La web más censurada en internet

Categoría: Salud (página 14 de 88)

Portugal bate los máximos registros de mortalidad en Europa

El número de muertes en julio fue en Portugal un 30 por cien superior a la media registrada entre los años 2016 y 2019, según las cifras del portal de Vigilancia de la Mortalidad de la Dirección General de Salud portuguesa.

En junio la tasa de sobremortalidad de Portugal ya era la más alta de Europa, con un 23,9 por cien más de muertes que la media del mismo mes en el periodo 2016-2019. La media de la Unión Europea es del 6,2 por cien.

Ya en 2020 se batió el récord europeo, según la web InfoClique, con 10.000 muertes más que en 2019.

El norte, la región de Lisboa y el valle del Tajo son los más afectados por la mortalidad global (y también por la pandemia).

Según fuentes oficiales, la tendencia al aumento de la mortalidad en el país se debe en gran medida al envejecimiento de la población. Dicen que el coronavirus es responsable del 47 por cien del aumento más reciente de muertes. Sin embargo, Portugal también tiene el récord de vacunaciones que, en teoría, deberían haber frenado la mortalidad. Pero está ocurriendo todo lo contrario.

Más del 86 por cien de la población (8.900.000 personas) ha recibido al menos dos dosis de la vacuna. Las cifras de efectos secundarios graves o mortales empiezan a aparecer discretamente, sobre todo en lo que se refiere a enfermedades coronarias inexplicables en jóvenes, cuya buena salud se controlaba regularmente en el marco de las numerosas actividades deportivas. El notable aumento de los accidentes cerebrovasculares es también muy preocupante entre las personas de 40 años.

El debate no ha hecho más que empezar en Portugal, pero el boca a boca de médicos y farmacéuticos, especialmente en lo que se refiere a los tratamientos denegados, empieza a tener su influencia.

La política sanitaria causó estragos en la salud de los británicos durante la pandemia

El coste devastador del confinamiento y demás medidas sanitarias ha quedado al descubierto en el último informe del gobierno británico.

Los médicos solo vieron “covid” por todas partes. A diez millones de pacientes, una sexta parte de la población, se les negó el tratamiento en el servicio público de salud, incluidos cientos de miles de personas con afecciones potencialmente mortales como enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, asma y diabetes.

Los tiempos de espera en los hospitales, los retrasos en las ambulancias de emergencia y los problemas de salud mental persistentes alcanzaron niveles máximos y decenas de miles de enfermedades potencialmente mortales siguen sin ser tratadas.

Lo curioso es que, a pesar de ello, nos sigan asegurando que “la salud es lo primero”, e incluso que está por encima de la economía.

Un experto en cáncer dijo que el daño colateral de las medidas sanitarias “es mucho mayor en términos de años de vida perdidos”, ya que “golpea a los pacientes más jóvenes en comparación con los gravemente afectados por el covid”.

A fecha de hoy, la política sanitaria puede estar matando a más personas que las que mueren por “covid”, con hasta 1.000 personas más de lo habitual que mueren por causas no relacionadas con “covid” cada semana.

El análisis, publicado por el Departamento de Sanidad y Asistencia Social y la Oficina de Estadísticas Nacionales, también constata una drástica caída en la prestación de asistencia social vital durante el confinamiento y señala un aumento del consumo de tabaco y alcohol desde la imposición de las restricciones sanitarias.

Diez millones de pacientes no se presentaron para recibir tratamiento durante la pandemia, cuando podrían haberlo hecho. Entre marzo de 2020 y diciembre de 2021, incluyeron más de 140.000 problemas cardíacos peligrosos -incluyendo la enfermedad coronaria y la fibrilación auricular- atribuidos en parte al cambio a las consultas remotas, 60.000 casos perdidos de diabetes, 107.000 casos de asma y 87.000 casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), una condición pulmonar fatal.

26.000 accidentes cerebrovasculares no se detectaron y el número de accidentes cerebrovasculares diagnosticados actualmente sigue estando por debajo de los niveles esperados.

En julio de este año se registró el tiempo medio de espera más largo de la historia para las ambulancias de emergencia y las llamadas al 999.

El estudio destaca un fuerte descenso de las derivaciones urgentes y no urgentes del sistema de salud a los especialistas entre marzo de 2020 y el verano de 2021, con derivaciones rutinarias todavía por debajo de los niveles esperados.

Muchos de esos pacientes no volverán porque se han recuperado, han fallecido, han pagado un tratamiento privado o simplemente no han sido derivados debido a los cambios en las prácticas de trabajo de los médicos de cabecera.

Como consecuencia, hay dos millones más de pacientes en espera de tratamiento hospitalario en comparación con los dos primeros meses de confinamiento: 6,61 millones de pacientes frente a 4,42. “Si alrededor de la mitad de estos pacientes acaban regresando, esperamos que las listas de espera se reduzcan en torno a marzo de 2024”, dice el informe.

La revisión del papel de las consultas de los médicos de cabecera descubrió que las consultas presenciales se redujeron al 30 por cien durante la pandemia, frente al 80 por cien antes de la misma. Esta tendencia no se ha invertido, ya que hoy en día sólo el 63 por cien de las consultas de los médicos de cabecera se realizan cara a cara.

El informe también evalúa los efectos catastróficos en la atención hospitalaria de las medidas encubiertas, como el distanciamiento social y el control de infecciones, estimando que esto ha provocado una caída del 19 por cien en la productividad de los hospitales.

Aunque dice que las listas de espera no se han recuperado, permaneciendo prácticamente sin cambios desde noviembre de 2021, ahora hay una mayor proporción de pacientes que esperan 18 semanas o más para un tratamiento electivo: 6,61 millones en la lista de espera frente a 4,42 millones antes del cierre. “Si alrededor de la mitad de estos pacientes acaban regresando, las listas de espera deberían reducirse en torno a marzo de 2024”, señala el informe.

El estudio también detecta una mayor incidencia de la mala salud mental, entre niños y adultos, que ha pasado del 11,6 por cien de los jóvenes de 6 a 16 años (uno de cada nueve) antes de la pandemia al 17,4 por cien en 2021 (casi uno de cada cinco). Uno de cada diez adultos sufría depresión antes de la pandemia, cifra que ahora se eleva a uno de cada seis.

Un número récord de niños también está buscando ayuda para los trastornos alimentarios: 12.457 niños recibieron apoyo entre 2021 y 2022, un aumento del 55 por cien en comparación con el período anterior a la pandemia. Sin embargo, el informe señala que sólo el 60 por cien de los casos urgentes se atienden en el plazo de cuatro semanas de espera.

Los efectos de las medidas sanitarias aprobadas durante la pandemia también analizan la atención social, ya que entre el 1 de enero y el 31 de marzo de 2022 no se prestarán 2,2 millones de horas de atención domiciliaria debido a limitaciones de la capacidad de la plantilla, lo que supone un aumento de las 300.000 horas perdidas entre el 1 de febrero y el 30 de abril de 2021.

—https://www.express.co.uk/life-style/health/1658074/Covid-lockdown-report-mental-health-nhs

El gobierno japonés promueve el consumo de alcohol entre los jóvenes

Es capitalismo en estado puro. En un contexto de creciente endeudamiento, el gobierno japonés ha puesto en marcha una campaña de promoción del consumo de alcohol entre los jóvenes, porque el alcohol es una fuente de ingresos fiscales.

El consumo anual ha disminuido un 25 por cien, pasando de 100 litros en 1995 a 75 litros por adulto en 2020. Esto se debe al cierre de establecimientos de bebidas durante la pandemia, a un cambio generacional y a los alcoholes tradicionales que luchan por atraer a los jóvenes: sake, shochu, whisky, etc.

A pesar de que la pandemia ha forjado nuevos hábitos de consumo de alcohol, sobre todo en casa, el descenso del consumo de alcohol ha continuado.

El mercado nacional de bebidas alcohólicas se está reduciendo debido a los cambios demográficos, como el descenso de la natalidad y el envejecimiento de la población, así como a los cambios en el estilo de vida, afirma la agencia tributaria japonesa.

Mientras que los impuestos sobre el alcohol representaban el 5 por cien de los ingresos fiscales del país en 1980, y el 3 por cien en 2011, sólo supondrán el 1,7 por cien en 2020. Según el Japan Times, el país está experimentando la mayor caída de los ingresos por impuestos sobre el alcohol en 30 años. El déficit en 2020 se acercará a los 110.000 millones de yenes (800 millones de euros) con respecto al año anterior.

La campaña “¡Saké Viva!”, que lleva el nombre del famoso alcohol de arroz japonés, organiza un concurso nacional de publicidad. Invita a los japoneses de entre 20 y 39 años a presentar sus ideas sobre “nuevos productos y nuevos diseños” para hacer más atractivo el consumo de alcohol.

Según informa The Guardian, la campaña publicitaria pretende alcanzar a un sector de la población que se ha alejado progresivamente de las bebidas alcohólicas.

La Unión Europea exige incluir la anafilaxis entre los efectos secundarios de las vacunas Novavax

La Agencia Europea del Medicamento exige al laboratorio Novavax que añada la anafilaxia entre los efectos sedundarios de la vacuna contra el “covid”, llamada Nuvaxovid.

La Clínica Universidad de Navarra define la anafilaxia como una reacción alérgica extremadamente grave que afecta a todo el organismo y se instaura a los pocos minutos de haber estado expuesto al alérgeno. Se trataría de una “reacción explosiva” del sistema inmune hacia un agente externo.

El cuadro clínico suele comenzar “con intenso picor en palmas y plantas, cuero cabelludo y área genital” y suele continuar con “palpitaciones intensas”, es decir, taquicardia, y “enrojecimiento generalizado, dificultad respiratoria, diarrea, mareo y pérdida de conciencia”. En caso de no intervenir, podría derivar en “colapso cardiocirculatorio”.

En un documento aprobado el 14 de julio la Agencia Europea del Medicamento citó otros cuatro efectos secundarios de la vacuna Novavax, a saber, parestesia, hipoestesia, miocarditis y pericarditis.

Novavax dijo que durante los ensayos clínicos de su vacuna no observaron ninguna inflamación del corazón y tiró balones fuera: la causa más común de las miocarditis son las infecciones víricas (*), o sea, que el causante es el “covid” y no la vacuna.

(*) https://www.reuters.com/business/healthcare-pharmaceuticals/eu-regulator-says-novavax-covid-vaccine-should-carry-side-effect-warning-2022-08-03/

Argentina promulga un reglamento para indemnizar a las víctimas de los efectos adversos de las vacunas

El lunes Argentina aprobó un Fondo de Reparación Covid-19 para indemnizar a las personas que hayan sufrido los efectos adversos de las vacunas contra el “covid”, en el marco del Plan Estratégico de Salud aprobado en diciembre de 2020.

La Resolución 7/2022 está firmada por Carla Vizzoti, ministra de Sanidad, la misma que puso en marcha el plan de inyecciones masivas, optando en muchos casos de forma coercitiva: despido de los trabajadores no vacunados, estigmatización social y falta de información de los efectos secundarios.

Es el primer país del mundo en el que la máxima responsable de un atentado contra la salud establece también un mecanismo de indemnización. Las vacunas son las elaboradas por Moderna, AstraZeneca, Pfizer, Johnson & Johnson y Sputnik.

Para iniciar el proceso de indemnización, la víctima debe notificar el efecto adverso a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SISA). El reglamento determina que es la víctima quien demostrar los efectos adversos ante una Comisión Médica de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).

La Comisión Nacional de Seguridad y Vacunas (Conaseva) deberá pronunciarse sobre la relación de causalidad entre la vacuna y la patología denunciada en base a “criterios de diagnóstico, temporalidad y exclusión de causas alternativas y podrá solicitar todos los estudios médicos que considere pertinentes”.

Si Conaseva concluye que existe la relación de causalidad, la comisión médica establecerá el porcentaje de incapacidad y lo notificará a los demandantes. Las víctimas podrían beneficiarse de un plan de jubilación anticipada.

Los niños están incluidos. El 2 de julio del año pasado un decreto del gobierno amplió la vacunación contra el “covid” a todas las edades.

Se menciona explícitamente la muerte por la administración de la vacuna. En caso de muerte, un tercero podrá denunciar el nexo causal con la vacuna y el Fondo de Reparación concederá a los beneficiarios una indemnización equivalente a 140 salarios del fallecido. La vida de los desempleados no vale nada en este caso. Pero al menos Argentina reconoce la letalidad de las vacunas administradas.

El coste de los daños será asumido por el Estado ya que, como todas los demás países, Argentina tuvo que exonerar de responsabilidad a las multinacionales farmacéuticas.

El reglamento establece un plazo de tres años a partir de la fecha de vacunación para denunciar la patología, tras el cual la víctima no podrá reclamar.

Los índices de mortalidad son mayores entre las personas vacunadas en Holanda

Cada vez aparecen más pruebas de la existencia una correlación positiva entre la mortalidad por todas las causas y las vacunas contra el “covid” inoculadas el año pasado en Holanda, según una investigación de André Redetti (*).

Para demostrar esta correlación, Redetti compara la tasa de mortalidad y el uso de la vacuna en una población relativamente homogénea en los municipios holandeses. El autor no ha encontrado ninguna reducción de la mortalidad por la vacunación. Por el contrario, encuentra una correlación positiva estadísticamente significativa entre el uso de la vacuna y la mortalidad.

El período investigado son las semanas 35 a 52 del año pasado y la correlación es fuerte. Una mayor tasa de vacunación en un municipio está correlacionada con una mayor tasa de mortalidad.

Los resultados son coherentes con las cifras de exceso de mortalidad que se observan actualmente en muchos países. La tasa de efectos adversos graves es elevada entre las personas vacunadas contra el “covid”, en comparación con otras vacunas.

Otra razón podría ser el efecto a veces negativo de la vacunación sobre la mortalidad específica de las personas que han arrojado un resultado positivo en los tests, como es el caso de Reino Unido.

(*) https://www.researchgate.net/publication/361818561_Covid-19_vaccinations_and_all-cause_mortality_-a_long-term_differential_analysis_among_municipalities

Europa aprueba una vacuna contra la viruela del mono

Dicho y hecho. Una vez declarada la nueva pandemia, la Comisión Europea ha aprobado la vacuna Imvanex contra la viruela del mono. Lo anunció el lunes la empresa fabricante, el grupo farmacéutico danés Bavarian Nordic.

La luz verde de Bruselas sigue a la del regulador europeo, la Agencia Europea del Medicamento (EMA), que el viernes dio su autorización a la vacuna danesa, ya autorizada desde 2013 en la Unión Europea contra la viruela humana.

Como ya informamos, el sábado la Organización Mundial de la Salud declaró una segunda pandemia por los 16.000 “casos” detectados, la mayoría de ellos en Europa.

“Esta aprobación para la viruela del mono es un ejemplo de la buena cooperación entre Bavarian Nordic y los reguladores europeos, ya que una extensión de uso suele tardar entre seis y nueve meses”, dijo el fabricante danés en un comunicado.

Lo de la “extensión de uso” lo dice la empresa porque el remedio es el mismo para la viruela del mono que para la viruela humana.

La luz verde de la Comisión es válida en todos los Estados miembros de la Unión Europea, así como en Islandia, Liechtenstein y Noruega, se felicito el laboratorio danés en su comunicado.

Bavarian Nordic anunció a mediados de julio un nuevo gran pedido en Estados Unidos, con lo que el número total de dosis encargadas en este país asciende a 7 millones. La semana pasada también se anunció un pedido de 1,5 millones de dosis de un país europeo no identificado.

La OMS declara la viruela del mono como ‘emergencia sanitaria internacional’

Ha vuelto a hacerlo. Con sólo 16.000 “casos” en todo el mundo y 5 muertes en África, ayer la OMS declaró a la viruela del mono como “emergencia sanitaria internacional”, en su nivel de alerta más alto.

Es una decisión puramente personal del Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, quien confesó a los periodistas que había decidido declarar la emergencia, a pesar de que el “comité de expertos” estaba en contra. Nueve miembros se opusieron y seis votaron a favor.

Más de uno ya se fronta las manos porque el dinero empezará a correr muy pronto: subvenciones, fondos, créditos y especulación frenética en la bolsa.

Alguna vacuna ya estará en la nevera, esperando el momento propicio para salir al mercado. También otros tratamientos, aunque no haya ningún enfermo sino sólo “casos” salidos de la chistera de un test de antígenos o una PCR.

También empezará la letanía de los grupos de riesgo, que Tedros ya ha señalado con el dedo: la epidemia afecta a los “hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, principalmente a los que tienen múltiples parejas sexuales”.

Es la misma fantasmada que el sida, que marcó al colectivo homosexual como una maldición, sobre todo si son promiscuos.

Rockefeller fabricó el gran mito de la polio

Uno de los resultados del supuesto nuevo coronavirus que ha surgido públicamente en 2019 es que la especialidad médica de la virología ha sido elevada a una estatura casi divina en los medios de comunicación. Pocas personas comprenden los orígenes de la virología y su elevación a un papel destacado en la práctica de la medicina actual. Para ello, hay que fijarse en los orígenes y la política del primer instituto de investigación médica estadounidense, el Instituto Rockefeller de Investigación Médica, actual Universidad Rockefeller, y sus trabajos sobre lo que pretendía ser un virus de la polio.

En 1907, un brote de la enfermedad en la ciudad de Nueva York, dio al director del Instituto Rockefeller, Simon Flexner, una oportunidad de oro para reivindicar el descubrimiento de un “virus” invisible causado por lo que se llamó arbitrariamente poliomielitis. La palabra polio significa simplemente inflamación de la materia gris de la médula espinal. Ese año, se detectó que unos 2.500 neoyorquinos, en su mayoría niños, tenían una forma de polio, que podía provocar parálisis e incluso la muerte.

El fraude de Flexner

El aspecto más sorprendente de toda la saga de la poliomielitis en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX es que cada fase clave de la empresa estaba controlada por personas relacionadas con lo que se conoció como la cábala médica de los Rockefeller. Este fraude comenzó con las afirmaciones del director del Instituto Rockefeller, Simon Flexner, de que él y su colega, Paul A. Lewis, habían “aislado” un agente de la droga. Lewis había “aislado” un patógeno, invisible a simple vista, incluso más pequeño que una bacteria, que según ellos causaba la enfermedad paralítica en una serie de epidemias en Estados Unidos. ¿Cómo se les ocurrió esta idea?

En un artículo publicado en 1909 en el Journal of the American Medical Association, Flexner afirma que él y Lewis aislaron el virus de la polio responsable. Dice que fueron capaces de pasar la polio de mono a mono en varios monos. Comenzaron inyectando en el cerebro de los monos tejido de médula espinal humano enfermo procedente de un niño que había muerto, presumiblemente a causa del virus. Cuando un mono enfermaba, se inyectaba una suspensión de su tejido medular enfermo en el cerebro de otros monos que también enfermaban.

Afirmaban que los médicos del Instituto Rockefeller habían demostrado así que el virus de la polio era el responsable de la misteriosa enfermedad. No habían hecho tal cosa. Flexner y Lewis incluso lo admitieron: “Hemos fracasado totalmente en descubrir cualquier bacteria que pudiera explicar la enfermedad; y, puesto que en nuestra larga serie de propagaciones del virus en monos ningún animal ha mostrado, en las lesiones, los cocos descritos por algunos investigadores anteriores, y no hemos podido obtener tales bacterias del material humano estudiado por nosotros, pensamos que podían excluirse de la consideración. Lo que hicieron entonces fue una suposición extraña, un acto de fe, no una afirmación científica. Tomaron su suposición de una agencia viral exógena y la convirtieron en un hecho, sin ninguna prueba. Dijeron que “el agente infeccioso de la poliomielitis epidémica pertenece a la clase de virus diminutos y filtrables que aún no se ha demostrado con certeza bajo el microscopio”.

Simon Flexner se limitó a afirmar que “debía” tratarse de un virus de la poliomielitis que mataba a los monos, porque no podía encontrar otra explicación. De hecho, no buscó ninguna otra fuente de enfermedad. No se trata de un aislamiento científico. Era una especulación salvaje: “Aún no se ha demostrado con certeza bajo el microscopio”. Así lo admitieron en un artículo de seguimiento publicado el 18 de diciembre de 1909 en Jama, titulado “The Nature of the Epidemic Poliomyelitis Virus”.

El supuesto “virus” que inyectaron a los monos distaba mucho de ser puro. También contenía una cantidad desconocida de contaminantes. Incluía “puré de médula espinal, cerebro, materia fecal e incluso moscas molidas e inyectadas en los monos para causarles parálisis”. Hasta que Jonas Salk obtuvo la aprobación del gobierno estadounidense en abril de 1955 para una vacuna contra la polio, no había pruebas científicas de que un virus causara la polio, o parálisis infantil como se conocía comúnmente. Esto sigue siendo así hoy en día. Todo el mundo médico tomó la palabra de Flexner de que “debía ser” un virus.

El Instituto Rockefeller, Flexner y la Asociación Médica Americana

El Instituto Rockefeller se fundó en 1901 con la fortuna de John D. Rockefeller (Standard Oil), para ser el primer instituto biomédico estadounidense. Se inspiró en el Instituto Pasteur de Francia (1888) y en el Instituto Robert Koch de Alemania (1891). Su primer director, Simon Flexner, desempeñó un papel fundamental y muy criminal en la evolución de lo que se convirtió en la práctica médica estadounidense aprobada. El objetivo de los Rockefeller era controlar por completo la práctica médica estadounidense y convertirla en un instrumento, al menos inicialmente, para la promoción de medicamentos aprobados por los intereses de los Rockefeller. En ese momento, pretendían monopolizar los medicamentos derivados del refinado del petróleo, como habían hecho con el petróleo.

Cuando el director del Instituto Rockefeller, Simon Flexner, publicó sus estudios sobre la poliomielitis, poco concluyentes pero muy apreciados, dispuso que su hermano, Abraham Flexner, un maestro de escuela sin formación médica, dirigiera un estudio conjunto de la Asociación Médica Americana (AMA), el Consejo de Educación General de Rockefeller y la Fundación Carnegie, fundada por Andrew Carnegie, amigo íntimo de Rockefeller.

El estudio de 1910, titulado “Informe Flexner”, pretendía aparentemente examinar la calidad de todas las facultades de medicina estadounidenses. Sin embargo, el resultado del informe estaba predeterminado. Los vínculos entre el bien dotado Instituto Rockefeller y la AMA eran a través del corrupto jefe de la AMA, George H. Simmons.

Simmons fue también editor del influyente Journal of the American Medical Association, una publicación que se distribuye a unos 80.000 médicos estadounidenses. Al parecer, ejercía un poder absoluto sobre la asociación de médicos. Controlaba el aumento de los ingresos publicitarios de las empresas farmacéuticas para promocionar sus medicamentos entre los médicos de la AMA en su revista, un negocio muy lucrativo. Fue una pieza clave del golpe médico de los Rockefeller, que redefinió por completo las prácticas médicas aceptables, abandonando los tratamientos correctivos o preventivos en favor del uso de fármacos, a menudo letales, y de la costosa cirugía. Como director de la AMA, Simmons se dio cuenta de que la competencia de la proliferación de escuelas de medicina, incluyendo la quiropráctica, la osteopatía, la homeopatía y la medicina natural, que entonces estaban siendo reconocidas, estaba disminuyendo los ingresos de sus médicos, y el número de escuelas de medicina aumentó de unas 90 en 1880 a más de 150 en 1903.

Abraham Flexner, antiguo director de escuela pública, recorrió varias facultades de medicina estadounidenses en 1909 y recomendó el cierre de la mitad de las 165 facultades de medicina, que definió como “inferiores”. Esto redujo la competencia de otros enfoques para curar la enfermedad. Se dirigieron despiadadamente a las escuelas de medicina naturopática, a las escuelas de quiropráctica, a los osteópatas y a las escuelas alopáticas independientes que no querían unirse al régimen de la AMA. El dinero de Rockefeller se destinó a las escuelas seleccionadas con la condición de que los profesores fueran aprobados por el Instituto Rockefeller y que el plan de estudios se centrara en los fármacos y la cirugía como tratamiento, y no en la prevención, la nutrición o la toxicología como posibles causas y soluciones. Tuvieron que aceptar la teoría de los gérmenes de Pasteur, que reivindicaba el reduccionismo de “un germen para una enfermedad”. Los medios de comunicación controlados por Rockefeller lanzaron una caza de brujas coordinada contra todas las formas de medicina alternativa, los remedios a base de hierbas, las vitaminas naturales y la quiropráctica, todo lo que no estuviera controlado por los medicamentos patentados de Rockefeller.

En 1919, el Rockefeller General Education Board y la Fundación Rockefeller habían donado más de 5 millones de dólares a las facultades de medicina de Johns Hopkins, Yale y la Universidad de Washington en San Luis. En 1919, John D. Rockefeller concedió otros 20 millones de dólares en valores “para el avance de la educación médica en los Estados Unidos”. Esta cantidad sería comparable a unos 340 millones de dólares actuales, una suma enorme. En resumen, los intereses financieros de los Rockefeller habían tomado el control de la educación y la investigación médica en los Estados Unidos en la década de 1920.

Creación de la virología

Esta toma de control de la medicina, apoyada por la organización de médicos más influyente, la AMA, y su corrupto dirigente, Simmons, permitió a Simon Flexner crear literalmente la virología moderna bajo el dominio de Rockefeller. El controvertido Thomas Milton Rivers, como director del laboratorio de virología del Instituto Rockefeller, convirtió la virología en un campo independiente, separado de la bacteriología, en la década de 1920. Se dieron cuenta de que podían manipular mucho más fácilmente cuando podían reclamar patógenos mortales que eran gérmenes o “virus” invisibles. Irónicamente, “virus” viene del latín para “veneno”.

La virología, un fraude médico reduccionista, es una creación de la cábala médica de los Rockefeller. Este hecho tan importante está ahora enterrado en los anales de la medicina. Se afirmaba que enfermedades como la viruela, el sarampión y la poliomielitis eran causadas por patógenos invisibles llamados virus específicos. Si los científicos pudieran “aislar” el virus invisible, en teoría podrían encontrar vacunas para proteger a las personas. Así decía su teoría. Esto supuso un enorme beneficio para el cártel de empresas farmacéuticas de los Rockefeller, que en aquella época incluía a American Home Products, que promocionaba falsamente medicamentos no probados, como el Preparation H para las hemorroides o el Advil para aliviar el dolor; Sterling Drug, que se hizo con los activos estadounidenses, incluida la aspirina, de la alemana Bayer AG tras la Primera Guerra Mundial; Winthrop Chemical; American Cyanamid y su filial Lederle Laboratories; Squibb y Monsanto.

Pronto, los investigadores de virus del Instituto Rockefeller, además de afirmar haber descubierto el virus de la poliomielitis, afirmaron haber descubierto los virus que causaban la viruela, las paperas, el sarampión y la fiebre amarilla. A continuación, anunciaron el “descubrimiento” de vacunas preventivas contra la neumonía y la fiebre amarilla. Todos estos “descubrimientos” anunciados por el Instituto resultaron ser falsos. Con el control de la investigación en el nuevo campo de la virología, el Instituto Rockefeller, en connivencia con Simmons en la AMA y su igualmente corrupto sucesor, Morris Fishbein, podía promover nuevas vacunas patentadas o “curas” farmacológicas en la influyente revista de la AMA que se enviaba a todos los médicos afiliados en Estados Unidos. Las empresas farmacéuticas que se negaron a pagar por los anuncios en la revista de la AMA fueron excluidas por ésta.

Control de la investigación sobre la poliomielitis

Simon Flexner y el influyente Instituto Rockefeller consiguieron en 1911 que los síntomas de la llamada polio se incluyeran en la Ley de Salud Pública de Estados Unidos como una “enfermedad contagiosa e infecciosa causada por un virus transmitido por el aire”. Sin embargo, incluso admitieron que no habían demostrado cómo entraba la enfermedad en el cuerpo humano. Como señaló un médico experimentado en una revista médica en 1911, “Nuestro conocimiento actual de los posibles métodos de contagio se basa casi por completo en el trabajo realizado en esta ciudad en el Instituto Rockefeller. En 1951, el Dr. Ralph Scobey, criticando la precipitación en el juicio sobre el contagio de la polio de Rockefeller, señaló: “Esto, por supuesto, ha hecho que se confíe más en los experimentos con animales que en las investigaciones clínicas…”. Scobey también señaló la falta de pruebas de que la poliomielitis fuera contagiosa: ”…los niños con la enfermedad se mantenían en las salas generales del hospital y ninguno de los otros internos en las salas del hospital tenía la enfermedad. La actitud general de la época se resumió en 1911: “Nos parece, a pesar de la ausencia de pruebas absolutas, que se preservarían los mejores intereses de la comunidad si consideramos la enfermedad desde el punto de vista del contagio” (sic).

Al clasificar los síntomas de la poliomielitis como una enfermedad altamente contagiosa causada por un virus invisible, supuestamente exógeno o externo, el Instituto Rockefeller y la AMA pudieron cortar cualquier búsqueda seria de explicaciones alternativas, como la exposición a pesticidas químicos u otras toxinas, para explicar las epidemias estacionales de enfermedad y parálisis, e incluso la muerte, principalmente en niños muy pequeños. Esto ha tenido consecuencias fatales hasta el día de hoy.

La llegada del DDT

En su declaración de 1952 ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, en el marco de una investigación sobre los posibles peligros de las sustancias químicas en los productos alimentarios, el Dr. Ralph R. Scobey señaló que “durante el periodo de la primera década del siglo XX, existía una gran preocupación por los peligros del DDT. Scobey señaló que “durante casi medio siglo, la investigación sobre la poliomielitis se ha dirigido hacia un virus exógeno que supuestamente entra en el cuerpo humano para causar la enfermedad. La forma en que está redactada la Ley de Salud Pública sólo exige este tipo de investigación. Por el contrario, no se ha llevado a cabo ninguna investigación exhaustiva para determinar si el llamado virus de la polio no es una sustancia química autóctona que no entra en el cuerpo humano en absoluto, sino que es simplemente el resultado de uno o varios factores exógenos, como un veneno alimentario. No se han estudiado las toxinas como causa.

Durante la década de 1930, que estuvo marcada por la depresión económica y luego por la guerra, hubo pocos brotes importantes de polio. Sin embargo, inmediatamente después del final de la Segunda Guerra Mundial, en particular, el drama de la polio explotó en tamaño. A partir de 1945, cada verano se diagnosticaba la poliomielitis a más niños en todo Estados Unidos y se les hospitalizaba. Menos del 1% de los casos se analizaron realmente mediante análisis de sangre u orina. Alrededor del 99% fueron diagnosticados por la mera presencia de síntomas como dolor intenso en las extremidades, fiebre, dolor de estómago, diarrea.

En 1938, con el apoyo de Franklin D. Roosevelt, presunta víctima de la poliomielitis, se creó la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil (March of Dimes) con el fin de solicitar donaciones libres de impuestos para financiar la investigación sobre la poliomielitis. Un médico e investigador alemán, el Dr. Henry Kumm, llegó a Estados Unidos y se incorporó al Instituto Rockefeller en 1928, donde permaneció hasta que se incorporó a la Fundación Nacional en 1951 como Director de Investigación sobre la polio. Al Dr. Kumm se le unió en la Fundación Nacional otro veterano del Instituto Rockefeller, el “padre de la virología”, Thomas M. Rivers, que presidió el comité asesor de investigación de vacunas de la Fundación, supervisando la investigación de Jonas Salk. Estas dos figuras clave del Instituto Rockefeller controlaban así los fondos para la investigación de la polio y el desarrollo de la vacuna.

Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras seguía en el Instituto Rockefeller, Henry Kumm trabajó como asesor del ejército estadounidense, donde supervisó estudios de campo en Italia. Allí, Kumm dirigió los estudios de campo para el uso del DDT contra el tifus y los mosquitos portadores de la malaria en los pantanos cercanos a Roma y Nápoles. El DDT fue patentado como insecticida por la empresa farmacéutica suiza Geigy y su filial estadounidense en 1940, y su uso en los soldados del ejército estadounidense se autorizó por primera vez en 1943 como desinfectante general contra piojos, mosquitos y muchos otros insectos. Hasta el final de la guerra, casi toda la producción de DDT en Estados Unidos se destinaba al ejército. En 1945, las empresas químicas buscaban con ahínco nuevos mercados. Los encontraron.

A principios de 1944, los periódicos estadounidenses anunciaron triunfalmente que el tifus, “la temida plaga que ha seguido a todas las grandes guerras de la historia”, ya no era una amenaza para las tropas estadounidenses y sus aliados gracias al nuevo polvo “mata-piojos” del ejército, el DDT. En un experimento realizado en Nápoles, los soldados estadounidenses rociaron a más de un millón de italianos con DDT disuelto en parafina (¡!), matando los piojos que propagaban el tifus. Henry Kumm, del Instituto Rockefeller, y el ejército estadounidense sabían que, como dijo un investigador, “el DDT era un veneno, pero lo suficientemente seguro para la guerra”. Cualquier persona herida por el DDT sería una baja de combate aceptada. El gobierno estadounidense “restringió” un informe sobre insecticidas publicado por la Oficina de Investigación Científica y Desarrollo en 1944 que advertía de los efectos tóxicos acumulativos del DDT en humanos y animales. El Dr. Morris Biskind señaló en un artículo de 1949: “Al ser el DDT un veneno acumulativo, es inevitable que se produzca un envenenamiento a gran escala de la población estadounidense. En 1944, Smith y Stohlman, de los Institutos Nacionales de Salud, tras un amplio estudio sobre la toxicidad acumulada del DDT, señalaron que “la toxicidad del DDT, combinada con su acción acumulativa y su absorción a través de la piel, sitúa su uso en una posición de riesgo definitivo para la salud”. Sus advertencias fueron ignoradas por los altos funcionarios.

En cambio, después de 1945, en toda América, el DDT fue promocionado como el nuevo pesticida milagroso “seguro”, muy parecido al Roundup de Monsanto con el glifosato tres décadas después. Se decía que el DDT era inofensivo para los humanos. Pero nadie en el gobierno probó seriamente esta afirmación científicamente. Un año después, en 1945, al final de la guerra, los periódicos estadounidenses alabaron el nuevo DDT como una sustancia “mágica”, un “milagro”. Time llamó al DDT “uno de los grandes descubrimientos científicos de la Segunda Guerra Mundial”.

A pesar de las advertencias aisladas sobre los efectos secundarios no probados, el hecho de que es un producto químico persistente y tóxico que se acumula fácilmente en la cadena alimentaria, el gobierno estadounidense aprobó el uso general del DDT en 1945. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), controlada por los intereses de Rockefeller-AMA, ha establecido que el contenido de DDT es “seguro”, aunque nadie lo ha demostrado. Las empresas químicas del DDT alimentaron a la prensa con fotos y anécdotas. Los periódicos informaban con entusiasmo de cómo el nuevo producto químico maravilloso, el DDT, se estaba probando en Estados Unidos contra los mosquitos del sur que se creía que transmitían la malaria, así como para “preservar los viñedos de Arizona, los huertos de Virginia Occidental, los campos de patatas de Oregón, los campos de maíz de Illinois y las lecherías de Iowa”. El DDT estaba por todas partes en los Estados Unidos a finales de los años 40.

El gobierno estadounidense afirmaba que el DDT, a diferencia del arsénico y otros insecticidas utilizados antes de la guerra, era inofensivo para los seres humanos, incluso para los niños, y podía utilizarse ampliamente. A partir de 1945, ciudades como Chicago rociaron playas, parques y piscinas públicas. Las amas de casa compraron aerosoles de DDT para rociar la cocina y, sobre todo, las habitaciones de los niños, incluso sus colchones. Se dijo a los agricultores que rociaran sus cultivos y animales, especialmente las vacas lecheras, con DDT. En Estados Unidos de la posguerra, el DDT fue promovido, especialmente por las empresas farmacéuticas de Rockefeller, como American Home Products, con su aerosol DDT Black Flag, y Monsanto. Entre 1945 y 1952, la producción estadounidense de DDT se multiplicó por diez.

Como los casos sospechosos de poliomielitis se dispararon literalmente en EE.UU. después de 1945, se propuso la teoría, sin ninguna prueba, de que la enfermedad paralizante de la poliomielitis se transmitía, no por medio de pesticidas químicos tóxicos como el DDT, sino por medio de mosquitos o moscas a los seres humanos, especialmente a los niños pequeños o bebés. El mensaje era que el DDT podía proteger a su familia de la polio de forma segura. Los casos de poliomielitis registrados oficialmente pasaron de unos 25.000 en 1943, antes del uso civil del DDT en EE.UU., a más de 280.000 casos en 1952, en el punto álgido de la epidemia, lo que supone un aumento de más de diez veces.

En octubre de 1945, el DDT, que había sido utilizado por el ejército estadounidense bajo la supervisión de Henry Kumm, del Instituto Rockefeller, fue autorizado por el gobierno estadounidense para su uso general como insecticida contra mosquitos y moscas. Los científicos disidentes que advirtieron de los efectos tóxicos del DDT en los seres humanos y los animales fueron silenciados. A las familias se les dijo que el DDT podía salvar a sus hijos de la temida polio al matar a los temidos insectos.

El USDA aconsejó a los ganaderos que lavaran sus vacas lecheras con una solución de DDT para controlar los mosquitos y las moscas. Los campos de maíz y los huertos fueron rociados por aire con DDT. Sin embargo, el DDT era increíblemente persistente y su efecto tóxico sobre las plantas y los vegetales era tal que no se podía lavar. De 1945 a 1952, la cantidad de DDT rociado en el territorio estadounidense aumentó año tras año. El número de casos de poliomielitis en humanos también aumentó considerablemente.

La peor epidemia de polio

A principios de la década de 1950, el Congreso de Estados Unidos y los agricultores se preocuparon cada vez más por los posibles peligros de ese uso de plaguicidas, no sólo del DDT, sino también del aún más tóxico BHC (hexacloruro de benceno). En 1951 Morton Biskind, un médico que había tratado con éxito a varios centenares de pacientes con envenenamiento por DDT, testificó ante la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre la posible relación entre la poliomielitis paralítica y las toxinas, en particular el DDT y el BHC. Señaló:

“La introducción para uso público general e incontrolado del insecticida DDT (clorofenotano) y la serie de sustancias aún más mortíferas que le siguieron, no tiene parangón en la historia. No cabe duda de que ninguna otra sustancia conocida por el hombre se ha desarrollado con tanta rapidez y se ha extendido de forma indiscriminada por una parte tan grande del planeta en tan poco tiempo. Esto es aún más sorprendente si se tiene en cuenta que, cuando el DDT se puso a disposición del público, ya había una gran cantidad de datos disponibles en la literatura médica que mostraban que este agente era extremadamente tóxico para muchas especies animales diferentes, que se almacenaba acumulativamente en la grasa corporal y que aparecía en la leche. En esa época, también se registraron algunos casos de intoxicación por DDT en humanos. Estas observaciones fueron casi totalmente ignoradas o malinterpretadas”.

Biskind volvió a declarar ante el Congreso a finales de 1950: “A principios del año pasado publiqué una serie de observaciones sobre el envenenamiento por DDT en el hombre. Desde poco después de la última guerra, los médicos de todo el país habían observado un gran número de casos en los que aparecía un grupo de síntomas cuya característica más destacada era la gastroenteritis, los síntomas nerviosos recurrentes y persistentes y la debilidad muscular extrema”. Describió varios ejemplos de pacientes cuyos síntomas graves, incluida la parálisis, desaparecieron cuando se eliminó la exposición al DDT y a las toxinas relacionadas: “La experiencia inicial con más de 200 casos que comuniqué a principios del año pasado se ha ampliado considerablemente desde entonces. Mis observaciones posteriores no sólo han confirmado la opinión de que el DDT es responsable de un gran número de discapacidades humanas que de otro modo serían inexplicables…” También se observó que los casos de poliomielitis eran siempre mayores en los meses de verano, cuando la fumigación con DDT contra los insectos estaba en su punto álgido.

Agentes del Instituto Rockefeller y de la AMA, a través de sus agentes en el gobierno estadounidense, crearon la emergencia sanitaria estadounidense de 1946-1952 llamada polio. Lo hicieron promoviendo a sabiendas el DDT, altamente tóxico, como una forma segura de controlar los míticos insectos que propagaban la temida enfermedad. Su campaña de propaganda convenció al público estadounidense de que el DDT era la clave para detener la propagación de la polio.

La poliomielitis disminuye repentinamente

Bajo la dirección de dos médicos del Instituto Rockefeller, Henry Kumm y Thomas Rivers, la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil (NFIP) rechazó a críticos como Biskind y Scobey. Los tratamientos curativos naturales, como el uso de la vitamina C por vía intravenosa para la parálisis infantil, se descartaron de plano como “charlatanería”. En abril de 1953, el Dr. Henry Kumm, eminente consultor del Instituto Rockefeller en materia de DDT, se convirtió en director de la investigación sobre la polio para el NFIP. Financió la investigación de la vacuna contra la polio de Jonas Salk.

Un valiente médico de Carolina del Norte, el Dr. Fred R. Klenner, que también había estudiado química y fisiología, tuvo la idea de utilizar altas dosis de ácido ascórbico -vitamina C- por vía intravenosa, basándose en que sus pacientes sufrían una intoxicación por toxinas y que la vitamina C era un potente desintoxicante. Esto fue mucho antes de las investigaciones del Premio Nobel Dr. Linus Pauling sobre la vitamina C. Klenner consiguió resultados notables en cuestión de días en más de 200 pacientes durante las epidemias de verano de 1949 a 1951. El Instituto Rockefeller y la AMA no estaban interesados en las perspectivas de una cura. Ellos y la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil, controlada por los Rockefeller, sólo financiaron el desarrollo de una vacuna contra la polio, basándose en la afirmación no probada de Flexner de que la polio era un virus contagioso y no el resultado de un veneno ambiental.

Luego, entre 1951 y 1952, cuando los casos de poliomielitis estaban en su punto más alto, ocurrió algo inesperado. El número de casos de poliomielitis diagnosticados en Estados Unidos comenzó a disminuir. El descenso de las víctimas de la poliomielitis fue espectacular, año tras año, hasta 1955, mucho antes de que la vacuna contra la poliomielitis de la Fundación Nacional de Jonas Salk fuera aprobada para su uso público y se generalizara.

Aproximadamente un año antes del repentino descenso de los casos de poliomielitis, los ganaderos, cuyas vacas lecheras estaban sufriendo los graves efectos del DDT, fueron aconsejados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos para que redujeran el uso del DDT. La creciente preocupación de la opinión pública sobre la seguridad del DDT para los seres humanos, incluidas las audiencias públicas del Senado de Estados Unidos de 1951 sobre el DDT y la poliomielitis, también condujo a una disminución significativa de la exposición al DDT hasta 1955, aunque el DDT no se prohibió oficialmente en Estados Unidos hasta 1972.

Los casos de poliomielitis se redujeron en dos tercios entre 1952 y 1956, paralelamente a la disminución del uso del DDT. Fue mucho después de este declive, a finales de 1955 y 1956, cuando la vacuna contra la polio de Salk, desarrollada por Rockefeller, se administró por primera vez a grandes poblaciones. Salk y la AMA se atribuyeron el mérito de la vacuna. Las muertes y parálisis causadas por la vacuna Salk fueron ignoradas. El gobierno cambió la definición de polio para reducir aún más los casos oficiales. Al mismo tiempo, los casos de enfermedades de la médula espinal similares a la poliomielitis -parálisis flácida aguda, síndrome de fatiga crónica, encefalitis, meningitis, síndrome de Guillain-Barré, esclerosis muscular- han aumentado drásticamente.

¿Por qué es importante?

Hace más de un siglo, el hombre más rico del mundo, el barón del petróleo John D. Rockefeller, y su círculo de asesores se propusieron revisar por completo la forma en que se practicaba la medicina en Estados Unidos y en todo el mundo. El papel del Instituto Rockefeller y de figuras como Simon Flexner supervisó literalmente la invención de un fraude médico colosal en torno a las afirmaciones de que un germen extraño invisible y contagioso, el virus de la polio, causaba parálisis aguda e incluso la muerte en los jóvenes. Prohibieron políticamente cualquier esfuerzo por relacionar la enfermedad con el envenenamiento por toxinas, ya sea por el DDT o los pesticidas a base de arsénico o incluso por las vacunas contaminadas. Su plan criminal incluía una íntima cooperación con los dirigentes de la AMA y el control de la incipiente industria farmacéutica, así como de la educación médica. El mismo grupo Rockefeller financió la eugenesia nazi en los Institutos Kaiser Wilhelm de Alemania en la década de 1930, así como la Sociedad Americana de Eugenesia. En los años 70 financiaron la creación de semillas patentadas de OGM, todas ellas desarrolladas por el grupo Rockefeller de empresas de pesticidas químicos: Monsanto, DuPont, Dow.

En la actualidad, este control de la salud pública y del complejo médico industrial lo ejerce el protegido de David Rockefeller y defensor de la eugenesia, Bill Gates, autoproclamado zar de la OMS y de las vacunas mundiales. El Dr. Tony Fauci, jefe del NIAID, dicta mandatos de vacunación sin pruebas. El fraude que inició el escándalo del virus de la polio después de la Segunda Guerra Mundial se ha perfeccionado mediante el uso de modelos informáticos y otros trucos hoy en día para promover un virus supuestamente mortal tras otro, desde el Covid-19 hasta la viruela del mono y el VIH. Al igual que con la poliomielitis, ninguno de estos virus ha sido aislado científicamente y no se ha demostrado que cause las supuestas enfermedades. Ninguno de ellos. La misma Fundación Rockefeller, exenta de impuestos, que ahora se presenta como una organización benéfica filantrópica, está en el corazón de la tiranía médica mundial que está detrás de covid-19 y de la agenda eugenésica del Foro Económico Mundial, la Gran Reinicialización. Su modelo del virus de la polio les ayudó a crear esta tiranía médica distópica. “Confía en la ciencia”, nos dicen.

F. William Engdahl https://journal-neo.org/2022/07/12/toxicology-vs-virology-rockefeller-institute-and-the-criminal-polio-fraud/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies