El huevo y la gallina

B.

Incidentes el sábado pasado en Pamplona entre manifestantes que reclaman amnistía de los presos políticos y la policía que les reprime. El discurso dominante, con el alcalde iruñatarra (y no «irundarra», como pusimos la última vez, que éstos son de Irún) a la cabeza, el abertzale Asirón, dice que esos episodios «le recuerdan tiempos que creía superados», como si el mero transcurrir del tiempo ya de por sí resolviera los problemas cuando, como mucho y a lo más, se enquistan y se pudren, pero ni se resuelven ni se olvidan. Y ello porque no se va a la raíz, sino a las ramas.  La madera detiene a manifestantes de resultas que tres van al trullo, preventivamente, por desórdenes públicos y… «TERRORISMO».

Vayapordiós, ¿a qué me recuerda a mí esta música?, ¿a viejos tiempos?, ¿pero no estaban, o creíamos que estaban,  felizmente «superados»? No queremos ir de graciosillos con estas ironías sarcásticas, pero pareciera que quisieran decir que, si la gente olvidara a los presos y sus causas e ideales políticos, y no se manifestaran molestando a los comercios y tenderos, no habría policía para reprimirlos, o sea, que los manifestantes son poco menos que unos provocadores y, aún peor, y apurando, unos «nostálgicos» que echan de menos los tiempos de los findes pamplonicas con carreras, saltos, broncas y demás emociones varias que le rejuvenecen a uno.

Es la teoría de Pepe Barrionuevo:¿Quién ha matado al muerto? La pistola -responde Auzoberri (en vasco)-, la culpa es de la pistola. Pues aquí lo mismo: ¿de quién es la culpa de que haya disturbios? De los manifestantes que la gozan con la «kale borroka» -que también creíamos «superada»– en vez de estar estudiando, ligando o tomando unas sanas birras y botellones, esto es, divirtiéndose.

Los maderos no, ellos cumplen con su deber, con su trabajo. Y quienes les mandan, también. Y los jueces, que les llaman «terroristas», ídem de ídem.  Es el Estado de Derecho. Como en «los viejos tiempos», todo muy «camp». No espabilan, no entienden otro lenguaje los fascistas. Pero consiguen que se sumen a sus filas los «contrarrevolucionarios profesionales» del qué hay de lo mío que estoy ya viejo y cansado y tengo familia y achaques.  Como decía José Martí, si estás achacoso, por lo menos ten el detalle de no estorbar a los que vienen detrás defendiendo las mismas causas de las que renegaste.

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