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Categoría: Salud (página 65 de 88)

Los canadienses que no se vacunen no tendrán libertad de movimientos

Uno de los responsables de la sanidad canadiense, el doctor David Williams, dice que quien no se vacune no tendrá libertad de movimientos y estará obligado a usar mascarillas permanentemente.

Al responsable médico de Ontario le preguntaron si recomendaría la inmunización obligatoria. Williams reconoció que “no podemos obligar a nadie a vacunarse”, pero explicó que las personas que no lo hicieran tendrían severamente restringida su libertad de movimientos.

“Lo que podemos hacer es decir que si no te vacunas, entonces no te van a permitir entrar en un lugar sin equipo de protección”, dijo Williams.

“Se debe requerir la prueba de […] vacunación para tener libertad de desplazamientos […] para no tener que usar otro tipo de equipo de protección personal”, añadió.

Williams también sugirió que si existe un riesgo, se impediría a las personas entrar en ciertos lugares sin estar vacunadas.

Los gobiernos no tienen que hacer obligatoria la vacuna, simplemente pueden hacer la vida imposible a las personas que se niegan a ser vacunadas.

Si los bares, restaurantes, cines, salas de deportes, aerolíneas, empresarios y otros hacen de la vacunación una condición obligatoria del servicio, quien se niegue a ello se verá reducido a un confinamiento de facto, quedando su vida social y su movilidad completamente paralizadas.

Desmontando la Operación Coronavirus

Algunas lecciones aprendidas durante la lucha para Desmontar el SIDA y que permiten comprender mejor la actual falsa pandemia y por tanto fundamentar mejor la lucha para desmontarla.

Las “pandemias” no son un problema médico; en primera instancia son un problema de poder, lo que significa que la lucha contra ellas debe contar con un componente científico-médico, pero también con elementos sociológicos, económicos, filosóficos, periodísticos, legales, educativos… integrados todos en un frente global. De hecho, la salud no es un asunto médico, sino un complejo fenómeno social.

El elemento clave de las falsas pandemias/epidemias es el dogma del contagio, teoría microbiana o teoría de la infección, y consiguientemente el miedo al contagio… reunimos así las dos herramientas básicas del poder: mentiras y miedo.

Toda pandemia, epidemia o enfermedad de la que se culpe a un virus tiene un probable origen tóxico y uno de los objetivos es tapar ese origen: protocolos sanitarios, tratamientos, campañas masivas de vacunación, tóxicos industriales lanzados al medio ambiente, tóxicos procedentes de las aguas y la alimentación, condiciones climáticas extremas…

Condición inherente a las falsas pandemias o epidemias es un virus que jamás se ha aislado y por tanto no se ha podido establecer su culpabilidad: poliovirus, virus del sarampión, Virus de Inmunodefiencia Humana, Virus de la Hepatitis, Ébola, Zika, Coronavirus varios… y ahora el flamante SARS-CoV-2… ninguna evidencia de aislamiento/purificación de ninguno de ellos.

Las falsas pandemias no tienen entidad patológica propia aunque sí se utilizan problemas de salud y muertos reales. Es de crucial importancia separar esto para abordar cada cosa desde la perspectiva adecuada: desmontando las etiquetas (“caso de SIDA”, “Muerto por coronavirus”) y atendiendo a los verdaderos problemas de salud desde un ángulo holístico. Muy importante: una vez puesta en marcha la falsa pandemia, los propios tratamientos se suman al origen tóxico agravando y ampliando los “casos”.

Los falsos test para detectar al falso virus culpable son la clave para hacer creíble la falsa pandemia presentando “casos”, estadísticas, gráficas, curvas, estudios epidemiológicos… que a su vez alimenten el pánico y justifiquen supuestas medidas de prevención o protocolos de tratamiento disparatados, absurdos, erróneos, faltos de base científica y violadores de derechos y libertades fundamentales.

No hay ninguna conspiración oscura de reptilianos adoradores de microchips: lo que hay es una minoría que viene ejerciendo el poder desde tiempo inmemorial y cuyo objetivo es seguir ejerciéndolo. Para ello han desarrollado múltiples y eficaces herramientas que educan a la mayoría en la indolencia y la obediencia. Pero atención: la mayoría no somos todos. Siempre hay grietas, fallos en la maquinaria, errores en la manipulación… y ello permite abrir puertas a la esperanza y la verdad.

Los sucesivos montajes han ido multiplicando y profundizando en el control de la gente, la censura de minorías críticas y la aceptación de los dogmas de la medicina moderna que a su vez son claves para la extensión del terror:

— refuerzan la dependencia de las multinacionales farmacéuticas;
— castiga a marginados, moviliza ingénuos y los utiliza a todos para rentabilizar el fracaso y continuar huyendo hacia adelante;
— dispara la intromisión de la medicalización en el terreno de lo sexual-emotivo, sustituyendo el conocimiento del propio cuerpo por un miedo mecanicista contribuyendo a reducir drásticamente la espontaneidad vital;
— consigue en gran parte ocultar los devastadores efectos de la iatrogenia producida por antibióticos, quimioterapia, anti virales, vacunas y preparar el camino para un genocidio planetario, una nueva vuelta de tuerca en la agresión a la salud del planeta y sus habitantes y una cantidad inconmensurable de sufrimiento humano.

Madagascar no vacunará a la población contra el coronavirus (de momento)

Madagascar no formará parte del proyecto “Covax Facility”, un grupo de países del Tercer Mundo que serán vacunados masivamente contra el coronavirus. El gobierno ha optado por seguir recurriendo a los remedios locales a base de la planta Artemisia annua y otras.

Hasta la fecha, de una población de más de 27 millones de habitantes, Madagascar sólo atribuye oficialmente al virus 251 muertes, una tasa insignificante del 0,0009 por ciento que contrasta con las que circulan por Europa.

El proyecto “Covax Facility” pretende subvencionar el costo de la vacuna a 92 países del mundo que no pueden hacer frente a la compra y distribución de la misma.

No obstante, el gobierno malgache no cierra ninguna puerta. Antes quiere comprobar sus efectos en otros países, ha dicho la portavoz del ejecutivo.

Desde el inicio de la pandemia los medios de comunicación han pretendido alarmar al mundo entero con un “aumento espectacular” de casos y un colapso hospitalario que no se ha producido.

A través de las ONG también han denunciado un supuesto fracaso de los remedios tradicionales, algo parecido a la campaña que han desatado contra Suecia. El poder curativo de los derivados de la quina no se ha demostrado científicamente, según los reportajes de los medios.

Los enfermos no opinan igual. Un malgache confesaba a una agencia de noticias: “Desde que sacaron el CVO [Covid Organics, un derivado de la quina], he estado tomando una cura durante una semana al mes. No porque tenga miedo de coger el coronavirus, eh. Pero porque tengo la impresión de que, desde que lo tomé, mi sinusitis ha desaparecido y mi rodilla me duele menos” (1).

A finales de octubre, la producción de Covid Organics, fue interrumpida por el IMRA (Instituto Malgache de Investigación Aplicada), pero no por su ineficacia sino a causa de la superproducción y la mala conservación a largo plazo (2).

(1) https://www.rfi.fr/fr/afrique/20201029-madagascar-chute-ventes-organic-anti-covid
(2) https://www.msn.com/fr-xl/afrique-centre-et-est/other/coronavirus-l-imra-arr%C3%AAte-la-production-du-covid-organics/ar-BB1ajuc1

Más información:
– El remedio africano contra el coronavirus es un mal trago para la Organización Mundial de la Salud
– El Instituto Pasteur reconoce que infló las cifras reales de ‘contagiados’ de coronavirus en Madagascar
– Todo lo que Usted siempre quiso saber sobre la hidroxicloroquina, el brebaje favorito de Trump

Censurado un artículo científico que demostraba que no hay exceso de mortalidad en Estados Unidos

Uno de los centros de cabecera mundiales para el seguimiento de la pandemia es la Universidad Johns Hokpins. Recientemente publicó un artículo científico en su web sobre la mortalidad en Estados Unidos a causa del coronavirus, que fue retirado apresuradamente. La censura no se relaja.

El artículo sostenía que en Estados Unidos no se ha producido un exceso de mortalidad en lo que llevamos de año con respecto a los anteriores. La cifra de muertos es parecida porque la disminución del número de fallecidos por otras causas es similar a los que se atribuyen al coronavirus.

El artículo apareció firmado por Yanni Gu y sus datos los extrajo de los CDC. Según Gu, el aumento de las muertes relacionadas con el coronavirus es una ilusión porque muchas muertes por enfermedades cardiovasculares han sido etiquetadas como “covid” (1).

Este año se ha registrado una disminución significativa y sorprendente de las muertes por enfermedades cardiovasculares, pero también por otras causas, en comparación con años anteriores.

El artículo se sustenta en los análisis estadísticos de Geneviève Briand, profesora de la Universidad John Hopkins, para quien las muertes por enfermedades cardíacas, respiratorias, influenza y neumonía se han reclasificado para atribuirlas al “covid”.

La tesis de Gu y Briand explicaría la desaparición de los casos de gripe detectados en lo que va de año, que ya hemos comentado en otra entrada y que los CDC han reconocido (2).

En Estados Unidos las cifras de la pandemia de coronavirus son, pues, engañosas. El coronavirus no ha tenido ningún efecto sobre el porcentaje de mortalidad entre los ancianos, ni ha aumentado tampoco el número total de muertos.

El artículo fue rápidamente sustituido por una declaración de los editores de la Universidad, en la que afirman que el artículo apoyaba “inexactitudes peligrosas que minimizan el impacto de la pandemia”. Naturalmente los “verificadores de hechos” aplaudieron la censura porque no había nada de eso: la Universidad había decidido retirar el artículo de manera voluntaria.

Si no quieren incurrir en herejías, errores, confusiones, equivocaciones y desvaríos no deberían leer el artículo de Gu. Demos gracias a la Universidad John Hopkins y a los “verificadores de hechos” por evitarnos la tentación del pecado.

(1) Yanni Gu, A closer look at U.S. deaths due to COVID-19, The John Hopkins University News-Letter, 22 de noviembre de 2020
https://web.archive.org/web/20201126223119/https://www.jhunewsletter.com/article/2020/11/a-closer-look-at-u-s-deaths-due-to-covid-19
(2) https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/69/wr/mm6937a6.htm

Gráfico elaborado por la profesora Geneviève Briand sobre el nuevo reparto de la mortalidad entre las diferentes patologías
Webinario de la profesora Briand en YouTube

Carta abierta de un maestro jubilado al director de un centro educativo en tiempos de Covid

Apreciado compañero:

Te escribo desde el respeto, desde la complicidad de haber compartido muchos años de trabajo contigo, años en los que he apreciado siempre tu sensatez, tu capacidad de liderazgo y tu flexibilidad para solucionar de modo pragmático situaciones con frecuencia complicadas; y todo ello con un espíritu de entrega y vocación por nuestra profesión muy superior al mío: ya sabes que yo siempre he tenido que lidiar con muchas contradicciones debido a mis enfoques críticos en materia de educación, algo que —estoy seguro— más de una vez ha debido darte quebraderos de cabeza.

Entiendo perfectamente tu situación: como la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos, dentro y fuera de nuestro país, has confiado en las autoridades políticas, científicas o médicas. Es lógico: se supone que su misión es protegernos, que en los estados democráticos al menos, los hemos votado para que administren nuestro dinero y nuestra confianza, buscando el bien de la población, y esto con independencia de que gobiernen partidos de izquierda, de derecha, de centro o de los extremos.

Si además estás al frente de un equipo directivo en un centro público, con mayor motivo estás obligado a confiar en tus superiores y obedecer sus instrucciones que —das por sentado— se basan en decisiones tomadas a más alto nivel por responsables políticos estatales o autonómicos quienes —también das por supuesto— habrán sido asesorados por expertos independientes, honestos y rigurosos. De manera que, por mucho que nos moleste o por poco que nos guste, hay que hacer lo que nos dicen, cumplir con los protocolos y en definitiva, acatar las leyes y normativas pertinentes.

Si hay que obligar a los niños a llevar mascarillas, se les obliga. Si hay que obligarlos a mantener distancias, se les obliga. Si hay que recortar grupos, dividirlos, reagruparlos, impedirles relaciones sociales, delimitar zonas, crear burbujas… se hace. Si hay que tomar temperaturas sin intimidad, si hay que obligar a profesores o alumnos a hacerse test, si hay que ponerlos en cuarentena… se hace.

La pregunta es: ¿en qué momento, en qué punto de esta escalada de medidas siente uno que algo no va bien, que esto no es como nos lo cuentan, que estamos cruzando líneas rojas que jamás hubiéramos cruzado en otras circunstancias? ¿En qué momento nos planteamos si todo esto está justificado? ¿En qué momento nos paramos a pensar lo que estamos haciendo con nuestros alumnos, con nuestros niños y niñas? ¿En qué mundo los estamos forzando a vivir? ¿Qué valores les estamos transmitiendo y qué consecuencias tendrán todas estas medidas restrictivas y autoritarias, este desprecio y pisoteo constante de derechos y libertades… en definitiva, esta deshumanización? Creo que el momento de plantearse todas esas preguntas y muchas más depende en gran medida de la información que a cada cual le llega y cómo la gestiona. Soy consciente de que esta crisis ha producido un efecto de confusión, de incapacidad para pensar con claridad, de paralización debido al miedo o la incertidumbre. Y en esas circunstancias es muy difícil ejercer eso que luce en los proyectos de centro y que enseñamos o deberíamos enseñar a nuestros alumnos: el pensamiento crítico, la capacidad de no aceptar afirmaciones porque sí o porque lo dice una autoridad, y hacerse preguntas que puedan conducirte a otro enfoque, a otra visión, a respuestas menos convencionales pero posiblemente más cercanas a la verdad. Algunos lo hemos hecho, quizá porque llevamos muchos años haciéndolo y eso nos permite más desenvoltura, o quizá porque encontramos en nuestro camino a personas que nos abrieron los ojos. Y ahora tenemos la responsabilidad ética de zamarrear a otros para que también los abran, aunque eso suponga tener en contra a la mayoría, incluyendo personas muy cercanas, compañeros de trabajo, amigos e incluso familiares.

No tengo que explicarte que, por encima de esas consideraciones, está nuestro deber moral de ayudar a nuestros conciudadanos y, como educadores, un deber aún más elevado de proteger a nuestros alumnos. Y no me refiero a los que cada cual tiene ahora mismo en su aula —yo ya no tengo ninguno como bien sabes— sino a nuestros alumnos en todos los centros, en todos los pueblos, esos chicos, chicas, adolescentes que siempre han sido nuestra principal motivación ante las dificultades y sinsabores de nuestra tarea de cada día. Y es por ellos que voy a ser claro y directo procurando el mayor rigor en lo que voy a trasladarte y que es el resultado de muchos años de trabajo y estudio, de investigación crítica, de contacto con toda clase de especialistas y activistas que —al contrario que los oficiales— sí que son honestos, independientes y rigurosos. En cualquier caso, pongo en tus manos esa información, muy diferente a la que difunden los grandes medios de comunicación, en los que se está censurando toda información crítica que pueda poner en peligro el relato oficial de la “pandemia” declarada por la OMS, un organismo que el público cree que es independiente y público cuando la realidad es que está financiado en más de un 80% por grupos privados cuyo interés no es precisamente la salud de la humanidad.

Es muy posible que hasta ahora no supieras nada de esto o quizá solo conocieras las voces críticas a través de la visión distorsionada de esos medios que las censuran o descalifican. Pero, una vez que avances unos párrafos, ya no habrá excusa: sabrás lo que estás haciendo o posibilitando por acción o inacción, y tendrás que tomar una decisión. Las mascarillas y otras medidas de supuesta higiene o seguridad están arrebatando la vida a nuestros alumnos, a nuestros hijos, a nuestros nietos. También al resto de la población, por supuesto, pero aquí me voy a limitar a defender a los que están en una posición de mayor debilidad y confían en quienes les están agrediendo. A pesar del poco tiempo transcurrido, ya hay una ingente cantidad de información de la que voy a sintetizar lo más esencial dejando que sigas el hilo de los enlaces para formarte una idea más completa sobre esta tragedia. Será duro, muy duro. Pero este es el desafío que nos ha tocado: podemos aceptarlo o podemos mirar a otro lado; esa es una decisión de cada cual.

El informe “Efectos del uso permanente de mascarillas. Contribución a su difusión como medio de prevención de pandemias en medios escolares”, elaborado por Antonio D. Galera, de la Universidad Autónoma de Barcelona muestra en primer lugar la inutilidad de las mascarillas como barrera mecánica, para a continuación describir aportando las correspondientes referencias científicas los efectos fisiológicos que producen en aparato respiratorio, sistema nervioso, cerebro, corazón, sangre y conducción de oxigeno, musculatura, piel, nariz y boca, metabolismo y sistema motor.

Asimismo, el informe recoge daños en el ámbito afectivo y en el social, así como afectaciones neurovegetativas y hormonales. Por último, el informe cita las conclusiones de la doctora Margarete Griesz-Brizzon, especialista en neurología y neurotoxicología advirtiendo que el uso de mascarillas produce daños neuronales y degenerativos y que por tanto es un crimen contra la humanidad y un abuso contra la infancia. La doctora Griesz-Brizzon también advierte que “ninguna exención médica para el uso de mascarillas es infundada porque la falta de oxígeno es peligrosa para todos los cerebros. La deficiencia de oxigeno inducida sistemáticamente es una contraindicación médica absoluta”. Finalmente, declara: “somos nosotros los responsables de lo que hacemos en el trabajo, no nuestros superiores laborales”.

El “Informe general sobre el uso de mascarillas para niños” explica que su finalidad es: “justificar la incorrección ética del uso de mascarillas en los niños”. Detalla los daños fisiológicos y emocionales, incluyendo miedo, efecto de shock por aislamiento, ansiedad y depresión, bajo rendimiento, falta de concentración, mobbing escolar, deficiencia en el desarrollo de capacidades sociales, asociación cognitiva con represión… El informe ha sido elaborado por Psicólogos por la Verdad, junto a otro estudio: “Impacto psicoemocional de la pandemia en los niños” que concluye: “Si el futuro de la humanidad depende de nuestros hijos nos encontramos ante un hecho de una gravedad sin precedentes”.

En Euskadi, un grupo de médicos, psicólogos, enfermeros, sociólogos, abogados, ingenieros industriales, bioquímicos, padres y madres ha publicado un documento resumen de investigación analítica titulado: “Niñ@s sin mascarillas, por favor” en el que se recogen aspectos legales, científico-médicos, efectos perjudiciales del uso de mascarillas, tanto físicos como psicoemocionales, testimonios de alumnado y de profesionales.

En Cataluña, se ha creado la Plataforma COVIDA por iniciativa de padres y madres de alumnos con el objetivo de estar informados e informar, velar por los derechos y libertades y exigir responsabilidades a quienes actúen en contra del deber de auxilio y protección del ciudadano. COVIDA ha elaborado un modelo de solicitud para los colegios en el que, tras dejar constancia de que las asociaciones médicas y científicas no apoyan las medidas tomadas desde el inicio de la pandemia, y recopilar una serie de leyes y normativas, solicitan la posibilidad de pedir la exención del uso de mascarillas por los motivos justificados en la ley, que se informe a los padres de los posibles daños que las mascarillas pueden causar y de la falta de evidencia científica para justificar su imposición, que no se aísle a ningún menor ni se le obligue a seguir las clases a distancia, advertir al profesorado sobre la aplicación de normativas, y en definitiva a abrir un debate sobre todos los temas implicados.

El documento “Lista de delitos cometidos todos los días en los colegios por los protocolos Covid-19”, recoge una primera relación de comportamientos y actuaciones que muy probablemente son constitutivas de delitos y que se están poco a poco normalizando en el día a día de los centros. Entre ellas, las siguientes:

  • Imponer mascarillas, tomar la temperatura y obligar al uso de hidrogeles son acciones invasivas que violan el Código Penal y Civil así como la Ley de Autonomía del Paciente.
  • Obligar a menores de 6 años a llevar mascarilla va contra la normativa.
  • Obligar a llevar mascarilla cuando se mantiene la distancia va contra la normativa; es el centro el que debe acondicionar los espacios para permitir esa distancia.
  • Obligar a llevar mascarilla a quienes tengan alguna enfermedad o dificultad respiratoria es incumplir la normativa.
  • Obligar a llevar mascarilla en horas de recreo, deporte o clases de educación física es incumplir la normativa, además de actuar en contra de las indicaciones de la OMS.
  • Impedir que los niños puedan respirar la cantidad de oxígeno que necesitan es una violación de los derechos humanos y de la convención sobre los derechos del niño.

El documento señala las posibles responsabilidades penales en las que incurriría el profesorado de los centros, aclarando que no podrán acogerse a “las órdenes que vienen de arriba” cuando tengan que responder ante un tribunal. Las responsabilidades podrían incluir delitos de coacciones, delito de tortura, y delitos de omisión del deber de socorro, entre otros, dependiendo de las circunstancias y la denuncia que se presente.

Otros grupos creados por profesionales de la enseñanza, la abogacía o por familias preocupadas y dispuestas a actuar incluyen: El Tercer Grupo, Docentes por la Verdad o Scabelum en cuyas webs pueden consultarse iniciativas de distinto tipo incluyendo un “Manifiesto” en el que se declara: “la mascarilla es contraria al aprendizaje porque no nos permite ver la mitad del rostro de los alumnos. Eso elimina el lenguaje no verbal. No podemos saber hasta qué punto un alumno entiende lo que decimos o no, porque no podemos ver su rostro. Los estudios en neurociencia explican que sólo aprendemos aquello que realmente nos apasiona y nos emociona. Con la mascarilla se elimina la sonrisa de nuestro rostro y eso elimina la empatía y la conexión emocional; que son claves para emocionar a los alumnos con aquello que están aprendiendo; por lo tanto, la mascarilla elimina la posibilidad que el alumno pueda aprender nada de una manera que perdure en el tiempo. Además, la distancia social rompe el juego y las relaciones entre ellos, que es clave para que un alumno pueda aprender de otro”.

Y finaliza: “Si eres docente, piensas como nosotros, pero no te has atrevido a dar el paso porque te crees que estás solo, te decimos: No estás solo o sola. Apúntate a “Docentes por la Verdad”, trabajaremos juntos para encontrar los recursos legales para desobedecer estos protocolos y ganar un juicio si llegara el caso. Trabajaremos junto con los abogados por la libertad y ganaremos. Todos los protocolos son inconstitucionales y lo podemos demostrar”.

Hay quien piensa —o quiere pensar— que los niños se adaptan fácilmente a todo. La psicóloga y terapeuta familiar Esther Ramirez Matos opina lo contrario, y así lo explica en un estremecedor artículo titulado “No, los niños no se están adaptando bien” y publicado en la web del Instituto Europeo de Salud Mental y Perinatal: “Hablan de agobio, de sensaciones de no poder respirar, de angustia porque creen que, si tienen el bicho, les sale respirando y les viene rebotado por la propia mascarilla y de nuevo para adentro […] Dicen que tienen miedo a que les pase algo a sus seres queridos, ni uno solo habla de morir él o ella mismo, me dicen que les preocupa ser los causantes de que los mayores que aman perezcan, ¿qué les hemos hecho creer? ¿Cuánta culpa habrán de sanar estas personas?”.

Las mascarillas hacen visible el miedo, permiten visualizarlo y lo trasmiten en el trato diario mientras caminamos entre figuras sin rostro convertidas en un peligro inminente. Las mascarillas son un símbolo de autoridad. Incluso quien no la usa debe someterse a la autoridad que se lo permite. Los estudios que ya comienzan a publicarse consideran las mascarillas como un factor de incomunicación que contribuye a segregar, a apartar, a discriminar a quien no la lleva… un paso de gigante en la deshumanización.

Si las terribles noticias que se han publicado en diversos medios y en redes sociales se confirman han muerto al menos cinco niños —dos en China, dos en Alemania y una niña en Portugal— casi con toda seguridad a causa de las mascarillas. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Tardo cinco segundos en contarlos. Pero esos cinco segundos suponen el derrumbe de cinco familias, el dolor de cinco familias… y debería suponer el dolor de todos los que aún conservamos un resto de humanidad.

Lo voy a dejar aquí. Creo que es más que suficiente para abrir una brecha en la indolencia que está atrapando a los educadores y a la mayoría de una sociedad que ahora muestra claramente que nunca fue libre, nunca fue crítica, nunca tuvo capacidad de acción frente a la opresión y las mentiras. Te he dejado pistas para profundizar y quedo a tu disposición para seguir ampliando la información y la documentación críticas, esa que circula a pesar de la censura, a pesar de la infame pantomima de los grandes medios de comunicación al servicio de sus amos.

Decía Sabato: “Si nos cruzamos de brazos seremos cómplices de un sistema que ha legitimado la muerte silenciosa”. ¿Qué vas a hacer tú, compañero? (21 de noviembre, 2020)

Más información :
— Efectos del uso permanente de mascarillas. Contribución a su difusión como medio de prevención de pandemias en medios escolares
— Informe general sobre el uso de mascarillas para niños
— Niñ@s, ¡sin mascarillas, por favor! Disponible en la Carpeta con Documentos de Educadores por la Verdad
— Lista de delitos cometidos todos los días en los colegios por los protocolos Covid-19
— El Tercer Grupo
— Docentes por la Verdad
— Iniciativa de la Asociación Scabelum para proteger a los niños
— Manifiesto Docentes por la Verdad
— No, los niños no se están adaptando bien

Las muertes por malaria superan con creces a las atribuídas al coronavirus en el África subsahariana

Las muertes por malaria debido a las disrupciones generadas durante la pandemia de coronavirus en los servicios diseñados para combatir la enfermedad transmitida por mosquitos superarán con creces a las muertes por coronavirus en el África subsahariana, advirtió ayer la Organización Mundial de la Salud.

Más de 409.000 personas en todo el mundo -en su mayoría bebés en las zonas más pobres de África- murieron a causa de la malaria el año pasado, dijo la OMS en su último informe, y es casi seguro que el coronavirus hará que el número aumente en 2020.

“Nuestras estimaciones son que, dependiendo del nivel de disrupción del servicio [por el coronavirus] podría haber un exceso de muertes por malaria de entre 20.000 y 100.000 en el África subsahariana, la mayoría de ellas en niños pequeños”, dijo a los medios Pedro Alonso, director del programa de malaria de la OMS.

“Es muy probable que el exceso de mortalidad por la malaria sea mayor que la mortalidad directa por coronavirus”, agregó.

El informe de la OMS halló que hubo 229 millones de casos de malaria en todo el mundo en 2019 y dijo que, a pesar de los desafíos sin precedentes de la pandemia de coronavirus, muchos países habían luchado duro y se habían mantenido firmes contra la enfermedad.

No obstante, Alonso indicó que “el éxito a largo plazo para lograr un mundo libre de malaria en una generación está lejos de estar asegurado”. Algunos de los países africanos más afectados por la malaria han tenido problemas para lograr avances significativos desde 2016.

Debido a la transmisión continua de la malaria a través de los mosquitos en muchas partes, la mitad de la población mundial está en riesgo de contraer la enfermedad, que mata todavía a un niño cada dos minutos. A pesar de esto, el enfoque de la financiación y la atención se ha desviado, aumentando la probabilidad de que se produzcan muertes infantiles evitables.

Peter Sands, director ejecutivo del Fondo Mundial para la lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, dijo que los hallazgos del informe de la OMS son “extremadamente oportunos”.

“La salud mundial, los medios y la política están todos paralizados por el coronavirus […] y prestamos muy poca atención a una enfermedad que todavía está matando a más de 400.000 personas cada año, sobre todo niños”, dijo a los periodistas en la comparecencia.

https://www.elcomercio.com/actualidad/muertes-malaria-africa-covid19-oms.html

Wuhan: el regreso al escenario del crimen no encuentra el rastro que esperaba

La Biblia empieza por el Génesis, donde se cuenta el origen de todo, y la policía también empieza por el lugar del crimen, donde el delincuente ha dejado sus mejores rastros. Si encuentras el origen, encuentras la explicación.

Si la pandemia empezó en Wuhan, ahí deben estar el rastro de sangre y las huellas dactilares. Por eso, una vez terminado el confinamiento, el Ayuntamiento puso a los científicos a buscar el origen de todo. Se suman así a los equipos de la OMS y The Lancet, que también han enviado a sus sabuesos al epicentro del desastre, porque ya saben: los chinos no han dicho la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad de esta pandemia (de la que son responsables).

Los chinos son unos rastreadores de verdad. Hicieron las cosas al más puro estilo chino: si Wuhan tiene 10 millones de habitantes, los científicos se pusieron a buscar coronavirus en todos y cada uno de sus habitantes. En masa. Sus conclusiones las acaba de publicar la revista Nature (*) y no tienen desperdicio.

El confinamiento, que había empezado el 23 de enero, se acabó el 8 de abril y durante los primeros dos meses, hasta el 10 de mayo, sólo detectaron seis casos positivos en la ciudad, o sea, casi nada. En menos de tres meses la terrible pandemia se había marchado sin dejar huellas.

Los científicos enviados por el Ayuntamiento acabaron su rastreo exhaustivo el 1 de junio y sólo encontraron 300 casos. Todos ellos eran asintomáticos, es decir, personas sanas. No hay enfermos.  El epicentro no mostraba ningún signo del huracán.

A partir de aquí vuelven a abrirse todos los interrogantes, no sólo de esta pandemia sino de la doctrina sobre la que se ha construido. Los “expertos” de la tele nos deben una explicación, otra más, que no podemos esperar obtener en ningún caso.

En el origen no aparece lo que cabría esperar y, sobre todo, en Wuhan solucionaron en tres meses lo que en Europa no son capaces en ocho meses. No es que algo este fallando, sino que falla todo.

Siempre podrán recurrir al consabido argumento -muy cientifico sin duda alguna- de que no vale nada que no proceda de Estados Unidos y sus socios. Incluso es posible que los chinos se hayan apoderado de la revista Nature para seguir engañando al munto entero.

(*) https://www.nature.com/articles/s41467-020-19802-w

Más información:
– La CNN descubre el ‘Expediente Wuhan’ y lo encuentra vacío

«Cuanto menos dure el coito, menos probabilidades de contagio» es la última recomendación de los «expertos» en Estados Unidos

«Las decisiones sobre sexo y sexualidad deben equilibrarse con la salud personal y pública«. La superestrella anti COVID de Estados Unidos, Anthony Fauci reflejó esta idea cuando declaró en abril respecto a aquellos que se encuentran con extraños para tener relaciones sexuales a través de Tinder u otras aplicaciones de citas. Leer más

Los suecos rechazan la vacuna contra el coronavirus porque tienen muy buenos motivos para ello

Durante la pandemia los medios de comunicación han sustituido a Corea del norte por Suecia porque siempre necesitan un espantapájaros que les sirva de contrapunto. En una película hacen falta buenos, pero también malos. Los primeros no parecerían tan buenos sin los segundos.

Intoxicadores como ElDiario.es han dirigido su artillería contra los fracasos, reales o imaginarios, del gobierno y de los responsables de la política sanitaria sueca, encabezados por el malvado Anders Tegnell.

Pero ahora llegan las vacunas y el asunto cambia de tono. Suecia ya se parece más a los otros países civilizados, como España, por ejemplo. El gobierno recomienda a la población que se vacune y Tegnell secunda el llamamiento.

No obstante, a pesar de los buenos consejos del gobierno, la población desconfía y son menos de la mitad los que se quieren vacunar, según una reciente encuesta del Instituto Novus.

Aunque la Inquisición diga otra cosa, los suecos tienen buenos motivos para rechazar la vacuna contra el coronavirus: por consejo de su gobierno y de Tegnell, en particular, una parte de la población que se vacunó contra la gripe H1N1 en 2009 padeció importantes efectos adversos, como la narcolepsia.

Once años después la prensa sueca no lo puede ocultar y le han puesto el altavoz a algunos de los afectados, como Meissa Chebbi. “Nunca lo volveré a hacer de nuevo, a menos que sea absolutamente necesario tomarla, es una amenaza para la vida”, dice. “Esperaré cinco años, hasta que sepamos los riesgos”, añade.

En 2009 Suecia pidió a la población que se vacunara contra la pandemia de gripe con la vacuna Pandemrix producida por la multinacional británica GlaxoSmithKline. Más del 60 por ciento, casi seis millones de personas, respondieron positivamente al llamamiento, un récord mundial en un país donde ninguna vacuna es obligatoria.

Pero cientos de personas, en su mayoría niños y adolescentes, desarrollaron narcolepsia como efecto secundario. La causa: un coadyuvante cuyo papel era multiplicar el efecto inmunológico. “Destruyó mi vida”, explica Meissa, que tenía 11 años entonces. “Me quedo dormido todo el tiempo, en todas las situaciones y en momentos inapropiados: en la mesa, en las entrevistas de trabajo, en los discursos, seminarios y en la universidad. Me dormí en el trabajo, en los autobuses, en todas partes”.

Casi 440 de las 702 víctimas tuvieron que ser indemnizadas por el Fondo de Seguro Farmacéutico, que pagó un total de 100 millones de coronas. Al año siguiente dicha vacuna se dejó de administrar.

El 18 de febrero de 2011 tanto la Agencia Española de Medicamentos como la Europea dijeron que no había una relación causal entre la vacunación con Pandemrix y la narcolepsia (1). Pero los españoles no debían estar muy convencidos de ello porque retiraron el comunicado de internet. Ya sólo queda la referencia europea.

Con el comunicado de la OMS ocurrió lo mismo: tras publicar una primera versión, desaparecida, lo sustituyeron por otro (2) que se cuelga de un alambre y es bastante demostrativo de la verdadera naturaleza de este lamentable organismo internacional.

Lo que no se puede olvidar del Caso Pandemrix es que la olvidada pandemia de gripe de 2009 fue un gran pelotazo farmacéutico. Como dijo la revista British Medical Journal, fue una “catástrofe evitable” (3).

Tampoco se debería olvidar que la multinacional GlaxoSmithKline ocultó información sobre su vacuna, pero ese tipo de prácticas mafiosas no deberían sorprender a nadie. “¿Por qué nadie avisó a las víctimas de la vacuna?”, pregunta la revista British Medical Journal. Esa es la cuestión: ocultaron información a las víctimas, pero las burocracias sanitarias de cada país estaban al tanto de los efectos adversos de la vacuna, es decir, que los gobiernos son cómplices del pelotazo y la salud de las personas les importa un bledo.

(1) https://www.aemps.gob.es/informa/notasinformativas/medicamentosusohumano-3/seguridad-1/2011/ni-muh_05-2011/
http://www.aemps.es/actividad/alertas/usoHumano/seguridad/2011/03-2011_NI_MUH.htm
http://www.ema.europa.eu/ema/index.jsp?curl=pages/news_and_events/news/2011/02/news_detail_001211.jsp
(2) https://www.who.int/vaccine_safety/committee/topics/influenza/pandemic/h1n1_safety_assessing/narcolepsy_february2011/en/
https://www.who.int/vaccine_safety/committee/topics/influenza/pandemic/h1n1_safety_assessing/narcolepsy_statement/en/
(3) https://www.bmj.com/content/362/bmj.k3948

Canadá pone al ejército al frente de la vacunación masiva de la población

Canadá ha colocado al general de división Dany Fortin al frente del equipo de expertos en planificación militar que trabajará con el Ministerio de Sanidad y el Instituto de Salud Pública (ASPC) para vacunar a la población de forma masiva.

Ayer la Ministra de Sanidad, Patty Hajdu, y el Ministro de Defensa, Harjit Sajjan, anunciaron que el ejército canadiense apoyará el plan del gobierno para imponer las vacunas. Además de Fortin, otros dos generales, Simon Bernard y Krista Brodie, también participarán en la coordinación logística del ASPC.

Actualmente Fortin es el Jefe de Estado Mayor del Comando de Operaciones Conjuntas de Canadá. Tiene una amplia experiencia en la dirección de operaciones imperialistas, incluyendo la invasión, bombardeo y destrucción de Yugoeslavia en los años noventa y el despliegue de las tropas expedicionarias de la OTAN en Irak en 2018, de la que fue el comandante en jefe.

Para el ejército una vacunación masiva no es diferente de la invasión militar de un país y por esa razón han designado a Fortin como responsable de la planificación del ASPC y encargado de dirigir la logística.

En 1991 Fortin se graduó en la Academia militar real de San Juan (CMR) como oficial de artillería y su elección no es casual: se trata de uno de los perros guardianes del Pentágono dentro de Canadá. Se formó en Estados Unidos, siendo nombrado Comandante Adjunto de Operaciones del 1 Cuerpo del Ejército de Estados Unidos de 2015 a 2017, con varias misiones en el Extremo Oriente.

La intervención del ejército canadiense en la pandemia no es reciente. El general ya participó en las misiones militares en los asilos y centros sanitarios durante la primera ola.

En la logística de la vacunación canadiense participarán los 27 miembros del ejército que ya están destinados en la ASPC y a ellos se les unirán otros soldados, entre ellos especialistas en logística, planificadores de operaciones, farmacéuticos, administradores de salud, ingenieros y expertos en tecnología de la información.

En Ontario el gobierno regional también ha confiado en Rick Hillier, antiguo Jefe del Estado Mayor de la Defensa, para organizar la campaña local de inmunización.

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