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El desmantelamiento de la fábrica de armas franco-alemana KNDS

Anunciada en 2014, la fusión entre la empresa francesa Nexter Systems y la alemana Krauss-Maffei Wegmann dio lugar a la creación de un holding, llamado KNDS, propiedad a partes iguales del gobierno francés y la familia Bode-Wegmann. Su capital es híbrido, ya que combina intereses privados y públicos.

En marzo, Reuters informó que KNDS estaba considerando una OPV para capitalizar el entusiasmo de los inversores por las acciones vinculadas a la industria armamentística.

La familia Bode-Wegmann, propietaria de KNDS Deutschland (anteriormente Krauss-Maffei Wegmann), pretende vender parte de su participación del 50por cien en KNDS. Sin embargo, para lograrlo, tiene dos opciones: una oferta pública de venta de las acciones o la compra de sus acciones por uno o más terceros. En cualquier caso, esto solo puede tener consecuencias para KNDS Francia. Dado que la paridad entre los accionistas franceses y alemanes debe respetarse escrupulosamente, para que una oferta pública de venta de acciones sea posible, ambos accionistas de KDNS tendrían que acordar vender el mismo porcentaje de capital que poseen.

Sin embargo, según la prensa alemana, la familia Bode-Wegmann desea desprenderse del 12,5 por cien. Esto significa que París tendría que hacer lo mismo. Dado que KNDS está valorada en 20.000 millones de euros, el gobierno francés podría estar dispuesto a aceptar dicha transacción, especialmente porque generaría 2.500 millones de euros.

Por su parte, el periódico Börsen Zeitung informa que su homólogo alemán está considerando una participación minoritaria de bloqueo del 25,1 por cien de la familia Bode-Wegmann.

En cualquier caso, una oferta pública de venta de acciones de KNDS sin duda interesará a Rheinmetall, con sus sólidas ventas y una cartera de pedidos valorada en más de 55.000 millones de euros. “Si KNDS sale a bolsa y surge una oportunidad para hacer algo, la aprovecharemos”, ha dicho Armin Papperger, su director, a pesar de que en 2018 el holding con sede en Düsseldorf se había fijado como objetivo a largo plazo la adquisición de una participación mayoritaria en KNDS.

Si se descarta la posibilidad de una oferta pública de venta de acciones, Rheinmetall podría lograr parcialmente sus objetivos adquiriendo el capital que la familia Bode-Wegmann pretende vender. Otros actores están en la contienda, incluyendo fondos de gestión patrimonial y empresas alemanas especulativas.

No obstante, Bloomberg plantea una tercera posibilidad. Si las dos primeras no se materializan, la familia Bode-Wegmann podría desmantelar KNDS para eludir las normas establecidas cuando se creó el holding. Franceses y alemanes se llevarían cada uno su parte y el proyecto MGCS (Sistema Principal de Combate Terrestre) podría verse afectado.

“Esta opción se considera actualmente solo una solución de reserva. Sin embargo, podría ser apoyada por algunos parlamentarios y sindicalistas alemanes”, dice Bloomberg.

El asunto se abordará durante la reunión entre Macron y Merz, programada para el miércoles de la semana que viene. También se espera que se trate el tema de la dirección del FCAS, el Futuro Sistema Aéreo de Combate, que no parece tener mucho futuro precisamente, como ya hemos anunciado.

Varios países europeos se niegan a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania

Varios Estados miembros de la Unión Europea, como Francia, Italia, Hungría y la República Checa, se han negado a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania.

La negativa de Francia se debe a que Macron quiere vender sus propias armas y no las de Estados Unidos. Los europeos deberían fortalecer sus propias industrias de defensa priorizando las compras de proximidad. De esa manera a Francia siempre le tocará una parte del pastel.

El gobierno francés no tiene un céntimo y lucha por reducir su déficit presupuestario. Ayer el primer ministro, François Bayrou, anunció un ajuste presupuestario de 43.800 millones de euros para 2026, con el objetivo de reducir el déficit público del 5,4 al 4,6 por cien del PIB, en un contexto de una deuda de 3,35 billones de euros, el 114 por cien del PIB.

Este plan combina recortes en gasto social, sanitario y empleo público con un aumento significativo del presupuesto militar, que incluye incrementos de 3.500 millones en 2026 y 3.000 millones en 2027, dentro de una proyección de 67.000 millones para 2030.

La negativa de varios países europeos a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania es consecuencia de la quiebra económica y del deseo de favorecer a las industrias de proximidad por encima de los proveedores estadounidenses.

La retirada de la República Checa de una nueva iniciativa de ayuda a Ucrania es política. El primer ministro checo, Petr Fiala, que es el jefe de gobierno más impopular de Europa, ha sufrido por su política decididamente proucraniana. Con las elecciones parlamentarias a la vuelta de la esquina a principios de octubre y ante una probable derrota de su coalición, Fiala ha optado por distanciarse de su apoyo a Zelensky.

La carga financiera que supone la adquisición de nuevas armas estadounidenses también es un factor importante. Además de Francia, muchos países europeos simplemente carecen de los recursos necesarios para pagar las compras.

Alemania, por su parte, sigue jugando la carta del militarismo, como en el siglo pasado. Quiere ser el motor de la coordinación del apoyo europeo al ejército ucraniano.

Los capitalistas italianos están alarmados por los efectos devastadores de los aranceles estadounidenses

Italia, uno de los principales países exportadores de la Unión Europea, teme las consecuencias de un recargo aduanero del 30 por cien que penalizaría seriamente a muchos sectores de su economía, como la industria agroalimentaria o la farmacéutica.

No son sólo los aranceles. Hay que tener en cuenta la devaluación del dólar entre el 12 y el 14 por cien, lo que es aún más perjudicial para las exportaciones italianas.

Meloni ha pasado rápidamente del optimismo por el crecimiento italiano, al miedo a la recesión. Un recargo aduanero del 30 por cien provocará una caída de las exportaciones del 20 pr cien, es decir, 12.500 millones de euros, con una pérdida de más de 150.000 puestos de trabajo, más una reducción del PIB del 0,5 por cien.

Los capitalistas italianos rezan para que todo sea un farol de Trump. “En el contexto actual, no tendría sentido desencadenar una guerra comercial entre las dos orillas del Atlántico”, dice Meloni en un informe oficial. “Tenemos confianza en la buena voluntad de todos para llegar a un acuerdo justo que pueda fortalecer a Occidente en su conjunto”, añade el documento.

Los exportadores hablan de “abrir nuevos mercados” y piensan en Mercosur.

Los sectores más afectados serán los mecánicos con exportaciones por valor de casi 15.000 millones de euros el año pasado, la moda (unos 2.000 millones de euros), la industria farmacéutica (más de 10.000 millones de euros), pero sobre todo el sector agroalimentario. Es una declaración de guerra económica, dijo Stefano Berni, director del consorcio de protección del queso parmesano.

Este queso se convertirá en un producto de lujo con un kilogramo de Grana Padano, cuyo precio superará los 50 dólares.

Un recargo aduanero del 30 por cien significa un cuasi-embargo sobre el 80 por cien del vino italiano. El sector vitivinícola transalpino exporta el 24 por cien de su producción a Estados Unidos, con una participación que se eleva al 50 por cien para las pequeñas y medianas empresas. “Nos arriesgamos a la desertificación industrial con la desaparición de las exportaciones a Estados Unidos, que es nuestro segundo mercado”, dijo Claudio Feltrin, presidente de la patronal.

La formación de un nuevo complejo militar industrial en Europa

La política europea de rearme exige disponer de un complejo militar-industrial, que ahora no existe por la desindustrialización de la década de los ochenta del siglo pasado. Alemania lo está creando a marchas forzadas y a golpe de subvenciones públicas, a pesar de que  durante mucho tiempo en Berlín han sido reticentes a adoptar una política industrial pública, el modelo típico de Francia, y a aumentar el déficit.

El complejo militar-industrial debe ser integrado, es decir, compuesto por industrias militares tanto como civiles. Los fabricantes europeos de armas tienen que recurrir a empresas civiles porque la Guerra de Ucrania ha demostrado que no basta con fabricar armas, como en tiempos de paz: hay que hacerlo en masa y para ello se necesita mano de obra cualificada, capaz de producir en cadena.

El verano pasado el proveedor de automoción Continental AG anunció un acuerdo con Rheinmetall, un gigante armamentístico alemán cuya cartera de pedidos se ha disparado desde el estallido de la Guerra de Ucrania y la política alemana de rearme. Tras este acuerdo, Rheinmetall ha contratado a trabajadores cualificados de Continental AG, cuya planta, afectada por la crisis del sector automovilístico alemán y amenazada de cierre, fue captada por Rheinmetall.

El proveedor automotriz está en conversaciones con Hensoldt, un fabricante de los radares que utiliza el ejército ucraniano. El objetivo es el mismo: aprovechar el hundimiento del sector automotriz para negociar la contratación de varios cientos de trabajadores cualificados.

Además de los trabajadores cualificados, Rheinmetall también se quiere apoderar de las fábricas. El grupo anunció recientemente su intención de adquirir la planta de Osnabrück, una fábrica cerrada por Volkswagen, que el monopolio quiere reconvertir. Rheinmetall espera utilizarla para producir vehículos militares.

El grupo armamentista alemán no es el único que se está apoderando de la industria civil. A principios de este año, KNDS adquirió una antigua planta ferroviaria de Alstom en Görlitz, que el grupo tenía previsto cerrar para marzo de 2026. KNDS planea ensamblar allí el tanque de batalla principal Leopard 2 y el vehículo de combate de infantería Puma.

Paralelamente algunos monopolios industriales civiles que buscan diversificar sus fuentes de beneficios tienen la mira puesta en la industria de defensa. Es el caso de Volkswagen, recientemente ha confesado su intención de producir equipo militar. La producción se centrará especialmente en vehículos comerciales, transportes y automóviles individuales susceptibles de ser adaptados para uso militar.

El Ministerio francés del ejército ha contratado a Renault para trabajar en la producción de una fábrica de drones en Ucrania y la empresa alemana Daimler Trucks ha firmado una alianza estratégica con Arquus, fabricante francés de vehículos blindados ligeros.

Acelerar los ritmos de producción

Los fabricantes civiles tienen que aportar una importante experiencia a los militares: la producción en masa. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, los países europeos han comenzado a readaptar sus fábricas a la producción en masa para reponer rápidamente los inventarios, históricamente bajos, ya que la necesidad había desaparecido desde el final de la Guerra Fría. La capacidad industrial operaba a un ritmo lento, justo lo suficiente para garantizar lo mínimo indispensable.

Un fabricante de armas es capaz de producir 500 vehículos, mientras que su homólogo civil produce millones. Para ciertos equipos militares, la capacidad de producir grandes cantidades y simplificar los procesos de producción también implica saber comprar materias primas a granel.

Rheinmetall ha visto aumentar su cartera de pedidos un 45 por cien, de 38.000 millones de euros en 2023 a 55.000 millones de euros el año pasado. Ahora va a recibir 40.000 millones de euros en nuevos pedidos.

Lo mismo ocurre en MDBA, el fabricante europeo de misiles, cuya cartera de pedidos nunca ha estado tan abarrotada (37.000 millones de euros) ni ha tenido ingresos tan elevados (4.900 millones de euros el año pasado).

Esto exige una producción a niveles sin precedentes, una tarea abrumadora para una industria acostumbrada a unos ritmos de producción mucho más lentos. El año pasado el ministro francés del Ejército, Sebastien Lecornu, denunció una producción de armas excesivamente lenta, que se debía a la costumbre de operar “justo a tiempo” y a la falta de suficientes reservas de materias primas y componentes.

La necesidad de reclutar mano de obra cualificada

Después de décadas de desindustrialización, Europa carece de trabajadores cualificados para satisfacer las necesidades de la industria de guerra. Solo Francia necesita 100.000 científicos y técnicos.

El grupo siderúrgico alemán ThyssenKrupp busca 1.500 trabajadores para sus astilleros de Wismar, en el norte de Alemania, donde se fabrican barcos y submarinos. Rheinmetall, por su parte, planea aumentar su plantilla en un 29 por cien para 2028, lo que suponen 9.000 trabajadores adicionales, principalmente ingenieros, técnicos y obreros cualificados.

A los fabricantes de armamento les atraen especialmente los sistemas autónomos, la inteligencia artificial y la conectividad.

De momento las empresas europeas no han podido responder a las expectativas. Desde el estallido de la guerra en Ucrania, el 78 por cien del gasto militar europeo ha beneficiado a otros países. Estados Unidos por sí solo se ha llevado el 63 por cien del pastel.

Alemania tiene otro problema adicional: el coste de la energía. Por eso va a destinar 4.000 millones de euros en subvenciones a sus industrias pesadas para ayudarlas a afrontar el aumento de los costes energéticos.

La Unión Europea quiere formar un frente común contra los aranceles de Estados Unidos

En plena negociación con Estados Unidos, Bruselas prepara diversas respuestas a los aumentos arancelarios estadounidenses. Entre las opciones que se barajan, la Unión Europea podría formar un frente común con Canadá y Japón, también importantes socios comerciales de Estados Unidos.

La decisión de Trump, anunciada en una carta publicada el sábado, ha generado un clima de tensión, mientras las negociaciones comerciales entre Bruselas y Washington continúan.

Esta semana, la comisaria europea de Competencia, Teresa Ribera, viaja a India para profundizar las relaciones con los nuevos acuerdos comerciales y tiene previsto realizar otras paradas en países de la región Asia-Pacífico.

“Necesitamos explorar con otros países hasta dónde podemos llegar en la región del Pacífico”, declaró la comisaria desde Pekín.

En principio el plan parece ser fortalecer el comercio entre los diferentes bloques comerciales castigados por los aranceles de Estados Unidos.

La Unión Europea aún confía en llegar a un acuerdo con Estados Unidos tras las renovadas amenazas de Trump de imponer aranceles del 30 por cien el 1 de agosto, pero la paciencia se agota. “Tengo la intención de volver a hablar con mis homólogos estadounidenses más tarde hoy, ya que no puedo imaginar dejar las cosas como están sin un esfuerzo real”, declaró el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic.

Sin embargo, añadió, “debemos prepararnos para cualquier eventualidad, incluyendo, de ser necesario, contramedidas proporcionadas y bien calibradas para restablecer el equilibrio en nuestra relación transatlántica”.

“La incertidumbre actual causada por aranceles aduaneros injustificados no puede continuar indefinidamente”, apuntó Maros Sefcovic.

Bruselas tiene que cambiar el planteamiento

“Obviamente, la situación desde el sábado debe llevarnos a cambiar nuestro planteamiento”, dijo el ministro francés de Comercio Exterior, Laurent Saint-Martin, en Bruselas el lunes, antes de una reunión de ministros de la Unión Europea. No debe haber “ningún tabú”, insistió, incluso anunciando las primeras represalias.

“Queremos un acuerdo, pero hay un viejo dicho: ‘Si quieres la paz, debes prepararte para la guerra’”, declaró el ministro danés de Asuntos Exteriores, Lars Lokke Rasmussen.

Ursula von der Leyen, que negocia en nombre de los Estados miembros de la Unión Europea, ha optado por esperar por el momento, presionada especialmente por países como Alemania, cuyas ventas a Estados Unidos representan la mayor parte de las exportaciones totales de la Unión Europea.

El domingo anunció que por el momento la Unión Europea no tomaría represalias contra los aranceles estadounidenses al acero y al aluminio, con la esperanza de alcanzar un acuerdo. “Siempre hemos sido muy claros en nuestra preferencia por una solución negociada. Sigue siendo así, y aprovecharemos el tiempo que tenemos hasta el 1 de agosto”, declaró Ursula von der Leyen.

Sin embargo, Bruselas ha preparado un paquete de medidas de represalia adicionales, que podrían implementarse si Estados Unidos opta por aranceles del 30 por cien a las importaciones procedentes de la Unión Europea.

Represalias por valor de 100.000 millones de euros

La Unión Europea ya amenazó en mayo con imponer aranceles a las mercancías estadounidenses por un valor aproximado de 100.000 millones de euros, incluyendo automóviles y aviones, si las negociaciones fracasaban, a pesar de que un diplomático sugirió que la lista final se había reducido a 72 000 millones de euros.

Los países europeos intentan mantenerse unidos en este asunto, aunque sus economías no están igualmente expuestas a las subidas arancelaria de Estados Unidos.

El sábado Macron instó a la Comisión Europea a “defender resueltamente los intereses europeos” y “acelerar la preparación de contramedidas creíbles”. Por su parte, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, advirtió el domingo sobre la posibilidad de una “guerra comercial” en Occidente.

“Europa tiene el poder económico y financiero para afirmar su posición y alcanzar un acuerdo justo y sensato. Italia hará su parte. Como siempre”, declaró en un comunicado.

‘Rusia ha hecho todo lo posible por mantener buenas relaciones con la Unión Europea’

La cuarta Conferencia sobre la Recuperación de Ucrania, que se celebró en Roma la semana pasada, continúa la serie anual de reuniones políticas al más alto nivel dedicadas a la reconstrucción a largo plazo de Ucrania desde el inicio de la guerra.

En una entrevista con el diario alemán Berliner Zeitung, el antiguo comisario europeo Günter Verheugen asegura que la reunión no es más que hipocresía. Rusia ha hecho todo lo posible por mantener buenas relaciones con la Unión Europea, a pesar de lo cual Bruselas sigue una orientación belicista y sigue sometida a Estados Unidos, señala Verheugen, que ejerció su cargo entre 1999 y 2010, llegando a ser vicepresidente de la Comisión Europea.

“En Roma, políticos, bancos e instituciones occidentales intentan atraer inversores internacionales a Ucrania. Pero incluso antes del inicio de la conferencia URC2025, el optimismo está en su punto más bajo”, añade.

El presupuesto ucraniano sufre un déficit de miles de millones de dólares, “y la mayor gestora de activos del mundo, BlackRock, ha anunciado la suspensión de su búsqueda de financiación”. Los cambio en la Casa Blanca han desanimado a los especuladores. Ucrania ya no parece tan buen negocio y nadie se acuerda del contrato para la explotación de sus minas, que parecían provechoso.

“Sin embargo, Alemania y la Unión Europea siguen suministrando armas [a Ucrania] y no muestran disposición a negociar con Rusia”, denuncia el diario alemán. Eso no siempre ha sido así porque la Unión Europea “siempre ha tenido en cuenta los intereses de seguridad de Rusia”, dice Verheugen.

“Esta conferencia de reconstrucción, que no es su primera edición, es extremadamente arriesgada. Desconocemos el tipo de Ucrania con el que nos encontraremos. Desconocemos la estructura política y la constitución interna del país. Debemos asegurarnos de que la malversación de recursos financieros se mantenga significativamente por debajo de su nivel habitual. Y no es en absoluto seguro que, tras un acuerdo de paz, independientemente de cuándo y cómo se concluya, tengamos una Ucrania estable, competente y soberana”, afirma el antiguo comisario europeo. Según él, “las condiciones externas e internas para lograrlo con métodos fiables simplemente no se dan en este momento”.

Los gastos militares son ‘sagrados’ para el gobierno francés

Hoy es la fiesta por antonomasia en Francia y, de aperitivo, ayer Macron pronunció un discurso ante las tropas con los tópicos del momento: peligros por todos los costados y, para remediarlo, rearme y militarización de la sociedad.

Anunció cambios en la doctrina nuclear francesa, la profundización de la cooperación con Reino Unido y el aumento en el tamaño del ejército. “Debemos dar la opción de servir, no reinstaurar el servicio militar obligatorio, sino permitir que los jóvenes voluntarios se capaciten en las fuerzas armadas y fortalezcan sus filas”, declaró en enero.

Macron aboga por el fortalecimiento del Servicio Militar Voluntario, un programa creado en 2015 para jóvenes parados de entre 18 y 25 años. En los últimos 10 años, 10.000 voluntarios se han formado en ese programa, es decir, a penas mil cada año.

Otra opción es aumentar el número de reservistas. Actualmente hay 45.000, y el gobierno espera alcanzar los 52.000 para diciembre de 2026.

“El ejército de 2030 será un híbrido: un ejército activo y uno de reserva con habilidades perfeccionadas. La reserva no debe ser un refuerzo. Debe estar plenamente integrada en todo el espectro de misiones y no servir únicamente para reemplazar a los soldados activos en determinadas circunstancias”, declaró Sebastien Lecornu, el ministro de Defensa.

El entrenamiento de estos voluntarios requiere un mínimo de seis meses a un año para aprender a “desenvolverse en el terreno, a usar un arma y a matar a alguien en la guerra sin morir”, explicó el coronel Vincent Arbaretier.

Necesitan meter el miedo en el cuerpo

Para meter el miedo en el cuerpo a los franceses, los chusqueros se pasean casi todos los días por los medios con declaraciones apocalípticas. El general Thierry Burkhard, Jefe del Estado Mayor de la Defensa, presentó un panorama sombrío de las amenazas en una inusual conferencia de prensa, pocos días después de otra aparición televisiva -también sin precedentes- de Nicolas Lerner, director de la DGSE (Dirección General de Inteligencia Exterior).

Los uniformados quieren adelantar a los espectadores la Revisión Estratégica Nacional, que se publicó ayer. Los planes militares franceses son una colección de tópicos absurdos. Consideran la amenaza de Rusia para los países europeos como “persistente” y agravada por el repliegue estadounidense. “El lugar de los países europeos en el mundo del mañana también está en juego” y no podemos olvidar la desinformación, los ataques híbridos y la lucha contra el “terrorismo”, dijo el general Burkhard ante los periodistas.

“Debemos aceptar que, efectivamente, nos enfrentamos a un cambio de marco estratégico”, añade Lecornu, el ministro de Defensa. “Si no queremos depender de nadie, esto requiere necesariamente un nuevo esfuerzo, no solo presupuestario, sino también intelectual, moral e industrial”, afirmó.

Cuando se trata de la guerra no hay que escatimar en gastos

Esos esfuerzos plantean la cuestión de la bancarrota económica francés pero, tratándose del ejército, nunca es suficiente. El derroche presupuestario francés es muy anterior al comienzo de la Guerra de Ucrania y al surgimiento del mito de la “amenaza rusa”. Entre 2017 y 2025 el presupuesto de defensa aumentó de 32.200 millones de euros a 50.500 millones de euros.

En la actualidad la Ley de Planificación Militar prevé 413.000 millones de euros para el ejército entre 2024 y 2030, con aumentos presupuestarios anuales de poco más de 3.000 millones de euros, hasta alcanzar los 67.400 millones de euros en 2030.

Pero Francia tiene la hucha vacía. La deuda ha alcanzado los 62.000 millones de euros este año y amenaza con dispararse, pero no importa: el primer ministro, François Bayrou, ha dicho que los gastos militares son “sagrados”. En todo lo demás hay que ahorrar y recortar.

El invierno pasado el ministro Lecornu estimó que “el peso ideal del ejército francés sería algo menos de 100.000 millones de euros”. A principios de este mes, ante el Senado, describió los planes de rearme: defensa tierra-aire, municiones, guerra electrónica e incluso el espacio. “Lo que más nos preocupa y genera nuevas necesidades presupuestarias son los avances tecnológicos”. Se refería a la inteligencia artificial, la tecnología cuántica y el sigilo aéreo, entre otros.

Los europeos han perdido la cabeza por completo con las armas. Londres quiere aumentar su presupuesto de defensa al 2,5 por cien para 2027 y al 3 por cien después de 2029. Alemania prevé alcanzar un presupuesto de defensa de 162.000 millones de euros en 2029, equivalente al 3,5 por cien de su PIB, y Polonia ya dedica a este objetivo el 4,7 por cien.

Los países europeos prefieren los cazas estadounidenses a los que ellos mismos fabrican

Tienen razón los que sospechan que la norma del 5 por cien va a ser un próspero negocio para los traficantes estadounidenses de armas porque los europeos son incapaces de comprarse armas a sí mismos. Simplemente no creen en las armas que fabrican o son mucho más caras que las estadounidenses. Por eso el programa europeo Future Combat Air System (FCAS) está estancado.

Hace unos días lo explicamos con el ejemplo británico, que va a comprar el caza F-35 estadounidense, en detrimento de los aparatos europeos o del Rafale francés. El primero está fabricado por la la empresa estadounidense Lockheed Martin mientras que el Rafale es un aparato de la francesa Dassault.

Muchos países europeos llevan décadas utilizando los cazas estadounidenses. Desde 1975 en Europa se ha formado un auténtico club de compradores del F-16 que ahora se pasan al F-35, el único avión de combate capaz de transportar las bombas nucleares estadounidenses B-61, esenciales para el “paraguas” de la OTAN.

A veces eso se vende con un pretexto conocido: países como Reino Unido e Italia prefirieron el F-35 al Rafale francés porque no solo son clientes de Lockheed Martin, sino también proveedores. El fuselaje trasero, el sistema electrónico, los asientos eyectables y el láser de puntería se fabrican en Reino Unido. La planta de Cameri, en Italia, da empleo a 1.200 trabajadores e involucra a más de 30 empresas locales que intervienen en la cadena de suministros del F-35.

Sin embargo, tanto Reino Unido como Italia también fabrican otro tipo de aparatos “made in Europe” y no los compran. Lo mismo ocurre con Bélgica, que ha confirmado la compra de 11 nuevos cazas F-35 por mil millones de euros. A Francia no le ha gustado, que ya había les había ofrecido a Bélgica la compra de su Rafale.

La flota aérea belga aumentará a 45 F-35. El ministro de Defensa belga, Theo Francken, defiende la operación, cuyo coste se estima en mil millones de euros, de los 34.000 millones de euros que Bélgica invertirá en sistemas de armas para 2034… si es que el dinero le alcanza. El argumento del ministro belga para justificar este despilfarro no tiene desperdicio: “Putin no le teme al Eurofighter, ni al Rafale, ni al Saab Gripen. Le teme al F-35 porque no lo vemos. La superioridad de este avión es indiscutible”.

El ministro belga quiere excusarse diciendo que, a diferencia de los aparatos europeos, el F-35 es indetectable, lo cual es completamente falso.

Alemania va a hacer lo mismo que Reino Unido y Bélgica. Negocia en secreto la compra de 15 nuevos F-35, en detrimento del Rafale francés. El pedido se suma los 35 pedidos realizados en 2022.

Estas compras levantan una enorme polvareda en las capitales europeas, que no logran sacar adelante el FCAS, un proyecto que pretendía ser un ejemplo de la “independencia tecnológica europea”.

Dassault quiere controlar el 80 por cien de los componentes principales del futuro avión de combate europeo, mientras Alemania lo considera inaceptable.

Merz aspira a convertirse en el jefe del ‘partido europeo de la guerra‘

El canciller alemán Friedrich Merz no parece haber abandonado las oficinas de los fondos buitres en los que ha forjado su carrera de lacayo de las peores formas de imperialismo. Conduce a su país hacia un fracaso inevitable. Su política de apoyo incondicional a la guerra de Ucrania y Gaza y la militarización a gran escala de la economía amenazan directamente los derechos de los trabajadores y pensionistas.

Era difícil, pero el “canciller cojo” ha logrado superar a Macron; ahora es uno de los jefes del “partido europeo de la guerra”, tanto en Ucrania como en Gaza.

Merz pretende convertir a Alemania en el proveedor clave de armas para Kiev, especialmente si Estados Unidos reduce los suministros. Ya se prepara un acuerdo secreto con Washington, donde Alemania sería un intermediario en el envío de armas a Ucrania. Mientras, sus proclamas sobre la “autonomía estratégica” de la Unión Europea en defensa son ridículas. La industria europea es incapaz de producir muchos tipos de armamento, y Estados Unidos tiene interés en mantener la dependencia tecnológica del Viejo Continente.

Pero el presupuesto alemán no soporta la doble carga de unos gastos militares descomunales… ni siquiera aunque arrasen con los derechos sociales. Las promesas energéticas fracasaron. El precio medio de la electricidad se mantiene en 27 céntimos/kWh, y la rebaja fiscal (que representa hasta el 40 por cien del costo) es imposible por un déficit de 4.500 millones de euros. Como ha reconocido el presidente de Renania del Norte-Westfalia, Hendrik Wüst, “los precios de la energía están asestando un golpe mortal a la economía alemana”.

El descontento social crece. El poder adquisitivo real, según el Bundesbank, ha caído desde 2021 en un 20 por cien. La prohibición de motores de combustión amenaza al sector automotriz. Políticamente, la coalición CDU/SPD se tambalea, con conflictos internos crecientes. Algunos socios de la coalición de gobierno se plantean la normalización de relaciones con Rusia; es lo mejor para tener una electricidad barata.

A Merz le llaman el “canciller cojo” por sus continuas meteduras de pata. Asusta a los alemanes con envíos de misiles Taurus, declara que Israel hace el “trabajo sucio” por Europa, anuncia la militarización total de la economía y elimina los límites de deuda pública. El Pacto Verde (cero emisiones para 2045 y 500.000 millones de euros en 12 años) es ya insostenible.

La combinación de militarismo, apoyo ciego a Ucrania e Israel, fracasos en políticas sociales y energéticas, junto al aventurerismo del “Pacto Verde” bajo la capitanía de Merz, llevan a Alemania al colapso económico y social. Su permanencia en la cancillería está condenada a un final prematuro.

—https://myslpolska.info/2025/07/09/piskorski-merz-czyli-gwarantowany-upadek/

El rearme europeo es un circo con varias pistas

El caza europeo EF2000/Typhoon lo fabrica el consorcio de empresas Eurofighter, formado por BAE Systems, Airbus y Leonardo, que cuenta con cuatro líneas de montaje final ubicadas en Getafe (España), Warton (Reino Unido), Manching (Alemania) y Caselle (Italia).

En diciembre Qatar anunció su intención de adquirir doce aparatos, además del lote inicial de veinticuatro encargado en 2017, pero el aparato no logra abrirse camino en los mercados de armas. Reino Unido se esfuerza por vender el caza a Arabia Saudí y Turquía, pero Alemania se opone porque sus relaciones con esos dos países son malas.

Son las consecuencias de la jaula de grillos europea, que ni siquiera es incapaz de vender las armas que fabrica, salvo a sí mismos (y a veces tampoco). Para equipar a su Fuerza Aérea, los británicos prefieren comprar el F-35, o sea, prefieren los aviones ajenos (estadounidenses) a los propios y, sin embargo, quieren exportar el Typhoon: quieren vender a otros lo que no quieren para sí mismos.

El gobierno laborista de Londres va a cerrar la fábrica de Warton. Reino Unido no fabricará el caza europeo y los trabajadores ha sido trasladados a otros centros de BAE Systems, según un comunicado del sindicato británico Unite.

El gobierno de Keir Starmer no confía lo suficiente en el Typhoon como para comprarlo, pero espera que otros países lo hagan. El sindicato los califica como un “autosabotaje” que sembrará el caos en el sector aeroespacial y en toda la cadena de suministro de Reino Unido, que sustenta miles de empleos, dice Unite, que critica la política de rearme del gobierno laborista de Londres porque le parece insuficiente. Hay que fabricar y vender más armas, cuantas más mejor.

Mientras, los laboristas venden humo: un proyecto de caza GCAP (Programa Aéreo de Combate Global) de sexta generación, elaborado en cooperación con Italia y Japón. El problema es que no hay ningún pedido…

En Alemania han anunciado la compra de veinte cazas Eurofighter adicionales, pero el presidente del comité de empresa de Airbus, Thomas Pretzl, se suma a la postura del sindicato británico. En otro comunicado de prensa exige el desarrollo continuo del avión de combate para convertirlo en un “Super Eurofighter”. De lo contrario, en la fábrica de Manching la producción de armas podría cesar en 2030.

Por el momento, la carga de trabajo de las líneas de montaje de Manching, Getafe y Caselle está garantizada por los pedidos propios. Al menos por el momento.

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