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Recortes y privatización: en Francia cada vez hay menos hospitales y menos camas hospitalarias

En 2020 el número de camas hospitalarias siguió disminuyendo en Francia, a pesar de la pademia, según un estudio estadístico del Ministerio de Sanidad publicado el 29 de septiembre. El número de camas disminuyó un 1,5 por ciento en el año, lo que supone unas 5.700 camas de hospital menos.

El año anterior Francia ya había perdido 3.400 camas de hospitalización completa y 4.000 en 2018. Desde 2013 se han cerrado 27.000 camas de hospitalización completa, reconoce el Ministerio.

“Este descenso continúa una tendencia observada desde hace varios años, que refleja la voluntad de reorganizar la oferta en un contexto de desplazamiento hacia la atención ambulatoria, pero también de limitaciones de personal que no permiten mantener las camas”, añade el estudio.

El turno ambulatorio es el argumento para fomentar la atención extrahospitalaria. El Ministerio se congratula de que en 2020 la capacidad de hospitalización a domicilio haya aumentado un 10 por ciento.

La reducción de la duración de la estancia en el hospital es algo positivo para muchos pacientes, pero hay muchas dudas sobre la atención que se prestada en el propio domicilio. En realidad la atención ambulatoria favorece al sector privado frente al hospital público. ¿Realmente tienen gente que los atienda?, ¿Está la vivienda adaptada a los ancianos o dependientes?, se pregunta Fanny Vincent, profesora de la Universidad de Saint-Étienne.

El número de camas de cuidados críticos (reanimación, cuidados intensivos y monitorización continua) aumentó el año pasado. Pero aunque se instalaron 786 camas de reanimación adicionales, la tendencia general no cambia: sigue habiendo menos plazas hospitalarias en el país.

Además, cada vez hay menos hospitales: “Bajo el efecto de la reorganización y la reestructuración, el número de entidades geográficas de carácter público o privado ha seguido disminuyendo (25 establecimientos menos el ao pasado)”, dice el estudio. “El descenso es más acusado en los hospitales públicos”, añade.

Francia ha visto cerrar 78 hospitales públicos desde 2013, principalmente pequeños hospitales locales.

(*) https://drees.solidarites-sante.gouv.fr/publications/etudes-et-resultats/entre-fin-2019-et-fin-2020-la-capacite-daccueil-hospitaliere

El aumento del precio del gas en Europa es consecuencia de su política antirrusa

El capitalismo está sumido en la peor crisis de su historia. Se trata de una crisis general que no tiene absolutamente ninguna salida dentro del propio capitalismo.

Como toda crisis general, tiene muchas causas y muchas manifestaciones distintas que no se pueden reducir a una de ellas.

No obstante, ahora mismo destaca la subida de los precios de los combustibles y, en especial, del gas, que alcanza a casi todos los países del mundo.

Los precios de las materias primas se han disparado en un mercado mundial que ya estaba desestabilizado a causa del cierre de fronteras, lo que ha bloqueado las rutas de abastecimiento, una situacion que no se ha superado y, posiblemente, nunca se superará, porque para eso declararon la pandemia.

Como venimos repitiendo desde hace un año y medio, la declaración de pandemia ha servido para encubrir una profunda crisis económica que, a su vez, ha intensificado la presión de las grandes potencias contra países, como Rusia, que es uno de los mayores suministradores de combustibles en el mercado mundial.

La mayor parte de las materias primas, como el petróleo y el gas, se contratan “a futuros” mediante acuerdos a largo plazo a precios reducidos y con posbilidades de pago aplazado. Sin embargo, como consecuencia de las presiones de Estados Unidos, los países europeos no han firmado ese tipo de contratos con la gasista rusa Gazprom, sino que han optado por compras inmediatas y pagos al contado.

Las compras inmediatas y al contado son típicas de los países asiáticos y conducen a que el gas se subaste al mejor postor, lo que hace subir los precios y provoca la especulación, gracias a la volatilidad. Como los asiáticos están pagando un precio del gas por encima del mercado, Rusia prefiere venderles el gas a ellos antes que a los países europeos, que pagan menos.

Por lo tanto, los precios del gas son tan elevados en Europa porque Bruselas no quiere comprometerse con Rusia por razones que están mucho más allá del mercado y mucho más allá de Bruselas.

Los países que no han seguido la política energética de la Union Europea, como Hungría, no conocen el alza de los precios del gas porque han firmado un contrato con Gazprom para 15 años a precios muy bajos. Lo mismo cabe decir de otros, como Croacia, que también se aprovechan de gasoducto ruso que llega hasta Turquía.

Hay otro gasoducto ruso que llega a Europa desde Alemania, y bastaría con firmar un contrato a largo plazo con Gazprom para que el gas tuviera precios por debajo del mercado mundial.

La especulación de los fondos buitre en los mercados de materias primas eleva artificialmente el precio, como en cualquier época de acaparamiento. “Almacenar cuando el precio está bajo y vender cuando está alto”. El año pasado, el cierre de fronteras suscitó un aumento de las operaciones especulativas. Los fondos buitre aprovecharon la caída de precios para comprar grandes cantidades de materias primas, entre ellas el gas.

En consecuencia, no hay ningún problema de oferta, ni de suministro de gas, sino una sumisión política de Europa a las imposiciones de Estados Unidos.

Se puede decir que el gas no tiene un precio de mercado, sino una cotización en bolsa, como si se trata de acciones o bonos. En la medida en que dicha cotización siga en ascenso, puede lograr que la fracturación hidráulica de las empresas estadounidenses sea rentable, al menos durante un cierto tiempo.

Licencia para matar: por qué es saludable tener a la policía lo más lejos posible

Kenneth Chamberlain era un anciano de 68 años, antiguo marine negro y veterano de guerra. Padecía del corazón y de trastorno bipolar. Vivía sólo en una localidad cercana a Nueva York y le habían colgado del cuello un botón para avisar al servicio médico de emergencias.

En la madrugada del 19 de noviembre de 2011 activó por accidente el dispositivo y a los pocos minutos se presentó la policía a la puerta de su casa para verificar la emergencia.

La primera pregunta retórica es, pues, evidente: ¿por qué acudió la policía y no los sanitarios? Es un síntoma del mundo en el que vivimos, en el que todo debe estar bajo el control de la policía, y muy especialmente los problemas de salud.

El anciano tuvo miedo de que le mataran. Dijo a la policía que no necesitaba ayuda y no les abrió la puerta por otro de los síntomas de nuestro tiempo: en Estados Unidos los negros tienen pavor a la policía por motivos más que obvios.

La policía derribó la puerta de la vivienda y, según dijeron, Chamberlain se abalanzó contra ellos con un cuchillo. ¿Qué otra cosa podían decir para justificarse? Le aplicaron una pistola eléctrica y luego le dispararon fuego real para que no hubiera una versión diferente a la suya.

Al año siguiente le dieron el carpetazo al crimen. No acusaron de nada a los policías que participaron en el asesinato. “La policía actuó de manera apropiada”, dijo la fiscal. Tampoco hubo acciones de tipo disciplinario. Los policias siguen en sus puestos y tienen un expediente intachable, a pesar de que uno de ellos lanzó insultos racistas contra el anciano.

En 2019 el asesinato inspiró al cineasta David Midell a escribir un guion y dirigir la película “The Killing of Kenneth Chamberlain” que narra de manera detallada los últimos minutos en la vida del anciano.

La película se estrenó el 17 de septiembre en plataformas digitales y en varias salas cinematográficas, con un éxito rotundo. Hasta la fecha ha ganado 10 premios, entre ellos los del jurado y de la audiencia, en los festivales de cine independiente donde se ha presentado, como el de Austin, Omaha y Oxford.

La película mantiene en suspense al espectador de principio a fin a lo largo de la escalada de violencia. Los diálogos y las interacciones entre el anciano y la policía reflejan claramente una manera de proceder, también típica de quien ha hecho de la muerte una profesión, aunada a los prejuicios clasistas y racistas.

Mención aparte merece la extraordinaria interpretación de Frankie Faison en el papel de Kenneth Chamberlain, sin duda la mejor de su carrera, que debería hacerle acreedor a un Óscar.

Por su trabajo en esta película, Midell ha sido nominado al Premio “Someone to Watch” de Independent Spirit Awards.

Sidenor frena la producción en su fábrica de aceros especiales a causa de la subida de los precios de la energía

Los efectos de la subida del precio de la energía ya se notan en la industria, uno de los grandes consumidores eléctricos. Sidenor es el primer grupo del metal en anunciar una parada para no operar en pérdidas. En su caso, dejará de producir aceros especiales durante 20 días por el desorbitado precio de la tarifa.

La siderúrgica ha criticado que esa inflación ha elevado su coste eléctrico hasta los 260 euros por MW/hora. Lo que supone un incremento del 300 por cien sobre el del año pasado, cuando abonaba 60 euros.

Ese aumento para el grupo vasco supone pagar 200 euros más por tonelada producida, lo que dispara más de un 25 por ciento sus costes totales. Una situación que genera pérdidas e imposibilita mantener el ritmo actual de producción. Un caso similar se vivió este mes en los parques eólicos y fotovoltaicos, que también cesaron en su actividad por ese motivo.

La fábrica, que tiene una plantilla de 1.500 trabajadores, altera por tanto su hoja de trabajo de aquí a final de año. Esos 20 días de menos recortan un 30 por cien el calendario de actividad hasta el próximo 31 de diciembre, y advierte que es una primera medida para limitar el tremendo impacto que los desorbitados y descontrolados costes eléctricos están causando a Sidenor.

La parada no soluciona el problema de fondo y otras medidas serán necesarias de persistir el actual panorama de descontrol en los precios eléctricos, una alusión a los Expedientes de Regulación de Empleo u otras medidas de ajuste.

La empresa está encabezada por José Antonio Jainaga, que también es el presidente de turno de la Asociación de Grandes Consumidores de Energía (Aege), desde la que advierten reiteradamente que la subida de los precios de la luz puede causar cierres en la industria.

Sidenor concentra la mayor parte de sus ventas en el sector de automoción, que vive otro importante problema coyuntural. En su caso, la falta de semiconductores que obliga a parar a las plantas de ensamblaje de vehículos y a sus proveedores.

—https://cincodias.elpais.com/cincodias/2021/10/11/companias/1633947378_745739.html

Moderna recibió 300.000 informes de efectos adversos en sólo tres meses de vacunación

El fabricante de la vacuna Moderna recibió 300.000 informes de efectos adversos tras la vacunación en un periodo de tres meses tras el lanzamiento de su vacuna, según un informe interno de Iqvia, una empresa que ayuda a Moderna a gestionar los informes.

Esa cifra es muy superior al número de informes de efectos adversos sobre la vacuna de Moderna que se encuentran disponibles públicamente en Vaers, el sistema federal que hace un seguimiento de dichos eventos adversos.

Los fabricantes de vacunas como Moderna están obligados por ley a enviar todos los informes de efectos adversos que reciben al Sistema de Notificación de Efectos Adversos de Vacunas, donde se hacen públicos cada semana.

Dirigido por los CDC (Centros para el Control de Enfermedades) y la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos), el sistema Vaers es crucial para el seguimiento de posibles problemas con las vacunas. Ayudó a los científicos a determinar que las vacunas contra el coronavirus pueden causar problemas cardíacos en adultos jóvenes.

La razón de este desfase no está clara. Es posible que Moderna simplemente siga procesando los informes, aunque el número de informes sobre la vacuna de Moderna en el Vaers de la primera mitad de este año se mantuvo casi plano esta semana.

La cifra de 300.000 proviene de una actualización interna proporcionada a los trabajadores por Iqvia, una empresa poco conocida pero enorme que ayuda a los fabricantes de medicamentos a gestionar los ensayos clínicos. Con sede en Carolina del Norte, Iqvia tiene 74.000 trabajadores en todo el mundo y facturó 11.000 millones de dólares el año pasado.

A principios de esta semana, Richard Staub, el presidente de la división de Soluciones de Investigación y Desarrollo de Iqvia, envió una actualización del segundo trimestre de este año que llevaba la etiqueta “Confidencial – Sólo para distribución interna”.

Una persona con acceso a la presentación proporcionó capturas de pantalla de la diapositiva correspondiente, en la que se explica claramente que los 300.000 informes de efectos adversos se recibieron en “un período de tres meses”, no desde la introducción de la vacuna en diciembre, y se diferencia entre ellos y las “consultas de información médica”.

La diapositiva no aclara de qué tres meses se trata, pero se refiere al lanzamiento mundial de la vacuna, que esencialmente tuvo lugar en el primer trimestre de 2021. Tanto si la diapositiva se refiere a los meses de enero a marzo como a los de abril a junio, la cifra de 300.000 empequeñece el número de informes en el Vaers para la vacuna Moderna en cualquiera de los dos períodos.

Una consulta al Vaers revela aproximadamente 110.500 informes de eventos adversos en todo el mundo para la vacuna de Moderna completados de enero a marzo. Todos menos 650 fueron en Estados Unidos. Vaers también incluye 78.000 informes completados de abril a junio, incluyendo 71.400 en Estados Unidos.

Estas cifras exageran el número de informes que Moderna ha proporcionado, porque incluyen muchos informes de pacientes, médicos y otros proveedores de atención sanitaria, además de los de Moderna.

El Vaers se creó en 1990 y está gestionado conjuntamente por los CDC y la FDA, que contratan a General Dynamics para que lo administre. Ha tenido problemas para atender a los cientos de miles de informes que ha recibido sobre las vacunas desde que empezaron a distribuirse en diciembre. Durante gran parte de la primavera, se retrasó meses en hacer públicos los informes.

El Vaers suele caracterizarse como un sistema voluntario. Sin embargo, los médicos y los proveedores de atención sanitaria están obligados a informar de ciertos efectos adversos graves tras la vacunación, incluidas las muertes. Sin embargo, los CDC y la FDA no tienen ninguna forma real de comprobar si lo están haciendo.

Los profesionales de la salud pueden decidir si informan de los efectos adversos menos graves. Muchos han decidido no hacerlo en el caso de las vacunas, porque el volumen de informes ya es muy alto.

Sin embargo, los fabricantes de vacunas deben enviar todos los informes que reciban, tal y como aclara el sitio web de Vaers. Distingue entre los proveedores de atención sanitaria, a los que se «anima encarecidamente» a notificar diversos acontecimientos, y los fabricantes como Moderna, que “están obligados a notificar al Vaers todos los acontecimientos adversos de los que tengan conocimiento”.

—https://alexberenson.substack.com/p/some-actual-news

El antifascismo no son cuatro chavales con cresta pegándose

El pasado 9 de octubre, Emilio Silva el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), ofrecía una visita guiada por el Cementerio Civil de Guadalajara donde la asociación estaba realizando unos trabajos de exhumación de varios antifascistas asesinados.

La frase que se emplea como título de este artículo, la pronunció el mismo Silva en la visita guiada. Lo dice a un mes de que se cumpla el 14 aniversario del asesinato del joven de 16 años Carlos Javier Palomino por parte de un militar neonazi afiliado al partido Democracia Nacional (DN); y cuatro días después de que se cumplan 30 años del asesinato de Sonia Rescalvo, una transexual asesinada a golpes por varios neonazis en Barcelona.

Pero, ¿cuál es el problema de que haya jóvenes que persigan a neonazis y fascistas?

Escribo este artículo desde lo más profundo de mi ser. Soy nieto de una señora que fue rapada y vejada en su pueblo, porque sus padres y hermanos se habían afiliado a las organizaciones del Frente Popular. Una señora que se fue a la tumba sin saber dónde se encontraba su hermano asesinado en el frente de Córdoba. Sus nietos hemos querido continuar su estela. A consecuencia de ello, hemos sufrido agresiones por parte de neonazis, hemos sufrido ataques, seguimientos y detenciones policiales, etc.

Como mi caso, los de miles de hijos y nietos de trabajadores represaliados por el fascismo. Miles que hemos decidido continuar con el legado de nuestros abuelos. Por continuar con esa memoria, hemos sido represaliados y, algunos por ello, sufren la prisión en sus carnes.

Pero somos idiotas. Imbéciles que no sabemos lo qué es el antifascismo y que hemos puesto nuestros cuerpos contra el fascismo de manera gratuita y errónea. No tenemos ni idea.

Pero las intervenciones del sr. Silva no se quedan ahí.

En enero de este año, cuando Pablo Iglesias se atrevió a comparar el exilio republicano con el exilio del president Puigdemont recibió numerosas críticas de personalidades del mundo de la Memoria Histórica. Una de ellas, fue Emilio Silva que le recordó a Iglesias que: “Cualquier comparación entre el Estado del que se fue Puigdemont y la España de la que huyeron los republicanos es desafortunada. La violencia del franquismo no se debe relativizar porque asesinó física y civilmente a millones de personas”

El Estado del que se fue Puigdemont es el mismo estado donde miembros de la Guardia Civil y el Ejército meten «burundanga» en la bebida de una chica para después violarla. El mismo estado del que tuvieron que huir miles de antifascistas por la represión de individuos que, en aquel entonces, no necesitaban burundanga: violaban con fusil, sotana, tricornio o uniforme de falangista.

Pero en ese mismo estado, hay jóvenes que ponen su cuerpo para evitar que individuos como éstos sigan existiendo. Nietos de los que fueron condenados al olvido. Esos jóvenes que no tienen ni idea de antifascismo y que para el presidente de la ARMH no son antifascistas.

Para Emilio Silva, presidente de una asociación que pretende recuperar la memoria de los asesinados por el fascismo; Carlos Palomino de 16 años, que fue asesinado en 2007 por un militar neonazi cuando acudía a una manifestación antirracista: no era un antifascista.

Entonces, ¿qué era Carlos Palomino?, ¿por qué lo mataron?, ¿lo mataron en una pelea de bandas como acostumbran a decir muchos?

Lógica peligrosa. Porque según la afirmación del sr. Silva podemos llegar a pensar que en la democracia actual no hay víctimas del fascismo. Que vivimos en una democracia imperfecta sí, pero democracia. Que los fascistas son cosas del pasado y los que hay ahora son trasnochados, nostálgicos.

Por esa regla de tres, como en España no hay fascistas, los chavales con cresta que han puesto su cuerpo durante los últimos años no son antifascistas y Puigdemont, nada tiene que ver con el exilio republicano: porque España es una democracia. Imperfecta sí, pero democracia. Nada más lejos de la realidad.

Cuando un joven es asesinado en A Coruña por su tendencia sexual, cuando una joven es violada por cinco energúmenos, cuando un inmigrante recibe una brutal paliza o cuando una familia va a ser desahuciada por el fondo buitre de los que son dueños los oligarcas de este país, a quien vemos en esas manifestaciones es a esos jóvenes con cresta. Donde también vemos a policias armados con banderas franquistas en sus furgonetas, pegatinas en sus pistolas, tatuajes, etc. Vemos a antifascistas con cresta y a fascistas uniformados. Lo que no vemos es a antifascistas como Emilio Silva.

 

Pero si nuestros compañeros asesinados por el fascismo no son antifascistas: ¿qué son?

 

 

 

 

 

Al nuevo capitalismo de rostro humano no le gustan los monopolios tecnológicos

Decíamos ayer que las críticas a Facebook, que están absolutamente justificadas, no tienen otro objetivo que imponer una regulación pública de los contenidos de las redes sociales, en general, es decir, reforzar la censura.

Dicho y hecho: hoy el diario británico Morningstar, exponente británico de la izquierda domesticada, publica un artículo (1) exigiendo una regulación de Facebook y demás monopolios tecnológicos (Google, Amazon, Microsoft, Apple), por una obviedad: “no están al servicio de los usuarios”. No son un servicio público, pero deben serlo.

Como es típico de Morningstar, la regulación forma parte de una “lucha antimonopolista” porque las empresas tecnológicas manipulan cantidades ingentes de datos sobre sus usuarios, o que a su vez les da poder de mercado y les permite dominar su sector, eliminando cualquier competencia emergente.

Uno de los ejemplos de esa “lucha antimonopolista” es la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, que dirige Lina M. Khan. El periódico británico no oculta, pues, que su referente está al otro lado del Atlántico.

Khan es una experta en esta “lucha”. En un artículo publicado en 2017 atacó a Amazon y defendió la “libre competencia” y el mercado con toda suerte de banalidades. “La doctrina de la competencia ya no debe centrarse únicamente en el interés del consumidor, sino en la existencia de un poder de mercado que se traduzca en prácticas predatorias que impidan la innovación o la aparición de posibles competidores” (2).

En su estrategia para conquistar su mercado, dice Khan, Amazon ha optado durante mucho tiempo por sacrificar los beneficios para ganar cuota de mercado, lo que le ha permitido cortar de raíz cualquier competencia.

A la empresa Diapers, que vendía productos de belleza y cuidados del bebé en línea, Amazon le impidió deliberadamente desarrollarse rebajando sus precios de venta (dumping) y ofreciendo servicios atractivos a los consumidores con un servicio de suscripción favorable.

Diapers tiró la toalla. Fue absorbida por Amazon que, a partir de entonces, abandonó rápidamente su agresiva política de precios y ofertas promocionales o de suscripción para subir los precios.

Esta práctica dio un nuevo giro cuando Amazon abrió su plataforma a todo tipo de vendedores, lo que le permitió captar enormes cantidades de datos sobre las mercancías de la competencia y adaptar sus políticas de precios a las de los vendedores que utilizan su plataforma.

Posteriormente, Amazon comenzó a ofrecer sus propias mercancías, que competían directamente con los vendedores que utilizaban su plataforma.

Luego Amazon invirtió gradualmente en su propia logística. De ser el mayor cliente de grupos de mensajería como Fedex o UPS, se convirtió en un competidor potencial.

No hay nada nuevo ni original en la tesis de Khan, aunque el monopolismo moderno no se basa sólo en el dumping, sino en el acceso a las grandes bases de datos (consumidores, vendedores, proveedores). Las empresas más grandes reducen los precios para limitar la competencia y controlar un número cada vez mayor de áreas de negocio.

Como las redes sociales deben ser un servicio público, deben ser reguladas, es decir, hay que redactar una legislacion sobre los monopolios tecnológicos, lo mismo que con el agua, la electricidad o las telecomunicaciones.

Luego llegará el siguiente paso: la creación de nuevos modelos de negocio, de empresas de tecnología “responsable”, que serán algo parecido a la “banca ética” y otras de “economía social” que representan al nuevo capitalismo de rostro humano, limpio, sostenible y no binario.

(1) https://www.morningstar.fr/fr/news/215874/gafa–une-r
(2) https://www.yalelawjournal.org/pdf/e.710.Khan.805_zuvfyyeh.pdf

El apoyo de Mongolia al Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial

Mongolia fue uno de los aliados más firmes de la Unión Soviética en la primera mitad del siglo XX. Ambos países resistieron juntos la invasión japonesa de la República Popular de Mongolia en 1939. Cuando la URSS fue atacada por la Alemania nazi el 22 de junio de 1941, los mongoles no se quedaron al margen y declararon la guerra al Tercer Reich ese mismo día.

De 500 a varios miles de voluntarios mongoles participaron finalmente en las batallas contra los alemanes en el Frente Oriental. Eran valorados en el Ejército Rojo por sus excelentes habilidades como cazadores y jinetes, y normalmente eran enviados a servir en la caballería y también eran empleados activamente como exploradores y francotiradores.

Los dirigentes mongoles se dieron cuenta de que no podían enviar sus tropas al oeste: la amenaza japonesa seguía siendo fuerte y el país no estaba en condiciones de reunir una fuerza expedicionaria suficientemente seria. Por ello, la República se propuso ayudar económicamente a su vecino del norte en la medida de sus posibilidades.

Uno de cada cinco caballos del Ejército Rojo procedía de Mongolia y uno de cada cinco abrigos de los soldados soviéticos estaba hecho de lana mongola.

Lejos de Mongolia, la guerra en Europa se convirtió así también en la guerra de este estado asiático. La ayuda que este país, poco poblado y mal dotado, prestó a la URSS fue, en algunos aspectos, tan buena como la prestada por Estados Unidos en el marco del programa Lend-Lease.

Bajo el lema “No debe haber una sola persona en el país que no haya contribuido personalmente al Fondo de Ayuda del Ejército Rojo”, se inició en Mongolia una campaña de recogida de dinero y donativos para las tropas soviéticas.

En octubre, el primer tren partió hacia la URSS, repleto de abrigos y chalecos de piel donados, guantes calientes, botas de fieltro, chaquetas y cinturones. En el siguiente tren, en febrero de 1942, ya se añadieron alimentos: carne, salchichas, aceite, dulces. Los trenes de donaciones continuaron hasta principios de 1945.

Uno de los donantes más generosos fue el aratka (pastor nómada) Enguelin Badam. Donó 16 camellos, 93 caballos, 1.600 ovejas y la suma de 10.000 tugriks, con los que se podrían haber comprado 12.500 ovejas.

Además de los regalos, Mongolia organizaba regularmente entregas masivas de carne, lana, pieles de oveja y caballos a la URSS a precios favorables. Moscú las pagó con productos industriales y alimentarios que el país asiático necesitaba, así como aplicando compensaciones por las deudas mongolas con la Unión Soviética.

A lo largo de la guerra, los mongoles entregaron a Moscú unas 500.000 toneladas de carne (frente a las 665.000 toneladas de carne enlatada de EEUU) y 64.000 toneladas de lana (EEUU – 54.000 toneladas). Uno de cada cinco soldados tenía un abrigo de lana de Mongolia.

De hecho, la República Popular de Mongolia era el único proveedor de pieles de oveja a la URSS. Este producto se utilizó para hacer abrigos para los comandantes del Ejército Rojo.

Los caballos mongoles se convirtieron en uno de los pilares del Ejército Rojo. Durante el primer periodo de la guerra, la URSS perdió casi la mitad de su rebaño: en septiembre de 1942, sólo quedaban 9 millones de las 17,5 millones de cabezas originales.

Durante los años de guerra, el Estado mongol compró a los arats (pastores nómadas) casi 485.000 caballos para la Unión Soviética, y otros 32.000 fueron donados por los propios campesinos. Estos resistentes animales se adaptaron bien a las duras condiciones del Frente Oriental y ayudaron activamente a las tropas soviéticas en el transporte de suministros y artillería hasta que se resolvieron los problemas del transporte por carretera. Uno de cada cinco caballos soviéticos en el frente procedía de Mongolia.

Los caballos tenían excelentes cualidades para caminar”, dijo el general soviético Issa Pliev. El caballo mongol es de pequeña estatura, con una complexión fuerte y patas cortas y fuertes con cascos pequeños y robustos. Es capaz de recorrer cien kilómetros al día durante varios días seguidos… El caballo mongol, resistente y discreto, marchó junto a los tanques soviéticos hacia Berlín.
Tanques, aviones y voluntarios

El 16 de enero de 1942, el gobierno de la República Popular de Mongolia decidió recaudar fondos para construir una columna de tanques como regalo para el Ejército Rojo. Un año después, una delegación mongola encabezada por el líder del país, el mariscal Horloogiyn Choybalsan, presentó a la 112ª brigada de tanques soviéticos 32 modelos T-34 y 21 T-70 construidos con el dinero recaudado.

La brigada 112, llamada “Mongolia revolucionaria”, participó en la batalla de Kursk, donde luchó con éxito contra una de las unidades más gloriosas de la Wehrmacht: la división “Gran Alemania”. Por su valor y heroísmo, los soldados recibieron medallas tanto soviéticas como mongolas.

En el verano de 1943 se formó el 2º Escuadrón de Cazas Aéreos “Mongol Arat”, y el 25 de septiembre fue transferido solemnemente al 2º Regimiento de Guardias de la 322ª División de Aviación de Caza.

“Y entonces, llegó la hora tan esperada. Uno a uno, 12 flamantes aviones de combate La-5 con la inscripción roja brillante “Mongolian Arat” en sus fuselajes surgieron de detrás del bosque. Tras una vuelta de honor sobre el aeródromo, los aviones aterrizaron en un campo especialmente asignado. Los gritos de ‘Hurra, Arat mongol’ y ‘Hurra, pueblo mongol’ ahogaron el rugido de los motores”, dijo el Teniente General de la Fuerza Aérea Alexander Semionov ese día.

El escuadrón participó en batallas cruciales como la Operación Bagration, así como en las operaciones de Berlín y Praga. La manutención del personal del escuadrón (así como de las tripulaciones de los tanques de la brigada “Mongolia Revolucionaria“) corrió a cargo, en parte, de los mongoles, que nunca olvidaron recompensar a sus hombres por su valentía.

—https://fr.rbth.com/histoire/87226-mongolie-urss-seconde-guerre-mondiale

Los motivos de una huelga que no sale en los medios: Financiera El Corte Inglés

“Estuve medio año de baja por depresión”, cuenta Cristina. “Cuando entré a trabajar, pesaba 76 kilos, y cuando me di de baja llegaba a los 115”. La joven resume así los efectos que el ritmo y el ambiente de trabajo en la Financiera El Corte Inglés (FECI) tuvieron sobre su salud. Sus compañeros Diego, Paco (nombre ficticio) y José (nombre ficticio) son contundentes al calificar las condiciones laborales en esta empresa: “Precariedad”, “acoso laboral”, “explotación”, “miseria” y “mobbing” son algunas de las palabras que utilizan.

Cristina, Diego, Paco y José son miembros de la Coordinadora Sindical de Clase (CSC), que intenta ejercer de contrapeso a FASGA y FETICO, sindicatos mucho más próximos al coloso empresarial. En FECI, explican, cada trabajador atiende una media de 90 llamadas al día. En el momento en que tuvo lugar el expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) convocado a consecuencia de la pandemia, había en plantilla “882 empleados para 11 millones de clientes, y no todos atienden llamadas”.

Todo esto se traduce en presión y estrés constante para los empleados, además de una actitud fiscalizadora por parte de los superiores que en ocasiones cruza la línea: “Se producen situaciones de acoso personal”, denuncia José.

Sueldos y riesgos laborales

La inmensa mayoría de los trabajadores de FECI están lejos de llegar a mileuristas. Diego, que ostenta el cargo de coordinador, es el único que percibe un sueldo ligeramente superior a los 1.000 euros al mes. Cristina, que trabaja 30 horas semanales, se queda en 600.

Unos emolumentos que consideran “míseros” y que no compensan la dura rutina laboral en unos centros de trabajo que, denuncian, incumplen sistemáticamente la normativa de riesgos laborales. Y no sólo en relación a las pausas para descansar -cuentan con 10 minutos para toda la jornada, que se desarrolla siempre frente a una pantalla de visualización de datos-, sino también a las condiciones del entorno, las cuales, aseguran, les ponen en peligro.

“He puesto, hasta el momento, 10 denuncias por incumplimiento de la ley 31/1995 sobre prevención de riesgos laborales”, dice Cristina, que ejerce de delegada de prevención de riesgos laborales. Cuenta que en la oficina de Serantes (Madrid), “el techo se ha desplomado dos veces ya y no había barandillas de seguridad hasta que lo puse en conocimiento de Inspección de Trabajo”. Diego agrega que llegó a producirse un incendio bajo la sala “y tardaron en desalojar a los empleados 30 minutos, pese a que estaban expuestos al humo”.

Los útiles de trabajo no salen mejor parados: en plena pandemia, los empleados de distintos turnos compartían ratones, teclados y micrófonos, careciendo éstos de espuma protectora. “Tras el estallido de la covid y hasta el confinamiento total, más de 400 trabajadores seguíamos compartiendo el material, no querían darnos útiles individuales”, señala Cristina. “Llegamos a compartir las esponjillas de oreja de los auriculares hasta que Cristina consiguió que dieran recambios”, recuerda Diego.

Respecto a la actitud de la empresa ante las quejas que interpone Cristina como delegada de prevención, la joven es taxativa: “Caso omiso”.

El convenio-estafa

Sin embargo, la reivindicación que CSC ha llevado como estandarte para las huelgas convocadas a principios de abril y mayo ha sido el “convenio-estafa” firmado el pasado mes de marzo por FECI y los sindicatos FASGA y FETICO, a los que acusan de “lacayos” y de haberse “vendido” a los intereses de la empresa.

El convenio colectivo que anteriormente se aplicaba a los empleados de la compañía era el de grandes almacenes, a pesar de que las funciones que realizan son las propias de una empresa crediticia y que un banco, el Santander, posee el 51 por ciento de las acciones. CSC siempre denunció que la aplicación incorrecta de ese convenio estaba hecha a medida de los intereses de FECI, en perjuicio de los de la plantilla.

El pasado marzo la empresa acordó con los sindicatos FASGA y FETICO un nuevo texto. El contenido del mismo fue la gota que colmó el vaso para CSC, que decidió ir a la huelga. Afirman que se trata de un simple “corta y pega” del convenio de grandes almacenes, y que su verdadero cometido es “eliminar todos los complementos históricos de la plantilla y no subir ni un solo euro en salarios gracias a la absorción de complementos”.

Por su parte, Eduardo Prieto, responsable de la sección sindical de FECI y jefe regional de FETICO Madrid, con quien nos hemos puesto en contacto, declara con rotundidad que estas afirmaciones son “falsas”.

“Evidentemente hay cuestiones organizativas que no se han modificado, y además las estructuras del estatuto de los trabajadores hacen que todos los convenios se ‘parezcan’ en materias tales como: desconexión digital, teletrabajo, registro salarial, registro de jornada, libranzas de calidad o planes de igualdad y protocolos de acoso”, explica Prieto. “Todas estas cuestiones evidentemente figuran en ambos convenios. Sin embargo el sueldo en FECI ha crecido entre un 3 y un 31,79 por ciento dependiendo de los años de presencia en la empresa (en grandes almacenes un 2 por ciento), se han bajado 8 horas de trabajo (en grandes almacenes ninguna) o se disfrutan 8 fines de semana de calidad (en grandes almacenes 6). No le veo la verdad, ningún parecido a estas cifras”.

Prieto zanja la cuestión aludiendo al “desconocimiento legal” de CSC y acusando a esta agrupación de “demagogia sindical de mercadillo”.

Una picadora de carne

Ante estas afirmaciones, Diego habla por CSC al replicar que el “truco” del nuevo convenio está en el sistema de complementos. “Todos los complementos salariales que tú tenías antes del convenio son absorbibles, así que se quedan casi igual”.

“Si, por ejemplo, tú tenías 950 euros de salario y un complemento de 50, se aumenta un poco salario y sigues cobrando 1.000, pero de salario base”, explica. “Sólo la poquísima gente que lleva muchos años se ha visto beneficiada”.

Y es que, según CSC, la Financiera El Corte Inglés no es una empresa para hacer carrera. Responde más bien al modelo “picadora de carne”, con una empleabilidad de alta rotación: “En el centro de Serantes, entre el 40 y el 60 por ciento de la plantilla son eventuales”, desvela Diego. “A lo largo del año, hay 400 altas y otras tantas bajas en ese centro”.

Aquellos que aguantan son, en su inmensa mayoría, ajenos a la disputa sindical, pero no a los efectos del desgaste. Cristina cuenta que no ha sido la única, ni mucho menos, en pagar con su salud las consecuencias de un cóctel formado por un ritmo de trabajo frenético y un ambiente tóxico: “Hay muchas bajas por depresión”.

José Sánchez Mendoza https://abusospatronales.es/casos-de-abusos-patronales/financiera-el-corte-ingles-los-motivos-de-una-huelga-que-no-sale-en-los-medios/

Los brasileños hambrientos buscan comida entre las cadáveres de animales en descomposición

Con el título “Camión con piel y huesos se convierte en esperanza de alimento para los que pasan hambre”, el diario Extra de Brasil publicó el 29 de septiembre una serie de espeluznantes fotografías de brasileños que buscan comida entre los cuerpos de animales muertos en Río de Janeiro (*).

Las desgarradoras fotos, que fueron replicadas en medios de todo el mundo, fueron tomadas por el galardonado fotoperiodista Domingos Peixoto, quien incluso después de haber fotografiado años atrás los efectos del narcotráfico y la pobreza en Río de Janeiro, se manifestó sorprendido al ver a los brasileños buscando comida en la basura.

“No he dormido en dos días, tratando de procesar todo. La gente tiene que cocinar con leña, no solo los sin techo. Tenemos que encontrar formas de contar estas historias para tratar de ayudar de alguna manera”, dijo el fotógrafo.

“En el pasado, la gente me preguntaba si podía darle un hueso para el perro. Hoy la gente me pide que consiga algo de comer”, dijo Santos al publicar la serie de fotografías «Brasil 2021: el dolor del hambre”, que generó conmoción en todo el país.

“Maldita sea, tenemos que encontrar formas de contar estas historias para ver si podemos ayudar de alguna manera”, lamentó Peixoto, de 57 años.

Las imágenes, que provocaron que miles de brasileños se manifestaran este fin de semana en Río y San Pablo, muestran a un hombre en cuclillas en un camión contenedor sobre una montaña de restos de animales, huesos, sobras y entrañas, recolectados en supermercados y destinados a fábricas de jabones y alimentos para mascotas.

Una mujer de 51 años, fotografiada buscando comida entre cadáveres para sus cinco hijos, declaró: “No sabes cuánto tiempo pasó desde que vi un trozo de carne. Es desde antes de la pandemia. Estoy muy agradecida por eso”. Sin embargo, en España el ministro Garzón no opinaría lo mismo.

“Joven, o comemos esto o nos morimos de hambre”, dijo una mujer al periodista Rafael Nascimento de Souza, que cubrió la noticia con Peixoto para el diario carioca. “Esta es la realidad. Si esto no te enoja, si esto no te conmueve, entonces no sé…” dijo Souza.

El camionero José Divino Santos, de 63 años, uno de los encargados de transportar los restos de carne, dijo al fotógrafo que en los últimos meses aumentó el número de personas que piden huesos y sobras. “Algunos días llego aquí y tengo ganas de llorar. Un país tan rico no puede ser así. Es muy triste que la gente pase por esta situación. Me duele el corazón”, dijo Santos.

“Antes, la gente pasaba y pedía un trozo de hueso para dárselo a los perros. Hoy, piden un poco de hueso para hacer comida. Pasaron dos o tres vagabundos y se los llevaron. Hay días en los que hay unas 15 personas”, dice el camionero.

El diario Extra remarcó en su informe que una encuesta de la Red Brasileña de Investigación en Seguridad Alimentaria y Nutricional reveló que más de 116,8 millones de personas viven actualmente sin acceso pleno y permanente a los alimentos en Brasil. De ellos, 19,1 millones (el 9 por ciento de la población) padecen hambre y viven en una “inseguridad alimentaria grave”.

Según estimaciones de la Fundación Getulio Vargas (FGV) de abril, 27,7 millones de brasileños (12,98 por ciento de la población) está por debajo del umbral de pobreza, ubicado en 261 reales mensuales (US$49). En 2019, la cifra era de 23,1 millones de pobres (10,97 por ciento).

Según una reciente encuesta del instituto Datafolha, 85 por ciento de los brasileños redujo el consumo de algún alimento este año y un 67 por ciento disminuyó el de las carnes rojas. Además, un 46 por ciento bajó la ingesta de lácteos, y alrededor del 35 por ciento la de arroz y frijoles, centrales en la cocina nacional.

(*) https://extra.globo.com/noticias/rio/xepa-da-carne-caminhao-com-pelanca-osso-vira-esperanca-de-alimento-para-quem-tem-fome-no-rio-25216768.html

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