El nacionalismo militar peruano y un nuevo fracaso del bloque popular

Darío Herchhoren

En la década de 1960, y exactamente en 1968, el nacionalismo militar peruano, tuvo una ocasión de oro para llevar sus planes de liberar a Perú de las multinacionales norteamericanas, y quebrarles el espinazo de forma definitiva dando inicio a una etapa fascinante de la historia reciente peruana.

En ese año asumió la presidencia peruana un representante de la vieja oligarquía  como era  Fernando Belaunde Therry, y nombró como comandante del ejército a quien sería su enterrador político, y que daría inicio a una etapa gloriosa de la historia de Perú que cambiaría por completo el perfil del país, abriendo las puertas a un proceso de cambios que terminó frustrado en parte por la situación personal del General Juan Velasco Alvarado, y en parte por la traición de su sucesor el General Morales Bermúdez.

Al llegar al gobierno de Perú, Belaunde Therry nombró jefe del ejército al General Juan Velasco Alvarado, corría el mes de enero de 1968. En octubre de 1968, el General Juan Velasco Alvarado mediante un golpe militar destruye a Belaunde Therry y toma las riendas del país, con el apoyo de una parte importante del ejército y comienza a atraerse a la dirección de la central obrera de Perú, y un sector importante de la burguesía nacional no ligada al imperialismo. Velasco Alvarado estaba muy influido por los militares argelinos y por la revolución cubana, y se lanza a una reforma agraria que reparte la tierra entre los trabajadores sin tierra, y entrega la propiedad de las tierras a los campesinos y labradores que trabajaban los predios en forma de aparceros, es decir que eran propietarios de pequeñas parcelas, pero trabajaban tierras ajenas para sus propietarios a medias por la cual reciben el nombre de medieros.

Inmediatamente Velasco Alvarado forma un equipo de trabajo dentro del cual tiene un papel descollante el General Rafael Rodríguez, quien es el encargado de la reforma agraria, consiguiendo grandes éxitos entre los cuales uno no menor  es el doblar la producción agrícola, introduciendo maquinaria moderna comprada a la Unión Soviética.

Y otro de los frentes donde el General Velasco Alvarado se destaca es la nacionalización de la industria petrolera, expropiando a las empresas norteamericanas e inglesas Standard Oil y Royal Dutch, que eran un impedimento para el desarrollo de una industria petrolera propia: Estas empresas acompasaban la producción según las necesidades de sus casas matrices, y no según las necesidades del propio país. Es así como se crea la empresa estatal Petro Perú, y se nombra una comisión para la redacción de una ley de petróleo, que consagra en forma definitiva la nacionalización del subsuelo, y su entrega al estado peruano.

Tuve la inmensa alegría y fortuna  de formar parte de esa comisión redactora, y ello fué un premio a mi participación en el Movimiento de defensa del Petróleo Argentino, que lideraba el dirigente sindical petrolero Domingo Cavalli, y que terminaría asesinado unos años más tarde por la siniestra Triple A, que dirigía el criminal ministro peronista José López Rega.

El gobierno de Velasco Alvarado significó un cambio radical en la sociedad peruana, pero tenía un fallo grave. Dejaba en manos de la burguesía peruana el manejo de aspectos importantes importantes del quehacer nacional tal como el orden público, las relaciones exteriores, el comercio exterior, las comunicaciones y los transportes.

Para colmo de males, el General Velasco Alvarado tuvo un problema vascular grave y se le tuvo que amputar una pierna, con lo cual sus movimientos eran muy dificultosos. Esta situación llevó a que entre los militares se creara un estado de opinión que facilitara su reemplazo, y ese reemplazo significó no solo el cambio del presidente de la República del Perú, sino un cambio de política. Asume la presidencia el general Morales Bermúdez, que llama a elecciones, y cómo no, Perú volvió a la «buena senda», y ganó las elecciones Javier Pérez de Cuéllar, antiguo secretario general de la ONU, y hombre de confianza de los EEUU.

El error más grave de Velasco Alvarado fue confiar en la pequeña burguesía, que siempre aspira a ser gran burguesía, y por eso mismo a traicionar a su pueblo.

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