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| Konstantin Murajtin |
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El ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, ha llamado Lavrov para expresarle sus condolencias por el derribo del Su-24.
El gobierno turco ha informado de que los dos ministros se verán en los próximos días. Es la prueba, dice Lavrov, de que “Moscú no está evitando los contactos con Ankara”.
Las dos partes siguen manteniendo versiones contrapuestas. El gobierno ruso niega que su avión violase el espacio aéreo de Turquía y quien pide disculpas es el gobierno de Ankara. Según el ministro ruso, Cavusoglu se justificó asegurando que Turquía no sabía que se trataba de un caza ruso.
No obstante, Lavrov tiene “serias dudas” sobre esta versión y ha advertido de que “la grabación preparada del derribo sugiere lo contrario”. “Parece una provocación planificada”, ha dicho Lavrov en una comparecencia ante los medios, en la que ha reconocido que el incidente tendrá consecuencias para las relaciones con Turquía. Rusia ya ha recomendado evitar los viajes a territorio turco y evaluará todos los acuerdos en vigor.
Lavrov ha descartado una declaración de guerra: “No vamos a ir a la guerra contra Turquía”. Rebaja así el tono del presidente ruso, Vladimir Putin, que en las horas posteriores al derribo denunció una “puñalada por la espalda” perpetrada por los “cómplices de los terroristas”.
“Advertimos de que todos los objetivos que representen para nosotros una amenaza potencial serán destruidos”, ha dicho el general Serguei Rudskoi, portavoz del Estado Mayor del Ejército. El derribo del Su-24 ya ha supuesto, pues, una escalada bélica en toda la región. A partir de ahora los bombarderos rusos van a viajar escoltados por aviones de combate.
Además, Rusia va a desplegar sistemas antiaéreos S-400 en la base aérea de Hmeymim, a 30 kilómetros de la frontera, y el buque portamisiles “Moskva”, armado con el sistema de defensa antiaérea Fort, se ha situado en Latakia para proteger a los aviones rusos de otro ataque aéreo.
“En breve pediremos al Parlamento que autorice un mandato de hasta 650 soldados”, ha indicado la ministra tras una reunión de la comisión de Defensa del Bundestag, la Cámara Baja alemana.
Es una escalada del militarismo alemán en toda regla, que se ciñe sólo a África. Según la ministra alemana, Alemania también planea incrementar el número de soldados que entrenan a las fuerzas peshmerga kurdas en Irak, pasando de 100 a 150.
Desde el siglo XIX Mali fue una colonia francesa y en 2012 volvieron a su suelo las tropas dentro de la llamada Operación Serval, que desde el año pasado se denomina Operación Barkhane.
El 20 de noviembre en la capital de Mali, Bamako, dos asaltantes armados irrumpieron en el Hotel Radisson y mantuvieron secuestradas a 170 personas (140 de ellas eran clientes y las otras 30 trabajadores del hotel).
El ataque se saldó con la muerte de 18 de los rehenes, que fueron ejecutados por los asaltantes, 1 policía y los 2 atacantes.
Ocho meses antes se produjo otro atentado en el bar La Terrasse de Bamako, que dejó 5 muertos.
En agosto el Frente de Liberación de Macina, un grupo yihadista dirigido por un predicador de la zona de Mopti, llevó a cabo un ataque con toma de rehenes en otro hotel, esta vez en la ciudad de Sevaré.

Para un cristiano Daviq se podría traducir como el “juicio final”, el lugar donde se va a entablar la madre de todas las batallas, el Armagedón o el Apocalipsis. También para los islamistas, el mundo está llegando a su fin.
El sumario va precedido de una significativa cita de Abu Mussab Al-Zarqaui, antiguo dirigente de Al-Qaeda en Irak, ejecutado durante la guerra:
“La chispa ha sido lanzada aquí en Irak y su calor continuará intensificándose -con el permiso de Dios- hasta que ardan las armas cruzadas en Daviq”.
Esta mención se puede interpretar de muchas maneras. La primera es que el Califato Islámico se considera el auténtico heredero de la antigua Al-Qaeda. La segunda es que el proclamado Califato en Irak y Siria ya no ciñe su acción al territorio propio de un Estado sino a cualquier otro lugar, como Francia, sin ir más lejos.
De hecho la revista enumera sus últimas hazañas y dedica más bien poco espacio a los atentados del Viernes 13. Refiere los atentados de Egipto, de Bierut, contra el avión ruso en el Sinaí, muestra fotos de cadáveres y habla de aterrorizar, masacrar y humillar a los enemigos de Dios.
Denuncia la “hubris” (o “hybris”) de Francia y Rusia, un término de origen griego que se podría traducir de muchas maneras: orgullo, soberbia o personalismo. Los “cruzados” padecen ese pecado al pretender considerarse como dioses, al absolutizar la democrcia y el nacionalismo.
El ejemplar dedica un apartado importante al surgimiento de su sucursal en Bangla-Desh, donde el yihadismo es muy pujante.
Parece, pues, evidente que el Califato Islámico se parece más a Al-Qaeda, que abandona definitivamente su santuario en Irak y Siria y se decanta por la yihad mundial. Aunque en la revista los atentados de París son secundarios, ponen de manifiesto que la estrategia del movimiento es internacional.
Es como si traicionaran al título de su revista: la Daviq está por todo el mundo, la yihad no tiene fronteras.
El Califato Islámico acusa a Al-Qaeda por sus alianzas, así como a los talibanes, a los que acusa de nacionalistas y de ocultar la muerte del mullah Omar.
Ellos se consideran a sí mismos como los continuadores de Al-Qaeda. Pero aquella organización fue sólo lo que su nombre indica: una “base”. En realidad, se trataba de una confederación de grupos locales: “nizam la tanzim”, un sistema y no una organización.
La organización, la centralización del yihadismo, empieza con el Califato Islámico.
Es una región estratégica para Estados Unidos, para Rusia y también para las multinacionales petroleras. Además, es el Vaticano de los ecologistas, el “corazón del planeta”, un lugar sagrado.
Por diversos motivos, el Ártico concentra, pues, una parte importante de los conflictos mundiales en el terreno militar, económico e incluso ideológico. Sin embargo, la mayor parte de las noticias tienen como fuente al movimiento ecologista y pivotan sobre la fragilidad medioambiental, de tal manera que da la impresión de un choque entre David y Goliath, los verdes contra la industria petrolera, Greenpeace contra Shell.
En el mundo no hay mejor agencia de publicidad que Greenpeace, no por las intrínsecas cualidades de la organización sino por la favorable acogida que sus “informaciones” tienen siempre en los medios de comunicación de todo el mundo, lo cual es bastante sospechoso.
Como, por lo demás, Greenpeace pone en la picota a un sector tan característico del capital monopolista, como las petroleras, da la impresión de que dicho movimiento tiene algún componente progresista, y lo que es progresista tiene que ser necesariamente cierto. Nadie parece tener en cuenta que Greenpeace también es una multinacional y que la impresión es -más bien- que se trata de una batalla entre multinacionales.
En 2012 Greenpeace inició en todo el mundo una campaña publicitaria para “salvar” al Ártico con el típico alarde de medios de todo tipo en refinerías, maares, puertos y calles, además de un concierto “Réquiem por el Ártico” y la participación de conocidas estrellas, como la actriz Emma Thompson, que prestaron su imagen para la campaña.
En casi todo el mundo la campaña contó con un beneplácito generalizado. No sólo era algo inofensivo sino ejecutado por el bien de la humanidad y, sobre todo, por el bien del planeta (que es más importante que la humanidad).
… Excepto en Rusia, pero ya se sabe que Putin -a diferencia de otros- es un dictador… etcétera, etcétera. En setiembre de 2013 un tribunal de Murmansk condenó a ocho miembros de un barco de Greenpeace a dos meses de prisión por piratería. Fue un aviso para navegantes porque en Rusia la piratería se puede castigar con 15 años de cárcel…
No cabe duda que a Putin no le gustan los ecologistas, y menos los que perturban sus planes militares y económicos en el Ártico. Pero no es tan poco ecologista como parece. Hace lo mismo que la Casa Blanca: utilizar la ecología como instrumento de guerra propagandística. Rusia ha financiado las campañas de los ecologistas de una manera discreta, a través del gabinete Wakefield Quinn, con sede en las islas Bermudas, a través de la sociedad pantalla Klein y la fundación “Sea Change”, con sede en California. En 2011 esta fundación donó 100 millones de dólares a organizaciones ecologistas como “Natural Resources Defense Council”, “Food and Water Watch” o “Center for American Progress”.
No puede haber políticas más contrapuestas que las de Putin y Obama. El mes pasado Rusia anunció que de aquí a finales de año triplicará la extracción de petróleo en el yacimiento de Prirazlomnaya, dentro del Círculo Polar. Por el contrario, Obama ha cancelado los permisos de perforación en Alaska.
Poco antes que Obama, la Shell ya había renunciado a continuar sus perforaciones en el Ártico. El movimiento ecologista pareció ganar la batalla, pero antes hay que averiguar de qué batalla estamos hablando, porque el binomio del petróleo y una reserva natural tan mimada como el Ártico siempre ha tenido un ingrediente ecológico que oculta el componente económico, estratégico y militar.
Que dicho componente sea estratégico no quiere decir que sea el mismo para Rusia que para Estados Unidos. Obama se retira del Ártico lo mismo que de otras regiones del mundo, como Oriente Medio. Por el contrario, para Rusia el Ártico es una pieza fundamental de tipo militar y económico.
Putin ha reactivado diez viejas bases militares soviéticas y ha construido otras cuatro nuevas.
En 2001 Rusia reclamó sin éxito ante la ONU la extensión de su zona económica exclusiva en el Ártico.
En 2007 clavó su bandera a 4.200 metros de profundidad bajo el hielo.
En agosto volvió a reclamar a la ONU una superficie de 1,2 millones de kilómetros cuadrados de hielo.
El primer ministro Medvedev ha anunciado un plan para multiplicar por 20 el tráfico marítimo a través del Ártico.
Dimitri Rogozin, director de la Comisión del Ártico Ruso, ha anunciado unas inversiones de 3.500 millones de euros de aquí a 2020.
La explotación del petróleo de Prirazlomnaya, ha dicho Putin, “ejerce una influencia estimulante sobre la presencia de Rusia en el mercado de la energía y va a reanimar la economía de Rusia”.
Otra diferencia entre Obama y Putin es que el primero se tambalea como un membrillo. Después de varios años de dudas, en agosto volvió a autorizar las prospecciones en el norte de Alaska y luego viajó allá para lanzar el típico mensaje ecologista: hay que luchar contra el calentamiento del planeta.
Naturalmente que su torpeza salió a la luz por enésima vez, hasta que el 16 de octubre recuperó el aliento y volvió a prohibir las perforaciones petrolíferas… hasta 2017.
La rectificación se presentó envuelta de nuevo en una mixtificación ecológica, aunque las verdaderas razones no se pudieron ocultar. En el Ártico las condiciones de extracción del petróleo son difíciles a causa de las temperaturas extremas y, por lo tanto, tiene costes por encima de la media de otras explotaciones. El yacimiento de Prirazlomnaya no es rentable más que a partir de unos precios de 50 ó 60 dólares el barril, por lo que ahora se encuentra precisamente en ese umbral.
Estados Unidos calcula que el bloqueo económico impuesto sobre Rusia, que afecta a casi un 70 por ciento del equipamiento necesario para explotar Prirazlomnaya, obligará a Rusia a cancelar sus planes sobre el Ártico, como les ha ocurrido a ellos mismos. También cree que Rusia no encontrará financiación para sacarlos adelante.
Lo mismo se puede decir de las explotaciones americanas en Alaska. La Shell ha abandonado sus explotaciones a causa de los bajos precios del petróleo.
No obstante, la retirada de Obama se explica más bien por razones estratégicas. A diferencia de Rusia, el Pentágono está cerrando sus bases militares en el Ártico. Por lo menos de momento.
Paradójicamente, a pesar de los pesares y, sobre todo, del bloqueo económico, la Exxon ha decidido invertir en Rusia.
Lo mismo que Turquía, los fascistas ucranianos le dan un giro de 180 grados a la realidad: “La Fuerza Aérea y las tropas antiaéreas de Turquía actuaron profesionalmente y así deben actuar las correspondientes unidades de cualquier país civilizado cuando su espacio soberano es violado por aviones militares de otro Estado”, dice la declaración.
Después Turchinov se permitió el lujo de amenazar a Rusia: “En caso de que nuestro espacio aéreo sea violado por aviones de guerra, los militares ucranianos deberán actuar del mismo modo, defendiendo el país de la agresión aérea”.
El Ministerio ruso de Defensa ha demostrado que el Su-24 no violó el espacio aéreo turco y que fueron los cazas turcos los que penetraron en el espacio aéreo sirio para derribarlo.
Incluso Michelle Baldanza, portavoz del Secretario de Defensa de Estados Unidos, ha declarado que “el Pentágono no puede confirmar que el avión ruso abatido se encontrara dentro del espacio aéreo turco”.
Franz Klintsevich, vicepresidente del comité de defensa y seguridad del Consejo de Federación de Rusia, la Cámara Alta del Parlamento ruso, calificó de “provocación” el derribo del Su-24.
El parlamentario resaltó que Turquía es “uno de los miembros más potentes de la OTAN en cuanto a armamento” gracias a Estados Unidos.
El accidente no afectará a la operación militar rusa en Siria, pero agregó que las decisiones de Moscú sobre el accidente se tomarán “de manera ponderada”. “Tenemos los nervios lo suficientemente templados como para no llevar la situación a una explosión”, declaró.
Los dos tripulantes del bombardero, según el Ministerio de Defensa de Rusia, lograron catapultarse del avión y fueron tiroteados por los yihadistas cuando descendían en paracaídas en territorio sirio, muy cerca de la frontera con Turquía. Uno de ellos falleció. También falleció un miembro de la tripulación del helicóptero que acudió en su rescate.
Putin ha calificado dicha acción como una “puñalada por la espalda de
los cómplices del terrorismo”, en referencia a Turquía. El Presidente del Gobierno, Dimitri Menvedev, tildó de “criminal y descabellada” la actuación de Turquía, que favorece a los yihadistas del Califato Islámico.
La colaboración de Turquía con el Califato Islámico “no es de extrañar”, dijo Medvedev, dado el interés económico directo de “algunos funcionarios turcos vinculados a los suministros de petróleo que se producen en las plantas controladas por el Califato Islámico”.
El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, ha pedido la intervención de la OTAN y la ONU mientras Rusia ha calificado lo sucedido como un “incidente muy serio”.
El Ministerio de Defensa de Rusia asegura que el avión, que volaba a 6.000 metros de altura, no abandonó el espacio aéreo sirio y fue derribado por un F-16 turco.
Este es el primer avión ruso abatido en Siria desde que Rusia comenzó sus bombardeos contra los yihadistas que hace cuatro años promovieron la guerra que desangra a Siria.
Para bombardear a los yihadistas sirios, Rusia se coordina con Estados Unidos y Francia para evitar incidentes entre sus aviones en el espacio aéreo sirio.
A pesar de ello, en varias ocasiones Turquía ha acusado a Rusia de haber violado su espacio aéreo. El 16 de octubre, la aviación turca derribó un dron de origen desconocido.
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| Un rapero yihadista de Alabama |
Inicialmente la lucha nacionalista estuvo dirigida por un grupo denominado “Unión de Tribunales Islámicos”, que llegó a unificar casi la totalidad del país en 2006. Para impedirlo, la Unión Africana envió tropas de Kenia, llamadas Amisom, que, junto a las francesas, invadieron el país. Pronto al cuerpo expedicionario se le unió también el ejército etíope.
La ocupación militar no logró ninguno de sus objetivos declarados. Tras una guerra feroz, en 2011 Kenia y Etiopía lograron expulsar de la capital, Mogadiscio, a los Tribunales Islámicos.
No obstante, sus fuerzas se replegaron a las montañas y regiones más inhóspitas, donde continuaron la guerra.
Al mismo tiempo, el movimiento nacionalista somalí degeneró y se radicalizó. De los Tribunales Islámicos surgió Al-Shaabab, “los jóvenes” en lengua árabe, una organización que aparece de la lucha popular contra los ejércitos ocupantes y pronto pasa a ejecutar acciones indiscriminadas. Su desesperación le conduce a realizar secuestros y atentados suicidas, convirtiéndose en un movimiento temible.
El 4 de enero de 2011 en un atentado contra el complejo ministerial de Mogadiscio mataron a 82 personas.
Además Al-Shaabab extendió su radio de acción a los países vecinos, especialmente Kenia, que mantiene tropas dentro de Somalia, especialmente dirigidas contra los sitios más turísticos.
En setiembre de 2013 asaltan en Nairobi, la capital de Kenia, el centro comercial Westgate, causando 67 muertos en cuatro días.
En abril de este año llega su carnicería más conocida: 147 muertos en el asalto a la Universidad de Garissa, al este de Kenia.
Al-Shaabab es una fuerza capaz de movilizar entre 5.000 y 9.000 hombres armados y dispuestos a todo. En 2010 se incorporaron a Al-Qaeda.
Sin embargo, está fuertemente dividida. Además de un componente nacionalista, hay otro que predica la yihad internacional. También hay algunos partidarios de incorporarse al Califato Islámico.
Como consecuencia de sus rivalidades internas el movimiento ha padecido sangrientas purgas. La más conocida es la ejecución sumaria en setiembre de 2013 del yihadista estadounidense Omar Shafik Hammami, alias “Mansur El Americano”, que con 22 años se incorporó en 2006 a la lucha en Somalia y cuya cabeza el FBI cotizaba a cinco millones de dólares.
El yihadista de Alabama era una vedette del terrorismo con cuenta en Twitter. El rap era su instrumento preferido de propaganda. En 2007 le entrevistaron en Al-Yazira y en 2013 en The Voice of America, poco antes de que le mataran sus propios colegas de la organización.
Cuando le mataron estaba en compañía de otro yihadista de importación, Habib Ghani, alias Abu Osama Al-Britani, cuyo nombre lo dice casi todo acerca de su origen. A su vez, Ghani era la pareja de Samantha Lewthwaite, “La Viuda Blanca”, implicada en los atentados de Londres de 2005.
Al destruir Somalia, el imperialismo ha transformado al país en otro de los paraísos para los yihadistas procedentes del mundo entero. Algunos han llegado desde Chechenia…
Somalia conquistó su independencia en 1959 por la fusión de las colonias del sur, bajo dominación italiana, y norte, bajo dominación británica.Pero el problema de Somalia, como el de otros países de África, son unas fronteras artificiosas. Numerosos somalíes viven en las regiones vecinas de Kenia y Etiopía. Si todas las fronteras africanas que trazaron los imperialistas son inicuas, las de Somalia lo son especialmente, lo que ha conducido a la imposibilidad de mantener unas relaciones diplomáticas fluidas con ellos.
Durante la Guerra Fría Somalia viró hacia la URSS por dos razones distintas. La primera es que los vecinos cayeron en las garras del imperialismo y Somalia se decantó del lado contrario por puro impulso reactivo. La segunda es el dilatado contacto de los somalíes que vivían en Adén (Yemen) con los refugiados y represaliados políticos originarios de India, viejos y experimentados luchadores marxistas que combatían al imperialismo británico.
La influencia revolucionaria en Somalia tuvo su máxima expresión en el golpe de Estado de 1969 que llevó al poder a Siad Barré. Fue una etapa de esplendor, como tantas otras experiencias progresistas y revolucionarias del Tercer Mundo.
Cuando en 1974 Etiopía se unió a aquel proceso revolucionario, la situación en el cuerno de África empeoró notablemente para el imperialismo. Además, se abrió la posibilidad de que ambos países, Somalia y Etiopía, resolvieron sus problemas fronterizos amistosamente. Incluso Fidel Castro viajó a las capitales de ambos países para abrir una negociación.
Un acontecimiento significativo rompió aquel principio de acuerdo entre Etiopía y Somalia: la visita de Kissinger, secretario de Estado del gobierno de Nixon, a Mogadiscio. Kissinger no sólo representaba al imperialismo estadounidense sino al denominado Club Safari, un grupo de países (el Irán del Sha, el Congo de Mobutu, Arabia saudí, Marruecos, Pakistán, Francia) que se habían coaligado para frenar la penetración soviética en el Cuerno de África y en otras zonas, como Angola, Mozambique y las colonias portuguesas en las que desataron feroces guerras civiles contra el movimiento de liberación nacional.
En 1974 el gobierno de Siad Barré traicionó los principios en los que hasta entonces había creído. Se vendió al imperialismo, atacó a Etiopía, provocando la guerra de Ogadén para anexionarse aquella provincia por la fuerza.
Cuando alguien (una persona, un partido, un país) se traiciona a sí mismo, cava su propia tumba. La guerra de Ogadén fue el inicio de la agonía del gobierno de Siad Barré y de la propia Somalia.
El funeral fue en 1990, coincidiendo con la caída del bloque de países socialistas. Desde entonces Somalia no tiene gobierno pero tiene hambre. Tampoco tiene paz. Es un territorio devastado por luchas intestinas entre varias bandas de forajidos que responden al modelo perfecto del imperialismo: cada una de las cuales tiene su padrino y sobre ellas planea el halcón negro en forma de marines, US Navy, humvees, F-15, M-16…
En medio del desastre, en 1992, Estados Unidos puso en marcha una operación militar cínicamente llamada “Restablecimiento de la Esperanza” (Restore Hope) que supuso uno de sus más estrepitosos fracasos, ejemplificado por la película “La caída del halcón negro”.
Era la primera vez que los marines invadían una país africano para apoderarse de él. Eran los tiempos de las “invasiones militares humanitarias”, un precedente de lo que ocurriría luego en los Balcanes. Fue un fracaso porque la población somalí opuso una tenaz resistencia que los imperialistas no esperaban.
Los somalíes demostraron, una vez más, que es posible hacer frente al imperialismo, incluso en el terreno militar, y vencer. El imperialismo se tuvo que conformar con hacer lo mismo que en los Balcanes: balcanizar, es decir, dividir y enfrentar a los somalíes entre sí.
Desde la caída del Telón de Acero en 1990, donde no gobierna el imperialismo, no gobierna nadie. En estos últimos 25 años, casi la mitad de su historia, las crónicas Somalia sólo hablan de destrucción, sobre todo de destrucción de un Estado y de un gobierno, a fin de entregar el país al imperialismo, a sus ONG y a una multitud de grupos mutuamente enfrentados.
Para garantizar “la paz”, o sea, para garantizar la permanencia de la guerra, detrás de Estados Unidos han enviado tropas a Somalia sus vecinos y rivales: Kenia y Etiopía.
En 1974 el imperialismo empujó a Somalia contra Etiopía y ahora empuja a Etiopía contra Somalia. Las tropas etíopes ocuparon Somalia, con el beneplácito de la ONU, de la Unidad Africana y, sobre todo, del Pentágono.

Pero a diferencia de esos otros países devastados, como Libia, cuyo desastre comienza con la Primavera Árabe de 2011, Somalia es una tierra arrasada desde hace ya un cuarto de siglo. Sucedió en 1990, coincidiendo con el desmantelamiento de la URSS, y no por casualidad.
Algún universitario de pacotilla dirá que es otro ejemplo de “Estado fallido” y nosotros diremos que no, que es un ejemplo de “Estado follado”, jodido, destruido y masacrado y que esa situación tiene autores identificables, que no son precisamente africanos: son los imperialistas de Washington, de Londres y de París.
Somalia aparece en la prensa como por arte de magia cuando los “piratas” secuestran algún barco pesquero. Entonces las situaciones vuelven a aparecer invertidas: los verdaderos piratas son los que van a las costas somalíes, las más largas de África (3.300 kilómetros), a arrebatar el alimento de los somalíes, que desde hace años padecen la mayor hambruna del continente negro.
Según la ONU en Somalia el hambre ha costado la vida de 250.000 personas y los medios dirán también que es una de esas “catástrofes naturales” que asolan el planeta, como la sequía, el viento o las mareas. Pero si en Somalia hay algún tipo de catástrofe es social y nada más que social.
Somalia tenía (tiene) todos los ingredientes para ser un país envidiable. Su situación en el Océano Índico no puede ser más estratégica. Atesora reservas de petróleo y numerosos recursos minerales. Su población no está dividida por diferentes religiones. Todos hablan el mismo idioma…
Esta vez no hay disculpa: Somalia no padece otra lacra diferente del imperialismo. Es un país que no tiene Estado. Es un país en guerra permanente. Es un país invadido y ocupado por Estados Unidos, por Kenia, por Etiopía, por… razones “humanitarias”, para socorrer a los hambrientos, para ayudar a los desplazados, para curar a los heridos, para evitar los secuestros…
La población de Somalia podría disfrutar de una vida muy holgada con el dinero y la ayuda que a ella destina la caridad imperialista, que es abundante e incluso sobra. Sólo las fuerzas internacionales de “mantenimiento de la paz” cuestan 1.000 millones de dólares.
Pero a pesar de la generosidad con que el imperialismo derrocha el dinero, en Somalia no hay paz sino todo lo contrario. Si repartieran los miles de millones entre los menos de 10 millones de somalíes, se darían un buen festín.
Si los imperialistas no pescaran sin licencia, de una manera que en cualquier país europeo está prohibida, como el uso de explosivos, la situación en Somalia podría mejorar porque la población no tendría los caladeros vacíos.
Si los imperialistas no arrojaran los desechos nucleares en su territorio, la salud de los somalíes no quedaría afectada. El tsunami de 2005 esparció por vastas regiones de Somalia la basura nuclear que los europeos han arrojado durante años por todos los rincones. Si no trataran a África como un vertedero, no sería necesaria la posterior asistencia médica, que no es -en absoluto- desinteresada.






