El jefe del Comando Sur imparte órdenes a sus sicarios latinoamericanos

La reciente visita del general Craig Faller y los pronunciamientos de funcionarios de la embajada de Estados Unidos en Santo Domingo, llaman la atención acerca de la utilización del territorio como centro de apoyo para operaciones de inteligencia y de las nuevas tareas asignadas al Estado dominicano en el proyecto imperialista de reposicionar a la reacción en América Latina.

Un evento internacional y una donación constituyeron el marco de la visita a República Dominicana del jefe del Comando Sur en abril, apenas unos días antes del 56 aniversario de la más grosera ocupación estadounidense del siglo pasado.

Las corporaciones que dominan los medios de comunicación en República Dominicana, intentando generar simpatía hacia los militares yanquis, utilizaron el histrionismo de un antiguo jugador de béisbol. Asumieron el montaje del espectáculo como una tarea específica dentro del compromiso con la política imperialista.

En las entrevistas publicadas, el oficial sonrió, pronunció frases en español, manifestó gusto por la comida criolla y elogió el talento de los beisbolistas dominicanos en el equipo Piratas de Pittsburg. ¿Desde cuándo es dulce y simpática la personificación de la bota yanqui?

Quienes lo entrevistaron, directivos de medios o empleados privilegiados (el acceso a él es señal de ello), no pusieron en tela de juicio su condición de representante de la fuerza y mucho menos su potestad para dirigir acciones militares y políticas en el continente y en el resto del mundo.

Los medios no cuestionaron la prepotencia exhibida por el funcionario, y menos destacaron que esa actitud que le viene dada por el papel que desempeña en el poder estadounidense y en el poder imperialista a nivel mundial.

No cuestionaron tampoco el papel que asigna a la República Dominicana como parte del conjunto de las naciones latinoamericanas y las asignaciones que impone a las autoridades civiles y militares del país.

Se empeñaron en presentar como normal que el jefe del Comando Sur dirija a sus amigos y aliados, entre los cuales el mismo funcionario menciona a Carlos Luciano Díaz Morfa, ministro de Defensa (cuidándose de mencionar al presidente Luis Abinader y a la vicepresidenta Raquel Peña).

Apañar el entreguismo y disfrazar de habilidad para el manejo del Estado la prosternación ante el poderío imperialista, son acciones que descalifican a la prensa dominicana.

Sin duda, tenemos una prensa arrodillada cuyos principales exponentes solo se ocupan de defender los privilegios que han logrado al convertirse en servidores orgánicos de la clase dominante.

En el reciente recorrido por países de Suramérica, su comportamiento fue similar. El jefe del Comando Sur se está manifestando para presentar como ente de paz y colaboración al Ejército de Estados Unidos y como normales sus reuniones con funcionarios latinoamericanos.

Sobre las relaciones entre los dos Estados que componen la isla de Santo Domingo también se pronunció Faller en los términos ya conocidos: “Es una situación muy compleja y sé personalmente que les impacta a ustedes y también al ministro (de Defensa) Díaz (Morfa) y sí, vamos a tener discusiones a profundidad sobre este tema. Entiendo que cada nación merece fronteras seguras”.

El tema de la seguridad fronteriza es uno de los marcos para los acuerdos entreguistas.

En el año 2003 Hipólito Mejía dijo que había firmado acuerdos con Estados Unidos cuyo contenido no revelaría. Ninguno de los presidentes posteriores reveló el contenido de esos acuerdos, y tampoco el canciller Roberto Álvarez, la vicepresidenta Raquel Peña o el presidente Luis Abinader revelarían hoy cuáles órdenes han recibido y cuáles imposiciones han acatado.

Entre acuerdos de aposento, donaciones dirigidas a convertir en empleados de las agencias yanquis a funcionarios y comisionados y el chantaje a los sustentadores del sistema político para que sigan brindando información y haciendo delaciones a cambio de privilegios e inserción en los esquemas de poder, se desenvuelve la acción de los funcionarios yanquis en el país.

Hay que destacarlo ahora, al despedir un abril en el cual los medios de comunicación y los periodistas comprometidos con el sistema, lejos de denunciar la dependencia y destacar la ofensa a la soberanía que constituye la injerencia imperialista, la presentan como señal de modernización y signo de nuevos tiempos.

Cuando la prensa se arrodilla, los pueblos deben permanecer de pie, y destacar su decisión de no reconocer amos.

—Lilliam Oviedo https://suramericapress.com/la-bota-yanqui-y-el-poder/

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