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Rehenes políticos

Nicolás Bianchi

La lucha armada de ETA -antes de su final- y, por extensión, la del segmento más concienciado políticamente del pueblo vasco, no ha sido tanto -a mi juicio- la pelea por la liberación nacional, que también, puesto que Euskal Herria nunca ha sido una colonia de la «metrópolis» española, como la permanente denuncia, empleando vías armadas o pacíficas, de una nación sin Estado que grita su derecho a la autodeterminación y, en su caso, la independencia y, por ende, a formar un Estado. El carácter que adopte este futuro Estado ya es otro cantar que sólo la lucha de clases, en primer término, aparte otros factores, decantará (más que una «sociedad» indiscernible o un «pueblo» vagaroso y vagoroso).

En Euskadi no se han enfrentado, militarmente hablando, dos ejércitos. Si así fuera, los militantes de ETA habrían ido uniformados (como las FARC, por ejemplo, o el IRA) para enfrentarse a un enemigo que sí va uniformado, como las FSE. He aquí una diferencia. Otra es que un voluntario de una organización armada que aspira a la independencia de su pueblo -ahora sí cabe hablar de liberación nacional o MLNV, expresión que hasta Aznar empleó trastabillándose, eso sí, la falta de costumbre- o la revolución política (que implica la social), está dispuesto a matar y morir por su causa, que no es cualquier causa, sino la más democrática de todas, a saber, el derecho a decidir de la población de un territorio geográfico y un marco político concreto y no otro, mientras el ocupante, el invasor, el que oprime nacionalmente a un pueblo determinado, quien va uniformado, quien representa una autoridad «políticamente» ilegítima por antidemocrática y fascista, está dispuesto a matar, pero no a morir, ah, esto no, que no va en el guión, y me habían contado otra película. Y ello porque no tiene ninguna causa que defender, salvo la de una soldada, esto es, un interés particular frente a una causa desinteresada exceptuando unos objetivos políticos por los que se juega la vida. Otra diferencia, como ya dijimos.

En conclusión: el carácter político del enfrentamiento armado lo da el enemigo que disimula tal carácter llamando «terrorista» a quienes se resisten a la opresión. Esto ha pasado toda la puta vida y no decimos nada nuevo. Para ello, como es sabido, cuentan con la maquinaria propagandística (ya no hay medios de comunicación, sino de propaganda) para cloroformar y lobotomizar, somatizar y sodomizar, a eso que llaman la «opinión pública».

Conviene recordar estas cosas pinten bastos o la ocasión la pinten calva, salvo que estemos hablando de otra cosa. Como también conviene no olvidar -otra diferencia- que ETA (o los GRAPO en su momento) no es un ejército uniformado, no hace prisioneros uniformados del enemigo ergo: no tortura, ni tiene cárceles ni territorios «liberados», no es, no era, una guerra convencional (hoy ninguna lo es).

Pues bien, si es verdad, como se viene diciendo, que vivimos nuevos tiempos dylanianos de cambio de ciclo, es preciso poner en primer lugar y no posponer la lucha por la excarcelación de todos los presos políticos vascos y no vascos. Especialmente los más chantajeados, o sea, los que están gravemente enfermos o han cumplido sobradamente su condena. Ellos son la verdadera memoria histórica de los pueblos. Y las auténticas víctimas directas de la opresión terrorista del Estado fascista.

Supongo que este «discurso» le aburre a un posmoderno como «El Coletas» -dicho «sin acritud», como decía su alter ego Felipe González- escrito por un «cenizo» con «cultura de derrota» (esta es nueva, siempre se aprende algo de estos chicos). Hala, a triunfar, que son dos días: carpe diem. Y, cuando vengan mal dadas, a dar conferencias y escribir una «Memorias» para Planeta.

El terrorismo racista en Estados Unidos es tan antiguo como el país

Mi abuela contaba de los hombres del Klan que andaban a caballo por la noche en Luisiana. Ella los había visto con sus ropas blancas que brillaban en la oscuridad como también había visto a personas negras que se escondían en los pantanos para escapar de ellos. Antes de que ella llegara a este mundo, durante la Reconstrucción, los miembros del Ku Klux Klan creían que podían asustar a una población negra supersticiosa y con una libertad recién conquistada. Llevaban trajes terroríficos pero no se escondían exactamente –muchos antiguos dueños de esclavos y algunos vecinos podían ser reconocidos debajo de las sábanas blancas. Ellos eran los exorcistas enmascarados, una manera de mantener el control usando el terror. Además de matar y golpear a los negros, a menudo afirmaban ser los fantasmas de los soldados confederados muertos.

Se podría argumentar, por supuesto, que no hay fantasmas de la Confederación, porque la Confederación aún no ha muerto. Las estrellas y las barras viven, orgullosamente estampadas, en las camisetas y las placas de los carros; el símbolo por excelencia de la esclavitud, la bandera, aún vuela sobre el Capitolio de Carolina del Sur. El asesinato no ha parado tampoco, y como botón de muestra ahí está la muerte de nueve personas de raza negra en una iglesia en Charleston esta semana. El sospechoso, que es de raza blanca y que el viernes fue acusado de nueve cargos de asesinato, le dijo al grupo de estudio bíblico al que después masacró: “Tengo que hacerlo… Ustedes violan a nuestras mujeres y están tomando nuestro país y se tienen que ir”.

Los medios de comunicación han sido reacios a clasificar el tiroteo de Charleston como terrorismo, a pesar de lo inquietante que es el eco de la historia del terrorismo en nuestro país. El terrorismo estadounidense se originó con el fin de restringir el movimiento y la libertad de los recién liberados estadounidenses negros quienes, por primera vez, comenzaron a ganar un poco de poder político. El Acta del Ku Klux Klan fue una de las primeras piezas que tuvo en cuenta la legislación antiterrorista de Estados Unidos. Cuando se promulgó la ley federal en 1871, nueve condados de Carolina del Sur se colocaron bajo la ley marcial, y decenas de personas fueron arrestadas. Los temores del pistolero Charleston –hombres negros que violan a mujeres blancas, negros que toman el país– son los mismos temores que sentían los miembros del Klan, que utilizaron la violencia y la intimidación para controlar a las comunidades de negros libertos.

Incluso con estos paralelismos, todavía escuchamos interminables especulaciones sobre los motivos del atacante de Charleston. La gobernadora Nikki Haley de Carolina del Sur difundió un mensaje de Facebook en el que decía que “aunque todavía no conocemos todos los detalles, sí sabemos que nunca vamos a entender lo que motiva a alguien a entrar en uno de nuestros lugares de culto y quitarle la vida a otra persona”.

A pesar de los informes de que el asesino declaró su odio racial antes de disparar a los miembros del grupo de oración, sus motivos son inescrutables. Incluso después de que se difundieran fotos en las que el sospechoso llevaba una chaqueta adornada con las banderas de Rhodesia y de Sudáfrica durante la era del apartheid o que estuviera junto a un automóvil con las placas de la bandera confederada -una prueba tangible de su alineación con la ideología violenta, segregacionista- sus acciones se mantuvieron supuestamente indescifrables. Un tweet del Seattle Times (ahora suprimido) preguntaba si en el pistolero se “concentra el mal o es un dulce niño”, The Wall Street Journal lo calificó “solitario” y el alcalde de Charleston lo llamó “sinvergüenza”, sin embargo, las designaciones aparentemente obvias –asesino, terrorista, criminal, racista– no aparecen en ninguna parte.

Este es el privilegio de la tez blanca en Estados Unidos: si un terrorista es blanco, sus actos de violencia nunca serán relacionados con su color de piel. Un terrorista blanco tiene motivos únicos y complejos; está más allá de toda comprensión. Puede ser un solitario perturbado o un monstruo. Es un enfermo mental o el mal personificado. El terrorista blanco existe únicamente como una díada de extremos: o es humanizado hasta el punto de despertar simpatía o es casi tan monstruoso como un ser mitológico. De cualquier manera, nunca es indicativo de un problema global que tiene que ver con el color de piel, ni está relacionado con una sociedad racista. Él solo se representa a sí mismo. Un terrorista blanco será definido de cualquier modo que permita calificarlo como una anomalía, sin conexión con la larga historia del terrorismo racista de Estados Unidos.

Siempre me llamó la atención esta reticencia no sólo para nombrar al terrorismo cometido por los blancos estadounidenses, sino al propio adjetivo “blanco” en los actos de violencia racial. En un artículo reciente del New York Times sobre la historia de los linchamientos, las víctimas son descritas repetidamente como negros. Ni una sola vez, sin embargo, los protagonistas de los actos violentos han sido descritos como lo que son: blancos. En cambio, las turbas blancas dedicadas al linchamiento son simplemente descritas como “un grupo de hombres” o “una turba”. En un artículo sobre la violencia racial, esta supresión es absurda. El color de las víctimas es relevante, sin embargo, la raza de los asesinos no lo es.

Si estamos dispuestos a admitir el color de la piel de los negros que fueron linchados, ¿por qué no estamos dispuestos a admitir que la raza es la razón de por qué fueron linchados? En el discurso tras la matanza de Charleston, el presidente Obama mencionó el color blanco sólo una vez –en una cita del reverendo Martin Luther King Jr. que intenta fomentar la armonía interracial. Obama reconoció ambiguamente que “esta no es la primera vez que las iglesias negras han sido atacadas”, pero omitió especificar las causas de los ataques a dichas iglesias. Usa un tiempo verbal pasivo que es el eco de la misma extraña vaguedad, la renuencia a nombrar incluso al terrorismo de los blancos, como si las iglesias negras hubieran sido atacadas por una fuerza sin cuerpo; y no por gente real motivada por una ideología racista cuyas raíces se extienden más allá de la fundación del país.

Entiendo que resulte cómodo guardar silencio. Si no se habla de la violencia blanca, si no se la reconoce, si se considera que los terroristas blancos son santos o demonios, no tenemos que lidiar con la realidad mucho más complicada de la violencia racial. En la actualidad, el terror por razones raciales ya no se presenta con capuchas y batas blancas. Usted puede ser alguien de 21 años de edad, que tiene muchos amigos negros en Facebook y cuenta chistes racistas inofensivos y cometer un acto atroz de violencia racial. No podemos separarnos de los monstruos porque los monstruos no existen. Los monstruos han sido siempre seres humanos.

En la imaginación contemporánea de Estados Unidos, el terrorismo es extranjero y tiene la piel oscura. Los terroristas no tienen motivaciones complejas. No nos exhortamos, unos a otros, a no emitir ningún juicio hasta conocer su historia en Facebook o escuchar las entrevistas a sus amigos. No se invita a psicólogos para analizar el estado mental de esas personas. Sabemos de inmediato por qué matan. En cambio, un terrorista blanco es un enigma. Un terrorista blanco no tiene historia, ni contexto, ni origen. Sigue siendo por siempre una incógnita. De su existencia no se habla. Lo vemos pero fingimos no verlo. Es un fantasma que flota en la noche.

Brit Bennett http://www.telesurtv.net/opinion/El-terrorismo-racista-en-EE.UU.-es-tan-antiguo-como-el-pais-20150625-0056.html

El compromiso de Francia con el Frente Al-Nosra

Francia siempre se ha esforzado por impedir que el Frente Al-Nosra, la filial de Al-Qaeda en Siria, fuera incluido en la lista de organizaciones terroristas internacionales de la ONU. El Presidente francés Sarkozy había puesto todos los medios a su alcance para expulsar a Bashar Al-Ashad de Damasco y la llegada de los socialistas en mayo de 2012 empeoró las cosas aún más, si cabe. Francia necesitaba utilizar a los fundamentalistas como fuerza de choque.

Lo que no hizo la ONU lo hizo Estados Unidos, que incluyó a Al-Nosra en su propio listado, lo cual fue duramente criticado por Laurent Fabius, ministro francés de Asuntos Exteriores.

Una carta confidencial fechada el 29 de abril de 2013, dirigida por la delegación marroquí en la ONU a su Ministerio en Rabat, ha puesto al descubierto la política de los socialimperialistas franceses en Siria. El gobierno de Damasco, dice la carta, quiere que la ONU incluya al Frente Al-Nosra en el listado de organizaciones terroristas internacionales, pero Francia se opone, temerosos por la posibilidad de que se descubra que la llamada “oposición siria” no es otra cosa que terrorismo.

Para impedirlo el ministro francés de Asuntos Exteriores llevó a cabo una serie de negociaciones bajo cuerda, dice la delegación marroquí. El plan, que ha sido aprobado por Gran Bretaña, consiste en añadir discretamente al Frente Al-Nosra en el listado de sanciones impuestas contra Al-Qaeda en Irak. De esa manera el gobierno francés contaba con contrarrestar el plan del gobierno sirio y la “oposición” no quedaría estigmatizada.

La carta alude también a la posición de Arabia saudí sobre el mismo asunto. Tampoco desea que Al-Nosra sea incluida en el listado de la ONU, entre otros motivos porque la autocracia de Riad podía quedar al descubierto como patrocinadora de grupos terroristas. El delegado saudí en la ONU le confesó a su homólogo marroquí: “Es imposible estigmatizar a Al-Nosra mientras nosotros los sostengamos, armemos y financiemos. Es imposible que se diga y escriba que nosotros somos aliados del terrorismo”.

El 31 de mayo de 2013 Francia perdió la batalla y Al-Nosra fue incluida en el listado de la ONU, poniendo en peligro la campaña mediática orquestada por la prensa mundial acerca de la “oposición siria”. Cuando el setiembre del año siguiente Al-Nosra liberó a 45 cascos azules que mantenía secuestrados, el gobierno francés apoyó el rescate que pedían los secuestradores: que los borraran de la lista negra de la ONU. El chantaje no salió adelante. Pero, ¿por cuánto tiempo? Ahora Kerry, lo mismo que Qatar, apoya a los franceses y también quiere sacar a Al-Nosra del listado.

La memoria es frágil. En muy poco tiempo el Califato Islámico ha dejado a Al-Qaeda casi como si fuera una ONG. ¿Es que ya nadie se acuerda del 11-S?

Un 89 por ciento de los rusos avala la política de Putin

Mientras la credibilidad de los políticos occidentales está bajo mínimos, los sondeos le ponen a Putin en la cumbre de su popularidad, en porcentajes desconocidos en Estados Unidos, Francia, Alemania o Inglaterra.

El jueves el sitio Ruskaia Narodnaia Linia publicaba los resultados de una encuesta del Centro Levada sobre la puntuación de Putin entre los rusos, que alcanzó una cota del 89 por ciento de los encuestados. El 64 por ciento se reconocen convencidos que Rusia avanza en la buena dirección.

El sondeo se realizó entre el 19 y el 22 de junio entre 1.600 personas habitantes de 134 lugares distintos, repartidos en 46 regiones del país. El margen de error de la encuesta se ha establecido en un 3,4 por ciento.

Un 89 por ciento aprueba la gestión de Putin como Presidente, frente a un 85 por ciento en enero. Un 10 por ciento la desaprueba y un 1 por ciento no se manifiesta.

Entre los políticos rusos, Putin es el mejor valorado con un 65 por ciento. La segunda plaza la ocupa Serguei Shoigu, ministro de Defensa, con un 28 por ciento. La tercera es para el ministro de Asuntos Exteriores, Serguei Lvrov, con un 21 por ciento, en las mismas condiciones que el Primer Ministro Dimitri Medvedev.

Un 64 por ciento de los rusos cree que su país marcha en la buena dirección, mientras que un 22 por ciento opina lo contrario y el 14 por ciento no se pronuncia.

El responsable de prensa de la Presidencia, Dimitri Peskov, ha dicho que un porcentaje tan elevado de confianza constituye “una enorme responsabilidad”, pero que Putin no teme “en absoluto” a las responsabilidades. También dijo que los elevados índices de apoyo le abren “formidables posibilidades de acción”.

Fuente: Июньские рейтинги одобрения и доверия, http://www.levada.ru/24-06-2015/iyunskie-reitingi-odobreniya-i-doveriya

300 soldados saudíes cambian de bando en la guerra de Yemen

“El último golpe propinado a la familia real saudí procede de Hachem al-Ahmar, comandante de artillería del ejército saudí de Al-Wadia, quien ha cruzado la frontera con 300 soldados que se han unido al ejército yemenita y las fuerzas revolucionarias”, según el sitio Panorama de Oriente Medio.

El régimen saudí se encuentra en una situación difícil y los dirigentes saudíes son plenamente conscientes de ello.

El miércoles las fuerzas tribales y militantes de la región de Najran, en Arabia saudí, formaron un movimiento de oposición política y militar a Riad, llamado “Ahrar Al-Najran”. Previamente la región había declarado su independencia y se ha unido a Yemen en la guerra contra el régimen de Riad.

La ineptitud que viene mostrando la monarquía saudí en la guerra de Yemen es preocupante. Lleva décadas armándose hasta los dientes, ha necesitado formar una especie de coalición bendecida por la Liga Árabe, ha tenido que esperar a recibir el apoyo expreso de los imperialistas… y, sin embargo, sus ataques no han hecho más que reforzar al movimiento insurgente.

Para justificar sus reveses, la autocracia saudí apela al apoyo que presta Irán a los huties, mucho menos importante de lo que dicen y, en cualquier caso,  irrelevante frente a la fuerza de choque saudí. La autocracia no puede disimular por más tiempo su absoluta ineptitud.

Por el contrario, los huties no necesitan demostrar nada. Entre 2004 y 2009 libraron seis guerras contra el gobierno central y los que siguen en pie son ellos.

Lo que el viento se llevó

En un artículo publicado por el New York Post, el crítico de cine Lou Lamerick sostiene que la película “Lo que el viento se llevó” es racista y defiende la esclavitud. La referida película, a la que le dieron diez Óscar de Hollywood en 1940, se basa una novela de la escritora Margaret Mitchell y está considerada como uno de los pilares más importantes de la cultura cinematográfica.

La película se va a volver a proyectar el 4 de julio, la fiesta nacional estadounidense, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York para celebrar el 75 aniversario de la invención del tecnicolor en el cine.

Fue la película más cara y más larga de la historia. También fue la más rentable. La novela, publicada en 1936, también fue laureada con el Premio Pulitzer, por lo que en todo el mundo el mensaje racista se ha transmitido a un público muy amplio.

La trama de la película arranca con la guerra civil que se desencadenó en Estado Unidos en 1860 y que se suele resumir muy esquemáticamente como un enfrentamiento entre los Estados del norte (antiesclavistas) con los del sur (proesclavistas).

La película presenta la guerra civil como la presentan en España las plañideras de nuestra guerra civil de 1936-1939; un lamentable enfrentamiento fratricida, que causó muchos sufrimiento (a todos en general, a todos por igual), que se hubiera podido evitar…

Lo cierto es que el sufrimiento depende de las clases sociales, sobre todo si hablamos de la esclavitud y es difícil que los esclavos consideren como un “sufrimiento” la pérdida de su condición.

Por lo tanto, bajo la apariencia de una crítica a la guerra civil subayace una crítica a la abolición de la esclavitud. Pero, además, la “culpa” de la guerra fue de los nordistas. De ahí que la bandera confederada, símbolo de la supremacía blanca, aparezca continuamente en muchos planos de la película.

Las referencias racistas son sutiles. El Ku Klux Klan no aparece, ni tampoco las alusiones abiertamente despectivas hacia los negros (“niggers”) a los que se les llama “morenos” (“darkies”). Sin embargo, los personajes Rhett y Ashley acuden a una serie de mítines políticos, cuyo contenido se deja en el aire porque dichas reuniones no eran otras que las del Ku Klux Klan.

Según Lamerick la película falsea la historia cuando afirma que los sudistas acudieron en masa a la guerra para defender un modelo de Estado confederal y no el mantenimiento de la esclavitud.

El color es tan importante en la calle (color de la piel) como en el cine (tecnicolor). El racismo de la sociedad se expresa a la perfección en el racismo de la polícula. La actriz negra Hattie McDaniel obtuvo uno de los Óscar con los que fue galardonada. Era la primera vez que un negro recibía un premio de la Academia de Hollywood. Los negros demostraron entonces que podían representar papeles secundarios a la perfección. No necesitaban ser actores porque es el mismo papel que representan en la sociedad estadounidense.

Estados Unidos está más cerca de Grecia que de Alemania

Si las comparaciones no son odiosas, sí son curiosas por lo menos. El New York Times ha comparado la actual crisis griega con la de 1947, con el país envuelto en una guerra revolucionaria y a punto de caer en las garras de la URSS de los tiempos de Stalin. Entonces apareció la “doctrina Truman”, con un sobre por valor de cientos de millones de dólares encima de la mesa para mantener a Grecia en la órbita occidental y en la OTAN.

Grecia no sólo tiene un problema de dinero. En la reciente visita de Merkel a la Casa Blanca, Obama le dijo que Alemania tenía que solucionar la bancarrota “para bien de occidente”. Han leído Ustedes correctamente: no para bien de Grecia sino de Occidente. El país heleno plantea un problema estratégico, pero quien tiene el problema no es Grecia sino el imperialismo. Es a ellos a quienes conviene solucionarlo.

A través de su portavoz, el New York Times, Obama presiona a Merkel y le dice lo que tiene que hacer: no debe orientarse por la política interior de su país; lo que debe hacer es tomar las riendas de la Unión Europea. Allá como acá todos aseguran que la salida de Grecia del euro sería catastrófica, pero no para Grecia sino para Europa, que tendría cientos de miles de millones de pérdidas que harían las finanzas inmanejables.

Grecia entró en la zona euro por consideraciones geopolíticas y sólo se mantendrá en ella por las mismas razones. Si hay que volver a falsificar los libros de contabilidad, como hizo Mario Draghi en 1999, se volverá a hacer ahora como se hizo entonces y todos cerrarán los ojos igual. ¿No se lo han contado a Ustedes?, ¿se lo han contado al revés? Pues sepan que cuando Draghi era uno de los máximos responsables en Europa de Goldman Sachs, asesoró al Primer Ministro griego Kostas Karamanlis para ocultar la verdadera magnitud del déficit griego. Esa ocultación condujo a la actual crisis de la deuda. Por eso en junio de 2011 el Parlamento Europeo preguntó a Draghi por sus actividades al frente de Goldman Sachs en relación al falseamiento de la contabilidad griega.

Pero la falsificación de las cuentas de Grecia ya no tiene remedio. Ahora el problema es que caiga en las garras de Rusia o China como estuvo a punto de caer en 1947. Según el New York Times ambos países “están a la espera de dividir y debilitar a la Unión Europea”. Si a Merkel le regalan un mapa, verá que Grecia es la última frontera europea antes de ese caos que se llama Oriente Medio y si le regalan un libro de historia se apercibirá de que la Guerra Fría empezó en Grecia y que a Grecia lo metieron en la OTAN lo mismo que en el euro: a pesar de que no es un país atlántico ni tampoco del norte. Si a Merkel le regalan los balances contables de Grecia verá que se gasta el dinero en comprar armamento (a Alemania). Si le regalan los Diálogos de Platón se enterará de que la civilización occidental, esa de la que tanto alardean, nació en Grecia.

La vicepresidenta del Banco Central de Alemania, el Bundesbank, Claudia Buch, declaró hace poco al diario “Rheinische Post” que si bien es posible valorar los efectos directos, “nadie sabe cuáles serán los efectos indirectos” de la crisis griega. Pues nosotros tenemos una bola de cristal que nos da el siguiente augurio: si a Grecia la expulsan del euro, lo más probable es que Gran Bretaña abandone la Unión Europea en 2017.

La no-invasión es inminente

Cuando se ha hecho evidente que Rusia no tenía ninguna intención de invadir Polonia o los Estados bálticos, la histeria se ha disparado. Durante años los caciques que gobiernan esos países no se han cansado de denunciar planes inminentes de ataque con los que han tratado de convencer al mundo de un peligro que sólo ellos eran capaces de adivinar.

Pero los tanques rusos no asoman por la frontera y el Kremlin parece que tiene otros asuntos de los que ocuparse. La semana pasada Putin concedía una entrevista al periódico italiano Il Corriere della Sera en la que decía que la idea de atacar a un país de la OTAN no estaba más que “en las pesadillas de un descarriado”.

Este rechazo a invadir a sus vecinos les ha dejado frustrados, en especial a la Presidenta lituana Dalia Grybauskaité que había sembrado el pánico en el país con alertas periódicas de las amenazas que acechaban desde el otro lado de la frontera. En previsión de una inminente invasión, a comienzos de año el gobierno publicó un manual de superviviencia y resistencia antirrusa.

Un portavoz del Ministerio de Defensa, Juozas Olekkas, que presentó el manual ante la prensa, confesó su frustración por la inactividad rusa: “Nos hemos preocupado tanto por publicar un folleto diciendo lo que había que hacer cuando nos invadieran y ni siquiera tienen la amabilidad de venir a invadirnos”, ha declarado. “Es típico de los rusos. No hay que tener confianza en ellos para nada”.

Ante el fallo del primero, ahora el Ministerio de Defensa lituano prepara un segundo manual de autoayuda: cómo actuar en caso de que no nos invadan, qué hacer cuando no pasa nada, cuando hay paz.

El caso es que la amenaza rusa de no invadir a ningún país se ha convertido en un problema en el Báltico. El gobierno está tumbado en el diván del siquiatra. ¿Acaso Rusia no quiere invadir Lituania porque lo consideran como un país muy poco importante? Es un menosprecio por su parte.

En Varsovia el gobierno también lleva a cabo campañas de “concienciación activa” del peligro ruso y un portavoz anónimo ha dicho: “Rusia ha invadido Ucrania al menos 47 veces en los últimos 12 meses, o casi. No sabemos por qué siguen invadiendo después de retirarse para luego volver a invadir de nuevo, pero sabemos que lo hacen porque nosotros vigilamos Twitter y Facebook y porque Arseni Yatseniuk lo dice. De ello deducimos que tarde o temprano nos tocará a nosotros; al menos eso es lo contamos a nuestros conciudadanos desde hace un año. Por eso no es una buena noticia saber que [los rusos] podrían quedarse en su casa. Si insisten en no venir, la gente podría comenzar a decir que [nuestras alarmas] no eran más que una novatada destinada a distraer su atención de los problemas internos de Polonia y eso podría resultar desastroso para nosotros como nación”.

El temor de que Rusia no invada a nadie también repercute en Washington, donde una portavoz del Departamento de Estado ha manifestado su perplejidad: “Estamos seguros de que los rusos quieren recrear la Unión Soviética. Es lo que nuestro Presidente dijo el otro día y no tenemos ninguna razón para no creerle. Ciertamente la primera escala antes de alcanzar Johanesburgo deben ser los Estados bálticos y luego Polonia. Entonces, ¿por qué no invaden? Para nosotros es un misterio, pero vamos a continuar con nuestros vasallos… Lo siento, quería decir, nuestros aliados, asustando a la gente para que se den cuenta de la amenaza y creo que es importante apuntar que incluso una no-invasión puede ser considerada como parte integrante de su agresión”.

La semana pasada la esperanza del comienzo de la invasión surgió cuando dos submarinos británicos Typhoon estacionados en Estonia zaparon urgentemente para interceptar y vigilar a dos aparatos militares rusos bajo el Mar Báltico. No obstante, sus esperanzas quedaron frustradas cuando consultaron los mapas de navegación y se dieron cuenta de que los rusos estaban mucho más cerca de Rusia que ellos de Gran Bretaña.

Fuente: http://www.theblogmire.com/russian-non-invasion-causing-concern-in-european-capitals/

Hollywood: la fábrica de las pesadillas

¡Qué grande es el cine! Es el Séptimo Arte, sinónimo de “glamur”. En un país como Estados Unidos donde el dinero es el rey, el arte nunca ha tenido sitio… salvo que se pueda convertir en dinero. El cine es el cine norteamericano y Hollywood es La Meca del cine, la Fábrica de los Sueños, un lugar donde los adolescentes creen que quieren ser “artistas”, cuando lo que quieren es sólo ser famosos. Quieren ser alguien distinto de ellos mismos. Adoran y les gustaría ser adorados. Son jóvenes, guapos y para “triunfar” en la gran pantalla no hace falta otra cosa.

Hollywood es un gran decorado donde todo es falso, todo es de cartón. Los focos apuntan hacia una esquina pero lo demás queda a oscuras. Nadie mira hacia ese lado… excepto un documental estrenado recientemente en Cannes que se titula “Un secreto abierto”. Hasta ahora cuando pensábamos en el lado oscuro de Hollywood, nos venía a la cabeza el alcohol, las drogas, las violaciones, la prostitución y el comercio de carne humana. Ahora este documental le añade la pedofilia.

La realizadora Amy Berg narra los abusos sexuales de cinco niños y adolescentes que llegaron a Hollywood seducidos por el dinero y la fama y acabaron atrapados en las redes de los representantes, productores y directores. Uno de ellos es Michael Egan que con 16 años soñaba con ser el nuevo Tom Cruise y alguien le ofrece la oportunidad de su vida, una de esas que no puedes dejar pasar, conocer a gente famosa, influyente, que te puede introducir… ¿Introducir qué?

Hace ahora casi 20 años se celebró una reunión en una de esas lujosas mansiones con piscina en lo alto de la colina, al aire libre. Allí estarán conocidos productores, como Marc Collins-Rector y Chad Shackley, que buscan caras nuevas. Ambos son socios y amantes embarcados en el nuevo negocio del vídeo en línea. No son los únicos que acuden a la reunión. También está Garth Ancier, el productor que lanzó Los Simpson, 21 Jump Street y Casados, dos hijos. También aparece por la mansión Bryan Singer, director de “Sospechosos habituales” y “El regreso de Supermán” que estaba a punto de rodar un taquillazo: X-Men.

La coartada es hablar sobre una empresa de vídeo digital, pero el relato de Michael Egan es muy confuso. Dice que le emborracharon, le drogaron y le violaron nada menos que durante dos años, en una especie orgía prolongada. Los acusados se defienden diciendo que era un chantaje, que Egan sólo quiere dinero. A pesar del tiempo transcurrido, no se ha cerrado el caso. La fiscalía se ha disculpado con Ancier porque la acusación es infundada. Por su parte, Singer niega la violación pero ha pagado 100.000 dólares para que le retiren la acusación.

Otro de los niños que aparece en el documental es Evan Henzi, quien relata las violaciones de que fue objeto de los 11 a los 17 años por parte de su representante. En 2011 publicó una grabación de audio en la que el responsable confiesa los abusos.

Aquel mismo año murió Corey Haim, una verdadera estrella de Hollywood desde su infancia. La autopsia determinó que lo que acabó con su vida fue una pulmonía, pero en su organismo había antidepresivos, ibuprofeno, relajantes, marihuana, remedios contra la tos… Compartió un programa de televisión con Corey Feldman, conocido por su participación en los Goonies y en Stand by me. Según su amigo, Haim se drogaba para olvidar las violaciones de que ambos fueron objeto por “la industria del espectáculo”.

El representante de ambos era el mismo. Mientras le violaba, cuenta Feldman al diario Sun, simulaba estar dormido… Por eso a Hollywood le llaman “la fábrica de los sueños”. Adormece.

Estamos convencidos de que a este documental nunca le darán un Óscar de la Academia.

Lumpenburguesía

Nicolás Bianchi

Anda la Caverna -lo que en tiempos de la Transición, y poco antes, se llamaba el búnker- husmeando en los sueldos de los podemitas y antes de bildurris, fingiendo estar escandalizada por el uso que harán de los dineros que manejarán donde ostenten la vara de mando. Cree el ladrón que todos son de su condición. Ya están buscando las cosquillas y echando la almadraba algo se pescará.

Antes de seguir -y enseguida acabo-, diré que los sueldos que cobran estos mangarranes, eso que llaman la «clase política», es una obscenidad y un robo al pueblo sin ni siquiera ponerse el pañuelo de caco -de esos que llevaban los asaltantes de diligencias- de bancos en la cara (o en la jeta). Y todavía hay quien dice que «los políticos» españoles cobran poco. Será por eso que trincan y se dejan corromper: para poder alimentar a sus famélicas familias, como hacían en el tardofranquismo lo que se conocía como «pluriempleados», en castizo pluriempleaos, obreros a los que no les alcanzaba con un sueldo de miseria.

Me mandan una «emilia» donde se lee que con lo que gana Rajoy en un mes -no en un año: en un mes- una pensionista con cuatro hijos vive durante dos años y medio. O que un diputado con tan solo dos años de ejercicio ya opta a la jubilación con todos sus derechos, por supuesto, mientras que un trabajador necesita 35 años.

Son funcionarios -los que informan- que han visto congelados o rebajados sus emolumentos los que bastante «quemaos» y sabedores de lo que ganan y trapichean realmente los «políticos», sacan a relucir sus corruptelas. Concluyen que -ahora que les tocan las bolas- ser «político» es un chollo (ya les ha costado, dicho sea de paso). Y no, como entendemos algunos, la política sin comillas: un honor y un servicio (o sea, como Zaplana, jajajaaaaa), no una profesión con pingüe nómina. De aquí que se hable, impropiamente, de «clase política» -como si fuera una clase social igual que, por ejemplo, la burocracia- cuando en realidad no son otra cosa que parásitos del pueblo trabajador y laburante, de las clases productivas, de los trabajadores, de los que la hincan. No existen «los políticos»: existe eso que da en llamarse «la política» (que incluyen a «los políticos») en la que medran y «hacen carrera» sinvergüenzas y holgazanes que, si al menos no hicieran daño, todavía… Pero no, va a ser que no. La «política» la hacen personas que lo mismo se entregan en cuerpo y alma al pueblo que se sirven de él como demagogos para enriquecerse y lucrarse («indebidamente», como dice el Derecho burgués). Es decir, DELINCUENTES, como decía San Agustín (o Agustín de Hipona si le bajamos de la peana).

A un diputado o senador sólo se le retiene el 4,5% de su nómina. Zapatero, cuando era presidente, cargaba sus gastos vacacionales a los presupuestos estatales. Bono, Pepe Bono, el hombre que se equivocó de partido, o no, según se mire, como el socialfascista Joaquín Leguina, que se pasea en «tea partys» fascistas televisivos, cobra, digo, 13.800 euros al mes (en pesetas una burrada mareante): entre sueldo y complementos  3.126 por diputado, 3.600 como complemento (no sabemos si directo, indirecto o circunstancial), 3.900 para gastos de representación y 3.200 de libre disposición. ¿Qué tal, cómo se les quedó el cuerpo? Manuel Chaves cobraba al año 81.000 eurazos por ser ministro más una… (aquí se interrumpe el manuscrito, lamentamos las interferencias, permanezcan atentos a la pantalla).

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