En los primeros cinco meses de este año, las entradas de gas ruso por el puerto de Bilbao subieron al 59 por cien, mientras que las de gas estadounidense descendieron al 40 por cien. El director del puerto, Iván Jiménez, lo explicó al Financial Times diciendo que el gas ruso es más barato que el procedente de Estados Unidos. Jiménez considera que la Unión Europea debería autorizar las importaciones de ruso para garantizar los suministros y la excesiva dependencia del gas estadounidense.
Europa corre el riesgo de comenzar la próxima temporada de invierno con las reservas de gas más bajas de los últimos 15 años, lo que podría provocar un aumento de los precios.
Al final de la temporada de reabastecimiento de gas, que se extiende de abril a octubre, las instalaciones de almacenamiento de la Unión Europea estarán a tan solo el 76 por cien de su capacidad, el nivel más bajo desde 2011. La ministra alemana de Economía y Energía, Katherina Reiche, anunció que las reservas estratégicas de su país ascienden a 24 TWh (2.300 millones de metros cúbicos), lo que supone el 9,6 por cien de la capacidad total de sus instalaciones subterráneas de almacenamiento.
Los países europeos necesitan llenar los depósitos con gas ruso, en espera de la prohibición total que ha impuesto la Unión Europea para el año que viene.
Actualmente el gas ruso supone el 14 por cien del suministro europeo y, por temor a las elecciones, los políticos europeos están cambiando de postura sobre esta asunto.
En Alemania, los votos de Alternativa para Alemania (AfD), que aboga por reanudar la compra de recursos energéticos rusos, siguen aumentando. Según las encuestas, la AfD ha alcanzado un récord del 29 por cien en los sondeos electorales, mientras que los democristianos han caído a su nivel más bajo en 4 años, con un 22 por cien.
Pero no se trata sólo de Rusia. Otra de las principales causas del déficit europeo de gas es la guerra de Estados Unidos contra Irán, que ha interrumpido los suministros de gas a través del Estrecho de Ormuz, además de la paralización de la producción en Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Otro problema: el año que viene entra en vigor en la Unión Europea la nueva normativa sobre emisiones de metano y las empresas suministradoras de gas critican abiertamente la política energética europea en esta materia.
La normativa exige a los proveedores extranjeros de gas natural a la Unión Europea que reduzcan sus emisiones de metano y que dicha reducción sea verificada. Los ministros de Energía de Estados Unidos, Qatar, Argelia y Nigeria enviaron una carta a Bruselas en la que subrayaban la imposibilidad práctica de cumplir con esa normativa. En consecuencia, las empresas no firmarán contratos, sabiendo de antemano que estarían infringiendo la legislación europea.
Philip Mshelbila, Secretario General del Foro de Países Exportadores de Gas (FPEG), señaló que la Unión Europea no puede imponer sus normas ambientales a todo el mundo.