA firmaron el documento  que salió de la Convención, ambas súperpotencias continuaron desarrollando, en secreto, proyectos de guerra climática.

Por un lado, la Unión Soviética construyó la Pamir, una máquina con la que pretendía provocar pequeños sismos con el fin de evitar otros mayores. Cuando la URSS se derrumba, los responsables de este programa se pasan al servicio de los yankis. En 1995, estando Rusia gobernada por el dipsómano Yeltsin, la US Air Force recluta a los investigadores rusos quienes en su laboratorio de la ciudad de Nizhi Nóvgorod construyen una máquina mucho más poderosa, la Pamir 3, que es probada con éxito.

El Pentágono entonces decide trasladar a estos científicos y su nuevo descubrimiento a los Estados Unidos con el fin de integrarlos en el programa HAARP (del inglés High Frequency Active Auroral Research Program, dicho en argenta: Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia), investigación militar financiada por la Air Force (Fuerza Aérea) de los EE.UU., la Marina y la Universisad de Alaska (donde están innstaladas las antenas) dirigida a, oficialmente, «entender, simular y controlar los procesos ionosféricos». Se la considera capaz de intensificar tormentas o prolongar sequías sobre un determinado territorio. Pero esta es otra historia (que la cuente Iker Jiménez, si quiere).

En los años de auge de la guerra fría, en los sesenta, se creó un llamado Congreso para la Libertad de la Cultura que reclutara a la «intelligentsia» occidental del «mundo libre» para contrarrestar la cada vez mayor influencia de los soviéticos en las ciencias, artes, etc. Fue, años después, el propio «New York Times» quien revelara (aunque ya se sospechaba) fehacientemente que dicho Congreso estaba financiado por la CIA. No diremos que tres cuartos de lo mismo sucede -o sucederá- con el cacareado «cambio climático» con el que se aterroriza al personal, que vive en un místico desvivir santateresiano y no gana para sustos, como los terrores del milenio en la época feudal medieval, no somos tan osados, pero sí pelín «conspiranoicos», que es la única manera de acertar con estos criminales.

Buona sera.

Parecía imposible. Pero pasó

Darío Herchhoren

En este «corsi y recorsi» de que hablaba Gramsci la realidad de Latinoamérica hay que mirarla como un todo para poder entender por qué ocurren las cosas que ocurren. Parecía que Evo Morales era o iba a ser eterno, pero cayó ante la coyunda fascista que recorre el continente con los Bolsonaro, los Iván Duque y los Piñera. Como en un contrapunto; a cada triunfo popular se corresponde con una respuesta del fascismo. Ante el triunfo popular en Argentina, un golpe contra el pueblo boliviano, ante la liberación de Lula, el aumento de la represión en Chile.

Parece que la consigna es ahogar al futuro gobierno popular en Argentina y ello surge fácilmente de mirar un mapa. En efecto, Argentina tiene a su lado a un gobierno fascista en Chile, al noreste a Brasil, en manos de otro fascista como Bolsonaro, y ahora tendrá al noroeste, a otro gobierno fascista en Bolivia. Solo falta que en Uruguay gane las elecciones la derecha en la segunda vuelta.

Todos estos datos indican que Evo Morales, no calculó bien sus fuerzas, y pensó que las urnas le iban a dar no solo el gobierno sino el poder. Y resultó que las urnas se le están convirtiendo en urnas funerarias, que serán llenadas con los cadáveres de todos aquellos que se opongan en Bolivia a lo que se viene ahora. Seguramente se desatará una gran represión a cargo del ejército, habrá un baño de sangre, y el pueblo humilde de Bolivia que fue favorecido por los gobiernos de Evo Morales perderá todo lo conquistado. Será un calco de lo ocurrido en Chile luego del golpe de Pinochet.

Quiero recordar que la historia reciente de Bolivia pasó por un episodio similar pero al revés. En efecto, en 1952, el Movimiento Nacionalista Revolucionario a cuyo frente estaban Victor Paz Estenssoro, un abogado que se acercó a los mineros y Juan Lechín, líder sindical de  la Central Obrera Boliviana (COB), consiguieron con la ayuda de Perón acabar con el gobierno de la «rosca del estaño», y una de las primeras medidas que tomaron fue la creación de milicias populares encuadradas militarmente y bien armadas, y la disolución del ejército, que siempre había sido el sostén de los gobiernos de la rosca.

El poder de la oligarquía fue minimizado por el gobierno de Evo, que confió en que las elecciones eran el camino para lograr cambiar la historia de Bolivia, y en un principio, y durante todos estos años los hechos parecían darle la razón. Pero hay algo perverso en la oligarquía y es que se llena la boca de democracia en cuanto le sirva a ella, y es enormemente cruel y despiadada cuando se trata de cuidar y conservar sus intereses. ¿Cómo es posible que un líder experimentado como Evo confíe en una misión de la OEA, cuando sabe que la OEA es solo el brazo del imperio? La ingenuidad en política se paga a un precio muy alto y este error le costará al pueblo boliviano luto y sangre. Ahora es cuestión de salvarle la vida a Evo, cuya casa, por cierto muy humilde ha sido saqueda esta madrugada, y la casa de su hermana ha sido incendiada.

El odio al indio de la oligarquía cruceña y su negativa absoluta a acatar los resultados de las elecciones, salvo cuando les favorecen, han hecho su labor. Ahora toca organizar la resistencia. Costará mucho y muchos militantes serán salvajemente torturados y muertos. Una larga noche espera a los bolivianos.

Arabia saudí marcha hacia la bancarrota económica según el antiguo director de la CIA

“Arabia saudí necesita realizar la oferta pública inicial de su empresa petrolera nacional [Aramco] para compensar sus pérdidas financieras. Tiene que atraer inversión extranjera y, francamente, necesita ese dinero”, dijo ayer el antiguo director de la CIA, David Petraeus, a CNBC.

“De hecho, Arabia saudí se está moviendo hacia la bancarrota. El fondo soberano  de inversiones se ha reducido. Ahora tiene menos de 500.000 millones de dólares”, dijo el general David Petraeus, actualmente presidente del KKR Global Institute.

“Los déficits presupuestarios cada año, dependiendo del precio del crudo Brent, pueden variar de 40.000 millones a 60.000 millones de dólares, dependiendo de algunas de sus actividades en los países de la región”.

“La conclusión es que necesitan dinero. Sin inversiones externas es imposible que la ‘Perspectiva 2030’ del príncipe heredero pueda materializarse”.

Arabia saudí tiene la intención de sacar a bolsa una parte de su gigante petrolero Saudi Aramco, la empresa más rentable del reino, en diciembre.

Este plan fue anunciado por primera vez en 2016 por el actual príncipe heredero, Mohammed Bin Salman.

Este paso forma parte del programa de reforma económica y social “Perspectiva 2030” de Mohammed Bin Salman, diseñado para diversificar la economía del reino y reducir su dependencia del petróleo.

http://spanish.almanar.com.lb/373353

Las pérdidas oculares a causa de los disparos de los Carabineros estremecen a Chile

Cristopher Rodrigo
El 21 de octubre fue el primer y el último día que Cristopher Rodrigo, de 24 años, salió a la calle a manifestarse contra la desigualdad en Chile. No le dio tiempo a correr. Un carabinero le disparó un balín a menos de cinco metros de distancia y perdió totalmente la visión en el ojo izquierdo.

«Todo fue muy rápido, pero aún recuerdo la cara del agente», dice en la sala de espera de un hospital de la capital chilena. Está tomando pastillas para dormir y «controlar la rabia» y, aunque el dolor ha bajado de intensidad, cada cierto tiempo siente un fogonazo «insoportable» en el ojo.

Rodrigo es una de las casi 200 personas con heridas oculares causadas por perdigones disparados por las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones sociales que estallaron en Chile hace cuatro semanas y que han causado una veintena de muertos y miles de detenidos.

«No quiero volver a marchar, tengo un miedo enorme a que me pase algo en el otro ojo», reconoce con un hilo de voz.

La mayoría de los que tienen lesiones en los ojos -197, según el último reporte del estatal Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH)- están recibiendo tratamiento en la Unidad de Trauma Ocular del Hospital del Salvador, un departamento acostumbrado a lidiar con accidentes menores y convertido en termómetro de la brutalidad policial.

Pasar una mañana en su sala de espera es asistir a un goteo constante de «cabros» con parches en los ojos, nombre popular con el que se conoce a los jóvenes en Chile.

«El número de traumas severos es impresionante. Llevo 15 años trabajando en este hospital y nunca había visto nada igual», reconoce la oftalmóloga Rosa Valsec tras sacarle un balín inscrustado en el lacrimal a otro joven con un diagnóstico de «estallido del globo ocular».

Los proyectiles impactan «con mucha fuerza», posiblemente por la corta distancia a la que son disparados, y generan una «brutal» destrucción: «Muchos pacientes van a necesitar cuatro o cinco operaciones y rehabilitación intensa porque cuando se pierde un ojo hay que reaprender las distancias y la orientación espacial», lamentó la doctora.

Las manifestaciones, que comenzaron por una subida en el billete de metro y se convirtieron luego en un clamor popular contra el Gobierno de Sebastián Piñera y el desigual modelo económico heredado de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), transcurren en su mayoría de forma pacífica, aunque también se han registrado episodios de violencia, saqueos y destrucción de mobiliario público.

Las asociaciones de derechos humanos denuncian que las fuerzas de seguridad disparan de manera arbitraria contra cualquier manifestante y hay varias misiones internacionales en el país investigando la represión y los abusos policiales.

La ONU llegó incluso a pedir la semana pasada el cese de balines y perdigones en las protestas, pero el Gobierno hasta ahora solo se ha comprometido a «limitar» su uso e insiste en amplificar la dimensión violenta del estallido social.

«El número de heridos oculares es tal que a uno le hace pensar que es intencional. Los que reciben los balines no son los que provocan los incendios o los que saquean, son los que se manifiestan pacíficamente», advirtió este martes Ennio Vivaldi, rector de la estatal Universidad de Chile, a la que pertenecen muchos de los lesionados.

Ariel Flores, de 24 años, es uno de esos jóvenes que protestaba en un ambiente festivo junto a un grupo de amigos en Plaza Italia -el epicentro del estallido social y renombrado por los manifestantes como «Plaza Dignidad»- y a quien le llovió un perdigón desde un camión lanza-aguas.

Por la cantidad de sangre que tuvo aquel 28 de octubre supo desde el principio que había perdido el ojo derecho: «Me sacaron una parte del globo ocular y me la rellenaron con silicona para no perder la forma y poder ponerme una prótesis en el futuro».

«Yo no me puedo imaginar como alguien como Piñera puede seguir impune. Los carabineros siempre fueron agresivos, pero ahora están descontrolados», afirma enojado mientras espera su  turno en la misma sala de espera y califica de «burla» el reciente lanzamiento por parte del Gobierno de un programa gratuito de reparación ocular.

El que tuvo mejor suerte y pudo conservar ambos ojos fue Cristian Pozos, un terapeuta de 31 años. Los voluntarios de la Cruz Roja le pudieron sacar en plena protesta un perdigón de la zona del tabique nasal cercana al lacrimal y ahora se encuentra a la espera de que le extirpen otro proyectil, pero los médicos están casi seguros de que no va a perder visión.

«La calle es el derecho más sagrado que tenemos y vamos a seguir defendiéndolo», asegura, convencido de que el estallido social está lejos de apaciguarse.

https://www.eldiario.es/politica/perdidas-oculares-represion-manifestantes-Chile_0_963104588.html

¿Cuáles son los intereses que persigue el imperialismo alemán en la Guerra de Libia?

El ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, viajó a Libia para poner fin a la guerra. Es una parte de su visita a Turquía y África del norte, a donde llegó el domingo.

El gobierno alemán pretende convocar una conferencia internacional sobre el país norteafricano para adquirir influencia en el norte de África.

La Guerra de Libia no ha disminuido en intensidad desde 2014. En abril las milicias de Jalifa Haftar, cuyo poder está bien establecido en el este del país, luchan contra otras milicias que apoyan al llamado Gobierno de Unidad Nacional establecido en Trípoli, la capital del país.

Ambas partes tienen apoyo extranjero. Haftar cuenta con la ayuda de Egipto y Emiratos Árabes Unidos, mientras el Gobierno de Unidad Nacional recibe el apoyo de Turquía. La ayuda incluye suministros de armas, algunas de las cuales son alemanas, a pesar del embargo internacional ordenado por la ONU.

Berlín es la enfermedad y quiere ser el remedio. Los imperialistas y la ONU comparten la responsabilidad de la situación en Trípoli y Alemania tiene su cuota en la desoladora situación del país norteafricano porque los soldados alemanes participaron en las tropas de la OTAN que atacaron Libia en 2011. La OTAN no sólo destruyó Libia como Estado sino también como sociedad.

A principios de 2016 el gobierno alemán también desempeñó un papel clave en el establecimiento del llamado Gobierno de Unidad Nacional, dirigido por el Primer Ministro Fayez AlSarraj, principalmente para utilizarlo como tapadera y evitar los flujos de refugiados. En ausencia de un poder independiente, el gobierno libio de unidad nacional se convirtió rápidamente en una mera fachada detrás de la cual los grupos armados y sus intereses asociados mueven los hilos (1). De hecho, Trípoli está dominado por una red de grupos armados que mezclan círculos empresariales, políticos y burocráticos.

Después de 2011 y 2016 estamos ante el tercer intento de los imperialistas alemanes de controlar la situación en Libia para reforzar su influencia en el norte de África. En septiembre de este año Merkel dijo en el Bundestag que la Guerra de Libia es una amenaza de escalada hacia una guerra de poder total, como en Siria. Berlín considera que es necesaria una intervención inmediata para evitarlo.

Los imperialistas necesitan reconstruir lo que destruyeron en 2011. El embajador alemán en Trípoli, Oliver Owcza, ha anunciado que su país planea organizar una conferencia internacional sobre Libia  a celebrar en Berlín y ya han comenzado los preparativos. La iniciativa la llaman “Proceso de Tres Pasos”: un alto el fuego, una conferencia internacional y una reunión de las partes en guerra (2).

El viaje de Maas a Libia tiene como meta el “Proceso de Tres Pasos”. En le país norteafricano Maas está llevando a cabo conversaciones con dirigentes libios del gobierno de Al-Sarraj en la ciudad costera de Zuwara, al oeste de Trípoli.

El ministro alemán ha dicho a los medios que el problema fundamental de Libia es la influencia extranjera, lo cual sólo se le ocurre decir a un tonto de remate. ¿No es él extranjero?, ¿no es él responsable de la guerra?

Lo que Maas quería decir es que Libia es el teatro de operaciones en que se juegan la contradicciones entre las grandes potencias imperialistas y sus sicarios sobre el terreno, cuyo radio de acción va más allá del norte de África. Por ejemplo, Alemania apoya a Al-Sarraj mientras Francia apoya a Haftar.

El ministro no tardó en darse cuenta del alcance de dicho radio de acción cuando tuvo que salir por piernas apresuradamente debido a los rumores de un inminente ataque aéreo.

El ejército alemán lleva 18 años en Afganistán, 6 años en Mali, otros tantos -por lo menos- en Siria y bajo la ropa de camuflaje de la OSCE tiene las manos metidas en el charco ucraniano…

(1) Wolfram Lacher, Das Milizenkartell von Tripolis, SWP-Aktuell, núm. 28, mato de 2018. Ver también “Die nächste Runde im libyschen Krieg”
(2) Mirco Keilberth, Maas von Ufo zur Abreise bewogen, 29 de octubre de 2019

El papel de la explotación de las minas de litio en el Golpe de Estado de Bolivia

El año pasado Bloomberg señaló que las reservas de litio de Bolivia convierten al país en un lugar estratégico en la economía mundial para la próxima década. Se espera que la demanda de litio se duplique con creces para 2025. El mineral se extrae principalmente en Australia, Chile y Argentina, pero Bolivia tiene 9 millones de toneladas de litio que no han sido explotadas comercialmente.

Un colaborador del Washington Monthly, David Atkins, escribió: “El litio en Bolivia pertenece al pueblo boliviano. No es propiedad de empresas multinacionales. El golpe militar del domingo en Bolivia estableció un gobierno que debía cambiar la decisión tomada por el dimitido presidente Evo Morales, quien había cancelado un acuerdo estratégico con una empresa alemana para explotar los yacimientos de litio en el país latinoamericano, permitiendo la fabricación de baterías como las que se utilizan en los coches eléctricos” (1).

El analista de inversiones, Argus, señaló que la producción de gas y petróleo de las empresas extranjeras en Bolivia había permanecido estable. El gobierno de Evo Morales anunció entonces que estaba “decidido a industrializar Bolivia e invertir enormes sumas de dinero para asegurar que el litio que se usa en las baterías sea procesado en el país para su exportación, con el único fin de servir a los intereses generales en forma de valor agregado”.

Evo Morales tenía un acuerdo firmado en diciembre del año pasado con la multinacional alemana Acisa (ACI Systems Alemania) para explotar la materia prima, pero el 4 de noviembre lo canceló después de varias semanas de manifestaciones de los trabajadores de la región de Potosí donde se debían explotar las minas. La región de Potosí tiene entre el 50 por ciento y el 70 por ciento de las reservas mundiales de litio y esas reservas se encuentran en el Salar de Uyuni.

La cancelación del acuerdo abrió las puertas a una renegociación en términos que debían generar más ganancias para los pueblos de la región o a la nacionalización total de la industria minera del litio en Bolivia.

El litio es la materia prima de las baterías, como las que se usan en los vehículos eléctricos. Entre los clientes de la empresa alemana Acisa se encuentra el grupo Tesla de Elon Musk que fabrica ese tipo de vehículos. Las acciones de Tesla subieron al día siguiente del Golpe de Estado.

Las oportunidades mundiales en la producción de baterías de litio están aumentando para satisfacer la creciente demanda de la fabricación de vehículos eléctricos. La industria alemana está reorientando su producción de automóviles hacia vehículos eléctricos que funcionan con las baterías de litio de Acisa. Elon Musk dijo el miércoles pasado en el aeropuerto internacional Berlín que iba a abrir una fábrica que emplearía a 8.000 personas para fabricar coches eléctricos (2). El gobierno alemán sigue celebrando esa decisión con gran pompa porque debería consolidar a Alemania como cabeza en la producción de vehículos de nueva generación.

El impacto en el sector del litio y su explotación aún no se conoce después del Golpe de Estado, indica Stratfor, la empresa de inteligencia de la CIA. A largo plazo la incertidumbre política hará más difícil para Bolivia aumentar su producción de metales estratégicos, como el litio, o desarrollar un sector de valor agregado en el mercado de baterías.

(1) https://twitter.com/DavidOAtkins/status/1193970669286899712
(2) https://www.arcor.de/article/US-Elektroautobauer-Elon-Musk-Tesla-baut-europaeische-Fabrik-bei-Berlin/hub01-home-news-wirtschaft/8846698-Elon-Musk-Tesla-baut-europaeische-Fabrik-bei-Berlin/hub01-home-news-wirtschaft/8846698

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