Los ‘talibanes de la energía eólica’ levantan la cabeza en Alemania

Alemania es el gran campeón de las políticas verdes. En materia seudoecologista los europeos hablamos alemán y traducimos “Energiewende” por transición energética, que no es otra cosa que una reestructuración del nervio industrial a medio plazo.

Los modernos molinos de viento son un estandarte de lo que llaman “energías renovables”, “limpias” y de “emisiones cero”, pero décadas después de las primeras instalaciones, la eólica se enfrentan actualmente a una crisis muy grave en Alemania, como constata el periódico financiero Handelsblatt: “Primero fue la esperanza que despertó la ‘Energiewende’ pero ahora el mercado alemán corre el peligro de colapsarse” (1).

Es el viejo cuento de la lechera, la frustración entre lo que quieres y lo que consigues. Cuando las realidades chocan con los planes, como ocurre siempre con las tonteorías, un materialista debería tener claro lo que está ocurriendo. Sin embargo, la verborrea no descansa porque todas las declaraciones retóricas nos hablan del futuro, de ilusiones y grandes esperanzas, mientras que al echar un vistazo al pasado se descubre el vacío.

En Alemania los aerogeneradores instalados han crecido en los últimos veinte años pero desde 2016 la tendencia se ha invertido. El desarrollo de la energía eólica está en su nivel más bajo en veinte años porque el abismo entre lo que quieres y lo que consigues se ha ido abriendo progresivamente. Lo que quieres te lo marcan las subvenciones públicas; lo que tienes aparece en la contabilidad privada.

El punto de inflexión se inició cuando el gobierno reformó la Ley de Energías Renovables para cerrar el
grifo de las subvenciones porque no había más dinero y porque el sector
había llegado a una situación de madurez, según decían. Querían promover la competencia capitalista y consiguieron lo contrario: los monopolios empezaron a bajar la persiana. El maná ya no es lo que era y los seudoecologistas se echan a llorar.

La Federación Alemana de Energía Eólica anuncia la pérdida de miles de puestos de trabajo (2). El fabricante de aerogeneradores Senvion, que cotiza en bolsa y cuenta con 4.400 trabajadores, se declaró en quiebra en 2017. En agosto anunció que echaba el cierre y 4.400 trabajadores se van a la calle. “Nosotros no somos más que la punta del iceberg, los primeros en caer, pero no los últimos”, advirtió Yves Rannou, el gerente.

Otro monopolio de la construcción de aerogeneradores como Enercon, que se encuentra entre los cinco primeros fabricantes de aerogeneradores del mundo con una facturación de 5.000 millones de euros, lamenta la pérdida de miles de puestos de trabajo. Nordex busca nuevas oportunidades en otros países después de despedir a cientos de trabajadores.

La crisis del sector se ha llevado por delante 26.000 puestos de trabajo, más que el cierre de las minas de carbón. “Está en entredicho el éxito de la transición energética en Alemania”, lamentó Hermann Albers, presidente de la Federación Alemana de la Energía Eólica.

Al mismo tiempo empezaron a aparecer los problemas, en primer lugar con los vecinos de los aerogeneradores. “Alemania era el paraíso de le energía eólica hasta que los alemanes empezaron a odiar los molinos de viento” (3). Han surgido más de 600 iniciativas ciudadanas contra los parques eólicos.  Nadie quiere un aerogenerador al lado de su casa. Los llaman “Verspargelung”, que se puede traducir por “contaminación con espárragos gigantes”. Los alemanes son muy ecologistas pero no quieren tener un aerogenerador en movimiento al lado porque son ruidosos y devalúan el precio de las viviendas. Se han disparado los pleitos judiciales contra los parques eólicos y con ellos la concesión de los correspondientes permisos de instalación.

El gobierno quiere prohibir la instalación de turbinas a menos de un kilómetro de la urbanización más cercana. En Baviera la distancia entre una turbina eólica y la primera vivienda debe ser 10 veces la altura del mástil, pero la estructura demográfica del estado no permite tanto espacio: o viviendas o aerogeneradores.

La polémica ha pasado a los partidos políticos. El SPD (socialdemocracia) y la Alianza 90 / Los Verdes presionan para que la energía eólica se siga desarrollando (o sea, subvencionando). A mediados de noviembre el vicepresidente de Alianza 90 / Los Verdes en el Bundestag calificó a los críticos como los “talibanes de la energía eólica” (3). Pero como a los alemanes ya no les gustan los molinos de viento, en las elecciones regionales de setiembre en Brandenburgo los neonazis de AfD convirtieron la batalla contra la energía eólica en uno de sus principales temas de campaña.

Es el famoso “auge de la ultraderecha”. El mes pasado en Turingia los verdes se hundieron al tiempo que los neonazis levantaron la cabeza con los molinos de viento como materia estelar de la campaña electoral.

¡Menudo dilema! En Europa pretenden forzar a elegir entre los pijos (proeólica) y los marrones (antieólica), otra cortina de humo para escamotear el fondo del asunto, que no es complicado de resumir y que no tiene nada que ver con la morralla seudoecologista.

El sector enérgético no es sólo un capítulo económico más, como los otros, sino que tiene un carácter estratégico. Es el corazón que mueve toda la industria.

Como consecuencia de ello, las fuentes energías se deben diversificar de tal manera que haya alternativas, como la eólica, por lo que las subvenciones son imprescindibles.

Las nuevas fuentes de energía se fundamentan en técnicas emergentes que acaban de surgir y que en una sociedad capitalista no pueden competir con monopolios asentados desde hace décadas, por lo que las subvenciones son imprescindibles.

Las nuevas técnicas de generación de energía permiten pequeñas instalaciones y formas de autoabastecimiento que quiebran el mercado monopolista, mientras que las políticas de  “transición energética” reproducen las políticas capitalistas, subvencionando los grandes molinos y las grandes instalaciones de las empresas y no las pequeñas, ni las formas de autoabastecimiento: polígonos industriales, edificios, escuelas, urbanizaciones…

(1) Die deutsche Windbranche steht vor einer schweren Krise, Handelsblatt, 12 de augosto de 2018
(2) Die internationale Windbranche schaut besorgt nach Deutschland, Handelsblatt, Katrin Witsch, 25 de mayo de 2018
(3) https://www.xataka.com/energia/alemania-era-paraiso-le-energia-eolica-que-alemanes-empezaron-a-odian-molinos-viento
(4) Erbitterter Streit: Politik für ‘Anti-Windkraft-Taliban’?, https://www.morgenpost.de/wirtschaft/article227687711/Windkraft-Altmaier-verteidigt-Plaene-fuer-Mindestabstand.html

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