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Categoría: Opinión (página 7 de 17)

Dar utilidad a la monarquía

Que nadie se alarme ni se alegren quienes nos quieren súbditos sumisos: el título no precede un blanqueo de parásitos para salir antes de prisión. Tampoco alude a la utilidad que podrían tener condenados a trabajar con las pésimas condiciones que nos imponen o con las aún peores que sufren en otros países gracias a sus socios oligarcas como Amancio Ortega.

Me refiero a la utilidad que podemos darles para debilitar más al régimen restándole apoyo popular. Hoy la monarquía es uno de sus pilares más deslegitimados, si no el que más, y provoca rechazo en una gran parte de la población. De ahí que los mismos medios mercenarios que durante décadas han tapado sus chanchullos y han pintado como un héroe a Juan Carlos, se empeñen en vender que su hijo no se ha beneficiado. Hicieron lo mismo para que la Infanta Cristina saliera de rositas en el caso Urdangarin. Por descarado que sea no se cortan, están acostumbrados a tomarnos por idiotas y a que los escándalos sean tan habituales que se normaliza lo que en otros lugares ha provocado serias protestas. Lo primero que cabe señalar -y que se dice poco- es que los cuantiosos fondos públicos que recibe la familia real ya constituyen un saqueo colosal. Con el agravante de la miseria cada día más generalizada que provoca su acumulación de capital. Por lo tanto, aunque no hubiera corruptelas extra seguiría siendo intolerable. Si añadimos que su poder es hereditario y que fue elegido por el fascismo, no pasan un mínimo filtro democrático.

Por todo ello y mucho más de lo que son culpables, resulta disparatado plantear que pueden tener legitimidad si son votados en un referéndum. Es como decir que el racismo es aceptable si se vota. Hablar en esos términos de la monarquía es aceptar su sangrante impunidad, cuando deben ser juzgados y condenados por tanto robo y opresión. Algo que organizaciones domesticadas omiten mientras ni señalan al Gobierno enemigo del progreso que ampara hasta la impunidad del emérito que pagamos bien caro. Denunciar alto y claro que viven a todo lujo a costa de la falta de derechos es útil para mostrar que este régimen no sirve a los intereses de la mayoría. Una evidencia para muchos de nosotros, pero no para millones de persones, por eso estamos como estamos. No podemos caer en el subjetivismo de dar por sabidas cosas poco interiorizadas e igual que ponen todos los medios a su alcance para manipular, necesitamos utilizar todos los que podamos para difundir la realidad. Que encarcelen por hacerlo demuestra como temen la conciencia que crea si va acompañado de un llamamiento a la lucha revolucionaria.

El descrédito de la monarquía facilita poner encima de la mesa que no nos vale un Estado idéntico o similar a este en forma de república. Además, en un momento dado pueden prescindir de esta en una operación de blanqueo ante estallidos sociales dejando intacto el resto del régimen. Si de algo sabe esta gentuza es de operaciones de maquillaje para engañar mejor. Ya hay sectores de sus voceros que apuntan en esa dirección. Una maniobra que están facilitando los oportunistas que hablan de monarquía como si fuera el único problema gordo y no la punta del iceberg. Cada vez se hablará más de república – como viene sucediendo en Catalunya – y es una buena oportunidad para extender la campaña por la República Popular. Explicando correctamente que esta representa el poder de los trabajadores con libertades y derechos plenos, solo los más reaccionarios que atenten contra sus propios intereses se opondrán a esta. Con semejantes condiciones objetivas existe una gran receptividad para ser apoyada comprendiendo que la negación de vidas dignas afectará masivamente mientras no arrebatemos el poder de la oligarquía.

Su insistencia en pintar al rey emérito como un cabo suelto pretende ocultar que está estrechamente ligado a todos los resortes del Estado que han facilitado que haya sido y sea su cortijo. Es tan escandaloso que hasta la fiscalía parece su abogado defensor para asegurar que como su padrino Franco fallezca entre lujosa impunidad. Todo lo que ha hecho no hubiera sido posible sin la ayuda de tribunales, cuerpos represivos, ejército, políticos, servicios de inteligencia, etc. Son quienes todo el día se llenan la boca de “España” y perjudican la vida de su población. Casos como el de la monarquía sirven para denunciar ese falso patriotismo con el que ganan tanto apoyo. Como falsa es la mal llamada izquierda cuyo Gobierno ni siquiera ha eliminado el delito de “injurias” a la Corona permitiendo que nos condenen por describirlo. Una vez más toca recordar lo obvio que se olvida demasiado a menudo: no hay rastro de antifascismo sin oponerse con firmeza a la monarquía que impuso el fascismo y que representa la falta de ruptura con este. UP no solo ayuda a la monarquía blanqueándola con buenas palabras hacia Felipe como ha sucedido en varias ocasiones o unido al PSOE abiertamente monárquico. También lo hace desmovilizando las calles y sobre todo ejecutando políticas que engordan los beneficios de la oligarquía que realmente dirige el Estado mano a mano con sus socios Borbones. Los presupuestos dictados para tal fin, el destino de la plusvalía de su explotación y las elevadas facturas de necesidades básicas corroboran que la mafia más poderosa encuentra en el Gobierno un fiel aliado.

Nos sobran argumentos de peso para a través de la monarquía mostrar la culpabilidad de sus satélites. Ni el crápula a cuerpo de rey en Abu Dhabi ni su numerosa familia de chupópteros son una manzana podrida en la cesta. La cesta que los sostiene está putrefacta. La corrupción es la base de este régimen sea legal o bajo manga, aunque en la práctica la legalidad sea lo que se ajusta a sus intereses y se la salten constantemente quienes presumen de constitucionalistas. Lo que permite que monarcas, políticos, jueces o policías con corruptelas probadas, en teoría ilegales, campen a sus anchas. Pero la corrupción más extendida y de la que menos se habla es la de quienes cobran de nosotros -y no poco- por servir a Borbones de turno y no al pueblo que pagamos a la fuerza en un claro atraco a mano armada. Por eso no necesitamos un cambio de Gobierno que perpetue las mismas lacras, nos hace falta un cambio de Estado en forma de República Popular. Donde el único espacio para la monarquía sea un juicio y los incontables billones que llevan robados junto a sus socios sean invertidos en vivienda, sanidad, sueldo y pensiones decentes, ciencia, educación, cultura, etc. Dar a conocer esta posibilidad la fortalecerá y por tanto acercará. Igual que el independentismo ha aumentado tanto en poco tiempo por las canalladas del Estado que ha sabido aprovechar en parte, también lo hará la reivindicación de la República Popular si damos una utilidad a los atropellos de la Corona y sus sostenes.

Fuente: Pablo Hasél desde prisión.

Fascistas, negacionistas y antivacunas

Recientemente en Francia se produjo un acontecimiento que marca los ejes políticos sobre los que se ha construido la pandemia desde el primer minuto. El Partido Socialista presentó un proyecto de ley en el Senado para imponer la vacunación obligatoria en el país galo. Sólo votaron a favor sus propios senadores, por lo que el proyecto no fue aprobado… afortunadamente.

Los reformistas han sido la columna vertebral de las medidas de represión política que han venido adoptando las potencias capitalistas en sus propios países y en el mundo entero. Tras ellos han desfilado la corte de colectivos y medios políticos, sindicales y sociales que alardean de ser alternativos, antisistema e incluso “revolucionarios”, lo cual significa que estos últimos no son más que el brazo largo de los anteriores, es decir, que carecen de una política propia.

No obstante, a medida que con el tiempo los agujeros de la pandemia van saliendo a la luz, dichos colectivos se callan la boca, esperando que todo pase y quede convenientemente enterrado. Otros empiezan a asomar la oreja. Por ejemplo, el sindicato de enfermería SATSE coloca carteles en los hospitales donde se puede leer que para vacunar es necesaria la prescripción médica.

Lo dicen ahora, cuando ya han vacunado al 85 por ciento de los adultos, suponemos que sin la correspondiente prescripción médica, es decir, de manera ilegal, por lo que se mantiene el mismo tono desde el primer estado de alarma, que también fue ilegal.

Es la gran paradoja. Vivimos en un país donde las instituciones públicas se llenan la boca con el respeto a la ley… excepto cuando la ley no le interesa a nadie. En tal caso, no pasa nada. Da lo mismo y seguimos adelante con restricciones, mascarillas y vacunas. “Hicimos lo que teníamos que hacer”, dicen.

Nadie ha exigido responsabilidades al gobierno que impuso a toda la población una medida ilegal, ni a los gobiernos autonómicos, ni a los partidos que votaron a favor de las restricciones, porque llevamos un año y medio escuchando un único mensaje uniforme, sin fisuras por parte de nadie y eso siempre da una sensación de impunidad, de que “todo vale”, lo legal y lo ilegal.

Si al SATSE se le ha ocurrido ahora colocar un cartel disonante es porque le ven las orejas al lobo: en la medida en que las vacunas se están convirtiendo en una carnicería, con consecuencias lesivas que se prolongarán a lo largo del tiempo, van a aparecer cada vez más exigencias de responsabilidades por parte de las víctimas de la vacunación, que van a alcanzar a todos, empezando por los más inmediatos: los médicos y el personal sanitario.

La historia no olvida este tipo de responsabilidades, por más que, como en el caso de la colza, transcurran 40 años. Del mismo modo, en lo sucesivo y durante décadas, todas y cada una de las medidas políticas y sanitarias serán juzgadas muy severamente en todos los terrenos: político, médico y científico. Con ellas serán juzgados los colectivos y los medios que las han amparado o que se han callado.

Que a nadie le quepa ninguna duda: la mierda va a seguir saliendo, el torrente será cada vez mayor y dará lugar a enconadas controversias que van a dejar malparados, no sólo a los autores, sino también a los cómplices y encubridores, como se dice en el lenguaje jurídico, que afectará muy especialmente a los reformistas y a quienes les hacen el juego con una empalagosa retórica seudorrevolucionaria.

Como ocurrió durante la transición, la demagogia de la izquierda domesticada ha querido esconder sus propias responsabilidades atribuyendo etiquetas políticas a las diversas corrientes críticas hacia la pandemia, las restricciones o las vacunas, especialmente la de que no hay alternativa al mensaje dominante… excepto que se trata de la “extrema derecha” o que le hacen el juego.

Es justamente al revés: desde el gobierno, el reformismo ha pretendido arrojar a los críticos a los brazos de la reacción. El cambio de signo se ha producido cuando se han dado cuenta de que hay muchos más críticos de los que suponían y que en el futuro el número va a seguir aumentando.

A pesar de una campaña feroz de desprecio, el movimiento crítico con la pandemia no ha hecho más que crecer y acabará organizándose, por encima de su carácter heterogéneo porque, en efecto, la primera mentira empezó cuando le atribuyeron una naturaleza compacta de la que carece. Tanto desde el punto de vista político, como científico y médico, los críticos son una amalgama.

Pero es verdad, y a nadie le puede caber ninguna duda de que hay muchos reaccionarios y fascistas dentro de ese movimiento que intentan pescar en río revuelto, sobre todo aprovechando un gobierno, como el actual, del PSOE y Podemos. Es un terreno intimidante. Muchos empiezan a intuir que algo huele mal, pero no quieren ser tachados de “negacionistas” y se guardan sus reservas para que sean otros los que den la cara.

Hasta ahora la oposición a la pandemia ha sido diversa porque su origen es doctrinal y hay decenas de corrientes en materia de salud pública que llevan décadas estudiando este tipo de fenómenos, naturalmente silenciadas, cuando no aborrecidas.

El panorama cambiará en cuanto se formen colectivos de afectados por las vacunas, es decir, cuando ya no haya ningún remedio, salvo el de protestar, el de que indemnicen a las víctimas y atiendan sus lesiones, porque una vacunación indiscriminada de las proporciones que estamos conociendo, además de cadáveres, va a crear una sociedad de enfermos, de personas dependientes, necesitadas de un fármaco que les cure el daño que les ha causado el anterior.

Cuando ese momento llegue, el escenario se llenará de plañideras que se subirán al carro de los damnificados y sujetarán una pancarta en la calle. Entonces no podrán decir que son fascistas, negacionistas o antivacunas. Pero habrá que recordarles que no hicieron nada cuando podían hacerlo y que deben tomar nota para las sucesivas pandemias que nos aguardan.

El papel desestabilizador de las ONG

Un editorial del diario mexicano La Jornada –ONG, vehículos de desinformación-, puso nuevamente en debate el tema de las organizaciones no gubernamentales, insertadas en el imaginario colectivo por una intensa y agresiva campaña publicitaria por los medios hegemónicos, como integrantes del llamado campo popular.

El editorial denuncia que varias ONG publicaron un comunicado conjunto en el cual sostienen que, de ser aprobada, la iniciativa de reforma eléctrica enviada por el gobierno al Congreso [mexicano], afectaría a los derechos humanos a la salud, a un medio ambiente sano y a la participación ciudadana, además de que se alejaría al país de cumplir sus metas nacionales de transición energética y acuerdos climáticos internacionales.

Falsedades, medias verdades destinadas a favorecer a las trasnacionales energéticas son las que muestran  organizaciones locales e internacionales como la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA), el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda), el Centro de Energía Renovable y Calidad Ambiental (Cerca), el Colectivo Ecologista Jalisco, Colima 2030, Conexiones Climáticas, Greenpeace México e Iniciativa Climática de México (ICM).

Estas ONG repiten de manera acrítica y carente de fundamento los alegatos de las grandes corporaciones privadas del sector, los organismos cupulares del empresariado como la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y la oposición empresarial y política que rechaza el proyecto de reforma.

Con dolo y/o por desinformación, lo que se presenta como discurso ambientalista, de promoción de los derechos humanos y combate al cambio climático termina por servir a los intereses de perpetuación de negocios sucios a costa de los objetivos que dicen defender y en detrimento del patrimonio del país, dice el editorial.

Lo cierto es que las ONG en América Latina no sólo infiltran ideológicamente a los sectores populares (penetración desde abajo y adentro) con los cuales trabajan directamente en proyectos de autoayuda y desarrollo microempresarial, en escuelas, barrios, cooperativas, comunidades marginales, áreas rurales, fábricas, etc.

También infiltran ideológicamente a los cuadros de organizaciones y a éstas, potencialmente calificadas para vigorizar al movimiento popular, darle formación político-ideológica y ser promotoras y acompañantes del cambio político-social.

Calma. No todas las ONG son iguales, hay algunas que cumplen con su trabajo y sí se pueden contar dentro del campo popular, pero nadie puede creer que sea humanitaria una organización financiada por George Soros, como Open Society, o por Bill & Melinda Gates, ¿no?

La actividad local, emblema de acción de las ONG, es una trampa ideológica, pues desarticula al movimiento popular mediante paradigmas falsos como el del “no poder” y también mediante la competitividad por recursos financieros.

Y trabaja paralelamente con el proyecto hegemónico, pues les permite a los regímenes neoliberales, las transnacionales y las entidades financieras internacionales dominar la política socioeconómica macro y canalizar la mayoría de los recursos del Estado como subsidios al capital exportador y al pago de la deuda externa. Lo hemos sufrido en toda América Latina (y ahora intentan, en la nueva ofensiva conservadora, que lo volvamos a sufrir): se ajusta el gasto fiscal, menos recursos para salud, educación y viviendas populares y más.

En el mundo hay más de 10 millones de ONG

Desde los años 1980 las organizaciones no gubernamentales (ONG) se expandieron por todo el mundo abriendo un importante espacio político, cultural y socioeconómico, prácticamente en cada rincón del planeta. Se calcula que actualmente hay más de 10 millones de ONG en el planeta. En la India, por ejemplo, hay una ONG cada 600 personas.

Para lograr esto, los medios de comunicación globalizados destacan día a día su rol en la educación, la lucha contra la pobreza y el analfabetismo, la protección del medio ambiente, la promoción de libertades civiles, protección de los derechos humanos etc., pero ocultan su lado oscuro, señala Vicky Peláez. Hay aproximadamente unas 40.000 ONG subvencionadas por los gobiernos norteamericanos y europeos y que fueron creadas con el fin específico de ser instrumentos de los globalizadores de Washington y Bruselas.

Mediante las ONG financiadas y patrocinadas por los países y organismos centrales del neoliberalismo se ataca al Estado incidiendo ideológicamente sobre los sectores conflictivos que sufren las medidas de choque económico el paquete de reformas estructurales encomendadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Pero también de  las fundaciones occidentales, los partidos neoliberales y derechistas de Europa y EU, los thinks tanks de la ultraderecha libertaria, los clubes de los millonarios y los medios corporativos, que financian desde abajo a estas ONG.

Con la intervención de las ONG y de sus proyectos diseñados en los países centrales se desvincula al Estado –aún más- de sus compromisos con las mayorías populares. Las funciones del Estado son asumidas en forma empresarial por las ONG. La función social se transforma en función privada, ya que sus proyectos son “vendidos”.

Una de las características ideológicas de las ONG es la del voluntarismo privado, que tiene como fin socavar el sentido de lo público. Para destacar, asimismo, el mimetismo travesti de su lenguaje: poder popular, sociedad civil, lucha por la libertad de la opción sexual, libertad de expresión, igualdad de género, desarrollo sustentable, liderazgo de base. Todo muy “progre”.

Un poco de historia

La idea de crear organizaciones no gubernamentales que podrían ser utilizadas por los servicios de inteligencia para la creación de las redes sociales en África, Asia y América Latina con el propósito de promover los intereses estaounidenses y trasnacionales surgió a fines de la primera mitad del siglo 20, pero recién fue puesta en marcha en 1961, impulsada por el triunfo de la revolución cubana en 1959, cuando por una orden ejecutiva fue creada la Agencia de EU para el Desarrollo (Usaid).

El estadounidense William A. Douglas en Developing Democracy (1972) señalaba que la gente en los países en desarrollo son como unos “niños” que necesitaban “una tutela, reglamentación y el control del gobierno de EU”. Para él, el proceso de transformación global no podría ser realizado a través de los gobiernos, se necesitaba crear organizaciones de base en cada lugar del planeta bajo el control de las agencias especializadas estadounidenses.

Estas organizaciones de base tomaron en los años 1980 la forma de las organizaciones no gubernamentales que, bajo el control del Departamento de Estado, tenían que desestabilizar los gobiernos no afines a la política estadounidense a través de un trabajo sutil, encubriendo sus propósitos subversivos con unos programas reales como la lucha contra la pobreza extrema.

A la vez, fue precisamente la Usaid la que envió al famoso especialista norteamericano en tortura Dan Mitrione a Brasil en 1960-1967, a República Dominicana en 1965 y a Uruguay en 1969-1970. La Usaid participó también activamente en todos los golpes de Estado e intentos de golpes que tuvieron lugar en África, Asia y Latinoamérica desde 1961 hasta ahora, en estrecha colaboración con la CIA, el DIA (Servicio de Inteligencia Militar), el FBI, la DEA, la NSA (Agencia Nacional de Seguridad), etc

Mientras existían la Unión Soviética y el campo socialista, la Usaid junto con otras ONG como la Fundación Nacional para la Democracia (NED) hicieron todo lo posible para contener la influencia ideológica de la URSS, siendo misioneros ideológicos y operativos del imperio durante la guerra fría.

Con las llamadas –por ellos– democracias limitadas, no se podía emplear los procedimientos de “choque social” (centros clandestinos de detención y desaparición, torturas, eliminación masiva de oponentes políticos) que se llevaron a cabo durante las dictaduras militares de la década anterior.

Estas organizaciones de “base” debían enarbolar una lucha sin cuartel expresa o enmascarada hacia toda idea de intervención del Estado, al son de las ideas del neoliberalismo, desde los centros y superestructuras hacia las áreas conflictivas, barrios, comunidades, asentamientos urbanos y rurales pobres.

La ideología antiestatista debía ser el motor de intervención dentro de las clases conflictivas, tendiente a producir un colchón social que descomprimiera el descontento de las mayorías populares y desarticulara el movimiento social y popular de clase. Otro factor histórico ayudaría a la confusión del carácter político de las organizaciones no gubernamentales por parte de muchos sectores del campo popular y antiimperialista: el papel desempeñado por algunas de ellas en defensa de los derechos humanos durante las sangrientas dictaduras del Cono Sur y los años de represión con grado de genocidio y etnocidio en Centroamérica.

En este período, incluso desde la izquierda, eran vistas como parte integrante del campo progresista, pese a que sus denuncias de atentados a los derechos humanos jamás incluían a las violaciones perpetradas por EU o países de Europa (en sus invasiones a numerosos países), reafirmando concepciones colonialistas: superioridad moral de centro, primitivismo de la periferia, o se civilización desde el centro (EU y Europa) y  barbarie desde la periferia.

Una de las tareas es formar miles de disidentes en los países que no siguen el rumbo trazado en Washington o Bruselas. La cuestión es organizar y financiar a los potenciales descontentos en los países y lavarles el cerebro a través de los medios de comunicación y las redes sociales.

Tres países del grupo BRICS, Rusia, India y China, promulgaron la ley de Registro de Agentes Extranjeros respecto de las ONG que reciben fondos desde el exterior. Si bien es similar a la que rige en EU desde 1938, Washington anunció “el fin de la democracia” en China y Rusia…

Para cumplir con estas tarea de desestabilización –en nombre de su democracia- las cuatro organizaciones de la NED –Free Trade Union Institute, Center for International Affairs, The National Democratic Institute for International Affairs-, como su sobordinada ONG Freedom House, en coordinación con la Usaid, se dedican oficialmente a financiar y canalizar las fuerzas de las principales organizaciones afines de la sociedad civil en casi cien países.

Los profesionales de la solidaridad

Una década atrás, el diario El País de España dedicó una página entera al tema con el título “Profesionales de la solidaridad”, un sector que ocupaba ya entonces en España a 529.000 empleados remunerados (y mucho incauto mal remunerado). En el artículo se cita sin desparpajo el caso ejemplar de un dinámico economista, con larga experiencia como director de ventas de Procter & Gamble, que ha sido fichado por una ONG fundada por un magnate de la banca.

Cada vez son más concurridos los cursos y posgrados de especialización en ONG impartidos por escuelas de negocios, recordaba el diario español. Las ONG capitalistas actúan como un verdadero disolvente de la sociedad civil. Numerosos militantes y organizaciones populares han sido cooptados por las ONG.

Los “expertos” de las conferencias de donantes recomiendan que Haití debería fortalecer más el sector privado (más del 90 por ciento de su sistema educativo y sanitario ha caído en manos privadas), la transparencia y el buen gobierno. La ironía es que todo apunta a que las recetas deberían aplicárselas a sí mismas las opacas ONG, reluctantes a rendir cuentas a nadie, incluidos los gobiernos donantes.

Obviamente, durante varias décadas hasta hoy, las ayudas a Haití nunca llegaron a los haitianos: quedaron en manos de las ONG europeas y estadounidenses, y sus contratados, que lucran con el hambre de los caribeños.

Aram Aharonian http://www.surysur.net/el-desestabilizador-papel-del-oenegismo/

Alternativa democrática, proceso democrático, unilateralidad, rendición, colaboración y viaje a la nada

El lobby del golpe público de 2009 en el MLNV contó con la diplomacia internacional al servicio del capital antes y después de su maniobra. La máxima escenificación pública de este manejo se realizó en el palacio de Aiete el 17.10.2011 seguido del cese definitivo de la actividad armada de ETA tan sólo 3 días después.

Estos días el lobby que posibilitó el final del MLNV celebra el 10 aniversario de la escenificación de Aiete. Hablamos del mismo lobby que, además de obligar a entregar las armas, hizo renunciar a ETA y al MLNV a su línea de liberación nacional y social.

Así, en pocos años, se argumentó la alternativa democrática (sólo realizable en una situación democrática) bajo la democracia/dictadura del capital. Posteriormente, se pretendió realizar un proceso democrático donde el Pueblo Vasco fuera dueño de su futuro, bajo la misma dictadura del capital. De tal manera que, vista la nula voluntad de los Estados francés, español y de la burguesía vasca, al lobby se le “ocurrió” la maravillosa idea de rendirse unilateralmente y colaborar. Al menos algunos/as no sabemos desde cuándo eran conscientes de lo que al final ocurrió.

Es decir, por muy condicionado que se esté por la filosofía interclasista, el desgaste de tantos años de guerra, las contradicciones que todo ello conlleva, la presión de la socialdemocracia y pequeña burguesía, la presión del enemigo nacional y de clase, etc., no se pueden abandonar las principales banderas de lucha de los últimos 60 años.

Esto es, quizá no se le pueda pedir al conjunto de la Izquierda Abertzale Oficial que mantenga una posición de clase y nacional sin concesiones; una praxis revolucionaria acorde con las condiciones objetivas y subjetivas del momento, con los avances y retrocesos propios y del enemigo, con la situación internacional, etc. Sin embargo, salvo que la línea cambie totalmente, lo seguro es que no será la última vez que se rindan unilateralmente bajo las reglas del enemigo nacional y de clase.

El lobby, padrino y madrina de Sortu (y como el tiempo pasa, en su medida, también cuentan los y las que le dejan hacer o colaboran activamente), está entrampado hasta el fondo desde bastante antes del 2009 hasta nuestros días. Relaciones con el imperialismo (nadie sabe hasta dónde), homenaje a los cuerpos represivos del Estado español, colaboración con el PSOE-GAL… Necesitaríamos horas para explicitar con pelos y señales la práctica colaboracionista tanto a nivel nacional como social.

En esas están, teniendo como principal eje práctico de su accionar político el validar a los instrumentos que le son necesarios al capital para su subsistencia y hegemonía. Al mismo tiempo, su escasa presencia y falta de referencia en el movimiento popular y social y la falta de una firme posición y práctica de clase en el movimiento obrero, se suple con periódicas performances y discursos difusos e interclasistas, como históricamente a la socialdemocracia le ha tocado teatralizar.

En su praxis, nada se escapa a lo que consideran rentable, posible o tenga valor. Para la socialdemocracia y la burguesía el Estado Socialista Vasco no es posible, no es valioso y mucho menos rentable. Para ellos/as, prima la individualidad, el bienestar y un mundo feliz incluso en las actuales condiciones de ocupación y explotación.

Por la construcción del Estado Socialista Vasco.

No se puede salir de casa

Porque en cuanto sales del zaguán o del dintel de la puerta, o ya estás en la calle, o en el pasto, la amenaza en forma de cualquier contratiempo, te acecha. No puede andar uno tranquilo por la vereda (la acera) sin correr algún peligro como que se le caiga una maceta del quinto piso, vaya por dios, o una cornisa del Palacio de Justicia, qué contrariedad, o que se le venga encima un suicida desde el séptimo, qué fatalidad, o un ángel caído, lo que me faltaba. Pero, convendrán conmigo, es improbable, seamos honestos.

No lo es tanto que crucemos con entes humanos, o que se parezcan, a juzgar por los bozales que llevan en la cara, que nos contagien un virus agresor al menor descuido. Hay que guardar la distancia social, pero ¿cómo hacerlo en el bus o metro camino del trabajo o de vuelta? Seguro que estoy contaminado, pero ¿cómo es posible si soy un asintomático? Es posible. De hecho, hay «expertos» que aseguran que de aquí a dos años no todos calvos, pero sí contagiados. Sus títulos los avalan.

También es verdad que ya resulta imposible ocultar los muertos tras recibir la pauta completa de las vacunas con distinta matrícula con lo que, si bien la mayoría de la gente se vacuna y se muestra obsecuente, cabe pensar que muchos de ellos se vacunan no pensando tanto en los beneficios sanitarios en los que en el fondo no creen como en la posibilidad de, vale decir, recomprar la libertad que le devuelva la normalidad anterior o, al menos, que se le parezca. Y ello a cambio de pagar el billete de la vacuna, pues, sin ella, somos prisioneros, no somos libres.

¿Cómo llamar entonces al pasaporte sanitario si no cómo una forma de comprar la libertad de poder viajar en avión o tren o entrar en un teatro o un restaurante a cambio de inyectarse una vacuna experimental creada casi de la nada en tiempo récord (salvo que ya estuviera creada con antelación)? ¿Cabe mayor coacción? Y ello sin hacer mención de la partición de la sociedad entre vacunados con pasaporte y no vacunados apestosos o la presión irracional ejercida sobre éstos para que se vacunen. Si te vacunas te salvas; si no, te condenas.

Incluso los «asintomáticos» pasarán a ser el mayor peligro de la humanidad por egoístas e irresponsables, cuando está demostrado que, aún vacunado, no estás exento de contagiar y ser contagiado, pero mejor buscar chivos expiatorios. El chantaje consiste en tener que vacunarse para poder hacerse la ilusión de recobrar (comprar) una libertad perdida que ha sido eliminada por los mismos causantes del liberticidio. Es como en la antigua Roma donde los esclavos podían liberarse si pagaban una determinada cantidad de sestercios a su amo. Y eso en caso de que el amo quisiera vender. El esclavo, «liberto» (así se llamaban), era libre pagando de su propio peculio al amo. Con las vacunas algo parecido. Te sometes al mismo que ha anulado tu libertad y, encima, con tu consentimiento previo lavado de cerebro mediático.

Yendo a otro plano se observa que el tratamiento informativo de la pandemia apenas cambia nada del reseteamiento dado a, por ejemplo, el volcán que ha entrado en erupción hace tres semanas en la isla canaria La Palma. Surgen vulcanólogos (o volcanólogos, que ambas valen) como setas «fichados» por las cadenas televisivas (como pasa con la pandemia, ahora en segundo plano, pero no olvidada) que hablan y no paran hasta llegar a niveles de saturación extenuante donde cada vez se les entiende menos espantando a la audiencia ya aburrida.

Aterrizan primeras espadas de dichos canales (un par de días, no más) en «donde está la noticia», y también personajes de medio pelaje buscando la desgracia, oliendo sangre e inspirando la lágrima, cuando no «fuerzan» la situación preguntando por víctimas de la desgracia «que necesito» para el programa, como le pillaron a una descerebrada de un programa rosa (Lydia Lozano) desenmascarando las verdaderas intenciones de los media: rellenar horas y horas de programación y espectacularizar las imágenes en aras del share.

Tampoco faltan uniformados «dirigiendo» (recuerde el lector la aparición de militares al principio de la pandemia) la cosa, paisanos desesperados y mucha lágrima. Un tratamiento, como decimos, de shock, de inseguridad, de enemigo invisible, inquietante, de gafas y mascarillas, de calibrar a diario la pureza del aire (como si no lo supieran los lugareños) y así día a día hasta que aparezca una invasión extraterrestre que requiera ser atendida para tenernos bien informados y si hay que ponerse mascarilla o no o hay que lavarse las manos de lo marranos que son. Como las películas de serie B gringas en plena guerra fría con terroríficos platillos volantes seguramente conducidos por el «peligro rojo» comunista.

Stay screen.

Condenados a la salvación

La lunática campaña de vacunación masiva, si bien no obligatoria stricto sensu, pero no exenta de fuerte coacción directa y amenaza indirecta, tiene, si bien se mira, ribetes, connotaciones y aristas religiosas. Y, por supuesto, discriminatorias como se puede ver, aún más claramente, en la extensión del pasaporte covid o sanitario que no es sino una forma más de forzar a la gente a que se vacune si quiere viajar o, simplemente, entrar en un restaurante o un teatro, que hasta ese extremo llega la paranoia.

Recuerda las medievales «limpiezas de sangre» donde se distinguía entre «cristianos viejos» y «nuevos», esto es, entre quienes no tenían mácula de sangre en sus venas, léase judía o mora, y quienes eran moriscos o judíoconversos, o sea, cristianos de segunda categoría. Lo que no era óbice, en una muestra de hipocresía, para que judíos adinerados o preparados y formados profesionalmente ocupasen elevados puestos de la administración de la Corona. Igual que si eres «famoso» puedes sortear ese pasaporte y desplazarte a cualquier punto del globo.

Tenemos, pues, una clara muestra de discriminación social que el lector puede trasladar a los judíos marcados en la época nazi antes de los campos de concentración.

Volviendo a la vacunación no nos resistimos a compararla con los bautismos forzosos de otras épocas de conquistas ya periclitadas. Si a la fuerza ahorcan, como suele decirse, lo mismo cabría decir que «a la fuerza bautizan-vacunan». Si en los tiempos coloniales se bautizaba bajo la amenaza de la espada, ahora te bautizan ya recién nacido (salvo que seas anabaptista) y te vacunan bajo la más absoluta de las desinformaciones y con la severa admonición de un sumo sacerdote que viste la bata blanca de la llamada comunidad científica con sus inquisidores en la que no creemos, sometida a intereses espurios, pero sí en la Ciencia.

Y así tenemos que de igual modo que se bautiza al recién nacido, se ha llegado a oír la criminal intención de vacunar a criaturas de meses. Imagina uno la siuación tragicómica del padre que lleva a su hijo/a al Registro Civil y el funcionario le pregunta: ¿Religión? «Católica», responde. ¿Vacunado? «Por supuesto», responde casi ofendido por la duda. Se permitiría incluso que el padre dijera que no tiene religión a que confesara el grave delito de no haberse vacunado, esto no. Sería un atentado a la Humanidad, un ejercicio de «irresponsabilidad».

Pero lo peor y que no puede soportar una dictadura fascista sanitaria: un acto de desobediencia, un amago de rebeldía. por lo tanto, su destino es el limbo (si no estás bautizado) o el lazareto si eres tratado como un leproso (que, por cierto, no contagian), al manicomio si eres Miguel Bosé o al averno si denuncias y combates la estafa de la pandemia y sus planes de control social (y neomalthusiano en «altruistas» tipo Bill Gates) ante el marasmo y crack del sistema capitalista y sus miserias.

Segrega a las mujeres que algo queda (y no sólo en Afganistán)

Desde el 31 de agosto, la inmensa mayoría de noticiosos que se escriben o emiten sobre Afganistán están centrados en la discriminación de la mujer, centrándose la mayoría de ellos en que las niñas no podrán ir a la escuela y que éstas están “segregadas por sexos”. Aluden ciertos o ciertas periodistas a nombres como las “activistas” Zarlasht Mayar o Masouda Kohistani, a saber si son reales o ficticias afirmando que “la segregación de las clases es un comienzo para aislar a las mujeres de la sociedad” (1).

De lo poco o nada que hablan es de la concentración el día 11 de septiembre de centenares de mujeres en la Universidad Shahid Rabbani de Kabul y de sus manifestaciones. “Las mujeres estarán seguras ahora. Apoyamos con todas nuestras fuerzas al nuevo Gobierno”. “Estamos en contra de esas mujeres que protestan en las calles pretendiendo representar a las mujeres afganas”, “¿La libertad es igual a querer al antiguo Gobierno? No. Eso no es libertad”. “El Gobierno saliente abusaba de las mujeres, las contrataba solo por su belleza”. Después de la concentración las manifestantes salieron a la calle mostrando pancartas en las que se leía: “Las mujeres que se han marchado de Afganistán no pueden representarnos”, en una clara advertencia a la hipócrita progresía euronorteamericana (2).

Es de imaginar que hacían referencia a dos feministas occidentales: la cantante de pop Aryana Sayeed, evacuada en dirección a Estados Unidos. Según la página oficial de la OTAN, Aryana Sayeed es considerada la artista femenina más conocida y establecida y una defensora de las mujeres y los derechos humanos de la generación actual de Afganistán. Nacida en Kabul, Aryana abandonó el país de su nacimiento a una edad temprana debido a la larga guerra civil; inicialmente emigró a Pakistán con su familia y después de una breve reubicación en Suiza, finalmente se estableció en su ciudad natal actual de Londres. En los últimos años, Aryana ha pasado la mayor parte de su tiempo dentro de Afganistán mientras se desempeñaba como entrenadora en el programa de talentos internacionalmente conocido The Voice y como jueza en el programa de televisión más grande de Afganistán, The Afghan Star. En 2018 también se desempeñó como juez internacional en The World’s Best, de CBS (3).

Y la directora de cine Sahraa Karimi huída a Ucrania. Katayoon Shahabi, producirá la película “Flight from Kabul”, al igual que la presidenta de la Academia de Cine y Televisión de Eslovaquia, Wanda Adamik Hrycova. Esta última ayudó a Karimi a huir de Afganistán y asegurar el paso a Ucrania. Karimi estudió en Eslovaquia y tiene la ciudadanía eslovaca (4).

Curiosamente las dos “emblemáticas activistas afganas”, una tiene la nacionalidad inglesa y la otra la nacionalidad eslovaca.

RET International es miembro de la Red Interinstitucional para la Educación en Situaciones de Emergencia (INEE – www.ineesite.org). Es una red global de representantes de organizaciones no gubernamentales, la ONU, organismos donantes, gobiernos, instituciones académicas. Pues bien, desde 2001 RET forma parte del Comité Directivo de la INEE y en el 2010 detenta su presidencia junto con el Banco Mundial (5).

Uno de los grandes contribuyentes es el Departamento de Estado norteamericano, a través de la Oficina de Población, Refugiados y Migración, la cual en su página web ante la pregunta sobre las actividades que financia: “¿Las ONG que reciben dinero de la Oficina están obligadas a seguir alguna directriz? Sí. La Oficina financia proyectos que se ajustan a la misión de la Oficina” (6).

Dicha ONG publicaba un informe en octubre de 2015 que llevaba por título “Afganistán: Una reflexión sobre protección de mujeres jóvenes afganas” en el cual señalaba que: ”En Afganistán sólo maestras pueden enseñar a mujeres y niñas, lo cual agrava la situación dado que en general hay un mayor número de maestros acreditados; todavía hoy es así. Estos elementos generan una escasez crónica de clases de primaria para mujeres, y las pocas que existen deben otorgar prioridad a las niñas en edad para ese nivel de estudio… Además las clases no pueden ser mixtas, no solamente en términos de género sino en lo que respecta a grupos de edad y situaciones de vida (mujeres casadas no pueden estar en el salón de clases con niñas vírgenes). El espacio insuficiente en las escuelas produjo la exclusión definitiva de muchas jóvenes, quienes se vieron forzadas a perder años de escolaridad” (7).

Aunque curiosamente en aquel momento ningún o ninguna periodista escribía sobre ello, pues de lo que se trataba era de encubrir el régimen invasor euronorteamericano. ¿Es que los/las periodistas canallas se han enterado ahora del sistema de enseñanza diferenciado por sexos en Afganistán?

Pero ahondando más en el tema de la diferenciación por sexos, pocas o ninguna noticia aparece en los medios sobre la implantación en las escuelas públicas de Estados Unidos y Europa sobre esta cuestión. Al respecto es interesante el estudio investigativo realizado el año 2013 por María Calvo Charro, Profesora Titular de Derecho Administrativo de la Universidad Carlos III (Uned. Revista de Derecho Político N.º 86, enero-abril 2013, págs. 159-194) con el título “Los colegios diferenciados por sexo en Estados Unidos: Constitucionalidad y actualidad de una tendencia imparable”, en el cual afirma: “En los últimos años Estados Unidos ha experimentado el resurgir de la educación diferenciada por sexo con el apoyo de políticos de muy diferentes tendencias, educadores, padres, ciertos sectores feministas, así como asociaciones de defensa de los derechos de los afroamericanos y otras minorías”.

Las experiencias diferenciadas en centros públicos han crecido considerablemente al amparo de esta ley que además permite que este tipo de centros, a pesar de ser públicos, puedan recibir financiación adicional, aportaciones económicas y donaciones de entidades y sujetos privados deseosos de apoyar estos proyectos. Gracias a lo cual se han podido abrir varios centros femeninos y masculinos en Bronx, Queens y también en Chicago, Philadelphia, Dallas y Austin, en los que se están alcanzando tasas de éxito escolar antes impensables entre minorías desfavorecidas. La educación separada por sexo ha sido especialmente incentivada por grupos de defensa de los derechos civiles de minorías, que lo consideran un modelo óptimo para superar el déficit educativo histórico de afroamericanos y latinos. De hecho, las experiencias en este sentido, amplia y expresamente apoyadas por el Presidente Obama y el Secretario de Educación Duncan, están dando magníficos resultados que superan todas las expectativas.

En otros países también se ha abierto un intenso debate público sobre la eficacia de la educación diferenciada, sus ventajas y desventajas están siendo analizadas en profundidad. Y en muchos de ellos la discusión y el análisis ha dejado ya paso a la adopción de medidas concretas, como la creación de colegios públicos “single sex” o la separación dentro de un mismo colegio de clases de niños y clases de niñas durante determinadas edades. Como ejemplo, podemos citar el caso de Nueva Gales del Sur, el estado con más población de Australia, donde las solicitudes de plaza en escuelas públicas mixtas se redujo, ya en el 2001, en un 50 por ciento. Otro ejemplo lo encontramos en los Lander alemanes de Berlín y Renania del Norte-Westfalia, donde, desde 1998, por iniciativa de los socialistas y los verdes y con apoyo de los movimientos feministas, después de una seria investigación, se autorizaron las clases diferenciadas por sexo. En Francia, la educación mixta comenzó a cuestionarse seriamente a partir de la publicación del controvertido libro del sociólogo (especialista en temas de adolescencia, juventud y familia) Michel Fize (2003), “Las trampas de la educación mixta”, donde expone cómo la educación mixta en el país galo no ha conseguido asegurar la igualdad de oportunidades ni de sexos. En Québec, el prestigioso Consejo Superior de la Educación, en un informe de 1998, estimó necesaria una radical reforma pedagógica encaminada a separar chicas y chicos en las escuelas. Medida que de hecho ya se está aplicando. En Suiza, el debate se reabrió en 1993 a raíz de una Conferencia de Directores Cantonales de Educación. En las conclusiones finales se proponía que, para eliminar los estereotipos y atender mejor a las necesidades de las chicas, era preciso adoptar las medias que fueran necesarias, incluyendo la separación de sexos, con el fin de lograr una enseñanza individualizada y diferenciada” (8).

En el “occidente civilizado”, la diferenciación educativa por sexos se defiende y ampara en base a estudios pedagógicos y para proteger a niñas y adolescentes de la prepotencia de los varones, principalmente en primaria y secundaria. En el “oriente fundamentalista” se anatematiza y se le da el nombre de segregación.

Y hablando de “segregación” en la escuela, un reciente informe de mayo de 2021 publicado por ESADE (EsadeEcPol) y Save the Children, muestra que España es uno de los países de la OCDE que más segrega al alumnado según su nivel socioeconómico, solo por detrás de Turquía y Lituania. Según José Montalbán, economista y profesor en el Institute for Social Research (SOFI) de la Universidad de Estocolmo, la segregación sería “la concentración de un grupo de la población determinada. Por ejemplo, inmigrantes versus no inmigrantes o ricos versus pobres en un sitio muy determinado que, en este caso, son los centros educativos”. Para que no hubiese segregación, un 32 por ciento del alumnado más desfavorecido tendría que cambiar de colegio. “Normalmente vas al cole que está más cerca de tu casa. Si ya de por sí hay segregación residencial alta. Eso implica que los chavales de un barrio, más pobres, no se mezclarán con los de otros barrios más ricos” (9).

España tiene un grave problema de segregación escolar, entendida como la concentración de niños de familias pobres en centros concretos de un municipio o una autonomía frente a colegios privilegiados, con una presencia escasa de rentas bajas, en los mismos barrios o territorios.

Estas escuelas e institutos, las más expuestas al fracaso escolar, se consideran centros segregados cuando el porcentaje de alumnos con familias desfavorecidas y con baja formación supera el 25 por ciento y se denominan colegios “gueto” cuando la concentración es superior a la mitad de los estudiantes (10).

No se trata en este escrito de profundizar en el debate sí o no escuela mixta, tan solo apuntar que la información o desinformación periodística que llega a nuestros ojos y oídos ya de por sí es segregadora, oculta distintas realidades en diversos países, para centrarse solamente en seguir las órdenes de quienes intentan desesperadamente justificar la injustificable invasión de un país durante veinte años y el asesinato de cientos de miles de hombres, mujeres y niños para imponer “manu militari” la civilización occidental.

Para esto cobran los/las periodistas canallas.

(1) https://www.dw.com/es/afganist%C3%A1n-las-mujeres-podr%C3%A1n-estudiar-pero-separadas-de-los-hombres/a-59159689
(2) https://www.dw.com/es/afganist%C3%A1n-mujeres-manifiestan-apoyo-a-talibanes-en-kabul/a-59156780)
(3) https://nato-engages.org/speakers/aryana-sayeed/
(4) https://womenandhollywood.com/sahraa-karimi-is-making-a-film-about-her-escape-from-afghanistan/
(5) https://es.theret.org/donors-partners/
(6) https://www.state.gov/population-refugees-and-migration-funding-opportunities/
(7) (https://es.theret.org/our-thoughts-on-protecting-young-afghan-women/)
(8) http://www.easse.org/es/content/236/LOS+COLEGIOS+DIFERENCIADOS+POR+SEXO+EN+ESTADOS+UNIDOS%3A+CONSTITUCIONALIDAD+Y+ACTUALIDAD/
(9) https://www.newtral.es/segregacion-escolar-informe-espana-ocd/20210502/
(10) https://www.hoy.es/sociedad/educacion/espana-tercer-pais-20210428132605-ntrc.html

De ratones y mujeres

Tengo una amiga con un ratón en casa. No es que haya acudido a mí histérica y me lo haya confesado pidiéndome solución rápida por ser yo defensor de los animales, ni por tanto pretende con ello que le solucione el «problema». Porque no hay tal. El roedor vive en su casa desde hace algo más de un año; emprende sus correrías cuando toca y se abastece de lo que pilla cuando procede. ¿Cómo consiguió el pequeño entrar en la vivienda de mi amiga?, se preguntarán ustedes. (Y si no lo hacen es lo mismo, porque lo voy a contar de igual manera). Pues por la puerta, el sitio más lógico incluso para un ratón. O no tanto. En realidad, nuestro amigo ingresó en su nuevo hogar en estado de semiinconsciencia, tendido cuan largo era sobre el fondo de una caja de zapatos, cubículo perfecto para su traslado desde la calle, donde no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir, menos si tenemos en cuenta que acababa de ser rescatado de las fauces de un gato callejero, quien, quizá sin mala intención, dio rienda suelta por un momento a su ancestral instinto. (Nadie le culpa por ello).

Imagino que durante los primeros días le invadiría el desconcierto ―al ratón, digo―, pero enseguida pareció amoldarse con pasmosa naturalidad a su nuevo hábitat. Bien es cierto que a ello ayudó el hecho de que mi amiga le procurase desde el inicio el condumio necesario en cantidad suficiente, y él lo agradece no dejando ni rastro de los presentes. Mi amiga no lo ve con frecuencia, pues es sabido que los ratones son grandes amantes de la discreción, pero escucha a diario sus patitas cuando al anochecer él despierta y se dispone a iniciar su particular jornada. Sabe que le espera su platito de cereales ―de los del desayuno de humanos, de marca, pues a lo bueno se acostumbra uno enseguida―, mas no es ésa su comida favorita, pues tal honor se lo lleva la harina integral: pasión es lo que tiene por ella. Porque en casa de mi amiga se hace pan a diario, con productos naturales y sin conservantes, con lo que es fácil adivinar de dónde le viene al muy pendenciero la salud de hierro de la que parece gozar hasta la fecha, por cuanto conviene aportar como dato adicional que nuestro protagonista pasó en pocas semanas de esmirriado a rollizo.

Durante meses el ratoncito confió en sus anfitriones, dado que estos nunca mostraron hacia él el menor atisbo de agresividad. Pero todo cambió el día en que trataron de capturarlo con el loable deseo de ofrecerle la libertad en el campo. El susto que se llevó el pequeñajo al verse acorralado en el pasillo por la pareja de grandullones hizo que a partir de entonces perdiera toda fe en los humanos, lo que en cierta forma refuerza la tesis de que los animales ―ratones incluidos― poseen una inteligencia bastante mayor que la que nuestro antropocentrismo les atribuye.

No será la primera vez que una visita advierte de repente la presencia del enano y pega un brinco en la silla, situación que mi amiga trata de reconducir con un lacónico “no te preocupes, es de casa”. La visita despeja entonces las exiguas dudas que albergaba sobre el equilibrio emocional de la dueña: piensa que está loca. Y algo de ello debe de haber, pues en una sociedad que masacra a inocentes animales en masa por los motivos más triviales, adoptar a un ratón como refugiado necesariamente tiene que suponer por fuerza algún tipo de síndrome ético no diagnosticado hasta la fecha.

A mi amiga le horroriza pensar que alguien pueda enterarse de su secreto fuera de su círculo más íntimo, y de hecho yo no creo estar desvelándolo si la mantengo a ella en el anonimato. A veces me cuenta entre cómplice y emocionada detalles de su convivencia diaria con un ser que tiene sus horarios, sus preferencias, e incluso sus manías. Me hace partícipe de su particular experiencia: compartir piso con un pequeño duende que con toda seguridad envejecerá con dignidad, a buen recaudo de los monstruos humanos que hemos endosado a los roedores la poco amigable etiqueta de “plaga a exterminar”, como si nosotros no fuéramos de hecho la peste más destructiva que el mundo haya conocido. Él acabará sus días sin haber sentido nunca los insoportables retortijones del veneno, sin haber sido perseguido por una horda de jovencitos con aviesas intenciones, sin haberse visto en la necesidad de vivir exiliado en el permanente destierro de las alcantarillas. Él es un ratón feliz, o al menos todo lo razonablemente feliz que pueda ser un ratón. Porque los ratones sienten, créanme. Eligen entre diferentes posibilidades si se les da la oportunidad. Y ―¿sorpresa?― optan por aquello que les ofrece sensaciones agradables, al tiempo que rechazan el dolor. Ser ratón no implica necesariamente ser imbécil, como ya habrán adivinado.

Apuesto a que pocos de ustedes conocen una historia como la de mi amiga y su ratón. Y de conocerla, hay muchos boletos para que esté protagonizada por una mujer. Porque es este un apartado especialmente significativo para quienes hemos estudiado en algún grado el fenómeno de nuestro comportamiento con los animales. Tal vez sea una chaladura de las mías, pero me dio por pensar que las mujeres han acabado desarrollando una especial empatía hacia los más débiles: las víctimas humanas y animales. Si algo de eso hay, tengo pocas dudas de que tal virtud les viene dada por conocer bien lo que significa ser pateada, golpeada, expulsada de casa; conocer lo que es verte sin hijos y sin futuro, ser paria entre las parias. Son muchos siglos de estigma de mujer, y eso pesa como una cruz de cemento. Pero sobre todo lo saben por la experiencia ancestral de haber cuidado de la prole, adquiriendo la habilidad de dar la teta al bebé, hacer la comida y mantener la choza en condiciones razonablemente dignas. Otro día hablamos de las habilidades masculinas, que también las hay. Pero hoy tocan las chicas.

Recuerdo haber asistido como público a una conferencia del cineasta Juanma Bajo Ulloa en Barcelona, hace de esto ya unos cuantos años. Confesaba Juanma en un momento dado que en las fiestas brutas de los pueblos donde se martirizan animales él solo veía hombres, que las gradas de las plazas de toros estaban ocupadas fundamentalmente por hombres, que quienes cazan animales por diversión son hombres en su práctica totalidad… y que en aquella sala veía sobre todo mujeres. Podría pensarse que el bueno de Juanma recurría por la siempre fructífera corrección política el aplauso fácil de la audiencia. Apenas le conozco en lo personal (cumplimos con el preceptivo interés mutuo por el otro al cruzarnos en el barrio), pero seguro estoy de que lo decía con absoluto convencimiento, y de que era su corazón quien hablaba por él.

El sastrecillo valiente: Alfonso Sastre

El rigor con que Alfonso Sastre (1926-2021) enfrenta su producción creativa y su pensamiento teórico (sin hablar de su contumaz e indesmayable compromiso político) lo convierte en un maldito, una mezcla de dinosaurio artístico-ideológico y viejo topo orador y horadante. Lo más terrible, según los griegos clásicos, era la condena al ostracismo, al destierro, a la des-socialización, al anacoretismo forzado. A eso condenó el stablishment fáctico a Sastre:a lo marginal, a ser un marginal, un dramaturgo -de lo mejor vivo en Europa-, un autor, marginal.

Y cuando se pregunta ¿dónde estoy?, se responde él mismo que “al margen de las márgenes” y no ve más que corrimientos que lo desplazan a él precisamente ahí:al margen, como un escolio escrito. . . al margen del texto. Está uno situado, sin proponérselo, al margen, desorbitado, fuera de órbita, como un forajido (fora exitus, fuera de lugar), proscrito. Expulsado de la República de las Letras al Reino de Marginalia. Ancha es Marginalia, universo paralelo a la tierra de canallas, donde se obliga a decir “España son ellos”, martillo de herejes.

Poblada y vastísima es la producción literaria y artística de Sastre, trufada de ensayo y poesía, artículos y, por supuesto y ante todo, teatro. Un teatro más representado en Europa que en España, más leído que visto en escena. Ninguneado, represaliado (me contaba Sastre cómo cuando en 1986 se estrenó con éxito enorme su obra “La taberna fantástica” ¡¡escrita en 1965!!, y donde se reveló como actor fabuloso Rafael Álvarez, “El Brujo”, le llamó personalmente para felicitarlo Javier Solana, entonces ministro psoecialista de Cultura y posterior secretario general de la OTAN).

De clara base realista, su teatro quería experimentar con otros elementos que enriquecieran la obra e ideó lo que llamó “tragedia compleja” donde se mezcla lo irrisorio y épico del héroe, lo mismo individual (“La sangre y la ceniza” sobre Miguel Servet) que colectivo (“Crónicas Romanas”). Nuestro Señor Don Quijote, que diría Unamuno, sería modelo “complejo”: se ríe uno, pero con pena. Y todo hilvanado mediante un método que Sastre desarrolló en lo más creativo de su obra como fueron las “tragedias complejas”: la imaginación dialéctica (antes el “distanciamiento” brechtiano) o dilatación imaginaria de la realidad donde se puede dar lo “unheimlich” (lo siniestro de raíz freudiana donde se entremezcla la situación familiar con lo extraño, una suerte de dêja vu) y lo terrorífico, a lo que era muy aficionado.

Sastre, un hombre nuevo frente a tanto marasmo, molicie y pesebrismo.

Producción literaria y lucha de clases

“Estamos en efecto ante el hecho que el aparato burgués de producción y publicación tiene la capacidad de asimilar e incluso propagar cantidades sorprendentes de temas revolucionarios, sin poner por eso seriamente en cuestión ni su propia existencia ni la existencia de la clase que lo posee… Afirmo además que una parte considerable de la literatura llamada de izquierda no ha tenido otra función social que la de extraer de la situación política cada vez nuevos efectos; para el entretenimiento del público”
(Walter Benjamin. Ponencia presentada en El Instituto para el estudio del fascismo. París, 27 de abril de 1934)

Dando un vistazo a las subvenciones concedidas por el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya en 2020, hay una cantidad de literatura aparentemente de izquierdas o “radical” que está financiada por esta Consellería. La pregunta que surge es: ¿cómo se puede entender que un gobierno extremadamente neoliberal (el más neoliberal de toda España) subvencione ediciones aparentemente de izquierdas?

Seguramente la reflexión que hacía Walter Benjamin en 1934 la podemos dar por actualizada como si los años no hubieran pasado. Y a continuación, repasando los catálogos editoriales “radicales” podemos preguntarnos si su contribución es para espolear la necesidad organizativa del proletariado o es para entretenimiento de un público que se autocalifica de “progre”.

Indigenismos, tercermundismos, LGTBI, movimientismos, feminismos posmodernos, refugiadismos, neomarxismos interclasistas, trotskismos, antistalinismos… e incluso comunismos que afirman que tal concepto no es un “proyecto” sino una “práctica” (como dice Isabelle Garo) alejando la perspectiva acuñada por Marx de “subvertir todas las relaciones sociales en las cuales el ser humano es un ser envilecido, humillado, abandonado, despreciable”.

Si se quisiera decir que la diferencia es relativa o de interpretación semántica se estaría faltando a la verdad, atendiendo al que se desprende de la interpretación del contexto y la intención de la afirmación que hace la autora.

Si nos situamos en la intención de un proyecto, entendido como una cuestión en la conducta humana, es el establecimiento de un plan propuesto para realizar aquello que se piensa llevar a desempeño, y evidentemente el plan tiene un objetivo, que en el caso del comunismo es la supresión de las clases en la sociedad, las desigualdades que configuren su existencia y un nuevo modelo civilizatorio.

Por el contrario práctica, es la aplicación de ciertos preceptos, ciertas reglas, etc., aplicación de aquello que se ha aprendido, donde se funden, cuando no confunden, los hábitos y obviamente las tradiciones, simplemente una cotidianidad de comportarse de una manera determinada, que simplemente puede ser la forma más adecuada de comportamiento en función de unos parámetros que se pueden haber logrado personalmente o por influencia del entorno social, donde no es exigible ningún proyecto o plan como una gran estrategia colectiva y con una finalidad transformadora.

Ahora bien, si la intención es la de la llevar a la práctica un proyecto, entendido como lo que ahora es muy habitual denominar trabajos docentes o estudios técnicos, para darles mayor “entidad”, lo que acaba siendo una práctica es el ejercicio de una profesión, lejos de lo que tiene que ser la pretensión de querer impulsar y especialmente instaurar el proyecto del comunismo.

Hay una coincidencia en la literatura “radical” para obviar dos cuestiones básicas: la necesidad de la organización con militantes que piensen con su propia cabeza como condición indispensable para serlo; y que el comunismo plantea una alternativa civilizatoria que va más allá de la economía y la política, que hunde sus raíces en la ciencia, en todo el entramado que se denomina cultura y también evidentemente tiene que aspirar a configurar como referente una ética proletaria.

La necesidad partidaria tiene que servir para organizar la resistencia, y para subvertir constantemente el orden establecido; el proyecto de nueva civilización como hito a tener en cuenta y la organización subordinada a este hito.

Como ya en su momento advirtió Evgeni Pasukanis que lo importante no es solo lo que el Estado hace, sino también la forma en que lo lleva a cabo. En ambos casos, la neutralidad no tiene cabida, puesto que cada aspecto de la organización y accionar estatal expresa y refuerza su naturaleza de clase. Y aquí podemos incluir la práctica del “subvencionismo” hacia centenares de asociaciones de los más variados colores, muchas de ellas se nombran radicales e incluso antisistema.

Podemos considerar que el Estado, como representante de una clase, objetivo de la cual es la reproducción de las relaciones sociales existentes en una escala siempre creciente, no hace “gastos” cuando reparte subvenciones, sino que realiza siempre “inversiones”. Inversiones de las cuales piensa sacar un rendimiento que está caracterizado no tanto por su estatus monetario, sino para asegurarse el consenso, o el disenso “dentro de un orden”.

Asociaciones con el modernísimo nombre de organizaciones no gubernamentales, las cuales el Banco Mundial las define como “organizaciones privadas que persiguen actividades para aliviar el sufrimiento, promover los intereses de los pobres, proteger el medio ambiente, brindar servicios sociales básicos o realizar actividades para el desarrollo de la comunidad”. Así la producción literaria, a imagen y semblanza de lo que dicta el Banco Mundial, reafirma el sistema de dominación con una vestimenta progresista e incluso radical.
Las tesis justificativas de los receptores se amparan en que “si existe un dinero que en realidad lo aportan los ciudadanos. Si este dinero puede utilizarse en proyectos emancipadores, ¿no es mejor que lo utilicen organizaciones progresistas?

Pero tal vez hay que plantear otra pregunta: ¿desde la perspectiva de un cambio radical, es lícita la colaboración con los respectivos gobiernos aceptando sus subvenciones?
Y ante la reclamación que la producción literaria tiene una función educativa, podemos recoger las palabras de Francisco Ferrer Guardia, en el Boletín nº 5 del año cuatro de la Escuela Moderna, donde escribió “A propósito de las subvencionas” lo siguiente:

“Tristeza e indignación nos causó leer la lista de subvencionas que el Ayuntamiento de Barcelona votó para ciertas sociedades populares que fomentan la enseñanza. Vimos cantidades destinadas a fraternidades republicanas y otros centros similares, y no solamente estas corporaciones no han rechazado la subvención, sino que han votado mensajes de agradecimiento al concejal del distrito o al Ayuntamiento en pleno.

“Que suceda esto entre gente católica y ultraconservadora se comprende, ya que el predominio de la Iglesia y de la sociedad capitalista sólo puede mantenerse gracias al sistema de caridad y protección bien entendidas con que dichas entidades saben contener al pueblo desheredado, siempre conformado y siempre confiado en la bondad de sus amos. Pero que los republicanos se transforman de revolucionarios que deben ser en pedigüeños, cual cristianos humildísimos, eso sí que no podemos verlo sin dar la voz de alerta a los que de buena fe militan en el campo republicano.

“Que tiendan de ese modo la mano pedigüeña los hombres que en son de protesta revolucionaría se unen para cambiar de régimen; que admitan y agradezcan dádivas humillantes y no sepan confiar en la energía que tiene que dar la convicción de su razón y de su fuerza, lo repetimos, entristece e indigna”.

Quién lo escribió, pagó su osadía de enfrentarse a la estructura educacional al ser fusilado el 13 de octubre de 1909 en el cementerio de Santa Eulàlia. La burguesía catalana ya podía respirar tranquila, disponía del monopolio educativo, y los radicales subvencionados ya no tendrían de esconder sus vergüenzas.

Que existan producciones editoriales con voluntad de colaborar a la construcción de organizaciones comunistas y ser portavoces de un cambio civilizatorio, es loable. Pero al mismo tiempo hace falta que estas producciones sean financiadas por los revolucionarios y no por la clase antagónica. Que los contenidos no sirvan para pintar de varios colores el rojo encendido de la bandera proletaria, que no sirvan para despreciar ni envilecer los intentos fracasados de construcción de nuevas sociedades, sino de críticas constructivas para tenerlas en cuenta en el presente y futuro.

Y, que sirvan para denunciar los intentos de diluir el comunismo dentro de una simulación de defensa del comunismo.

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