El panóptico medicalizado se puede utilizar para cazar a los homosexuales en su propio ambiente

Lo venimos denunciando desde el primer minuto: la pandemia es un pretexto para ejecutar planes que nada tienen que ver con la sanidad sino con el refuerzo de la dominación por medio del control y la vigilancia. Ni las cámaras de videovigilancia, ni el ejército, ni los drones, ni el pasaporte sanitario, responden en absoluto a un problema de salud pública.

Así se ha confirmado en Seúl este fin de semana. Un hombre de 29 años de Yongin, un barrio del sur de Seúl, se fue “de marcha” a los clubes del barrio de Itaewon y al día siguiente amaneció con fiebre alta y diarrea.

El ayuntamiento de Seúl y el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Corea (KCDC) empezaron a rastrear cada uno de sus pasos y reconstruyeron su biografía.

El hombre trabaja para una empresa de informática en Seongnam, al sur de Seúl, y el jueves estuvo recorriendo junto con otros tres amigos varias zonas de la capital coreana.

Entraron en un club de baile, en el que los sabuesos sanitarios han comprobado que cerró cuando un hombre de 20 años dio positivo al coronavirus el día anterior. Unas 500 personas estaban allí en aquel momento.

Al día siguiente estuvo deambulando por los clubes de Itaewon con otro amigo, que luego dio positivo y fue uno de los tres con los que había viajado el día anterior. Los dos pasaron tiempo en cinco clubes en Itaewon hasta la madrugada del sábado.

El hombre tomó un taxi alrededor de las 4:40 a.m. del sábado para llegar a su casa en Yongin. A las 4 p.m., salió a cenar y volvió a casa en el coche de su amigo. El domingo, visitó un hospital y una farmacia, y el lunes se quedó en casa todo el día. El miércoles por la mañana, dio positivo al coronavirus y fue admitido en un hospital en Suwon, al sur de Seúl.

El King Club, un local gay, confirmó en las redes sociales la visita de estas dos personas, que quedaron estigmatizadas públicamente por sus prácticas sexuales. El club se justifica diciendo que lleva un registro de entrada de sus clientes, que verifica su temperatura en cumplimiento del toque de queda, que sólo permite la entrada de quienes porten mascarilla y que ofrece desinfectante para las manos.

A partir del apestado, el ayuntamiento la burocracia sanitaria del KCDC extienden la investigación a los demás apestados con el pretexto conocido: detener la propagación del virus. Llegaron a identificar a 43 contactos cercanos a la víctima de la vigilancia, sometiendo a pruebas de detección del virus a todos ellos.

Las pruebas “demuestran” que los cinco apestados más cercanos a la víctima no estaban apestados, como creían, que el virus no se ha propagado como también creían y el único positivo, la víctima inicial, es asintomático, es decir, está sano.

Todo para nada; ninguna de las previsiones “científicas” se cumplen, pero eso es lo de menos porque los tiros apuntan en otra dirección.

Aparece en los medios coreanos uno de esos tarados de la salud, que no da su nombre, expresando una preocupación: los asiduos de un club gay podrían ser reacios a revelar sus identidades y presentarse para hacerse la prueba, permitiendo que el virus se propague “silenciosamente”.

Como ven, es algo que ya se conoció en los ochenta durante la paranoia de Sida que, además, de cambiar el comportamiento sexual de millones de personas (“póntelo, pónselo”) condujo a los homosexuales a campos de concentración en algunos países.

https://en.yna.co.kr/view/AEN20200507010500315

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