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Ya nadie se acuerda de los que cortaban cabezas en Siria

El domingo un señor de la guerra, Abu Mohammed Al Jolani, apodo de Ahmed Hussein Al Shara, entró triunfalmente en Damasco al frente de sus huestes y, sorpresivamente, los medios de comunicación cambiaron sus diccionarios. Nada más llegar al gobierno, Al Qaeda ya no es lo todos creían que era. A partir de ahora todos se preguntan lo que va a ser.

La primera aparición en público del movimiento “Hayat Tahrir Al Sham”, que acaba de tomar el control de la capital siria, provocando escenas de júbilo, se remonta a 2012, bajo el nombre de “Frente Al Nosra para los Pueblos de Levante”, sin otro fin que evadir el listado de organizaciones terrorista en el que habían incluido a Al Qaeda. Pero en 2017 el FBI ofreció una recompensa de 10 millones de dólares por información que condujera a la captura de Al Jolani.

Hay una buena experiencia para saber lo que HTS puede llegar a ser en el futuro inmediato : durante años HTS (Hayat Tahrir Al Sham, Frente Al Nosra, Al Qaeda) ha gobernado en la provincia siria de Idlib. Habría que preguntarles a los vecinos de la zona.

En el gobierno de Idlib Al Jolani colocó a funcionarios como Abdul Rahim Attun, un “legislador de la sharia”, encargado de los decretos religiosos (fatwa), Zaid Al Attar de asuntos exteriores y “Abo Ahmed Hudud” de la seguridad, con el objetivo de liquidar a cualquier oponente.

Este invierno, la región de Alepo fue escenario de manifestaciones masivas, particularmente en la zona del “Escudo del Éufrates”. Las más importantes tuvieron lugar en la “rotonda del reloj”, en el centro de la ciudad, el 27 de febrero y después de las oraciones del viernes, el 1 de marzo.

A los medios se les ha olvidado contar aquellas movilizaciones. “Jolani no te queremos”, “Julani, agente, usted es el enemigo de nuestra revolución”, coreaban los manifestantes que llenaron las calles de Idlib y las páginas de las redes sociales. Querían liberar a los detenidos y presos de las cárceles de HTS.

En Idlib la norma eran las detenciones arbitrarias, el asesinato, las detenciones y el saqueo de un población hambrienta. Un grupo de juristas elaboró un expediente sobre las prisiones y torturas en los centros de detención de los mercenarios de HTS. En la mayoría de los presos liberados de la cárcel aparecieron rastros de las torturas padecidas.

En abril de 2021, en una entrevista con un periodista estadounidense, Al Jolani indicó que su movimiento no representaba ninguna amenaza para Estados Unidos ni para Europa y que debía ser eliminado de la lista de organizaciones terroristas.

El dirigente yihadista indicó que “su papel se limita a luchar contra el presidente sirio Bashar Al Assad y el Califato Islámico, que también controla una zona donde millones de sirios desplazados podrían convertirse en refugiados, lo que refleja intereses comunes con Estados Unidos y Occidente”.

“Esta región no representa una amenaza para la seguridad de Europa y Estados Unidos”, añadió. “No dijimos que queríamos pelear. He cortado mis relaciones con Al Qaeda. Incluso en el pasado mi grupo se opuso a llevar a cabo operaciones fuera de Siria”.

En 2012 Obama incluyó al Frente Al Nosra en su lista de organizaciones terroristas. La organización había cometido la mayoría de los atentados terroristas en Siria antes de la llegada del Califato Islámico.

HTS también está en la lista de organizaciones terroristas de la ONU. En 2013 la Casa Blanca calificó a Al Jolani de terrorista y ofreció una recompensa de 10 millones de dólares por información que condujera a su detención.

Al Jolani eligió al canal qatarí Al Jazeera, portavoz de la Hermandad Musulmana, para hablar de su lucha contra el gobierno de Bashar al-Assad. “Pronto alcanzaremos la victoria […] Es sólo cuestión de días”, afirmó entonces.

En Idlib HTS había tendido puentes hacia Turquía y las monarquías petroleras del Golfo. Con los funcionarios turcos y qataríes en buenas relaciones con los saudíes, el dirigente yihadista nunca tuvo que preocuparse.

Estados Unidos le ha perdonado. El dirigente terrorista ha hecho un magnífico trabajo en Siria, que debe ser recompensado con un cambio de etiquetas, otro más. Ya no es un terrorista sino un dirigente “pragmático”. Albares, el jardinero más fiel, también ha propuesto sacar a HTS del listado de organizaciones terroristas.

Los medios de comunicación ya no se quieren acordar de los que cortaban las cabezas en Siria.

Estados Unidos e Israel reactivaron Al Qaeda para la ofensiva en Siria

Durante la presidencia de Obama, el gobierno de Estados Unidos inyectó en secreto miles de millones en una operación encubierta para derrocar al gobierno de Bashar Al Assad. El programa “Timber Sycamore” de la CIA, una de las operaciones más caras de la central, en su apogeo canalizó 100.000 dólares por militante sirio entrenado, muchos de los cuales acabarían luchando bajo la bandera de la CIA en facciones vinculadas a Al Qaeda.

El alcance del papel de Washington quedó revelado por documentos filtrados, que revelaron una sorprendente admisión del entonces subjefe de gabinete Jake Sullivan a Hillary Clinton en 2012: Al-Qaeda “está de nuestro lado en Siria”. El coordinador para Oriente Medio del Consejo de Seguridad Nacional, Brett McGurk, llamó más tarde a Idlib “el mayor refugio seguro de Al Qaeda desde el 11 de septiembre de 2001”.

En una audiencia de 2020 del Subcomité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, Dana Stroul, a quien el gobierno de Biden convertiría en subsecretaria de Defensa para Oriente Medio, argumentó que “Rusia e Irán no tienen los recursos necesarios para estabilizar o reconstruir Siria”. Destacó que la ya tambaleante economía siria “continúa decayendo”, una situación empeorada por la crisis económica en Líbano y el régimen de sanciones impuesto por Estados Unidos.

Stroul continuó sugiriendo que “aquí tenemos una oportunidad”, abogando por un enfoque proactivo. Propuso que Estados Unidos comenzara a planificar cómo “aprovechar el próximo aumento de la violencia para reiniciar un proceso político”. Stroul continuó enfatizando que esta estrategia debería incluir un acercamiento de Estados Unidos a Turquía, manteniendo al mismo tiempo una postura firme en cuestiones políticas, sanciones y la retención de la ayuda a la reconstrucción.

El objetivo no ha cambiado: expulsar a Irán del territorio sirio y obligar a Damasco a renunciar a su alianza con Hezbollah. Esta pretensión es más que una estrategia, es una visión que apunta a remodelar el equilibrio de poder en la región a favor de los intereses israelíes y estadounidenses.

Tras la captura de Alepo por parte de HTS (Hayat Tahrir Al Sham), Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos aprovecharon la oportunidad para promover su visión de un nuevo Oriente Medio con precisión calculada, haciendo una oferta que toca el corazón de la lucha de Siria: el alivio de las sanciones a cambio de cortar los lazos con Irán, un viejo aliado.

A principios de este año, la coalición de cabilderos a favor del cambio de régimen, llamada Coalición Estadounidense para Siria, se reunió con funcionarios estadounidenses en Washington en su día anual de promoción, durante la cual abogaron por la financiación de grupos vinculados a Al Qaeda. El jefe de gabinete del senador republicano por Florida, Rick Scott, aseguró a los partidarios de la oposición siria que “los israelíes quieren que ustedes estén al mando”.

Los análistas proisraelíes, como el Instituto de Washington para la Política del Cercano Oriente, describen una Liga Árabe que ha cambiado su postura para apoyar a Damasco. Sin embargo, este apoyo viene con un objetivo calculado: promover un proyecto antiiraní que se alinee con los objetivos de Estados Unidos e Israel (1).

El objetivo principal es claro: una solución negociada en Siria que obligue al presidente Bashar al-Assad a romper relaciones con Irán y poner fin a las entregas de armas a Hezbollah.

En los últimos años, con la guerra en Siria estancada, los responsables de la política exterior occidental han tratado de cambiar por enésima vez el nombre de HTS. El renacimiento del dirigente de la organización, Abu Mohammad Al Jolani, fue el elemento central de la operación. Conocido por su uniforme militar, Al Jolani reapareció en la televisión estadounidense bajo una luz radicalmente diferente, vistiendo un traje y presentándose como un dirigente educado y formal (2).

En su análisis de HTS, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un grupo de expertos con sede en Washington, señaló lo siguiente: “Los mensajes de HTS han dejado en claro sus medidas de ‘sirianización’, sus campañas antiterroristas contra grupos islamistas transnacionales y sus esfuerzos por establecer una estructura de gobierno en el norte de Idlib. Este mensaje persistente y la falta de operaciones militares fuera de las áreas controladas por HTS indican que el grupo continuará posicionándose como una fuerza dirigente relativamente moderada en Siria con el objetivo de recibir ayuda, recursos y posiblemente reconocimiento internacional”.

James Jeffrey, antiguo embajador de Estados Unidos y representante especial en tiempos del anterior gobierno de Trump, describió a HTS como “un activo” para la estrategia de Estados Unidos en Idlib (3).

La nueva cara de HTS ha surgido a pesar de los informes condenatorios sobre torturas y violaciones de los derechos humanos, y el grupo incluso ha atacado a periodistas en Idlib que simpatizan con su causa. Un informe de la ONU de 2020 nubló aún más el panorama, señalando que todas las facciones importantes en Siria, incluido HTS, han recurrido a niños soldados para engrosar sus filas.

Si bien Estados Unidos se distancia públicamente de cualquier participación directa en la última escalada en Siria, la realidad es más compleja. Al apoyar abiertamente a grupos oficialmente designados como organizaciones terroristas, se exponen a graves inconvenientes que Washington prefiere evitar.

(1) https://www.csis.org/analysis/syrian-rebels-surprise-offensive-highlights-assad-regimes-weakness
(2) https://www.facebook.com/PBSAmerica/videos/the-jihadist/840556423322986/
(3) https://www.pbs.org/wgbh/frontline/article/abu-mohammad-al-jolani-interview-hayat-tahrir-al-sham-syria-al-qaeda/

La bandera negra ondea sobre Damasco

El grupo yihadista que derrocó a Bashar Al Assad se encuentra actualmente en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado. Este mismo grupo está en la lista de organizaciones terroristas de la ONU. El cabecilla, Abu Mohammad Al Jolani, tiene una recompensa del gobierno estadounidense por valor de diez millones de dólares. Esa información no se ha hecho pública porque los medios no quieren que el pueblo estadounidense sepa que Washington acaba de ayudar a instalar un régimen terrorista en Oriente Medio. Sin embargo, eso es lo que realmente sucede.

Incluso es peor de lo que parece porque, en última instancia, la campaña siria, que ha durado 13 años, en realidad no tiene como objetivo a Siria, sino a Irán. Siria es sólo el último obstáculo en el camino hacia Teherán, la guinda del pastel. Al eliminar a Irán, Israel ocupará la “cabeza de puente” en Oriente Medio y se establecerá como potencia hegemónica en la región.

Mientras tanto, el Tío Sam consigue acceso a los gasoductos que ha codiciado durante más de veinte años, corredores que transportarán gas desde Qatar al Mediterráneo y luego a los mercados europeos. El gas será suministrado por un títere de Estados Unidos, operado por empresas petroleras occidentales, vendido en dólares estadounidenses y utilizado para mantener un dominio absoluto sobre la política europea. Al mismo tiempo, todos los demás competidores serán sancionados, saboteados o completamente excluidos.

La mayoría de la gente desconoce hasta qué punto el gasoducto ha determinado los acontecimientos en Siria, convirtiendo a ese país en blanco de la agresión estadounidense. Pero desde 1949 hasta la actualidad, los servicios de inteligencia estadounidenses han intentado repetidamente derrocar al jefe del gobierno sirio para supervisar y controlar un oleoducto transárabe destinado a conectar los campos petrolíferos de Arabia Saudita con los puertos del Líbano a través de Siria.

El gasoducto transárabe

La CIA inició su interferencia activa en Siria en 1949, apenas un año después de la creación de la agencia. Los patriotas sirios declararon la guerra a los nazis, expulsaron a los gobernantes coloniales franceses de Vichy y establecieron una frágil democracia secular basada en el modelo estadounidense. Pero en marzo de 1949 el presidente democráticamente elegido de Siria, Shukri Al Quwatli, dudó en aprobar el oleoducto transárabe, un proyecto estadounidense destinado a conectar los campos petrolíferos de Arabia saudí con los puertos de Líbano a través de Siria. En su libro ‘Legacy of Ashes’, el historiador de la CIA Tim Weiner relata que en represalia por la falta de entusiasmo de Al Quwatli por el oleoducto estadounidense, la CIA dio un golpe de estado para reemplazarle por un dictador seleccionado por ellos, un delincuente convicto llamado Husni Al Zaim, que apenas tuvo tiempo de disolver el parlamento y aprobar el oleoducto estadounidense antes de que sus compatriotas lo acusaran, cuatro meses y medio después de comenzar su reinado.

La larga historia de las operaciones encubiertas de Washington contra Siria está bien documentada. Estados Unidos decidió hacer “lo que fuera necesario” para derrocar al régimen y lo reemplazó por un lacayo complaciente.

La guerra contra Bashar Al Assad no comenzó con las protestas civiles pacíficas de la Primavera Árabe en 2011. Más bien, comenzó en 2000, cuando Qatar propuso construir un gasoducto de 1.500 kilómetros y valorado en 10.000 millones de dólares a través de Arabia saudí, Jordania, Siria y Turquía. Qatar comparte con Irán el campo de gas South Pars/North Dome, el depósito de gas natural más rico del mundo. El embargo comercial internacional prohibía hasta hace poco a Irán vender gas en el extranjero. Mientras tanto, el gas de Qatar sólo puede llegar a los mercados europeos si se licua y se envía por mar, una ruta que limita los volúmenes y aumenta significativamente los costes. El gasoducto propuesto habría vinculado directamente a Qatar con los mercados energéticos europeos a través de terminales de distribución en Turquía, que se habrían embolsado importantes derechos de tránsito. El gasoducto Qatar-Turquía daría a los reinos suníes del Golfo Pérsico un dominio decisivo sobre los mercados mundiales de gas natural y fortalecería a Qatar, el aliado más cercano de Estados Unidos en el mundo árabe. Qatar alberga dos enormes bases militares estadounidenses y el cuartel general del Comando Central de Estados Unidos para Oriente Medio.

Es la razón por la que Siria desempeña un papel tan importante en los planes geopolíticos de Estados Unidos para controlar recursos cruciales para preservar el dominio del dólar y contener el explosivo crecimiento económico de China. Estados Unidos está decidido a controlar los vastos recursos de Oriente Medio para mantener su hegemonía en el mundo.

Al aprobar un ‘gasoducto islámico’ aprobado por Rusia que conectaría la parte iraní del yacimiento de gas con los puertos de Siria y Líbano, Assad enfureció aún más a los monarcas del Golfo. Aquel gasoducto convertiría al Irán chiita, y no al Qatar suní, en el principal proveedor del mercado energético europeo y aumentaría significativamente la influencia de Teherán en Oriente Medio y en todo el mundo. Israel también estaba decidido a frustrar el oleoducto islámico, que enriquecería a Irán y Siria, contribuyendo así a la prosperidad de sus representantes, Hezbollah y Hamas.

Los cables e informes secretos de las agencias de inteligencia estadounidenses, sauditas e israelíes indican que tan pronto como Assad rechazó el gasoducto de Qatar, los planificadores militares y de inteligencia rápidamente alcanzaron un consenso para fomentar un levantamiento sunita en Siria para derrocar al poco cooperativo Bashar Al Assad y finalizar el enlace gasístico entre Qatar y Turquía.

En 2009 poco después de que Bashar Assad rechazara el gasoducto de Qatar, la CIA comenzó a financiar grupos de oposición en Siria. Eso ocurrió mucho antes del levantamiento contra Assad desencadenado por la Primavera Árabe.

Al validar el “gasoducto islámico”, Assad quedó malparado. Washington nunca permitiría que tal escenario se hiciera realidad. Estados Unidos estaba comprometido a controlar los recursos críticos de Oriente Medio en un esfuerzo por contener a China y mantener su control cada vez más incierto sobre los asuntos mundiales.

Los Acuerdos de Abraham

Los Acuerdos de Abraham forman parte de esa estrategia, al normalizar las relaciones entre Israel y sus vecinos islámicos (principalmente Arabia saudí, con el fin de crear un corredor económico que favorezca el transporte rápido de productos manufacturados) y la integración económica de la región como principal vector de su primacía sobre el resto del mundo. Eso no significa que las ambiciones de Israel de dominar Oriente Medio no hayan sido la fuerza impulsora de la guerra. Así ha sido en Siria y el derrocamiento de Assad, pero otras consideraciones, de naturaleza geopolítica, también influyeron.

Por eso Estados Unidos quería establecer un gobierno más receptivo a los intereses de Washington. Sin embargo, es difícil entender cómo se supone que funciona todo esto. Assad se ha ido y Al Qaeda ha ganado. Lo sabemos. ¿Y ahora qué pasa?

No puedo imaginar que los jóvenes reclutas que pasaron los últimos diez años de sus vidas atravesando el desierto en vehículos 4×4 y haciendo volar todo lo que se mueve sepan cómo dirigir un gobierno. Entonces, ¿quién gestionará las agencias, pagará a los empleados y realizará las tareas administrativas cotidianas que se esperan de cualquier gobierno? ¿Quién administrará las escuelas, reparará las carreteras e implementará la vigilancia callejera? Por supuesto, tal vez el Sr. al-Jawlani tenga talentos ocultos y milagrosamente esté a la altura de las circunstancias garantizando que las agencias funcionen sin problemas y los trenes lleguen a tiempo, pero este escenario parece extremadamente improbable. Lo que es más, los arquitectos de este terrible fiasco planearon hundir el país y su tambaleante economía, intensificar considerablemente el sufrimiento de los ciudadanos comunes y corrientes, aumentar el descontento de la población hasta que el nuevo régimen sea sometido a un derrocamiento brutal.

Quizás no. Los militantes suníes del HTS tienen sólo una pequeña posibilidad de satisfacer las necesidades de la población y guiarla hacia un futuro próspero y seguro. Pero todos sabemos que eso no sucederá. Este régimen es simplemente una herramienta en manos de intereses extranjeros deseosos de capturar la mayor cantidad posible de riqueza natural de Siria, eliminando al mismo tiempo una amenaza potencial a la continua expansión de Israel. En resumen, los neoconservadores que fomentaron esta malvada estrategia lo hicieron sin la más mínima preocupación por la seguridad o el bienestar de los 23 millones de personas que actualmente viven en Siria. Sus vidas no importan.

Para Washington y Tel Aviv lo que importa es tener un ejército de respaldo listo para cumplir sus órdenes en la próxima guerra contra Irán. Por eso Estados Unidos y Turquía utilizan mercenarios que harán lo que les digan a cambio de buenos salarios. A HTS se le paga por sus servicios, que incluyen ataques contra Irán y Hezbollah. Por lo tanto, no es un experimento con nuevas formas de gobierno. HTS no busca gobernar en lo más mínimo. Siria es sólo la base operativa para el despliegue de ataques contra Irán y Hezbollah. Eso es todo. Para eso les pagan, para luchar en la guerra.

Se trata de geografía, gas, dólares e Israel y, de estos cuatro factores, Israel ocupa el lugar predominante.

—Mike Whitney https://www.unz.com/mwhitney/black-flag-over-damascus/

La lección de Siria: en la guerra rige la ley del más fuerte

Las grandes tragedias que se abaten catastróficamente sobre los pueblos tienen una dolorosa virtud: mostrar descarnadamente la realidad de todos los actores.

Ahora el pueblo sirio está viviendo el duro hachazo perpetrado por el imperialismo sionista utilizando a supuestos yihadistas, en realidad bandas de mercenarios de diferente pelaje. Actúan a sus órdenes, por procuración, en Chechenia, el Sahel, Iraq, Libia, también en Ucrania; y culminan ahora en Siria el trabajo sucio iniciado en 2011.

Invasiones y golpes de Estado en la ‘guerra contra el terrorismo’

Siria es el último episodio de una estrategia iniciada el 11 de septiembre de 2001, con el espectacular auto-atentado – hoy se puede calificar así con todo rigor – de las Torres Gemelas en Nueva York, y del Pentágono, con el que se iniciaba la “guerra contra el terrorismo”. Pero como el “terrorismo” estaba por todas partes y, de hecho, aparecía oportunamente en París, Bruselas, Madrid o Barcelona, se pusieron en marcha en los países de la OTAN y sus satélites Estrategias de Seguridad Nacional dirigidas fundamentalmente contra “enemigos internos”, junto a un considerable endurecimiento de la legislación represiva “antiterrorista”.

En el exterior, la diana estaba puesta claramente en países árabes y musulmanes. El enemigo declarado era Al Qaeda, pero sorprendentemente organizaciones similares con diferentes nombres reaparecían en diferentes países, siempre atacando a gobiernos u organizaciones opuestas al imperialismo. El disfraz de yihadistas no cubría del todo las vergüenzas: su alianza con Israel y la ausencia de apoyo a la liberación de Palestina era incompatible con el ideario mínimo de cualquier organización árabe o musulmana.

La identificación de esos yihadistas con los intereses del imperialismo, no fue óbice para que organizaciones que se decían de izquierda los calificaran de “rebeldes” que “luchaban contra el gobierno opresor”. Y eso sucedió incluso cuando, como ocurrió en Libia en 2011, la OTAN acudía en su ayuda para aniquilar el país que concentraba las esperanzas de los pueblos de África de sacudirse el colonialismo y el imperialismo.

Los planes del imperialismo chocaron contra obstáculos imprevistos

El general Wesley Clark lo explicó con toda claridad en una intervención pública en 2007. El mismo 11S de 2001 recibió la orden: EE.UU debía invadir siete países (Iraq, Libia, Siria, Líbano, Somalia, Sudán e Irán) en cinco años. Cuando preguntó a sus jefes por qué se debía empezar por Iraq, si es que había alguna relación entre Sadam Husein y Al Qaeda, la respuesta fue que no, que se trataba del petróleo.

Esa estrategia funcionó en Iraq (2003) y en Libia (2011). Iraq estaba exhausto tras la guerra fratricida con Irán (alimentada por EE.UU) y después de 12 años de brutal embargo. En 2003, Rusia y China, si bien no participaron en la ocupación, cometieron la ignominia de votar a favor de la Resolución de la ONU que legalizaba la ocupación de Iraq.

En 2011, ante el ataque y destrucción de Libia por la OTAN, tanto Rusia como China – países con estrechas relaciones políticas y comerciales con el gobierno de Trípoli – se abstuvieron en la votación de la Resolución del Consejo de Seguridad que amparaba los bombardeos de la Alianza Atlántica, sin hacer uso de su derecho de veto.

Después llegó el turno de Siria y Rusia empezó a cambiar su posición. En 2015 vetó las Resoluciones que culpabilizaban falsamente al gobierno sirio de diferentes hechos (uso de armas químicas, etc.) y que pretendían justificar una intervención militar abierta. Hacía años ya que había presencia encubierta de tropas de EE.UU, Francia y Gran Bretaña, que ocupaban zonas petrolíferas y actuaban de consuno con el Daesh. También Israel tenía instalados hospitales en la frontera donde se atendía a los heridos yihadistas.

A partir de septiembre de 2015, Rusia, a petición del gobierno sirio, interviene militarmente contra los invasores. Para dar una idea de la envergadura de la ayuda militar, según el gobierno ruso, se enviaron alrededor de 63.000 militares a Siria, la Fuerza Aérea rusa realizó más de 39.000 incursiones, en las que abatieron a más de 86.000 insurgentes y destruyeron 121.466 objetivos terroristas. Se instaló en la provincia de Latakia una segunda base militar rusa; la de Tartus procedía de la época de la URSS.

Otros hechos militares y políticos iban a marcar profundamente el futuro. Sobre la base de las victorias militares de 2.000 y 2.006 de Hezbollah sobre Israel, las primeras de un grupo armado árabe sobre la entidad sionista, y la estrecha colaboración entre el general iraní Qasem Suleimani y Hasan Nasrallah se crea el Eje de la Resistencia. Se configura como un movimiento estrictamente político, anti sionista y antiimperialista – por encima de diferencias religiosas, étnicas o nacionales –, que reconoce su centro motor en la liberación de Palestina. Además de su definición política y de la unidad que sobre ella ha sido capaz de forjar, el componente fundamental es la fe en la Victoria y la constatación de que la lucha armada es la única opción.

Este movimiento, del que formaba parte Siria junto a la Resistencia palestina, la libanesa, de Yemen, Irán e Iraq, se convirtió en el catalizador de la lucha contra el sio- imperialismo en toda la región, especialmente a partir del 7 de octubre de 2023.

No incluimos en este análisis el otro gran elemento que surge en estos años, la creación de los BRICS, porque CNC no comparte las valoraciones de ciertos analistas políticos y organizaciones de izquierda que parecen depositar en esta alianza que, hoy por hoy, no pasa de ser una asociación económica, las esperanzas de salvación de la humanidad. El pueblo palestino, el libanés y ahora el sirio, han podido comprobar que ni el genocidio más brutal ha suscitado en los BRICS, siquiera la decisión de ruptura de relaciones con los perpetradores; tampoco ante la invasión de Siria por las fuerzas más salvajes y retrógradas apoyadas por EE.UU, Israel y Turquía, se ha convocado al Consejo de Seguridad de la ONU.

Las contradicciones internas y la infiltración del enemigo

Desde la caída de la URSS, cualquier vestigio de respeto a los principios del derecho internacional o a los tratados, ha desaparecido. Es evidente que el único límite al orden internacional “basado en reglas”, las reglas del imperialismo, es la fuerza o la amenaza de usarla. Pero hay elementos importantes que hacen que fuerzas muy inferiores desde el punto de vista militar derroten a ejércitos poderosos. La larga historia de las revoluciones populares, de las guerras de liberación o la derrota de la Alemania nazi por la URSS y la resistencias antifascistas de los diferentes países europeos, lo acreditan. Y es que la maquinaria de guerra, que es capaz de destruir masivamente desde lejos, puede desmoronarse frente al valor y la determinación de quienes han decidido, junto a su liderazgo, que la muerte vale la pena cuando se lucha por la dignidad y la justicia.

Es la falta de este último elemento en el que confluyen la formación técnica militar, la conciencia política y el coraje, lo que parece haber influido decisivamente, junto a la traición de los jefes militares, en el desmoronamiento y la rápida retirada de las fuerzas regulares sirias. Las batallas de años anteriores fueron libradas fundamentalmente por Hezbollah – que perdió allí centenares de combatientes y jefes militares – y Rusia, sin que el ejército sirio aprovechara la inapreciable lección práctica que proporciona la guerra misma. Es más, la propuesta de Rusia de suministrar equipos y ayudar a reformar el ejército fue rechazada y los jefes militares sirios que lucharon junto a Hezbollah y Rusia fueron destituidos. Los que les sucedieron han huido ahora con sus soldados.

Hay otro asunto muy espinoso, que tiene dos vertientes que son determinantes en toda guerra y para cualquier organización revolucionaria: la capacidad de penetrar y de obtener información de los planes del enemigo, y tanto o más importante, detectar y eliminar a los traidores dentro de las propias filas.

Dos ejemplos contrapuestos se han dado dentro del Eje de la Resistencia en los últimos tiempos. El primero lo dirigió el líder de Hamás, Yahya Sinwar. La obtención de información acerca de los espías infiltrados en sus filas y su eliminación permitió sorprender al enemigo el 7 de octubre y construir sólidamente la Resistencia. El propio Sinwar murió en combate, no en un atentado.

Por el contrario, problemas graves de seguridad parecen estar detrás de los asesinatos de dirigentes tanto en Líbano como en Irán. De su solución depende en buena medida su capacidad de enfrentar una guerra, aun más larga y dura.

El balance previsible de la caída de Siria para el Eje de la Resistencia y para Rusia

Más vale que quienes confían en la democracia burguesa y en el derecho internacional vayan aterrizando. No hay otra ley que la del más fuerte, y la impunidad de Israel y de los gobiernos de EE.UU y la UE que le apoyan, es total. Catorce meses de matanza masiva y deliberada de la población civil palestina, la inmensa mayoría mujeres y niños, lo atestiguan. Las sentencias de los tribunales internacionales son papel mojado porque los gobiernos no las cumplen.

Unidades del ejército de EE.UU que, vulnerando la legalidad internacional han estado ocupando desde hace más de una década instalaciones petrolíferas sirias y robando su petróleo, han apoyado ahora con su fuerza aérea a los yihadistas – a quienes cínicamente considera terroristas – y bombardeado al ejército sirio.

Por su parte, Israel, tres horas después de que los yihadistas entraran en Damasco, empezó a bombardear en Siria instalaciones científicas – impedir el desarrollo científico de los árabes es una obsesión del sionismo –, bases aéreas, edificios de inteligencia y aduanas. Así mismo, tanques israelíes han ocupado la zona desmilitarizada de los altos del Golán.

A la espera de que el Eje de la Resistencia analice la nueva situación y se reorganice, lo que es evidente es que el sio-imperialismo ha comprobado que puede actuar con toda impunidad y que su cerco a Irán es cuestión de tiempo.

Rusia, por su parte, ha recibido un duro golpe en Siria y hasta sus bases en el Mediterráneo están en peligro. Una vez más, después de las promesas de la OTAN de que no se expandiría hacia el Este, después del fiasco deliberado de los Acuerdos de Minsk de 2014 sobre Ucrania o después de la descomunal tomadura de pelo de la reunión de hace menos de un mes en Astaná en la que, junto a Irán y Turquía, era país garante de la estabilidad de Siria, Rusia ha podido comprobar que los acuerdos internacionales sólo sirven para ganar tiempo hasta la próxima puñalada.

El mayor riesgo de Rusia es que en Ucrania, como en Siria, deje al enemigo con capacidad de recuperarse y atacar de nuevo con más fuerza. El peligro que acecha al gobierno de Rusia es que prevalezcan los intereses oligárquicos de quienes quieren conseguir un acuerdo de paz a cualquier precio, para volver a los negocios con occidente cuanto antes. Y no hay vuelta al pasado porque el objetivo del imperialismo occidental es acabar con Rusia como potencia y como país, cueste lo que cueste; incluso a costa de acabar con todo rastro de credibilidad democrática como muestran la desestabilización de Georgia, de Moldavia, de Abjasia o de Rumanía.

Un paso más hacia la guerra a gran escala

La caída de Siria hoy por hoy representa un importante paso hacia el control de Oriente próximo por el sio-imperialismo y un debilitamiento del Eje de la Resistencia y Rusia. De ambos a la vez y más vale que Rusia entienda cuanto antes que sus destinos están unidos. Igual que lo debemos entender nosotros, haciendo de la solidaridad con el Eje de la Resistencia un baluarte concreto del Internacionalismo.

También significa que el imperialismo anglosajón se siente más fuerte y más proclive a llevar a cabo sus planes de guerra a gran escala contra Rusia y China en suelo europeo y, como venimos alertando, con la juventud obrera como carne de cañón.

La amenaza no es inminente pero los preparativos avanzan, por ahora, de forma inexorable. La destrucción económica de Europa, la militarización social y la economía de guerra, corren en la misma dirección.

Sus planes son bien claros y frente a ellos, no caben lamentos de que viene la guerra o propuestas pacifistas que chocan con la dura realidad. La única actitud coherente es denunciar todas esas políticas como una agudización de la lucha de clases en la crisis del capitalismo, cuya máxima expresión es la guerra, y preparar a la clase obrera para enfrentarla.

El gobierno de Siria resistió 13 años y cayó en 13 días

La Siria que una vez conocimos, ya no existe. Lo que está en juego es su subsistencia como Estado. En su forma actual, el país fundado en 1946, podría desaparecer completamente del mapa de Oriente Medio.

Lo que hay que explicar no son sólo los motivos de la caída del gobierno de Bashar Al Assad, sino también la rapidez con la que se ha producido. No tiene sentido que una guerra que se prolongó durante 13 años termine con una ofensiva de apenas 13 días.

El detonante principal ha sido que la dirección política de Siria estaba dividida, de lo que se desprende una labor de zapa de los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel, que comprende la traición de una parte de la cúpula y, desde luego, de ciertas unidades del ejército.

Esa división interna paralizó la capacidad de resistencia, lo que explica la rapidez con la que se han desenvuelto los acontecimientos.

El gobierno sirio también bajó la guardia como consecuencia de los cantos de sirena que recibió por parte de la Liga Árabe y, especialmente, de los padrinos saudíes. Desde 2021 Bashar Al Assad fue invitado y recibido en los países árabes con toda clase de ceremoniales.

Los países del Golfo le prometieron que los terroristas iban a permanecer en Idlib, así como una ayuda económica a fondo perdido. Las garantías fueron confirmadas por las potencias occidentales, pero las promesas nada tenían que ver con la realidad: las sanciones de Europa y Estados Unidos siguieron repercutiendo en la sociedad siria.

Mientras los terroristas se fortalecían en Idlib, el ejército sirio también quedó anestesiado por los Acuerdos de Astaná entre Rusia, Irán y Turquía, comprometidos a contener a los yihadistas en Idlib.

Antes del inicio de la guerra en Líbano, Irán advirtió repetidamente a los sirios del fortalecimiento de los terroristas en Idlib. “Teníamos información de que HTS iba a atacar Alepo desde Idlib. Toda la información se transmitió al gobierno sirio. Lo que nos sorprendió fue la incapacidad de las fuerzas sirias para enfrentarse al HTS, la reacción del ejército y la inesperada rapidez de los acontecimientos. El propio Bashar Al Assad se vio sorprendido por su ejército”, ha dicho hoy el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araqchi.

El martes de la semana pasada Araqchi dijo que estaban dispuestos a enviar de tropas a Siria para luchar contra los terroristas, si así lo solicitaba el gobierno sirio. El ofrecimiento cayó en saco roto porque el gobierno de Damasco confiaba en las promesas de los países árabes y de Occidente.

Este proceso continuó hasta las últimas horas de la caída de Assad. La presencia de funcionarios iraníes al más alto nivel para negociar con él demostró la seria determinación de Irán de fortalecer a Damasco. Pero Assad cometió un error estratégico al confiar en promesas de otros países árabes y de Occidente.

Hasta el último minuto, Irán intentó convencer a Assad de la gravedad de la situación, que se dio cuenta demasiado tarde de que las promesas de La Liga Árabe y las potencias occidentales eran falsas.

“Sabíamos que era un plan de los Estados Unidos y el régimen sionista, pero en el terreno y en la inteligencia, nuestros amigos estaban completamente al tanto de los movimientos en Idlib, y toda la información se transmitió al gobierno sirio”, ha añadido Araqchi. “Creo que el ejército sirio había sido capturado por la guerra sicológica”.

En los últimos años el ejército sirio fue desmantelado progresivamente, perdiendo su capacidad de combate, lo cual sólo en parte se explica la labor de zapa de los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel.

En 2018 Rusia le propuso al gobierno sirio reformar el ejército, ofreciéndose a suministrar nuevos equipos a crédito. Los sirios rechazaron la propuesta.

Las bajas en filas se contaron por cientos de miles, al menos 230.000. Actualmente el ejército árabe sirio tenía un componente de cerca 300.000 efectivos. Todos los comandantes sirios de combate que lucharon con el ejército ruso desde 2015 fueron destituidos de los puestos de mando del ejército regular. Las unidades entrenadas fueron disueltas. Durante el año pasado se nombraron nuevos comandantes en todas las divisiones y brigadas en las zonas de Alepo, Idlib y Hama. Todos ellos desertaron con sus soldados.

Por el contrario, después de años de adiestramiento en Idlib, los yihadistas sirios, muchos de ellos mercenarios extranjeros, estaban excepcionalmente bien armados y equipados. Contaban con drones, artillería, comunicaciones Starlink, mando profesional e incluso equipos de visión nocturna.

Los ‘yihadistas moderados’ triunfan en Siria

Cuando en 2011 los imperialistas desataron la guerra contra Siria, Al Qaeda y el Califato Islámico eran una misma organización. El Frente Al Nosra se creó en enero de 2012 y Abu Bakr Al Baghdadi puso a Abu Mohammad Al Jolani al frente de la organización.

El verdadero nombre de Abu Muhammad Al Jolani es Ahmed Hussein Al Shara. Se lo cambió para denotar una supuesta procedencia de la región del Golán sirio (“Golani”), aunque nació en Riad en 1982, donde su padre trabajaba como ingeniero petrolero, y creció en los suburbios de Damasco.

Partió hacia Irak en 2003, unas semanas antes del inicio de la invasión estadounidense, y se unió a Al Qaeda. Fue detenido por la policía irakí y encarcelado en Camp Bucca, la prisión donde Baghdadi pasó varios meses encerrado.

Después de su liberación en 2008, regresó a Al Qaeda. En abril de 2013 se separaró cuando Baghdadi creó el Califato Islámico e intentó que Al Nosra se incorporara a sus filas, mientras Jolani quería mantener su propia autonomía dentro Siria.

Entonces Jolani anunció que Al Nosra era el verdadero representante de Al Qaeda. “Los hijos de Al Nusra juran lealtad al jeque Ayman Al Zawahiri”, dijo Jolani en un mensaje de vídeo en 2014, refiriéndose al entonces dirigente de Al Qaeda.

El objetivo inmediato de Al Nosra era derrocar al gobierno de Assad y establecer un régimen islámico en Siria bajo la sharia.

Desde su nacimiento, el Califato Islámico concentró los ataques de las potencias regionales, surgiendo el otro gran mito intoxicador de la Guerra de Siria: el de los “yihadistas moderados”.

Jolani supone mantener un perfil bajo y construyó su propio bastión en Idlib, donde se concentraron yihadistas de diferentes partes del país bajo la tutela de Turquía.

Uno de los grupos que se sumaron a Jolani fue el “Ejército Libre de Siria”, actualmente llamado “Ejército Nacional Sirio”, que había sido reclutado, financiado, organizado y entrenado por el gobierno de Ankara.

Con tantos componentes diferentes, la etiqueta “Al Nosra” acabó siendo una carga y comenzó otro baile de siglas. Primero fue Fateh Al Sham, que en 2017 se reconvirtió Hayat Tahrir Al Sham (HTS), declarando que había roto los vínculos con Al Qaeda.

Las nuevas siglas se convertían en políticamente correctas al declarar que no luchaban contra Occidente sino sólo contra el gobierno de Assad. “Nunca se permitirá que Siria sirva como plataforma de lanzamiento para ataques contra Occidente”, dijo en una entrevista de 2015.

“La solución es simple”, dijo en otra entrevista en febrero de 2021. “Tenemos que […] abordar las causas en lugar de los síntomas. La causa de este problema, de esta enorme catástrofe, es este régimen [el de Assad]. Una vez que él ya no esté allí, esa enorme catástrofe desaparecerá. Por lo tanto, el principal problema sería derrocar este régimen, ejercer presión para derrocarlo por cualquier medio posible”.

Esto es lo que debe ocurrir para evitar el colapso de Siria después de Assad

El colapso épico del Ejército Árabe Sirio (SAA) en los últimos diez días y la cobarde huida de Assad de Damasco a primera hora de la mañana del domingo anuncian el amanecer de una nueva Siria. El riesgo más inmediato es que todo el país se derrumbe como Afganistán, Irak y Libia antes que él. Eso podría crear un agujero negro de inestabilidad del que podrían surgir innumerables amenazas terroristas globales. Esto es lo que tiene que suceder para evitar que la Siria post-Assad experimente ese futuro oscuro: Leer más

Cae el gobierno sirio tras una fulminante ofensiva de los yihadistas contra Damasco

Esta mañana el gobierno de Bashar Al Asad se ha desplomado tras una fulgurante ofensiva de los yihadistas contra Damasco. El gobierno sirio desconoce el paradero de Bashar Al Asad. El último contacto con él se produjo ayer. Algunas fuentes aeguran que el presidente abandonó el país por el aeropuerto internacional de la capital.

Según la agencia Reuters podría haber muerto en un “accidente aéreo”. Su avión fue el último en despegar del aeropuerto. Era un Ilyushin 76, con el número de vuelo 9218 de Syria Air, .

La trayectoria de la aeronave fue extraña. Primero se desplazó hacia el este, luego cambió de rumbo hacia el norte y finalmente la señal desapareció del radar cuando volaba a la altura de Homs.

Los grupos terroristas han tomado el control del palacio presidencial y de las instituciones públicas e intentan organizar la transición política a través de un Consejo de gobierno que garantice la “reconciliación nacional”.

Pocas horas después de la caída de Damasco, los tanques israelíes entraron en la zona desmilitarizada de los Altos del Golán con el fin de apoderarse definitivamente de la región.

La mayoría de los ministros permanecen en Damasco para garantizarán la continuidad de las funciones públicas.

En declaraciones al canal Al Arabiya, el primer ministro Mohamed Al Jalali se declaró dispuesto a colaborar con cualquier nuevo gobierno elegido por el pueblo sirio, permaneciendo en su cargo para facilitar el traspaso de poderes.

El nuevo gobierno ha anunciado la liberación de los detenidos de la prisión de Sednaya.

Los diplomáticos iraníes destinados en Damasco abandonaron su embajada antes del asalto perpetrado por los yihadistas contra la sede diplomática.

A través de su comandante Mazloum Abdi, los kurdos han saludado un momento que califican de “histórico” y han pedido la construcción de una “nueva Siria basada en la democracia y la justicia”.

Ayer aviones de combate Warthog estadounidenses atacaron y redujeron gravemente los refuerzos que se dirigían a Siria desde Irak. Los constantes ataques aéreos israelíes contra la infraestructura militar siria durante meses han sido un factor importante en la desmoralización y reducción de la potencia de fuego del ejército sirio.

Por lo tanto, Estados Unidos no ha vacilado en ayudar a llegar al poder a Hayat Tahrir Al Sham, una organización incluida en su listado de grupos terroristas internacionales, así como en el de lal ONU.

No obstante, el rápido colapso del gobierno sirio plantea interrogantes sobre el papel de Rusia en el mismo. Hace una década la intervención militar de Moscú en 2015 permitió al gobierno sirio mantener su autoridad, mientras enfrentaba un avance significativo de los rebeldes. Los ataques aéreos y el apoyo logístico rusos habían ayudado a recuperar territorios clave.

Sin embargo, ante la ofensiva relámpago de los yihadistas sobre Damasco, la ausencia de una intervención rusa notable sugiere un cambio en la posición de Moscú hacia su aliado histórico, quizá porque no se puede sostener a quien no es capaz de sostenerse a sí mismo.

Ayer por la noche cinco países árabes Turquía, Rusia e Irán aprobaron una declaración conjunta publicada en el sitio web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de Qatar (*) en la que exigían una solución “política”.

Por la mañana Lavrov había dicho en el Foro de Doha que era inaceptable permitir que los terroristas se apoderaran de Siria y que Rusia consideraba inadmisible utilizar a terroristas, como los de Hayat Tahrir Al Sham, para lograr objetivos políticos.

La Guerra de Siria ha provocado el desplazamiento de la mitad de la población siria y el exilio de una cuarta parte de sus habitantes.

El Eje de la Resistencia pierde un puntal

Se ha cerrado un largo capítulo en la historia de Siria y Oriente Medio, el fin de una época de más de medio siglo, de régimen baasista en Damasco, encabezado por la familia Al Assad.

El padre de Bashar Al Assad, Hafez, general del ejército sirio, pertenecía a dicho partido y llegó al poder tras un golpe de estado en 1970. Procedía de la minoría alauita, una rama del islam.

El partido Baaz estaba al mando de Siria desde 1963. Lo crearon en 1947 dos nacionalistas sirios formados en París. Es un movimiento panárabe, socialista, nacionalista y laico, que pedía la unidad entre los pueblos árabes, independientemente de su religión.

El Baaz también estuvo en el poder en Irak hasta la caída de Saddam Hussein en 2003. A pesar de sus orígenes políticos comunes, los gobiernos sirio e irakí eran adversarios. La dictadura de la familia Assad contó con el apoyo de Irán y Rusia.

(*) https://mofa.gov.qa/en/latest-articles/statements/joint-statement-by-foreign-ministers-of-arab-countries-and-the-astana-process-on-the-situation-in-syria

800 bancos europeos invierten 400.000 millones de dólares en la colonización de Cisjordania

La organización Don’t Buy Into Occupation (DBIO) ha publicado su informe de este año que enumera a las empresas multinacionales y bancos involucrados en la colonización de la Cisjordania ocupada.

DBIO es un proyecto conjunto de 24 organizaciones palestinas, regionales y europeas. El informe publicado recientemente (*) muestra que en los últimos tres años, 822 instituciones financieras europeas (incluidos bancos, gestores de activos, compañías de seguros y fondos de pensiones) mantuvieron relaciones financieras con 58 empresas involucradas activamente en asentamientos israelíes ilegales en el territorio palestino ocupado.

Entre las 58 empresas más conocidas citadas en el informe se encuentran: Airbnb, Booking Holdings, Carlsberg, Carrefour, Caterpillar, Cisco, Elbit Systems, Expedia Group, Heidelberg Materials, Hewlett Packard, Hyundai, IBM, Motorola Solutions, RE/MAX Holdings, Coca-Cola, TKH Group, Tripadvisor y Volvo.

“Durante este período, se proporcionaron 211.000 millones de dólares a estas empresas en forma de depósitos y préstamos. En agosto de 2024, los inversores europeos también poseían acciones y bonos de estas empresas por valor de 182.000 millones de dólares”, asegura el informe.

Las diez instituciones financieras europeas con mayores inversiones y préstamos en empresas que operan en los territorios palestinos ocupados son: BNP Paribas, HSBC, Barclays, Deutsche Bank, Société Générale, Santander, Crédit Agricole, UniCredit, Standard Chartered e ING.

Los 182.000 millones de dólares corresponden al total de inversiones financieras y préstamos otorgados a estas empresas, que desarrollan la mayor parte de sus actividades fuera de los asentamientos ilegales. Sin embargo, el informe señala que cualquier inversión en estas empresas respalda también sus actividades comerciales en la Cisjordania ocupada.

Sin las actividades de estas empresas y las instituciones financieras que las apoyan, la continuación de los asentamientos ilegales en Cisjordania sería imposible. Estas empresas son esenciales para proporcionar la infraestructura que sustenta la construcción de asentamientos, como la construcción de carreteras, redes de telecomunicaciones, construcción y financiación de viviendas.

El DBIO afirma que “las empresas comerciales israelíes, europeas e internacionales, que operan o prestan servicios a la empresa de asentamientos ilegales de Israel, desempeñan un papel esencial en el funcionamiento, la sostenibilidad y la expansión de la ocupación ilegal, incluidos los asentamientos”.

Invertir y hacer negocios en asentamientos ilegales es particularmente lucrativo porque la tierra utilizada para construir bienes raíces u operar negocios ha sido robada a los palestinos y, por lo tanto, obtenida sin costo alguno.

Israel invadió y ocupó Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza y los Altos del Golán sirio en 1967 durante la Guerra de los Seis Días. Se negó a devolver estas tierras conquistadas y desde entonces ha construido asentamientos para albergar a cientos de miles de colonos israelíes.

En julio el Tribunal Internacional de Justicia (CIJ) emitió un dictamen consultivo afirmando que la presencia de Israel en los territorios palestinos ocupados, incluida su ocupación militar y sus asentamientos, es ilegal y debe ponerse fin lo antes posible.

Desde que Israel desató su genocidio contra los palestinos en Gaza el 7 de octubre de 2023, la colonización israelí en Cisjordania se ha acelerado. Los colonos judíos israelíes han establecido 25 nuevos “puestos de avanzada” ilegales, mientras que el gobierno ha robado 2.500 hectáreas de Cisjordania al declararla “doinio público”, informa DIOB.

Las autoridades israelíes también aprobaron la creación de cinco nuevos asentamientos y la legalización retroactiva de tres “puestos de avanzada” como “barrios” de asentamientos existentes.

En mayo el gobierno israelí inició la anexión de Cisjordania, que es un objetivo de varios ministros del gabinete de guerra de Netanyahu, entre ellos el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich.

A finales de agosto Israel lanzó su mayor ataque militar contra Cisjordania desde el final de la Segunda Intifada hace más de 20 años.

La DBIO exige que las empresas que operan en Cisjordania “cesen todas las actividades y relaciones que contribuyan al establecimiento, expansión o mantenimiento de asentamientos israelíes ilegales o la empresa de asentamientos en general” y “terminen inmediatamente todas las ventas y transferencias, incluso a través de terceros Estados, de armas o tecnologías militares y bienes de doble uso a Israel.

(*) https://dontbuyintooccupation.org/reports/dont-buy-into-occupation-report-2024/

Si Rusia afloja en Siria, aflojará en todos los frentes

Con muy poco los yihadistas han hecho mucho en Siria. La intervención de Turquía, otro actor por delegación, no es pretexto suficiente para explicar el fracaso del ejército regular, pero también de Rusia e Irán, que tenían la cabeza puesta en otros lugares.

No se puede dejar ningún trabajo sin terminar, y menos una guerra. No se puede dejar a los terroristas a sus anchas en Idlib, bajo la tutela de de un país como Turquía. Que no hayan proclamado un califato no es excusa. Los han dejado prepararse durante cuatro años y en tres días han capturado Alepo, que es la segunda ciudad más grande de Siria.

Rusia no puede caer otra vez en la trampa de dejar el trabajo sin terminar en Ucrania. No puede congelar la guerra. Debe terminarla definitivamente y enviar un aviso a sus vecinos, desde el Báltico hasta el Cáucaso. De lo contrario los imperialistas no les van dejar un minuto de tranquilidad.

Además, si Rusia quiere hacer las cosas bien, debe hacerlas por sí misma. No puede contar con aliados y socios circunstanciales. Los iraníes estaban demasiado ocupados con Palestina y Líbano.

Erdogan le ha apuñalado por la espalda, y no es la primera vez. Turquía nunca ha dejado de trabajar para la OTAN, ni tampoco de dirigir a los yihadistas que operan en el norte de Siria. Sin el MIT, su servicio de inteligencia, el ataque terrorista contra Alepo habría sido imposible.

Los acuerdos internacionales son papel mojado si no están respaldados por la fuerza bruta. Los últimos ejemplos son los de Misk de 2014 o el firmado en 2020 en Astaná. La captura de Alepo es una burla directa a un trato que convirtió a Rusia, Irán y Turquía en países garantes de Siria, un papel que ninguno de ellos ha cumplido.

Los días 11 y 12 de noviembre se celebró en Astaná la 22 reunión internacional sobre Siria en el “formato Astaná”, y sobre sus resultados se emitió una declaración conjunta. Más papel mojado.

La caída de Alepo no se pudo producir sin la traición de los generales sirios, sin la huida de sus subordinados, sin que el frente quedara expuesto y sin que muchas armas quedaran se abandonadas en manos de los yihadistas. Es poco probable que esto hubiera sido posible si Damasco hubiera sido plenamente consciente de la situación, incluida la lealtad y el profesionalismo de sus oficiales superiores.

Para que los dirigentes sean conscientes de la situación es necesario tener fuentes de información sobre el terreno y un organismo capaz de recopilarlos, analizarlos y transmitirlos de manera oportuna.

Rusia no puede ceder en Siria. Si lo hace, sucumbirá en todas partes. La coincidencia en el tiempo de acontecimientos como la escalada en Ucrania, los ataques de largo alcance contra el interior de Rusia, el ataque al sistema bancario ruso, la crisis en Abjasia, la desestabilización en Georgia y la crisis en torno a Alepo no son accidentales.

Al imperialismo los nievos misiles Oreshnik no le han impresionado en absoluto y ha respondido intensificando significativamente sus esfuerzos para presionar a Rusia en todos los frentes.

El éxito en Alepo puede alentar a los imperialistas a atacar en otros puntos. Rusia debe mantener unidas todas sus líneas y estar preparada para afrontar nuevos desafíos.

Si Rusia todavía tenía dudas sobre la pertinencia de las negociaciones, la situación actual en Siria debe haberles convencido de que tienen que abordar la cuestión ucraniana de forma definitiva, que no deje lugar a dudas.

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