La CIA elaboró planes para desatar una guerra contra Siria en 1983

Graham Fuller, la antena de la CIA en Estambul
En relación con el golpe de Estado en Turquía ya hemos aludido aquí varias veces a Graham Fuller, una de las antenas más importantes de la CIA en Oriente Medio (1). Sus vínculos con Siria son menos conocidos, a pesar de ser muy antiguos.

En un documento (que hoy es de acceso público) redactado el 14 de setiembre de 1983, Fuller informaba (2) a sus jefes en Langley de la importancia estratégica de Siria para Oriente Medio y de la necesidad de derrocar al gobierno del Baas, entonces dirigido por Hafez Al-Assad.

“Estados Unidos debe incremntar seriamente la presión sobre Assad dirigiendo ataques militares en secreto simultáneamente contra Siria a partir de tres países hostiles a Siria: Irak, Israel y Turquía”, escribía Fuller y después justificaba los motivos de elegir a esos tres países.

El caso de Irak también lo hemos mencionado aquí (2). Por su parte, Fuller proponía iniciar ataques aéreos desde el país vecino, entonces gobernado por Saddam Hussein, con con el único fin de abrir el gasoducto, del que también hablamos en otra entrada (3). Israel debía presionar militarmente en Libano, que entonces estaba ocupado por tropas sirias, mientras Turquía debía atacar a las bases (kurdas, armenias y comunistas) en el norte.

“Colocado ante tres frente hostiles, Assad probablemente estaría obligado a abandonar su política, que consiste en cerrar el gasoducto. Una conesión así aliviaría la presión económica que pesa sobre Irak y obligaría a Irán a poner fin a la guerra”, en referencia a la que los imperialistas habían provocado entre Irak e Irán.

Fuller consideraba que Siria se enfrentaba a Estados Unidos en dos puntos fundamentales. El primero era su negativa a retirar las tropas de Líbano, lo que perjudicaba a Israel. El segundo era el cierre del gasoducto irakí, que había puesto en dificultades a la economía del país vecino.

Irak era la pieza clave del ataque. En plena guerra contra Irán, el plan de Fuller consistía en trasladar la guerra de Irak a Siria, en la que Saddam Hussein contaría con el apoyo de los demás países árabes, con excepción de la Libia de Gadafi. La apertura del gasoducto permitiría a Irak financiar su guerra contra Irán.

En su informe, Fuller analiza la perspectiva de que Irak tuviera que combatir en dos frentes distintos: Irán en el este y Siria en el oeste. Esa situación podía conducir a Saddam Hussein a pensar que Estados Unidos le estaba tendiendo una trampa para debilitar al gobierno irakí. Para disipar las dudas, el dirigente irakí debía verse arropado por los ataques simultáneos de Israel y Turquía y, naturalmente, por el apoyo pleno del Pentágono, sobre todo el materia de inteligencia.

Al final del documento Fuller analiza el papel posible de la URSS, que en varias ocasiones había pedido a Al-Assad la apertura del gasoducto debido a sus buenas relaciones con Irak. Al enfrentar a dos de sus aliados (Irak y Siria) en una guerra mutua, la URSS tendría muchas dificultades en Oriente Medio.

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