El ‘as en la manga’ de Corea del norte son los satélites espaciales con armas nucleares

El 29 de noviembre Corea del norte realizó la tercera prueba exitosa de un misil intercontinental y el Secretario del Pentágono, el general Mattis, la describió en los términos retóricos acostumbrados como una “amenaza” que demostraba “un esfuerzo de investigación y desarrollo por su parte para continuar construyendo misiles balísticos que pueden amenazar en todo el mundo básicamente”.

La palabra clave no estaba en las amenazas ni en los misiles sino en el gran desarrollo técnico alcanzado por Corea del norte que, como es lógico, alcanza al terreno militar.

Los Estados modernos, sobre todo los más desarrollados, han llegado a un punto en el que fabrican una payasada tras otra y luego se las creen. Desde hace muchos años los informes de inteligencia vienen subestimando groseramente la capacidad técnica de Corea del norte, un país al que describen como famélico, casi al nivel de Haití, lo cual acaba desatando la catarata de declaraciones provocativas y políticas chulescas que los capitalistas sólo utilizan para dirigirse a los mayordomos.

El 12 de octubre de 2017 la Comisión de Defensa del Congreso fue mucho más clara. Aunque repitió la retórica habitual de que Pyongyang supone una amenaza mundial a causa de los misiles balísticos intercontinentales, el verdadero problema -reconoció- son sus satélites, dos de los cuales orbitan actualmente encima de Estados Unidos de manera permanente.

Un solo satélite equipado con armas nucleares detonado a gran altitud generaría un pulso electromagnético capaz de bloquear las redes eléctricas y las infraestructuras críticas.

Ante la Comisión de Defensa del Congreso testificó William Graham, presidente de la Comisión encargada de estudiar la capacidad norcoreana para generar armas de pulso electromagnético:

“Si bien la mayoría de los analistas están obsesionados con la posibilidad de que en el futuro Corea del norte desarrolle misiles intercontinentales altamente eficaces, sistemas de orientación y vehículos de reingreso capaces de atacar una ciudad de Estados Unidos. Aquí y ahora la amenaza de pulso electromagnético se ignora. Un ataque electromagnético no requiere un sistema de guía preciso porque el área de efecto, que tiene un radio de cientos o miles de kilómetros, es muy grande. No se necesita ningún vehículo de reentrada porque la ojiva se detona a gran altitud, por encima de la atmósfera. La fiabilidad de los misiles importa poco porque solo tiene que funcionar un misil para hacer un ataque electromagnético contra un país entero”.

El 2 de septiembre Corea del norte confirmó la evaluación de la Comisión del Congreso al probar una bomba de hidrógeno que podría causar un ataque devastador a Estados Unidos. En su declaración pública oficial el gobierno de Pyongyang afirmó que “la bomba de hidrógeno, cuyo poder explosivo es ajustable de decenas de kilotones a cientos de kilotones, es un arma termonuclear multifuncional con gran poder destructivo que puede detonarse incluso a gran altura para un ataque de pulso electromagnético superpotente de acuerdo con objetivos estratégicos”.

Este es el único lenguaje que entienden en Estados Unidos y el que -hasta la fecha- está salvando a la población de Corea del norte de una agresión similar a la que han padecido países como Libia o Siria.

http://thehill.com/opinion/national-security/363326-how-one-north-korean-nuclear-armed-satellite-could-cripple-the-us

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