La semana pasada, durante su visita a la Casa Blanca, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, volvió a arrodillarse ante su padrino. Fue descarado. Primero elogió el ataque a Irán diciendo que Trump “es el dirigente del mundo libre que asume la responsabilidad del resto del mundo más allá de Estados Unidos”.
Posteriormente, Rutte presentó un cuadro en el que mencionaba a su padrino: “The Trump Trillion”. Quería ilustrar el aumento del gasto militar por parte de Europa y Canadá desde el primer mandato de Trump, que le agradeció el halago públicamente.
La visita al despacho oval tuvo lugar inmediatamente antes de la cumbre de la OTAN, en Ankara, en la que los países europeos aumentarán los gasto militares aún más.
Europa y Canadá han aumentado su gasto en defensa en un total de alrededor de 1,2 billones de dólares desde que Trump asumió el cargo en 2017. Solo en 2025 y 2026, los miembros europeos de la OTAN y Canadá aumentaron su gasto militar en casi 140.000 millones de dólares.
En el despacho oval, Rutte anunció que los países europeos de la OTAN comprarán armas por valor de unos 300.000 millones de dólares en Estados Unidos en los próximos años.
El anuncio subraya un aspecto central del actual rearme de la OTAN: una proporción significativa del gasto de defensa europeo se destina a la adquisición de equipos militares de Estados Unidos, un negocio redondo que Trump ha estado exigiendo durante años. “Europa es una plataforma para la proyección de poder de Estados Unidos”, concluyó Rutte.