Encuentro en Londres

150 años de la fundación de la Primera Internacional (2)

Transcurrió casi un año antes de que los obreros de París llevaran a cabo una respuesta al mensaje londinense. Se eligió una delegación especial para llevarlo a Londres y, para recibir a esta delegación, se organizó una asamblea el 28 de septiembre de 1864 en la sala Saint-Martin, en el centro de la ciudad. Presidía Beesly. La sala estaba llena. Primeramente, Odger leyó el mensaje de los obreros ingleses. El mensaje de los franceses fue leído por Tolain. Entre otras cosas, declaraba:

«Progreso universal, división del trabajo, libertad de comercio, he aquí los tres factores que deben fijar nuestra atención, dado que son capaces de transformar radicalmente la vida económica de la sociedad. Obligados por la fuerza de las cosas y por las necesidades de este tiempo, los capitalistas han formado poderosas uniones financieras e industriales. Si no adoptamos medidas de defensa seremos aplastados despiadadamente. Nosotros, obreros de todos los países, debernos unirnos y oponer una barrera infranqueable al orden de cosas existente, que amenaza con dividir a la humanidad en una masa de hombres hambrientos y furiosos, por una parte, y, por la otra, en una oligarquía de reyes de las finanzas y magnates satisfechos. Ayudémonos los unos a los otros para lograr nuestro objetivo».

Los obreros franceses habían llevado incluso un proyecto de asociación. En Londres debía formarse una comisión central compuesta por representantes de todos los países, y, en las principales ciudades de Europa, subcomisiones relacionadas con esta comisión central, que sometería a su examen todas las cuestiones. El organismo central debía establecer el resultado de la discusión. Para la determinación definitiva de la forma de la organización, se convocaría un congreso internacional en Bélgica.

Marx no intervino en la preparación de esta reunión. La jornada del 28 de septiembre de 1864 se debió a los propios obreros. Sin embargo, en ese día memorable, asistió a la asamblea porque Cremer le invitó a participar con la siguiente nota: «Al señor Marx: Señor, el Comité de organización del mitin os ruega respetuosamente que asistáis a él. Presentando esta nota podréis entrar en la sala en que, a las siete y media, se reunirá el Comité. Vuestro servidor, Cremer».

Es significativo que Cremer invitara a Marx y no a otros muchos emigrados residentes en Londres, que mantenían relaciones más estrechas con los franceses e ingleses. Marx fue elegido para el Comité de la futura organización internacional por el papel que desempeñaba la sociedad obrera alemana, cuyos locales se encontraban en Londres como lugar de reunión de obreros de distintas nacionalidades. Esta sociedad adquirió mayor importancia cuando los propios obreros ingleses comprendieron que era necesario unirse con los alemanes para paliar las consecuencias de la concurrencia con los inmigrantes. De ahí las estrechas relaciones personales con los miembros de la antigua Liga de los Comunistas: Eccarius, Lessner y Pfender. Los dos primeros eran sastres; el tercero, pintor-yesero, trabajaba en la construcción. Todos ellos participaban activamente en el movimiento obrero londinense y conocían a los organizadores del Consejo de Londres de los sindicatos. A través suyo, Cremer y Odger conocieron a Marx, quien, en los momentos de su polémica con Vogt, había renovado sus relaciones con la sociedad obrera alemana.

Marx, por tanto, fue uno de los fundadores de la I Internacional y pronto se convirtió en su principal dirigente ideológico. El Comité elegido en la asamblea del 26 de septiembre no había recibido ninguna directriz. No poseía ni programa, ni estatutos, ni siquiera nombre. En Londres existía ya una sociedad internacional, la «Liga general», que acogió al Comité. En las actas de la primera asamblea de este Comité figuran los nombres de los representantes de esta Liga, que no eran más que respetables burgueses. No propusieron en ningún momento al nuevo Comité el fundar una nueva organización. Algunos de ellos hablaban de fundar una nueva asociación internacional en la cual podrían entrar no solamente los obreros, sino todos cuantos desearan una unión internacional o la mejora de la situación política y económica de la clase trabajadora. Pero a instancias de dos obreros, Eccarius y Vitlock, antiguo cartista este último, se decidió llamar a la nueva organización Asociación Internacional de Trabajadores. Esta propuesta fue apoyada por los ingleses, entre los que se encontraban numerosos cartistas, miembros de la antigua «Sociedad obrera», cuna del partido cartista.

El nombre dado a la nueva sociedad internacional determinó inmediatamente su carácter. Apartó de ella inmediatamente a los burgueses que presidían la «Liga General». El Comité fue invitado a buscar otro local. Consiguió encontrar una pequeña habitación no lejos de la sociedad obrera alemana, en el barrio donde vivían los obreros emigrantes.

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