La web más censurada en internet

Categoría: Represión (página 35 de 67)

Australia demuestra que la pesadilla de la ‘nueva normalidad’ no se acabará nunca… si no luchamos

Australia padece el más brutal ataque a los derechos y libertades fundamentales que ha conocido desde su nacimiento como Estado independiente. Es una sociedad fantasmal. No hay bodas. No hay servicios religiosos. Las mascarillas son obligatorias en todas partes para todos.

Las ciudades están completamente confinadas y sometidas a los toques de queda. No es posible viajar de un estado a otro, y mucho menos salir del país. Ni siquiera es posible alejarse más de cinco kilómetros de la casa de cada cual. No se pude salir después de las 9 de la noche o antes de las 5 de la mañana.

El ejército ha desplegado controles de las carreteras para comprobar la documentación de los viajeros y si se han vacunado. La policía irrumpe en los comercios no autorizados y multa a los propietarios, o va de puerta en puerta para asegurarse de que no hay nadie.

A las personas no vacunadas se les dice que no salgan de sus casas. A los que dan positivo en las pruebas de coronavirus les ocurre todo lo contrario: se les obliga a salir de sus casas para recluirse en “hoteles de cuarentena”. No saben cuándo podrán regresar con su familia.

El gobierno recomienda no hablar con los vecinos, no ir de compras, no hacer pedidos por internet y no quitarse las mascarillas, ni siquiera para beber un trago de agua.

La policía reúne a miles de niños en los estadios, sin sus padres, para realizar vacunaciones masivas “voluntarias”.

Los avisos del gobierno se clavan en las puertas de las casas de los que quedan aislados en cuarentena. Las manifestaciones no autorizadas están prohibidas, y si organizas una te arriesgas a una condena de 8 meses de cárcel.

No hay delirio en el que el gobierno australiano no haya incurrido, y cada día la televisión tiene que poner a un “experto” delante de las cámaras para que invente algún pretexto sanitario, que suenan ya absolutamente grotescos. Ha llegado la nueva normalidad.

“Tendremos que seguir viviendo con alguna medida de restricción”, dicen, a pesar de que más del 80 por ciento de la población esté totalmente vacunada. Aunque no haya ningún “caso positivo”, hay que preservar las mascarillas y la distancia social.

Ahora los “expertos” han cambiado de criterio. Dicen que los “hoteles de cuarentena” han sido ineficaces, por lo que están construyendo “campos de coronavirus”. No son temporales y no los llaman “campamentos” sino “centros internamiento”. Ya hay uno en los Territorios del Norte, se está construyendo otro en Melbourne y se acaba de aprobar la construcción de un tercero en Brisbane. Para subrayar que estas normas no son temporales, estos campos no comenzarán a estar operativos hasta el año que viene.

Por ahora, estos “centros de internamiento” están reservados a los viajeros que regresan, que deben someterse a una cuarentena supervisada obligatoria. Pero no es difícil que se conviertan en instalaciones casi permanentes para encerrar a los no vacunados.

El inicio de la revuelta

Pero los australianos han llegando al límite de lo que son capaces de soportar. El 24 de julio, Día Mundial de la Libertad, un gran número de personas salió a la calle a protestar y el pasado fin de semana se produjeron manifestaciones aún mayores en Melbourne, Brisbane y Sídney.

Las protestas públicas son la clave para ganar esta batalla. La negativa a cumplir con las restricciones funciona. El simple hecho de negarse a hacer lo que pretenden imponer, de manera masiva, es invencible. A las personas que tienen que acatar las normas por miedo y por presiones les muestra que no están solas.

Por eso los principales medios de comunicación se esfuerzan por desacreditar las movilizaciones con toda clase de adjetivos, especialmente el de “violentos”. Enumeran el número de policías heridos y no hacen referencia a los manifestantes heridos. Detallan el número de detenciones, manteniendo el anonimato para no humanizar a ningún disidente.

La policía australiana ha enviado cartas amenazantes a periodistas independientes, ha embestido a los manifestantes con sus coches, les han pisado la cabeza, les han rociado con gas pimienta y les han realizado maniobras de asfixia.

En Melbourne 1.500 policías salieron a la calle con equipo antidisturbios, levantaron barricadas por las calles, dispararon balas de goma contra la multitud y rociaron con gas pimienta a los manifestantes.

Huelga de los trabajadores del transporte

El movimiento de protesta es imparable y hay varias luchas en marcha. Los camioneros australianos, muy afectados por el confinamiento, planean una huelga a gran escala para el 31 de agosto y  aconsejan comprar provisiones (*).

Un conductor dijo en un vídeo que los camioneros pretenden “quitar al gobierno de mierda”. Estoy dispuesto a ir a la cárcel para salvar a mi país y a mis hijos, añadió.

Las cadenas de suministro pronto se verán interrumpidas y los camioneros instan a los australianos a abastecerse de víveres para pasar las próximas dos semanas.

Los camioneros de todo el mundo han publicado en internet consejos para impedir que la policía pueda remolcar los vehículos y sacarlos de las autopistas.

Los huelguistas han abierto una página para apoyar económicamente la lucha, que ha sido censurada después de recaudar casi 4.000 dólares para la caja de resistencia.

No es la primera vez que los camioneros australianos bloquean las carreteras para protestar contra las restricciones sanitarias. El mes pasado, varios conductores protestaron por el cierre temporal de una obra en construcción en Sidney aparcando sus vehículos en la autopista y haciendo sonar sus bocinas.

(*) https://www.dailymail.co.uk/news/article-9917753/Australian-truck-drivers-prepare-stage-Covid-protest-blocking-highway.html

Hacia una sociedad de vigilancia, control y exclusión

El 85 por ciento de la población española tiene un dispositivo móvil “inteligente”. Entre la juventud el porcentaje es casi del cien por cien, porque ya están habituados al control y la vigilancia.

Hasta hace muy poco tiempo la población era reacia a constituirse en un objeto de la atención de terceros a los que no conocía. Hoy a casi todos les gusta exhibirse en público. La observación ajena es la norma y no la excepción. Las posibilidades de escapar del control son cada vez más pequeñas porque la vigilancia alcanza a lugares que antes eran de acceso imposible.

El pasaporte sanitario ha barrido con uno de esos escasos lugares que -hasta ahora- era imposible alcanzar: los historiales médicos. Lo mismo que el permiso de residencia o cualquier otro salvoconducto, el pasaporte sanitario es excluyente: sin él no puedes subir a un autobús o ir al teatro.

Quien establece los que pueden subir a un autobús o ir el teatro es el Estado. Por lo tanto, quien controla a los que viajan en autobús o van al teatro es el Estado. Los modernos Estados capitalistas tratan a sus nacionales como a los extranjeros. A cada paso el grifo se abre y se cierra. Un servidor comprueba automáticamente que el registro está en regla, que el certificado ha sido expedido por la autoridad competente, que no ha caducado, identifica al titular, si se ha vacunado, si tiene antecedentes penales, si ha pagado sus impuestos…

Cualquiera ejerce de policía, es decir, que todos se han convertido en policías. Les basta con tener un lector de códigos para saberlo todo sobre una persona. Los movimientos se siguen exhaustivamente, se comprueban una y otra vez: dónde ha estado, con quién, cuánto tiempo, con quién ha hablado…

A comienzos de los noventa comenzó el despliegue de cámaras de videovilancia en los lugares clave de las ciudades, que luego se extiendieron a las carreteras. El control era limitado. Sólo se podían observar determinados puntos en determinados momentos. La policía no podía permanecer detrás de cada cámara las 24 horas del día. La identificación de una persona en una grabación tampoco era nada sencilla.

La policía establecía controles de carreteras o se situaba en ciertos lugares críticos para exigir la documentación, comprobar si había una orden de busca y captura o si el permiso de residencia estaba vigente. El control separaba a unos de otros y la discriminación suponía exclusión. Hacía falta un pasaporte, un visado, un permiso de residencia para estar y otro de trabajo para trabajar.

Una montaña de papeles abre y cierra las puertas. Sin papeles no te puedes casar, no puedes votar, no puedes conducir, no te puedes matricular, no puedes tener un arma de fuego ni abrir una cuenta corriente… Te pueden echar del trabajo, e incluso te pueden echar al otro lado de la frontera como si fueras un perro callejero.

Hasta ahora el Estado burgués sólo había podido imponer el control sobre los extranjeros por la complejidad de la maquinaria burocrática. La informática les ha permitido ir un paso más allá y con la pandemia han dado ese salto: un control total e instantáneo. El pasaporte sanitario traduce en represión los avances técnicos que eliminan las viejas barreras y permiten que el control se extienda a toda la población, a una gran variedad de lugares y actividades.

Los códigos de barras y los QR consiguen que la escritura y lectura de la información sean instantáneos. Como el cifrado permite, además, asegurar la integridad y autenticidad de dicha información, el Estado ha adoptado la técnica como propia, logrando resultados impensables hace sólo unos pocos años. En particular, permite a miles de personas que no son funcionarios públicos controlar a toda la población en numerosos lugares públicos, con un coste cero para el Estado, ya que la mayor parte de la infraestructura (los móviles) ya ha sido financiada de forma privada por los encargados del control o por las víctimas del mismo.

En consecuecia, el Estado burgués dispone de los medios materiales para regular el espacio público de manera casi completa. El reforzamiento de la dominación del Estado lleva varios años en marcha y su objetivo es transformar las ciudades regulando el espacio público y las personas que se mueven en él con el despliegue de las nuevas técnicas.

Los drones mejoran a las cámaras de videogilancia porque alcanzan cualquier lugar. El reconocimiento facial logra la identificación casi automática de las personas filmadas en los espacios públicos. No es necesario sentar a un policía detrás de cada cámara y de cada grabación.

La vigilancia del espacio público ni siquiera requiere un control de identidad. Cuando una grabación detecta que alguien hace un pintada en un muro o coloca una pancarta en puente, lo importante no siempre es el autor, sino también el lugar en el que se realiza.

Del mismo modo, originariamente el pasaporte sanitario se diseñó para funcionar sin el nombre del portador y eso mismo es lo que algunas empresas proponen. En otras palabras, lo que le importa al Estado es excluir a determinadas personas, sin que importe nada su nombre. Hay que excluir de la sociedad a quien no se vacune lo mismo que a quien hace una pintada. Finalmente, hay que lograr que las personas que no se someten a las normas, se autoexcluyan.

La adopción masiva del pasaporte sanitario forma parte, pues, de una batalla cultural para acostumbrar a la población a someterse al control y la vigilancia. El hábito facilita al Estado la dominación del espacio público. Lo importante no es tener el documento guardado en el móvil, sino la costumbre de exhibirlo, del mismo modo que lo importante de las mascarillas no es prevenir la ciculación del virus, sino acostumbrar a las personas a someterse a cualquier orden, por absurda que sea.

Hasta hoy los “expertos” de las ONG sólo calificaban a los parias como “personas en riesgo de exclusión social”. De ahora en adelante la “exclusión social” se va a ampliar considerablemente con nuevos parias que, además de mendigos, incluirá a otra categoría social: los reacios y desobedientes.

La política ‘cero covid’ es un descenso a los peores infiernos que ha conocido la humanidad

Aunque no hay “casos positivos” en Canberra, a una mujer le denegaron el salvoconducto para viajar a Queensland para visitar por última vez a su padre moribundo.

El año pasado, en Nueva Gales del Sur, una mujer perdió a su bebé recién nacido al no poder recibir tratamiento médico a tiempo en Brisbane ya que los trámites necesarios para cruzar la frontera del estado y entrar en el hospital para recibir atención de urgencia se prolongaron interminablemente.

A una abuela de Sidney totalmente vacunada también le denegaron un permiso para viajar a Melbourne para cuidar a sus nietos, mientras su hija luchaba contra un cáncer de mama avanzado.

Como ya relatamos en febrero, en un pueblo del interior de Australia, una mujer embarazada publicó en Facebook su apoyo a una protesta contra el confinamiento en Victoria. Fue esposada y detenida en su casa de madrugada por la policía, delante de sus hijos.

Gladys Berejiklian, Primera Ministra de Nueva Gales del Sur, ha anunciado que la población de Sidney permanecerá confinada hasta octubre.

Soldados y helicópteros de la policía patrullan las calles y el cielo de Sidney para vigilar que los residentes cumplan con el confinamiento. El 14 de agosto el Primer Ministro del mayor estado de Australia declaraba que la actual pandemia es “literalmente una guerra”.

En algunos barrios de Sidney han impuesto el toque de queda de las 21 a las 5 horas de la madrugada y el ejercicio al aire libre está limitado a una hora al día.

A los vecinos de la capital australiana les han informado del chantaje: las restricciones no se levantarán hasta que al menos el 70 por ciento de la población haya sido completamente vacunada.

En Australia no ha habido ninguna pademia. El número de fallecimientos atribuidos oficialmente al coronavirus no llega a mil, de una población de más de 25 millones de habitantes.

En Nueva Zelanda tampoco ha habido pandemia. Sólo 26 muertes se atribuyen oficialmente al coronavirus, para una población de cinco millones de habitantes.

La Primera Ministra neozelandesa, Jacinda Arden, mantiene la misma política de “cero covid” que los australianos mediante estrictos cierres de fronteras y confinamientos.

La delirante política de “cero covid” significa que un solo “caso positivo” puede dar lugar a un confinamiento general, como ya explicamos. A principios de esta semana la Primera Ministra anunció un confinamiento que duraría tres días, pero el viernes lo amplió a una semana entera.

Como no ha habido pandemia, el año pasado Australia y Nueva Zelanda eran los modelos de “exito” que los medios exhibían ante sus lectores. Era necesaria “mano dura” para contener la expansión del virus, decían.

Ahora se echan las manos a la cabeza. La brutalidad de las medidas sociales impuestas ha destapado muchas lacras de ambas sociedades australes. Si, en efecto, la pandemia es una guerra, pero no contra ningún virus.

A la cárcel por convocar manifestaciones contra el confinamiento en Australia

Anthony Khallouf, uno de los convocantes de las protestas contra el confinamiento en Australia, ha sido condenado a ocho meses de prisión por organizar una manifestación no autorizada en Sídney, así como por múltiples infracciones de las ordenanzas de salud pública.

El mes pasado Khallouf, de 29 años, fue uno de los convocantes de las protestas contra el confinamiento. Es una figura clave del movimiento y fue detenido por la policía el jueves en Sidney tras viajar desde Queensland incumpliendo las restricciones impuestas con el pretexto de la pandemia.

Khallouf compareció el viernes ante el tribunal local de Hornsby, acusado de infringir las ordenanzas de salud pública, incluido el viaje desde Queensland a Sidney y su participación en la organización de la protesta no autorizada de ayer en Melbourne, en la que se produjeron disturbios y enfrentamientos con la policía.

En otras otras ciudades australianas también se celebraron manifestaciones contra el confinamiento.

Khallouf se declaró culpable de cuatro incumplimientos de las órdenes relativas a la pandemia, de incitación a la comisión de delitos y de falsa representación que dio lugar a una investigación policial.

El viernes por la tarde la policía de Nueva Gales del Sur informó en un comunicado de que había sido condenado a un máximo de ocho meses de prisión, con un periodo de encierro de tres meses.

Khallouf es el fundador de “Australians vs The Agenda”, uno de los movimientos más importantes contra el confinamiento, con más de 12.000 seguidores en su cuenta de Telegram. Originario de Victoria, el año pasado fue acusado de incitación por organizar una protesta en Melbourne.

El mes pasado el canal de Telegram fue clave para organizar protestas en ciudades de toda Australia, compartiendo gráficos que promovían concentraciones por la libertad en Australia y pidiendo ayuda para distribuir miles de folletos para una concentración mundial por la libertad.

—https://www.theaustralian.com.au/breaking-news/man-in-prison-after-plotting-fresh-antilockdown-protest-for-sydney/news-story/c8dc7bed6e86cca9b562ab4b0b298d08

Las restricciones son sólo para los pringaos: Nicole Kidman no guarda cuarentena en Hong Kong

Las leyes no son iguales para todos, ni siquiera las sanitarias. Las estrellas de Hollywood no tienen que guardar cuarentena, a diferencia de los demás vecinos y visitantes de Hong Kong.

A la actriz Nicole Kidman le concedieron un permiso especial para saltarse la cuarentena y rodar su último proyecto cinematográfico.

El jueves el gobierno de Hong Kong reconoció que había concedido una exención de cuarentena a la actriz para que realizara un “trabajo profesional designado”.

La actriz se encuentra en Hong Kong rodando la serie “The Expats” para la multinacional Amazon. No ha tenido que cumplir una cuarentena obligatoria de 21 días en su habitación de hotel tras entrar en la ciudad.

La estrella voló desde Sidney (Australia) el 12 de agosto en un jet privado y desde entonces ha estado de compras por las tiendas de Hong Kong, mientras los demás visitantes se ven sometidos a la cuarentena.

—https://www.screendaily.com/news/backlash-as-hong-kong-waives-quarantine-rules-for-nicole-kidman/5162552.article

Prohibido entrar a la playa sin el pasaporte de vacunas

A la ya larga lista de lugares a los que ahora en Francia sólo se puede acceder con un pasaporte sanitario, se añaden también las playas… pero no todas.

Desde el 9 de agosto cafés, bares, restaurantes, cines, museos… El inventario de establecimientos sujetos al pasaporte de vacunas es ya bastante amplio. La nueva ley de sanidad, que obliga a presentar un pasaporte para acceder a las “actividades de ocio”, también prevé la presencia del documento para acudir a las playas privadas. Sin embargo, esta medida no se menciona directamente en el texto de la ley.

Exigir un pasaporte sanitario en una playa privada puede parecer tanto más extraño cuanto que el acceso a la playa pública sigue siendo gratuito. ¿Sólo hay virus en las playas privadas?

La diferencia de trato se explica porque los bares y restaurantes se pueden instalar en las playas privadas. Según la ley de sanidad promulgada el 5 de agosto, las actividades comerciales de restauración o los establecimientos de bebidas están sometidos al pasaporte.

Al igual que en los cines o en los pabellones deportivos, la introducción del pasaporte sanitario en las playas privadas, incluso en temporada alta, ha reducido el número de visitantes. En la playa privada de Niza, Cocoon Beach, que tomó la delantera obligando a sus clientes a presentar el pasaporte incluso antes de que la medida entrara en vigor el 9 de agosto, ya ha provocado una pérdida del 30 por ciento de la facturación.

El pasaporte sanitario, introducido inicialmente en Francia el 9 de junio para las reuniones de más de 1.000 personas, se amplió el 21 de julio a todos los lugares públicos que reciban más de 50 personas y, desde el 9 de agosto, a los cafés, restaurantes, transportes de largo recorrido y hospitales, así como a los grandes almacenes y centros comerciales de las regiones con una tasa de incidencia superior a 200 por cada 100.000 habitantes.

Un mes después de la puesta en marcha del movimiento popular contra el pasaporte provocado por el anuncio de Macron de 12 de julio, los manifestantes no parecen retroceder, sino todo lo contrario. Cada sábado, el número de manifestantes bate el récord de la concentración anterior. Si el 7 de agosto salieron a la calle más de 237.000 personas, se espera que el sábado 14 de agosto se reúnan en las calles francesas cerca de 250.000 personas.

—https://fr.sputniknews.com/societe/202108141045997560-certaines-plages-ne-sont-desormais-accessibles-quaux-personnes-munies-dun-pass-sanitaire/

El gobierno israelí impone el pasaporte sanitario a los niños a partir de los tres años

El 29 de julio el gobierno israelí impuso el pasaporte sanitario, que permite el acceso a determinados lugares sólo a las personas totalmente vacunadas, “curadas del virus” o con un test negativo.

Ahora el control policial se extiende a los niños con edad comprendida entre los 3 y los 12 años. Forma parte de las nuevas restricciones, según anunció el gobierno el miércoles por la noche.

El domingo Israel creó centros para realizar pruebas rápidas de antígenos en todo el país, a cargo del servicio de emergencias Magen David Adom (MDA), e hizo obligatoria la cuarentena para las personas que regresen de la mayoría de los países del mundo, estén o no vacunadas.

Los controles en los centros cuestan 52 shekels (unos 17 euros) y permiten al titular obtener un pasaporte sanitario expedido por el Ministerio de Sanidad, válido durante 24 horas. “Lo pagará el Estado para los niños de 3 a 12 años a partir del 18 de agosto, cuando la medida entre en vigor”, dijo la oficina del Primer Ministro en un comunicado.

Israel fue uno de los primeros países en lanzar una campaña de vacunación masiva en diciembre, gracias a un acuerdo con el gigante farmacéutico Pfizer. El acuerdo permitió al Estado hebreo acceder rápidamente a millones de dosis pagadas a cambio de información confidencial sobre los efectos adversos de la vacuna.

A pesar de la vacunación el número de “casos” ha seguido en aumento, especialmente entre los vacunados.

El gobierno australiano propone ir de puerta en puerta para realizar pruebas masivas de coronavirus

“Estamos preparados para hacer lo que hay que hacer”, dijo Daniel Andrews, Primer Ministro de Victoria, incluso ir “puerta por puerta” para realizar las pruebas obligatorias de coronavirus a los australianos.

Andrews hizo estos comentarios en una rueda de prensa mientras Australia continúa con su ridícula política de “covid cero”, que impone medidas draconianas de confinamiento con el pretexto de un puñado de “nuevos casos”.

“No estamos en un punto en el que tengamos que ir de puerta en puerta”, dijo Andrews. “No estamos en un punto en el que necesitemos que suburbios enteros salgan a examinarse. Si llegamos a ese punto, no dudaremos. Creo que hemos demostrado, de hecho sé que hemos demostrado que estamos preparados para hacer lo que hay que hacer, sea popular o no”, añadió.

Dado que en algunas partes del país los militares están imponiendo a la fuerza las medidas de confinamiento y cuarentena, cabe preguntarse cómo tratarán a quienes no quieran someterse a las pruebas.

Con sus argumentos ya no embaucan a nadie, y si dan el paso de imponer la obligatoriedad de las pruebas de coronavirus puerta a puerta, lo siguiente será la obligatoriedad de las vacunas puerta a puerta.

Andrews señaló que quienes se nieguen a ser vacunados serán discriminados y permanecerán indefinidamente sujetos a las normas de confinamiento de facto. “Es una conversación difícil de mantener con la gente ahora, en un tono casi amenazante, cuando la gente que quiere vacunarse no puede hacerlo porque no tenemos suficiente material. Pero llegará un momento en que creo que las restricciones se aplicarán a los que no se han vacunado, en lugar de que las restricciones se apliquen a todos nosotros”, dijo.

“Para entrar en un recinto, para asistir a un evento importante, para participar plenamente como cliente, como poseedor de una entrada, como consumidor, como espectador, como quieras verlo, estar vacunado significará que entras, y estar vacunado significará que no”, amenazó.

Australia ha impuesto uno de los confinamientos más brutales del mundo desarrollado, con la exigencia de llevar mascarilla al aire libre, lo que ha provocado innumerables detenciones y escenas impactantes como la de la semana pasada en Brisbane, donde un anciano sufrió un infarto tras ser acosado por la policía por no llevar mascarilla mientras hacía ejercicio al aire libre.

El gobierno también ha ordenado a los australianos que se mantengan alejados de sus nietos y que no entablen conversación entre ellos, aunque lleven mascarilla.

Las personas que publican informaciones críticas sobre el confinamiento en las redes pueden ser multadas con hasta 11.000 dólares en virtud de una nueva ley.

Mientras tanto, algunos australianos están siendo llevados a la fuerza a manicomios contra su voluntad si no están de acuerdo con las explicaciones oficiales sobre el coronavirus.

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado

La pandemia, sea real o ficticia, que a efectos políticos tanto da, no ha sido la causa de nada nuevo, de nada que no se conociera antes, sino simplemente el catalizador de proyectos que el capitalismo tenía sobre la mesa para afrontar la mayor crisis que ha conocido a lo largo de su historia.

“A grandes males, grandes remedios”, dice el refrán y, en efecto, si no hubiera habido pandemia, se la hubieran tenido que inventar, lo mismo que la armas de destrucción masiva que Saddam Hussein tenía en su poder y que dieron lugar a la famosa frase de Karl Rove, el portavoz de la Casa Blanca entonces:

“Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras [Ustedes] estudian esa realidad —juiciosamente, si quiere— actuaremos de nuevo, creando otras nuevas realidades, que podrá estudiar de nuevo, y así las cosas continuarán. Somos [los creadores] de la historia […] Y Ustedes, todos ustedes, sólo tendrán que estudiar lo que hemos [creado]”.

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado. Es el reverso de la crisis que ya ha comenzado, una crisis a la vez económica, política e internacional. Es una crisis que no pueden mitigar de ninguna manera; a lo único que pueden aspirar es a sofocar el descontento social que va generar en el mundo entero.

La salud ha sido el pretexto para poner en marcha medidas represivas que no hubiera sido posible justificar de ninguna otra manera. Además, la salud ha permitido que el reformismo se convirtiera en el más sólido puntal del estado de guerra y las restricciones. Los grupos reformistas han afirmado muy claramente -incluso- que la represión implementada era poca y que estaban dispuestos a apoyar más restricciones, porque la salud es lo primero y está por encima de todo y de todos.

Para justificar su sucia labor de apoyo, los reformistas han vuelto a airear el fantasma de la “ultraderecha”, de manera que cualquier crítica era tachada de “negacionismo” y, en consecuencia, asimilada al fascismo. De esa manera el reformismo apoya la represión y quien la combate es un fascista; por lo tanto, son los fascistas los que luchan contra la represión…

Ese tipo de planteamientos han causado una enorme confusión, con la aparición de un nuevo arsenal de vocablos y neologismos, señal inequívoca de la profundidad de la crisis.

En medio de la misma, la burguesía ha puesto en marcha sus planes en apenas un año. Sólo con comprobar las que ya están en funcionamiento, cabe asegurar que marcarán para siempre el futuro de las formas de dominación y control social, especialmente en los países capitalistas avanzados. Lo que antes parecía ciencia ficcion, propia del cine fantástico, ya ha sido introducido entre los hábitos de millones de personas.

A los materialistas les gusta decir que la conciencia va por detrás del desarrollo de los acontecimientos, y aquí tienen uno de los mejores ejemplos. Da igual el tiempo que tarde la niebla en disiparse. Una nueva realidad se nos ha venido encima. En buena parte está trufada de tecnología y de informática, aunque eso no cambia en absoluto el hecho de que se trata de medidas de control social y de dominación política que no sustituyen a las anteriores, sino que las complementan.

El Senado francés lo ha explicado con mucha claridad: a diferencia de las restricciones “físicas”, que no se pueden soportar si se prolongan en el tiempo, las digitales son permanentes y en consecuencia, cumplen el mismo papel mucho más eficazmente (*):

“Las oportunidades de uso de las tecnologías digitales son inmensas, y la crisis de Covid-19 sólo ha dado una muestra de los muchos casos de uso posibles a corto, medio y largo plazo.

“Aunque la pandemia de Covid-19 no ha terminado, y es probable que no sea ni la última ni la más fuerte, sería irresponsable no aprovechar estas oportunidades. Las restricciones generalizadas de las libertades ‘físicas’ en los últimos meses son cada vez más insostenibles. No son sostenibles ni siquiera muy eficaces en comparación con lo que permitiría un uso más sistemático de la tecnología digital.

“El uso de la tecnología digital permitiría un control preciso del cumplimiento de las medidas sanitarias, a escala individual y en tiempo real: a cambio, las restricciones podrían dirigirse a un número reducido de personas, y ser más limitadas en el tiempo, sin dejar de ser lo más eficaces posible. Quizás el día de mañana, gracias a la tecnología digital, podamos recuperar nuestras libertades ‘físicas’ más rápidamente, o incluso no renunciar a ellas nunca, y tener pandemias sin confinamiento, aunque no haya vacuna ni tratamiento”.

No se trata de algo exclusivo de las crisis sanitarias sino a cuaquier clase de crisis y, por lo tanto a cualquier situación política y social, porque las crisis las definen los gobiernos respectivos, tanto si son reales, como si son simuladas, o si son exageradas:

“Los casos de uso más evidentes [de las herramientas informáticas] se refieren al control del cumplimiento de las normas destinadas a limitar la transmisión del virus (pase sanitario, toques de queda, confinamientos, cuarentenas, etc.), lo que implica el cruce de tres tipos de datos: los datos de identificación, los datos médicos y los datos de localización (desde los más intrusivos, con el seguimiento por GPS, hasta los más ligeros y ocasionales, con el acceso condicionado a determinados lugares, pasando por los datos de localización relativa con el rastreo de contactos).

“La utilidad de las herramientas digitales en la gestión de crisis va más allá del ámbito sanitario y se extiende a otros tipos de crisis […] que tienen en común que presentan un peligro elevado e inminente para la población, lo que exige una respuesta rápida y eficaz. Pueden ser el resultado de un ataque deliberado (convencional o terrorista, en particular bioterrorista), pero también de un accidente industrial o de una catástrofe natural […] Todas estas situaciones pueden requerir la rápida identificación de las personas, la evaluación de su estado de salud o de los riesgos a los que se enfrentan, y su localización precisa para poder prestarles ayuda”.

A buen entendedor…

(*) http://www.senat.fr/rap/r20-673/r20-6738.html

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies