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¿Se dispone Rusia a tomar el relevo de Estados Unidos en Oriente Medio?

La visita a Rusia del príncipe Mohammed ben Salman Al-Saud y el giro en la política exterior de Arabia saudí está levantando una catarata de especulaciones en la prensa internacional, aunque lo que se trata de desentrañar es lo que la familia saudí persigue, ya que es ella la que ha tomado la iniciativa. Rusia no parece haberse movido de su sitio y las quinielas le apuntan otro triunfo rotundo. No sólo su pretendido aislamiento es una quimera sino que aparece como protagonista principal en un escenario crucial como Oriente Medio.

Uno de los comentarios más significativos es el que escribe Bruce
Riedel, de la Brookings Institution, en Al-Monitor en el que asegura que Siria
ya no es una prioridad para el gobierno de Riad, que el acercamiento a
Moscú queda así despejado y que Arabia está en una posición de debilidad
frente a Rusia.

Otro comentario a destacar es del periodista Abdulrahman Al-Rashed, que trabaja en la edición inglesa de la cadena de televisión saudí Al-Arabiya. Antes fue redactor jefe de la edición londinense del diario saudí Asharq al-Awsat, por lo que se trata de alguien muy próximo a la familia real que gobierna desde Riad.

La opinión de Al-Rashed destila rencor hacia Estados Unidos por todos y cada uno de sus poros. Dice que Washington ha estado sosteniendo al gobierno de Bagdad, a pesar de su sectarismo, y que han permitido que Bashar Al-Assad provoque la tragedia más grande de la región en su historia, es decir, culpabiliza a Estados Unidos de la guerra de Siria.

Más adelante califica el acercamiento de Riad a Moscú, a pesar de su apoyo a Siria, como un acontecimiento de extraordinaria importancia, como una especie de “declaración de independencia” del régimen respecto a Estados Unidos, especialmente en lo que concierne a la guerra en el Donbas.

De la amargura con Washington, el periodista pasa al optimismo y augura que cooperando con Rusia Riad irá muy lejos porque hoy Rusia es un “actor esencial” en la situación política de la región. El artículo parece inacabado. Habría que preguntarle a Al-Rashed hasta qué punto es esencial Rusia en Oriente Medio. ¿Más esencial que Estados Unidos?

Por su parte, Theodore Karasik, director de investigación del Instituto Near East and Gulf Military Analysis, con sede en Dubai, resume su criterio en Azeri Daily de una manera que no deja lugar a dudas: el giro de Arabia saudí no ha hecho más que constatar que Rusia asume el papel de Estados Unidos como árbitro de Oriente Medio.

Según Karasik han sido los saudíes quienes han movido ficha y la explicación que aporta sobre los motivos de ello hay que tomarla en consideración porque concierne a la guerra en Yemen en dos aspectos. El primero es que a Riad no le ha gustado la postura adoptada por Estados Unidos sobre Yemen, que entiende falta de verdadero compromiso. El segundo explicaría el interés saudí por el armamento ruso y la visita del príncipe Salman Al-Saud a la exposición Ejército 2015: buscan en Rusia un armamento fiable que la guerra de Yemen les ha demostrado que Estados Unidos carece.

La experiencia saudí con los bombardeos aéreos sobre Yemen está resultando un fiasco de grandes proporciones. La defensa antiaérea saudí (misiles Patriot PAC-3 a cargo de personal militar estadounidense) ha resultado ser impotente frente a los misiles Scud lanzados por las milicias yemeníes. Por ello han vuelto sus ojos hacia los sistemas de defensa antiaérea S-300 y S-400, los misiles tierra-tierra de corto y medio alcance y el SS26 Iskander-E de fabricación rusa.

No es un caso aislado. Durante la agresión a Libia se produjo otra experiencia frustrante que explicaría los motivos por los cuales acercándose a Rusia Arabia saudí busca una “independencia” que Estados Unidos no le proporciona: cuando Egipto y los Emiratos Árabes Unidos pretendieron atacar Libia con aviones F-16, los militares estadounidenses los convirtieron en inutilizables para los pilotos de ambos países. A partir del verano del año pasado Egipto optó por comprar aviones Rafale de fabricación francesa.

Está fuera de toda duda que Estados Unidos se está alejando de Oriente Medio y que sus actores principales le han vuelto la espalda. También es muy posible que sea Rusia la destinada a llenar el vacío. Pero, puestos a especular, lo que no va ocurrir es una sustitución de piezas, de uno por otro. Rusia tiene una política propia respecto a Oriente Medio, muy diferente de la que Estados Unidos ha venido implementando. Los cambios serán irreversibles.

Arabia saudí acerca posiciones con Rusia

La noticia ausente de los últimos días ha sido la reunión del G-7, que siempre se anunció como la de los países más desarrollados del mundo. Sin embargo, hace tiempo que ya no responde a su nombre porque el G-7 ha quedado muy pequeño. A Rusia ya no la invitan y China nunca estuvo. Sus decisiones son, pues, irrelevantes y el motivo de sus reuniones es -más que nada- una rutina.

Por el contrario, desde 1997 Rusia convoca algo parecido para demostrar que los intentos por sacarla del concierto de naciones están condenados al fracaso. Se trata del Foro Económico de San Petersburgo, al que acudieron más de 7.500 representantes de más de 65 países distintos. Entre ellos estuvo el presidente griego Tsipras, a quien tanto Rusia como China reiteraron sus ofrecimientos económicos por valor de 5.000 millones de euros y militares en caso de que se vean obligados a salir del euro, así como el suministro de gas a través de Turquía.

No obstante, este año la presencia más significativa ha sido la del príncipe Mohammed ben Salmane Al-Saud y más significativo aún ha sido su presencia en el foro militar Ejército 2015 que se celebró en Kubinka el jueves de la semana pasada.

La visita confirma el giro experimentado por la diplomacia saudí desde hace dos años, que rompe amarras son Estados Unidos en la misma medida en que Estados Unidos se acerca a Irán. Según el diario ruso Kommersant, “la visita del príncipe supone un deshielo de las relaciones entre ambos países, tensas a causa de sus posiciones sobre Siria”.

Ha sido la primera visita de un miembro de la familia real saudí a Rusia tras el ascenso al trono el 23 de enero del nuevo rey Salman ben Abdelaziz. Arabia saudí, pues, rompe el aislamiento trabado en torno a Rusia y demuestra que no acepta las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea.

Además, Arabia saudí no sólo está comprando armamento ruso sino que tiene previsto firmar un contrato para instalar una central nuclear, la exploración del espacio y la utilización del sistema ruso de navegación vía satélite Glonass. Esto indica que la colaboración entre ambos países tiene una dimensión estratégica.

Los compromisos mutuos se extenderán a otros campos, como el desarrollo agrícola, la planificación urbanística y los servicios municipales. Según Kommersant, es posible que el viaje de la delegación saudí sea un preludio de la visita a Rusia del monarca.

En San Peterburgo Putin pronunció un discurso reiterando las líneas fundamentales de la política internacional de su país. Pidió a Estados Unidos respeto hacia la soberanía de Rusia: “¿EE.UU. sabe mejor que nosotros lo que necesitamos? Permítannos a nosotros decidir sobre nuestros intereses”. Hizo un llamamiento para que Estados Unidos les de la oportunidad de decidir sobre sus propios intereses: “El problema [de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia] consiste en que a nosotros siempre nos intentan imponer sus criterios y sus decisiones sin tener en cuenta la visión que tenemos de nuestros propios intereses”, declaró.

Quizá lo más interesante fue su respuesta a una pregunta procedente del público acerca de la carrera armamentista y la guerra. Según Putin, el abandono del tratado sobre defensa antimisiles por parte de Estados Unidos “cambia el sistema global de seguridad” y también influye en los conflictos regionales dondequiera que éstos tengan lugar. Es la salida unilateral de Estados Unidos “y no los conflictos locales los que llevan a la guerra fría”, dijo. “Es un paso que nos empuja a todos a una nueva espiral de carrera armamentista”.

La CIA desató la agresión contra Siria en cuatro fases

En una edición especial en árabe de la cadena de televisión Russia Today, dedicada a la guerra de Siria, Leonid Ivashov, vicepresidente de la Academia de Geopolítica de Moscú, ha afirmado que la CIA desencadenó y dirigió la agresión “de la A a la Z”.

Antiguo general del ejército ruso y, además, testigo presencial de los hechos, Ivashov equiparó los disturbios en Siria a los que se produjeron en otros países con el estallido de la Primavera Árabe en 2011, con las provocaciones a Venezuela y las revoluciones de colores en las antiguas repúblicas soviéticas.

El comienzo de los planes del imperialismo contra Siria se remonta a 2001, según Ivashov, cuando Bush ordenó a la CIA poner a Siria en la agenda de desestabilización del espionaje, junto con otros seis países. Se trataba de domesticarlos o derrocarlos.

Durante los diez años transcurridos entre 2001 y 2011, Estados Unidos y las potencias europeas presionaron a Bashar Al-Assad para que abandonara a la resistencia libanesa y palestina.

A los planes estadounidenses se sumaron los de Israel que, tras la derrota en 2006 en Líbano, debatió la posibilidad de bombardear Irán o atacar a Siria.

De los primeros planes elaborados faltan numerosos aspectos concretos, precisiones de detalle, especialmente en lo que concierne al periodo 2006-2001 inmediatamente anterior al ataque, así como a la intervención de Donald Rumsfeld en ellos.

No obstante, en la televisión Ivashov esbozó las cuatro fases, de las que dijo que eran típicas de la Primavera Árabe y otros movimientos golpistas similares.

La primera consistió en agrupar a los miembros de la oposición y captar a algunos elementos vacilantes para aparentar la existencia de un frente unido frente al gobierno de Damasco, en el que las figuras políticas que anteriormente habían colaborado con Bashar Al-Asaad tendrían un papel estelar.

La segunda etapa consistió en buscar dirigentes entre los elementos más activos de la oposición. Su tarea sería la de sacar a la gente a la calle, poniendo un énfasis especial en la naturaleza pacífica de las protestas.

En este punto, lo que llamó la atención de las manifestaciones en Siria fue la elevada participación de los niños en ellas, lo cual parece ser consecuencia de que les pagaron alguna cantidad de dinero.

El motivo de llevar a los niños a las manifestaciones tenía como objetivo inflar la participación en las mismas, ya que por aquellas fechas los partidarios del gobierno también se estaban manifestando masivamente y había que trasladar la atención de los medios hacia las de la oposición.

La tercera etapa fue la de crear un estado de descontrol y desestabilización, para lo cual se produjeron disparos, tanto contra los manifestantes como contra la policía. Se trataba de provocar a la policía y de justificar un intercambio de disparos para llegar a los titulares de la prensa internacional con noticias alarmantes sobre represión, brutalidad y muertos por las calles.

Para esta tarea la oposición reclutó francotiradores y es posible que también entregaran armas a algunos manifestantes. Ivashov destacó que esta tercera etapa fue parecida a lo que ocurrió durante el fracasado golpe de Estado contra Venezuela en 2002.

La cuarta etapa fue la de militarización de la protesta y la creación del Ejército Libre de Siria. Según Ivashov esta etapa, que es la más compleja, se ejecutó en muy poco tiempo, por lo que ya estaba preparada de antemano. Es aquí donde los grupos takfiristas, ya sobradamente entrenados para otros escenarios, empezaron a desempeñar un papel decisivo, hasta el punto de que, finalmente, quedaron al descubierto como única fuerza real de oposición al gobierno de Damasco.

En apoyo de sus afirmaciones Ivashov aportó algunas fuentes de información interesantes. Dijo que a comienzos de 2011, la delegación de la CIA en Turquía organizó un encuentro al que invitaron al antiguo vicepresidente sirio Abdel Halim Khaddam y otros disidentes sirios refugiados en Europa. También dijo que en la reunión estaban presentes los servicios de inteligencia de algunos países europeos, regionales y árabes, que no concretó.

El plan aprobado en aquella reunión fue muy detallado. Comprendía desde una campaña mediática y sicológica por todo el mundo, encomendada a las cadenas de televisión Al-Yazira y Al-Arabiya, hasta las consignas que debían gritar los manifestantes o la subida de vídeos caseros a YouTube. El tratamiento periodístico debía destacar la violencia de la policía frente al comportamiento pacífico de los manifestantes, ocultando el empleo de armas de fuego por parte de éstos y las imágenes de los policías muertos por los disparos.

Este tratamiento manipulado de los acontecimientos se puso al descubierto cuando un grupo de periodistas de Al-Yazira dimitieron para denunciar la censura impuesta por la dirección de la cadena y el uso de armas pesadas por los manifestantes, mostrando las grabaciones que la cadena no había querido emitir.

Ivashov manifestó a la televisión que para ser eficaz el plan debía permanecer en secreto. A toda costa había que transmitir la imagen de las protestas eran espontáneas, que agrupaban a un gran número de descontentos de forma pacífica y que fue el gobierno de Damasco quien ordenó un baño de sangre.

En una de sus explicaciones dijo haber sido testigo presencial de los hechos desde el comienzo de los mismos, añadiendo que se entrevistó con Bashar Al-Assad, quien se manifestó totalmente predispuesto a conceder las reformas que los manifestantes exigían. Pero al imperialismo no le interesaban las reivindicaciones de las masas más que como excusa.

El gobierno del PP pone las pensiones en manos del narcotráfico

El gobierno del PP ha adjudicado al banco de los narcotraficantes HSBC la gestión del dinero de las pensiones de la Seguridad Social de los más de 700.000 españoles que viven en el extranjero. La resolución se aprobó en marzo y el contrato se formalizó en abril. Para tapar el escándalo la resolución no se va a publicar en el Boletín Oficial del Estado.

Los narcos se apoderan de un botín que asciende a la cantidad de 6.300 millones de euros anuales durante los próximos cinco años que permitirán que la lavadora mafiosa amplíe la escala de sus operaciones en todo el mundo.

Hay pensionistas españoles en 140 países del mundo y los beneficios colaterales de los más de 700.000 nuevos clientes pueden ser suculentos, tanto por el volumen de los fondos y la fluctuación de las divisas como por la colocación de seguros y otros productos bancarios.

El chiringuito financiero de los narcos cuenta con apenas 180 trabajadores en España y no ofrece servicios al público. En la actualidad se dispone a despedir a 50.000 trabajadores en sus 6.100 oficinas en los cinco continentes, así como la retirada de Turquía y Brasil.

A cambio del trapicheo con el Estado los narcotraficantes van a pagar a la Seguridad Social 2,7 millones de euros durante los cinco años de duración del acuerdo. Con esa oferta por el manejo de 31.500 millones de euros hasta mediados de 2020 dejó fuera de juego al Opus Dei-Banco Popular, que poseía la contrata y cobraba comisión por los servicios bancarios, y al Cecabank, en el que participan las antiguas cajas de ahorros.

Hay otra contraprestación adicional: los narcos van a echar una mano al gobierno de Rajoy, que la necesitará en las inminentes elecciones. En el último informe trimestral los contables de los narcos “advierten” sobre “el posible enfriamiento del consumo y la ralentización de la inversión exterior” debido al auge del partido “radical de izquierda” Podemos y de la “excesiva fragmentación parlamentaria” provocada también por el ascenso de la fuerza “reformista” Ciudadanos.

Los mafiosos se entienden a la perfección.

Más información sobre la lavadora del narcotráfico:

Al servicio de dios, del capital y del Estado:
https://mpr21.info/2014/12/al-servicio-de-dios-del-capital-y-del.html

Arabia saudí financió Al-Qaeda a través del banco HSBC
https://mpr21.info/2015/02/a-traves-del-banco-hsbc-arabia-saudi.html

La impunidad cuesta muy barata
https://mpr21.info/2015/06/la-impunidad-cuesta-muy-barata.html

El cine para imbéciles

David Torres

El cine es, sin duda alguna, el arte que ha degenerado más rápidamente. En poco más de un siglo, quizá en poco menos, ha pasado de fabricar maravillas como “Intolerancia”, “El acorazado Potemkin”, “Luces de la ciudad”, “Avaricia” o “El maquinista de la general”, a despachar chuminadas del calibre de “Transformers” o “Los vengadores”. La comparación, lo reconozco, es arbitraria, casi tanto como decir que la música popular ha caído en picado desde el tango hasta el reggaeton, pero basta ver el presupuesto alucinante de alguna de estas películas basadas en una marca de juguetes para comprender que hay algo profundamente podrido en las sentinas del séptimo arte.

En su ya célebre estudio sobre el Hollywood de los setenta, “Moteros tranquilos, toros salvajes”, Peter Biskind analiza el cambio de paradigma que supuso el descubrimiento del taquillazo, ese momento en que los productores advirtieron que podían ganar mucho más dinero con el cine que con cualquier otra cosa. De repente, con “El exorcista”, con “Tiburón” y, sobre todo, con “La guerra de las galaxias”, una sola película podía recaudar en un fin de semana lo mismo que el resto de las producciones del estudio en varios meses. Entonces el cine dejó de ser un arte más o menos complejo y pasó a convertirse exclusivamente en un negocio. El adverbio es fundamental: el cine siempre había sido un negocio, pero los viejos productores (los Selznick, Mayer, Goldwyn, etc.) siempre habían querido hacer arte, por mercachifles que fuesen. En los setenta, los estudios de mercado descubrieron que el público que mayoritariamente invadía las salas de cine eran los niños, quienes lógicamente arrastraban a sus padres hasta la pantalla. En los ochenta, gracias al naufragio de algunas producciones, los grandes estudios de Hollywood recuperaron el control que habían perdido durante la pasada década en favor de algunos grandes directores (Altman, Kubrick, Ashby, Coppola, Peckinpah, Friedkin, Bogdanovich, Scorsese). El modelo que prevaleció fue el de Lucas y Spielberg, dos cineastas con mentalidad infantil que conectaron de inmediato con la nueva era de Reagan y de Thatcher: robots, marcianitos, dinosaurios, maniqueísmo elemental. Lo que triunfó fue, en palabras de uno de los entrevistados por Biskind, “el cine para imbéciles”.

La verdad es que el cine para imbéciles siempre había estado ahí, pero nunca se le había hecho mucho caso. A lo largo del siglo XX, la gran pantalla había tenido que soportar musicales de tercera, westerns ridículos, romances de Doris Day, películas de Rin-Tin-Tin, Lassie y de la Mula Francis. El tono de comedia era casi obligado puesto que no había manera de tomarse aquello en serio. De hecho, una de las pocas cosas que salva la primera trilogía de Star Wars frente a la vacua pedantería de sus sucesoras es el sentido del humor, destilado principalmente a través de dos personajes: el robot C3PO, que hace el papel de bufón, y el cazarrecompensas Han Solo, que da la distancia irónica necesaria para que el público se tragara el bolo. Al fin y al cabo, Star Wars sólo trataba en tono de opereta galáctica dos de los temas más viejos del mundo: la búsqueda del padre y el rescate de una princesa.

Sin embargo, en el comienzo de la plúmbea “La amenaza fantasma”, uno de los jedis le decía al otro: “Controla tu ansiedad”, y ya sabíamos que el humor se había ido al garete, que allí había menos amenaza que fantasma. Frente a la presencia malévola e imponente de Darth Vader, ahora tenemos a un villano con la psicología y los diálogos de un pit-bull, y en lugar de la cháchara deliciosa de C3PO, las pedorretas de un tonto de carnaval. Para colmo, faltaba un Han Solo, es decir, un espectador escéptico con el que el verdadero espectador pudiera identificarse en medio de todo aquel tinglado esotérico en donde, para colmo de disparates, el toque espiritual de la Fuerza se reduce a una sobredosis de colesterol en sangre. Hasta luego, Lucas.

Otro tanto ocurre con el cine de superhéroes, un subgénero que se inició en la televisión de los sesenta, copiando a los tebeos con tal inocencia y descaro que hasta subtitulaban los golpes y puñetazos, como en las viñetas. En la tele Batman estaba un poco fondón pero Catwoman (Julie Newmar enfundada en un uniforme de dominatrix) destilaba un erotismo para quinceañeros que no ha vuelto a empapar a ninguna de sus sucesoras. El primer Superman (1978) de Richard Donner, con el malogrado Christopher Reeves, tenía un perfume de ingenuidad que nos hacía sonreír; era como si todos los actores nos guiñaran un ojo para que no nos tomáramos aquella tontería demasiado en serio. Reeves y Kidder interpretaban su primer encuentro amoroso en clave de vodevil, con los rayos X del superhombre atravesando la ropa de la periodista para adivinar el color de sus bragas. La escena cumbre entre Lex Luthor y su cómico ayudante explicando el megaterremoto que iba a desbaratar la costa oeste de los Estados Unidos resulta un inolvidable dúo cómico en manos de dos actores inmensos: Gene Hackman y Ned Beatty.

Ahora, en cambio, el cine de superhéroes carece de frescura, de ironía y de gracia. No hay más que ver diez minutos de “El caballero oscuro”, sin duda la mejor de la última trilogía de Batman, para comprender hasta qué punto Nolan se ha tomado el encargo en serio. Un millonario al servicio de los pobres, una policía que se declara impotente y lanza un mensaje de auxilio cuando se encuentra en apuros, un villano disfrazado de arlequín. Mientras que Christian Bale hace gárgaras con lejía para enronquecer la voz, Michael Keaton se ponía el disfraz de Batman como si se tomara unas vacaciones. Mientras que Heath Ledger incorpora al Joker los peores tics de Marlon Brando, Jack Nicholson hizo lo único que podía hacer para encarnar a semejante mamarracho: saltitos, muecas, histrionismo a la enésima potencia. Para dar más empaque a la cosa, Nolan incluye en el paquete a actores de renombre, nada menos que a Michael Caine de mayordomo, Gary Oldman de policía gafe y Morgan Freeman de Morgan Freeman. El resultado, igual que en Hulk, Iron Man y todas las ridículas franquicias de la Marvel, es un pedo en botijo.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/opiodelpueblo/2015/06/21/la-insoportable-seriedad-de-la-serie-b/522

La masacre de Rosewood

En los años veinte del siglo pasado, Rosewood era una pequeña localidad en las ciénagas del noroeste de Florida con una población de 150 habitantes, siendo todos ellos negros, excepto una familia blanca.

El nombre de Rosewood procede de los cedros del pantano. Los negros trabajaban como leñadores o en el aserradero y muchas de las negras limpiaban las casas de los blancos en un pueblo cercano.

Los trabajadores eran propietarios de sus tierras, lo que les proporcionaba una posición social relativamente independiente que los blancos de los alrededores no podían admitir, por más que la esclavitud hubiera sido abolida 50 años antes.

En 1922 el Ku Klux Klan convocó una manifestación en un pueblo cercano y poco después, en otro mataron al maestro de una escuela blanca.

El día de Año Nuevo de 1923 una joven blanca de un pueblo cercano, Fanny Taylor, acusó falsamente a un negro de forzar la entrada de su casa, violarla y golpearla. Si ya era muy grave que un negro levantara la mano contra un blanco, si además era mujer y con una acusación sexual de por medio el caso tomaba un sesgo dramático.

Una hora después se organizó el linchamiento. Unos 1.500 blancos de los pueblos cercanos se trasladaron a Rosewood para aterrorizar a los negros. Decían buscar a Jesse Hunter, un fugitivo de un grupo local de presos encadenados, pero en realidad desencadenaron su furia contra todos los hombres, las mujeres y los niños de Rosewood.

La orgía de linchamientos se prolongó durante una semana. Los negros fueron violados, mutilados y torturados. Se produjeron tiroteos e incendios y sólo dos edificios quedaron en pie. Los negros tuvieron que huir. Muchos se escondieron en los pantanos próximos. El pueblo de Rosewood desapareció para siempre de la faz de la Tierra. Los blancos se apoderaron de las tieras que habían sido propiedad de los negros.

En 1993 se creó una fundación para investigar y recordar la matanza. Hasta el año siguiente el Congreso de Florida no reconoció el crimen e indemnizó a los 9 supervivientes y a los descendientes con 150.000 dólares.

Tres años después el director de cine John Singleton rodó la película “Rosewood” que rememora el linchamiento, aunque pasó desapercibida por los circuitos comerciales.

Más de 260.000 delitos racistas cada año en Estados Unidos

La violencia racista tiene una trayectoria muy larga en Estados Unidos, desde los tiempos de la esclavitud, pasando por los linchamientos y el terrorismo del Ku Klux Klan, hasta a la plaga de asesinatos policiales en los últimos años.

Los delitos cometidos en Estados Unidos por motivos raciales, xenofobia o ataques contra las minorías ideológicas, religiosas o étnicas siempre se han encubierto, a pesar de que suman 260.000 cada año, denunció el director y abogado del South Poverty Law Center, Richard Cohen.

En un artículo publicado recientemente en el diario Washington Post, Cohen recordaba que según el más reciente informe del FBI, en 2013 esos crímenes fueron 5.928 en el país y sólo 51 en Carolina de Sur, estado al que pertenece Charleston, donde recientemente se ha perpetrado una matanza de negros.

Las estimaciones del FBI se basan en “informes voluntarios de los organismos de seguridad” distribuidas en el país. Pero las cifras provistas por la oficina de estadísticas del Ministerio de Justicia sobre el mismo año 2013, son muy diferentes, pues cerca de 256.000 personas mueren al año por delitos motivados por el racismo.

Al no existir la obligación de denunciar estos crímenes, destacó Cohen, “muchas instituciones se niegan a cooperar”. Mississippi, por ejemplo, sólo registró cuatro delitos por motivos racistas en 2013 y Alabama seis. Precisamente es en esos dos estados del sur donde el Ku Kux Klan y otros grupos racistas son más activos.

Según la Oficina de Estadísticas, al menos un cuarto de las víctimas de esos ataques no lo denuncia, en particular los inmigrantes ilegales que temen ser deportados. A menudo miembros de la comunidad homosexual también son blanco de estos ataques, y en muchos casos no quieren revelar su identidad sexual.

El número de los grupos que instigan el racismo en Estados Unidos, también es muy elevado y crece cada año: 784 en 2013 contra los 457 de 1999.

El racismo y los linchamientos por motivos raciales forman parte de la esencia de Estados Unidos. El año pasado el FBI descubrió que dos miembros de la policía de Florida eran integrantes de la organización racista Ku Klux Klan.

Hoy hay más negros en la prisión o en condena condicional que esclavos en 1861, durante la guerra civil.

La masacre de Ocoee

En 1920 Ocoee, una localidad cercana a Sanford, Florida, contaba con unos 1.000 habitantes, la mitad de ellos negros. A dos de aquellos negros, Moses Norman y Julius “July” Perry, se les ocurrió ejercer un derecho tan elemental como el de sufragio.

Para se tuvieron que empadronar y pagar el “impuesto electoral”, que siempre fue un pretexto típico para impedir que los negros pudieran votar, a pesar de que tenían derecho a hacerlo.

El día de las elecciones, el 4 de noviembre, Norman y Perry acudieron a las urnas, pero no les permitieron votar. Además los blancos se indignaron que hubieran tenido el atrevimiento de ejercer sus derechos. Era intolerable, así que los blancos decidieron darles un escarmiento. Por la noche 250 terroristas del Ku Klux Klan se reunieron y empezaron a incendiar y asesinar. En total destruyeron 25 casas y asesinaron a 50 personas.

Al día siguiente por la mañana apareció el cuerpo de  “July” Perry colgando ahorcado de una farola.

La orgía de destrucción se prolongó durante casi una semana. Para que disfrutaran de total impunidad a los terroristas del Ku Kux Klan les nombraron ayudantes de la policía. De esa manera pudieron controlar la ciudad y no permitieron a nadie entrar o salir a menos que tuvieran un permiso especial.

Fue uno de los primeros casos de limpieza étnica. Los negros tuvieron que abandonar sus casas y perdieron las tierras que cultivaban. Los blancos se apoderaron de ellas, las dividieron y las vendieron a 3,75 dólares por hectárea.

Ningún negro volvió a la ciudad hasta 1981. Durante 61 años los asesinos disfrutaron en un paraíso étnicamente perfecto.

Julius “July” Perry

Los delitos ideológicos contra los musulmanes en Estados Unidos

Como en el resto del mundo, en Estados Unidos los musulmanes no forman un bloque único. Hay musulmanes afroamericanos, descendientes de esclavos, hay musulmanes originarios de las colonias europeas, llegados con pasaportes ingleses o franceses, y también hay musulmanes procedentes de los movimientos migratorios posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Meter en el mismo saco a Malcom X con un anticomunista checheno es, pues, el colmo del simplismo. Se trata de una minoría que no llega al uno por ciento de la población y, además, como carece de unidad interna, es ideal para constituirse en el saco de los golpes. Nunca va a oponer una resistencia eficaz; ni siquiera serían capaces de hablar entre sí el mismo idioma. El 11-S se buscó un enemigo perfecto.

A ello se suma el analfabetismo blanco, cultivado con esmero, que no sabe lo que es el Islam, ni le importa. Le basta con “saber” que un musulmán es siempre un “extranjero”, por definición, invitado temporalmente a disfrutar del modo de vida “americano” y al que siempre se le puede echar de casa. Son gente peligrosa con los que hay que estar siempre vigilantes y darles caza cuando cometen sus fechorías (y si no han cometido ninguna sospechamos que lo han cometido a escondidas).

En resumen, lo que han inculcado a los blancos es que los musulmanes son los criminales y nunca las víctimas del crimen. Como siempre, la realidad va por otro lado. Según estadísticas del FBI, en 2010 los crímenes ideológicos contra musulmanes en Estados Unidos se incrementaron en casi un 50 por ciento. Los datos forman parte de un informe más amplio sobre crímenes racistas y muestran que los delitos motivados por la islamofobia habían pasado de 107 casos en 2009 a 160 en 2010.

Por el contrario, los crímenes contra los judíos han bajado, con 887 casos en el 2010 y 931 en el año anterior. Mientras, los crímenes en contra de católicos aumentaron levemente, con 51 casos en el 2009 y 59 el año siguiente.

El número total de delitos clasificados como crímenes racistas (“de odio”) creció en 2010 a 6.628 casos, de los cuales el 47 por ciento estuvieron motivados por odio racial y 20 por ciento por odio religioso, según las estadísticas del FBI.

En el 2010 los datos oficiales registraron 847 actos de violencia contra extranjeros o personas de etnias distintas. De ese total, 534 fueron cometidos contra hispanos.

En 2010 California y Nueva York fueron los estados que registraron el mayor número de incidentes de violencia de este tipo, con 1.092 y 699 casos, respectivamente.

El 47,3 por ciento de los crímenes motivados por el odio tuvieron su origen en la raza, mientras que el 20 por ciento se debió a la religión de la víctima, y el 19 por ciento por su orientación sexual.

Un 13 por ciento de estos crímenes estuvo motivado por la etnia o nacionalidad de la víctima, y algo menos del 1 por ciento se debió a la discapacidad de la persona.

En Estados Unidos, como en el resto del mundo, la islamofobia está teniendo un efecto extraordinario, que es paradógico: está aumentando las conversiones al Islam procedentes de otras confesiones. Por ejemplo, las conversiones al Islam entre los hispanos rondan los 200.000 anuales, un 30 por ciento más que en 1999, antes del 11-S.

La masacre de Tulsa

Greenwood, 1921
En 1921 el barrio Greenwood, en Tulsa, Oklahoma, tenía una población de 15.000 negros. Era una pequeña ciudad dentro de una ciudad segregada. Ahí vivían los trabajadores y los que habían huido de las aparcerías, antiguos combatientes de la Primera Guerra Mundial, así como doctores, abogados y empresarios. Algunas personas lo llamaban el «Wall Street negro». Los racistas blancos odiaban a Greenwood y las autoridades expresaban abiertamente su deseo de expulsar a los negros del barrio.

El 31 de mayo de 1921 un limpiabotas negro llamado Dick Rowland entró en un ascensor dirigido por una blanca. Cuando el ascensor llegó al vestíbulo, algunas personas oyeron a la mujer gritar y vieron a Rowland salir corriendo del lugar. Rowland nunca fue acusado de ningún delito. A pesar de ello, le detuvieron y le metieron en la cárcel.

A la mañana siguiente, el periódico Tulsa Tribune tituló un artículo: “Linchemos al negro esta noche”. Esa misma noche una multirud de unos 2.000 blancos se acercaron al Palacio de Justicia decididos linchar a Rowland. Entonces un grupo de negros, algunos vestidos del uniforme militar de la Primera Guerra Mundial, marcharon desde Greenwood y se enfrentaron a los linchadores. Hubo un tiroteo y los negros, que eran muchos menos, se retiraron a Greenwood.

La linchadores se sintieron respaldados cuando la policía nombró como ayudantes a cientos de ellos. Uno de los ayudantes dijo después de ser nombrado: “Ahora podemos salir, acribillar a cualquier negro que veamos y la ley nos apoyará”. Al amanecer, 10.000 racistas armados hasta los dientes, incluso con metralletas, invadieron el barrio de Greenwood. Por si fuera poco, los aviones bombardearon y ametrallaron desde el aire.

El pueblo de Greenwood organizó la resistencia, pero no pudieron contra una fuerza abrumadora del enemigo. Pandillas de blancos, muchos de ellos miembros del Ku Klux Klan, fueron de casa en casa asesinarndo y saqueando. Los invasoresincendiaron y destruyeron unas 1.200 casas y negocios, y arrasaron por completo el barrio de Greenwood.

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