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El cine para imbéciles

David Torres

El cine es, sin duda alguna, el arte que ha degenerado más rápidamente. En poco más de un siglo, quizá en poco menos, ha pasado de fabricar maravillas como “Intolerancia”, “El acorazado Potemkin”, “Luces de la ciudad”, “Avaricia” o “El maquinista de la general”, a despachar chuminadas del calibre de “Transformers” o “Los vengadores”. La comparación, lo reconozco, es arbitraria, casi tanto como decir que la música popular ha caído en picado desde el tango hasta el reggaeton, pero basta ver el presupuesto alucinante de alguna de estas películas basadas en una marca de juguetes para comprender que hay algo profundamente podrido en las sentinas del séptimo arte.

En su ya célebre estudio sobre el Hollywood de los setenta, “Moteros tranquilos, toros salvajes”, Peter Biskind analiza el cambio de paradigma que supuso el descubrimiento del taquillazo, ese momento en que los productores advirtieron que podían ganar mucho más dinero con el cine que con cualquier otra cosa. De repente, con “El exorcista”, con “Tiburón” y, sobre todo, con “La guerra de las galaxias”, una sola película podía recaudar en un fin de semana lo mismo que el resto de las producciones del estudio en varios meses. Entonces el cine dejó de ser un arte más o menos complejo y pasó a convertirse exclusivamente en un negocio. El adverbio es fundamental: el cine siempre había sido un negocio, pero los viejos productores (los Selznick, Mayer, Goldwyn, etc.) siempre habían querido hacer arte, por mercachifles que fuesen. En los setenta, los estudios de mercado descubrieron que el público que mayoritariamente invadía las salas de cine eran los niños, quienes lógicamente arrastraban a sus padres hasta la pantalla. En los ochenta, gracias al naufragio de algunas producciones, los grandes estudios de Hollywood recuperaron el control que habían perdido durante la pasada década en favor de algunos grandes directores (Altman, Kubrick, Ashby, Coppola, Peckinpah, Friedkin, Bogdanovich, Scorsese). El modelo que prevaleció fue el de Lucas y Spielberg, dos cineastas con mentalidad infantil que conectaron de inmediato con la nueva era de Reagan y de Thatcher: robots, marcianitos, dinosaurios, maniqueísmo elemental. Lo que triunfó fue, en palabras de uno de los entrevistados por Biskind, “el cine para imbéciles”.

La verdad es que el cine para imbéciles siempre había estado ahí, pero nunca se le había hecho mucho caso. A lo largo del siglo XX, la gran pantalla había tenido que soportar musicales de tercera, westerns ridículos, romances de Doris Day, películas de Rin-Tin-Tin, Lassie y de la Mula Francis. El tono de comedia era casi obligado puesto que no había manera de tomarse aquello en serio. De hecho, una de las pocas cosas que salva la primera trilogía de Star Wars frente a la vacua pedantería de sus sucesoras es el sentido del humor, destilado principalmente a través de dos personajes: el robot C3PO, que hace el papel de bufón, y el cazarrecompensas Han Solo, que da la distancia irónica necesaria para que el público se tragara el bolo. Al fin y al cabo, Star Wars sólo trataba en tono de opereta galáctica dos de los temas más viejos del mundo: la búsqueda del padre y el rescate de una princesa.

Sin embargo, en el comienzo de la plúmbea “La amenaza fantasma”, uno de los jedis le decía al otro: “Controla tu ansiedad”, y ya sabíamos que el humor se había ido al garete, que allí había menos amenaza que fantasma. Frente a la presencia malévola e imponente de Darth Vader, ahora tenemos a un villano con la psicología y los diálogos de un pit-bull, y en lugar de la cháchara deliciosa de C3PO, las pedorretas de un tonto de carnaval. Para colmo, faltaba un Han Solo, es decir, un espectador escéptico con el que el verdadero espectador pudiera identificarse en medio de todo aquel tinglado esotérico en donde, para colmo de disparates, el toque espiritual de la Fuerza se reduce a una sobredosis de colesterol en sangre. Hasta luego, Lucas.

Otro tanto ocurre con el cine de superhéroes, un subgénero que se inició en la televisión de los sesenta, copiando a los tebeos con tal inocencia y descaro que hasta subtitulaban los golpes y puñetazos, como en las viñetas. En la tele Batman estaba un poco fondón pero Catwoman (Julie Newmar enfundada en un uniforme de dominatrix) destilaba un erotismo para quinceañeros que no ha vuelto a empapar a ninguna de sus sucesoras. El primer Superman (1978) de Richard Donner, con el malogrado Christopher Reeves, tenía un perfume de ingenuidad que nos hacía sonreír; era como si todos los actores nos guiñaran un ojo para que no nos tomáramos aquella tontería demasiado en serio. Reeves y Kidder interpretaban su primer encuentro amoroso en clave de vodevil, con los rayos X del superhombre atravesando la ropa de la periodista para adivinar el color de sus bragas. La escena cumbre entre Lex Luthor y su cómico ayudante explicando el megaterremoto que iba a desbaratar la costa oeste de los Estados Unidos resulta un inolvidable dúo cómico en manos de dos actores inmensos: Gene Hackman y Ned Beatty.

Ahora, en cambio, el cine de superhéroes carece de frescura, de ironía y de gracia. No hay más que ver diez minutos de “El caballero oscuro”, sin duda la mejor de la última trilogía de Batman, para comprender hasta qué punto Nolan se ha tomado el encargo en serio. Un millonario al servicio de los pobres, una policía que se declara impotente y lanza un mensaje de auxilio cuando se encuentra en apuros, un villano disfrazado de arlequín. Mientras que Christian Bale hace gárgaras con lejía para enronquecer la voz, Michael Keaton se ponía el disfraz de Batman como si se tomara unas vacaciones. Mientras que Heath Ledger incorpora al Joker los peores tics de Marlon Brando, Jack Nicholson hizo lo único que podía hacer para encarnar a semejante mamarracho: saltitos, muecas, histrionismo a la enésima potencia. Para dar más empaque a la cosa, Nolan incluye en el paquete a actores de renombre, nada menos que a Michael Caine de mayordomo, Gary Oldman de policía gafe y Morgan Freeman de Morgan Freeman. El resultado, igual que en Hulk, Iron Man y todas las ridículas franquicias de la Marvel, es un pedo en botijo.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/opiodelpueblo/2015/06/21/la-insoportable-seriedad-de-la-serie-b/522

La masacre de Rosewood

En los años veinte del siglo pasado, Rosewood era una pequeña localidad en las ciénagas del noroeste de Florida con una población de 150 habitantes, siendo todos ellos negros, excepto una familia blanca.

El nombre de Rosewood procede de los cedros del pantano. Los negros trabajaban como leñadores o en el aserradero y muchas de las negras limpiaban las casas de los blancos en un pueblo cercano.

Los trabajadores eran propietarios de sus tierras, lo que les proporcionaba una posición social relativamente independiente que los blancos de los alrededores no podían admitir, por más que la esclavitud hubiera sido abolida 50 años antes.

En 1922 el Ku Klux Klan convocó una manifestación en un pueblo cercano y poco después, en otro mataron al maestro de una escuela blanca.

El día de Año Nuevo de 1923 una joven blanca de un pueblo cercano, Fanny Taylor, acusó falsamente a un negro de forzar la entrada de su casa, violarla y golpearla. Si ya era muy grave que un negro levantara la mano contra un blanco, si además era mujer y con una acusación sexual de por medio el caso tomaba un sesgo dramático.

Una hora después se organizó el linchamiento. Unos 1.500 blancos de los pueblos cercanos se trasladaron a Rosewood para aterrorizar a los negros. Decían buscar a Jesse Hunter, un fugitivo de un grupo local de presos encadenados, pero en realidad desencadenaron su furia contra todos los hombres, las mujeres y los niños de Rosewood.

La orgía de linchamientos se prolongó durante una semana. Los negros fueron violados, mutilados y torturados. Se produjeron tiroteos e incendios y sólo dos edificios quedaron en pie. Los negros tuvieron que huir. Muchos se escondieron en los pantanos próximos. El pueblo de Rosewood desapareció para siempre de la faz de la Tierra. Los blancos se apoderaron de las tieras que habían sido propiedad de los negros.

En 1993 se creó una fundación para investigar y recordar la matanza. Hasta el año siguiente el Congreso de Florida no reconoció el crimen e indemnizó a los 9 supervivientes y a los descendientes con 150.000 dólares.

Tres años después el director de cine John Singleton rodó la película “Rosewood” que rememora el linchamiento, aunque pasó desapercibida por los circuitos comerciales.

Más de 260.000 delitos racistas cada año en Estados Unidos

La violencia racista tiene una trayectoria muy larga en Estados Unidos, desde los tiempos de la esclavitud, pasando por los linchamientos y el terrorismo del Ku Klux Klan, hasta a la plaga de asesinatos policiales en los últimos años.

Los delitos cometidos en Estados Unidos por motivos raciales, xenofobia o ataques contra las minorías ideológicas, religiosas o étnicas siempre se han encubierto, a pesar de que suman 260.000 cada año, denunció el director y abogado del South Poverty Law Center, Richard Cohen.

En un artículo publicado recientemente en el diario Washington Post, Cohen recordaba que según el más reciente informe del FBI, en 2013 esos crímenes fueron 5.928 en el país y sólo 51 en Carolina de Sur, estado al que pertenece Charleston, donde recientemente se ha perpetrado una matanza de negros.

Las estimaciones del FBI se basan en “informes voluntarios de los organismos de seguridad” distribuidas en el país. Pero las cifras provistas por la oficina de estadísticas del Ministerio de Justicia sobre el mismo año 2013, son muy diferentes, pues cerca de 256.000 personas mueren al año por delitos motivados por el racismo.

Al no existir la obligación de denunciar estos crímenes, destacó Cohen, “muchas instituciones se niegan a cooperar”. Mississippi, por ejemplo, sólo registró cuatro delitos por motivos racistas en 2013 y Alabama seis. Precisamente es en esos dos estados del sur donde el Ku Kux Klan y otros grupos racistas son más activos.

Según la Oficina de Estadísticas, al menos un cuarto de las víctimas de esos ataques no lo denuncia, en particular los inmigrantes ilegales que temen ser deportados. A menudo miembros de la comunidad homosexual también son blanco de estos ataques, y en muchos casos no quieren revelar su identidad sexual.

El número de los grupos que instigan el racismo en Estados Unidos, también es muy elevado y crece cada año: 784 en 2013 contra los 457 de 1999.

El racismo y los linchamientos por motivos raciales forman parte de la esencia de Estados Unidos. El año pasado el FBI descubrió que dos miembros de la policía de Florida eran integrantes de la organización racista Ku Klux Klan.

Hoy hay más negros en la prisión o en condena condicional que esclavos en 1861, durante la guerra civil.

La masacre de Ocoee

En 1920 Ocoee, una localidad cercana a Sanford, Florida, contaba con unos 1.000 habitantes, la mitad de ellos negros. A dos de aquellos negros, Moses Norman y Julius “July” Perry, se les ocurrió ejercer un derecho tan elemental como el de sufragio.

Para se tuvieron que empadronar y pagar el “impuesto electoral”, que siempre fue un pretexto típico para impedir que los negros pudieran votar, a pesar de que tenían derecho a hacerlo.

El día de las elecciones, el 4 de noviembre, Norman y Perry acudieron a las urnas, pero no les permitieron votar. Además los blancos se indignaron que hubieran tenido el atrevimiento de ejercer sus derechos. Era intolerable, así que los blancos decidieron darles un escarmiento. Por la noche 250 terroristas del Ku Klux Klan se reunieron y empezaron a incendiar y asesinar. En total destruyeron 25 casas y asesinaron a 50 personas.

Al día siguiente por la mañana apareció el cuerpo de  “July” Perry colgando ahorcado de una farola.

La orgía de destrucción se prolongó durante casi una semana. Para que disfrutaran de total impunidad a los terroristas del Ku Kux Klan les nombraron ayudantes de la policía. De esa manera pudieron controlar la ciudad y no permitieron a nadie entrar o salir a menos que tuvieran un permiso especial.

Fue uno de los primeros casos de limpieza étnica. Los negros tuvieron que abandonar sus casas y perdieron las tierras que cultivaban. Los blancos se apoderaron de ellas, las dividieron y las vendieron a 3,75 dólares por hectárea.

Ningún negro volvió a la ciudad hasta 1981. Durante 61 años los asesinos disfrutaron en un paraíso étnicamente perfecto.

Julius “July” Perry

Los delitos ideológicos contra los musulmanes en Estados Unidos

Como en el resto del mundo, en Estados Unidos los musulmanes no forman un bloque único. Hay musulmanes afroamericanos, descendientes de esclavos, hay musulmanes originarios de las colonias europeas, llegados con pasaportes ingleses o franceses, y también hay musulmanes procedentes de los movimientos migratorios posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Meter en el mismo saco a Malcom X con un anticomunista checheno es, pues, el colmo del simplismo. Se trata de una minoría que no llega al uno por ciento de la población y, además, como carece de unidad interna, es ideal para constituirse en el saco de los golpes. Nunca va a oponer una resistencia eficaz; ni siquiera serían capaces de hablar entre sí el mismo idioma. El 11-S se buscó un enemigo perfecto.

A ello se suma el analfabetismo blanco, cultivado con esmero, que no sabe lo que es el Islam, ni le importa. Le basta con “saber” que un musulmán es siempre un “extranjero”, por definición, invitado temporalmente a disfrutar del modo de vida “americano” y al que siempre se le puede echar de casa. Son gente peligrosa con los que hay que estar siempre vigilantes y darles caza cuando cometen sus fechorías (y si no han cometido ninguna sospechamos que lo han cometido a escondidas).

En resumen, lo que han inculcado a los blancos es que los musulmanes son los criminales y nunca las víctimas del crimen. Como siempre, la realidad va por otro lado. Según estadísticas del FBI, en 2010 los crímenes ideológicos contra musulmanes en Estados Unidos se incrementaron en casi un 50 por ciento. Los datos forman parte de un informe más amplio sobre crímenes racistas y muestran que los delitos motivados por la islamofobia habían pasado de 107 casos en 2009 a 160 en 2010.

Por el contrario, los crímenes contra los judíos han bajado, con 887 casos en el 2010 y 931 en el año anterior. Mientras, los crímenes en contra de católicos aumentaron levemente, con 51 casos en el 2009 y 59 el año siguiente.

El número total de delitos clasificados como crímenes racistas (“de odio”) creció en 2010 a 6.628 casos, de los cuales el 47 por ciento estuvieron motivados por odio racial y 20 por ciento por odio religioso, según las estadísticas del FBI.

En el 2010 los datos oficiales registraron 847 actos de violencia contra extranjeros o personas de etnias distintas. De ese total, 534 fueron cometidos contra hispanos.

En 2010 California y Nueva York fueron los estados que registraron el mayor número de incidentes de violencia de este tipo, con 1.092 y 699 casos, respectivamente.

El 47,3 por ciento de los crímenes motivados por el odio tuvieron su origen en la raza, mientras que el 20 por ciento se debió a la religión de la víctima, y el 19 por ciento por su orientación sexual.

Un 13 por ciento de estos crímenes estuvo motivado por la etnia o nacionalidad de la víctima, y algo menos del 1 por ciento se debió a la discapacidad de la persona.

En Estados Unidos, como en el resto del mundo, la islamofobia está teniendo un efecto extraordinario, que es paradógico: está aumentando las conversiones al Islam procedentes de otras confesiones. Por ejemplo, las conversiones al Islam entre los hispanos rondan los 200.000 anuales, un 30 por ciento más que en 1999, antes del 11-S.

La masacre de Tulsa

Greenwood, 1921
En 1921 el barrio Greenwood, en Tulsa, Oklahoma, tenía una población de 15.000 negros. Era una pequeña ciudad dentro de una ciudad segregada. Ahí vivían los trabajadores y los que habían huido de las aparcerías, antiguos combatientes de la Primera Guerra Mundial, así como doctores, abogados y empresarios. Algunas personas lo llamaban el «Wall Street negro». Los racistas blancos odiaban a Greenwood y las autoridades expresaban abiertamente su deseo de expulsar a los negros del barrio.

El 31 de mayo de 1921 un limpiabotas negro llamado Dick Rowland entró en un ascensor dirigido por una blanca. Cuando el ascensor llegó al vestíbulo, algunas personas oyeron a la mujer gritar y vieron a Rowland salir corriendo del lugar. Rowland nunca fue acusado de ningún delito. A pesar de ello, le detuvieron y le metieron en la cárcel.

A la mañana siguiente, el periódico Tulsa Tribune tituló un artículo: “Linchemos al negro esta noche”. Esa misma noche una multirud de unos 2.000 blancos se acercaron al Palacio de Justicia decididos linchar a Rowland. Entonces un grupo de negros, algunos vestidos del uniforme militar de la Primera Guerra Mundial, marcharon desde Greenwood y se enfrentaron a los linchadores. Hubo un tiroteo y los negros, que eran muchos menos, se retiraron a Greenwood.

La linchadores se sintieron respaldados cuando la policía nombró como ayudantes a cientos de ellos. Uno de los ayudantes dijo después de ser nombrado: “Ahora podemos salir, acribillar a cualquier negro que veamos y la ley nos apoyará”. Al amanecer, 10.000 racistas armados hasta los dientes, incluso con metralletas, invadieron el barrio de Greenwood. Por si fuera poco, los aviones bombardearon y ametrallaron desde el aire.

El pueblo de Greenwood organizó la resistencia, pero no pudieron contra una fuerza abrumadora del enemigo. Pandillas de blancos, muchos de ellos miembros del Ku Klux Klan, fueron de casa en casa asesinarndo y saqueando. Los invasoresincendiaron y destruyeron unas 1.200 casas y negocios, y arrasaron por completo el barrio de Greenwood.

El racismo antihispano también crece en Estados Unidos

Cada día Estados Unidos descubre más basura escondida bajo la alfombra. Los múltiples casos de asesinatos racistas perpretados por policías norteamericanos han puesto la lupa en un problema que todos connocían pero del que no nadie hablaba.

Desde el momento de su independencia Estados Unidos ha sido un país apoyado en la esclavitud, en el genocidio indígena y en la segregación racial sistemática e institucionalizada.

Los agresores son los blancos y las víctimas son todos aquellos que no son son completamente blancos. Según cifras del FBI, los crímenes de odio contra la población de origen hispano en Estados Unidos aumentaron un 40 por ciento de 2003 a 2007, cuando alcanzaron su máximo nivel, al contabilizar 830 víctimas.

Las cifras oficiales subestiman la cantidad y gravedad de los crímenes de odio contra hispanos. La mayor parte de las veces los latinos no denuncian las agresiones racistas a la policía, bien por la barrera del idioma o por el temor a ser deportado. También influye que la mayor parte de los juicios son una burla y casi nunca se molestan en buscar a los racistas.

En 2008, el número de latinos víctimas de crímenes de odio -ataques motivados por el origen étnico o nacional, preferencia sexual o creencia religiosa– fue de 792. En 2009 la cifra fue de 692 víctimas hispanas.

En la década de los noventa la incidencia de ataques contra inmigrantes latinos, en Estados Unidos, subió entre 40 y 50 por cinto en los últimos cinco años, junto a las campañas contra los inmigrantes y a favor de las deportaciones, según el FBI.

Asimismo, aumentó el número de grupos de odio contra los inmigrantes y la comunidad gay. De 602 asociaciones registradas en el 2000 subió a 926 en 2010, según el Southern Poverty Law.

Una excusa para la formación de grupos racistas es la llegada masiva de inmigrantes latinos, que para 2050 llevará a que Estados Unidos tenga 29 ciudadanos de origen latino por cada 100 habitantes, según proyecciones del Centro Hispano Pew.

En 2008 la coalición Agenda Nacional del Liderazgo Hispano, que agrupa a 26 organizaciones hispanas del país, se reunieron en la Cámara baja del Congreso estadounidense para detener el incremento de crímenes raciales contra el colectivo latino. En la la rueda de prensa posterior denunciaron la retórica violenta que diferentes medios de comunicación estadounidenses emplean para referirse a los inmigrantes indocumentados y a los latinos en general.

El año anterior la asociación Media Matters Action Network publicó un informe que ponía en relieve el lenguaje amenazador sobre la inmigración ilegal que puede oírse casi a diario en los canales de noticias por cable del país.

Los fundamentalistas judíos queman una iglesia católica

El jueves el portavoz de la policía israelí Micky Rosenfeld informó que fundamentalistas judíos habían prendido fuego a la Iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces, lugar de peregrinaje católico y monumento turístico junto al lago Tiberiades.

El fuego se declaró a medianoche y causó una seria destrucción en el interior y el exterior del templo, construido sobre los vestigios de una iglesia del siglo IV. Un monje y un voluntario tuvieron que ser hospitalizados como consecuencia de la inhalación de humo.

La tienda de recuerdos religiosos, la oficina de peregrinos y la sala de reuniones fueron las zonas más dañadas, mientras que las biblias y libros de oraciones han sido destruidos por las llamas. Sin embargo, la zona de rezos ha quedado intacta, dijo el párroco de la Iglesia, Matthias Karl.

En el muro exterior de la Iglesia los autores dejaron una pintada con un pasaje de una oración judía que llama a “expulsar a los falsos dioses”.

El departamento de crímenes religiosos de la policía israelí de Cisjordania ha abierto una investigación sobre el incendio. De momento la policía ha detenido a 16 jóvenes colonos israelíes, aunque les dejaron en libertad inmediatamente por falta de pruebas.

El presidente de Israel Reuven Rivlin ha condenado la agresión asegurando que las autoridades harán todo lo posible por detener a los criminales. “Esta terrible profanación de un lugar antiguo y santo de oración es un ataque a lo esencial de la vida en nuestro país, donde las gentes de diferentes creencias buscan vivir juntos en armonía, tolerancia mutua y respeto”, dijo Rivlin.

Estos últimos años, las mezquitas islámicas e iglesias cristianas se han convertido en objeto de ataques similares, la mayor de ellos cometidos por fundamentalistas judíos de las colonias israelíes de Cisjordania. El año pasado un grupo de jóvenes judíos fanatizados atacó la zona de oración de esta misma Iglesia de la Multiplicación, arrojando piedras a los católicos. Los atacantes también destruyeron una cruz y arrojaron los bancos al lago Tiberiades.

La Iglesia católica de la Multiplicación, que indica el lugar donde -según el Nuevo Testamento- se produjo el milagro de los panes y los peces que obró Jesús, se encuentra en Tabgha, en el noreste de Israel. Cerca de 5.000 peregrinos católicos visitan la Iglesia cada día, según el superior de la orden de San Benito en Israel, el padre Gregory Collins.

Las contradicciones interimperialistas en el Donbas

Durante muchos años, pero especialmente desde la caída de la URSS en 1990, los oportunistas hablaron del imperialismo como si tratara de un bloque macizo. El sólo hecho de utilizar el término en singular (“el imperialismo”) daba la impresión de que no había más que un único imperialismo o que todos los países imperialistas eran iguales, por el hecho de serlo.

Eran los tiempos de los foros mundiales, el movimiento contra la globalización y del “otro mundo es posible”, esas mareas de “alternativos” a medio camino entre las ONG y el trotskismo. Ahora han cambiado de verborrea y hablan, por fin, de “contradicciones interimperialistas” para llegar al mismo punto: los imperialistas son todos iguales y los que no son imperialistas son marionetas suyas.

Por ejemplo, en junio del año pasado tuvo lugar en Minsk una reunión de trotskistas procedentes de Ucrania, Rusia y Bielorrusia para pedir lo que todos los pacifistas añoran: “el cese inmediato de la guerra civil en Ucrania”. Pero si creyeran realmente que se trata de una verdadera guerra civil, hubieran debido pedir a los ucranianos que cesaran de combatir entre ellos. Sin embargo, lo que los trotskistas piensan es que los ucranianos son marionetas cuyos hilos mueven los imperialistas y, por lo tanto, su llamamiento tenía el siguiente carácter: “El gobierno ruso, la Unión Europea y los Estados Unidos utilizan la guerra civil en Ucrania con el mismo fin: la gente que muere en el Donbas son sólo peones en su competencia inter-imperialista” (1).

En España quien sostiene ese mismo tipo de concepciones trotskistas son los “cheerleaders” de RC y los clarividentes del MAI. Hay dos bandos imperialistas en liza y cada uno de ellos sostiene sobre el terreno a una marioneta local, unos en Kiev y otros en Donietsk y Lugansk.

A la fuerza ahorcan: la guerra se extiende, con su reguero de sangre, por regiones cada vez más extensas del mundo y la demagogia con la que durante tantos años trataron de ocultar las contradicciones interimperialista se ha venido abajo. De ahí que, con un lenguaje un poco diferente, los trotskistas quieran llegar la misma conclusión: Rusia es lo mismo que Estados Unidos y las milicias del Donbas son equiparables al gobierno de Kiev.

“El antifascismo en el Donbas es un mito”, dicen, repitiendo lo que siempre dijeron los trotkskistas del POUM durante la guerra civil española: la República era burguesa, exactamente igual que los militares fascistas; la URSS ayudó a los primeros y los fascistas de Mussolini ayudaron a los segundos. ¿Dónde está la diferencia? No hay ninguna diferencia, o no la saben encontrar, como tampoco saben responder a una sencilla pregunta: si ambos bandos son iguales, ¿por qué combaten entre sí?

Lo ha escrito bien claro Sarkis Fernández: la excusa de las contradicciones interimperialistas en Ucrania es “pura ideología imperialista” (2). Los trotskistas que defienden ese tipo de planteamientos, incluidos RC y MAI, forman parte del imperialismo mismo, algo que no debería constituir ninguna sorpresa para nadie. Ante la guerra y las contradicciones interimperialistas, la defensa de la neutralidad, la equidistancia y el pacifismo farisaico es una traición a la clase obrera y a la revolución en todos y cada uno de los países, incluso en aquellos a los que la guerra no llega.

Lo que el leninismo enseña es a tomar partido, no a lavarse las manos como Pilatos. Ante una guerra imperialista provocada por las contradicciones internas entre las potencias imperialistas, Lenin apela a la guerra civil, a dirigir las armas contra el propio país, que es exactamente lo que han hecho las milicias del Donbas. Por consiguiente, poner a un bando al lado del otro es simplemente una manera repugnante de lavarle la cara al imperialismo y su criminal política de exterminio.

Ucrania formó parte de la URSS y los trotskistas de todos los pelajes se esfuerzan por ocultar que con la URSS no sólo acabó un modo de producción sino que el país fue troceado, por lo que es obvio que el imperialismo busca devorar a Rusia como país, del mismo modo que ya ha devorado a otros, como admitió la secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright en 2005: “Es injusto que un solo país posea territorios tales como Siberia y el Lejano Oriente, en los cuales pueden instalarse unos cuantos Estados”.

Incluso después de que la URSS desapareciera, después de que fuera troceada, al imperialismo no le bastó con que Ucrania obtuviera su independencia sino que organizó dos golpes de Estado por una razón muy sencilla de entender: porque no están dispuestos admitir una Ucrania independiente, es decir, un país capaz de tomar sus propias decisiones. Cualquiera que sea su régimen social, Ucrania ha demostrado que está, quiere estar y estará siempre ligado a Rusia por lazos que van mucho más allá de la economía y de la geoestrategia y que el imperialismo se esfuerza por romper porque su proyecto no es sólo acabar con Rusia sino acabar también con Ucrania.

Hay una foto de Victoria Nuland, la encargada de asuntos europeos en el Departamento de Estado, en plena orgía en la Plaza Maidan, en febrero del pasado año que expresa que mejor que nada qué es lo que persigue el imperialismo en Ucrania. En contra de los partidarios de la neutralidad, no hay una foto equivalente de Serguei Lavrov, ministro ruso de Asuntos Exteriores, en Occupy Wall Street.

El Pacto de Varsovia se ha disuelto; la OTAN no. En contra de todos los acuerdos aprobados desde los tiempos de Gorbachov, Estados Unidos ha metido a los países vecinos de Rusia en una alianza militar dirigida contra Rusia. Rusia no ha rodeado a ningún país del mundo con bases militares, pero tiene todo su perímetro fronterizo cercado por las de los imperialistas, que le han puesto armas nucleares delante de sus narices y han desencadenado varias guerras, desde el Báltico a Afganistán cuyo objetivo indirecto no es otro que Rusia.

En el derecho internacional el bloqueo económico es una medida de guerra, una declaración indirecta de guerra. Pero no ha sido Rusia quien ha impuesto un bloqueo económico a Estados Unidos o a la Unión Europea, sino al revés. Rusia es víctima de un bloqueo. No hay esa simetría de la que hablan los trotskistas.

Los francotiradores que en febrero del año pasado dispararon contra la multitud indiscriminadamente en la Plaza Maidan matando a cerca de cien personas, ¿eran prorrusos?, ¿antirrusos?, ¿pertenecían a ambos bandos?, ¿es indiferente?

Los que quemaron vivos a 42 sindicalistas en Odesa en el mes de mayo, ¿eran prorrusos?, ¿antirrusos?, ¿pertenecían a ambos bandos?, ¿es indiferente?

Los que en julio derribaron el vuelo MH17 asesinando a 300 pasajeros, ¿eran prorrusos?, ¿antirrusos?, ¿pertenecían a ambos bandos?, ¿es indiferente? No es necesario apelar al leninismo sino a la decencia humana para no admitir -bajo ningún concepto- que los agresores se pongan al mismo nivel que los agredidos. Ante un acoso sexual no se puede medir al agresor y al agredido por el mismo rasero; ante un acoso militar, económico, político y mediático tampoco. ¿Verdad que es obvio? Pues los trotskistas no se quieren enterar.

(1) http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=7019
(2) http://www.mundoobrero.es/pl.php?id=4653

Victoria Nuland en plena Plaza de Maidan, durante el Golpe de Estado de 2014

El dólar está abocado al colapso

El poder hegemónico logrado por Estados Unidos en la posguerra, impuesto en Breton Woods, apenas duró 15 años. En 1971 casi todos los países del mundo pusieron sus monedas en flotación, lo cual era contrario a los estatutos del Fondo Monetario Internacional.

Al mismo tiempo apareció un doble mercado del oro, uno oficial con la paridad aprobada en Bretton Woods (35 dólares la onza) y otro libre con una cotización seis veces superior. Era obvio que el dólar estaba sobrevalorado y Nixon enseñó sus vergüenzas al negar su convertibilidad. Era una quiebra encubierta.

Para salir del atolladero Estados Unidos llegó a un acuerdo con Arabia saudí y después con la OPEP, la organización internacional de países exportadores de petróleo, para que las ventas de petróleo en el mercado mundial se pagaran en dólares.

Ya no era el oro sino el petróleo, el “oro negro”, lo que respaldaba al dólar. Nació el término “petrodólar”, acuñado en 1973 por Ibrahim Oweiss, profesor de economía de la universidad de Georgetown.

La medida significaba que para comprar petróleo las economías que entonces se encontraban en expansión, como Japón, debían hacerse antes con dólares y, por consiguiente, debían vender sus exportaciones en esa misma divisa.

Significaba también que quienes no tenían capacidad para exportar debían pedir préstamos en dólares para pagar sus compras de petróleo. El petróleo no es sólo una materia prima estratégica para el capitalismo mundial, sino que la forma de pago en dólares también lo es.

Los países exportadores de petróleo, como Arabia saudí, invirtieron sus excedentes de dólares en bonos del Tesoro de Estados Unidos, que obtuvo una fuente gratuita de financiación de sus gastos: petróleo gratuito, guerras gratuitas… Todo el flujo financiero pasaba por las manos y los bolsillos del Banco de la Reserva Federal de Washington. Para Estados Unidos el precio del petróleo nunca ha sido ningún problema: cuanto más caro, mejor, más dólares se ponen en circulación y más deuda pública a la venta.

A cambio, Estados Unidos garantizó del mantenimiento en el poder de los países y los dirigentes de la OPEP, en especial de Arabia saudí, frente a los comunistas. El petróleo se convirtió en el centro de Oriente Medio y Oriente Medio se convirtió en el centro del mundo.


Por su parte, Estados Unidos acabó siendo el país parásito de hoy día. No necesita dinero para comprar nada ya que tiene una máquina de fotocopiar dólares que todo el mundo acepta como moneda de pago.

Como buen parásito, Estados Unidos debe dinero a todo el mundo: 18 billones de dólares. El país debe dinero, el Estado debe dinero, las empresas deben dinero… todos y cada uno de los ciudadanos deben dinero a algún banco.

Las transacciones de petróleo representan casi el 10 por ciento del PIB mundial. Como la propia dominación política y militar estadounidense, todo un fantástico negocio especulativo gira en torno al dólar y a que el comercio internacional se paga en dólares.

En 2000 Francia y otros países de la Unión Europea convencieron a Saddam Hussein para que vendiera el petróleo de Irak a cambio de alimentos en euros. Como dijo la revista Time (13 de noviembre de 2000), a Saddam no le importaba que el euro se estuviera devaluando frente al dólar; lo que no quería era tratar con “la moneda del enemigo” (*).

Al mismo tiempo que esto estaba ocurriendo, algunos seguían enfangados con el mito del “neoliberalismo”

Durante tres años, de 2000 a 2003, otros países exportadores de petróleo, como Rusia, Irán, Indonesia y Venezuela, se unieron a Irak y también amagaron con cobrar el petróleo en otras monedas. El imperio y el negocio amenazaban otra vez con la quiebra, por lo que Estados Unidos invadió Irak y asesinó a Saddam Hussein. Una de las primeras medidas económicas tomadas por los ocupantes fue la de volver al pago del petróleo en dólares.

La excusa con la que entretuvieron al mundo fueron las armas de destrucción masiva.

La guerra de Irak fue un aviso para navegantes.

En 2006 Irán propuso crear una bolsa internacional de petróleo negociada en euros y Putin amenazó con algo parecido. Dos años después la “Iranian Oil Bourse” daba sus primeros pasos. El imperialismo respondió ampliando las sanciones contra Teherán y expulsó a los bancos iraníes del sistema Swift de transferencias bancarias.

Esta vez la excusa fue el programa nuclear del gobierno iraní.

En 2009 Gadafi fue elegido presidente de la Unión Africana. Su proyecto fue crear los Estados Unidos de África que, entre otras cosas, incluiría una moneda unificada, un dinar basado en el oro. Pero, sobre todo, Gadafi empezó a trabajar para que el comercio de petróleo entre los países africanos se pagara con oro.

Dos años después Estados Unidos desató una guerra civil en Libia y Gadafi fue brutalmente torturado y asesinado.

¿Excusa? Los imperialistas ni siquiera se preocuparon por inventar ninguna excusa.

En febrero de 2011 el francés Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, exigió una nueva moneda mundial para hacer frente al predominio del dólar estadounidense. Tres meses después empezó un calvario de denuncias contra él por abusos sexuales que acabaron con su carrera. Fue cesado fulminantemente de su puesto en el organismo financiero internacional.

Ha habido muchos proyectos para sustituir al dólar, pero todos se acabaron en un cajón hasta que en los últimos años han empezado a aumentar los acuerdos bilaterales de “swaps” de divisas, que eluden el control de Estados Unidos sobre el comercio internacional. Esta tendencia no va a cambiar.

Además, China ha empezado a pagar el petróleo ruso en yuanes. Nadie se ha dado cuenta, nadie ha dicho nada, pero el mundo ha perdido su inocencia para siempre.


(*) Saddam Turns His Back on Greenbacks, http://content.time.com/time/magazine/article/0,9171,998512,00.html

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