Lo único que nos podemos pagar los europeos es la amistad de Rusia

Hace apenas un año, la propaganda occidental se jactaba de que, al desatar la guerra en Ucrania, Rusia había fortalecido a un organismo, como la OTAN, que había perdido el norte tras la desaparición de la URSS.

En el colmo de la estupidez, nuevos países se incorporaron al organismo y los más cretinos aseguraron que cuantos más países estuvieran dentro, mejor. Con la llegada de Finlandia y Suecia, el club tiene ya 32 socios.

Ademas, todos esos socios daban muestras aparentes de una unidad inquebrantable. La fachada en torno a la Guerra de Ucrania indicaba que la OTAN era un “bloque” monolítico.

Ahora el tono ha cambiado. La OTAN es el típico organismo de la Guerra Fría al que se le ve agotado. Los propagandistas ya no saben lo que tienen que decir. En su historia, la Alianza nunca se ha enfrentado a una crisis semejante, dice la revista Foreign Affairs (*).

Un organismo así es como un boxeador que necesita un adversario sudoroso con los guantes puestos, y ese adversario ya no existe o, quizá peor, no hay consenso sobre quién es el adversario.

A nadie le sorprendería que Trump decidiera retirarse de un tinglado en crisis, internamente dividido y, sobre todo, muy costoso de mantener. Los “expertos” que se ganan el sustento con este tipo de elucubraciones inventan nuevas recetas para “la supervivencia de la OTAN sin Estados Unidos”. ¿Como se hace la paella sin arroz?

El secretario de Defensa, el vicepresidente J.D.Vance y otros altos dirigentes del gobierno de Trump han expresado repetidamente su desprecio por una Europa “patética”. Están hartos de financiar las chauzas de los “socios” del Viejo Continente.

En febrero, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, reprendió a sus aliados: “La dura realidad estratégica no permite a Estados Unidos hacer de la seguridad europea su primera prioridad. Los aliados europeos deben intervenir y garantizar ellos mismos la seguridad del continente”.

Poco después, Trump se enfrentó a la OTAN en la ONU, donde representantes estadounidenses se negaron a apoyar una resolución europea que acusaba a Rusia de haber invadido Ucrania.

La Casa Blanca intenta arrebatarle Groenlandia a un aliado de la OTAN, Dinamarca.

En marzo Alemania y Estados Unidos se pelearon abiertamente. El futuro canciller alemán, Friedrich Merz, dijo que con la actitud de Trump, “pronto ya no podremos hablar de la OTAN en su forma actual”.

Pero una OTAN sin Estados Unidos es como un pianista sin piano, y lo que es peor: los europeos no pueden valerse por sí mismos. Están preocupados por su “soberanía” o su “independencia” armamentista y creen que algún día podrán lograrla, que es otro de sus muchos errores, sobre todo si lo que buscan es hacer sombra a Rusia.

Europa podrá rearmarse hasta los dientes, pero nunca llegará a la altura de Rusia, así que les resultaría mucho más fácil acercarse un poco a ella, que les acogería con los brazos abiertos. Se ahorrarían mucho dinero.

La revista Foreign Affairs recopila un largo listado de lo que les falta a los miembros de la OTAN en términos de defensa en caso de una retirada estadounidense. Sistemas de reconocimiento por satélite, barcos y aeronaves, equipos y armas, drones y programas de inteligencia artificial. Personal de todos los niveles, desde soldados rasos hasta oficiales. Infraestructura. Refugios antibombas… La lista es interminable.

En teoría es posible comprar o construir todo eso. Pero hace falta dinero, muchísimo dinero, sólo para mantener los ejércitos al mismo nivel que tiene hoy, que es muy bajo, en comparación con Rusia.

De esa manera volvemos siempre al mismo punto de partida: los países europeos necesitan un dinero que no tienen y van a dar otro paso más en falso, que es el de endeudarse, lo que horroriza a los que ya están hasta el cuello de deudas, como Francia, Italia, España, Portugal y Grecia.

Cuando todo no es charlatanería, como en los medios, y hay que aflojar el bolsillo, algunos empiezan a darle vueltas a la cabeza. Si lo de la “amenaza rusa” no existiera, no habría necesidad de gastar tanto dinero, es incluso sería posible hacerse amigos de Rusia.

A Hungría, Eslovaquia, e incluso Austria, no es que Rusia, Chaikovski o Putin les caigan simpáticos, como dicen los medios; es que es lo más barato, o quizá ocurre como en cualquier supermercado: Rusia es lo único que nos podemos pagar los europeos.

Uno de los errores de los estrategas europeos es preguntar con quién van a pegarse. Sería mejor que se preguntaran con quién pueden pegarse. La recomendación de hoy para Bruselas es que se busquen un adversario con el que puedan cruzar sus guantes sin recibir una paliza porque, como dicen los futboleros, Rusia juega en otra liga.

(*) https://www.foreignaffairs.com/united-states/nato-without-america


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