La CIA prepara la ‘revolución de las pantuflas’ en Bielorrusia

La CIA y su cohorte de satélites preparan una “revolución” en Bielorrusia que se llamará “de las pantuflas” porque los colorines se han agotado. Así la ha calificado The Guardian (1), aunque luego rectificó y cambió el titular (“Slipper Revolution”).Pero un calificativo tan original no podía ser obra del periódico británico sino de la propia CIA. El 6 de junio así aparecía en Radio Free Europe / Radio Liberty (2). Luego el gobierno de Estados Unidos y el Consejo Atlántico, o sea, la OTAN, volvieron a mencionar las pantuflas en un artículo sobre Bielorrusia.

El Centro de Análisis de Políticas Europeas, otro tinglado de Washington, evitaba el empleo de las pantuflas, pero no la necesidad de desestabilizar Bielorrusia.

Es evidente que algo está preparando el imperialismo a las puertas de Rusia.

El país tiene una industria muy desarrollada que exporta principalmente maquinaria pesada. Gran parte de la economía sigue siendo propiedad del Estado, por lo que consiguió evitó el desastre económico que se produjo en Rusia en tiempos de Yeltsin.

Desde 1995, Rusia y Bielorrusia tienen un acuerdo para formar un “Estado de la Unión” que permite a los ciudadanos de cualquiera de ambos el derecho a trabajar y a establecerse permanentemente en cualquiera de ellos sin atenerse a procedimientos formales de inmigración.

Otro Tratado firmado en 1999 incluye la defensa común y la integración económica, así como un Parlamento de la Unión y otras instituciones.

Rusia subvenciona el gas natural y el petróleo que entrega a Bielorrusia. Pero una parte del petróleo lo refina y exporta para obtener divisas en los mercados occidentales.

Pero Lukashenko no lo tiene tan claro y se hace querer, por lo que Rusia está exigiendo precios más altos para su petróleo. Por su parte, el gobierno de Minsk tiende lazos a Estados Unidos y a otros países occidentales.

Bielorrusia está diversificando a sus proveedores de petróleo, firmando contratos con Azerbaiyán, Noruega y Arabia saudí, aprovechando el desplome de los precios.

A principios de febrero Pompeo visitó Minsk y ofreció por primera vez vender el petróleo de Estados Unidos a precios competitivos. Fue el primer viaje a Bielorrusia de un secretario de Estado desde que Lukashenko asumió la presidencia.

Luego, en abril, ambos países restablecieron oficialmente relaciones diplomáticas después de 10 años de vacío.

Acercarse al imperialismo también tiene su precio. Una embajada de Estados Unidos es un nido de conspiraciones para un gobierno tan poco dócil que no ha caído en ninguna de las trampas del coronavirus y el confinamiento.

Las “revoluciones de colores” que incuba la CIA siempre tienen su origen en elecciones y el 9 de agosto Bielorrusia celebra las suyas, así que hay que esperar que empiecen a llegar los observadores internacionales, las controversias, las acusaciones y demás, que irán seguidas de protestas “populares”, manifestaciones y blogs críticos con Lukasheko, estereotipo de “dictador”.

El año pasado la Fundación Nacional de Estados Unidos para la Democracia financió al menos 34 proyectos y organizaciones en Bielorrusia y presenta al menos dos candidatos para competir con Lukashenko: Syarhey Tsikhanusky y, sobre todo, Valery Tsepkalo.

Un tercero en discordia, Viktor Babariko, parece ejercer el papel de peón del Kremlin.

Al comienzo de la campaña, miles de personas hicieron fila en las ciudades para firmar peticiones apoyando las candidaturas patrocinadas por Estados Unidos, ya que deben reunir 100.000 firmas para poder participar.

Los secuaces del imperialismo siguieron el guión previsto y empezaron a agitar zapatillas gracias a un llamamiento promovido por YouTube.

(1) https://www.theguardian.com/world/2020/jun/16/slipper-revolution-lukashenkos-reign-under-pressure-in-belarus
(2) https://www.rferl.org/a/belarus-s-slipper-revolution-seeks-to-stamp-out-lukashenka-is-he-at-risk-/30656256.html

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