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Categoría: Salud (página 18 de 88)

Biden también quiere acabar con las ficciones y obtener los datos reales de la pandemia

Después de dos años de fraudes institucionalizados, todos empiezan a desmarcarse de la pandemia. El gobierno de Biden tampoco se fía de las cifras que le muestran los “expertos” y quiere volver a calcular el número de hospitalizaciones relacionadas con el coronavirus en Estados Unidos, para excluir a las personas que dieron positivo en las pruebas pero que, en realidad, están siendo tratados por otro motivo (*).

Las cifras alarmistas que han venido mostrando hasta ahora para justificar las medidas restrictivas que han aprobado son falsas, como en los demás paíes del mundo. Ayer la portavoz de la Casa Blanca, Jan Psaki, dijo que el gobierno de Biden nunca quiso imponer el confinamiento, una medida que heredaron de Trump.

Un equipo de trabajo formado por científicos y especialistas en datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) está colaborando con los hospitales de todo el país para mejorar los informes. El equipo pide a los hospitales que informen sobre el número de pacientes que acuden al centro porque tienen el coronavirus y que los separen de las personas que acuden por otros motivos y que dan positivo tras el ingreso.

Es un giro en la propaganda que pronto llegará a España. Se trata de acabar con la “incidencia acumulada”, los casos, los brotes y los positivos, es decir, con los tests, para abandonar las ficciones y obtener un cuadro real de la pandemia.

En un momento en el que la mayoría de los estadounidenses piden que se eliminen todas las restricciones, parece que la Casa Blanca está repentinamente preocupada por saber si el virus causa realmente enfermedades graves, si la presión sobre los hospitales ha aumentado y los recursos sanitarios que necesitan.

Volver a calcular la tasa de hospitalización no es tarea fácil, dijo Eric Topol, profesor de medicina molecular en Scripps Research y antiguo miembro del consejo asesor del Proyecto de Seguimiento del Covid, un equipo que trabajó sobre los datos de la pandemia en el momento más álgido de la misma.

“Necesitamos un panel de expertos que revise los casos para determinar si una hospitalización es para alguien que vino por covid o con covid”, dijo Topol. “No es algo que esté codificado en el archivo. Mucha gente dirá que una persona llegó con covid, pero en realidad fue el covid el que exacerbó la enfermedad pulmonar o cardíaca”.

El gobierno de Trump intentó algo similar en 2020, pero aunque algunos sistemas hospitalarios han cambiado la forma de contabilizar los ingresos de “covid”, muchos siguen con el fraude. No obstante, el engaño está tan institucionalizado que conseguir que todos los hospitales del país informen con una mínima precisión llevará varios meses.

Los datos varían según el centro sanitario y los gobiernos acaban sumando manzanas y patatas.

Un reciente estudio del Hospital John Hopkins ha reconocido finalmente lo que er ya sabido de tiempo atrás: que los confinamiento no tuvieron ninguna incidencia en la transmisión del virus. Ayer el gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, eliminó las mascarillas en las escuelas públicas, otra indicación de que la balanza se inclina rápidamente contra las restricciones.

Una vez confirmada su inutilidad absoluta, el siguiente paso será declarar que la responsabilidad recae en el adversario político, o quizá en la ineptitud de los “expertos”, que se equivocaron en el diagnóstico, en las estadísticas, en los remedios… en todo.

(*) https://www.politico.com/news/2022/02/07/biden-covid-hospitalization-data-recalculate-00006341

Johnson & Johnson suspende la producción de su vacuna contra el coronavirus

La farmacéutica Johnson & Johnson ha suspendido temporalmente la producción de su vacuna contra el coronavirus en la única planta que actualmente fabrica lotes comercializables en Holanda, según informó el martes el New York Times.

Según el periódico estadounidense, la planta de Leiden dejó de producir la vacuna a finales del año pasado para fabricar en su lugar una vacuna experimental contra otro virus.

Se espera que la producción de la vacuna contra el coronavirus se reanude allí “tras una pausa de unos meses”.

Sin confirmar ni desmentir la información, Johnson & Johnson subrayó que tenía millones de dosis almacenadas, por lo que la suspensión de la fabricación no afectará a sus envíos, , dijo la multinacional en un comunicado.

La farmacéutica “sigue cumpliendo todas sus obligaciones con el sistema Covax y con la Unión Africana” y dice que sigue suministrando ingredientes activos a los centros de embotellado y envasado, incluido Aspen, un socio en Sudáfrica.

Johnson & Johnson que, según asegura, ha estado vendiendo la mercancía a precio de coste desde el inicio de la pandemia, está distribuyendo mucho menos que Pfizer o Moderna. Espera vender entre 3.000 y 3.500 millones de dólares de la vacuna este año, mientras que Pfizer espera generar 32.000 millones de dólares de ingresos con su propio producto.

La vacuna de Johnson & Johnson puede administrarse en una sola dosis y no requiere temperaturas frías, lo que la hace especialmente atractiva en algunos países en desarrollo.

En su comunicado, Johnson & Johnson asegura que había aumentado la capacidad de su planta de Leiden el año pasado y que la fábrica “sigue desempeñando un papel en la elaboración de vacunas en 2022”.

Otras fábricas han sido seleccionadas para producir la vacuna, pero aún no están operativas o no han recibido la luz verde de las autoridades, dice el New York Times, refiriéndose en particular a la fábrica de un subcontratista en Baltimore que ha tenido problemas de calidad.

El New York Times afirma que el cese temporal de la producción en Leiden podría, sin embargo, reducir la producción de vacunas de Johnson & Johnson en unos cientos de millones de dosis.

Pfizer no podrá esconder los trapos sucios de su vacuna durante 75 años

La semana pasada un juez de Estados Unidos rechazó la solicitud de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y Pfizer para retrasar la publicación de casi 400.000 páginas de documentos relacionados con la aprobación de la vacuna de la multinacional contra el coronavirus (1).

En un auto emitido el 2 de febrero el juez federal Mark Pittman dictaminó que la FDA debe publicar los documentos con un calendario estricto de divulgación.

El pleito comenzó con una solicitud presentada en agosto del año pasado por Profesionales de la Salud Pública y Médicos por la Transparencia. Un mes después, un grupo de más de 30 profesionales de la medicina y la salud pública y científicos de instituciones como Harvard, Yale y UCLA, presentó una demanda contra la FDA después de que denegaran la solicitud inicial.

En ella pidieron a la FDA que publicara “todos los datos e información relacionados con la vacuna de Pfizer”, incluidos los datos de seguridad y eficacia, los informes de los efectos adversos y una lista de ingredientes activos e inactivos.

La FDA argumentó que no tenía suficiente personal para ocuparse de la redacción y divulgación de cientos de miles de páginas, alegando que sólo podía ocuparse de 500 páginas al mes. Eso significaba que los documentos no se revelarían por completo hasta dentro de unos 75 años.

En su auto de 6 de enero, el juez rechazó la petición de la FDA y exigió que revelara 12.000 páginas de documentos antes del 31 de enero y otras 55.000 páginas al mes a partir de entonces.

Pfizer respondió presentando un memorando en el que, según decía, apoyaba la divulgación de los documentos, pero pidió garantías de que la información no fuera divulgada “indebidamente”.

Esta petición habría supuesto un nuevo retraso en la publicación del siguiente tramo de documentos hasta el 1 de mayo.

Los abogados de los científicos demandantes, en un escrito presentado el 25 de enero, pidieron al juez que denegara la petición de la multinacional, pero han vuelto a fracasar en su empeño.

El primer lote de documentos presentado en noviembre de 2021, de tan sólo 500 páginas, revela que se habían producido más de 1.200 muertes relacionadas con la vacuna en los 90 días posteriores a su comercialización.

En la documentación destapada hasta ahora, también aparece que ninguna de las 270 mujeres embarazadas que participaron en los ensayos clínicos de Pfizer y de las que hay información, fue capaz de alumbrar un niño vivo (2). Todos los casos fueron catalogados como abortos espontáneos, prematuros o muertos al nacer.

Ahora bien, sólo hay información de 238 de las 270 mujeres embarazadas que fueron vacunadas. Del resto, la documentación no muestra nada, lo que es aún más ilustrativo de la manera en que se realizan los ensayos clínicos.

(1) https://phmpt.org/wp-content/uploads/2022/02/056-ORDER-GRANTING-IN-PART-THE-MOTION-TO-MODIFY-THE-PRODUCTION-SCHEDULE-AND-ADDOPTS-THE-JOINT-STATUS-REPORT-MODIFIED-AGREED-PRODUCTION-SCHEDULE.pdf
(2) https://drtrozzi.org/wp-content/uploads/2022/01/Pfizer-Cumulative-Analysis-of-Post-authorization-Adverse-Event-Reports.pdf

Andalucía pone fin a las bajas laborales automáticas con un autodiagnóstico de ‘covid ’

Han sido unas buenas fiestas de fin de año. Muchos trabajadores han conseguido bajas laborales que les han permitido disfrutarlas en familia durante varios días, gracias a los millones de tests que se han realizado.

En diciembre no hubo ningún “repunte” de la fantasmagórica “incidencia acumulada”. Simplemente se hicieron muchos más tests y, como en la lotería, cuando compras muchos décimos, tiene más oportunidades de que te toque alguno y consigues la baja. A veces ni siquiera eso es necesaro porque basta con ser el “contacto estrecho” de un positivo.

Los empresarios se quejaron del absentismo laboral y tuvieron que reducir los días de baja médica a 7 días. Ahora el siguiente paso llega a Andalucía, donde ya no basta un test de autodiagnóstico positivo a través de la aplicación Salud Responde.

Ahora les llamarán para realizarles de una PCR en el centro de salud correspondiente. La “incidencia acumulada” bajará muy rápidamente.

La baja médica por test positivo ya no se concederá de manera automática, sin necesidad de ser examinado por ningún facultativo. Será el médico de cabecera quien, tras la realización de una prueba diagnóstica, firme la baja laboral.

Las estadísticas epidemiológicas se manejan a golpe de decreto de una forma muy sencilla. Suben y bajan con nuevas normas o derogando las anteriores.

Las pruebas autodiagnósticas de “covid” pusieron de manifiesto que los médicos cada vez desempeñan un papel más marginal en los sistemas de salud. Su papel -cuando desempeñan alguno- es puramente rutinario y mecánico. De ahí que las vacunas se puedan inocular en centros comerciales, farmacias o gasolineras. Da lo mismo.

Nestlé mata a un millón y medio de bebés cada año

Nestlé es la mayor empresa alimentaria del mundo, con mercancías que van desde el café hasta las pizzas congeladas y los helados. Es también el mayor vendedor de preparados para lactantes, con una cuota de mercado del 40 por cien. Para la multinacional el volumen anual de negocio del sector asciende a 1.300 millones.

La empresa suiza financia clínicas médicas en los países pobres que aceptan promover sus succedáneos de la leche. Distribuye muestras gratuitas en grandes cantidades y paga a figurantes que se visten de personal sanitario con bata blanca para que entreguen muestras de leche en polvo a las mujeres que acaban de dar a luz.

Un estudio británico calculó que, en Burkina Faso y Togo, un 15 por cien de los centros de salud reciben leche en polvo para su promoción comercial. Animan a las madres a seguir los estilos de vida occidentales y modernos. En muchos países del África subsahariana, todo lo que viene de occidente tiene cierto prestigio entre la población.

La agresiva campaña publicitaria llevada a cabo por el monopolio alimentario convenció a muchas madres de que utilizaran leche en polvo en lugar de la leche materna natural. Un estudio realizado en 1973 en Ibadan, Nigeria, demostró que el 67 por cien de las madres daban Nestlé Lactogen a sus hijos porque creían que “les aportaba energía y fuerza”.

En algunas maternidades africanas regalan un biberón gratis y dos cajas de leche en polvo de Nestlé antes de darles el alta. Es una buena técnica para crear nuevos clientes porque al dejar de producir leche, la madre ya no puede amamantar al bebé. El proceso es irreversible. Así es como Nestlé obliga a las mujeres africanas a comprar su leche en lugar de amamantar con la suya propia.

La falta de leche materna natural provoca un millón y medio de muertes entre los recién nacidos cada año. Es la alarmante cifra que ofrecen la OMS (Organización Mundial de la Salud) y Unicef. Se sabe desde hace décadas. En 1974 la ONG estadounidense “War on Want” publicó un estudio sobre la distribución de leche infantil en polvo en los países pobres, titulado “The Baby Killer” (*).

En África las condiciones materiales y económicas de la población no son las mismas que en Europa. A menudo los biberones están mal esterilizados. 900 millones de personas no tienen acceso al agua potable, por lo que las familias diluyen la leche en polvo con agua de río contaminada, lo que provoca diarreas que conducen a la muerte. Otras poblaciones empobrecidas diluyen demasiado el polvo para ahorrar dinero, lo que provoca la desnutrición de los recién nacidos.

La leche materna no se puede imitar porque no se trata sólo de un nutriente, sino de un aporte del sistema inmunitario que las madres transfieren a sus hijos en los primeros momentos de la lactancia. Los recien nacidos que se alimentan sólo de leche en polvo tienen un sistema inmune debilitado que les hará víctimas de ese tipo de enfermedades que se catalogan como “infecciosas” y se atribuyen a virus y bacterias para ocultar sus verdaderas raíces.

En 1981 la OMS prohibió la promoción de sucedáneos de la leche materna, así como la oferta de muestras gratuitas a las mujeres embarazadas. Sin embargo, Nestlé sigue promocionando abiertamente su leche artificial en los países pobres, lo que la ha convertido en la multinacional más boicoteada del mundo. En 1988 se lanzó en todo el mundo una campaña de boicot en su contra que tuvo una enorme repercusión.

(*) https://www.waronwant.org/sites/default/files/THE%20BABY%20KILLER%201974.pdf

Pandemia y deriva fascista

La historia no deja lugar a dudas: las pandemias, tanto si son reales como ficticias, suponen una declaración de guerra, o la ley marcial o ambas cosas simultáneamente. Uno de los ejemplos es el ghetto de Varsovia, cuando los nazis quisieron mantener los barrios “limpios” de una inexistente epidemia de tifus, a costa de encerrar a una parte de la población en determinados recintos.

Al comienzo de la pandemia actual se habló en términos militares, pero tras la declararon de la guera al virus, lo que hicieron los gobiernos fue declarar la guerra a su propio pueblo, encerrándolo en sus viviendas (si las tenían) y preservando la “distancia social” de unos con otros.

El año pasado la Universidad de Cambridge volvió a recordar el estrecho vínculo entre la pandemia y la represión política (*). “La salud y la política pueden estar más entrelazadas de lo que imaginábamos”, dicen los autores.

El miedo es, como siempre, una de las claves porque el verdadero poder político no consiste sólo en moldear el pensamiento político de las masas, sino su conducta, sus hábitos y su comportamiento. El poder es una fuerza capaz de lograr que millones de personas hagan lo que nunca hubieran imaginado siquiera, como ponerse una mascarilla, por ejemplo.

No hay factor más enfermizo que el miedo. La salud es una preocupación que llega a convertirse en verdadera obsesión. Hay quien cree que va a preservar su salud alejándose de otras personas, cuya cercanía le puede perjudicar o contagiar. Incluso hay quien durante las fiestas de fin de año ha renunciado a compartirlas en familia porque prefieren aislarse. Hasta sus más allegados se han convertido en enemigos.

El estudio de la Universidad de Cambridge, el mayor realizado hasta ahora para investigar los vínculos entre las epidemias y la ideología, revela una fuerte conexión entre el miedo al contagio, con el conformismo político y, en consecuencia, la pérdida de la capacidad crítica, de lucha y de rebeldía, materializada en los aplausos públicos y colectivos a las 7 de la tarde.

Pero no se trata sólo de una actitud pasiva. Las epidemias conducen a grandes masas de la población al apoyo activo a las medidas represivas y a exigir más medidas o medidas más severas. Es algo que ya apareció en la época del sida y que al comienzo de la pandemia se llamó “gestapo de balcón”, es decir, vecinos que se dedicaban a espiar y denunciar a la policía.

En España la actual pandemia ha supuesto el apogeo de la ley mordaza, que el gobierno de coalición se había comprometido a derogar y de la que usó y abusò en abundancia, por más que resultara ilegal, lo mismo que los estados de alarma.

Por si no fuera suficiente con la policía y el ejército, han salido a la calle bandas de matones para imponer las restricciones sanitarias. El miedo ha conducido a altercados y enfrentamientos en los espacios públicos y medios de transporte, con agresiones a quienes no portaban la preceptiva mascarilla o no guardaban la distancia de seguridad.

“Encontramos una relación consistente entre la prevalencia de las enfermedades infecciosas y la preferencia psicológica por la conformidad y las estructuras de poder jerárquicas, pilares de la política autoritaria”, afirma el autor principal del estudio, el doctor Leor Zmigrod, especialista en psicología de la ideología política.

“Las tasas más altas de enfermedades infecciosas predijeron actitudes y resultados políticos como el voto conservador y las estructuras legales autoritarias. A través de múltiples niveles geográficos e históricos de análisis vemos que esta relación emerge una y otra vez”, añadió Zmigrod.

“Estos hallazgos son una señal de advertencia de que los comportamientos que evitan las enfermedades tienen profundas implicaciones para la política”, apunta Zmigrod. “El covid-19 podría moldear las tendencias de las personas hacia la conformidad y la obediencia, y esto podría convertirse en preferencias políticas autoritarias, patrones de voto y leyes”, concluye el director de la investigación.

Los autores abordan la investigación desde el punto de vista individual, pero con mayor énfasis se pude decir lo mismo de los colectivos y grupos políticos, sociales y sindicales, convertidos durante la pandemia en auténticas correas de transmisión de las políticas públicas, incluidas las represivas, que han aceptado de manera casi unánime.

(*) https://jspp.psychopen.eu/index.php/jspp/article/view/7297

La Agencia Española de Medicamentos no volverá a informar de las miocarditis causadas por las vacunas

La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha dejado de publicar los datos de los efectos adversos de las vacunas en lo que se refiere a miocarditis y pericarditis.

La semana pasada publicó el 12 Informe de Farmacovigilancia sobre Vacunas Covid-19 y ya no hacía referencia alguna a los efectos adversos de miocarditis y pericarditis asociados a ellas.

Desde el inicio de la campaña de vacunación, la AEMPS ha informado con periodicidad mensual sobre el número de dosis administradas, según sexo y edad, así como de los efectos adversos que se han registrado. Hasta el boletín anterior, se había hecho referencia a los casos de miocarditis y pericarditis notificados, pero ahora este dato se omite.

La Aemps se justifica de la siguiente manera ridícula: “Cuando se identifica la reacción adversa, se incluye en el informe la información de la evaluación, los textos de la ficha técnica y el prospecto, además de los casos contabilizados en España, pero no se actualiza en informes posteriores”.

“La Aemps continúa contabilizando los casos de miocarditis y pericarditis, pero al tratarse de una reacción adversa ya conocida y con una incidencia establecida, no se siguen incluyendo los casos en el informe público”, concluye.

En el 11 Informe de Farmacovigilancia, el último que reflejaba estas reacciones, registró un total de 321 notificaciones de miocarditis y pericarditis.

https://www.redaccionmedica.com/secciones/ministerio-sanidad/la-aemps-no-informara-de-mas-casos-de-miocarditis-por-las-vacunas-covid-19-2594

Pfizer quiere utilizar a los recién nacidos desde los seis meses como cobayas para probar su vacuna

El martes Pfizer anunció que había solicitando la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para vacunar a los recién nacidos de tan sólo 6 meses de edad contra el coronavirus.

Si la FDA lo aprueba, los niños de entre seis meses y cinco años podrán vacunarse contra el coronavirus con las inyecciones de Pfizer. En la actualidad, los niños de cinco años o más pueden vacunarse en Estados Unidos con la vacuna de Pfizer, pero no con las de Moderna y Janssen, que están restringidas a los mayores de 18 años.

Pfizer afirmó en un comunicado de prensa que existe una “necesidad urgente de salud pública” para que los niños menores de cinco años se vacunen contra el coronavirus.

“Esta solicitud es para la autorización de las dos primeras dosis de 3 µg de una serie primaria planificada de tres dosis en este grupo de edad”, explicó Pfizer, añadiendo que están esperando los datos de un ensayo sobre una tercera dosis para niños pequeños.

“Los casos de covid-19 y las hospitalizaciones relacionadas entre los niños han aumentado drásticamente en todo Estados Unidos durante la oleada de la variante ómicron”, afirma el comunicado de prensa de la multinacional, señalando que hace varias semanas “los niños menores de 4 años representaban el 3,2 por cien del total de hospitalizaciones”.

Si se aprueba, la vacuna de Pfizer sería la primera disponible para niños menores de cinco años en Estados Unidos.

Según los CDC, más del 80 por cien de los estadounidenses de cinco años o más han recibido al menos una dosis de la vacuna contra el coronavirus. Aproximadamente el 68 por cien de los estadounidenses mayores de cinco años están “totalmente vacunados” con dos dosis.

—https://www.rt.com/news/548020-pfizer-approval-vaccinate-kids/

Vacunas, miocarditis y mentiras

Al principio Pfizer negó que las vacunas causaran miocarditis y a la multinacional le siguieron al pie de la letra los matasanos y los comentaristas de los medios. Las vacunas son seguras, decía la farmacéutica, que en su ensayo sobre 43.448 cobayas, no informó de ningún caso. En su comunicado de noviembre de 2020 afirmó: “Los datos muestran que la vacuna fue bien tolerada en todas las poblaciones, con más de 43.000 participantes incluidos; no se observaron problemas graves de seguridad; los únicos acontecimientos adversos de grado 3 [graves] con una frecuencia superior al 2 por cien fueron la fatiga (3,8 por cien) y el dolor de cabeza (2,0 por cien)”.

Luego reconocieron que estaban apareciendo miocarditis, pero que la vacuna no era la causa. También el coronavirus puede provocarlas. Finalmente llegó la minimización. Se trata de una dolencia poco importante, de la que es posible recuperarse con facilidad y, sobre todo, se han producido pocos casos. Por fin, las miocarditis dejaban de formar parte de la teoría de la conspiración. Algo es algo.

La base de datos mundial de la OMS reconoce 19.106 miocarditis y 14.368 de pericarditis notificadas, un total de 33.474 casos entre tres millones de reacciones adversas, de las que 181.083 son de tipo cardíaco. Con 10.000 millones de inyecciones, el riesgo es de 0,33 por cada 100.000 dosis. Si tomamos 4.000 millones de vacunas de dos dosis, la incidencia es de 0,84 por cada 100.000 vacunados.

Por decirlo de manera fina, la base de datos de la OMS no es fiable. El Vaers informa de 22.456 casos de carditis, con 205 millones de personas vacunadas con dos dosis hasta el 31 de diciembre, lo que arroja una incidencia de 11 por cada 100.000 vacunados, es decir, 13 veces más de lo que reconoce la OMS.

En diciembre la Agencia Europea del Medicamento (EMA) dio cifras bastante inferiores para Pfizer, del orden de 5,7 casos por cada 100.000 en los países nórdicos, y hasta 19 casos por cada 100.000 con Moderna.

Las cifras declaradas oficialmente no se corresponden a la realidad y, al menos de momento, no es posible ofrecer otras mejores. Sin embargo, un criterio es seguro: cuando hay dos cifras, la más fiable es la más elevada porque nadie tiene interés en declarar una enfermedad que no padece.

También hay otros criterios fiables. Por ejemplo, la vacuna de Moderna provoca de 4 a 5 veces más casos de carditis que Pfizer. En los hombres se detectan de 3 a 4 veces más que en las mujeres. Finalmente, la mayor incidencia se da en hombres jóvenes menores de 30 años, después de la segunda dosis.

Pero hay otro dato fundamental a tener en cuenta: las carditis que se manifiestan sólo son una parte del total. Hay otras que no muestran trastornos aparentes. Aunque en un examen superficial la persona parezca sana, una resonancia magnética podría detectar una carditis. Pero no se hacen, salvo que haya complicaciones.

Existe otra prueba muy eficaz para detectarla: un test de esfuerzo. Si el corazón tiene problemas, se pueden detectar aumentando el ritmo de trabajo. Por eso han aparecido tantos casos entre los deportistas, la mayor parte de lo cuales han caído en plena competición. La miocarditis es una afección potencialmente grave que puede complicarse con trastornos del ritmo cardíaco o disfunciones del músculo. De ahí que sea una de las causas de muerte súbita característica en los deportistas.

Es aún más difícil cifrar las complicaciones de la carditis a largo plazo. Nadie sabe lo que pasa con ellas después de años o incluso décadas y es difícil vincular una fallo cardiaco con una vacuna recibida tiempo atrás. Se puede determinar mediante una autopsia, que es una práctica en desuso, como ya hemos denunciado en entradas anteriores.

Las carditis causan necrosis de los miocitos, las células musculares responsables de la contracción del corazón, que no se regeneran. Por lo tanto, es falso que una miocarditis se cure por sí sola, sin dejar secuelas, como dicen los matasanos. Es todo lo contrario.

En una miocarditis se puede perder el 5 por ciento de las células del corazón, que con el tiempo y el esfuerzo se irá desgastando más rápidamente.

Una empresa de Estados Unidos falsificó las pruebas de coronavirus de manera sistemática

Una empresa de pruebas de coronavirus con sede en Illinois que opera en al menos 13 centros en el estado de Washington ha sido acusada de falsificar, retrasar o no proporcionar los resultados de las pruebas, mentir a los pacientes y almacenar indebidamente las muestras de las pruebas, según una demanda presentada en el Tribunal Superior del Condado de King por el Fiscal General del Estado de Washington, Bob Ferguson (*).

El demandado es el Centro para el Control del Covid, que se ha expandido a unos 300 centros en todo Estados Unidos, aprovechando que los residentes tenían una gran demanda de pruebas frecuentes de coronavirus.

“El Centro para el Control del Covid contribuyó a la propagación del covid proporcionando resultados negativos falsos”, dijo Ferguson en un comunicado, y añadió que “estos centros de pruebas falsos amenazaron la salud y la seguridad de nuestras comunidades”.

El Centro de Control del Covid almacenó las pruebas en bolsas de basura durante más de una semana, en lugar de refrigerarlas adecuadamente; antedató las fechas de recogida de las muestras para que pudieran seguir procesándose las muestras caducadas; e instruyó a sus empleados para que “mintieran a los pacientes a diario” cuando los ciudadanos de Washington solicitaban información sobre los resultados tardíos.

El fiscal citó a Akbar Syed, Aleya Siyaj y el Doctors Clinical Laboratory en la qurella. Syed y Siyaj, que están casados, cofundaron la empresa de pruebas y viven en Illinois. El laboratorio Doctors Clinical también tiene su sede en Illinois y analiza muestras tomadas en el estado de Washington, aunque no está registrado en la oficina del Secretario de Estado de Washington.

En las últimas semanas, clientes de todo el país se han quejado del retraso o la ausencia de los resultados de las pruebas, lo que ha llevado a las autoridades sanitarias de varios estados, como California e Illinois, a abrir investigaciones.

Según la oficina del fiscal general de Washington, la empresa no tiene licencia para operar en el estado de Washington (a excepción de Yakima) y tiene previsto presentar una orden judicial preliminar para detenerla pronto.

Un antiguo trabajador de Illinois dejó el Centro de Control de Covid después de ver “bolsas de basura de pruebas apiladas y que [su] equipo recibía órdenes de mentir a los pacientes a diario”.

La empresa se retrasó cada vez más en el procesamiento de las muestras y se vio inundada de llamadas solicitando resultados, lo que provocó tiempos de espera de varias horas. A continuación, se indicó al personal que dijera a los pacientes que esperaran los resultados en 24 horas, aunque no hubiera información sobre la muestra en cuestión, o los resultados no fueran concluyentes, lo que obligaba al paciente a someterse a otra prueba.

Hasta el lunes, la empresa también había facturado al gobierno federal 124 millones de dólares por pruebas para pacientes “no asegurados”.

“La empresa marcaba con frecuencia a los pacientes como ‘no asegurados’, aunque lo estuvieran”, dijo la fiscalía. “Los trabajadores tenían instrucciones de marcar a los pacientes como ‘no asegurados’ si el paciente no proporcionaba la información de su seguro en el momento de la prueba o si su compañía de seguros no aparecía en el formulario de entrada de datos de la empresa”.

(*) https://www.seattletimes.com/seattle-news/health/covid-testing-company-faked-test-results-lied-to-patients-wa-ag-lawsuit-says/

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