España, te repites como el ajo

Mal comienzo para un análisis que presume de serio. “De todas las historias de la Historia la más triste sin duda es la de España porque siempre termina mal”. Seguro que esta cita de Gil de Biedma le da un toque de mayor seriedad. Pero es que cualquiera que eche un vistazo a los periódicos puede verlo. Es que este país se repite como el ajo. Éso si. No es objetivo de este artículo declarar esa frase tan manida: “La Historia siempre se repite.” No. Olvídese. Es más profundo.

Es que en España el hambre, el paro, la miseria, el caciquismo y la explotación son factores crónicos. Desde el siglo XVI a la actualidad. Desde los Reyes Católicos a Felipe VI, las transformaciones han atacado a la forma: no a la esencia. Hubo una “Revolución Liberal” en el s.XIX que transformó tanto las cosas, que acabó reforzando el poder de las oligarquías terratenientes que manejan los designios de este país desde hace 500 años. Y es que los comportamientos, los personajes, las realidades se repiten como el ajo.

Pero no hace falta irse tan lejos, con que uno eche la vista atrás cien años verá semejanzas más que evidentes. Jornaleros que estaban sin trabajo porque el patrón no los contrataba, el hambre llegaba a sus casas porque no llegaba el jornal, los hijos no sabrían si repetirían la vida de sus padres o tendrían que emigrar y, por lo general, un hastío generalizado hacia toda la clase política. Si te quejabas, si te organizabas en un sindicato, la respuesta era la misma: la Guardia Civil aparecía. Da igual si eran liberales o conservadores. Daba igual Cánovas, Sagasta, Maura o Romanones.

Y es que tampoco tiene que sonar tan diferente. El camarero que no sabe qué será de su futuro, que no sabe qué llevará de comer a casa o el joven que no tiene esperanza alguna en encontrar nada de lo que quiere o de lo que ha estudiado: es el jornalero que no sabía si podría comer ese mes o, sus hijos que no sabrían si tendrían que emigrar a las Américas. La miseria, en este país, tiene carácter crónico. Y es que cuando han salido a la calle a protestar. A protestar contra esa miseria, contra el hambre, el paro, el hastío contra la clase política, la respuesta ha sido la misma: las fuerzas represivas aparecen. Ya no dan culatazos con el fusil desde el caballo, sino que le introducen en una furgoneta y lo llevan a las dependencias de Moratalaz, y todos saben el resultado. Da igual si son PSOE, PP, Unidas Podemos, VOX y toda esa ralea.

Pero no todo es igual, no todo lo que avance en el tiempo significa progreso. Como se ha dicho, la miseria, el hambre, el paro, la explotación, el hastío hacia la clase política es una constante.

Pero, ¿por qué esos factores hacían rebelarse a los más humildes hace cien años y ahora no?, ¿por qué no salen a quemar las calles todos los que están sufriendo en sus propias carnes las políticas neoliberales del gobierno “más progresista de la Historia”?

¿Por qué no salen los hambrientos, los parados, los marginados del sistema, los “Nadie” de Eduardo Galeano?

A juicio del autor de este artículo, existen tres factores que explican esos porqués:

1) Falta de medios de comunicación dirigidos a la clase trabajadora. Si uno echa un vistazo a un buscador de prensa histórica, podrá comprobar la variedad de medios de comunicación que existían hace un siglo: desde revistas de círculos gastrónomicos a periódicos de círculos poéticos, revistas de banca, revistas intelectuales, pasando por los mil y un tipos de periódicos que lanzaban los sindicatos y organizaciones obreras.

A día de hoy, no existen esos medios de comunicación dirigidos a la clase trabajadora. Existen lobbys de la información que hacen negocio con un público que tiene una opinión determinada. No existen periódicos que representen a la clase obrera. En cambio, sí existen los que representan a la burguesía de este país.

Aquellos medios de comunicación generaban un contrarelato al discurso de la burguesía afincada en los poderes del Estado. Y ese contrarelato tenía muchos partidarios: la clase que levanta y acuesta este país.

Lamentablemente, no se puede encontrar ese contrarelato en los medios existentes: sino leer entre líneas para poder entrever alguna información y extraer una conclusión. La clase obrera no tiene un medio para expresarse.

2) Desorganización y carencia de un movimiento sindical: no hace falta extenderse mucho en este apartado para entender la desmovilización existente en este país, el papel que han jugado los sindicatos mayoritarios durante los últimos 40 años y el pilar indispensable que suponen para la paz social en España. Con sindicatos que niegan la lucha de los trabajadores, que buscan pactar con los enemigos de clase antes que cualquier enfrentamiento con la patronal: el sistema está a buen recaudo. La clase obrera no tiene sindicatos donde organizarse. No tiene un movimiento que la represente.

3) Sistema público de ayudas y pensiones, la Seguridad Social (SS): a juicio del autor es el factor más importante. Y es que la función de la Seguridad Social no deja de ser la misma que tenía los órganos de caridad en el Medievo o el Renacimiento: mantener adormecidos a los pobres y mendigos con migajas y limosnas para evitar un “mal mayor”. ¿Qué hubiera sido del emporio de los Médici en Florencia sin toda esa fortuna invertida en hospicios para vagabundos, mendigos, repartos de comida, censos de mendigos, etc.?

No es casual que, ahora que se ha puesto sobre la mesa la situación de los trabajadores de la hostelería y otros muchos sectores afectados (cultura, vendedores ambulantes, afectados en ERTE’s, etc.), se hayan lanzado ayudas para los autónomos, para la hostelería, para los que agotaron el subsidio durante la pandemia, ayudas para pagar el alquiler en la pandemia, el IMV, etc. No es casual que, ante una situación crítica de cientos de miles de personas, el sistema se lance a llenarles el bolsillo con migajas y trozos de pan. No es lo mismo: no tener nada en el bolsillo que tener, aunque sea, para tomarte un café.

Estos tres factores son complementarios entre sí e interdependientes. Uno no puede funcionar sin el otro. La Seguridad Social no tendría éxito en su función de callar las bocas de los estómagos sin el papel de los sindicatos. Si no hubiera sindicatos que recomendasen firmar el finiquito y engrosar la lista del paro sin discutirle nada al patrón: la SS perdería su cometido de canalizador de la miseria y el hambre. Y, por supuesto, sin medios de comunicación que maquillen y adornen la realidad social que vivimos: este sistema se iría al garete.

La clase obrera no tiene cómo expresarse. No tiene cómo organizarse. Y encima vive de migajas.

comentario

  1. Y no sólo perjudican a la clase obrera esos dos sistemas de protección social, como son el empleo, precarizado y sobreexplotado, y las prestaciones asistenciales y contributivas de la seguridad social, cada vez más restrictivas y caritativas. Los demás sistemas de protección social como son la sanidad, la educación y la vivienda, cada vez más privatizadas, quedan fuera cada vez más del acceso de las masas proletarias. A la falta de organización sindical y conciencia de clase se une la ausencia de organización social, cohesión y desarrollo comunitario, primando el individualismo y la desconfianza y desviando la necesaria lucha de clases hacia la inocua lucha horizontal entre sectores de la clase trabajadora.

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