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‘A veces no nos dejaban ni dormir; teníamos que salir corriendo’

Benito García Blanco. Huyó con 21 años.

El recorrido: Huyó con otros compañeros del batallón del Ejército de la Malagueta hasta llegar a Almería. Allí recibió instrucción en el
campamento de Viator y luchó en el frente de Madrid hasta el final de la guerra. Toda su familia huye también a Almería y de allí a Alicante. Al terminar la guerra, regresan a Málaga.

Su historia: El domingo 7 de febrero Benito lo pasa todo el día en el cuartel. Está en un batallón del Ejército en La Malagueta, donde recibe instrucción. Al anochecer, con las tropas naciones e italianas cercando la ciudad, reciben nueva orden de sus superiores. “Formaron el batallón y tiramos para El Palo. No había consigna ninguna, sólo que había que huir. Pasamos El Palo, tiramos para Torre del Mar y allí ya se deshizo el batallón y cada uno tiró para un lado”.

Benito recorre todo el camino vestido de miliciano y armado; al igual que otros seis compañeros que le acompañan. Cuando llegan a Vélez Málaga, se encuentran el pueblo desolado. “La mayoría de las casas ya estaban abandonadas. Las familias se iban y las dejaban abiertas”. Los refugiados entran en ellas para buscar algo de comida. “Conseguir alimento estaba muy difícil. A veces encontrabas cosas por el camino. Un día encontramos en un cortijo una tinaja llena de aceite; era tan alta como una habitación. Cuando yo llegué, ya estaba casi por la mitad.

La gente cogía el aceite para hacer tortillas con harina. Pero el aceite estaba tan bajo que no se podía coger con cubos porque no teníamos soga. Entonces, nos turnamos para que cada 20 minutos uno se dejara coger por los pies con la cabeza para abajo y subiera el aceite”.

Optan por avanzar de noche por la carretera, mientras que, de día, prefieren hacerlo campo a través para evitar los cañonazos de los barcos y las bombas de los aviones. “A veces no nos dejaban ni dormir un poco porque las tropas nacionales venían atrás zumbando y teníamos que salir corriendo”. El grupo de hombres jóvenes adelanta con facilidad al resto del grupo, la mayoría, familias con niños. “Las mujeres se liaban las piernas con sábanas porque, de tanto andar, las llevaban hinchadas. Algunos hombres tampoco podían andar. Yo, como era joven, seguía”.

En ocasiones, se producen enfrentamientos entre los mismos refugiados. “Había grupos que discutían por cualquier tontería”. Los animales de carga se convierten en un bien codiciado, hasta el punto de que son el origen de peleas o objeto de robo. “Un día vimos un caballo que llevaba a dos hombres y a una mujer encima. Era un caballo que habían cogido por la carretera. Salieron unos cuantos de un grupo que iba junto al nuestro y querían que se bajaran para que descansaran otros que iban andando. Los que estaban subidos se negaron y se liaron a tiros. Nosotros llevábamos armas porque éramos militares, pero había gente que no lo era, y que también llevaba. Al final, los que iban en el caballo resultaron heridos y se subieron otras personas”.
En aquella ocasión, Benito no llega a desenfundar su arma, pero sí lo hace más adelante, a la altura de Salobreña. Allí, les sorprenden los nacionales. “Se formó un tiroteo, pero se aguantó. Después se retuvieron ellos y nosotros salimos corriendo”.
A la entrada de Almería, después de siete días de camino, les obligan a despojarse de todo el armamento. Durante tres meses, Benito recibe instrucción en el almeriense campamento de Viator, de donde parte para defender el frente de Madrid. “Cuando cae Madrid, a mí me pilla en un hospital porque resulté herido en una pierna durante un bombardeo”. Los nacionales le cogen prisionero y permanece un corto periodo de tiempo recluido en un edificio hasta que le dejan en libertad bajo la orden de que vuelva a Málaga. Él, sin embargo, marcha hacia Alicante, donde le espera su familia, que también había huido por la carretera de Almería. “Allí estuve mes y medio. Al final, regresamos a Málaga. En la estación, me detuvieron y me metieron en un campo de concentración en los callejones del Perchel”. Después de tres meses, pasa a un campamento de refugiados militares en Torremolinos, de donde sale por buena conducta. Benito asegura que no se tomó ninguna otra represalia contra él, es más, llegó a hacer el servicio militar una vez terminada la guerra.


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‘Se le cayó a una mujer el niño al río, quiso cogerlo y el agua se lo llevó’

Ana María Jiménez Palomino. Huyó con 16 años.

El recorrido: Marcha con su madre, Pepa, y sus hermanas María, Candelaria y Antonia. También les acompañan Eduardo, el esposo de María, y Alfonso, el novio de Candelaria y dos amigas del barrio de Capuchinos. Todos consiguen llegar a Almería, de donde parten en tren hacia al pueblo tarraconense de Torre del Español, de donde regresan terminada la Guerra Civil. Durante todo este tiempo su hermano Eduardo, de 10 años, permanece acogido en casa de una tía en Málaga.

Su historia. Entre las pretensiones de Ana María ese 7 de febrero de 1937 no estaban precisamente huir hacia ningún sitio. Recuerda que aquella mañana estaba aseándose y que su hermana Antonia, dos años mayor que ella, entró aterrorizada. “Mi familia estaba en la puerta de mi tía, desde donde se veían los Montes de Málaga. Yo estaba en mi casa muy tranquila lavándome los pies. En eso llegó mi hermana: ’Ana María, venga, sécate los pies, vámonos’, me dijo mi hermana. ‘¿Adónde nos vamos?, le pregunté. ‘Que están tirando bombas, que ya vienen los moros por ahí. De la puerta de la tita se ven los cañonazos y las luces. Y Alfonso ha dicho que nos vayamos y mamá no quiere, pero él le ha dicho: ‘Pepa, que tiene usted cuatro hijas, que vienen los moros!’”.

Pero su madre se resiste. Su hijo Eduardo está recuperándose en un sanatorio en Torremolinos de un pequeño accidente jugando a la pelota y no quiere marcharse sin él. Sus yernos deciden buscar una cabina para llamar al hospital y allí le dan una fatal noticia. “Nos dijeron que el niño se lo habían llevado a Rusia”.

Desolada, la madre consiente en abandonar la ciudad y, ya por la tarde, marchan todos en una pequeña camioneta que se queda sin gasolina a la altura de Rincón de la Victoria. “Mi cuñado entonces paró a uno que llevaba otro camión y le dijo que mi madre era una persona mayor y si se la podía llevar y dijo que sí”.

El resto del grupo prosigue caminando. “Con lo dormilona que era yo, yo creo que iba andando e iba dormida, porque yo iba que ya no podía”. La necesidad de comida se hace acuciante, pero Ana María recuerda especialmente la falta de agua. “Hubiera dado la vida por el agua; me dicen que con esa agua me voy a morir y me tomo el agua, porque es lo me faltaba, la comida es lo de menos. Encontramos queso de bola, seco, pero ni ganas de queso teníamos”.

En el paso del río Guadalfeo, Ana María contempla impactada cómo la corriente se lleva ante sus ojos a un niño de poca edad. “Se le cayó a una mujer el niño y la mujer quería cogerlo, pero el agua se lo llevó al angelito, tenía dos o tres años; y uno le dijo: ‘Señora, se va usted a ahogar también, deje usted a su hijo, déjelo, Dios ha querido que se lo lleve’. La mujer siguió adelante llorando”.

Los momentos más dramáticos de la huida los vive ya cerca de Almería. Los cañonazos hacen que el grupo se disperse y ella se adentra en el campo, donde le sorprende la noche. “Yo iba sola y empecé a andar. No se veía nada y yo andaba, pero no sabía por dónde andaba y me preguntaba que cuándo se iba a hacer de día. Estuve toda la noche andando y casi al amanecer me encontraron unos muchachos de la Cruz Roja que me echaron la linterna porque escucharon pasos y me dijeron: ‘Pero niña, ¿qué haces por aquí? ¡Si vas de vuelta para Málaga!”. Yo  llevaba todas las piernas heridas de pinchos y me las curaron”. Los voluntarios de la Cruz Roja la acompañan a la carretera y se hacen cargo de ella hasta que llegan a Almería. Allí, justo en la entrada de la ciudad, se encuentra con Eduardo y Alfonso, sus dos cuñados.

“Yo llegué un día después que ellos a Almería, sin comer, sin beber, sin nada. Mi madre cuando me vio se desmayó. ¡Natural, si iba toda vendada! Y fue llegar a Almería y tirar bombas. No vi más que los escalones del Teatro Cervantes, que era donde estaba mi familia”. Allí, descubren que su hermano Eduardo no está en Rusia, sino en casa de una tía en Málaga. No volverán a verlo hasta después de la Guerra Civil.

Tarragona es la próxima parada en el camino de la familia, adonde llega apiñada en un tren de mercancías. En un pueblo de esta provincia, en Torre del Español, residirán hasta 1939, cuando deciden regresar a Málaga. “Llegamos sin un céntimo, pero nada de nada y sin casa, porque la habían ocupado otras personas”.

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‘Fue un crimen, la guerra no tiene nada que ver con la población civil’

José Ginés. Huyó con 23 años.
El recorrido: José lucha en el frente que está defendiendo Málaga el mismo día 7 de febrero. A la mañana del día siguiente, cuando ya las tropas nacionales están en la capital, consigue salir de la ciudad. Tras su llegada a Almería, luchará en el frente de Motril hasta el final de la guerra.

Su historia: José Ginés nace en Cuevas de San Marcos en 1913, en una familia con un arraigada ideología de izquierdas. De padre agricultor, en su casa siempre se lee el diario ‘El Socialista’. Por eso, cuando estalla la Guerra Civil, José no duda en ir a defender la causa republicana en el frente de Ardales. En febrero de 1937, está sirviendo en el cuartel de Capuchinos de la capital. El 7, cuando apenas queda un día para que las tropas nacionales ocupen la ciudad, salen a combatir al Monte Coronado . “Estuvimos allí todo el día pegando tiros, pero cuando llegó la noche, el teniente Pérez nos dijo que nos fuéramos, que por la mañana estábamos copados”.

José decide hacer noche en una posada en la capital. Ya en la mañana del día 8, sale a la calle vestido de miliciano ante el estupor de un conocido. “Me dijo: ‘Pero tú que haces aquí, pero coño, si están entrando los fascistas por la calle Cuarteles”. El joven cabo se une a otros dos militares procedentes de Marbella y los tres deciden marchar de la ciudad. “Salimos con mucha dificultad de Málaga, ya huía muy poca gente. Desde las ventanas salían muchos tiros e íbamos pegados a las paredes”.

Una hora después, comienzan los cañoneos de los barcos desde la costa. Un tajo en una cantera les sirve para resguardarse. “Optamos por salir de la carretera durante el día, porque allí no se defendía uno ni de la aviación ni de los barcos”. El pequeño grupo avanza raudo y va adelantando a las familias que encuentra por el camino. Al día siguiente, José y sus compañeros de viaje ya están en Nerja. “Aquello era una lástima. Había niños, había viejos y enfermos, embarazadas, había de todo… en esa situación, corriendo, pero corriendo sin tranquilidad por el miedo a los aviones y a los barcos”.

A la altura de una fábrica de papel en los acantilados de Maro, José no soporta la sed y baja al río de la Miel a beber agua. En ese momento, aparece la aviación. “El arroyo estaba muy profundo. Se presentaron bombardeando, uno, otro… hasta cinco aviones. Cuando salí al puentecito a lo alto de la carretera… no hay palabras para describirlo. Eso no se puede describir más que viéndolo… de muertos… de heridos”. No volverá a ver a sus compañeros de viaje, ni siquiera en el cuartel cuando llega a Almería.

José continúa, solo, hasta Salobreña. Algunos refugiados empiezan a gritar que las tropas nacionales están justo detrás y cunde el nerviosismo. En ese momento, escuchan una gran explosión. “Habían volado el puente que pasa por el río Guadalfeo para impedir el paso momentáneo de los franquistas”. La lluvia de los últimos días o la apertura de una pequeña presa hace que el caudal vaya muy subido. José no se atreve a tirarse al agua. “Allí quedaron muchas personas y lo último que uno hace es suicidarse”. Más arriba encuentra un camino para pasar a la otra margen.

La sola visión de los camiones de las Brigadas Internacionales en la recta de Adra le llena de tranquilidad. “Me dije, ya estamos salvados, éstos vienen a retenerlos”. José entra en Almería desarmado, como todos los milicianos que van llegando. Es una ciudad caótica, que ha duplicado su población en apenas unos días. “No se podía andar por la calle. Había camiones repartiendo pan. Recuerdo que esa noche en el cuartel me pusieron lentejas.Por más que comía, quería más, no me hartaba”.

Él es uno de los milicianos que relevan a las Brigadas Internacionales en el frente de Lújar, en Motril, donde lucha hasta el final de la guerra civil. “Cuando acabó todo, yo ya era suboficial; escondí la pistola en el monte y me quité los galones”. Una orden de un requeté amigo suyo, Paco Gutiérrez, consigue sacarlo de un campo de concentración en Caparacena (Granada), bajo la condición de que se presente en el cuartel de Capuchinos para que comprueben su ficha y decidan si han de encarcelarlo. José prefiere marchar para el cuartel de su pueblo, donde le obligan a presentarse a diario. Él consigue eludir la prisión, pero no su madre. “A ella la pelaron y la encarcelaron un año tras un enfrentamiento con un familiar. La culparon de leer ‘El Socialista’”.

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‘Lloraba: ¡Mamá, mamá! Mi hermana no podía consolarme’

Carmen Ruiz. Huyó con 5 años.
El recorrido:  La madre de Carmen, Concepción García, decide subir a sus hijos en un autobús escolar hacia Almería. A Carmen le acompañan sus hermanos Teresa (14 años); Juan (12); Conchi (4 años) y Rafael (18 meses). Su otro hermano, Pepe, (16 años) permanece en Málaga con su madre. Su padre, José Ruiz Jurado, tras conocer la decisión de la madre, decide marchar también hacia Almería para buscarlos. Se reencontrará con ellos en Valencia.

Su historia. Carmen no ha olvidado su nombre. Se llamaba Leopoldo, era el director de un colegio de huérfanos por la zona de Pedregalejo y le gustaba que le llamaran camarada. Él fue el que convenció a su madre para que embarcara a sus hijos en un autobús hacia Almería. “Mi madre estaba colocada allí, donde planchaba y cosía. El director le dijo: ‘Concha, va a pasar una cosa muy grave porque los moros vienen matando a los niños y a las mujeres. Nosotros nos vamos a llevar a todos los niños que tenemos aquí”. Concepción no se lo piensa; sin consultárselo a su marido, recoge a sus hijos más pequeños en casa y acude al colegio, donde les espera un autobús amarillo. Teresa, de 14 años, será desde entonces la responsable de cuidar de sus hermanos Juan (12), Carmen (5), Conchi (4) y Rafael, de tan sólo 18 meses.

Cuando el padre y el hijo mayor, Pepe, vuelven de trabajar les sorprende la noticia. “A mi padre le dio un desfallecimiento. Mi hermano Pepe empezó a llorar y decía: ‘Mamá, ¿qué has hecho con los niños?’ Y ella le decía que lo que quería es que no nos mataran”. El padre, pescador de profesión y de ideología socialista, decide coger su bote y, pegado a la orilla, comenzar la búsqueda de sus hijos. José Ruiz llegará así hasta Almuñécar, donde debe abandonar el barco y continuar andando. No encontrará a sus hijos hasta 10 meses después.

Carmen y sus hermanos hacen la mitad del camino en autobús. “La carretera iba llena de personas, de burros. La gente llevaba máquinas, muebles, muchos bultos de ropa. Se querían subir en el autobús y allí no cabíamos ni los que íbamos dentro”. Para aquel grupo niños, la peor parte del trayecto comienza en Motril. Al intentar cruzar el río Guadalfeo, que va muy crecido, el autobús queda encallado. “Por allí iban caballos, personas, bultos… El profesor nos quitó de allí porque aquello era horroroso de ver y nos llevó para el monte”. Hace frío y ha llovido, pero los niños permanecen tumbados bocabajo en una loma, mientras los barcos insisten en su cañoneo. Algunos, incluso, se quedan dormidos. “El maestro, de vez en cuando, hacía recuento y se ponía con mucha pena: ‘Hoy faltan tres; hoy faltan dos’. No podía asistir a tantos, porque había tanta gente… Y los niños, si se asustaban, corrían y se metían entre las cañas de azúcar y, si no salían a tiempo, nos íbamos y allí se quedaban”.

Teresa, la hermana mayor, quiere evitar por todos los medios que alguno de sus hermanos se extravíe. “Se le ocurrió una idea muy buena. De tanto trapo como había por el suelo, hizo tiras una sábana; nos amarró a todos por la cintura y ella se quedó con los cabos en la mano”.


También se encarga de tranquilizar a sus hermanos. “Yo lloraba y decía: ¡Mamá, mamá, mamá!. La pobrecita de mi hermana ya no sabía cómo me iba a consolar. El hermanito de 18 meses también preguntaba por ella e inclusive pedía pecho porque todavía mamaba. Andábamos un tramo y le decía mi hermana:‘Detrás de aquel monte, allí está mamá’. Y llegábamos y mamá no estaba. Y llorar y llorar y de hambre, porque el angelito tenía mucha hambre; era muy chiquitito y lo que hacía mi hermana era que le machacaba cañadú y se lo ponía como si fuera un chupe para que chupara el caldito”.

Los niños avanzan sin zapatos y con la ropa hecha jirones de tirarse al suelo para resguardarse de las bombas. “Hacía mucho frío. Siempre íbamos mojados porque llovía y estábamos metidos en las cañas o tirados en el monte. Mi hermana me lió los pies porque los llevaba llenos de cortes de ir descalza sin zapatillas”.

Ya cerca de Almería, un grupo de milicianos les recogen con una furgoneta y los dejan en una plaza en la capital. “Nos dijeron que no nos moviéramos, y allí nos quedamos porque estábamos todos lacios; no nos podíamos mover aunque quisiéramos”.

El destino de los cinco hermanos es Macastre, en Valencia, adonde llegan tras un viaje de dos días en autobús. Allí residen en un internado con otros niños, sin noticias de sus padres. Pero un anuncio colocado en un periódico local por su hermana Teresa en el que cuenta que los cinco están vivos recibe una insospechada respuesta. “Una noche, a las 12, llegó un hombre preguntando por sus hijos. Cuando le dijo nuestros nombres, la muchacha que lo recibió se quedó de piedra. Mi padre no tenía manos para coger a tantos niños”.

Terminada la Guerra Civil, regresan a Málaga. El padre consigue entrar con un salvoconducto que le ofrecen unos conocidos en el que se asegura que es falangista desde el año 23. “Mi madre se quedó sin conocimiento cuando nos vio. Tuvieron que llamar a la casa de socorro”.

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‘Los aviones franquistas nos ametrallaban, éramos niños, mujeres y viejos’

Eran entonces niños o adolescentes. Hace once años dejaron su testimonio vital en el documental “Febrero 1937. Memoria de una Huida”, producido por Sur. En el 81 aniversario de aquel éxodo ocurrido durante la Guerra Civil, recuperamos sus vivencias.

Consuelo Torres. Huyó con 10 años. “Los aviones nos ametrallaban. Éramos niños, mujeres y viejos”.

El recorrido. La familia de Consuelo –su padre Juan Torres, su madre Consuelo Fernández y su hermano Juan (11 años)- sale la madrugada del 7 al 8 de febrero hacia Almería. De allí partirá en tren para Barcelona. La madre seguirá con sus hijos hacia Marsella y Casablanca. El padre no puede acompañarles porque está herido y acabará en un campo de concentración en Francia para fallecer finalmente a su llegada a Málaga. Consuelo Torres no regresa a Málaga hasta la muerte del general Franco. Nunca volverá a ver a su padre.

Su historia. Los continuos bombardeos sobre la capital durante los siete meses de asedio no hacen más que reafirmar a la madre de Consuelo de que hay que huir. Pero Juan, su padre, se niega una y otra vez, convencido de que no va a ocurrir nada malo. La mañana del domingo 7 de febrero, nueve aviones sobrevuelan la ciudad, pero esta vez no bombardean. Consuelo los observa desde la zona de El Ejido en la capital.


“Los aviones lanzaron programas en los que se podía leer: ‘Nosotros no somos lo que dicen los rojos; no os vamos a hacer nada; quedaros tranquilos; no salgáis de Málaga. Nosotros nos quedamos en mi casa”. Pero por la tarde el pánico se apodera de la ciudad. Los nacionales están a punto de entrar y el terror a las tropas moras que los acompañan es imposible de contener.

“Llegó la noche, eran las 10.30 o las 11. Estábamos acostados y mi madre escuchó muchos llantos, muchos gritos. Salió para preguntar que qué pasaba. ‘Que vienen los moros. Que ahí vienen, que vienen’, decían”. La madre de Consuelo le reprocha al marido no haber marchado antes y empieza a hacer el equipaje para salir. “Mi padre quedó en casa. Por la mañana iba a ir a cerrar una pensión que teníamos cerca de la cárcel de Málaga. Mi madre le dijo que ella iba a bajar al Centro con mi hermano Juan y conmigo y que ellos dos ya se reencontrarían en un sitio que habían previsto”.

La madre de Consuelo baja por la calle de la Victoria convencida de que a esas horas de la noche podrán encontrar un taxi, pero la escena que contemplan cuando llegan a la altura de la Aduana y de la calle Larios les sobrecoge.“Eso fue terrible, venía la gente de todos los pueblos de Málaga y venían corriendo. Mi madre dijo: ‘¿Pero esto qué es? Si aquí no hay taxi ni nada’. Y entonces nosotros seguimos por donde marchaban todos sin saber adónde íbamos”. Mientras avanzan por el Parque, la madre se encuentra con un vecino que va en carro hacia El Ejido para recoger a su familia y le pide que avise a su marido para que lo deje todo y les siga. Pocas horas después se reencuentran en el camino.

“Al principio íbamos andando porque no bombardeaban, pero, al amanecer, ya se veían los aviones. Ya no íbamos andando, ya íbamos corriendo”. Cualquier equipaje pasa a ser accesorio y empiezan a tirar los bultos en el camino. “La carretera era como una serpiente. Mucha gente se caía. Eran gritos, eran llantos, eran lamentos. El que quedaba herido, ése se desangraba. Ahí no había nadie que pudiera acudir. Yo, que tenía 10 años, vi a un matrimonio con un niño de pecho que se estaba muriendo. Hicieron un hoyo en la carretera y lo enterraron. Eso lo vi yo”.

Los cañoneros Cervera, Canarias y Baleares son implacables y siguen a la caravana desde la costa. “De noche nos deslumbraban. A veces tiraban contra la montaña; las rocas se desplomaban y había gente que quedaba allí”. La desbandada durante cada bombardeo provoca continuos extravíos entre la multitud. “Entonces mi madre y mi padre se pusieron de acuerdo. Mi madre le dijo que se iba a ocupar de mí y que él estuviera pendiente del niño. Pero mi padre fue a las cañas de azúcar y mi hermano le dijo que se venía con nosotras. En ese momento, llegaron los aviones y ahí es donde mi hermano se pierde”.

Abatida, la madre de Consuelo no quiere seguir andando. Cada vez que llega a un pueblo empieza a buscar al pequeño Juan con desesperación. “Había muchos niños perdidos y, cuando la gente los encontraba, los cogía y, por la noche, los metía en casas vacías. Mi madre iba allí preguntando por mi hermano y tocando a los niños que estaban dormidos o muertos. Se encontraba a niños llorando y llegó a recoger a cuatro, que vinieron con nosotros hasta Almería”.

Las cañas de azúcar, que les producen ampollas en los labios, se convierten en el único sustento. “En un monte vimos un chotillo. Un hombre salió corriendo y lo mataron a pedradas. Mi madre, que era muy dispuesta, fue a coger algo. Le dieron una pata y la limpió con un trapo. Se puso a buscar algo para hacer fuego, pero no encontró nada. Como teníamos hambre, chupábamos la carne cruda”.

El río Guadalfeo, de noche, resulta inabordable. Aun así, la gente se lanza sin temor a ser arrastrada por la corriente. “Vino un camión y dijeron que no cruzáramos; que esperáramos a que pasara y que siguiéramos justo por donde fuera el camión”.

Al día siguiente, una combate entre dos aviones sorprende a los que avanzan. Uno de los aeroplanos es abatido y cae en la playa junto a la carretera. “Sacaron a dos hombres rubios. La gente se fue a coger trapos porque estaban heridos. Ahí, como fuimos a ver eso, ahí encontramos a mi hermano. Un miliciano lo recogió en la carretera”.

El agotamiento es general. Consuelo avanza con los pies liados en trozos de tela porque se le han deshecho las suelas de los zapatos. “La planta del pie daba a la gravilla. Esa carretera era toda de gravilla”.

Desesperada por el cansancio de sus hijos, la madre le pide a dos milicianos que marchan a caballo que se los lleve y que los dejen en el siguiente pueblo. “Pero el caballo no llevaba montura y a mí me sangraban las piernecitas. Nos dejaron en un pueblo, pero se vino la noche.


Mis padres no venían y empezamos a llorar. La gente nos preguntaba si queríamos irnos con ellos, pero les decíamos que no, que nos habían dicho que esperáramos allí. Al final, de madrugada, los vimos”.

Nada más entrar en Almería, a los ochos días de la partida, la madre entrega a los niños que había encontrado en la carretera a unos milicianos por si los busca su familia. Unos conocidos les aconsejan que no se queden en la ciudad; que vayan directamente a la estación porque está a punto de salir un tren. “¡Madre mía lo que había en la estación!. Todos los refugiados de Málaga estaban allí. Nos metieron en una tartana. No sabíamos hacia dónde iba.

Mi madre preguntó cuál era el destino y le dijeron que Barcelona”. El estadio de Montjuic de la Ciudad Condal se llena de refugiados. Hombres y mujeres duermen en plantas diferentes, sobre el suelo. En la oscuridad de la noche, el padre cae por las escaleras y tiene que ser hospitalizado. La madre decide marchar con los hijos para Marsella y después para Casablanca. Consuelo no volverá a España hasta 50 años después. Su padre partirá para el exilio, donde le espera un campo de concentración y fallecerá en Málaga.

Nunca volverá a verlo.

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El evangelismo mediático gana las elecciones en Costa Rica

Wim Dierckxsens

En Costa Rica el candidato de los medios de comunicación “Enlace” ganó la primera ronda de las elecciones presidenciales y el Partido Liberación Nacional, la socialdemocracia, no se salió con la suya.

La señal de televisiva “Enlace”, que transmite en 120 países y también en todos los cantones de Costa Rica, fue factor decisivo en el triunfo del candidato evangélico Fabricio Alvarado del Partido Restauración Nacional (1). En dicha página se puede ver y escuchar una entrevista del fundador de Enlace con el candidato ganador y su esposa (2). No por casualidad, la hija de una predicadora de Enlace fue la candidata a la vicepresidencia.

No estamos hablando de un proyecto televisivo nacional. El socio mayor de Enlace es “Lakewood Church”, una megaiglesia en Estados Unidos con 50.000 asistentes semanales en Houston (3). Es también la iglesia fundada por Joel Osteen del “Evangelio de la Prosperidad”, una iglesia fundamentalista al igual que lo es el neoliberalismo, que juntó una fortuna de unos 50 millones de dólares. Enlace acepta hasta tarjeta de crédito para ofrendar (4).

Esta millonaria maquinaria de organización mediática del cristianismo protestante evangélico fundamentalista, con oficinas en todo el continente, estaba detrás de la campaña de Fabricio Alvarado con su no esperado impacto en todo el país. Ese impacto de su campaña ganó mayor terreno a partir del momento en que, justo antes del día de las elecciones, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (IDH) ordenó a Costa Rica garantizarles a las parejas del mismo sexo todos los derechos existentes en la legislación, incluido el derecho al matrimonio, sin discriminación alguna frente a las parejas. Este pronunciamiento se dio a raíz de una consulta del gobierno de Luis Guillermo Solís, considerado un triunfo para su Partido Acción Ciudadana (PAC).

La misma decisión fue una bandera de lujo para ser levantada por el candidato evangelista y su Partido Restauración Nacional (PRN) para hacer campaña justamente en contra de este fallo, predicando la importancia de conservar la “Sagrada Familia” y difundiéndolo por todos los rincones del país. De este modo el PRN ganó de manera decisiva en las provincias periféricas. El PAC, al llevar la bandera progresista de estar a favor de un estado laico y el matrimonio entre personas del mismo sexo, ganó en las provincias de la Meseta central donde está empadronada más del 80 por ciento de la población votante del país. Esta ventaja no fue suficiente para obtener el primer lugar a nivel nacional, pero si dio los votos suficientes para dejar al partido de Liberación Nacional en tercer lugar, el gran perdedor en estas elecciones.

Lo que llama la atención es que Liberación Nacional, la social democracia, está en retroceso en Costa Rica como lo está en el mundo entero. Lo está al abandonar su misión social e histórica con la clase trabajadora, al pasar a apoyar más bien las medidas globalistas y neoliberales en las últimas décadas, las cuales que han erosionado los derechos económicos y sociales de la clase trabajadora y provocaron una creciente desigualdad económica en el en el mundo occidental entero y así también en Costa Rica.

Los “socialdemócratas” apostaban a que Liberación Nacional quedaría en segundo lugar para poder triunfar en segunda vuelta […] El PRN y el PAC irán a segunda ronda. A la “socialdemocracia” le salió el tiro por la culata ya que el PAC logró el segundo lugar […]

(1) www.enlace.org/oficinas
(2) www.enlace.org/aqui-entre-nos-fabricio-alvarado-candidato-a-la-presidencia -de costa-rica
(3) www.lakewoodchurch.com
(4) www.enlace.org/ofrendar

http://mariwim.info/?p=81

China construirá una base militar en Afganistán para sustituir a Estados Unidos

China está analizando la posibilidad de construir una base militar en Badajshan, en Afganistán. El vicepresidente de la Comisión Militar Central China, Xu Qiliang, dice que se espera que la construcción de esta base esté terminada para
este año.

Las discusiones sobre los detalles técnicos comenzarán pronto. Las armas y el equipo serán chinos, pero la instalación será operada por personal afgano. Los vehículos y el equipo se transportarán a través de Tayikistán. Los instructores militares chinos y otros expertos también irán a entrenar y asistir a las misiones.

El año pasado los talibanes capturaron temporalmente los distritos de Ishkashim, Zebak y Badajshan. El gobierno afgano no ha mantenido una presencia militar suficiente para garantizar la seguridad. Se había llegado a un acuerdo con los comandantes locales sobre el terreno, que les había proporcionado una parte de la producción de lapislázuli, a cambio de un alto el fuego.

Sin embargo las disputas internas socavaron la frágil paz entre los grupos locales, y los talibanes aprovecharon la oportunidad para intervenir. Preocupa especialmente la presencia del Califato Islámico en la región.

Los intereses de China en la región son lo suficientemente fuertes como para justificar un compromiso militar fuera de sus fronteras. La seguridad fronteriza es una cuestión de suma importancia para Pekín. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar China? Hasta ahora ha limitado sus actividades militares a las patrullas por el corredor de Wakhan. Una base militar en Badajshan demostraría la disposición de Pekín a ampliar su presencia en Afganistán para reemplazar a Estados Unidos.

China tiene un activo que le falta a Estados Unidos: sus buenas relaciones con Rusia y Pakistán. Pekín representa a la OCS, la Organización de Cooperación de Shanghai, que incluye a actores como Turquía, Irán, India, Pakistán y los países de Asia central.

El año pasado Putin relanzó el trabajo del Grupo de Contacto de la OCS sobre Afganistán. Las actividades habían sido suspendidas en 2009. Rusia aboga por la apertura de conversaciones directas entre el gobierno afgano y los talibanes lo antes posible. Pekín también apoya esta idea. Ambas naciones están en el mismo barco. Moscú dijo que estaba lista para acoger una conferencia sobre Afganistán.

La provincia afgana de Badajshan limita con la región autónoma uigur de China, Xinjiang. Antiguamente formaba parte de la Ruta de la Seda que unía a oriente con occidente. Hoy en día, la carretera está siendo relanzada como parte de la Nueva Ruta de la Seda, que implica la construcción de importantes infraestructuras en Afganistán y Asia central para relanzar el interés por la región.

China es el mayor inversor y socio comercial de Afganistán, que alberga importantes fuentes de materias primas que China quiere importar. El gobierno de Pekín ha invertido 55.000 millones de dólares en Pakistán y planea construir un corredor económico que se extienda hasta el Océano Índico. La Nueva Ruta de la Seda impulsará la economía mundial y también beneficiará a Afganistán.

El narcotráfico es el único tipo de negocio que prospera allí. La estabilidad de Afganistán le interesa a China, pero hay pocas esperanzas de que Estados Unidos pueda proporcionársela. Después de todo, desde 2001 Washington no ha logrado ningún avance en esa dirección. Se han producido ataques y retiradas repentinas, cambios en las tácticas y estrategias, y muchos estudios sobre cómo revertir la tendencia de la guerra, pero los talibanes siguen siendo fuertes y la economía afgana está en ruinas.

Hasta ahora, el gobierno de Trump aún no ha presentado su esperada estrategia para Afganistán, a pesar de que hay por lo menos 8.400 tropas estadounidenses en el país, y su número aumentará pronto.

Las relaciones entre Estados Unidos y otros actores relevantes, como Pakistán, son muy tensas. Washington ha suspendido recientemente su asistencia militar a ese país.

La inestabilidad en Afganistán amenaza el corredor económico chino-pakistaní, una parte importante del OBOR. China actúa como mediador, tratando de conciliar las diferencias entre los protagonistas regionales. Las relaciones afganas y pakistaníes se deterioraron en 2017 cuando se acusaron mutuamente de prestar apoyo a los yihadistas que operaban en las zonas fronterizas. Pekín se esfuerza en mejorar las relaciones bilaterales. Organizó una reunión tripartita de todos los Ministros de Asuntos Exteriores en 2017. Uno de los resultados de los debates fue la creación de grupos de trabajo para promover la cooperación en diversos campos de actividad. Está previsto celebrar otra reunión este año en Kabul.

En Afganistán opera el Movimiento Islámico de Turkmenistán oriental, una organización uigur, nacionalista e islámista. Los milicianos uigures adquieren experiencia de combate luchando codo a codo con los talibanes y otros grupos guerrilleros. Pekín no quiere que esos uigures regresen para participar en actividades terroristas en su territorio.

Rusia y China han intensificado la asistencia militar a los Estados de Asia central. Consideran que la OCS puede aportar una contribución sustancial a una solución pacífica. Ambos países están intentando tejer una red regional de Estados.

La OCS puede transformar el proceso de paz en un auténtico esfuerzo multilateral. Esto debilitará el peso de Estados Unidos en la región, pero aumentará las posibilidades de encontrar una solución al conflicto. La cooperación y la diplomacia podrían abrir un nuevo capítulo en la historia de Afganistán.

https://www.strategic-culture.org/news/2018/01/30/china-builds-military-base-in-afghanistan.html

Niños afganos de la región de Badajshan, en la frontera con Tayikistán, Pakistán y China

La burguesía ‘feminista’ descubre sus cartas en la ‘huelga’ del 8 de marzo

“Nosotras llamamos a la huelga a todas las mujeres desde la interseccionalidad, es decir, a mujeres, bolleras y trans, no a más gente. ¿Cuál es el papel de los hombres? Cubrir los servicios mínimos. Van a tener que ir al trabajo igualmente. Porque nosotras no vamos a valorar el éxito de la huelga si se paralizan tantas fábricas, porque la mayoría de nosotras no estamos en las fábricas. Estamos en otro montón de sitios, en el sector de los servicios, en los cuidados”.

Esas fueron las palabras de Carlota Álvarez Maylín, miembro de la Comisión 8 de Marzo durante un debate celebrado el día 3 de este mes titulado “¿Qué es una huelga feminista?” (*) para dejar muy claras dos cosas: que quien convoca tal acto es la burguesía y que dicha clase social secuestra las palabras del proletariado porque una “huelga feminista” no es una huelga sino todo lo contrario: “apartheid”.

Hace ya décadas que la burguesía, especialmente desde las universidades de Estados Unidos, viene presionando para reconvertir el movimiento feminista en una parte de su rompecabezas característico, creando un archipiélago de algaradas aisladas entre sí e inofensivas cada una de ellas, por más que adopten los ademanes de un radicalismo infantil.

Naturalmente, el “feminismo” burgués nunca tuvo nada que ver con el proletario, que originariamente fue el primero y el que fundó el 8 de marzo como Día de la Mujer Trabajadora, que es un día de toda la clase obrera, lo mismo que el Primero de Mayo, y no sólo de una parte de ella.

Sin embargo, como es natural, cuando el “feminismo” burgués habla de “la mujer” se refiere a su propia clase social, y eso es lo que pone en evidencia la Comisión 8 de marzo desde que hizo su primer llamamiento a la huelga. Por lo tanto, nadie ha convocado a una clase social y los hombres y mujeres de la clase obrera nada tienen que ver con la huelga del 8 de marzo.

A las convocantes no se les puede reprochar la falta de claridad de su planteamiento, porque repiten por activa y por pasiva que, cualquiera que sea su clase social, los hombres no sólo no pueden solidarizarse con esa “huelga” sino que están condenados a ejercer de esquiroles, es decir, a sabotearla. Aunque estén a favor deben actuar en contra de las “huelguistas”.

La burguesía “feminista” hace un ridículo espantoso y tira piedras contra su propio tejado porque los sindicatos no podían dejar de sumarse, como estaba previsto, a tamaña farsa, si bien reconvirtiéndola en una huelga “general”, lo cual impide comprobar (“visibilizar”) lo que la burguesía pretende: que sin la actividad de las mujeres el mundo se para.

“Lo que queremos es visibilizar que si paramos nosotras se para el mundo. Si quisiéramos otra cosa llamaríamos a una huelga general de todo el mundo”, dijo Justa Montero en el debate al que nos referimos. Es otro de los rasgos de clase típicos de la burguesía, que no puede luchar contra sí misma, contra el capitalismo, sino contra “el mundo” que, por lo demás, lo definen también a la manera de la burguesía: es el mundo privado, el hogar, la familia, la pareja… Eso es lo que hay que cambiar, no el modo de producción, la dominación de clase o el Estado.

La burguesía aún no ha aprendido que tanto “el mundo” privado como el público sólo lo puede parar una clase social, el proletariado, y en las huelgas y paros de la clase obrera no se admiten ninguna clase de esquiroles, ni tampoco de servicios mínimos (ni de hombres, ni de mujeres).

Tampoco admite ningún tipo de “apartheid”.

(*) https://www.elsaltodiario.com/huelga-feminista/que-deben-hacer-los-hombres-papel-huelga-feminista-cuidados-8-marzo-trabajo

Más información:

— ¿Qué clase de huelga para el Día de la Mujer Trabajadora?

España dirige la Operación ‘Sea Guardian’ de la OTAN en el Mediterráneo

La Armada española dirigirá la Operación “Sea Guardian” de la OTAN contra el “terrorismo” en aguas del Mar Mediterráneo con la fragata “Navarra” junto a otros dos buques de Italia y Bélgica.

La agrupación estará al mando del capitán de fragata Francisco Javier Vázquez Sanz, Comandante de la fragata “Navarra” (F-85), basada en la Base Naval de Rota (Cádiz). Además la formarán la italiana “Eolo” y la belga “Louise-Marie”.

Cartagena será el punto de encuentro de estas unidades que conforman la agrupación para la operación, que está bajo el Mando del Cuartel General Marítimo de la OTAN en Northwood.

La misión tiene asignados tres cometidos principales de seguridad marítima: la contribución al Mantenimiento del Conocimiento del Entorno Marítimo, la lucha Contra el Terrorismo y el apoyo a actividades de Construcción de Capacidades en el Ámbito Marítimo.

Aprovechando la ocasión, la fragata “Navarra” estará atracada en el muelle de Alfonso XII de Cartagena del día 9 al 13 de febrero y estará abierta al público durante el fin de semana.

La “Navarra” es la quinta de una serie de seis fragatas construida en Ferrol y entregada a la Armada en 1993. Tiene una eslora de 138 metros y más de 4.000 toneladas de desplazamiento. Está equipada con sensores y armas que le permiten desarrollar sus cometidos principales como buque de escolta oceánico.

Su dotación está formada por 210 marinos. Ha participado en numerosas misiones, entre las que destacan como las más recientes la Operación “Sophia” y la lucha contra la piratería en las costas de Somalia con la Operación “Atalanta”.

Estados Unidos ya ha comenzado la guerra directa contra Siria poniendo a los kurdos como coartada

Kurdos escoltan un convoy imperialista
Ayer el ejército de Estados Unidos anunció un ataque de sus tropas contra el ejército regular sirio que causó más de 100 muertos pero aún más repugnante que la agresión es la explicación que ha ofrecido de ella, poniendo a los kurdos como coartada.

Según el Pentágono, sus tropas no han salido en defensa propia sino de las Fuerzas Democráticas Sirias, cuya sede fue atacada previamente “sin motivo” por el ejército regular.

Como es natural, los imperialistas no explican qué entienden ellos por “motivos” para un ataque del ejército de un país que está en guerra dentro de sus propias fronteras a causa de una invasión.

En un lenguaje característico, los militares estadounidenses aseguran que en el momento del ataque se encontraban “militares de la coalición [imperialista] que colaboran con asesoramiento, asistencia y acompañamiento”, junto con lo que califica como “socios de las Fuerzas Democráticas Sirias”.

El supuesto ataque del ejército regular, en el que participaron unos 500 efectivos, se produjo a 8 kilómetros al este de la línea acordada de prevención de conflictos en el río Éufrates. El ataque fue apoyado por artillería, tanques y sistemas de cohetes.

“Después de que entre 20 y 30 proyectiles de artillería y tanques impactaran a menos de 500 metros de locación de la sede de las FDS, las FDS apoyadas por la Coalición respondieron a los atacantes con una combinación de ataques aéreos y de artillería”, agrega el portavoz oficial de los imperialistas.

Durante el ataque no se registraron bajas entre los soldados estadounidenses y que un uniformado de la coalición resultó herido.

En diciembre del mes pasado, el Ministerio de Defensa de Rusia denunció en un comunicado que Estados Unidos se dedicaba a obstaculizar las acciones de las fuerzas del gobierno sirio hasta bombardear directamente sus posiciones en Deir ez Zor.

El Ministerio ruso de Defensa acusó a Estados Unidos de la destrucción de Raqqa con bombardeos masivos de la población civil residente y de haber permitido al núcleo del Califato Islámico abandonar libremente la ciudad siria y unirse a otros militantes del grupo terrorista en Deir Ezzor, una información confirmada recientemente por el Pentágono y el diario New York Times que, no obstante, negaron que Estados Unidos hubiera alcanzado un pacto con los yihadistas.

El PKK/YPG es la quinta columna del imperialismo en Oriente Medio

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