No hay ninguna coordinación de los bancos centrales para salvar al capital financiero

El domingo el Banco de Canadá, el Banco de Inglaterra, el de Japón, el Banco Central Europeo, la Reserva Federal y el Banco Nacional de Suiza anunciaron en una declaración conjunta una “acción coordinada” para mejorar la provisión de liquidez en dólares estadounidenses.

Esa acción es un acuerdo CDS (Credit Default Swaps o Derivado de Incumplimiento Crediticio), es decir, un convenio entre dos bancos centrales por el que uno garantiza la liquidez del otro. Por esa vía un banco central obtiene las divisas de otro que las emite y luego las distribuye entre los bancos privados de su país.

La Reserva Federal y otros bancos centrales pondrán dólares a disposición de los clientes diariamente, no semanalmente. Incluso los fines de semana. No hay ningún límite máximo. Todo el dinero que haga falta, al menos hasta finales del mes que viene.

Cualquier gran banco que opere a escala mundial y que pueda depositar garantías en la Reserva Federal puede obtener dólares para ponerlos a disposición de los bancos de su país.

Tampoco hay ninguna coordinación, como dicen los medios. No va a intervenir ningún banco central, aparte de la Reserva Federal. El Banco Central Europeo no mueve un dedo. Es la Reserva Federal la que está tratando de salvar los muebles, una vez más.

Cuando en 2008 quebró Lehmann Brothers, la Reserva Federal entregó unos 20 billones de dólares a los bancos de todo el mundo para salvar el sistema financiero.

La crisis costó esa cifra, y para tener una referencia: el PIB de Estados Unidos aquel año no llegó a los 14 billones de dólares.

No obstante, las cifras no se conocen bien porque el mercado de CDS es opaco y no está regulado en absoluto. Lo único que se sabe es que es gigantesco, superior a toda la economía mundial: está por encima de los 60 billones de dólares.

Los CDS son el imperio de los grandes especuladores. Angela Merkel lo comparó con el que asegura la casa de un vecino: “Quien compra un seguro para la casa de su vecino tiene un gran interés en que la casa se incendie, e incluso le prende fuego”.

Es la pescadilla que se muerde la cola: la especulación se salva con una especulación aún mayor.

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