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Un ejercicio militar con enfermedades ficticias y pandemias ficticias, pero que matan una barbaridad

En 2018 la Universidad John Hopkins se inventó una enfermedad y una pandemia, y realizó uno de esos simulacros de estilo militar. La enfermedad se llamaba “Clade X” y se contagiaba por la tos, con consecuencias parecidas a la gripe (1).

Pero el objeto del estudio, que se publicó en Youtube (2) como si fuera un videojuego, no era la pandemia sino la reacción política del mundo ante ella.

Naturalmente, no se ensayan simulacros con enfermedades leves de las que uno se cura quedándose en la cama y tomando infusiones de tomillo. Clade X era catastrófica porque no había vacuna para remediarlo. Era una de esas enfermedades “emergentes”, nuevas, de las que se desconoce casi todo.

No obstante, el modelo no era tan nuevo, ya que se basaba en el SARS de 2003, aunque llevado al paroxismo. Si al SARS sólo le imputaron 765 muertos, por lo que pasó muy desapercibido, salvo entre los especialistas, Clade X tenía que causar la muerte del 10 por ciento de la población mundial: 900 millones de personas.

“Los peores escenarios presentados en la ficción científica pueden quedarse cortos”, dijo El Confidencial entonces. Ante la magnitud de la catástrofe, el ejército estadounidense quedaba encargado de “reaccionar frente a la expansión de Clade X por todo el mundo”. Pero, ¿qué hará si Venezuela les pide ayuda?, preguntaba el periódico (3).

Este tipo de previsiones biopolíticas muestran, una vez más, que las universidades que llevan a cabo estas simulaciones no son otra cosa que fachadas del Pentágono e institutos de seguridad militar, por lo que todo el simulacro era una paranoia total, empezando por un virus fabricado por un grupo terrorista (4). ¿Se referían los universitarios a sí mismos?

Una simulación es mejor cuanto más se aproxima a la realidad y a veces son tan buenas que parecen reales. Ni siquiera los “expertos” de pacotilla son capaces de diferenciar la realidad de la ficción. Por eso Eric Toner, que trabajó en el ejercicio, dijo: “Va a suceder, pero no sé cuándo” (5).

Son palabras difíciles de interpretar. Es posible que, tratándose de un “experto”, sean una gilipollez. ¿Cómo podría expandirse una enfermedad ficticia? No obstante, es posible que hiciera alusión a otra enfermedad real, parecida al SARS, como el covid, por poner un ejemplo.

De esa manera los “expertos” demuestran sus dotes proféticas. Los sueños se hacen realidad. La vida es sueño. No hay diferencia entre la realidad y la ficción porque hay quien es capaz de hacer realidad sus sueños, e incluso sus peores pesadillas. “No han exagerado ni un pelo”, advirtió El Confidencial.

Desde hace al menos dos años ya se sabía que el mundo no estaba preparado para una pandemia parecida al SARS que estaba destinada inexorablemente a llevarse por delante a 900 millones de personas y, sin embargo, nadie se quiso dar por enterado. No sabe, no contesta.

Ante las mortíferas previsiones, los autores de la simulación recomendaron fortalecer los sistemas de salud, a pesar de lo cual todos los países siguieron haciendo lo contrario: imponer recortes presupuestarios en sanidad.

Por lo tanto, los gobiernos no siguen el consejo de los “expertos”, o sólo lo hacen cuando les conviene. En cualquier caso, la salud no les preocupa nada. Si han adoptado medidas draconianas durante esta pandemia no habrá sido por motivos de salud. Entonces, ¿cuál es el verdadero motivo?

(1) http://www.centerforhealthsecurity.org/our-work/events/2018_clade_x_exercise/index.html
(2) https://www.youtube.com/watch?time_continue=15&v=sJ1x8SlNxj0
(3) https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2018-08-02/pandemia-virus-muertes-clade-x_1600676/
(4) https://www.businessinsider.com/pandemic-virus-simulation-johns-hopkins-shows-vulnerability-2018-7
(5) https://www.publimetro.cl/cl/social/2018/08/01/cladex-enfermedad-epidemia-gripe.html

Lo que vende no es la ‘conspiranoia’ ni la ‘ciencia’ televisada sino las cifras de muertos y de infectados

Los titulares estos días siguen anunciando positivos por doquier. Donald y Melania Trump también «dieron positivo». Otra noticia fustiga a estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia que «se contagiaron» el covid-19 por irse «de fiesta». Todas estas pseudohistorias están activando otro absurdo frenesí mediático, que ha empujado a muchas personas a evitar enfrentar lo que es una evidencia, para evitar ser asociados al fascismo, o peor, al «terraplanismo». Leer más

Los militares han convertido el mundo en un laboratorio para realizar experimentos de todo tipo con seres humanos

Uno de los aspectos que han salido a la luz con la pandemia (en casi todos los países, excepto en España) es la conexión del Pentágono con la salud. El ejército de Estados Unidos no sólo destina ingentes cantidades de dinero a fabricar armas biológicas, sino también a vacunas, es decir, que lo mismo fabrica la enfermedad que el remedio.

Los casos de Fort Detrick y Porton Down ponen de manifiesto que un laboratorio no es diferente de un cuartel militar. Como cualquier otro armamento, los virus y las vacunas se almacenan en silos especiales. También se llevan a cabo maniobras y ejercicios con su propio “campo de batalla”. Finalmente, se manipulan, se modifican mediante ingeniería genética.

Hoy es cada vez es más difícil diferenciar entre la realidad y el laboratorio. Hay quien cree que la letalidad del coronavirus es consecuencia de su manipulación genética. También hay quien supone que la pandemia es un ensayo de laboratorio y que los seres humanos desempeñamos el papel de cobayas.

Otros recurren a los atentados de “bandera falsa”, donde los desencadenantes son las propias víctimas. A los gobiernos de las grandes potencias nunca les ha importado nada que dichas víctimas formen parte de su propia población.

A nadie debería extrañarle que estuviera ocurriendo nada de eso porque los antecedentes son muy claros. Las armas biológicas están prohibidas pero una parte creciente de la experimentación científica se basa en ellas.

Cuando esos científicos reconvertidos en mercenarios convierten al mundo en un laboratorio, experimentan con él y con los seres vivos que lo pueblan, incluido el ser humano.

El ántrax salió de un laboratorio militar del Pentágono. En 2001 se llevó a cabo un ensayo con ántrax dentro de la Operación Dark Winter y tres meses después se utilizó durante los atentados a las Torres Gemelas.

Desde entonces el ejército ha seguido realizando ensayos de pandemia, con ántrax o sin él. En 2005 organizaron el simulacro “Tormenta Atlántica”, una pandemia que afectaba a los países de la OTAN.

Ahora todos miran para otro lado, hasta que dentro de unos años alguien escriba un guión para una serie de Netflix con el que poder lavar su mala conciencia y ganar mucho dinero.

La Operación Dark Winter fue obra de Tara O’Toole y Thomas Inglesby que dos años después pasaron a formar parte de UPMC. También son los mismos que el año pasado llevaron a cabo otro simulacro parecido: el Evento 201 que ensayaba una pandemia de coronavirus.

En este tipo de experimentos biopolíticos participan siempre los mismos perros con otros collares. Inglesby que, además de su cargo en el UPMC, también dirige el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, fue el moderador de aquel “evento”.

Aunque nadie se atreva a mirar de frente, los objetivos de esos experimentos son siempre políticos y en ellos aparece la ley marcial para conducir al ejército a participar en los asuntos del propio país, lo cual interesa sobremanera al Pentágono.

En 2018 se llevó a cabo otro ejercicio en el que también participaron O’Toole e Inglesby: un ataque con patógenos genéticamente modificados planteaba la continuidad del gobierno y se imponía la ley marcial.

Con las elecciones de este año el asunto vuelve a la actualidad. En medio de la pandemia, si pierde, Trump ha amenazado con negarse a reconocer los resultados electorales y las centrales de inteligencia pronostican la imposición de la ley marcial. A principios de este año un alto funcionario del gobierno ha hablado de la llegada del “invierno más oscuro de la historia moderna”.

Estados Unidos va de un invierno oscuro a otro. En 2007 la Operación Dark Winter cristalizó cuando Bush aprobó la Directiva Ejecutiva 51 que actualizaba los planes de “continuidad del gobierno”. Obama siguió aprobando decretos sobre el mismo asunto que otorgan un control casi total de las infraestructuras de Estados Unidos al Departamento de Seguridad Interior.

En el momento de la firma de aquellos decretos, O’Toole era la Subsecretaria de Ciencia y Tecnología del Departamento de Seguridad Interior. Actualmente es Vicepresidenta Ejecutiva de In-Q-tel, el brazo científico de la CIA. Es la mujer que aparece en la imagen de portada.

Derribando mitos pandémicos

Este año, marcado por la pandemia, parecería que se ha hecho énfasis en atemorizar a la población informándole continuamente cifras de muertes, en detrimento de las campañas de prevención (esenciales para comprender la importancia de adoptar nuevas conductas para reducir el riesgo de contagio).

Abruptamente, debido a la propagación de un nuevo virus en el mundo, todos comenzamos a ser vistos como contagiosos. La población general, sana y fuerte, hoy es tratada como vulnerable e indefensa. Si bien lo más frecuente y abundante es la falta de infección, se gobierna bajo la creencia de que todo ser humano está infectado. Los casos activos no superan los 140/150 mil (habría un total de 0,3% de infectados a escala de Argentina) pero se actúa como si el 100% estuviera enfermo.

Los mensajes que atemorizan generan una exagerada inestabilidad en la sociedad. Sería más efectivo, en cambio, centralizar la comunicación en mensajes que fomenten intensificar las medidas de prevención. Desde la epidemiología, es necesario derribar mitos.

Se ha duplicado el aumento de la mortalidad intra-hospitalara del infarto agudo de miocardio, debido a que los pacientes con síntomas retrasan las consultas por el temor al contagio del Covid-19

Una pandemia no necesariamente conduce a mayor mortalidad. Para evaluar el grado de gravedad que tiene, se suelen comparar las cifras totales de muertes de un mismo país respecto de períodos anteriores equivalentes, para establecer si la variación interanual está dentro de lo esperable o no. Las estadísticas vitales de Francia, por ejemplo, han dejado en evidencia que en 2019 y 2020 la mortalidad no sufrió variaciones significativas, es decir la pandemia Covid-19 no había producido un aumento de la mortalidad global con respecto a años anteriores. Esto se explica por el concepto de Sustitución Mórbida, la población que falleció era la que tenía mayor riesgo de morir por otros virus o bacterias que producían también patologías respiratorias.

Para comprender este fenómeno, es necesario tener en cuenta el significado de tríada epidemiológica. La Organización Panamericana de la Salud la define como “el modelo tradicional de causalidad de las enfermedades transmisibles; en este, la enfermedad es el resultado de la interacción entre el agente (virus), el huésped susceptible y el ambiente”. Es decir, un patógeno es necesario pero no suficiente para el desarrollo de un síndrome; tanto el estado del huésped (persona) como el ambiente van a influir en aumentar o no el riesgo de enfermar. Que circule un virus nuevo en una población no es una causa suficiente para concluir que todos corren riesgo de enfermar a no ser que los habitantes de esa región estén pasando una hambruna, una guerra o una situación particular en la cual su sistema inmune esté debilitado.

Gracias al concepto de “resistencia”, definido por la OPS [Organización Panamericana de Salud], como “el conjunto de mecanismos corporales que sirven de defensa contra la invasión o multiplicación de agentes infecciosos, o contra los efectos nocivos de sus productos tóxicos”, se puede comprender por qué, a pesar de la presencia de epidemias anuales, siempre es un pequeño porcentaje de la población el que se enferma.

Tanto la Sociedad Argentina de Cardiología como la organización Stent Save a Life Argentina advirtieron que se ha duplicado el aumento de la mortalidad intra-hospitalara del infarto agudo de miocardio, debido a que los pacientes con síntomas retrasan las consultas por el temor al contagio del Covid-19. Esto implicó que llegaban con mayor compromiso miocárdico e insuficiencia cardíaca.

Cuando sean analizadas las estadísticas de mortalidad anual de las enfermedades no transmisibles más prevalentes como la cardiovascular y las oncológicas, el hallazgo probable será un exceso de mortalidad en estas patologías.

La revista especializada The Lancet argumenta que “el exceso de mortalidad es la forma más objetiva y comparable de evaluar la escala de la pandemia”.

La presencia de un virus en el cuerpo no siempre es sinónimo de enfermedad. Ya en 2017, en un paper publicado por Kristine M. Wylie (*), se detectó que encontrar virus en las vías respiratorias de personas asintomáticas es frecuente. “Los métodos moleculares sensibles utilizados actualmente para el diagnóstico y muchas investigaciones demuestran que los virus pueden detectarse en individuos asintomáticos. En un Estudio de Utah, se detectó en niños y adultos asintomáticos la presencia de virus. El estudio explica que la detección de ácido nucleico viral con métodos moleculares no indica necesariamente que el virus haya infectado la célula y / o haya sido replicado exitosamente o que los síntomas son necesariamente el resultado del virus en particular que se detectó”, advirtiendo que la detección de patógenos no es suficiente para realizar un diagnóstico claro.

La infección respiratoria se confirma a través de síntomas, imágenes diagnósticas y análisis de laboratorio que confirmen la infección (la replicación viral en el cuerpo).

La administración masiva de tests, si bien da una idea de cómo está circulando el virus en la población, es insuficiente para realizar un diagnóstico preciso, ya que la técnica PCR, en ausencia de síntomas, es insuficiente para diagnosticar la presencia de una enfermedad. En el Boletín epidemiológico de Buenos Aires se han consignado 48.679 casos sin síntomas.

Ser positivo de Covid-19 no siempre es sinónimo de tener un síndrome respiratorio agudo. Las infecciones de las vías aéreas altas no revisten tanta gravedad como las infecciones de los órganos vitales (pulmones), por tal motivo, es tan importante poder realizar un diagnóstico y seguimiento adecuado en forma presencial.

En las epidemias anteriores, se consideraba “caso confirmado” a pacientes con evidencia clínica o radiológica de neumonía o con dificultad respiratoria. Hoy, se considera “caso confirmado” a cualquier persona con un test positivo, independientemente de la levedad o gravedad del cuadro clínico.

Las infecciones respiratorias pueden afectar a las vías altas (nariz, garganta) o a las vías respiratorias bajas. Las primeras son las más frecuentes. El SarsCov 2 (severe acute respiratory syndrome coronavirus, sindrome respiratorio agudo) -si bien su nombre lleva el adjetivo agudo-, incluye también a los casos leves, es decir, a personas que transcurren infecciones respiratorias de las vías aéreas superiores. Esto puede conducir a confusión.

La apertura de escuelas no pondría en peligro a la población de 0 a 60 años. Según el Boletín epidemiológico de CABA, en menores de 60 años, la tasa de letalidad de Covid es 0.44% y en la población de 0 a 19 años, es cero. Si la tasa de letalidad en ese rango etario es correcta, ¿tiene sentido continuar evitando a tan alto costo, contagios en todas las franjas etarias? Reforzar los cuidados y controles en mayores de 60 años y en pacientes con comorbilidades pareciera ser la medida más necesaria.

Conservar la salud no es solo evitar contagios. La salud de la población es un concepto mucho más amplio que evitar una enfermedad transmisible responsable de la pandemia. La misma OMS define a la salud como “un estado de perfecto (completo) bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad”.

El déficit de atención médica de patologías no transmisibles prevalentes que originan la mayor mortalidad anual en el país, el deterioro de la salud mental, la falta de escolaridad, generarán inevitablemente un gran malestar en la población (la falta de escolaridad dejará grandes secuelas e inequidades en el futuro, profundizando la bien definida por Guillermo Jaim Etcheverry “tragedia educativa“).

Otras pandemias vendrán y la humanidad sabrá combatirlas. Pero el desafío más difícil para los argentinos es adelantarnos y construir políticas de Estado que nos permitan defendernos, basándonos en el conocimiento, la ciencia y la multidisciplina, transfiriendo el saber a la sociedad y recuperando la responsabilidad individual.

(*) El viroma del aparato respiratorio, https://sci-hub.tw/10.1016/j.ccm.2016.11.001

Solana Ini y Néstor Pérez Baliño,https://www.lanacion.com.ar/opinion/derribando-mitos-pandemicos-nid2465823

Luther Emmett Holt: la ‘ciencia’, los niños enjaulados y ancianos aislados

… La advertencia de “no tocar”, antes tratándose de cosas, se desplaza ahora a los seres humanos. Los niños ven que el tocar algo ajeno está castigado, y se convierte en algo misterioso cuando no peligroso … Somos extraños entre nosotros y cualquier contacto físico innecesario se evita. El hombre se ha vuelto temeroso y alejado de los sentidos próximos, tacto, gusto y olfato, pero no hacia los sentidos distantes como la vista y el oído … Este movimiento de esterilización de todo, hace que el tacto entre personas se vea afectado a diversos niveles. El miedo a contagios, enfermedades, virus, a posibles malentendidos, a denuncias por abusos sexuales, etc. hace que cada día se toque menos. Todo este movimiento genera que se viva en la era de la comunicación, la tecnologías, internet, móviles, pero sin embargo, y a modo de gran paradoja, es cuando más aislados los seres humanos están los unos de los otros … A pesar de esta perspectiva de frialdad humana, los seres humanos siguen necesitando de la estimulación táctil para un crecimiento adecuado (1).

A principios de siglo XX, el Dr. Holt, un “genio científico” del sistema, como presidente de la Asociación Estadounidense para el Estudio y la Prevención de la Mortalidad Infantil (AASPIM), promovió el control de la reproducción por parte de la sociedad como un medio de eugenesia. En su discurso presidencial de 1913 dijo: “Debemos eliminar a los no aptos por nacimiento, no por muerte. La raza debe mejorarse de la manera más eficaz evitando el matrimonio y la reproducción por parte de los no aptos, entre los que clasificaríamos a los enfermos, los degenerados, los defectuosos y los criminales” (2).

Holt fue miembro fundador de la Sociedad Estadounidense de Pediatría. En 1891 fue nombrado miembro de la junta directiva del Instituto Rockefeller. En la Conferencia de Cannes de la Cruz Roja (1919), fue elegido presidente de la Organización de Salud Infantil.

Durante el siglo XIX, más de la mitad de los bebés recluidos en los orfanatos morían durante su primer año de vida de una afección denominada marasmo, palabra de origen griego que significa «consunción». En la segunda década del siglo XX, la tasa de mortalidad en los lactantes menores de 1 año en diferentes orfanatos de Estados Unidos era casi del cien por cien. En su informe de 1915 sobre las instituciones infantiles de diez ciudades distintas, el doctor Henry Dwight Chapin, pediatra de Nueva York, hizo la asombrosa declaración de que en todas las instituciones, excepto en una, todos los niños menores de 2 años fallecían.

El doctor J. M. Knox describió un estudio que había realizado en Baltimore: de los doscientos niños admitidos en distintas instituciones, casi el 90 % falleció a lo largo de un año.

En esta época, toda Norteamérica se hallaba bajo la influencia de Luther Emmett Holt, profesor de Pediatría en la Policlínica de Nueva York y en la Universidad de Columbia. Holt fue el autor de “The Core and Feeding of Children” y se convirtió en la autoridad suprema del tema. En este libro el doctor Holt recomendaba no tomar en brazos al bebé cuando lloraba, alimentarlo a horas predeterminadas y no tener con él demasiado contacto físico. La idea de aplicar cuidados tiernos y cariñosos era considerada «muy poco científica» (3).

¿Qué relación tienen estos acontecimientos con las “científicas” teorías impuestas a golpe de decreto militar sobre el aislamiento en escuelas y geriátricos? Mucha. Tanto las criaturas pequeñas, como las personas ancianas necesitan el contacto humano.

Las miles de páginas de investigación en Pedagogía y Psicología, escritas hasta marzo de 2020 alentaban el contacto y el juego como elementos básicos para el desarrollo cognitivo y emocional de las criaturas, pero por arte de magia “donde dije digo, digo diego” y de golpe pedagogos y psicólogos callan como truhanes ante los despropósitos de mantener a las criaturas a partir de cinco años con bozal, quietecitos, sin tocar a los amiguitos y amiguitas y sin poder establecer intercambio simbólico de juguetes, cuentos, etc. en un ejercicio de elevar exponencialmente la individualidad.

Un estudio realizado en el Advanced Telecommunications Research Institute International en Kyoto organizó una conversación de aproximadamente 15 minutos entre algunas personas y sus parejas. Después, algunos de ellos recibieron un abrazo y otros no. Al evaluar los parámetros fisiológicos, los investigadores apreciaron que aquellos que recibieron el abrazo mostraron una reducción significativa en el nivel de cortisol en la sangre (4).

El sistema inmunitario es una compleja red de células, tejidos y órganos. Juntos ayudan a su cuerpo a combatir infecciones y otras enfermedades.

En los mamíferos, los corpúsculos cutáneos mecanosensibles son los responsables del tacto ligero (los corpúsculos de Meissner) y profundo (los corpúsculos de Pacini).

“La privación sensorial extrema en otros aspectos, como la luz y el sonido, pueden sobrellevarse, siempre y cuando se mantengan las experiencias sensoriales cutáneas” (5).

En niños sin estímulos ni afectividad, la privación sensorial se convierte en privación emocional, y puede causar incluso deterioro orgánico. Es corriente que los niños autistas «desconecten» sus sentidos para aislarse de la realidad. En ancianos enfermos en condiciones de aislamiento (salas de hospitales, residencias, entornos familiares poco favorables) se dañan las funciones psicológicas y orgánicas (6).

El mundo tiene sentido cuando se puede comparar lo almacenado en el cerebro con lo percibido por los sentidos. La estimulación correcta del cerebro permite establecer nuevas conexiones neuronales y aumentar la eficiencia cerebral.

Ir provisto de bozal tapando boca y nariz, y guantes significa dejar los sentidos del cuerpo humano reducidos a ver y oír. Cuando miramos las fotografías de las torturas impuestas a los presos políticos enjaulados en las cárceles norteamericanas de Guantánamo podemos ver como se les priva de cualquier sentido: gafas oscuras, auriculares tapando las orejas, guantes y bozales. Y aislamiento total en celdas individuales.

Así, han estado y están miles de ancianos en los geriátricos, aislados en celdas individuales semana tras semana, cuando es bien sabido que al envejecer aumenta la incidencia de infecciones; enfermedades relacionadas directamente con la funcionalidad de los leucocitos y más concretamente con la actividad cito tóxica natural de las células NK en el caso de procesos víricos y tumorales.

“El sistema nervioso y el sistema inmunitario se encuentran íntimamente relacionados y forman una compleja red de interacciones bidireccionales que mantiene la homeóstasis del organismo y, por tanto, la salud. Factores ambientales como el estrés, ya sea por aislamiento, exposición a relaciones sociales excesivamente jerárquicas u otras situaciones que implican adaptación a cambios ambientales extremos, dañan la función inmunológica del individuo” (7).

“… Soledad y aislamiento social se relacionan con una mayor morbimortalidad. Aumentan el riesgo de un amplio abanico de enfermedades, desde las cardiovasculares hasta los resfriados comunes … Algunos de los mecanismos neurobiológicos que lo explican son los cambios relacionados con la edad en la respuesta al estrés de los sistemas endocrino, cardiovascular e inflamatorio; la elevada resistencia vascular, la presión arterial y la actividad adrenocortical del eje hipotálamo-hipofisario, así como el menor control inflamatorio y la reducción de la respuesta inmune … El aislamiento social y la soledad predicen la mortalidad con la misma consistencia que muchos factores de riesgo conocidos … En los ancianos, más que preocuparnos tanto por su colesterol deberíamos esforzarnos más en conseguir que puedan ver, oír y andar” (8).

A Emiliano Zapata se le atribuye la frase “Es mejor morir de pié que vivir arrodillado toda la vida”, frase que con ligera variación fue utilizada por Dolores Ibarruri en el mitin de París en solidaridad con la República Española el 8 de Septiembre de 1936. Paradógicamente, ahora podríamos decir que es mejor morir abrazados que vivir sin abrazos, y tal como en el mitin citado, debería ser un acto de solidaridad frente a las agresiones de científicos a sueldo de las multinacionales, de políticos corruptos, de periodistas sicarios, de sayones vocacionales, que cada vez se asemejan más al fantasma de un nuevo tipo de fascismo: “el neofascismo científico”.

¿Cómo los abrazos influyen en nuestro cerebro?

Cuando alguien nos abraza, ese contacto activa los receptores de presión que tenemos en la piel, los cuales se conocen como corpúsculos de Pacini y responden fundamentalmente ante la presión profunda. Estos receptores envían inmediatamente una serie de señales de calma al nervio vago para, entre otras cosas, desactivar la zona del cerebro que responde ante las amenazas y nos mantiene en tensión.

En ese momento comenzamos a sentirnos bien porque ese nervio se conecta con fibras nerviosas que llegan a diferentes pares craneales y desempeñan un papel importante en la regulación de la mayoría de las funciones clave de nuestro organismo, incluyendo la presión sanguínea (9).

¿Cómo los codazos influyen en nuestro comportamiento?

Si los abrazos son una señal inequívoca de afecto, de empatía, “dar codazos” es una expresión muy popularizada para designar aquellas personas que quieren apartar a los demás. Y no es de extrañar que los pseudocientíficos insistan en esta clase de saludo pues está en consonancia con el resto del discurso pandémico neodarwiniano acorde a los cambios sociales y culturales que están intentando imponer a cuenta de un virus.

¿Qué ocurre con los profesionales que, salvo honrosas excepciones, hace unos meses teorizaban sobre los efectos nocivos con resultado de muerte en las situaciones de aislamiento? ¿Cómo es que no ha surgido un tropel de ellos denunciando las nefastas y peligrosas actuaciones de los dirigentes políticos y sanitarios?

Tal vez haya sucedido y sucede algo parecido a lo que le ocurrió al Dr. John Reed Lee a finales del siglo XX, que así lo cuenta el mismo en un libro (inédito en España), en el cual se enfrenta a la corporación médica, a las mafias farmacéuticas y a los efectos perjudiciales de sus compuestos químicos.

“Sucedió algo inesperado en esta terapia con progesterona: mis colegas no me felicitaron y, de forma unánime, decidieron no aplicar este tratamiento a sus pacientes. Me pareció que las razones de su decisión eran poco válidas y egoístas, alegaron el temor a incumplir las normas profesionales, puesto que se les pedirían responsabilidades si por desgracia una de sus pacientes desarrollaba un cáncer, su preocupación por la opinión de otros colegas y el hecho de que ninguna empresa farmacéutica financiara el tratamiento.

“También es verdad que algunos, me llamaron para informarse de los detalles para tratar a sus esposas, a sus madres y a sus abuelas con progesterona natural. Pero ante todo lo que prevaleció fue, 1) la necesidad de obtener una autorización oficial antes de utilizar la progesterona natural en vez de un progestágeno sintético y, 2) su gran ignorancia de la fisiología hormonal. La práctica clínica cotidiana de “seguir las instrucciones del libro” necesita mucho menos esfuerzo (y se considera más seguro) que pensar por uno mismo, a pesar del bienestar potencial que se puede aportar a la paciente.

“He aprendido mucho y es evidente que me queda mucho por aprender. Tengo un gran deseo de compartir lo que he aprendido. Tal vez no le den importancia, pero es por este simple motivo que he escrito este libro. Espero que lo lean con agrado; tal vez puedan aprender algo y al mismo tiempo reforzar su confianza y su voluntad de actuar como médicos dentro de la pura tradición científica al mismo tiempo que como sólidos consejeros para sus pacientes” (10).

(1) Teresa Dezcállar Sáez. Universidad Autónoma de Barcelona. Facultad de Psicología Programa de Doctorado de Psicología del Aprendizaje Humano. Tesis Doctoral. Relación entre procesos mentales y sentido háptico
(2) https://es.qwe.wiki/wiki/Luther_Emmett_Holt
(3) Ashley Montagu: «El tacto. La importancia de la piel en las relaciones humanas». Instituto Europeo de Salud Natal y Perinatal. https://saludmentalperinatal.es/2017/11/16/no-pudieron-vivir-sin-las-caricias/
(4) https://www.ecoportal.net/
(5) Marta García Calavia, La glía de los corpúsculos sensitivos de los mamíferos como base de la mecanotransducción y su potencial neurogénico, Universidad de Oviedo, 2013 https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=208628
(6) http://www.percepnet.com/ed01_02.htm
(7) Revista Española de Geriatría y Gerontología. 2009; 44(3):137–142 www.elsevier.es/regg
(8) Atención Primaria. Volume 48, Issue 9, November 2016, pages 604-609 https://doi.org/10.1016/j.aprim.2016.03.008
(9) https://rinconpsicologia.com/
(10) John R. Lee, M.D., Equilibrio hormonal, Sebastopol, California, Octubre 1993

Todos los derechos han desaparecido, excepto uno: el derecho a la salud

La ola de histeria ha convertido a los vecinos en policías que se vigilan unos para denunciar a los otros. Un abigarrado compendio de nuevas reglas de comportamiento necesita de bandas parapoliciales que las hagan cumplir.

Los teléfonos de la policía están colapsados porque no pueden atender todas las denuncias que les llegan. Un vecino pasea sin mascarilla por la calle. Otro no se lava las manos con hidrogel. Un tercero no respeta la cuarentena. Hay quien se divierte en su casa con más de seis amigos…

Todo está prohibido porque la salud es lo primero. En Gran Bretaña los bares y restaurantes tienen que cerrar a las 10 de la noche y está prohibido cantar o bailar en los bares. Tampoco pueden poner la música alta, informa The Independent (*).

La policía lleva a cabo visitas a domicilio para comprobar el confinamiento y preguntan a los vecinos.

En las redes sociales aparecen fotos de patrullas de vecinos vigilando las calles, las ventanas, los buzones de la viviendas. Observan si hay luz a altas horas de la madrugada, si la música está a todo volumen, si se oyen risas…

El gobierno anima a los británicos a denunciarse unos a otros para imponer el distanciamiento social. Todo es por el bien de todos.

La policía detiene en la calle a los que no llevan mascarilla. Todos los derechos han desaparecido, excepto uno: el derecho a la salud.

Como en todo estado de guerra, las patrullas del ejército podrán reforzar a las policiales y parapoliciales, pero en las Islas aún no han llegado a ese punto… de momento.

(*) https://www.independent.co.uk/news/uk/politics/coronavirus-false-reporting-contact-fine-penalty-b671230.html

Huelga de los trabajadores de la funeraria de Madrid en plena ‘segunda ola’ de la pandemia

En Madrid la “segunda ola” de la pandemia es como la primera, no sólo por el confinamiento que está a punto de imponerse, sino por la huelga de los trabajadores de la funeraria.

Algunos recordarán una de las imágenes más impactantes de la pandemia, con la habilitación del Palacio de Hielo para almacenar los cadáveres. Eran tan falsas como los féretros abandonados en las calles de Guayaquil o las fosas comunes de Nueva York.

La pandemia estaba llenando el mundo de cadáveres y no había ni tiempo para darles tierra…

Ahora bien, en tiempos de pandemia los entierros están estrictamente reglamentados, tanto en lo que se refiere al cadáver y al féretro como a quien lo maneja, que debe vestirse de astronauta, exactamente igual que los trabajadores sanitarios. Es tan simple que basta leer el Boletín Oficial del Estado para enterarse.

Dado que en la primera no hubo tales vestimentas, los trabajadores de la funeraria de Madrid se negaron a cumplir con su tarea, e incluso fueron apoyados por el alcalde Martínez Almeida, que exigió al gobierno central los equipos de la ley exige. Pero no había nada de eso.

Lo mismo que en el caso de los asilos, ante dicha situación, el ejército tuvo que intervenir para ejercer las funciones propias de la funeraria, depositando los féretros perfectamente alineados en el Palacio de Hielo a fin de que fueran fotografiados y nos diéramos cuenta de la magnitud de la catástrofe que teníamos delante nuestras narices.

Lo mismo que los asilos y los centros de salud, la funeraria de Madrid es pública y para justificar su privatización, el ayuntamiento lleva años deteriorando el servicio en medio de una continua batalla contra los trabajadores, de manera que ayer la huelga tuvo un seguimiento del 95 por ciento de la plantilla.

La situación no quedaría nada clara si no añadiéramos que, a pesar de las “noticias” y las amenazas de un confinamiento generalizado, ahora mismo en Madrid hay menos muertos que en ninguna otra comunidad autónoma, en proporción a la población. La mortalidad es un 23 por ciento inferior a la media española.

Si Madrid queda confinado no será por un problema de salud pública sino porque está en medio de una áspera batalla política entre el gobierno central y el autonómico.

El León de Belfast califica de ‘fascistas’ el confinamiento y demás medidas políticas contra la pandemia

El irlandés Van Morrison ha saltado a la arena grabando tres canciones contra el confinamiento y otras medidas políticas represivas impuestas con el pretexto de la pandemia.

El conocido cantante califica dichas medidas como “fascistas”. Asegura que carecen de fundamento científico y ha desafiado al ministro de Sanidad de Irlanda del norte, Robin Swann, para que las revele a fin de que estén abiertas al escrutinio público.

En su página de Facebook el cantante escribe: “Hoy le pido al ministro de Salud de Irlanda del Norte que muestre todas las pruebas científicas que tiene a mano al pueblo de Irlanda del Norte para que puedan estar abiertas al escrutinio público”.

“Acepto que no soy un epidemiólogo, pero por supuesto él tampoco lo es. Sin embargo, estoy más que dispuesto a presentar las pruebas a intelectos eminentes dentro de este campo de la medicina, ya que al hacerlo podemos encontrar soluciones útiles a los muy graves problemas que enfrentamos ahora como sociedad.

“Es su trabajo probar la ciencia, no el mío. Simplemente la estoy cuestionando”.

Hace ya un mes que Van Morrison dijo que en torno al virus se había formado una “seudociencia” está tratando de reunir a los músicos en una campaña para restaurar los conciertos de música en vivo con el público a pleno rendimiento.

El ministro ha saltado en la revista Rolling Stone y en lugar de hacer lo que Morrison le pide, que ponga las pruebas encima de la mesa, larga la consabida letanía de los políticos cretinos, que es la misma en todo el mundo: el cantante es un conspiranoico, han muerto muchas personas y bla, bla, bla, bla, bla…

En una de sus últimas canciones “No More Lockdown” (No más confinamiento), el León de Belfast afirma que los científicos del Imperial College inventan “hechos torcidos”:

“No más confinamiento
no más abusos del gobierno
no más matones fascistas
perturbando nuestra paz
fingiendo que es por nuestra seguridad
cuando en realidad es para esclavizar”

https://www.belfastlive.co.uk/news/van-morrison-releases-statement-hitting-19010733

De los atentados contra las Torres Gemelas a la pandemia actual: el ántrax como hilo conductor

En enero, antes de la actual ola de histerismo, el UPMC (Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh) ya trabajaba en una vacuna contra el coronavirus. Entonces el estado de Pensilvania, como la mayor parte del mundo, no conocía un solo caso de coronavirus.

A pesar de su nombre, el UPMC es un oscuro tinglado dirigido por Jeffrey Romoff que recauda muchos millones de dólares, tanto de fuentes privadas como públicas, incluido el Pentágono.

A pesar del nombre, la Universidad de Pittsburg no pinta absolutamente nada. Oficialmente es una organización “sin ánimo de lucro”, a pesar de que funciona como empresa de seguros médicos que se paga a sí misma por la atención a los enfermos en su red de hospitales y centros de salud.

Entre 2005 y 2017 el UPMC ha manejado 1.000 millones de dólares y hasta el fiscal de Pensilvania abrió una investigación por corrupción, tanto del centro médico como de su cabecilla Romoff, que se saldó con un apaño entre bastidores por el que el UPMC reconocía los desfalcos.

El UPMC pidió a los CDC muestras de coronavirus para fabricar su vacuna contra el coronavirus en su propio laboratorio. Fue una de las pocas instituciones que recibió muestras de coronavirus el 14 de febrero que, indirectamente, procedían de China.

Un mes después la UPMC recibió una subvención de 5 millones de dólares de la CEPI (Coalición para la Innovación en Prevención de Epidemias), una organización internacional fundada en 2017 por los gobiernos de Noruega y la India con el Foro Económico Mundial y la Fundación de Bill Gates (1).

Oficialmente la subvención se concedió a “una asociación internacional entre el mundo académico y la industria” que el Centro de Investigación de Vacunas formó recientemente con el Instituto Pasteur de Francia y el fabricante de vacunas austríaco Themis.

En mayo el monopolio farmacéutico Merck compró Themis y el 11 de setiembre comenzó a reclutar voluntarios para ensayos de la vacuna en humanos. Merck tiene lazos muy estrechos con el UPMC (2) y, en particular, con su división comercial: UPMC Enterprises (3).

Todo iba viento en popa. El 2 de abril los investigadores del UPMC publicaron un estudio en EBioMedicine, una sucursal de The Lancet, en el que informaban de los prometedores resultados obtenidos en animales (4).

En la primera ola de la pandemia, la noticia dio la vuelta al mundo. Los científicos estadounidenses estaban en vanguardia para salvar millones de vidas con sus vacunas. El UPMC pidió autorización para iniciar los ensayos con cobayas humanas.

Pero el dinero de la CEPI cambió los planes originales del UPMC, que consistían en utilizar un adenovirus como vector, mientras que la CEPI exigió recurrir al virus del sarampión.

Hasta la fecha nunca se ha autorizado ninguna vacuna de esas características (5).

Un tercer vector, que no era un adenovirus ni el virus del sarampión, saltó a la palestra de manera misteriosa y hubo que recurrir a los tribunales para saber de qué se trataba.

Al mismo tiempo el UPMC desaparecía del escenario y Themis saltaba a la palestra como fachada comercial de la multinacional Merck, a la que se fueron añadiendo otras, como el Instituto Pasteur.

Las últimas noticias dicen que el UPMC se ha asociado con el Instituto del Suero de la India para la producción en masa de la vacuna, mientras que Themis/Merck ha declarado que su vacuna se producirá en Francia.

Los documentos obtenidos en los tribunales revelan que la vacuna en la que trabaja actualmente el UPMC es un híbrido del coronavirus y el ántrax (carbunco) (6), un arma biológica que saltó a la fama tras los atentados a las Torres Gemelas de 2001.

De esa manera, para elaborar una vacuna, los laboratorios crean organismos modificados genéticamente con un virus (coronavirus) y una bacteria (Bacillus anthracis).

Por supuesto, la sola mención del ántrax retorna a la pesadilla de 2001, sobre la que ya se han escrito bibliotecas de libros que -posiblemente- más de uno creía que habían quedado en un segundo plano.

Habrá que volver sobre ello en futuras entradas.

(1) https://www.pittwire.pitt.edu/news/researchers-pittsburgh-paris-and-vienna-win-grant-covid-19-vaccine
(2) https://idctelemed.com/news/upmc-infectious-disease-spinout-acquires-merck-assets/ https://www.lifepronow.com/2020/05/20/merks-strategic-investments-from-upmc-enterprises-for-infectious-diseases-and-antimicrobial-stewardship/
(3) https://www.reuters.com/article/brief-merck-says-as-part-of-agreement-up-idUSFWN2D10MN
(4) https://www.thelancet.com/pdfs/journals/ebiom/PIIS2352-3964(20)30118-3.pdf
(5) https://www.statnews.com/2020/09/24/here-come-the-tortoises-in-the-race-for-a-covid-19-vaccine-slow-starters-could-still-win-out/
(6) https://www.thelastamericanvagabond.com/wp-content/uploads/2020/09/UPitt-IBC-Minutes-from-July-2019-to-June-20201_Redacted.pdf

Más información:
– Esas epidemias que se ensayan previamente para que luego nada sea una sorpresa: el caso del ántrax
– El hilo distópico: del 11 de septiembre a la histeria de Covid
– El Pentágono esconde las vacunas, antídotos y medicamentos del ejército en silos estratégicos

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