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Dos policías fascistas se dedican a amenazar a las prostitutas en Madrid

Las prostitutas del polígono Marconi de Villaverde (Madrid) aseguran que sufren tratos vejatorios e insultos por parte de un inspector de policía al que conocen como El Comisario, y otra policía, conocida como María.

“Te jodes, te voy a multar para que empieces bien el día de trabajo”, “no vamos a parar hasta echaros de aquí” o comentarios tránsfobos llenan las calles del polígono Marconi de Villaverde, donde muchas mujeres son prostituidas. Las asociaciones de prostitución aseguran que muchas de ellas, la mayoría identificadas como víctimas potenciales de trata, “sienten miedo, se encuentran desprotegidas y temen represalias” ante estos hechos.

Los abusos policiales que declaran las mujeres se producen desde 2013, pero aseguran que se han incrementado este último año, a raíz de la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Ciudadana.

Las organizaciones que operan en las calles del polígono ofreciendo asistencia sanitaria y servicios sociales a las mujeres aseguran que las prostitutas no pueden confiar en el Comisario y ni en su colega María debido al trato vejatorio que emplean con ellas.

Las mujeres afirman sentirse desprotegidas ante las instituciones. No disponen de pruebas que demuestren que El Comisario comete estos tratos vejatorios, humillaciones, insultos y amenazas hacia las mujeres del polígono para presentar una denuncia formal: “Intentar grabar las actuaciones del inspector es peligroso, cuando nos ve con el teléfono nos dice que o colguemos, o nos detiene”, afirman las mujeres.

“El Comisario nos multa sin darnos explicaciones, tras entregar sin oponer resistencia nuestro DNI, y nos devuelve la documentación tirándola al suelo”, afirman varias mujeres de Villaverde. También han recibido amenazas por parte del inspector jefe como “la próxima vez os llevo presas” o incluso “os voy a pegar dos hostias”.

Una de las mujeres asegura que, mientras se encontraba haciendo cola en la comisaría de Aluche para renovar sus papeles, el inspector jefe se acercó a ella y le dijo alzando el tono: “Ya sé de qué te conozco, de trabajar de prostituta en el polígono. Luego iré a multarte a ti y a tus amigas”.

Las multas sin explicaciones son constantes. Una de las víctimas de estos tratos vejatorios por parte del llamado El Comisario asegura que le advirtió que “con tanta multa” no ganaría nada de dinero para comer, y él le respondió: “Estás muy gorda, no necesitas comer tanto”.

Los comentarios racistas y tránsfobos forman parte de su rutina: “Vete a zorrear a tu país”, “a limpiar escaleras”, “ojalá volvieran los tiempos de Franco para quitar a esta gente de aquí” o incidir en si las mujeres transexuales del polígono están operadas o no.

Diversas organizaciones dedicadas a proporcionar servicios sociales a las mujeres prostituidas (Médicos del Mundo, Hetaira y Mujeres en Zona de Conflicto, entre otras) han pedido que “se demuestre que estamos en un Estado de Derecho”.

Ante las denuncias que le han llegado, la Jefatura Superior de Policía de Madrid ha dicho que la actuación de los dos policías es correcta. Así es como hay que tratar a las personas: como tratarías a tu misma madre.
Fuente: http://www.publico.es/sociedad/inspector-jefe-policia-intimida-mujeres.html

Ha caído la nieve sobre el desierto del Sáhara

El lunes cayó una nevada en una ciudad ubicada al norte del Sáhara, un lujo que no muchos países europeos experimentan en Navidades.

Las fotos captadas por el fotógrafo aficionado Karim Bouchetata en la ciudad argelina de Ain Sefra, reflejan este fenómeno natural, que por última vez fue registrado en la zona en febrero de 1979, cuando una tormenta de nieve, que duró poco más de media hora, sorprendió a los residentes.

Ocurrió en la frontera de Libia con Argelia y Túnez. Allí se situó una bolsa de aire frío que provocó una nevada tal que “paralizó el tráfico de algunas poblaciones”, según apuntaron algunas crónicas de la época.

Esta vez la nieve permaneció durante todo el día antes de derretirse. “Todo el mundo estaba sorprendido de ver caer nieve en el desierto, que es un fenómeno muy raro. Parecía increíble cómo la nieve se posó en la arena”, comentó el autor de las imágenes al periódico británico Mirror.

En los desiertos los días suelen ser muy cálidos, con temperaturas que pueden llegar a los 50 grados, pero las noches son bastante frías, con mínimas que pueden situarse por debajo de los 0 grados. En determinadas situaciones, coincide la llegada de mucho aire frío con humedad, dando lugar a precipitaciones, que de forma excepcional pueden ser en forma de nieve.

Este fenómeno podría tener alto valor científico. El desierto del Sáhara es el más cálido del mundo, por lo que algunos creen que se confirma la tesis de que el planeta en el que vivimos no sólo no se calienta sino que se enfría cada vez más, hasta el punto de que estamos en vísperas de una nueva edad del hielo.

Otra hipótesis predice que en 15.000 años el desierto del Sáhara volverá a ser verde.

La reunión de Moscú cambia la correlación de fuerzas en Oriente Medio

Velayaty, asesor iraní de asuntos internacionales
El asesor del máximo dirigente iraní para Asuntos Internacionales, Alí Akbar Velayati, asegura que la reunión tripartita de Moscú ha sido un “punto de inflexión” en los acontecimientos políticos de Oriente Medio, ya que estos tres países, a saber, Irán, Turquía y Rusia, se reúnen por primera vez a este nivel sin que Estados Unidos haya tenido ninguna intervención.

En declaraciones a la cadena Al-Mayadin, Velayati ha hecho hincapié en que Irán seguirá firmemente hasta el final junto con Siria, en la lucha contra el salafismo.

El asesor del  dirigente supremo iraní aseguró que las tres partes apoyaron la integridad territorial de Siria, y que la solución de la crisis siria sea política y no militar.

De acuerdo con Velayati, “ya está la base garantizada ahora y preparada para futuras reuniones a diferentes niveles, incluida una reunión a nivel de jefes de estado”.

El iraní expresó su esperanza de que ello lleve a detener la guerra impuesta a Siria tan pronto como sea posible, y agregó: “Vemos buenas y luminosas perspectivas para Siria y vamos a permanecer a su lado hasta el final en la lucha contra el terrorismo”.

Los cancilleres de Rusia, Irán y Turquía se reunieron ayer en Moscú y emitieron un comunicado en el que se comprometieron a defender la soberanía y la integridad territorial de Siria y apoyaron una declaración destinada a reactivar las conversaciones.

Turquía asume la posición rusa e iraní de defensa incondicional del gobierno sirio

Cavusoglu, ministro turco de Asuntos Exteriores
Tras la reunión de Moscú, el ministro turco de Asuntos Exteriores Mevlut Cavusoglu ha participado en una rueda de prensa conjunta con Rusia e Irán, en la que ha dicho que su gobierno apoya la integridad fronteriza de Siria: “Nos oponemos definitivamente a una disolución en Siria de ninguna manera”.

Es la primera vez que Rusia, Irán y Turquía mantienen una reunión de esta envergadura, en la que Estados Unidos ha sido marginados. En ella aprobaron un documento conjunto en el que se comprometen a defender la soberanía y la integridad
territorial de Siria.

Las partes abordaron también la crisis humanitaria en Alepo, la evacuación del pueblo de forma regular y sin rupturas y los elementos de una solución política a largo plazo en Siria.

Cavusoglu ha destacado que hasta hoy han asegurado la evacuación de 37.500 personas del este de Alepo, aunque “continúa la lucha contra de las bandas terroristas como el Califato Islámico y Al-Nosra”. No obstante, el ministro turco expresó su confianza en que el alto el fuego se pueda extender a toda Siria.

Luego ha añadido que el objetivo de la Operación Escudo del Éufrates, iniciada por Turquía el 24 de agosto, es el de eliminar los terroristas desde el norte de Siria, neutralizar la banda terrorista del Califato Islámico en la zona de Mambi y transformar aquella zona en una región segura para la gente.

Lavrov también ha expresado que el formato más eficiente para la solución de la crisis de Siria es el tripartito entre Turquía, Rusia e Irán. Ha añadido que los tres países están dispuestos a ser los garantes de un acuerdo que se pactará entre el régimen sirio y los opositores, dentro del marco de la integridad territorial del país.

Lavrov ha expresado que apoyan la oferta del presidente kazajo Nursultan Nazarbayev para que las negociaciones de Siria se realicen en Astana y que mantendrán la lucha contra el Califato Islámico y Al-Nosra.

Por su oparte, el ministro iraní Javad Zarif ha declarado que se debe mejorar la condición en Siria por la sociedad internacional mano a mano que continuará la lucha antiterrorista y se debe impedir lo antes posible la violencia accediendo lo antes posible las ayudas humanitarias en Siria.

“Podemos lograr un avance rápido en la solución de la crisis de Siria. Creo que se puede encontrar una solución política. Nos esforzaremos para asegurar la integridad territorial y la soberanía. De manera más rápida esperamos que acabarán los sufrimientos del pueblo sirio”, ha concluido el ministro iraní.

Los Pactos de la Moncloa o la plasmación de la política de reconciliación nacional

En octubre de 1977 el PSOE y el PCE firmaron con el gobierno de Suárez los llamados “Pactos de la Moncloa” que tenían dos partes bien definidas. La primera era un plan de lo que entonces se llamaba “saneamiento económico” y la otra, un reforzamiento de aparato represivo del Estado.

Los pactos de la Moncloa eran, pues, tanto un pacto social como un refuerzo represivo que conducía directamente a la Constitución. El fraudulento “proceso constituyente” se iba a desenvolver en medio de una absoluta falta de derechos y libertades, en medio de un estado de excepción que ponía a la policía y al ejército a patrullar las calles. Las medidas económicas y sociales hacían a los reformistas “de izquierda” cómplices  de la brutal agresión contra los salarios y de la aprobación de una nueva ley antiterrorista.

En la negociación se puso, una vez más, de manifiesto el fraude, el engaño y la estafa de la que hicieron gala, en este caso, la segunda fuerza política surgida de las elecciones del 15 de junio, el PSOE, mientras el PCE siempre se mostró dispuesto a firmar cualquier cosa, incluso a participar en el gobierno, ya que su consigna defendía la formación de un gobierno de “concentración nacional” para salvar al Estado fascista de su hundimiento: “El pacto de la Moncloa […] es un compromiso muy actual, diría que la plasmación de la política de reconciliación nacional”, escribió Santiago Carrillo, máximo dirigente entonces del PCE (1).

Aunque en parte los Pactos de la Moncloa eran un pacto social, no intervinieron los sindicatos porque entonces, recién legalizados, desbordados por el movimiento obrero espontáneo, carecían de capacidad y no se habían medido en ningunas elecciones y, por lo tanto, el gobierno no sabía con cuáles debía negociar. Por tanto, optó por firmar con los partidos políticos. Pero en las Cortes, tanto Nicolás Redondo, de la UGT, como Marcelino Camacho, de Comisiones Obreras, votaron a favor de los Pactos.

Dos meses antes de firmar los pactos, Nicolás Redondo, secretario general de UGT y el jefecillo de más peso en el PSOE de entonces, escribió lo siguiente: “La UGT se opone al pacto social. Es más, nuestra central nunca firmará pactos con gobiernos que no representen a los trabajadores (2). Por su parte la postura de Felipe González era la misma. El 5 de setiembre se entrevistó con Suárez en la Moncloa y se lo dijo expresamente, añadiendo que la oposición no iba a sacar las castañas del fuego al gobierno. Ante la postura ultraderechista del PCE, los socialfascistas del PSOE empezaban a jugar a la demagogia y el engaño que les caracterizaría en adelante.

El 9 de octubre estaba convocada una reunión de 30 negociadores de todos los partidos en la Moncloa, pero el día anterior ETA ejecutó al presidente de la Diputación de Vizcaya, Unceta, y a dos guardias civiles de su escolta, por lo que la reunión al más alto nivel cambió de tono: “Alguno de los asistentes manifestó al Presidente la conveniencia de acabar las negociaciones iniciadas y firmar ya lo que hubiera que firmar” (3). No hubo discusiones de ningún tipo; todos estaban de acuerdo y todos estaban cagados en los pantalones. La oposición domesticada le firmaba un cheque en blanco al gobierno.

Con el beneplácito de los oportunistas y sus camarillas sindicales, la clase obrera iba a sufragar todos los numerosos y costosos desajustes del capitalismo español. En lo sucesivo, no hubo problema económico que no pagaran los trabajadores de su bolsillo.

Los índices de paro se triplicaron, y el paquete de medidas destruyó 1.800.000 puestos de trabajo en los seis años siguientes.

Los pactos de la Moncloa legalizaron el fraude fiscal. Establecían una moratoria fiscal para las empresas que encubría una verdadera amnistía, una condonación de la deuda de los capitalistas con el Estado. Por si fuera poco, también permitió una “regularización de balances” que es otra forma de que el Estado perdone las deudas a los burgueses: se infla artificialmente el pasivo de la contabilidad y por arte magia parece que los beneficios son menores. Comenzaron a aparecer entonces los primeros trucos de ingeniería financiera que después se han hecho famosos.

Quedó momentáneamente fuera de los pactos la reconversión industrial sectorial, que llegaría algunos años más tarde, poniendo de manifiesto que el saneamiento acometido era general. De ahí que se abordara la reestructuración de todo el sistema financiero, provocando la crisis bancaria más importante de toda la historia del capitalismo mundial desde 1929. Si al principio de la década de los setenta los tipos de interés estaban en torno al cuatro por ciento, en 1979 estaban en el 12’5 por ciento. El multimillonario coste de la bancarrota (un billón y medio de pesetas) recayó también sobre los maltrechos hombros de los trabajadores. Pero los grandes grupos financieros se aprovecharon de la formidable concentración de capitales: 51 bancos, casi la mitad del total, tuvieron que cerrar.

El programa de reformas, el otro pie de los pactos, contemplaba el fortalecimiento del Estado fascista para hacer frente al movimiento de masas, especialmente la reforma del Código Penal, la promulgación de una Ley de Orden Público, la militarización de los trabajadores en huelga, el refuerzo de la policía y de toda la burocracia del Estado. Textualmente el apartado VIII de los Pactos decía:

“El orden público tendrá una proyección concreta y actual en cuanto protección del avance en la consolidación de la democracia y defensa frente a las agresiones de todo orden y especialmente las terroristas. La tipificación del terrorismo figurará en el Código Penal común, con eliminación de lo que al respecto figure en leyes especiales y se operará con los criterios generalmente aceptados en los Convenios internacionales y en los países de Occidente.

3. Se fortalecerá la protección penal de que deben ser objeto las Fuerzas de Orden Público”.

Por lo tanto, la “democracia” exigía camuflar la represión política como delincuencia común, integrando las leyes especiales dentro del Código Penal y, además, otorgar “carta blanca” a la policía para que dispusiera de libertad de acción sin cortapisas, con plena impunidad frente a la tortura y la guerra sucia.

Más adelante, los Pactos determinaban en su punto séptimo: “Se fortalecerán los medios de prevención y defensa frente al terrorismo. A este respecto, en particular, se creará una unidad de policía judicial, dependiente de los órganos judiciales competentes, para la investigación de delitos terroristas, y que bajo las órdenes directas de la autoridad judicial y al amparo de las autoridades otorgadas por la misma pueda desempeñar con eficacia y prontitud la función investigadora requerida”.

Los pactos de la Moncloa favorecieron el despido libre e introdujeron las primeras normas de empleo precario. Una gran conquista obrera, como la estabilidad laboral, desaparecía; nació la flexibilidad laboral, el trabajo precario, y muchos obreros fueron obligados a convertirse en autónomos, perdiendo todos sus derechos. Desde finales de 1977 hasta el Estatuto de los Trabajadores en 1980 se promulgaron nada menos que 22 reglamentos que introducían formas temporales de contratación laboral.

Se desató así una caza sin precedentes del sindicalista, del obrero revolucionario, alcanzando cifras descomunales, especialmente con los elementos más conscientes y combativos. En los once años que siguieron a 1978 fueron despedidos de su trabajo más de 3.100.000 trabajadores, casi la cuarta parte de la población obrera. Las empresas se desembarazaron de los dirigentes sindicales y sobre todos los obreros planeó la amenaza permanente de la pérdida del puesto de trabajo. Como consecuencia de ello, la lucha obrera fue decreciendo progresivamente.

Eso no significa que no se desatasen importantísimas y heroicas movilizaciones que demostraron el coraje del proletariado español para enfrentarse a la burguesía con sus propias fuerzas. Incluso en la década de los ochenta España siguió presentando las tasas de conflictividad laboral más altas de Europa y, con excepción de 1982 y 1986, el número de trabajadores en huelga nunca descendió del millón.

El centro de la lucha obrera ya no fueron los salarios, la carestía y la inflación, como en los veinte años anteriores, sino algo mucho más dramático: los despidos y el paro. Regiones enteras fueron devastadas por los cierres de empresas, con todas las lacras sociales subsiguientes de marginalidad y deterioro social. También este frente de lucha desbordaba el marco de las reivindicaciones sindicales y ponía a la orden del día la batalla directa contra el capitalismo y su Estado, una batalla política.

Los obreros adoptaron métodos de guerrilla urbana y se enfrentaron a la policía con armas rudimentarias. Por ejemplo, el director general de la Guardia Civil, Luis Roldán, declaró el 20 de abril de 1987 a Radio Nacional que la lucha de los obreros de Reinosa era de “guerrilla urbana que requiere evidentemente, el empleo de medios contundentes por parte de cualquier fuerza de seguridad”.

Los Pactos de la Moncloa condicionaron el futuro de las luchas obreras. A partir de 1977 fueron los sindicatos amarillos los que negociaron con el gobierno (y con los representantes de la patronal). Así arrebataron de las manos de los obreros un importante arma de lucha económica; ciertamente crearon otro, ya que a partir de entonces los obreros se vieron obligados a luchar contra toda la clase capitalista y contra su Estado, pero esta lucha era mucho más difícil, no se podía desplegar de forma espontánea, requería la presencia de su vanguardia política.

Notas:

(1) Nuestra Bandera, núm. 90, 1977, pg.30.
(2) Nicolás Redondo: No al pacto social, en Cambio 16, 21 de agosto de 1977.
(3) Federico Ysart: ¿Quién hizo el cambio?, Argos Vergara, Barcelona, 1984, pg. 166.

¿Un cambio de época o una época de cambios?

Darío Herchhoren
A veces sin darnos cuenta asistimos a cambios que parecería que van a marcar a toda la humanidad por un largo tiempo. Me refiero especialmente a las transformaciones que están teniendo lugar en Medio Oriente, Turquía e Irán; que sin duda están llamadas a producir mutaciones extraordinarias a las que ahora mismo me referiré.

El presidente turco, siempre tuvo interés en que Turquía entrara en la UE, quizá pensando que la pertenencia a ese club tan exclusivo le traería parabienes a los turcos y ventura personal a él. Para ello no ahorró esfuerzos ni concesiones a los jerarcas de Bruselas y Estrasburgo, que siempre lo trataron como a «un turco», es decir con desprecio. Turquía tiene una muy pequeña parte de su territorio en Europa, y salvo esa porción, casi el total del terreno lo tiene en Asia.

Turquía es en realidad un estado asiático, de mayoría musulmana; formalmente laico, y además es una potencia militar regional, y su presidente es un islamista «moderado»; que ha logrado arrasar la tradición kemalista de un estado laico, y que fuera impuesta por el fundador de la Turquía moderna a partir de la caída del sultanato otomano tras la Primera Guerra Mundial.

Los intentos de Erdogan, presidente de Turquía nunca fueron atendidos ya que la UE siempre se ha considerado a sí misma como un «club cristiano», y Erdogan lo sabe.

Podríamos caracterizar a Erdogan como un fascista, y no nos equivocaríamos; pero se trata de un fascista turco, y la tozuda realidad, es que la burguesía turca que le apoya, sabe en sus adentros que Turquía no tiene futuro fuera del círculo de países como Rusia, Irán, China y las repúblicas ex soviéticas como Uzbequistán, Kirguistán, Kazajstán y otras de etnia turca, provenientes de Altai en Asia Central; y es muy posible que ante esa evidencia Erdogan introduzca a Turquía en el grupo de Shangai, que es no solo un bloque económico y político, sino también militar.

Irán es otro de los actores que están llamados a desempeñar un importante papel dentro del teatro donde se desarrollan estos hechos, ya que ha logrado varios éxitos luego de la revolución que ha tenido lugar después de la caída del sha Reza Pahlevi, tales como la derrota del ejército iraquí al mando de Sadam Hussein, y que actuaba a las órdenes de la CIA; el enorme desarrollo de la industria del petróleo a pesar del bloqueo que sufrió durante tantos años como consecuencia de su política independiente; la firma del tratado que levanta el bloqueo y su consolidación como gran productor de crudo y sus derivados, y como colofón su conversión en potencia militar regional.

Por último, y como tercer actor de la zona, aparece Siria, que ha logrado derrotar con la inestimable ayuda de Rusia, Irán y Hezbollah a la OTAN, representada por el llamado Estado Islámico que ha cosechado un grave fracaso aunque a un enorme costo para Siria en vidas humanas y destrucción de sus infraestructuras.

Junto a ello; y con una extraordinaria importancia política y geopolítica nos encontramos con la elección de Donald Trump como nuevo emperador por cuatro años, que ha significado una especie de «tsunami político» llamado a modificar la política imperial ante la evidencia de que el camino seguido hasta ahora no era el correcto.

Trump prometió 50 millones de puestos de trabajo, recortar la OTAN, lo que en la práctica significaría su pronta ruina, y lograr un entendimiento con Rusia. Es decir que haría al mundo un lugar más habitable, y mucho menos bronco.

Todos estos hechos, que están a tiro de piedra de producirse, son señales de que nos acercamos rápidamente a cambios de estructura y un nuevo reparto del poder en el mundo, que alterará significativamente el papel de Europa occidental, y la hará seguramente más pobre si no cambia de rumbo rápidamente.

Me explicaré: tradicionalmente el partido republicano siempre fue partidario de no mezclarse en los asuntos europeos, y es muy probable que se inmiscuya menos en esos asuntos, lo cual generará que el comercio de Europa se orientará a mejorar las relaciones con Rusia, y a levantar los embargos al comercio que le impiden crecer económicamente de forma independiente. No olvidemos que la UE es un muñeco en manos de los USA, y que sin las presiones de los USA, deberá incrementar sus intercambios con Rusia, China, India e Irán si quiere sobrevivir, y evitar graves sacudidas sociales. Además de ser todo ello tal como lo pronosticamos, la «ruta de la seda» llegará a Europa y ello incrementará los intercambios de oriente y occidente en forma exponencial.

Para finalizar deberemos estar muy atentos a lo que pasará en Latinoamérica, donde se están desarrollando acontecimientos de enorme importancia económica como la construcción del canal de Nicaragua, y la construcción por parte de inversiones chinas de un ferrocarril a través de Brasil y Perú, que enlazará los océanos Atlántico y Pacífico y que transformará el comercio y la industria de todo el subcontinente; y que los movimientos de masas generarán cambios que transformarán a dicha región durante generaciones cambiando el reparto de la riqueza en forma más equitativa.

La mayoría de los rusos añora los tiempos del socialismo

Al cumplirse veinticinco años de la caída de la Unión Soviética, la mayoría de los rusos, lejos de considerarla historia pasada, lamentan por su desplome.

Según un sondeo publicado recientemente por el centro Levada, la mayoría de los rusos considera que se vivía mejor en socialismo. De acuerdo a los datos, el 56 por ciento de los rusos confiesa tener nostalgia por el régimen anterior.

La encuesta subraya que el 53 por ciento de los entrevistados recuerda favorablemente el socialismo. No es, por tanto, casualidad que hoy, en Rusia, el debate en torno a este aniversario gire alrededor de una sola pregunta: ¿la Unión Soviética podía ser preservada?

El 1 de enero de 1992 se introdujo la liberalización de precios en el país, que consolidó la implantación del capitalismo. Fue el inicio de los “salvajes años noventa”, una época de gran transformación -y caos- signada por las privatizaciones, el auge de la oligarquía, guerras entre bandas criminales y el colapso de la calidad de vida para la mayoría de los rusos.

El pasaje de una economía socialista al modelo capitalista no fue indoloro. El triunfo de la Revolución trajo importantes avances sociales para la clase trabajadora, como la implantación de la jornada laboral de 7 horas, un sistema de pensiones para ancianos e inválidos, la jubilación a los 60 años para hombres y a los 55 para las mujeres, la baja por maternidad, desde el inicio del embarazo, y un año tras el parto, unos 20 meses en total, la baja por enfermedad con un 100 por ciento del sueldo y un mes de vacaciones pagadas por el Estado, entre muchos otros.

Cabe destacar que la URSS creó el primer sistema sanitario gratuito y universal, que elevó la esperanza de vida de los soviéticos, de menos de 40 años en 1917, a llegar a los niveles de occidente en los 80 (70 años).

También impulsó el primer sistema educativo totalmente público y gratuito, que alcanzó las mayores tasas de alfabetización de la historia en las 15 repúblicas soviéticas. Además, los colegios soviéticos ofrecían gratuitamente alimentación para los alumnos, por lo que la conciliación laboral-familiar se hacía mucho más fácil que hoy en día en los países capitalistas. Además las guarderías también eran gratuitas, así como el transporte público en los centros urbanos.

Todas las encuestas que se han llevado a cabo en los antiguos países del este de Europa coinciden en que la vida era mucho mejor antes y que el hundimiento de sus respectivos países ha sido un desastre personal para sus habitantes.

A dichas encuestas les falta un complemento indispensable: la vida es mucho mejor bajo el socialismo, naturalmente; pero hubiera sido aún mucho mejor si el imperialismo hubiera dejado en paz a aquellos países. Pero la palabra “paz” no la han entendido nunca los imperialistas. Lo suyo es la guerra sin cuartel.

Fuente: http://www.librered.net/?p=48292

Los nuevos yacimientos de gas desatan la crisis en África occidental

Adama Barrow, Presidente electo de Gambia
El antiguo Presidente de Gambia, Yahya Jammeh, no ha reconocido la victoria electoral de su opositor, Adama Barrow, en los recientes comicios celebrados a comienzos de este mes, y es que en la región han aparecido importantes reservas de gas que han atraído la codicia de las multinacionales.

El monopolio BP ha firmado un acuerdo con la estadounidense Kosmos para comprar el 62 por ciento de los derechos que posee sobre la explotación de varios yacimientos en Mauritania y el 32,5 por ciento de un proyecto similar en Senegal.

Gambia es una país geográficamente singular, enclavado en el interior de Senegal que sigue el curso del río del mismo nombre, una verdadera obra maestra de los delineantes del imperialismo y su capacidad para dibujar fronteras desde Londres o París.

En setiembre, durante una entrevista a la televisión senegalesa, el Primer Ministro francés Manuel Valls reconoció que el petróleo descubierto en Senegal le interesaba a Francia. Lo dijo así literalmente cuando aún estaba al frente del gobierno.

El yacimiento es el más importante de África occidental y BP ha pagado 1.000 millones de dólares por sólo un pedazo del pastel. Las reservas se estiman en 450 millones de metros cúbicos, como mínimo.

En el futuro, pues, habrá que hablar de las típicas situaciones que se producen en estos casos en África y que parecen salir de la chistera de algún mago, llovidos del cielo: inestabilidad, crisis, golpe de Estado, protestas…

De momento, lo que se puede decir, es que el petróleo aparece en enero y en diciembre se produce una de esas “sorpresas electorales” que nadie esperaba. Antes se decía que los referéndum y las elecciones los convocaban los gobiernos sólo cuando estaban en condiciones de ganarlos, pero últimamente está ocurriendo al revés. Tanto en Gran Bretaña, como en Italia o en Gambia, son los gobiernos los que pierden las elecciones frente a la oposición.

En las próximas elecciones habrá que apostar al caballo perdedor. El de Gambia ya ha prometido que reintegrará a su país al Tribunal Penal Internacional porque es de esos dirigentes políticos modernos preocupados por los derechos humanos de sus súbditos. Menos mal…

Mientras tanto, el Consejo de Seguridad de la ONU ya se ha reunido para hablar de Gambia, pero otros no quieren hablar y exigen una intervención militar para asegurar el transpaso de poderes.

El imperialismo británico romperá su tradicional alianza con Estados Unidos

Theresa May con sus amiguetes del Golfo
En sus dos últimos discursos, Theresa May ha explicado que el imperialismo británico apoya la política exterior de Arabia saudí y demás autocracias del Golfo, en general, y la agresión contra Yemen, en particular.

Los discursos no han dejado lugar a dudas, aunque se contradicen con lo que hasta ahora había sostenido su ministro de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, quien criticó las aventuras militares de los saudíes y sus aliados del Golfo.

May ha dejado claro que el apoyo a los jeques saudíes significa enfrentarse a Irán, no solo directamente sino también porque el objetivo del imperialismo británico no ha cambiado: están empeñados en derrocar a Bashar Al-Assad a costa de lo que sea, es decir, también de prolongar la guerra cuanto haga falta.

La Primera Ministra nunca admitirá la más mínima crítica a Israel, un Estado criminal por el que May admitió su fervor incondicional.

Rusia sigue siendo un enemigo, algo que no es una sorpresa porque así lo reconoció hace dos semanas Alex Younger, el cabecilla del MI6, el espionaje exterior británico en un discurso en el que salieron a relucir todas las palabras mágicas típicas de estos casos: amenaza, peligro, riesgo…

En el litigio de Cachemira, el imperialismo británico apoya a India contra Pakistán y no condena el asesinato de Waseem Ahmad, un joven de 19 años asesinado por los soldados en la región de Sopore, al noroeste de India, cuando participaba a una manifestación, según parece, que ha desatado una nueva ola de protestas.

Sobre el Brexit, la posición del gobierno británico es típicamente británica, o sea, hipócrita, la cuadratura del círculo: vamos a salir oficialmente de la Unión Europea porque el referéndum nos obliga a ello, pero seguiremos dentro, por lo que se trata de disimular una cosa para hacer la contraria.

En Londres quieren seguir teniendo acceso al mercado europeo y, a cambio, harán algunas concesiones a Bruselas en materia de libertad de circulación.

La mayor sorpresa de May y su gobierno es su oposición frontal al nuevo equipo de la Casa Blanca. Se habla abiertamente de ruptura con un aliado hasta ahora tradicional, hasta el punto de que May ha declinado una invitación de Trump para visitarle en su torre de marfil, la Trump Tower, antes del transpaso de poderes en Washington.

La ineptitud de la diplomacia británica ha quedado al descubierto. Los sucesivos embajadores, Kim Darroch y Peter Westmacott, fueron incapaces de pronosticar la posibilidad de que Trump ganara las elecciones. Ahora mismo no hay puentes entre ambos gobiernos, con una única excepción: Nigel Farage, un vínculo que la Primera Ministro no está dispuesta a utilizar.

Pero lo más importante es que May sostiene políticas enfrentadas a Trump en numerosos escenarios. Ella no quiere ninguna clase de acuerdo con Putin, al que consideran como un enemigo estratégico e incondicional. Trump quiere una cierta coordinación con Putin en Siria, mientras que May sigue con la gastada política de acabar con Al-Assad y su gobierno.

El martes Washington anunció que interrumpía el suministro de armas a Arabia saudí a causa del elevado número de civiles que los bombardeos saudíes están causando en Yemen. Por su parte, en Londres quieren seguir vendiendo armas a los sátrapas del Golfo.

Por primera vez desde 1945, Gran Bretaña se aleja de Estados Unidos, su mejor y más viejo aliado, una decisión que no traerá nada bueno a las Islas, donde la situación política interna es muy complicada después de fracaso en el referéndum.

Fuente: http://www.middleeasteye.net/Peter%20Oborne%20UK%20and%20US%20on%20collision%20course

Señalan una operación de la OTAN en el asesinato del embajador ruso en Ankara

Andrei Karlov, embajador ruso en Turquía

Prominentes políticos rusos están advirtiendo que el asesinato del lunes de su embajador en Turquía fue posiblemente un atentado de bandera falsa llevado a cabo por los agentes de la OTAN.

El embajador Andrey Karlov recibió un disparo en la espalda durante un evento en una galería de arte en Ankara por un oficial de policía turco gritando, «Allahu Akbar! ¡Si hemos muerto en Alepo, tú morirás aquí!«.

«Fue una acción planeada. Todo el mundo sabía que iba a asistir a esta exposición fotográfica«, dijo Frantz Klintsevich, senador sénior del Kremlin. «Puede ser ISIS, o el ejército kurdo que trata de herir a Erdogan«. «Pero tal vez – y es muy probable – que los representantes de los servicios secretos extranjeros de la OTAN estén detrás de él«. «Lo que ha sucedido es una verdadera provocación, un desafío. Es un reto para Rusia«, agregó.

Vladimir Zhirinovsky, jefe del Partido Liberal Democrático de Rusia, declaró que es probable que el asesinato fuera «una operación de bandera falsa por Occidente«.

El parlamentario ruso, Alexey Pushkov, expresó sentimientos similares, calificando el tiroteo de «un resultado de la histeria política y mediática alrededor de Alepo sembrada por los enemigos de Rusia«.

El asesinato se produce en un momento altamente volátil en las relaciones entre Rusia y Occidente, con Rusia soportando una serie de acusaciones que van desde la responsabilidad de la derrota de Hillary Clinton frente al republicano Donald Trump, el éxito del Brexit y el gobierno sirio comenzando a reconstruir el país tras haber derrotado en zonas clave al ISIS.

Rusia, Turquía e Irán tenían previsto celebrar conversaciones mañana sobre el conflicto en curso en Siria. Turquía ha apoyado a los «rebeldes» que intentan derrocar al presidente sirio Bashar al-Assad, mientras que Rusia e Irán han apoyado a Al-Assad.

Los informes de que el Califato Islámico y sus afiliados que combaten en Siria han atacado aviones rusos, y que los tanques, armas y misiles utilizados han sido fabricados por Estados Unidos están bien documentados y los denunciantes han revelado provisiones secretas de armas a gran escala donde están involucrados varios gobiernos de la OTAN.

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