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Reino Unido debe hacer ‘preguntas difíciles a amigos cercanos’

Rori Donaghy
Un informe parlamentario británico publicado a mediados de julio concluye que existen “pruebas históricas” que demuestran que el grupo Califato Islámico ha recibido fondos procedentes de los Estados árabes del Golfo. El ministerio de Defensa ha presentado esas pruebas al Comité Especial de Asuntos Exteriores declarando lo siguiente: “Existen pruebas históricas de entregas de dinero al Califato Islámico procedente de los Estados del Golfo. Además, se rumorea que se hacen al Califato Islámico entregas familiares mediante sistemas alternativos de transferencias de fondos no reglamentados”.

Entre estos sistemas alternativos figuran métodos de transferencia de dinero a escala mundial que solo contienen unas informaciones muy escasas sobre las personas implicadas en la transacción; por ejemplo, la divisa manejada a través de internet, el bitcoin.

El Ministerio de Defensa británico menciona como prueba un incidente sucedido en septiembre de 2004, cuando un responsable del Califato Islámico fue sancionado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos tras haber recibido una entrega de dos millones de dólares “procedentes del Golfo”. Igualmente, ese Ministerio ha declarado que las donaciones privadas al Califato Islámico son “mínimas” en relación a sus otras fuentes de ingresos, entre las cuales se encuentran el petróleo y los impuestos.

En una evaluación de las finanzas del Califato Islámico, el comité ha estimado que Gran Bretaña debiera estar en disposición de “hacer preguntas difíciles a amigos cercanos”, cuando se trata de discutir la manera en que esas entregas llegan al grupo militante con base en Siria e Irak.

El informe concluye que el Califato Islámico ha estado sometido a una fuerte presión financiera tras una campaña internacional continuada que ha obligado al grupo a emplear el “gangsterismo y el chantaje de protección” para obtener dinero.

El informe considera que la caída de los precios del petróleo y los ataques aéreos en Siria e Irak han reducido la capacidad operativa del grupo. Sin embargo, la parte más controvertida es sin ninguna duda la sección relativa a las donaciones al Califato Islámico.

Mientras que el gobierno ha indicado al comité que no había ninguna prueba de ningún país hubiera dado fondos al Califato Islámico como parte de una “política”, se han despertado preocupaciones respecto a cómo han reaccionado los Estados del Golfo al impulso inicial del grupo, antes y durante la toma de la ciudad irakí de Mosul en junio de 2014. Según el Ministerio de Defensa, Turquía, Arabia saudí, Kuwait y Qatar han jugado un “papel importante” en la coalición contra el Califato Islámico, pero los responsables de Asuntos Exteriores han precisado que “algunos gobiernos de la región no han podido impedir que transferencias de sus ciudadanos hayan llegado al Califato Islámico”.

El ministro encargado del Medio Oriente, Tobias Ellwood, ha indicado al comité que, tras “atraerse inicialmente la atención internacional”, el grupo “puede haber sido contemplado como un defensor de los musulmanes sunitas en las guerras de Irak y Siria”.

El antiguo primer ministro irakí Nuri Al-Maliki, que ejerció entre 2006 y 2014, fue acusado en numerosas ocasiones de favorecer a su confesión chiíta y oprimir a los musulmanes sunitas irakíes. En Siria, donde tiene lugar una guerra civil brutal desde el año 2011, el presidente Bashar Al-Assad ha sido acusado de tomar como blanco a los musulmanes sunitas que desean su derrocamiento.

Ellwood ha declarado que el período durante el que el Califato Islámico era considerado como un defensor de los sunitas se remontaba a “antes de 2014”. Dan Chugg, jefe del grupo de trabajo de Asuntos Exteriores dedicado al Califato Islámico, ha declarado al comité que “hace unos dos años”, el Califato Islámico “tal vez consiguió atraer donaciones de sunitas favorables, los Estados más ricos de la región, las monarquías sunitas del Golfo, produciendo una especial inquietud”.

“Esto ha constituido un problema en los primeros momentos de la organización Califato Islámico, ya proviniera el dinero de los países del Golfo o de otros lugares”, declara Chugg. El comité ha solicitado la opinión de Ellwood sobre los informes que especulan que las transferencias podrían haber sido enviadas al Califato Islámico por individuos cercanos a las familias reales del Golfo. La respuesta de Ellwood es que “tenemos que reconocer que es muy opaco. Que alguien cercano a los miembros principales de una familia real sea un rico donante y decida financiar es algo muy probable”. Sobre la misma cuestión de una implicación de las familias reales, de forma directa o indirecta, en la financiación del Califato Islámico, Chugg ha declarado al comité: “Con algunos de estos países es difícil saber exactamente lo que financia el gobierno y lo que no, cuando se trata de familias reales, ricos príncipes y cosas similares. Nuestra estrategia es no intentar determinar de quién es el problema, sino poner fin a la financiación del Califato Islámico. Eso es lo importante. Ver sobre qué debemos concentrar nuestros esfuerzos”.

Los Estados del Golfo y Turquía han negado siempre las acusaciones de financiación del Califato Islámico, y han defendido sus acciones destacando su papel en la coalición internacional que intenta vencer al grupo.

Sin embargo Chugg ha explicado que aunque él “no esté al tanto de pruebas tangibles que demuestren que estos países financiaban al Califato Islámico” hace dos años, “existían numerosas especulaciones indicando que estos países no desempeñaban un papel nada útil” en la ofensiva contra el grupo.

El informe pone a las claras que los Estados de la zona han puesto en marcha, posteriormente, infraestructuras jurídicas e institucionales para poner fin a la capacidad del Califato Islámico de recoger fondos; pero añade que algunos Estados han sido “lentos” a la hora de establecer estas medidas. Por ejemplo, Arabia saudí declaró ilegal la financiación del Califato Islámico por parte de sus ciudadanos en marzo de 2015, mientras que Gran Bretaña había clasificado el grupo como “terrorista” en junio de 2014. El informe termina su sección sobre las transferencias al Califato Islámico apelando a que Gran Bretaña trabaje con sus aliados regionales “para vigilar que tengan la capacidad y la voluntad de hacer respetar rigurosamente las leyes locales, para impedir la financiación del Califato Islámico, de manera que el grupo no pueda beneficiarse en el futuro de donaciones”.

Fuente: http://www.middleeasteye.net/fr/reportages/l-ei-re-u-un-financement-secret-des-tats-du-golfe-selon-un-rapport-du-parlement

Turquía vacía las cárceles de presos para meter a los golpistas

Turquía va a liberar a 38.000 presos condenados por hechos que se hayan producido antes de 1 de julio, es decir, antes del fallido golpe de Estado, acaba de anunciar el ministro de Justicia, Bekir Bozdag.

Después de las detenciones masivas practicadas tras el golpe, las cárceles están hacinadas y no hay sitio para más.

Según Amnistía Internacional, desde el intento de golpe han sido detenidas más de 10.000 personas, entre ellos 2.101 jueces y fiscales. Se han dictado 42 órdenes de detención contra periodistas (a 25 de julio) y había seis periodistas detenidos (a 26 de julio).

El 23 de julio se amplió el plazo máximo de la detención preventiva sin cargos de cuatro a 30 días, en virtud del primer decreto promulgado bajo el estado de excepción.

Las conversaciones entre los acusados y sus abogados pueden ser grabadas por la Fiscalía.

Además, al menos 270 personas murieron durante la intentona y más de 2.000 resultaron heridas.

Más de 45.000 personas han sido suspendidas de empleo o despedidas, entre ellas policías, jueces y fiscales.

Otro de los principales objetivos de la purga es el sistema educativo: 21.000 profesores de escuelas privadas han perdido su licencia educativa y más de 10.000 funcionarios del Ministerio de Educación han sido apartados; cerca de 1.500 decanos han sido forzados a dimitir; 1.000 escuelas educativas privadas y 15 universidades han sido cerradas

En los días siguientes al intento de golpe el gobierno bloqueó 20 sitios web de noticias.

Se han revocado las autorizaciones de más de 100 medios de comunicación y cancelado las credenciales de prensa a decenas de periodistas.

El periodo inicial del estado de excepción impuesto el 20 de julio es de 3 meses. La situación confiere al consejo de ministros la facultad de gobernar por decreto para eludir el control parlamentario.

Estados Unidos construyó una base militar secreta bajo el hielo de Groenlandia

En 1959 el cuerpo de ingenieros de Estados Unidos construyó una base militar subterránea en Groenlandia. La obra se encubrió con el pretexto de investigar la viabilidad de trabajar bajo hielo. En realidad, Estados Unidos estuvo trabajando de 1960 a 1966 en el Proyecto Iceworm para construir una red de misiles nucleares móviles bajo hielo, que le permitiera atacar a la URSS.

La base que Estados Unidos construyó bajo hielo se conoce hoy en día como Camp Century. Tiene 8 metros de profundidad y recorre 1,6 kilómetros. En ella vivieron cerca de 200 soldados. En ella Estados Unidos almacenó toda clase de elementos biológicos, químicos y radioactivos. Al interrumpir el proyecto, dejaron abandonados los residuos tóxicos.

En la Guerra Fría, Groenlandia se convirtió en un punto estratégico para Estados Unidos, pues era el camino más corto para que los bombarderos y los misiles alcanzaran la URSS.

El Proyecto Iceworm pretendía almacenar 600 misiles balísticos intercontinentales, que eran transportados por un sistema de rieles y túneles bajo la capa de hielo.

Para ocultarlo, el Pentágono engañó a todo el mundo hablando del proyecto Camp Century, que planeaba la construcción de una supuesta ciudad bajo el hielo en la que científicos, ingenieros y militares trabajarían juntos. Ni siquiera al gobierno de Dinamarca, bajo cuya soberanía está Groenlandia, le informaron de los verdaderos planes del Pentágono.

Excavaron 21 túneles de tres kilómetros de largo bajo la capa de hielo. Allí se construyeron laboratorios, una biblioteca, una iglesia, un café, salas de descanso, lavanderías y cuarteles. Gracias al reactor nuclear móvil Alco PM-2A, el primero en su tipo, el campamento contaba con energía, sistemas de filtrado de agua y calefacción para las 200 personas que allí vivían.

El Pentágono convirtió a Camp Century en parte de su propaganda acerca de la superioridad tecnológica de Estados Unidos. Pero fue un fracaso rotundo, tanto científico como militar, sobre todo teniendo en cuenta los millones de dólares invertidos. Los soldados debían retirar más de 120 toneladas de nieve y hielo para evitar que las paredes y el techo de la construcción se vinieran abajo.

En 1962 la estación de energía atómica se vio amenazada por la caída del techo y en 1964 por la deformación de los túneles, por lo que ese año fue desmontada. La estación trabajó un año más con generadores diésel, pero en 1965 fue totalmente evacuada.

Atentado con coche bomba del PKK contra una comisaría de policía

El exdirigente del PKK Semdin Sakik
Dos policías y un civil murieron y otras 25 personas, entre ellas ocho policías, resultaron heridas ayer cuando el PKK hizo detonar un coche cargado con explosivos cerca de una comisaría de la policía de tráfico en Sukurlu, un barrio de Diyarbakir, la capital de Kurdistán.

Más de 500 miembros de las fuerzas de seguridad turcas, miles de miembros del PKK, así como civiles, han muerto en enfrentamientos dentro de Turquía y en el norte de Irak desde el pasado mes de julio.

Desde 1984 en los enfrentamientos han perdido la vida más de 40.000 personas. La guerra se intensificó a partir de 1990, cuando estalló la Primera Guerra del Golfo.

En aquel momento el presidente turco Turgut Özal quien, por cierto, era kurdo, rompió la política kemalista en Kurdistán, iniciando negociaciones con el PKK para amnistiar a los presos políticos, permitir su actuación electoral y otorgar la autonomía.

Poco después, en 1993, el máximo dirigente del PKK, Abdullah Öçalan, anunció un alto el fuego, que fracasó cuando un alto dirigente del PKK, Semdin Sakik, que se oponía a la tregua, organizó una emboscada en la que murieron 30 soldados turcos que estaban desarmados.

En 1998 Sakik abandonó el PKK y se afilió al Partido Democrático de Kurdistán. La policía le detuvo y hoy es muy conocido en Turquía porque en 2012 declaró como testigo en el caso Ergenekon, una de las depuraciones emprendidas por Erdogan del aparato del Estado por la vía judicial.

Durante el juicio Sakik declaró que con motivo de la tregua se organizó un complot dentro del ejército turco llamado “Dogu Çalisma Grubu” (Grupo de Estudios Orientales). Al menos una parte de los altos oficiales del ejército conocían los planes del PKK y deliberadamente desarmaron a los soldados para que pudieran ser masacrados en la emboscada. De esa manera sabotearon la tregua, se lanzaron a la represión sobre Kurdistán y, para que no quedaran interlocutores, asesinaron al presidente Turgut Özal.

Los hechos demuestran, pues, que la situación en Kurdistán depende extraordinariamente tanto del imperialismo en Oriente Medio como de la correlación de fuerzas en Ankara y que las organizaciones kurdas siguen siendo instrumentalizadas, tanto por unos (los imperialistas) como por otros (ejército turco).

Entre otras cosas, en el juicio Sakik manifestó que el general de la gendarmería (policía militarizada) turca Veli Küçük había entrenado a los militantes del PKK. Al mismo tiempo, el general Küçük es la cabeza de la organización paralela Ergenekon, a la que se puede describir como el Gladio turco. Le detuvieron en 2008 y tiene dos cadenas perpetuas.

Las declaraciones de Sakik resultaron chocantes porque Ergenekon había actuado como una policía paralela asesinando a los simpatizantes del PKK en acciones de guerra sucia.

La OTAN lanzó dos misiles contra Siria desde España

En el verano de 2013 la OTAN lanzó desde España dos misiles contra Siria que fueron interceptados por los radares rusos y no llegaron a su destino. Formaban parte del arsenal de 624 con los que la alianza imperialista quiso arrasar Siria, según una entrevista en directo de la cadena de televisión Rusia 24 con Serguei Shoigu, el ministro ruso de Defensa, emitida este lunes.

Esta parte de la información la publicó en su momento el diario libanés As Safir procedente de una fuente diplomática, dejando tras de sí una información confusa, ya que Israel negó haberlos lanzado mientras que Rusia confirmó el lanzamiento.

Poco después, Israel afirmó que fueron disparados en el curso de unas maniobras conjuntas con Estados Unidos y que habían caído en el mar, añadiendo que los lanzamientos no estaban relacionados con la guerra de Siria.

En aquel momento, como publicamos en la entrada anterior, la OTAN estaba amenazando de manera secreta al gobierno de Damasco con un lanzamiento masivo de misiles con la excusa de los arsenales de armas químicas en su poder.

El diario As Safir señaló que fueron “las fuerzas estadounidenses las que dispararon los dos misiles desde una base de la OTAN en España”, que fueron instantáneamente detectados por los radares rusos y confrontados por sus sistemas de defensa antimisiles, de tal modo que uno explotó en el aire y el otro cayó desviado hacia el mar.

El diplomático que relató el incidente añadió que “la guerra de Estados Unidos contra Siria comenzó y terminó en el momento en que dos misiles balísticos fueron disparados”.

En su entrevista del lunes, Shoigu no desveló la localización desde la que fueron lanzados los dos misiles, ni tampoco su derribo y la agencia Al-Manar se pregunta por los motivos del silencio del ministro ruso. ¿Por qué?

La explicación de la agencia libanesa es la siguiente: en el momento en el que los misiles fueron lanzados, el jefe del servicio ruso de inteligencia contactó con sus homólogos estadounidenses y les marcaron los límites muy claramente: “Atacar Damasco significa atacar Moscú”.

Rusia censuró la información de que había derribado los dos misiles para preservar sus relaciones bilaterales y evitar una escalada, pero advirtió muy claramente a Estados Unidos que debía reconsiderar su política hacia Siria, “y pueden estar seguros que no pueden eliminar nuestra presencia en el Mediterráneo”, añadieron los rusos.

Este choque frontal aclaró al Pentágono que los rusos estaban dispuestos a ir hasta el final en su apoyo a Siria y que ellos no tenían otra salida que recurrir a Moscú para buscar una salida que les permitiera salvar la cara en el asunto del armamento químico.

La fuente diplomática dijo a As Safir que “con el fin de evitar una mayor confusión estadounidense y después de que Israel negara saber nada sobre el disparo de los misiles en su primera declaración, lo cual era verdad, Washington pidió a Tel Aviv que asumiera el disparo de los misiles con el fin de salvar su cara ante la comunidad internacional, especialmente dado que estos dos misiles eran el inicio de la operación militar contra Siria, después de lo cual se suponía que Obama iba a acudir a la Cumbre del G-20 en Rusia para negociar el destino del presidente sirio, Bashar al Assad. Sin embargo, él fue allí a buscar una salida del punto muerto en el que se encontraba”.

El diplomático indicó además que “después del choque entre Estados Unidos y Rusia a causa de los misiles, Moscú buscó incrementar su presencia naval en el Mediterráneo. También se fijó un plazo para anunciar su iniciativa para impedir la agresión contra Siria a continuación de la Cumbre del G-20, tras los encuentros que tuvieron lugar al margen de la misma y que fueron seguidos por dos visitas sucesivas del viceministro de Exteriores iraní, Hussein Amir Abdul Lahyan, y del ministro sirio de Exteriores, Walid al Muallim, que fueron coordinadas con el lado ruso. En el transcurso de la visita de Muallim se llevó a cabo un anuncio sirio sobre la aprobación de la iniciativa rusa, que puso destrucción de las armas químicas de Siria bajo supervisión internacional”.

Finalmente, la fuente señaló que “uno de los primeros resultados del choque militar ruso-estadounidense fue que la Cámara de los Comunes británica rechazó participar en la guerra contra Siria. Esto fue seguido por la toma de posición de otros gobiernos europeos, como el de Angela Merkel en Alemania, en contra de un conflicto en el país árabe”.

Encierran de por vida al líder del programa nuclear brasileño y a su hija

Eliminar la «B» de BRICS y a todo aquel que tenga en mente la independencia de Brasil de los centros financieros mundiales; ese parece ser el trasfondo de la supuesta «investigación» conocida como Lava Jato que ha logrado echar abajo al gobierno de Dilma Rousseff.
El juez brasileño Marcelo da Costa Bretas emitió el jueves 4 de julio una absurda sentencia de 43 años de prisión para el vicealmirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, el científico militar de 76 años de edad que inició y supervisó el desarrollo los vanguardistas programas nucleares científicos y tecnológicos de Brasil desde fines de la década de 1970.
El vicealmirante Pinheiro fungía como director ejecutivo de la compañía estatal nuclear, Eletronuclear, cuando lo arrestaron por primera vez en julio de 2015, acusado por cargos salidos de la 16ava fase de la operación británica y de Obama y los banqueros internacionales denominada Lava Jato como un ataque contra la nación, en la llamada Operación Radioactividad, porque estaba dirigida contra la industria nuclear. Mientras que otros acusados se rindieron ante los chantajes y presiones judiciales de la cacería de brujas, el vicealmirante negó todos los cargos y se rehusó a aceptar una negociación de culpabilidad.
En dos años, Lava Jato ha sacado de su puesto a la Presidente legítima del Brasil, ha paralizado y casi llevó a la bancarrota a la compañía petrolera estatal, Petrobras, y a todas las compañías privadas significativas de construcción y de ingeniería del país, y ha puesto en la cárcel a varios de sus directores principales, civiles y militares por igual, con el pretexto de dizque «combatir la corrupción». Pero la sentencia contra el vicealmirante Othon es mucho mayor, en décadas, que cualquiera otra que se haya impuesto a las víctimas de Lava Jato. Y a su hija, que trabajaba con él en la industria nuclear, le dieron 14 años y 10 meses de cárcel por los mismos cargos supuestos de corrupción.
El vicealmirante Pinheiro es considerado uno de los líderes más creativos y audaces de Brasil en las últimas cuatro décadas. En 1974, a la edad de 35 años como capitán de navío, le solicitó a sus superiores que lo enviaran al MIT a estudiar ingeniería nuclear, un campo en el cual no tenía ningún base previa.
Brasil comenzó a construir su primera planta nuclear en 1972, pero fue sujeto a ataques angloamericanos y a la obstrucción de su industria nuclear desde un principio.
Cuando Pinheiro regresó de sus estudios en 1979, se le llegó a conocer como «el loco» por su empeño en la necesidad de que Brasil dominara el ciclo completo del combustible nuclear, y que desarrollara su propia industria y tecnología para el enriquecimiento del uranio para asegurar su industria nuclear. Convenció a sus superiores del proyecto y comenzó a crear el programa brasileño de enriquecimiento de uranio de la nada. Tuvo la idea de desarrollar una capacidad de propulsión nuclear autóctona, es decir, un submarino nuclear. Convenció al gobierno brasileño para que le diera luz verde y dirigió la ejecución del proyecto.
El programa nuclear de la Armada que él creó ha sido la espina dorsal de la industria nuclear civil de Brasil hasta la fecha.
La sentencia de muerte en prisión en contra del vicealmirante fue por cargos que van desde el lavado de dinero, obstrucción de la justicia, y participación en una «asociación delictiva» por presuntamente tomar $1.2 millones de dólares en sobornos para la construcción de la tercera planta nuclear de Brasil. El aparato de Lava Jato acusó al vicealmirante de que su delito era particularmente odioso porque el había mantenido contacto con el liderato de Eletronuclear.
Pero ya empezó a manifestarse una reacción. El prominente periodista nacionalista Mauro Santayana escribió el mismo día un artículo publicado en el diario Jornal do Brasil, donde destaca que en cualquier país sensato, el vicealmirante Othon Pinheiro, «uno de los mejores científicos brasileños» —que ha sido condecorado con la Gran Cruz del Mérito Científico Nacional en 1994, entre otras condecoraciones— sería considerado con todos los honores.
Santayana hace referencia a otros incidentes anteriores, cuando se descubrió que la CIA había plantado espías enseguida del apartamento del vicealmirante, y dice que la misma «potencia extranjera» que hizo eso, está detrás de los jueces de Lava Jato. No obstante, Santayana advierte que el juicio de la historia tendrá su día, y señala que «como a la mayoría de los patriotas, nacionalistas, académicos judiciales y constitucionalistas, las fuerzas armadas brasileñas han tolerado con un digno silencio… las amenazas que, como buitres, rondan sobre los numerosos proyectos de defensa que empezaron en la última década, y contra las compañías responsables por ellos… en el nombre de una hipócrita pseudo campaña contra la corrupción».

https://es.larouchepac.com/es/20160806/lider-del-programa-nuclear-de-brasil-condenado-43-anos-de-prision

Rusia impidió que la OTAN arrasara Siria con un ataque masivo de misiles

Serguei Shoigu, ministro ruso de Defensa
Ayer el ministro ruso de Defensa, Serguei Choigu, anunció que en 2013 Rusia impidió un ataque de la OTAN contra Siria de 624 misiles crucero, según declaró en directo en una emisión de la cadena de televisión Rusia 24.

La OTAN estaba dispuesta a arrasar Siria por completo, aseguró Shoigu, lo que Putin pudo impedir intercediendo con el gobierno de Damasco para que destruyera su arsenal químico.

El ministro dijo que tras un bombardeo de esas dimensiones reconstruir la estructura del Estado hubiera sido extraordinariamente difícil.

Por lo demás, Shoigu se mostró confiado en que Rusia y Estados Unidos encontrarán un acuerdo para iniciar la lucha conjunta contra el Califato Islámico en Alepo.

También expresó su esperanza de que un acuerdo así pudiera contribuir a restablecer la paz en la región, devastada por los combates, y que la gente pueda regresar a sus hogares.

El 14 de septiembre de 2013 Rusia y Estados Unidos firmaron un acuerdo para que el gobierno de Damasco destruyera todo su arsenal de armas químicas.

Dicho acuerdo se logró pocas semanas después de un ataque químico el 21 de agosto, en el que 1.400 personas murieron intoxicadas. Los medios que ejercen como portavoces del imperialismo imputaron el ataque al gobierno de Bashar Al-Assad.

Posteriormente se comprobó que dicho ataque fue obra de los “rebeldes moderados” apoyados por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Turquía y los países del Golfo, que fueron quienes les suministraron dichas armas y les instruyeron en su manejo.

El príncipe Bandar bin Sultan que envió las armas, quería usar los ataques con gas como pretexto para provocar una intervención imperialista contra Siria. Los expertos señalaron más tarde que el gas sarin usado en el ataque no era del tipo que tenía el ejército regular en sus arsenales.

El setiembre del año pasado, la BBC informó de que en la guerra de Siria se había utilizado armamento químico, normalmente gas cloro, en 60 ocasiones, aunque imputaba la responsabilidad del crimen al Califato Islámico.

Recientemente, esos mismos “moderados” volvieron a utilizar armas químicas en la batalla de Alepo. Sin embargo, Estados Unidos nunca les ha bombardeado con misiles crucero. En Washington siempre tienen dos varas de medir.

Los que han provocado el terrorismo en Oriente Medio no pueden acabar con él

Seumas Milne

(artículo publicado en ‘The Guardian’ en junio del pasado año)

La guerra contra el terror, esa eterna campaña lanzada hace catorce años por George Bush se retuerce con contorsiones más grotescas. El juicio en Londres de un sueco, Bherlin Gildo, acusado de terrorismo en Siria, colapsó tras aclararse que la inteligencia británica había estado armando a los mismos grupos rebeldes de cuyo apoyo se acusaba al procesado. La acusación abandonó el caso, aparentemente para evitar complicar a los servicios de inteligencia. La defensa argumentó que seguir adelante con el juicio hubiera sido una “afrenta a la justicia” cuando había buenas pruebas de que el propio Estado británico había proporcionado “amplio apoyo” a la oposición armada siria.

Esto no sólo incluía la “asistencia no letal” cacareada por el gobierno (incluyendo blindaje personal y vehículos militares), sino entrenamiento, apoyo logístico y la entrega en secreto de “armas de forma masiva”. Algunas informaciones citan que el MI6 ha estado cooperando con la CIA en una “línea de escape” de armas, desde los almacenes en Libia hacia los rebeldes sirios en 2012, tras la caída del régimen de Gadafi.

Claramente, el absurdo de enviar a alguien a la cárcel, por hacer lo mismo que los ministros y los oficiales de seguridad hacían, era demasiado. Pero éste es solamente el último en una serie de casos similares. Menos suerte tuvo el taxista londinense Anis Sardar, quien, por haber participado en 2007 en la resistencia contra la ocupación de Irak por fuerzas británicas y estadounidenses, fue condenado a cadena perpetua quince días antes. La oposición armada a una invasión u ocupación ilegal no constituye claramente terrorismo ni asesinato en la mayoría de las definiciones, incluyendo la Convención de Ginebra. Pero el terrorismo está ahora en el ojo del espectador. Y en ningún lugar es esto ahora más cierto que en Oriente Medio, en donde los terroristas de hoy son los luchadores de mañana contra la tiranía, y los aliados son enemigos, frecuentemente dependiente del desconcertante capricho de una conferencia de los políticos occidentales.

En 2014 Estados Unidos, el Reino Unido y otras fuerzas occidentales volvieron a Irak, supuestamente para destruir el ultrasectario grupo terrorista Califato Islámico (anteriormente conocido como Al-Qaeda en Irak). Esto sucedió tras la toma por parte del Califato Islámico de grandes trozos del territorio sirio e iraquí, y la proclamación de un peculiar califato islámico. La campaña no está marchando bien. El último mes, el Califato Islámico entró en la ciudad iraquí de Ramadi, mientras al otro lado de la ahora inexistente frontera sus fuerzas conquistaban la ciudad siria de Palmira. La franquicia oficial de Al-Qaeda, el Frente Al-Nosra, también ha estado haciendo avances en Siria.

Los irakíes se quejan de que Estados Unidos se sentó a mirar mientras todo eso sucedía. Los norteamericanos insisten en que están evitando causar daños a civiles, y alegan importantes éxitos. En privado, los funcionarios dicen que no quieren que se les vea como atacantes de las fuerzas sunníes en una guerra sectaria, y molestar a sus aliados sunníes del Golfo. Una luz reveladora de cómo hemos llegado aquí lo ha proporcionado un informe secreto de la inteligencia de Estados Unidos recientemente desclasificado, escrito en agosto de 2012, que predice de forma asombrosa, y en la práctica celebra, la perspectiva de un “pequeño Estado soberano salafista” en el este de Siria, y un Califato Islámico dirigido por Al Qaeda en Siria e Irak. En duro contraste con las afirmaciones occidentales de aquel tiempo, el documento de la Defense Intelligence Agency identifica a Al-Qaeda en Irak (que se convirtió en el Califato Islámico) y otros salafistas como “las principales fuerzas impulsoras de la insurgencia en Siria”, y afirma que los “países occidentales, los Estados del Golfo y Turquía” apoyaban los esfuerzos de la oposición para tomar el control en el este de Siria.

Planteando la “posibilidad de establecer un Estado salafista declarado o no”, continúa el informe del Pentágono, “esto es justamente lo que quieren las fuerzas opositoras, de cara al aislamiento del régimen sirio, que se considera la profundización de la estrategia de la expansión chiíta (Irak e Irán)”.

Y esto es justamente lo que sucedió dos años más tarde. El informe no es un documento político. Está redactado de forma básica y tiene ambigüedades en el lenguaje, pero las implicaciones quedan suficientemente claras. Tras un año de rebelión en Siria, Estados Unidos y sus aliados no solamente apoyaban y armaban a una oposición que sabían dominada por grupos ultra sectarios; estaban preparados para permitir la creación de algún tipo de “Califato Islámico” (pese al “grave peligro” para la unidad de Irak) a modo de colchón sunní para debilitar a Siria.

Esto no significa que Estados Unidos creara el Califato Islámico desde luego, pese a que algunos de sus aliados del Golfo jugaran un papel en ello, como el vicepresidente Joe Biden reconoció en 2014. Pero no había ningún Al-Qaeda en Irak hasta que Estados Unidos y el Reino Unido lo invadieron. Y los Estados Unidos ciertamente han aprovechado la existencia del Califato Islámico contra otras fuerzas en la zona como parte de una operación más amplia de mantener el control de los occidentales.

El cálculo cambió cuando el Califato Islámico comenzó a decapitar occidentales y a publicar atrocidades en línea; los Estados del Golfo respaldan ahora a otros grupos en la guerra de Siria tales como el Frente Al-Nosra. Pero esta costumbre de los países occidentales de jugar con los grupos yihadistas, que luego les muerden, se remonta por lo menos a la guerra de los años 80 contra la Unión Soviética en Afganistán, que promovió a la Al-Qaeda original, bajo la tutela de la CIA.

Se volvió a calibrar durante la ocupación de Irak, en donde las fuerzas norteamericanas dirigidas por el general Petraeus patrocinaron un estilo de guerra sucia, tipo El Salvador, empleando escuadrones de la muerte sectarios para debilitar la resistencia irakí. Y se retomó en 2011 durante la guerra de la OTAN contra Libia, en donde el Califato Islámico tomó el control de la ciudad natal de Gaddafi, Sirte.

El realidad, la política de Estados Unidos y Occidente en la conflagración en Oriente Medio pertenece al clásico modelo de divide y vencerás. Los norteamericanos bombardean a un grupo de rebeldes mientras apoyan a otros en Siria, y organizan operaciones militares conjuntas con Irán contra el Califato Islámico en Irak, mientras apoyan las campañas militares de Arabia saudí contra las fuerzas hutis respaldadas por Irán en Yemen. Pese a lo confusas que puedan ser las políticas de Estados Unidos, una Siria y un Irak débil y fragmentado cumplen ese enfoque a la perfección.

Está claro que el Califato Islámico y sus monstruosidades no serán derrotados por las mismas fuerzas que lo llevaron los primeros a Irak y a Siria, y cuya guerra abierta o cubierta lo ha promovido en estos años. Las eternas intervenciones militares occidentales en Medio Oriente solamente han traído división y destrucción. Solo los pueblos de la región pueden curar la enfermedad, y no aquellos que incubaron el virus.

Fuente: https://www.theguardian.com/commentisfree/2015/jun/03/us-isis-syria-iraq
 

Otro caso de complicidad de Amnistía Internacional con los yihadistas

El apoyo a los yihadistas vuelve a poner en la picota el papel de las ONG como correas de transmisión del imperialismo. Hasta 2012 Amnistía Internacional se destacó por sus campañas de defensa de Ussama Atar, un yihadista belga detenido en Irak. Una vez logrado su objetivo, Atar está hoy perseguido por la policía antiterrorista belga como dirigente del Califato Islámico.

Ahora la presión se ha vuelto contra la ONG, que ayer tuvo que difundir un comunicado para justificar su campaña favorable al yihadista. Dice que sólo criticó las condiciones de detención de Atar y su estado de salud, pero que nunca pidió su liberación. Las fotografías de la época, los carteles y las manifestaciones, convocadas junto con el Partido Socialista belga, el Ecologista y el CDH, dicen todo lo contrario.

Atar tiene 32 años y es primo de los hermanos Bakraui, autores de los atentados cometidos en marzo en Bruselas. Se trasladó a la región fronteriza entre Irak y Siria en 2002, cuando tenía 18 años y los irakíes le encarcelaron hasta 2012. Ahora es “el hombre más buscado de Bélgica”. La policía le acusa de ser el instigador de los crímenes cometidos por sus primos.

En el comunicado de ayer, Amnistía Internacional afirma que pidió al gobierno de Irak que tomara las medidas necesarias para atender en la cárcel a Atar, dado su estado de salud. Naturalmente el comunicado repite los tópicos rituales sobre la condena de toda clase de violencia, sobre todo si es “ciega” (casi tan “ciega” como la misma justicia).

No hay más “ciego” que el que no quiere ver. Amnistía Internacional, determinados partidos parlamentarios y el gobierno belga lograron que Irak liberara a Atar por razones de salud. Ahora quieren volver a meterle en la cárcel.

Cuando Amnistía Internacional inició la campaña ya era sabido que Atar era un dirigente del Califato Islámico y que había estado en prisión junto a su máximo dirigente Abu Bakr Al-Bagdadi.

Este tipo de acciones por parte de Amnistía Internacional no son ninguna casualidad. Ya ocurrió lo mismo con la campaña iniciada para obtener la liberación del checheno Ahmed Chataiev, a fin de luego pudiera cometer el mortífero atentado de Estambul el 29 de junio de este año. Ya lo denunciamos en este artículo, en el que también aparecía involucrada la misma ONG:

Terroristas que son demócratas contra demócratas que son terroristas
https://mpr21.info/2016/07/terroristas-que-son-democratas-contra.html

El apuro de los socialistas, ecologistas y demás partidos parlamentarios que participaron en la campaña no es menor que el de la ONG. Ya es extraño que ese tipo de ONG y partidos se preocupen de los presos y, sobre todo, de aquellos que cumplen su condena en Irak. ¿Sería Atar uno de esos presos “de conciencia” por los que se preocupa Amnistía Internacional?, ¿por qué no busca presos “de conciencia” también en cárceles un poco más cercanas, como las españolas?, ¿no hay presos enfermos en España?

No es muy habitual que digamos. Uno de los dirigentes ecologistas, el diputado Zoé Genot, se puso ayer a balbucear a los medios de su país: “Yo no sabía…” Es evidente que no tenía ni idea, ni de Atar ni de nada. Pero, ¿por qué no se quedarán en su casa? Los peores cómplices son siempre los más tontos.

Para el gobierno belga la cosa es más peliaguda: fueron ellos los que trasladaron a Atar desde una cárcel en Irak hasta la misma Bruselas, donde se cometieron los atentados de marzo. Se lo pusieron en bandeja. Naturalmente que el gobierno tampoco sabía nada de nada… ni quiere saber.

Los presos ‘de conciencia’ que defiende Amnistía Internacional
resultan ser… yihadistas

Un grupo fascista australiano asalta una iglesia cristiana disfrazados de musulmanes

El sábado un grupo fascista australiano ha asaltado una iglesia anglicana disfrazados de musulmanes y lanzando gritos contra el islam. Al parecer eligieron la parroquia porque era favorable a los emigrantes.

El asalto ocurrió en Gosford, en la coste este de Australia. Cuando el reverendo anglicano Rod Bower celebraba la liturgia, una decena de fascistas disfrazados de musulmanes interrumpieron el acto, imitando los rezos musulmanes.

Los fascistas pertenecían al Partido de la Libertad, que ha reivindicado el asalto en su página de Facebook publicando un vídeo del incidente, pero también de sus militantes disfrazados y contentos por su puesta en escena.

El Partido eligió la iglesia por su postura favorable al islam y su defensa de los inmigrantes. Uno de los carteles situados al exterior de la parroquia se titulaba “Bendice el burka”.

El día de asalto se podía leer en el mismo cartel “Suerte al equipo olímpico australiano y al equipo de refugiados” y “Apoyamos a la comunidad musulmana, tendemos puentes entre las diferentes religiones”.

Durante el asalto los fascistas se lo recordaron al sacerdote para mofarse de él: “Queremos compartir el islam con Usted, es nuestro porvenir, somos una riqueza”.

El párroco ha confesado que está escandalizado y profundamente afectado por este incidente: “Venir a un recinto sagrado celebrando el acto último de amor para proclamar mensajes de odio… es profundamente chocante”, ha manifestado.

Desde hace meses Australia se enfrenta a una multiplicación de incidentes ligados a la emigración y al islam. El 7 de agosto la policía detuvo a un militante fascista que preparaba un atentado. En junio en Perth, otra localidad de la costa del Pacífico, lanzaron una bomba incendiaria contra una mezquita tras la oración.

El 26 de julio fue degollado en Saint-Etienne-du-Rouvray, en la Normandía francesa, un sacerdote católico llamado Jacques Hamel, un anciano de 86 años que siempre se había caracterizado por su defensa de los emigrantes. Siguiendo el mantra, Hollande culpabilizó inmediatamente del asesinato al mismo de siempre, al Califato Islámico.

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