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Huelga general de medio millón de trabajadores en Corea del sur

La Confederación Coreana de Sindicatos (KCTU), la organización sindical más grande de ese país, convocó a la jornada de protestas con varias demandas, entre ellas el fin del trabajo irregular (trabajo a tiempo parcial, temporal o por contrato con pocos o ningún beneficio) y extender la protección laboral; mayor poder a los trabajadores en las decisiones de reestructuración económica durante tiempos de crisis; y nacionalizar industrias claves junto a estatalizar servicios básicos como educación y vivienda.

La respuesta del gobierno coreano es criminalizar la protestas. Con la excusa de la pandemia busca prohibir la manifestación, como hizo con las protestas durante los últimos meses. “Por la seguridad de la comunidad”, aseguró este martes el primer ministro Kim Bu-gyeom.

En Seúl se utiliza para intentar prohibir la manifestación el actual distanciamiento social, de Nivel 4, impuesto en el área metropolitana de la capital que impide todos los mítines sociales, excepto para propósitos corporativos u oficiales esenciales.

En Corea del Sur el 40 por ciento de todos los trabajadores tienen empleos irregulares. Al igual que en otros países muchos de estos trabajadores precarizados trabajan en la economía de aplicaciones dominadas por conglomerados corporativos conocidos como “chaebol”, empresas como Samsung, Lotte, LG o Hyundai se benefician de la precarización laboral en el país. El 10 por ciento con mayores ingresos concentraba el 45 por ciento de los ingresos totales del país en 2016, mientras la especulación inmobiliaria ha llevado a una crisis de la vivienda, sumado a la privatización en la educación o la atención médica. La pandemia por el coronavirus dio una mayor exposición a esta situación.

A medida que la pandemia por el coronavirus perdía fuerza, se comenzó a expresar el descontento de los trabajadores. A principios de este año, el personal de limpieza de LG Twin Towers (la sede del rascacielos de la empresa) acampó fuera del edificio de la empresa durante 136 días, en invierno, para protestar contra los despidos y las condiciones laborales en el lugar de trabajo. La respuesta de la empresa fue enviar grupos de rompehuelgas.

Los mineros de carbón de Korea Coal, una corporación minera de carbón propiedad del gobierno, están sufriendo problemas de salud por respirar polvo de carbón y exceso de trabajo. Un trabajador denunció que «el gobierno redujo la fuerza laboral a la mitad, por lo que nuestra unidad ahora tiene que hacer el trabajo de dos unidades. Entonces todos están enfermos. No hay nadie aquí que no esté enfermo. Nuestros salarios deben aumentar, pero se han mantenido igual».

La huelga es la expresión de que los trabajadores quieren recuperar sus derechos, terminar con la precarización exigiendo el fin de las leyes laborales que permiten a las empresas privar a sus trabajadores de los derechos básicos, como el derecho a organizarse, el acceso a los beneficios y la compensación por lesiones laborales.

También exigen nacionalizar industrias que han estado despidiendo trabajadores en masa, incluidas las industrias de aerolíneas, fabricación de automóviles y las constructoras navales. Después de décadas de austeridad, la huelga y movilización convocada por la central sindical toma demandas básicas como garantizar la vivienda, atención médica, cuidado de ancianos, cuidado de niños y educación para todos. Sus demandas incluyen aumentar las unidades de vivienda pública del 5 por ciento al 50 por ciento de todas las viviendas disponibles, hacer que las clases preparatorias para la universidad sean gratuitas para todos y que el estado contrate al menos un millón de trabajadores de cuidados para garantizar la atención gratuita de los ancianos y los niños. para todas las familias.

Corea del Sur se mostró como un modelo a seguir, pero detrás de este modelo los trabajadores que garantizaron la respuesta a la pandemia se expusieron a interminables jornadas laborales y precarización de sus derechos. La crisis por el coronavirus expuso una realidad que ya existía detrás del modelo surcoreano que los trabajadores comienzan a enfrentar.

—https://www.aporrea.org/trabajadores/n368664.html

Los trabajadores de Hollywood están decepcionados con el acuerdo firmado por el sindicato

Hollywood ha evitado un duro golpe en el último minuto. La industria audiovisual se encontraba al borde de la huelga, una que habría sido probablemente más grande que la de guionistas de 2007, hasta que pocas horas antes de la fecha límite se alcanzaba un acuerdo entre IATSE, la Alianza Internacional de Empleados de Escenarios Cinematográficos, y la AMTP, los productores de la gran y pequeña pantalla.

El presidente del sindicato que abarca los puestos técnicos detrás de las películas y las series, Matthew Loeb, aplaudía el acuerdo al que habían llegado con “algunas de las empresas de tecnología y entretenimiento más ricas y poderosas del mundo”, gracias al cual mejorarán las condiciones de los empleados en los rodajes. ¿Pero qué opinan los principales afectados por el acuerdo?

Los miembros de IATSE no están tan contentos como los cabecillas de la organización, y según recoge Variety muchos de ellos están pensando votar contra el acuerdo. El 99 por ciento de los más de 60.000 técnicos del sindicato apoyaban la decisión de ir a huelga y esperaban que un parón de semejante calibre en todos los rodajes pusiera contra las cuerdas a los estudios y plataformas de streaming que llevan manteniendo condiciones abusivas como las jornadas laborales de 14 horas y menos de 10 horas de descanso entre un turno y otro. Aunque hay cambios significativos en el nuevo acuerdo, como aumentos de salario anuales del 3 por ciento, asegurar un ambiente de trabajo diverso y seguro, más dinero para pensiones y seguros sanitarios, fines de semana de 54 horas y un mínimo de 10 horas de descanso entre turnos, para muchos no es suficiente.

“Básicamente nada ha cambiado. No he oído a ninguna persona que vaya a votar que sí”, dice a Variety el director de fotografía Ernesto Lomeli. “Queríamos enviar el mensaje de que las cosas necesitaban cambiar de verdad. Las 10 horas entre turnos, esa es la misma mierda que ya está en mi contrato. ¿Por qué me iba a emocionar con eso?”, comenta el técnico Rowan Byers.

Theodore Rysz, otro miembro de IATSE, siente que los encargados de la negociación “les han decepcionado” y Anne Fader, asistente de producción, asegura que tantos años de condiciones abusivas necesitan “una huelga para dejar salir toda esta frustración”. Hay trabajadores que sí han expresado públicamente su conformidad con el acuerdo y agradecen al sindicato lo que han logrado, pero son sin duda una minoría comparado con las voces que creen que podían haber conseguido mucho más.

La votación de los miembros del sindicato no tendrá lugar hasta que los departamentos legales de ambas partes redacten el acuerdo en firme, algo que podría durar semanas, pero por lo pronto la huelga se ha desconvocado y los rodajes no se detendrán como estaba previsto. Pero las tensiones, tras tantos años de condiciones de trabajo infrahumanas y de que los nuevos agentes de la industria (como las plataformas de streaming) se hayan aprovechado de ellas y no hayan hecho nada por cambiarlo, no van a desaparecer tan fácilmente.

—https://www.ecartelera.com/noticias/tecnicos-hollywood-no-contentos-acuerdo-evitado-huelga-66644/

El Parlamento centroafricano aplaude a los mercenarios rusos de Wagner

El viernes, en una sesión parlamentaria, el Presidente centroafricano Faustin Archange Touadéra anunciaba un alto el fuego unilateral e inmediato. Paralelamente otro acontecimiento, igual de inesperado, tenía lugar en el hemiciclo.

Los diputados debían preguntar a los ministros de Seguridad y Defensa sobre los atentados que han causado decenas de muertos entre la población civil de la prefectura de Ouaka en las últimas semanas.

Pero la ministra de Seguridad llegó tarde a la sesión y el Presidente de la Asamblea, Mathieu Simplice Sarandji, decidió pasar directamente a la siguiente parte del programa, a saber, la entrega de una “carta de felicitación” dirigida al “contingente ruso” para agradecerle su intervención en la guerra.

El anuncio hizo saltar al diputado Joseph Bendounga. Siguió un virulento intercambio entre los dos hombres y el opositor decidió abandonar el salón de reuniones. Entonces apareció un tal Alexandre Ivanov, que dijo representar a los instructores rusos. Subió a la tribuna en medio de aplausos.

También se encontraba en la sala Dimitry Sytii, fundador de la empresa minera Lobaye Invest, sometida a sanciones por el Tesoro de Estados Unidos debido a sus vínculos con Evgueni Prigozhin, un empresario al que acusan de ser el financiero de la organización paramilitar privada Wagner.

Esta organización, que no tiene existencia oficial, está acusada en numerosos informes, incluso gubernamentales, de graves abusos en la República centroafricana.

Oficialmente la embajada rusa en Bangui dice no tener conocimiento de la presencia de ningún contingente ruso en el país.

El antifascismo no son cuatro chavales con cresta pegándose

El pasado 9 de octubre, Emilio Silva el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), ofrecía una visita guiada por el Cementerio Civil de Guadalajara donde la asociación estaba realizando unos trabajos de exhumación de varios antifascistas asesinados.

La frase que se emplea como título de este artículo, la pronunció el mismo Silva en la visita guiada. Lo dice a un mes de que se cumpla el 14 aniversario del asesinato del joven de 16 años Carlos Javier Palomino por parte de un militar neonazi afiliado al partido Democracia Nacional (DN); y cuatro días después de que se cumplan 30 años del asesinato de Sonia Rescalvo, una transexual asesinada a golpes por varios neonazis en Barcelona.

Pero, ¿cuál es el problema de que haya jóvenes que persigan a neonazis y fascistas?

Escribo este artículo desde lo más profundo de mi ser. Soy nieto de una señora que fue rapada y vejada en su pueblo, porque sus padres y hermanos se habían afiliado a las organizaciones del Frente Popular. Una señora que se fue a la tumba sin saber dónde se encontraba su hermano asesinado en el frente de Córdoba. Sus nietos hemos querido continuar su estela. A consecuencia de ello, hemos sufrido agresiones por parte de neonazis, hemos sufrido ataques, seguimientos y detenciones policiales, etc.

Como mi caso, los de miles de hijos y nietos de trabajadores represaliados por el fascismo. Miles que hemos decidido continuar con el legado de nuestros abuelos. Por continuar con esa memoria, hemos sido represaliados y, algunos por ello, sufren la prisión en sus carnes.

Pero somos idiotas. Imbéciles que no sabemos lo qué es el antifascismo y que hemos puesto nuestros cuerpos contra el fascismo de manera gratuita y errónea. No tenemos ni idea.

Pero las intervenciones del sr. Silva no se quedan ahí.

En enero de este año, cuando Pablo Iglesias se atrevió a comparar el exilio republicano con el exilio del president Puigdemont recibió numerosas críticas de personalidades del mundo de la Memoria Histórica. Una de ellas, fue Emilio Silva que le recordó a Iglesias que: “Cualquier comparación entre el Estado del que se fue Puigdemont y la España de la que huyeron los republicanos es desafortunada. La violencia del franquismo no se debe relativizar porque asesinó física y civilmente a millones de personas”

El Estado del que se fue Puigdemont es el mismo estado donde miembros de la Guardia Civil y el Ejército meten «burundanga» en la bebida de una chica para después violarla. El mismo estado del que tuvieron que huir miles de antifascistas por la represión de individuos que, en aquel entonces, no necesitaban burundanga: violaban con fusil, sotana, tricornio o uniforme de falangista.

Pero en ese mismo estado, hay jóvenes que ponen su cuerpo para evitar que individuos como éstos sigan existiendo. Nietos de los que fueron condenados al olvido. Esos jóvenes que no tienen ni idea de antifascismo y que para el presidente de la ARMH no son antifascistas.

Para Emilio Silva, presidente de una asociación que pretende recuperar la memoria de los asesinados por el fascismo; Carlos Palomino de 16 años, que fue asesinado en 2007 por un militar neonazi cuando acudía a una manifestación antirracista: no era un antifascista.

Entonces, ¿qué era Carlos Palomino?, ¿por qué lo mataron?, ¿lo mataron en una pelea de bandas como acostumbran a decir muchos?

Lógica peligrosa. Porque según la afirmación del sr. Silva podemos llegar a pensar que en la democracia actual no hay víctimas del fascismo. Que vivimos en una democracia imperfecta sí, pero democracia. Que los fascistas son cosas del pasado y los que hay ahora son trasnochados, nostálgicos.

Por esa regla de tres, como en España no hay fascistas, los chavales con cresta que han puesto su cuerpo durante los últimos años no son antifascistas y Puigdemont, nada tiene que ver con el exilio republicano: porque España es una democracia. Imperfecta sí, pero democracia. Nada más lejos de la realidad.

Cuando un joven es asesinado en A Coruña por su tendencia sexual, cuando una joven es violada por cinco energúmenos, cuando un inmigrante recibe una brutal paliza o cuando una familia va a ser desahuciada por el fondo buitre de los que son dueños los oligarcas de este país, a quien vemos en esas manifestaciones es a esos jóvenes con cresta. Donde también vemos a policias armados con banderas franquistas en sus furgonetas, pegatinas en sus pistolas, tatuajes, etc. Vemos a antifascistas con cresta y a fascistas uniformados. Lo que no vemos es a antifascistas como Emilio Silva.

 

Pero si nuestros compañeros asesinados por el fascismo no son antifascistas: ¿qué son?

 

 

 

 

 

El Tribunal Penal Internacional exonera a Estados Unidos de los crímenes cometidos en Afganistán

El Tribunal Penal Internacional, como ya hemos repetido en otras entradas, lo crearon las grandes potencias para someter a los países del Tercer Mundo, que ya estaban bastante sometidos por otro tipo de procedimientos.

Es una empresa neocolonial que fuera de Europa adolece de una absoluta falta de credibilidad, porque no está para juzgarse a sí mismo, es decir, para airear los crímenes de las grandes potencias, como los que han cometido en los 20 años de ocupación militar de Afganistán.

El Tribunal llevaba ya 15 años investigando los crímenes de guerra en Afganistán y hasta ahora no había sido capaz de dar un palo agua. Sin embargo, el 27 de septiembre el fiscal Karim Khan anunció su intención de investigar los crímenes de guerra cometidos en Afganistán… por los talibanes excluyendo los cometidos por las fuerzas estadounidenses y sus aliados.

El lacayo Khan dice que ha decidido “centrar las investigaciones de [su] oficina en Afganistán en los delitos presuntamente cometidos por los talibanes y el Estado Islámico en la provincia de Jorasán, en detrimento de otros aspectos de la investigación”.

En 2016 un informe del Tribunal afirmaba que existe una “base razonable” para creer que Estados Unidos cometió crímenes de guerra en Afganistán.

Al año siguiente la antigua fiscal jefe, Fatou Bensouda, expresó su intención de comenzar a investigar las acusaciones de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra y abrió un plazo para presentar de alegaciones en nombre de las víctimas, dando sólo dos meses para recoger y presentar pruebas.

La organización CAGE presentó relatos de primera mano y pruebas médicas sobre el atroz trato de los prisioneros por parte de las fuerzas estadounidenses, incluyendo homicidios, violaciones y torturas brutales.

La investigación fue rechazada por Estados Unidos, que no dio crédito al Tribunal. “Dejaremos que el Tribunal Penal Internacional muera por sí solo. Al fin y al cabo, por así decirlo, ya está muerto para nosotros”, dijo John Bolton, asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos enntonces.

“Prohibiremos que sus jueces y fiscales entren en Estados Unidos. Sancionaremos sus activos en el sistema financiero de Estados Unidos y los perseguiremos en el sistema penal de Estados Unidos. Haremos lo mismo con cualquier empresa o estado que contribuya a una investigación deel Tribunal Penal Internacional sobre los estadounidenses”, añadió.

El año pasado Trump cumplió esas amenazas y sancionó a varios funcionarios del Tribunal. La investigación también se suspendió después de que el depuesto gobierno de Kabul declarara que investigaría las acusaciones de crímenes de guerra por sí mismo.

Fue sorprendente, ya que el gobierno afgano respaldado por Estados Unidos fue descrito como una “cleptocracia autoorganizada” que torturaba habitualmente a los prisioneros y cometía abusos sexuales. Estaba claro que nadie rendiría cuentas por los crímenes cometidos por las fuerzas estadounidenses y sus aliados en Afganistán.

Un Tribunal sumiso que sabe quiénes son sus jefes

El Tribunal Penal Internacional nunca ha pedido cuentas a los Estados poderosos. En 2020 concedió el “beneficio de la duda” a Reino Unido por los crímenes cometidos en Irak, a pesar de que “indudablemente hay pruebas de que se cometieron crímenes de guerra”, dijo entonces el Tribunal.

Publicó un informe de 180 páginas en el que se documentan los malos tratos infligidos a cientos de detenidos irakíes por soldados británicos entre 2003 y 2009. Los prisioneros fueron golpeados hasta la muerte, abusados sexualmente y violados.

El informe también concluye que “las medidas iniciales adoptadas por las autoridades británicas para investigar las acusaciones parecen haberse visto empañadas por una falta de independencia e imparcialidad incompatible con la intención de llevar a los implicados ante la justicia”.

A pesar de ello, el Tribunal decidió no emprender ninguna acción contra Reino Unido, alegando que no podía establecer si éste había actuado para proteger a los soldados de la persecución.

Por el contrario, el Tribunal Penal Internacional es implacable a la hora de perseguir a los criminales africanos. Tiene unos 30 casos pendientes, siete acusados bajo su custodia y cuatro condenas hasta la fecha. Todos son del continente africano. Por el contrario, no pide cuentas a las potencias occidentales por las aproximadamente 900.000 personas asesinadas en el mundo musulmán como consecuencia de las guerras posteriores a 2001.

Farsa judicial en La Haya

El nuevo fiscal no sólo ha decidido ignorar los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos, sino que también quiere centrarse en el nuevo gobierno de Kabul, es decir, en los talibanes. Muchos verán esta decisión como algo político y como un intento de aumentar la presión sobre el Emirato Islámico de Afganistán.

Esto se produce en un contexto más amplio en el que las instituciones internacionales también parecen hacerlo. En cuanto Estados Unidos se retiró de Kabul, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional suspendieron la ayuda a Afganistán. Estados Unidos, por su parte, congeló la mayoría de los activos del país que se encontraban en la Reserva Federal de Nueva York.

La parte militar de la guerra en Afganistán ha terminado y ha finalizado con la histórica derrota de Estados Unidos. Sin embargo, parece que parte de la comunidad internacional está decidida a librar una guerra económica y diplomática contra Afganistán, poniendo en peligro a los afganos de a pie en un país que ya está al borde de la inanición.

Al conocer la decisión del fiscal, uno de los afganos que presentó pruebas de su brutal tortura por parte de Estados Unidos dijo: “Se suponía que el Tribunal era una herramienta para detener los desastres humanitarios, no para ayudar a crear otros nuevos. ¿Dónde están esos derechos humanos de los que se habla? Para los afganos, no había derechos humanos en [la prisión estadounidense de] Guantánamo, ni en Bagram [base estadounidense en Afganistán], y tampoco los hay en La Haya”.

Será difícil que alguien se lo discuta.

Arnaud Mafille https://www.middleeasteye.net/opinion/afghanistan-us-war-crimes-whitewashing-icc

Hartos de la pandemia, los trabajadores comienzan una oleada de huelgas en Estados Unidos

La agitación laboral del verano en el sector de alimentos procesados en Estados Unidos se ha extendido al otoño, en el que trabajadores hartos de la pandemia han seguido declarándose en huelga para exigir mejores salarios.

Unos 1.400 empleados de las plantas de cereales de Kellogg Co. en Estados Unidos paralizaron actividades esta semana tras señalar que las negociaciones con la compañía sobre sueldos y prestaciones se habían estancado. En Kentucky, una huelga de 420 trabajadores de Heaven Hill Distillery ya lleva cuatro semanas.

Estos paros laborales siguieron a las huelgas en el verano de 600 trabajadores en las instalaciones de Frito-Lay en Topeka, Kansas, y de 1.000 empleados en las plantas de Nabisco en varias partes de Estados Unidos. En junio, Smtihfield Foods logró evitar por escaso margen una huelga de miles de trabajadores en una planta en Sioux Falls, Dakota del Sur.

El número de huelgas es inusual. Kellogg señala que es la primera vez que sus empleados de procesamiento de cereales en Estados Unidos se declaran en huelga desde 1972. La ocasión anterior en que los trabajadores de Nabisco pararon sus labores fue en 1969.

Pero después de 18 meses difíciles, en los que muchos trabajaron turnos de 12 horas y tiempo extra obligatorio para satisfacer la demanda durante la pandemia, los trabajadores no tienen ánimo para efectuar concesiones.

“Estamos pintando una raya”, dijo Rob Long, mecánico de producción que trabaja desde hace 11 años en la planta de Kellogg en Omaha.

Long señaló que él y otros trabajadores están molestos por un sistema de dos niveles de empleados que le da menos prestaciones y paga a los nuevos, lo que crea una brecha entre el personal. Long señaló que la empresa desea eliminar una disposición que actualmente limita a los trabajadores del nivel inferior a 30 por ciento de la plantilla.

Después de décadas de ver a las empresas reducir salarios y prestaciones, los trabajadores del sector de alimentos procesados consideran que tienen una inusual ventaja debido a la pandemia, dijo Patricia Campos Medina, directora ejecutiva del Instituto de los Trabajadores en la escuela de Relaciones Industriales y Laborales en la Universidad Cornell.

La escasez de mano de obra significa que las empresas no pueden sustituir con facilidad a los trabajadores de la producción de alimentos, agregó. Y la pandemia atrajo la atención a la naturaleza esencial y a veces peligrosa de su trabajo.

“Los trabajadores en general están exigiendo a las empresas que inviertan más en la fuerza de trabajo y que no sólo se lleven las ganancias para los accionistas”, agregó.

—https://apnews.com/article/noticias-3de3bc25701df8dafb6a077bd3c6ac9e

‘¡Fuera fascistas de nuestros barrios!’, gritaron los manifestantes en Grecia

Con motivo del año transcurrido desde la condena de la organización nazi “Amanecer Dorado”, se celebraron en Atenas manifestaciones antifascistas convocadas por movimientos, organizaciones, asociaciones estudiantiles y sindicatos.

Al mismo tiempo, se celebraron grandes manifestaciones antifascistas en otras partes de Grecia, como Salónica y Patras.

Con el lema básico “¡Fuera fascistas de nuestros barrios!”, las movilizaciones adquieren una gran importancia ya que tienen lugar pocos días después de los ataques fascistas en el EPAL Stavroupolis, los episodios en el EPAL Evosmos y los asesinatos fascistas en el oeste de Tesalónica.

“Un año después de la condena, los fascistas siembran el odio”, dicen las pancartas, mientras se unen al grito “El Tribunal de Apelación fue el comienzo, en Stavroupoli y en todos los distritos, el fascismo será aplastado por las luchas populares”.

Debido a la marcha, la avenida Alexandras fue cerrada al tráfico.

Previamente, la mujer símbolo de la lucha contra el fascismo, Magda Fyssa, habló, subrayando una vez más que no hemos acabado con el fascismo.

“Luchamos contra el fascismo y el sistema que lo engendra”, “Sois la podredumbre de todos a los fascistas de cada barrio”, fueron algunos de los lemas escritos en las pancartas de los manifestantes de Salónica.

La manifestación partió de la estatua de Venizelos y terminó en Santa Sofía, donde tuvo lugar un concierto antifascista.

—https://remonews.com/greeceeng/fascists-out-of-our-neighborhoods-anti-fascist-demonstration-underway-in-athens-and-other-cities/

La CIA cada vez pierde más espías fuera de Estados Unidos

Decenas de agentes de la CIA han sido detenidos, ejecutados o comprometidos por agencias de inteligencia extranjeras de todo el mundo, dice el New York Times (*).

Entre ellos hay espías e informantes, estadounidenses y ciudadanos de otros países que trabajan para la CIA.

Los altos cargos de la CIA han reprendido a las sedes de contraespionaje de varios países por falta de formación, por subestimar las competencias de las agencias extranjeras y por reclutar personal sin tener en cuenta los posibles riesgos.

La CIA ha exigido a sus agentes que resuelvan todos los problemas identificados y mejoren el trabajo de los agentes en el extranjero. No se indica el número exacto de informantes comprometidos. Sin embargo, se informa de que Rusia, China, Pakistán e Irán se han vuelto mucho más eficaces a la hora de rastrear y neutralizar a los espías de la CIA, además de convertirlos en agentes dobles.

Según la CIA, no es sólo la habilidad de los competidores lo que ha llevado a los fracasos de los informantes, sino también la traición dentro de las filas de la contrainteligencia estadounidense. Se ha revelado que algunos funcionarios del departamento transfieren datos de los agentes a servicios especiales extranjeros y violan el secreto de los canales de comunicación.

(*) https://www.nytimes.com/2021/10/05/us/politics/cia-informants-killed-captured.html

Aparece quemado un centro de torturas de la CIA en Kabul

Un comandante talibán invitó a los medios de comunicación a inspeccionar el lugar donde Estados Unidos realizó incursiones mortales y torturó a los prisioneros.

Los coches, minibuses y vehículos blindados que la CIA utilizaba para librar su guerra en la sombra en Afganistán fueron alineados y quemados hasta quedar irreconocibles antes de que se marcharan las tropas estadounidenses. Bajo sus caparazones de color gris ceniza, los charcos de metal fundido se habían solidificado en depósitos permanentes y brillantes de metal cuando el fuego se apagó.

La falsa aldea afgana en la que entrenaron a fuerzas paramilitares vinculadas a algunos de los peores abusos contra los derechos humanos de la guerra se había derrumbado sobre sí misma. Sólo un alto muro de hormigón dominaba todavía los montones de barro y las vigas retorcidas que antaño se utilizaban para entrenar en los odiosos asaltos nocturnos a las casas de los civiles.

El enorme depósito de municiones fue destruido. Los numerosos medios para matar y mutilar a los seres humanos, desde los fusiles hasta las granadas, desde los morteros hasta la artillería pesada, dispuestos en tres largas filas de contenedores, uno encima de otro, se redujeron a fragmentos de metal retorcido. El estallido de la enorme explosión, que se produjo poco después del atentado suicida en el aeropuerto de Kabul el 26 de agosto de 2021, sacudió y aterrorizó a la capital.

Todos estos edificios estaban situados en el complejo de la CIA, que durante 20 años ha sido el centro oscuro y secreto de la “guerra contra el terror” dirigida por Estados Unidos, un lugar donde se han producido algunos de los peores abusos que han empañado la operación en Afganistán.

El vasto complejo de la ladera, que abarca tres kilómetros cuadrados al noreste del aeropuerto, se hizo tristemente célebre al menos en 2005 al comienzo del conflicto por las torturas y asesinatos cometidos en su prisión llamada “Salt Pit”, cuyo nombre en clave era Cobalt para la CIA. Los hombres que estaban recluidos allí la llamaban la “prisión oscura”, denunciada por Human Right Watch en diciembre de 2005, porque no había luz en sus celdas. La única luz ocasional provenía de los faros de los guardianes.

Fue aquí donde Gul Rahman murió de hipotermia en 2002 tras ser encadenado a una pared, medio desnudo, y dejado toda la noche a temperaturas bajo cero. Su muerte dio lugar a las primeras directrices oficiales de la CIA sobre los interrogatorios en el marco de un nuevo régimen de tortura, que se plasmaron en un informe de 2014 en el que se concluía que el maltrato a los prisioneros no aportaba información útil (*).

La base fue durante dos décadas un secreto muy bien guardado, visible sólo en las fotos de los satélites, guiados por el testimonio de los supervivientes. Ahora, las fuerzas especiales talibanes se han trasladado al lugar y, recientemente, han abierto brevemente el recinto secreto a los periodistas.

“Queremos mostrar cómo han desperdiciado todas estas cosas que podrían haber servido para construir nuestro país”, dijo el mulah Hassanain, comandante de la unidad de élite 313 de los talibanes, que dirigió el recorrido por los recintos destruidos y quemados, los “pozos de fuego” y los coches, autobuses y vehículos militares blindados calcinados.

Las fuerzas especiales talibanes incluyen a los terroristas suicidas que recientemente marcharon por Kabul para celebrar la toma de la capital. Vehículos que ahora llevan el logotipo oficial de su “escuadrón suicida” escoltan a los periodistas por la antigua base de la CIA.

Fue una yuxtaposición inquietantemente irónica de las unidades más crueles y despiadadas de ambos bandos de esta guerra, un recordatorio del sufrimiento infligido a los civiles por todos los combatientes bajo la apariencia de objetivos superiores, durante varias décadas.

“Los aspirantes a mártires fueron los responsables de los ataques a lugares importantes de los invasores y del régimen. Ahora controlan lugares importantes”, dijo un funcionario talibán, cuando se le preguntó por qué los escuadrones suicidas escoltaban a los periodistas, y si iban a seguir operando. “Este es un batallón muy grande. Son responsables de la seguridad de lugares importantes. Se ampliarán y organizarán mejor. Siempre que haya una necesidad, responderán. Siempre están dispuestos a hacer sacrificios por nuestro país y la defensa de nuestro pueblo”.

Según el mulah Hassanain, tienen previsto utilizar la base de la CIA para su propio entrenamiento militar, por lo que es probable que este breve vistazo al complejo sea la primera y última vez que se permita la entrada a los medios de comunicación.

Los hombres que lo custodiaban ya se habían puesto el camuflaje a rayas de tigre de la antigua Dirección Nacional de Seguridad afgana, la agencia de espionaje que antes se encargaba de seguirlos.

Las unidades paramilitares que operaban aquí, con sede en cuarteles justo al lado del emplazamiento de la antigua prisión de Salt Pit, eran de las más temidas del país, envueltas en acusaciones de abusos que incluían la ejecución extrajudicial de niños y otros civiles. Los barracones habían sido abandonados tan rápidamente que los hombres que los habitaban habían dejado atrás alimentos apenas iniciados, y los suelos de los barracones estaban llenos de objetos personales desparramados por las taquillas vaciadas, despejadas en un aparente frenesí.

En su mayor parte, se habían llevado o destruido todo lo que tenía nombres o rangos, pero estaba el parche 01 de la fuerzas especiales afganas aliadas y un libro lleno de notas manuscritas tomadas durante semanas de entrenamiento.

Cerca de allí, el edificio de la prisión de Salt Pit había sido aparentemente arrasado unos meses antes. Una investigación por satélite del New York Times reveló que, desde la primavera, un grupo de edificios en esta parte del complejo de la CIA había sido arrasado.

Los funcionarios talibanes dijeron que no tenían detalles sobre Salt Pit ni sobre lo que había sucedido con la antigua prisión. La familia de Gul Rahman sigue buscando su cuerpo, que nunca les ha sido devuelto.

Otras técnicas de tortura registradas en el lugar incluyen la “alimentación forzada por vía rectal”, el encadenamiento de los presos a barras por encima de sus cabezas y la denegación de “privilegios” de aseo, dejándolos desnudos o con pañales para adultos.

El equipo de construcción estaba abandonado en el lugar, con losas de hormigón a medio verter. Al lado, un edificio que había sido fortificado con puertas y equipos de alta tecnología había sido aparentemente bombardeado, su interior estaba tan totalmente destruido y quemado como los coches del exterior.

La destrucción de equipos sensibles en la base debió de ser compleja, y había pruebas de varias fosas de combustión en las que se arrojaron a las llamas desde botiquines hasta un manual de mando, así como piezas de mayor tamaño.

Los funcionarios talibanes se mostraron nerviosos por dejar entrar a los periodistas en zonas que no habían sido oficialmente despejadas. Según Hassanain, habían encontrado varias bombas trampa entre los escombros del campamento y temían que hubiera más.

Durante días, los helicópteros transportaron a cientos de personas desde la base hasta el interior del aeropuerto de Kabul, donde los hombres de la fuerza afgana 01, conscientes de que podrían ser objeto de represalias, ayudaron a asegurar el perímetro a cambio de evacuarlos en las últimas horas, según un acuerdo con Estados Unidos.

Cerca de allí había una sala de recreo en la que se acumulaban mesas de billar, ping-pong, dardos y futbolines. Una caja en la esquina contenía rompecabezas, del tipo cubo de Rubik. No está claro qué harán los talibanes, antaño tan austeros que incluso prohibían el ajedrez, con los accesorios del entretenimiento militar occidental.

—https://www.theguardian.com/world/2021/oct/03/inside-the-cias-secret-kabul-base-burned-out-and-abandoned-in-haste

Huelga de los 60.000 trabajadores de Hollywood por primera vez en la historia

Son los miles de nombres sin brillo de estrellas que llenan los títulos de crédito y permiten entender el esfuerzo conjunto que son una película o una serie; hombres y mujeres sin cuyos trabajos detrás de los focos, desde operando cámaras o en la sala de montaje hasta asistiendo en los guiones o vistiendo y maquillando a los actores y construyendo decorados, las pantallas estarían vacías. Por primera vez en los 128 años desde que empezaron a organizarse sindicalmente en Estados Unidos están dispuestos a paralizar casi completamente la industria audiovisual en el país si los productores y grandes estudios no les dan unas condiciones laborales más dignas o, simplemente, razonables. Y Hollywood tiembla.

El lunes, dos semanas después de que se rompieran las duras negociaciones que desde hace meses mantenía el sindicato IATSE con la Alianza de Productores de Cine y Televisión (AMPTP por sus siglas en inglés) para renovar convenios de tres años que expiraron en julio, más de 57.000 trabajadores del cine votaron abrumadoramente a favor de respaldar la huelga. Son el 99% de los miembros de esa unión con 150.000 afiliados en Estados Unidos y Canadá a los que afectan los contratos en disputa, en Los Ángeles y a nivel nacional, y que se registraron para votar.

Con esa señal de unidad dotaron a sus dirigentes de una herramienta de negociación poderosa, que hizo inmediatamente a los representantes de estudios y plataformas volver a las conversaciones, que se reiniciaron el martes.

Sobre la mesa han puesto reclamaciones básicas: sueldos dignos para los trabajadores peor pagados, incrementos salariales y participación en beneficios por algunos trabajos en “nuevos medios” (en alusión a los servicios de “streaming”). Piden también periodos más largos de descanso entre turnos y en fines de semana que acaben con “horarios laborales excesivamente inseguros y dañinos” y reclaman que se refuercen las obligaciones de los estudios para dar a los trabajadores tiempo para comer en los maratonianos rodajes, incrementando las multas si no se ofrecen esas pausas (castigos que ahora son tan bajos que algunos productores incluso los asumen y los incluyen en sus presupuestos).

De momento el diálogo continúa, pero la amenaza de un paro existe. Los trabajadores se muestran más decididos que nunca a reivindicar derechos laborales, especialmente después de la pandemia. Han pasado meses denunciando para quien quiera escucharles las condiciones en que trabajan, usando el altavoz de las redes sociales para exponerlas, especialmente en una cuenta de instagram donde más de mil han expuesto historias de horror.

Con su campaña pública se han ganado apoyos y respaldos. Los han tenido, por ejemplo, de otros miembros de la industria, desde nombres destacados como Octavia Spencer, Jane Fonda o Danny DeVito hasta de los dirigentes de sindicatos de directores, guionistas y actores (cuyos convenios también deben renegociarse pronto). Su lucha resuena también en despachos oficiales y la AMPTP han llegado una carta firmada por 120 congresistas en Washington, otra de 30 senadores de Nueva York y una más de 50 representantes en la legislatura estatal de California apoyando las reclamaciones de los trabajadores y urgiendo a una negociación “justa”.

En un comunicado tras la votación del lunes Matthew Loeb, el presidente del sindicato, aseguró que el objetivo final es llegar a un acuerdo pero también explicó que en el fondo la votación aborda cuestiones de “calidad de vida así como sobre la salud y seguridad de los que trabajan en la industria del cine y la televisión”. El dirigente sindical también calificó de “incomprensible” que una patronal que incluye “megacorporaciones que valen miles de millones de dólares, alegue que no puede cubrir para los equipos que trabajan tras las cámaras necesidades básicas como [horas de] sueño adecuado, paros de comida y sueldos que permitan vivir”.

Los estudios defienden que ya habían ofrecido respuesta a algunas de las peticiones sindicales, como un acuerdo para financiar un déficit de 400 millones de dólares en su fondo de pensiones y de cobertura médica, algunas ligeras subidas salariales e incrementos en los periodos de descanso entre turnos de rodaje. Para limitar las concesiones, no obstante, alegan que la industria enfrenta “retos y realidades económicas conforme se trabaja para recuperarse del impacto económico de la pandemia”.

La visión desde el lado de los trabajadores es distinta. Aseguran que, precisamente para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia, los estudios y especialmente las plataformas, necesitadas de contenido, están intensificando los rodajes a un ritmo brutal y gastando cantidades ingentes de dinero para conseguir grandes nombres mientras recortan en otras partes vitales para las producciones. En “The Hollywood Reporter” hace unos días una maquilladora, Kristina Frisch, contaba cómo en el primer trabajo tras el parón pandémico tuvo un contrato que implicaba seis días por semana todo el rodaje y nunca parar para comer. “Era como si, por haber tenido que parar por las restricciones, ahora tuviéramos que trabajar más tiempo y más duro”. En el mismo artículo Colby Bachiller, coordinadora de guion, explicaba: “Incluso antes de la pandemia sabíamos que los sueldos y las horas eran insoportables, insostenibles y nada saludables, pero ahora son simplemente crueles”.

Como ha sucedido en otros sectores, además, muchos trabajadores han salido de la pandemia con una actitud renovada hacia sus situaciones laborales. “Somos personas, no máquinas”, le decía a “The New York Times” Sarah Graalman, una maquilladora. “Solo porque matarnos trabajando ha sido lo normal no significa que sea lo correcto. Miles de nosotros nos dimos cuenta en la pandemia. Tenemos que tener un equilibrio entre vida y trabajo”.

Ha habido otras huelgas en Hollywood, como la de 100 días de los guionistas entre 2007 y 2008. Aunque aquel paro se calcula que costó a la economía de California 2.100 millones de dólares y la pérdida de casi 38.000 empleos, los estudios entonces pudieron tirar de material que ya estaba escrito. Esta vez sería distinto: sin los trabajadores que ahora amenazan con parar es imposible rodar.

—https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20211006/huelga-trabajadores-hollywood-condiciones-laborales-cine-series-12163630

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