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Categoría: Represión (página 35 de 66)

El gobierno australiano propone ir de puerta en puerta para realizar pruebas masivas de coronavirus

“Estamos preparados para hacer lo que hay que hacer”, dijo Daniel Andrews, Primer Ministro de Victoria, incluso ir “puerta por puerta” para realizar las pruebas obligatorias de coronavirus a los australianos.

Andrews hizo estos comentarios en una rueda de prensa mientras Australia continúa con su ridícula política de “covid cero”, que impone medidas draconianas de confinamiento con el pretexto de un puñado de “nuevos casos”.

“No estamos en un punto en el que tengamos que ir de puerta en puerta”, dijo Andrews. “No estamos en un punto en el que necesitemos que suburbios enteros salgan a examinarse. Si llegamos a ese punto, no dudaremos. Creo que hemos demostrado, de hecho sé que hemos demostrado que estamos preparados para hacer lo que hay que hacer, sea popular o no”, añadió.

Dado que en algunas partes del país los militares están imponiendo a la fuerza las medidas de confinamiento y cuarentena, cabe preguntarse cómo tratarán a quienes no quieran someterse a las pruebas.

Con sus argumentos ya no embaucan a nadie, y si dan el paso de imponer la obligatoriedad de las pruebas de coronavirus puerta a puerta, lo siguiente será la obligatoriedad de las vacunas puerta a puerta.

Andrews señaló que quienes se nieguen a ser vacunados serán discriminados y permanecerán indefinidamente sujetos a las normas de confinamiento de facto. “Es una conversación difícil de mantener con la gente ahora, en un tono casi amenazante, cuando la gente que quiere vacunarse no puede hacerlo porque no tenemos suficiente material. Pero llegará un momento en que creo que las restricciones se aplicarán a los que no se han vacunado, en lugar de que las restricciones se apliquen a todos nosotros”, dijo.

“Para entrar en un recinto, para asistir a un evento importante, para participar plenamente como cliente, como poseedor de una entrada, como consumidor, como espectador, como quieras verlo, estar vacunado significará que entras, y estar vacunado significará que no”, amenazó.

Australia ha impuesto uno de los confinamientos más brutales del mundo desarrollado, con la exigencia de llevar mascarilla al aire libre, lo que ha provocado innumerables detenciones y escenas impactantes como la de la semana pasada en Brisbane, donde un anciano sufrió un infarto tras ser acosado por la policía por no llevar mascarilla mientras hacía ejercicio al aire libre.

El gobierno también ha ordenado a los australianos que se mantengan alejados de sus nietos y que no entablen conversación entre ellos, aunque lleven mascarilla.

Las personas que publican informaciones críticas sobre el confinamiento en las redes pueden ser multadas con hasta 11.000 dólares en virtud de una nueva ley.

Mientras tanto, algunos australianos están siendo llevados a la fuerza a manicomios contra su voluntad si no están de acuerdo con las explicaciones oficiales sobre el coronavirus.

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado

La pandemia, sea real o ficticia, que a efectos políticos tanto da, no ha sido la causa de nada nuevo, de nada que no se conociera antes, sino simplemente el catalizador de proyectos que el capitalismo tenía sobre la mesa para afrontar la mayor crisis que ha conocido a lo largo de su historia.

“A grandes males, grandes remedios”, dice el refrán y, en efecto, si no hubiera habido pandemia, se la hubieran tenido que inventar, lo mismo que la armas de destrucción masiva que Saddam Hussein tenía en su poder y que dieron lugar a la famosa frase de Karl Rove, el portavoz de la Casa Blanca entonces:

“Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras [Ustedes] estudian esa realidad —juiciosamente, si quiere— actuaremos de nuevo, creando otras nuevas realidades, que podrá estudiar de nuevo, y así las cosas continuarán. Somos [los creadores] de la historia […] Y Ustedes, todos ustedes, sólo tendrán que estudiar lo que hemos [creado]”.

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado. Es el reverso de la crisis que ya ha comenzado, una crisis a la vez económica, política e internacional. Es una crisis que no pueden mitigar de ninguna manera; a lo único que pueden aspirar es a sofocar el descontento social que va generar en el mundo entero.

La salud ha sido el pretexto para poner en marcha medidas represivas que no hubiera sido posible justificar de ninguna otra manera. Además, la salud ha permitido que el reformismo se convirtiera en el más sólido puntal del estado de guerra y las restricciones. Los grupos reformistas han afirmado muy claramente -incluso- que la represión implementada era poca y que estaban dispuestos a apoyar más restricciones, porque la salud es lo primero y está por encima de todo y de todos.

Para justificar su sucia labor de apoyo, los reformistas han vuelto a airear el fantasma de la “ultraderecha”, de manera que cualquier crítica era tachada de “negacionismo” y, en consecuencia, asimilada al fascismo. De esa manera el reformismo apoya la represión y quien la combate es un fascista; por lo tanto, son los fascistas los que luchan contra la represión…

Ese tipo de planteamientos han causado una enorme confusión, con la aparición de un nuevo arsenal de vocablos y neologismos, señal inequívoca de la profundidad de la crisis.

En medio de la misma, la burguesía ha puesto en marcha sus planes en apenas un año. Sólo con comprobar las que ya están en funcionamiento, cabe asegurar que marcarán para siempre el futuro de las formas de dominación y control social, especialmente en los países capitalistas avanzados. Lo que antes parecía ciencia ficcion, propia del cine fantástico, ya ha sido introducido entre los hábitos de millones de personas.

A los materialistas les gusta decir que la conciencia va por detrás del desarrollo de los acontecimientos, y aquí tienen uno de los mejores ejemplos. Da igual el tiempo que tarde la niebla en disiparse. Una nueva realidad se nos ha venido encima. En buena parte está trufada de tecnología y de informática, aunque eso no cambia en absoluto el hecho de que se trata de medidas de control social y de dominación política que no sustituyen a las anteriores, sino que las complementan.

El Senado francés lo ha explicado con mucha claridad: a diferencia de las restricciones “físicas”, que no se pueden soportar si se prolongan en el tiempo, las digitales son permanentes y en consecuencia, cumplen el mismo papel mucho más eficazmente (*):

“Las oportunidades de uso de las tecnologías digitales son inmensas, y la crisis de Covid-19 sólo ha dado una muestra de los muchos casos de uso posibles a corto, medio y largo plazo.

“Aunque la pandemia de Covid-19 no ha terminado, y es probable que no sea ni la última ni la más fuerte, sería irresponsable no aprovechar estas oportunidades. Las restricciones generalizadas de las libertades ‘físicas’ en los últimos meses son cada vez más insostenibles. No son sostenibles ni siquiera muy eficaces en comparación con lo que permitiría un uso más sistemático de la tecnología digital.

“El uso de la tecnología digital permitiría un control preciso del cumplimiento de las medidas sanitarias, a escala individual y en tiempo real: a cambio, las restricciones podrían dirigirse a un número reducido de personas, y ser más limitadas en el tiempo, sin dejar de ser lo más eficaces posible. Quizás el día de mañana, gracias a la tecnología digital, podamos recuperar nuestras libertades ‘físicas’ más rápidamente, o incluso no renunciar a ellas nunca, y tener pandemias sin confinamiento, aunque no haya vacuna ni tratamiento”.

No se trata de algo exclusivo de las crisis sanitarias sino a cuaquier clase de crisis y, por lo tanto a cualquier situación política y social, porque las crisis las definen los gobiernos respectivos, tanto si son reales, como si son simuladas, o si son exageradas:

“Los casos de uso más evidentes [de las herramientas informáticas] se refieren al control del cumplimiento de las normas destinadas a limitar la transmisión del virus (pase sanitario, toques de queda, confinamientos, cuarentenas, etc.), lo que implica el cruce de tres tipos de datos: los datos de identificación, los datos médicos y los datos de localización (desde los más intrusivos, con el seguimiento por GPS, hasta los más ligeros y ocasionales, con el acceso condicionado a determinados lugares, pasando por los datos de localización relativa con el rastreo de contactos).

“La utilidad de las herramientas digitales en la gestión de crisis va más allá del ámbito sanitario y se extiende a otros tipos de crisis […] que tienen en común que presentan un peligro elevado e inminente para la población, lo que exige una respuesta rápida y eficaz. Pueden ser el resultado de un ataque deliberado (convencional o terrorista, en particular bioterrorista), pero también de un accidente industrial o de una catástrofe natural […] Todas estas situaciones pueden requerir la rápida identificación de las personas, la evaluación de su estado de salud o de los riesgos a los que se enfrentan, y su localización precisa para poder prestarles ayuda”.

A buen entendedor…

(*) http://www.senat.fr/rap/r20-673/r20-6738.html

Las restricciones sanitarias son sólo para los ‘pringaos’

La pandemia y las subsiguientes medidas restrictivas son un asunto de clase social. Los millonarios de todo el mundo no han guardado cuarentena, han viajado y han organizado sus propias fiestas, sin mascarillas, ni distancia de seguridad y, sobre todo, sin que la policìa les tire a puerta abajo porque metían mucho ruido.

En España sólo le han pillado al bocazas de Revilla, incluso fumándose un puro en un restaurante, pero han trascendido muchos más casos, que ningún medio ha querido publicar. En los restaurantes de lujo hay reservados en los que se pueden ver las mesas para las grandes comilonas, con los ceniceros encima para que no falte de nada. La policía no entra nunca a ese tipo de sitios.

En Francia han sorprendido a políticos, jueces y grandes capitalistas en comidas, reuniones y fiestas en plena cuarentena. Ningún empresario ha cancelado su agenda por el toque de queda.

Lo mismo ha ocurrido en Nueva Zelanda, donde la cuarentena es tan estricta que la población lleva semanas encerrada en sus casas a cal y canto. Los puertos y aeropuertos también permanecen cerrados al tráfico… para casi todos. Incluso muchos nacionales que salieron de viaje no han podido regresar a sus casas.

Al multimillonario Larry Page, cofundador de Google, que aparece en la foto de portada, esas restricciones no le afectan. Compró una de las islas Fiji y el gobierno le permitió entrar en el país para que pudiera descansar en su remanso de paz.

La prensa lo ha publicado y se ha montado el correspondiente revuelo. A Page la policía debería haberle encerrado en uno de los albergues habilitados para pasar los 14 días reglamentarios de cuarentena, como todos los demás: encerrado.

Dicen los medios que como ni siquiera es residente en el país, no le deberían haber permitido la entrada. Pero donde hay una regla siempre hay una excepción. El Ministerio de Sanidad autorizó su entrada porque la ley no es igual para todos.

“El gobierno debe responder por qué el multimillonario Larry Page, cofundador de Google, fue autorizado a entrar en Nueva Zelanda mientras que los kiwis desesperados y las familias separadas no pueden cruzar la frontera”, dijo David Seymour, dirigente del Partido Neozelandés, que está en la oposición.

El Tribunal Constitucional alemán rechaza la ilegalización del Partido Comunista

El 28 de julio el Tribunal Constitucional estimó la demanda del Partido Comunista de Alemania contra la inadmisión de su candidatura a las elecciones al Bundestag y la privación de su estatus de partido político.

En plena pandemia, la medida era un ensayo y una verdadera provocación, dado que dicho Partido es residual desde el punto de vista electoral y apenas tiene otra actividad política diferente.

En todo el mundo, la ley marcial y las restricciones sanitarias siempre han sido el caldo de cultivo ideal para la represión política porque mantiene distraída la atención de los movimientos populares.

No es ninguna casualidad que, lo mismo que Alemania, también en España el gobierno haya intentado algo parecido con Izquierda Castellana, y cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Sin embargo, en este tipo de medidas políticas represivas, en Alemania llueve sobre mojado y las medidas contra los comunistas presagian un futuro nada esperanzador para los derechos y las libertades fundamentales.

Patrik Köbele, su presidente, ha declarado: “El Tribunal Constitucional Federal ha rechazado hoy el intento de poner en peligro la existencia del Partido Comunista de Alemania (DKP) por medios burocráticos y de prohibirle presentarse a las elecciones al Bundestag”.

La sentencia es un revés para la Comisión Electoral, dice Köbele, ya que confirma que el DKP es un partido político activo, con especial referencia al mitin del DKP en el 80 aniversario del ataque nazi contra la Unión Soviética.

En un comunicado público el dirigente del DKP atribuye la decisión a “nuestra lucha jurídica y política”, así como a “la gran solidaridad nacional e internacional de la que hemos gozado”.

La solidaridad internacional superó las expectativas del Partido. “Más de 50 partidos comunistas y obreros, el Consejo Mundial de la Paz, la Federación Mundial de la Juventud Democrática y muchas organizaciones progresistas mostraron su solidaridad con nosotros. Fue una gran demostración de internacionalismo. En todas partes se hizo público este intento de las fuerzas reaccionarias contra nosotros. Los miembros de los partidos hermanos utilizaron el Parlamento Europeo para apoyar al DKP. Estamos orgullosos de formar parte de esta comunidad internacionalista. Se lo agradecemos de todo corazón. Este ejemplo muestra lo importante que es la solidaridad y lo que puede conseguir”.

La solidaridad ha sido un acicate para que el DKP acuda a la próxima campaña electoral con más energía, si cabe, añade Köbele, para luchar por nuestras reivindicaciones políticas y para fortalecer el DKP, ahora más que nunca.

La victoria del DKP es un pequeño triunfo en la lucha contra el desmantelamiento de los derechos democráticos y contra la reestructuración reaccionaria de los aparatos del Estado, dice el comunicado.

Criticar a los ‘expertos’ como Fauci también es un delito de odio

Con una pandemia tan prolongada, los “expertos” se han visto metidos en un fuego cruzado al que no están acostumbrados. Se creían los reyes del universo y siempre había supuesto que los demás son borregos que deben seguir sus pasos.

No basta con censurar a los que no estén de acuerdo con ellos: deben ser perseguidos por la policía los fiscales y los jueces; deben ser encarcelados.

El diputado Paul Tonko, del partido demócrata, ha presentado un proyecto de ley en el Congreso de Estados Unidos, conocido como Ley de Integridad Científica, para proteger a los científicos que asesoran al gobierno estadounidense de las “injerencias políticas”.

Para Peter Hotez, profesor del Instituto Baylor de Medicina, eso no es suficiente: la protección de los científicos que asesoran al gobierno debería extenderse a los académicos de las universidades e institutos de investigación privados.

Hotez, que aparece en la foto de portada, ha publicado un artículo en una revista científica, Plos Biology, en el que propone que criticar a Anthony Fauci y a otros “expertos” de la misma ralea sea consderado como un “delito de odio” (*).

En Estados Unidos Hotez es uno de esos “expertos” que participa habitualmente en las cadenas de televisión CNN y MSNBC y no le gusta que critiquen sus imbecilidades, que son muchas. Por eso aboga por llevar al banquillo de los acusados a los que no le ríen sus gracias.

Según Hotez, una “banda de miembros ultraconservadores del Congreso de Estados Unidos y otros funcionarios de extrema derecha están llevando a cabo ataques organizados y aparentemente bien coordinados contra destacados científicos biólogos estadounidenses”.

Los “extremistas de extrema derecha” están envalentonados. Cuestionan la respuesta a la pandemia y las vacunas y lanzan “agresiones anticientíficas”.

El “experto” saca a relucir las habituales comparaciones con los nazis para concluir que “no actuar es una aprobación tácita y una garantía de que la integridad y la productividad de la ciencia en Estados Unidos se erosionarán o perderán terreno”.

“Deberíamos considerar la posibilidad de ampliar los mecanismos de protección para los científicos que actualmente son objetivo del extremismo de derechas en Estados Unidos”, escribe.

Ahora pensemos por un momento en la categoría que tiene un revista de biología que publica este tipo de basura seudocientífica.

(*) https://journals.plos.org/plosbiology/article?id=10.1371/journal.pbio.3001369

Singapur ingresa en un siquiátrico a una persona que se negó a ponerse mascarilla

Un británico detenido por negarse a llevar una mascarilla en el metro de Singapur, Benjamin Glynn, ha sido internado en un siquiátrico tras calificar de “repugnante” su situación judicial.

Fue detenido el 7 de mayo y juzgado el 19 de julio. Le revocaron la fianza de 2.700 libras esterlinas y se enfrenta a nuevas acusaciones por no llevar la mascarilla en su comparecencia ante el tribunal.

Al comenzar su juicio, Glynn, de 39 años, dijo que no se declaraba culpable ni inocente de los cargos que se le imputaban. “Me niego a ser un esclavo”, añadió mientras los opositores a las mascarillas le apoyaban desde la tribuna del público. “Creo que no tiene sentido que se me juzgue simplemente porque no llevo mascarilla”.

El fiscal Timotheus Koh pidió al tribunal que evaluara el estado mental del padre de dos hijos, y añadió que la familia de Glynn había descrito un “marcado cambio” en sus acciones desde que comenzó la pandemia.

“El comportamiento del acusado en el tribunal habla por sí mismo”, dijo el fiscal, a lo que Glynn respondió en alta voz: “Mi mente está muy clara. Estoy muy despierto. Sé lo que digo”. Afirmó que fue “libre” durante el juicio y añadió que “los cargos no se me pueden aplicar a mí”.

Glynn trabaja en Singapur desde 2017 por cuenta de una empresa británica con sede en el país asiático.

Fue grabado infringiendo la orden de llevar mascarilla antes de que los policías le localizaran después de que el vídeo se hiciera viral. El acusado dijo que desde entonces su familia había regresado a su casa en Leeds sin él. “Quiero dejar el país de todas formas, sólo déjenme ir”, dijo.

Glynn, que no contó con un abogado que le defendiera, se refirió a Abdul Rashid Abdul Rahman, que originalmente era su defensor, como su “consejero legal”. Pero el juez Eddy Tham prohibió a Rahman defender a Glynn porque no estaba legalmente cualificado.

El juez ordenó que Glynn fuera ingresado en el Instituto de Salud Mental para su control siquiátrico hasta que el juicio se reanude el 19 de agosto.

Mientras se lo llevaban, el acusado gritó que la policía lo había perseguido “como una manada de animales” y que la decisión judicial “no es justa”.

Las acusaciones contra Glynn incluyen tres delitos, dos de molestias y desórdenes públicos, en virtud de la Ley de Medidas de Emergencia contra la pandemia. Un cuarto cargo se refiere a su decisión de renunciar a la mascarilla fuera del edificio del tribunal.

La acusación de molestias conlleva una pena máxima de cárcel de un año y una multa de hasta 2.600 libras, mientras que la condena por infringir las restricciones de la pandemia podría suponer una pena de seis meses y una multa de 5.300 libras.

—https://www.telegraph.co.uk/world-news/2021/08/05/briton-refused-wear-mask-singapore-remanded-mental-health-facility/

Los partidarios y detractores de las vacunas se manifiestan conjuntamente contra su obligatoriedad

A los medios españoles les gusta decir que la ola de protestas en Europa contra la vacunación obligatoria está organizada por “antivacunas”. Es una de las muchas manipulaciones que vienen lanzando desde el minuto cero de esta pandemia, como las etiquetas de “negacionistas”, e incluso “ultraderecha”, que ni siquiera saben lo que significa.

Desde el principio de la pandemia y la imposición de la ley marcial en casi todo el mundo, las protestas han crecido, hasta el punto de hacerse masivas a medida que los gobiernos se mostraban más desafiantes hacia las libertades y derechos más básicos, esos que en Europa creían que nadie se atrevería nunca a burlar.

En el movimiento contra la vacunación obligatoria y el pasaporte sanitario también participan activamente los que se han vacunado, e incluso los que recomiendan vacunarse, a pesar de los pesares. Son muchos los que se ha dado cuenta, unos más tarde y otros más temprano, que los estados de emergencia, las restricciones sanitarias, las vacunas y el pasaporte sanitario son mecanismos de control, es decir, de reforzamiento del poder político.

Actualmente sólo el 17 por ciento de los franceses se niega a vacunarse contra el coronavirus, mientras que casi la mitad de las personas expresan su apoyo o simpatía por el movimiento contra el pasaporte sanitario.

La agencia France Press ha enviado a sus reporteros a las movilizaciones contra el pasaporte sanitario y se han encontrado a muchos publicistas de las vacunas, en general, e incluso de las vacunas contra el coronavirus, en particular (*).

El elemento común de unos y otros no es la vacuna sino la obligatoriedad, es decir, el retorno al fascismo o el reforzamiento de lo que jamás finalizó.

A diferencia de España, en Francia los sindicatos ha publicado comunicados recomendando la vacunación y oponiéndose a su carácter obligatorio. Lo mismo ha ocurrido con otras organizaciones sociales, que no están acostumbradas a presiones y chantajes tan descarados de sus gobiernos.

En Francia el pasaporte sanitario es obligatorio desde el 21 de julio en los locales culturales y de ocio y el lunes de la semana que viene se ampliará a los cafés, restaurantes, trenes de larga distancia, autocares y vuelos nacionales, así como a los pacientes y visitantes de los centros sanitarios y residencias de ancianos.

Desde que comenzaron hace tres semanas, las manifestaciones contra los pasaportes sanitarios son cada vez más numerosas. El sábado la policía francesa contabilizó más de 200.000 participantes y ha advertido de que pueden convertirse en un nuevo movimiento, parecido a los “chalecos amarillos” y cada vez más radicalizado.

“Soy camarero, nunca quise ser policía”, dijo Stéphane Grand, de 27 años, manifestante en Montpellier el sábado. “Me repugna que se nos pida que comprobemos quién está vacunado y quién no, eso hace imposible mi trabajo”, añade.

La vacunación obligatoria es uno de los diez puntos de alerta enumerados el 20 de julio por el Defensor de los Derechos Humanos, que denuncia “el control de una parte de la población por otra”.

(*) https://www.lepoint.fr/societe/des-vaccines-et-pro-vaccins-rejettent-farouchement-le-pass-sanitaire-05-08-2021-2437901_23.php

Los que no se vacunen tampoco podrán votar en Italia

El apartheid no era cosa sólo de Israel o de la vieja Sudáfrica. Ya está en Europa. Lo ha introducido el pasaporte de vacunas. Si se te olvida en casa, no puedes entrar en la panadería, en un bar, un concierto o un autobús.

Ahora el Primer Ministro italiano, Mario Draghi, quiere impedir la entrada en los colegios electorales a los que no se vacunen, porque esto no ha hecho más que empezar.

Lo han empezado a deslizar por Roma desde ayer por la tarde. Lo llaman “la bomba atómica de Draghi”.

No hay nadie capaz de parar este delirio. No es sólo el gobierno italiano, ni sólo los electores, sino también los candidatos. El secretario del Partido Democrático italiano, Enrico Letta, ya ha dicho que sólo quiere que haya candidatos vacunados en las listas electorales.

Naturalmente los juristas se ponen exquisitos: es anticonstitucional, es ilegal… Como si eso importara. Alguno interpondrá un recurso porque le han impidido votar y los jueces le darán la razón.

Al juez le calificarán de “fascista” por pretender que las personas voten en las elecciones. Ya vemos cómo están las cosas.

A otros se les ocurrirán salidas ingeniosas. Por ejemplo, poner unos colegios electorales para vacunados y otros para no vacunados, que podrían estar al aire libre. Quizá urnas para unos y otros.

Lo de los candidatos también tiene remedio. Se pueden poner a los no vacunados de todos los partidos en una lista única y si salen electos, se les pude situar juntos en una esquina del hemiciclo, separados de los demás por una mampara de metacrilato para que no contagien a nadie.

Hay muchos italianos que tienen su residencia, por ejemplo, en Roma, pero viven en Milán, Palermo, Turín, en lugares lejanos del colegio electoral. Habría que garantizarles la posibilidad de subir a los trenes. También se podrían fletar tres especiales sólo para no votantes, o quizá vagones especiales en los que se les podrían reunir los recalcitrantes a las agujas hipodérmicas.

Cualquier iniciativa es buena antes de que los antivacunas empiecen a decir que ya hemos vuelto al fascismo.

—https://www.iltempo.it/politica/2021/07/27/news/mario-draghi-green-pass-obbligatorio-voto-elezioni-vaccino-covid-seggi-incostituzionalita–28117108/

El Ministerio del Interior cazará a los ‘terroristas asintomáticos’ con inteligencia artificial (de la otra no les queda)

Al Ministerio del Interior se le ha acabado la inteligencia natural y necesita recurrir a la artificial. Después de ver la película “Minority Report”, la Comisaría General de Información quiere identificar a los “terroristas” antes de que cometan atentados.

Ha nacido la figura del “terrorista asintomático”. Él no sabe que lo es, pero la inteligencia artificial de la policía lo vigila de cerca con ordenadores, bases de datos y complicados algoritmos, de esos que nunca fallan.

Cuando a la Agencia Tributaria se le agote la sustancia gris, también recurrirá a la inteligencia artificial para capturar a los evasores de impuestos antes de que hagan (mal) la declaración de la renta.

La Fiscalía Anticorrupción, que también anda escasa de inteligencia, podría imitarles para capturar a los concejales antes de que adjudiquen las obras públicas a emprendedores sin escrúpulos a cambio de sobresueldos y maletines.

En medio de una continua cadena de tramas de dinero negro y malversación de caudales públicos, a Marlaska lo que le preocupa es el “terrorismo”. Su intelecto no da para más.

La policía cuenta desde 2016 con un programa informático desarrollado por Fujitsu, llamado i3, que elabora automáticamente perfiles de tipos que considera “de interés” gracias al cotilleo, o sea, a lo que publican en redes sociales, foros, correos electrónicos, reuniones, infiltrados y chivatazos.

De esa manera la policía infla los viejos ficheros de toda la vida, que ya de por sí suelen estar muy inflados. Las mil y una tonterías que los bocazas largan en internet, se multiplican y se clasifican hasta que a algún capataz de la Comisaría General de Información le ordenen llevar los papeles ante el juez, porque lo ordena el gobierno, porque se acercan las elecciones, porque hay que sembrar el pánico… Cualquier pretexto es suficiente para iniciar una redada y un sumario en la Audiencia Nacional.

Además de “terroristas asintomáticos”, la inteligencia artificial del Ministerio de Marlaska también identificará a los colectivos, igualmente “terroristas” e igualmente “asintomáticos”, es decir, grupos de personas que se creen que están luchado por una vivienda digna, cuando en realidad los ficheros y las bases de datos demuestran claramente que son yihadistas de Al-Qaeda.

—https://www.elconfidencial.com/espana/2021-08-04/interior-licita-sistema-big-data-predecir-atentados-descubrir-terroristas_3215971/

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