El principio del fin de la ‘descarbonización’ de Europa

Todas las políticas verdes de la Unión Europea, resumidas en la Agenda 2030, se apoyan en la consigna de “descarbonización” y cierre de centrales eléctricas “no renovables” para lograr las “cero emisiones”. Pero la crisis energética le ha dado la vuelta a esta política por completo y muy rápidamente.

Las empresas eléctricas europeas han confirmado una compra de 50.000 toneladas de carbón ruso con destino a Holanda y han pedido información para comprar más.

Eso significa, entre otras cosas, que habrá que pagar más dinero por los derechos emisión de CO2, lo que está encareciendo el precio de la energía, así que una de dos: o Europa se desvincula del pago de ese tipo de derechos o pasará bastante frío este invierno.

Otra paradoja: España ha cerrado casi todas sus minas de carbón y comienza el repertorio de lamentaciones de regiones enteras. En el momento del cierre de las minas el precio del carbón era de 60 euros la tonelada y ahora es el triple, 180 euros, lo que demuestra que las minas eran rentables.

Por el otro costado, las “energías renovables” empiezan a generar movilizaciones cada vez más importantes. En España ya hay manifestciones contra los parques eólicos en Galicia, Navarra, Cantabria y Granada.

Pero el movimiento comenzó en 2018 en Francia con las protestas de los “chalecos amarillos” a causa de los nuevos impuestos verdes que subieron el precio de la gasolina. El lunes está convocada una de esas protestas, con la que pretenden bloquear las principales carreteras.

Los suizos han votado en contra de una propuesta de aumento de los impuestos sobre el combustible y los billetes de avión por motivos “verdes”.

En Reino Unido una propuesta de prohibición de las calderas de gas por los mismos motivos también ha causado un enorme revuelo.

Uno de los productores de petróleo más importantes, Noruega, está poniendo en práctica la Agenda 2030 de manera acelerada, pero no renuncia a seguir sacando crudo de sus yacimientos, sino todo lo contrario: tiene planeado destinarlo a la exportación.

Lo mismo hace Barbados: muy pronto todos los coches van a ser eléctricos, mientras el petróleo y el gas se destinan a la exportación.

El gobierno australiano ha rechazado un programa de “energía verde” estimado en 36.000 millones de dólares.

En Ontario, Canadá, el gobierno ha cancelado unos 800 proyectos de “energías renovables”, muchos de los cuales ya estaban en marcha.

Miles de agricultores holandeses se han empezado a manifestar con sus tractores contra las políticas climáticas del gobierno.

La Agenda 2030 ha fracasado antes de nacer y lo mismo le espera a la próxima cumbre climática de Glasgow, porque la crisis energética sacude el mundo entero está siendo acelerada por unas políticas “verdes” descabelladas.

De los 100.000 millones para “salvar al planeta” ya nadie se acuerda. La OCDE dice que ya se han entregado 80.000 milllones, pero el truco es muy viejo: todas las viejas partidas de “ayuda al desarrollo” se han incluido ahí para guardar las apariencias… después de pintarlas de verde.

Se podría decir que, incluso, es peor: esas partidas de las que habla la OCDE no son regalos sino préstamos que los países del Tercer Mundo tendrán que devolver más pronto que tarde.

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