Sobre el neoliberalismo

Últimamente está muy de moda hablar de neoliberalismo, hasta
tal punto que a éste se le achaca la crisis económica actual. En el artículo, veremos
cómo eso no es correcto. El neoliberalismo no es un sistema económico nuevo; es
una política económica del capitalismo en la época del imperialismo. No es pues
correcto que sea el causante de la crisis, como tampoco es correcto decir que en
el capitalismo no se interviene en la economía. Que se intervenga o no en la
economía va a ir en función de diferentes factores que más adelante nombraremos.
Vamos a centrarnos en la intervención del Estado en la economía bajo el  dominio del capital monopolista.



Lo primero que tenemos que aclarar para hablar de
neoliberalismo es qué entiende el marxismo por liberalismo. El liberalismo es
una ideología. Y como cualquier ideología, es la representación de los
intereses de una clase social. En resumen, el liberalismo es la ideología
política de la burguesía revolucionaria, en oposición a la ideología feudal, en
la etapa ascendente del capitalismo. Se caracteriza por la neutralidad del
Estado, que debe ser aconfesional en lo religioso, abstencionista en lo
económico e instrumental en lo político. El Estado así queda como un mero
instrumento para proteger el interés privado, es decir, el interés de la
burguesía en tanto que clase social. De este modo, establece una división entre
lo público y lo privado, donde esto último es lo fundamental y a lo que queda
subordinado lo público. El individuo es el que llena de contenido la sociedad y
la economía y la religión se conciben como un asunto privado, mientras que el
Estado es una mera máquina gestionada por el partido mayoritario.

Una vez definido lo que es el liberalismo, procederemos a
dar una visión general del desarrollo del capitalismo en la historia.

Según el marxismo, la historia del capitalismo ha tenido,
tiene y tendrá dos fases fundamentales: la fase pre-monopolista, donde existe
el libre cambio y la competencia, y la época monopolista, también llamada
imperialista, donde el libre cambio y la competencia engendran los monopolios,
los cuales se imponen en la escena económica y política.

La primera etapa es donde el predomina el libre cambio. En
esta época, la burguesía, a la vanguardia de toda la sociedad oprimida, ya que
sus intereses coinciden con aquella, se lanza a por el poder político y derroca
por la violencia el Estado feudal, como nos muestra la Revolución Francesa y
las revoluciones democrático-burguesas de la primera mitad del siglo XIX. En
esta etapa de ascenso es donde se debe encuadrar el liberalismo, el cual
representa los intereses de una clase revolucionaria como lo era la burguesía
en aquel momento. Las revoluciones burguesas trajeron indudablemente un
progreso a la sociedad de aquel momento: industria, sufragio, soberanía
nacional y más tarde popular… Pero, con el desarrollo de las fuerzas
productivas, la burguesía “no sólo forja las armas que han de darle la
muerte, sino que, además, pone en pie a los hombres llamados a manejarlas:
estos hombres son los obreros, los proletarios
”. La misma clase obrera de
la que se ha servido la burguesía para llevar a cabo su revolución se vuelve
ahora contra ella, es decir, la burguesía y el proletariado entran en
contradicción, como se puso por primera vez de manifiesto políticamente en la
revolución de 1848.

La segunda mitad del siglo XIX va a estar marcada por el
enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado no ya sólo sindicalmente
sino, por primera vez y gracias a la AIT, políticamente. La clase obrera
empieza su lucha por el poder, que se manifestará por primera vez triunfalmente
con la Comuna de París, aunque fue por muy poco tiempo, ya que la revolución
proletaria quedó ahogada en la sangre de los propios communards.

A su vez, la acumulación originaria del capital va dando
lugar a los monopolios, que marcarán la fase actual del capitalismo, lo que
Lenin llamaba el imperialismo, fase superior (y última) del capitalismo. El
gran capital monopolista en esta etapa domina la vida económica, política e
ideológica. Los monopolios sustituyen a la libre competencia por la competencia
monopolista. En la fase imperialista del capitalismo, el capital bancario y el
capital industrial se fusionan para formar el capital financiero. Adquiere un
papel importante la exportación de capitales, así como la formación de bloques
imperialistas que se reparten el mundo creando esferas de influencia. Como
consecuencia de todo este desarrollo, tienen lugar las guerras de rapiña,
imperialistas, que tienen como objetivo redistribuirse un mundo que ya está
repartido.
Con la entrada del siglo XX, tiene lugar la Primera Guerra
Mundial, donde queda claro la naturaleza de clase (burguesa) de tal sangriento
saqueo y, lo que es más importante para nuestra exposición: los países
imperialistas, las burguesías monopolistas de dichos países, no pueden
desprenderse del Estado y así cumplir con el principio liberal de no
intervención del Estado en la vida económica, sino que lo ponen a su servicio,
al servicio de la guerra imperialista y de la carnicería. En este sentido, cabe
recordar la famosa frase de Lenin: «El Estado es el arma de represión
de una clase sobre otra
.» Por lo tanto, la burguesía monopolista no
puede desprenderse de su Estado (puesto que el Estado sólo puede pertenecer a
una clase social), sino que lo usa y lo utiliza para perpetuar su dominio como
clase. A partir de más o menos el siglo XX, el capitalismo entra en su fase
senil, reaccionaria, donde los monopolios y el Estado se hallan estrechamente
ligados y la burguesía se hace más dependiente del Estado que nunca. No hay
separación entre la burguesía financiera y el Estado, sino que es ésta quien lo
domina.

En la actualidad, podemos poner dos ejemplos para corroborar
lo dicho. Así como la burguesía liberal es partidaria de la no intervención del
Estado, también es suya la consigna de “no subir impuestos”, si bien es esta
una consigna demasiado abstracta. Pues bien, hemos visto cómo el gobierno que
gestiona el Estado burgués actualmente, el gobierno del PP, ha subido los
impuestos (los indirectos, claro). Otro ejemplo de cómo funciona el Estado
burgués contemporáneo y el enlace que tiene con los monopolios es la
nacionalización de Bankia. A medida que el capitalismo monopolista se va
desarrollando, se hace más fuerte la necesidad de intervenir la economía y de
controlarla, ya sea bien para favorecer a determinados grupos oligárquicos o bien
para intentar aliviar la crisis sistémica en la que el capitalismo se halla
actualmente ¿Para qué nacionaliza un Estado burgués un banco, si el propio
Estado representa a los monopolios financieros? La respuesta es bien sencilla:
ya que el Estado es un arma de represión de una clase sobre otra, la propia
oligarquía financiera lo utiliza para apretar las tuercas a la clase obrera y a
las masas populares. El objetivo de nacionalizar Bankia no es otro que
socializar las pérdidas. Sí, Bankia ha quebrado y necesitaba capital
urgentemente. El Estado se lo inyecta con dinero público (de la mayoría obrera)
y convierte así el banco de nuevo en solvente. ¿Qué hará el Estado cuando
Bankia vuelva a estar solvente? Privatizarlo con el fin de privatizar
ganancias. Es decir: para la mayoría, la clase obrera, pérdidas y para la minoría,
la oligarquía financiera, ganancias. Tal es el objetivo de dicha operación.

El neoliberalismo es, pues, una política económica usada en
función de algunos factores (si la crisis económica es fuerte o no, si los
grupos oligárquicos a los que representa la fracción gobernante en el poder se
hallan en buena posición en el mercado nacional o mundial, etc). El
neoliberalismo es una de las muchas políticas económicas de las que se sirve la
oligarquía financiera para perpetuar sus beneficios y su dominio, como también
lo es el neokeynesianismo. Que se emplee una u otra va a depender sobre todo de
la coyuntura. Llegados a este punto, no cabe duda de que el neoliberalismo no
sólo no se contrapone al neokeynesianismo, sino que lo complementa. Por lo
tanto, si la burguesía tiene necesidad de intervenir con el Estado la economía,
sin duda lo va a hacer.

Ahora bien, sería falso afirmar que el neoliberalismo es el
causante de todos los males que sufre hoy la economía española. Es una teoría
muy en boga de determinados reformistas que no entienden ni han entendido nada
sobre la historia del capitalismo. Estos reformistas sostienen que hay que
intervenir desde el Estado para dar prioridad al capital productivo
(industrial) y no al especulativo (bancario). Y digo que no saben nada porque
hoy en día (y desde hace mucho, para vergüenza de estos señores) el capital industrial
se halla fusionado con el capital bancario. Aquí es donde hace aguas la teoría
de los reformistas.

El imperialismo, como decía Lenin, es el capitalismo
agonizante y en descomposición, que está sumido en una crisis general y
sistémica a la que sólo se le podrá dar solución mediante la revolución
socialista. La crisis sistémica del capitalismo no puede traer nada bueno a la
sociedad. Si las masas quieren paz, el capitalismo les da guerra; si quieren
comida, el capitalismo les ofrece hambre; si quieren trabajo, el capitalismo
les da desempleo; si quieren aprender, el capitalismo las mantiene en la
ignorancia; si quieren bienestar, el capitalismo les ofrece miseria y opresión;
si quieren libertad, el imperialismo y el monopolismo les regalan cadenas,
reacción y fascismo.
Sólo el socialismo puede salvar a las masas de los cinco
continentes.


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