El calor pone a los negocios en riesgo

Tom Steyer es un multimillonario estadounidense que dirigió un fondo buitre hasta 2012. También fue candidato presidencial por el partido demócrata.
Cuando se cansó de devorar carroña, Steyer reunió a los seudoecologistas de su partido en el rancho que tiene en Pescadero, California. Entre los asistentes estaban Bill McKibben, el fundador de la web 350.org, y John Podesta, que en 2003 había fundado el Centro para el Progreso Americano.

El propósito de la reunión era tomar medidas “para asegurar que la amenaza climática sea percibida por la comunidad empresarial como real, inmediata y potencialmente devastadora”.

Después de la reunión Steyer invitó a otras dos conocidas figuras: Michael Bloomberg, que estaba completando su mandato como alcalde de Nueva York, y Hank Paulson, un republicano que fue director del banco Goldman Sachs y Secretario del Tesoro con Bush.

Steyer, Bloomberg y Paulson contribuyeron cada uno con 500.000 dólares al “Proyecto Risky Business” (Negocios en Riesgo), cuyo objetivo era fabricar informes basados en el trabajo de mercenarios de la universidad y de la ciencia, jóvenes y ambiciosos que se sumarían a un equipo de consultores que trabajan para la empresa de investigación Rhodium y la empresa de gestión de riesgos RMS.

En junio de 2014 se publicó el primer informe de “Risky Business”, que se titulaba “Los riesgos económicos del cambio climático en Estados Unidos” (1). El informe empezaba con una manipulación: según ellos el escenario más verosímil (“el camino más cercano al status quo”) es el más pesimista de los que pronostica el IPCC, es decir, que ningún gobierno del mundo va a tomar medidas para reducir el calentamiento.

Un caso extremo aparecía como el término medio y, naturalmente, el impacto económico previsto era truculento porque, en caso contrario, nadie se tomaría la “crisis climática” en serio.

Aquel ridículo informe tenía, además, otro error metodológico: presentaba los escenarios del IPCC como consecuencia de diversas políticas climáticas, sugiriendo que es posible pasar de un escenario a otro con la financiación correspondiente.

La chapuza no se detuvo en la fabricación de un mero informe para los medios de comunicación, sino que comenzaron una campaña mucho más sofisticada centrada en la introducción de sus tonteorías en congresos y revistas científicas de esas consideradas como serias, prestigiosas, de renombre…

Aquella joya de la manipulación fue una bola de nieve. Sirvió de base para 11 entrevistas en el congreso anual de la Unión Geofísica Americana en San Francisco, que es la mayor reunión anual de investigadores del clima.

Naturalmente, la chapuza pasó la literatura “científica”, para influir en futuras investigaciones y servir de base para las conclusiones de instituciones de todo tipo, como el National Climate Assessment de Estados Unidos.

En 2016 la revista Science asumió las conclusiones del “Proyecto Risky Business”. El artículo pasó la revisión de pares y recibió pocas o ninguna crítica. Fue citado 294 veces en otros estudios académicos, que se repiten unos a otros como papagayos.

En 2017 la misma revista volvió a publicar otro estudio aún más chapucero del “Proyecto Risky Business” (2). Su resumen afirmaba sin pestañear: “Se prevé que para finales del siglo XXI el tercio más pobre de los condados de Estados Unidos sufrirá daños estimados entre el 2 y el 20 por ciento de sus ingresos (con una probabilidad del 90 por ciento) si se mantienen las emisiones como hasta ahora”.

La conclusión era que, según el escenario “si todo sigue como hasta ahora” (en términos técnicos RCP 8.5), Estados Unidos experimentará un aumento de la temperatura de 8 grados centígrados entre 2080 y 2099 con un impacto del 10 por ciento en el PIB. Esta tonteoría ha sido repetida 285 veces por los papagayos.

La pérdida del 10 por ciento del PIB a causa del cambio climático se ha convertido en un dogma y es la principal conclusión del National Climate Assessment de Estados Unidos (que es tanto como decir del mundo entero). A partir de ahí el dogma ha pasado a los periódicos y los movimientos seudoecologistas que se lo comen todo de un bocado.

El National Climate Assessment de 2018 constituye un ejemplo particularmente notable. La labor iniciada por los padrinos de “Risky Business” ha logrado que el informe sea citado casi 200 veces, incluidas referencias directas a la labor de su principal consultor, el Grupo Rhodium.

Es normal: uno de los principales mercenarios de “Risky Business” es, a la vez, el redactor principal de las conclusiones del National Climate Assessment, pero hasta hoy el gobierno de Estados Unidos no ha revelado que escribe al dictado de quienes le pagan.

Una vez que la bola de nieve comenzó a rodar, gracias al dinero de Steyer, Bloomberg y Paulson, las conclusiones las asimilan y digieren equipos seudocientíficos, como el Laboratorio de Impacto Climático. Aunque el nombre impresiona, no es ningún laboratorio. Todo forma parte de lo mismo: los padrinos del “Proyecto Risky Business”, varias universidades y el Grupo Rhodium colaboran con dicho “Laboratorio”, que ha elaborado una serie de seudoestudios cuyas previsiones apocalípticas están adaptadas a las necesidades amarillistas de los medios de comunicación. Éstas son algunas:

– “Un millón y medio de personas más podrían morir en la India para 2100 debido al calor extremo causado por el cambio climático”
– “El aumento del nivel del mar podría sumergir las principales ciudades y desplazar a casi 200 millones de personas”
– “La mortalidad debida al cambio climático superará a la causada por todas las enfermedades infecciosas”

En junio del año pasado el codirector del mencionado Laboratorio de Impacto Climático testificó ante el Congreso de Estados Unidos, donde largó otro tópico característico, repetido hasta el hartazgo: el “costo social del carbono” es mucho más alto de lo que se había estimado originalmente (3). Ya lo sabíamos; para eso no hace falta ningún “laboratorio”.

Como se ve, aquí no hay ninguna clase de ciencia, por más que “Science” se empeñe en lo contrario. No hay más que mercenarios de la universidad que se venden al mejor postor. Los títulos académicos solo sirven para “vestir” una colección de baratijas y llevarlas a los congresos seudocientíficos, medios de comunicación, documentales de La 2 y “ecologistas” postizos.

(1) http://riskybusiness.org/site/assets/uploads/2015/09/RiskyBusiness_Report_WEB_09_08_14.pdf
(2) https://science.sciencemag.org/content/356/6345/1362.abstract
(3) http://www.climateprospectus.org/news-insights/dr-hsiang-testifies-to-u-s-congress-our-climate-is-a-national-capital-asset-that-generates-economic-value/

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