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Categoría: Memoria Histórica (página 14 de 37)

La CIA en la recolonización encubierta de África

En 1958, un año después de independizarse del dominio colonial, Ghana acogió una conferencia de dirigentes africanos, la primera reunión de este tipo en el continente. Por invitación del recién elegido primer ministro de Ghana, Kwame Nkrumah, que aparece en la foto de portada, asistieron más de 300 dirigentes de 28 territorios africanos, entre ellos Lumumba, del todavía Congo belga, y Frantz Fanon, que entonces vivía en la Argelia francesa. Fue una época de potencial ilimitado para un grupo de personas decididas a trazar un nuevo rumbo para sus tierras. Pero el anfitrión quiere que sus invitados no olviden los peligros que les acechan. “No olvidemos tampoco que el colonialismo y el imperialismo pueden seguir llegando a nosotros de otra forma, no necesariamente desde Europa”.

Los agentes que Nkrumah temía ya estaban presentes. Poco después de comenzar el acto, la policía ghanesa detuvo a un periodista que se había escondido en una de las salas de conferencias cuando, al parecer, intentaba grabar una sesión a puerta cerrada. Como se descubrió más tarde, el periodista trabajaba en realidad para una organización de fachada de la CIA, una de las varias organizaciones representadas en el evento.

La académica británica Susan Williams pasó años documentando estos y otros ejemplos de operaciones encubiertas de Estados Unidos en los primeros años de la independencia africana. El libro resultante, “Malicia blanca: la CIA y la recolonización encubierta de África” (*), es quizá la investigación más exhaustiva realizada hasta la fecha sobre la participación de la CIA en África a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960. En más de quinientas páginas, Williams rebate las mentiras, los engaños y los alegatos de inocencia de la CIA y otras agencias estadounidenses para revelar un gobierno que nunca dejó que su incapacidad para comprender las motivaciones de los dirigentes africanos le impidiera intervenir, a menudo con violencia, para socavarlos o derrocarlos.

Aunque aparecen algunos otros países africanos, “Malicia blanca” trata esencialmente de dos países que preocupaban a la CIA en aquella época: Ghana y la actual República Democrática del Congo. El atractivo de Ghana para la agencia se basaba simplemente en su lugar en la historia. Al ser la primera nación africana en obtener la independencia, en 1957, y el hogar de Nrukmah -el defensor de la autodeterminación africana más respetado de la época-, el país era inevitablemente una fuente de intriga. El Congo se liberó de sus ataduras coloniales poco después, en 1960. Por su tamaño, su posición cerca de los bastiones de la dominación blanca en el sur de África y sus reservas de uranio de alta calidad en la mina de Shinkolobwe, en la provincia de Katanga, el país se convirtió rápidamente en el siguiente foco de interés -e injerencia- de la CIA en África.

“Este es un punto de inflexión en la historia de África”, dijo Nkrumah a la Asamblea Nacional de Ghana durante una visita del Primer Ministro congoleño Lumumba, pocas semanas después de que comenzara la autonomía del Congo. “Si permitimos que la independencia del Congo se vea comprometida de alguna manera por las fuerzas imperialistas y capitalistas, estaremos exponiendo la soberanía e independencia de toda África a un grave riesgo”.

Nkrumah comprendía muy bien la amenaza y las personas que estaban detrás de ella. Sólo unos meses después de su discurso, Lumumba fue asesinado por un pelotón de fusilamiento belga y congoleño, abriendo la puerta a décadas de tiranía prooccidental en el país.

El asesinato de Lumumba se recuerda ahora como uno de los puntos más bajos de los primeros años de la independencia africana, pero la falta de documentación ha permitido a los investigadores partidistas restar importancia al papel de la CIA. Esta falta de responsabilidad ha permitido que la Agencia aparezca sin culpa, al tiempo que ha reforzado una visión fatalista de la historia africana, como si el asesinato de un funcionario electo fuera sólo otra cosa terrible que “le ocurrió” a un pueblo que no estaba en absoluto preparado para afrontar el reto de la independencia.

Pero, como muestra Williams, la CIA fue de hecho uno de los principales artífices del complot. Pocos días después de la visita de Lumumba a Ghana, Larry Devlin, jefe de la agencia en el Congo, advirtió a sus superiores de un vago complot de toma de posesión en el que participaban soviéticos, ghaneses, guineanos y el Partido Comunista local. Es “difícil determinar los principales factores de influencia”, dijo. A pesar de la total falta de pruebas, estaba seguro de que el “período decisivo” en el que el Congo se alinearía con la Unión Soviética no estaba “muy lejos”. Poco después, Eisenhower ordenó verbalmente a la CIA que asesinara a Lumumba.

Al final, los agentes de la CIA no dirigieron el pelotón de fusilamiento para matar a Lumumba. Pero como deja claro Williams, esta distinción es menor si se tiene en cuenta todo lo que hizo la agencia para ayudar al asesinato. Tras inventar y difundir la falsa trama de una toma de poder prosoviética, la CIA explotó su multitud de fuentes en Katanga para proporcionar información a los enemigos de Lumumba, haciendo posible su captura. Ayudaron a llevarlo a la prisión de Katanga, donde estuvo recluido antes de su ejecución. Williams incluso cita unas líneas de un informe de gastos de la CIA recientemente desclasificado para demostrar que Devlin, el jefe de la estación, ordenó a uno de sus agentes que visitara la prisión poco antes de que se dispararan las balas.

Cuando Nkrumah se enteró del asesinato de Lumumba, lo sintió “de una manera muy vívida y personal”, según June Milne, su asistente de investigación británica. Pero por muy horrible que fuera la noticia para él, el estadista ghanés no se sorprendió.

White Malice es un triunfo de la investigación de archivos, y sus mejores momentos son cuando Williams deja hablar a los actores de ambos bandos. Aunque los libros sobre la independencia de África suelen presentar a Nkrumah y a sus compañeros como paranoicos y desesperadamente idealistas, al leer sus palabras junto a una montaña de pruebas de las fechorías de la CIA, uno comprende que el miedo y el idealismo eran respuestas totalmente pragmáticas a las amenazas de la época. La visión de Nkrumah sobre la unidad africana no era la quimera de un político ingenuo e inexperto; era una respuesta necesaria a un esfuerzo concertado para dividir y debilitar el continente.

En el propio país de Nkrumah, el gobierno estadounidense no parece haber llevado a cabo una política de asesinatos directos. Pero sí actuó de otras maneras para socavar al dirigente ghanés, justificando a menudo sus estratagemas con el mismo tipo de racionalizaciones paternalistas que los británicos habían utilizado antes. Estos esfuerzos culminaron en 1964, cuando los especialistas en África Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos enviaron un memorando a G. Mennen Williams, jefe del Departamento de Estado de Estados Unidos. Mennen Williams, jefe de asuntos africanos del departamento, titulado “Propuesta de programa de acción para Ghana”. El memorándum establecía que Estados Unidos debía iniciar “esfuerzos intensos” que incluyeran “guerra psicológica y otros medios para disminuir el apoyo a Nkrumah en Ghana y fomentar la creencia entre el pueblo ghanés de que el bienestar y la independencia de su país requieren su destitución”. En otro expediente de ese año, un funcionario de la Oficina de Relaciones de la Commonwealth británica menciona un plan, aparentemente aprobado en los niveles más altos del Servicio Exterior, para “ataques a Nkrumah secretos y no atribuibles”.

El nivel de coordinación entre los gobiernos de dentro y fuera de Estados Unidos puede haber escandalizado a Nkrumah, quien, hasta el final de su vida, estaba al menos dispuesto a creer que la CIA era una agencia deshonesta, que no rendía cuentas a nadie, ni siquiera a los presidentes estadounidenses.

“Malicia blanca” deja pocas dudas, si es que las hay, de que la CIA hizo un gran daño a África en los primeros días de su independencia. Pero mientras Williams presenta numerosos casos en los que la CIA y otras agencias socavaron gobiernos africanos, a menudo de forma violenta, la estrategia más amplia de la CIA en África -aparte de negar uranio y aliados a la Unión Soviética- sigue siendo opaca. Lo que llamamos “colonización”, tal y como la practican Gran Bretaña, Francia, Bélgica y otros países, implica una vasta maquinaria de explotación -escuelas para formar a los niños en la lengua de los amos, ferrocarriles para agotar los recursos del interior-, todo ello mantenido por un ejército de funcionarios.

Pero incluso en el Congo, la presencia de la CIA era relativamente pequeña. Los enormes presupuestos y la libertad para hacer casi todo lo que quisiera en nombre de la lucha contra el comunismo le dieron una influencia desmesurada en la historia de África, pero sus cifras nunca rivalizaron con las burocracias coloniales a las que debía sustituir.

Williams muestra cómo la CIA conspiró con empresarios que se beneficiaban de los gobiernos africanos prooccidentales en el Congo y Ghana. Pero lejos de ser una práctica sistemática de extracción, los planes de la agencia para África parecen a menudo llenos de contradicciones.

Esto es especialmente cierto tras el asesinato de Lumumba; un exceso de secretismo sigue impidiendo un recuento completo. Pero los documentos que han sido arrancados de las manos de la Agencia detallan una multitud de operaciones aéreas de la CIA en el Congo, en las que participaron aviones propiedad de empresas de fachada de la CIA y pilotos que eran a su vez personal de la CIA. Durante un periodo de agitación, la agencia parecía estar en todas partes del país a la vez. “Pero”, escribe Williams, “es una situación confusa en la que la CIA parece haber estado en varios caballos a la vez yendo en diferentes direcciones”. La agencia “apoyó la guerra de [el presidente secesionista de Katangan, Moses] Tshombé contra la ONU; apoyó la misión de la ONU en el Congo; y apoyó la fuerza aérea congoleña, el brazo aéreo del gobierno de Leopoldville”.

Por contradictorios que parezcan estos esfuerzos, todos ellos, escribe Williams, “contribuyeron al objetivo de mantener todo el Congo bajo la influencia estadounidense y proteger la mina de Shinkolobwe de cualquier incursión soviética”.

Incluso si estos planes contradictorios compartieran un objetivo común, no es descabellado preguntarse si debemos considerarlos como colonialismo —neo o no— o más bien como la respuesta esquizofrénica de una agencia ebria de poder. En “Malicia blanca”, la capacidad de la CIA para cometer asesinatos y sembrar la discordia se pone de manifiesto. Sin embargo, su capacidad para gobernar lo es menos.

(*) https://www.publicaffairsbooks.com/titles/susan-williams/white-malice/9781541768284/

La Guerra Fría en el Congo y un sicario de la CIA: Mobutu

Setiembre de 1960. En plena Guerra Fría, la antigua colonia belga del Congo es independiente desde hace sólo tres meses. A Larry Devlin, jefe de la estación de la CIA en Leopoldville, ahora Kinshasa, le entregan un maletín con diferentes venenos, incluida una pasta de dientes tóxica, y le ordenan asesinar al Primer Ministro, Patrice Lumumba, según confesó al New York Times (1).

En 1973 Devlin apareció en las investigaciones del Comité Church del Senado estadounidense, después de que la CIA orquestara el Golpe de Estado contra Salvador Allende. Pero le cambiaron el nombre por el de “Victor S. Hedgeman”. También estuvo en Laos durante la Guerra de Vietnam. En fin, tenía una amplia experiencia en asesinatos y Golpes de Estado.

Lo contó en un libro publicado en 2007: “Jefe de Estación, Congo: combatiendo la Guerra Fría en una Zona Caliente” (2). Pero hay pocas cosas que no se supieran desde otro libro publicado en 1978 por otro espía de la CIA, John Stockwell: “En busca de enemigos: una historia de la CIA” (3). El autor se incorporó al espionaje en 1964 y sirvió en África durante doce años, desde Costa de Marfil hasta Angola, pasando por el Congo y Burundi.

Una parte de los informes de la CIA sobre el Congo ya se han declasificado. Con el país africano recién independizado, Devlin, que aparece en la foto anexa, aterriza bajo la cobertura de cónsul y comienza a informar a sus jefes: “Tarde o temprano Moscú tomará el control” del Congo, escribe a sus jefes de Langley. Los soviéticos mueven los hilos, añade. Allen Dulles, el director de la CIA, le responde personalmente: la “salida” de Lumumba “debe ser un objetivo prioritario y urgente para usted”, le dice a Devlin.

Con un presupuesto de 100.000 dólares, gigantesco para aquella época, Devlin los intenta todo. Organiza protestas contra Lumumba, intenta aislarlo políticamente y anima al Presidente Kasavubu a destituirlo. Pero Lumumba resiste y la CIA tiene que recurrir a otras vías.

La CIA encuentra a su pelele

Devlin se entrevista en el palacio presidencial con un antiguo periodista de apenas 30 años reconvertido en alto oficial del ejército congoleño: Joseph Mobutu, subjefe del Estado Mayor del Ejército, que no está de acuerdo con las inclinaciones internacionales de Lumumba, favorables al eje de los países no alineados. “El coronel Mobutu se quejó amargamente de que Lumumba intentaba involucrar al ejército en la política”, informa Devlin a sus jefes.

Era una versión diluida de la verdadera conversación entre ambos. En una entrevista en la radio estadounidense, unos 37 años después, Devlin reveló que Mobutu ya había planteado la posibilidad de un Golpe de Estado contra Lumumba. “El ejército está preparado para derrocar a Lumumba”. Pero a Mubutu le preocupaba el posible apoyo de Estados Unidos al golpe. “¿Puedo considerar que Estados Unidos nos apoya?”, pregunta. Devlin le responde: “Creo que lo apoyaremos”. Allen Dulles respalda a su hombre sobre el terreno: “Confío en usted”.

La CIA acababa de encontrar a su pelele. “Nos interesa apoyar al coronel Mobutu como contrapoder a Lumumba y animarle a trabajar para la eventual constitución de un gobierno civil moderado en el Congo”, escribe Devlin. Así, el espía propone ofrecer a Mobutu fondos para su uso personal para comprar su cooperación.

Unos días después Mobutu, recién nombrado jefe del ejército, ordena la detención de Lumumba y la salida de todos los diplomáticos soviéticos y checos de la capital congoleña en un plazo de 48 horas. Los americanos se frotan las manos.

Pero el plan militar fracasa y la CIA pasa a los suyo: el asesinato de Lumumba. Un tal Joe de Paris llega desde Langley con el maletín de los venenos, pero son las contradicciones propias las que acaban frustrando los proyectos emancipadores de Lumumba.

El 17 de enero de 1961 Mobutu entrega a Lumumba atado de pies y manos a su enemigo jurado, el dirigente katangués Moise Tshombe, y un pelotón comandado por un oficial belga lo ejecuta esa misma noche. Hasta 2014 el Departamento de Estado no reconoció oficialmente la participación de Estados Unidos en el derrocamiento y asesinato de Lumumba.

Pero Mobutu no logra hacerse con el poder inmediatamente y, entre tanto, cultiva sus estrechos contactos con la CIA. Cuando en 1967 Devlin abandonó el Congo, Mobutu pasó a despedirse y le regaló un retrato suyo, con una halagadora y elocuente dedicatoria: “A mi viejo y excelente amigo L. Devlin, por todo lo que el Congo y su líder le deben”.

La CIA fue siempre muy atenta con Mobutu. En mayo de 1963, incluso le invitó a Estados Unidos y le permitió visitar la sede de la CIA. Mimaron al sátrapa congoleño. Mobutu incluso consiguió una entrevista con el presidente Kennedy. En su álbum de fotos se le puede ver con todos los presidentes de Estados Unidos: Nixon, Carter, Reagan Bush…

La CIA compra una mascota africana

Mantener una piara de gorrinos, incluso en los países más pobres, cuesta mucho dinero, y aunque la CIA tenía un presupuesto multimillonario, no era plenamente consciente de la codicia de Mobutu y de su manejo del chantaje: “Joseph Mobutu nos presiona constantemente para conseguir más dinero para su ejército”, observa Devlin. En caso contrario, amenaza, el régimen podría colapsar.

El dinero de Mobutu ocupa una parte muy importante en las comunicaciones entre Devlin y sus jefes. El coronel congoleño necesitaba ayuda financiera “para pagar a sus tropas y a sus oficiales, así como gasolina para los desplazamientos de las tropas”, informa Devlin a sus jefes.

La CIA siempre se mostró dispuesta a gastar cualquier cantidad de dinero para comprar literalmente el gobierno de un país, y también a la oposición. No tiene reparos en hacerse cargo del destino del Congo: “Se podría presentar una lista de ministros a Mobutu pidiéndole sus sugerencias. Nuestro representante en Leopoldville está preparando esa lista”.

El golpista africano inventa un plan tras otro para chuparle el dinero a Washington. Un día, por ejemplo, afirma que “Moise Tshombé [dirigente de la provincia de Katanga, aliado de los colonialistas belgas] le había dado una cantidad de dinero no especificada para el ejército nacional congoleño, que había entregado al gobierno provisional, que lo había gastado en diversos dispendios sin el acuerdo del Ministro de Finanzas”. Pero ahora, escribe Devlin, “Mobutu tiene miedo de que se le pida que devuelva ese dinero que ya no tiene, que se sospeche que lo ha malversado y que esa sospecha alimente a la oposición”.

Sin duda, era una fábula, pero la CIA no hace preguntas. Paga a Mobutu lo que pide porque las mascotas garantizan lealtad. Naturalmente, Washington no se deja engañar. “Aunque el general Mobutu tenga muchas cualidades y haya conseguido cosas en el pasado, se puede considerar que su vanidad e irresponsabilidad han contribuido significativamente a la ineficacia y al desorden dentro del ejército”, señala Dean Rusk, jefe del Departamento de Estado.

Los imperialistas se cuidaban -sobre todo- de no involucrarse militarmente en el avispero congoleño. En 1964 sólo enviaron a Mobutu dos pilotos de cazabombarderos, contratados por la CIA, aunque el pelele africano pidió mucho más.

A veces el embajador cuestiona la generosidad de la CIA. “Devlin acaba de informarme de que Washington ha dado luz verde para confiar diez millones de francos belgas a Mobutu, sin ningún registro contable ni indicación del uso del dinero”. Era un cheque en blanco.

Para Mobutu cualquier pretexto es bueno para hacer caja. El 12 de octubre de 1965 el Presidente Kasavubu destituye brutalmente a su Primer Ministro, Moise Tshombé, haciendo saltar por los aires el equipo de la jefatura del Estado, que contaba con el apoyo de los imperialistas.

En el cuartel general de la CIA, algunos se sorprenden: “El 26 de octubre se hizo un pago al general Mobutu en reconocimiento a sus esfuerzos por apoyar los objetivos estadounidenses de mantener el dúo Kasavubu-Tshombé, aunque estos esfuerzos no tuvieron éxito”, señalan los mensajes. El pago había sido aprobado por la estación de la CIA en el Congo. El embajador estadounidense consideraba que el gasto era necesario porque el coronel “había recurrido a sus fondos personales para tratar de aliviar la tensión entre Kasavubu y Tshombé”.

Sencillamente, es imposible de creer que Mobutu hubiera pagado alguna vez una cuenta de su bolsillo.

Un negro es la última esperanza blanca

El 25 de noviembre de 1965 Mobutu se hizo con el poder mediante otro Golpe de Estado militar sin pedir permiso a sus amos estadounidenses, que no se lo echaron en cara. “Se disculpó sinceramente por no habernos avisado de sus planes”, escribe Devlin tras una reunión con Mobutu. El golpista congoleño tenía otro buen pretexto: no había una línea telefónica a su disposición el día antes del golpe para avisar a la CIA.

Pero, como buen y fiel caniche, se pone incondicionalmente a los pies de sus amos: “Espera consejos e instrucciones de Estados Unidos ahora y en el futuro”, señala Devlin, que considera -lógicamente- que este acto de lealtad debe ser debidamente recompensado: “Los fondos adicionales para Mobutu son más esenciales que nunca”.

Diez días después del golpe, Estados Unidos reconoce oficialmente a Mobutu. “El gobierno de Mobutu es la última oportunidad para el campo occidental en el Congo (y posiblemente en el África negra)”, escribe Devlin a sus jefes de la CIA. “Si cayera, hay pocas posibilidades de que sea sustituido por un régimen aceptable para Occidente. Creemos que es probable que el Congo se desintegre en una multitud de pequeños estados, algunos de los cuales caerían bajo la influencia del bloque comunista”.

Mobutu podía seguir extendiendo la mano con cualquier pretexto, sobre todo el de “luchar contra el comunismo”. Durante décadas la CIA seguirá financiando sin pestañear un régimen criminal, lacayo y vendido como pocos. Así lo demuestra, por ejemplo, un informe de 1966 que menciona otra montaña de dinero procedente de los fondos reservados: “Este dinero se gastó para asegurar el apoyo de los principales oficiales del Ejército Nacional Congoleño, para financiar a importantes dirigentes políticos y para proporcionar asistencia a los jefes provinciales y tribales que vinieron a visitar Leopoldville”.

¿Cuánto gastó la CIA para poner a un sátrapa al frente del antiguo Congo belga? En los archivos de la CIA las cantidades siguen estando clasificadas hasta el día de hoy. Según Jack Stockwell, fueron más de 20 millones de dólares sólo en los primeros años de su gobierno. Pero el gobierno de Mobutu llegó hasta finales del siglo pasado, así que hay que multiplicar esa cifra muchas veces.

(1) http://www.nytimes.com/2008/02/24/world/africa/24congo.html
(2) Larry Devlin, Chief of Station, Congo: Fighting the Cold War in a Hot Zone, https://www.goodreads.com/book/show/95199.Chief_of_Station_Congo
(3) John Stockwell, In Search of Enemies: a CIA Story, https://www.barnesandnoble.com/w/in-search-of-enemies-john-stockwell/1101828677

No hace falta un meteorólogo para saber de qué lado sopla el viento

“Pacto de silencio” es una película dirigida e interpretada en 2012 por Robert Redford (1) que adapta la novela de Neil Gordon “The Company You Keep”. Recuerda a los supervivientes de Wethear Underground, una organización armada aparecida en Estados Unidos para luchar contra la guerra del Vietnam.

Wethear Underground surge en 1969 de la disolución de una de las mayores organizaciones que existieron contra la guerra de Vietnam en Estados Unidos, la SDS (Estudiantes por una Sociedad Democrática), que llegó a tener más de 100.000 miembros.

En un congreso que tuvieron aquel año, la lucha contra el racismo dividió a la SDS en dos grupos. Uno de ellos fue la la Alianza Estudiantil Obrera (AET), partidaria de integrar al movimiento negro en de la estrategia del movimiento obrero. Del otro surgió el Movimiento Juvenil Revolucionario (MJR), más numeroso, para quien la lucha contra el racismo en Estdos Unidos formaba parte del movimiento tercermundista.

De este segundo grupo surgió Wethear Underground, un nombre inspirado en un folleto titulado “No hace falta un meteorólogo para saber de qué lado sopla el viento”, que a su vez lo tomó prestado de una canción de Bob Dylan, “Subterranean Homesick Blues”, compuesta en 1965 (2). El texto aún se puede descargar de internet (3).

El grupo se organizó clandestinamente bajo la consigna “¡Traigamos la guerra a casa!” y fue muy cercano a los Panteras Negras. Su nacimiento coincidió con el juicio a los Siete de Chicago, del que ya hemos hablado en una entrada anterior y que tiene también su propia película.

La SDS había convocado una movilización contra el juicio abierta a todo Estados Unidos, pero sólo se presentaron unos 800 manifestantes. Una parte de ellos, unos 300, decidieron lanzarse contra los 2.000 policías que les estaban esperando. La batalla campal duró media hora y marcó un punto de inflexión en la descomposición de la SDS.

Un parte de la organización convocó una asamblea en el barrio negro de Flint, que pasó a ser conocida como el “Consejo de Guerra de Flint”, donde tomaron el acuerdo de disolver la SDS, pasar a la clandestinidad y practicar la “propaganda armada” o “propaganda por el hecho”, destacando su carácter simbólico y su voluntad de no atentar contra ninguna persona.

A pesar de ello, a principios de 1970 tres miembros de Weather Underground murieron en un incidente. El director del FBI, J. Edgar Hoover, los consideraba como “el grupo revolucionario más violento, tenaz y pernicioso de Estados Unidos”.

En total, unos 30 militantes pasaron a la clandestinidad a finales de 1969 y principios de 1970, apoyándose en una red de varios miles de simpatizantes, estructurados entre 1974 y 1975 en el “Prairie Fire Organizing Committee”, un movimiento de masas legal.

(1) https://www.youtube.com/watch?v=S5tMq8gd08Y
(2) https://www.youtube.com/watch?v=MGxjIBEZvx0
(3) http://www.sds-1960s.org/sds_wuo/weather/weatherman_document.txt

Las matanzas de palestinos de 1948 que desataron la ‘nakba’

Los dirigentes israelíes estaban perfectamente informados sobre todas las masacres que sus tropas cometieron durante la guerra de 1948 contra los civiles palestinos, según documentos clasificados que publica el diario israelí Haaretz (*).

La crueldad, las masacres y el terrorismo israelí que dieron origen al establecimiento del estado de Israel el año 1948, es revelada por los propios historiadores israelíes. El tiempo se ha encargado de descubrir una horrenda historia de crímenes, robos, saqueos, limpieza étnica y un sinfín de vergonzosos actos planificados para vaciar Palestina de sus históricos habitantes y apropiarse de sus tierras, propiedades y bienes.

Esa conflagración supuso la creación del Estado judío tras la derrota árabe y la expulsión de cientos de miles de palestinos de sus hogares.

“Las actas registradas durante las reuniones del gabinete en 1948 no dejan lugar a dudas: los dirigentes de Israel sabían en tiempo real sobre los sangrientos eventos que acompañaron la conquista de las aldeas árabes”, resalta el diario Haaretz.

Según los informes, el entonces ministro Haim Moshe Shapira aseguró que todos los fundamentos morales de Israel fueron debilitados por tales actos, mientras su colega del gabinete Aharon Zisling relató que había pasado una noche sin dormir.

Varios funcionarios exigieron una investigación, pero el primer ministro David Ben Gurion fue evasivo, subrayó la publicación.

Haaretz aseguró basado en los documentos que “las masacres tuvieron como objetivo a palestinos indefensos, ancianos, mujeres y niños”. En apenas 30 horas, decenas de pueblos árabes fueron ocupados en el norte, y miles de personas fueron desplazados de sus hogares, aunque la mayoría no participó en el conflicto.

Como ejemplo de los crímenes citó el caso de la masacre ejecutada en julio de 1948 por las fuerzas israelíes en el poblado de Al Rina, donde fueron asesinadas 14 personas.

Otro hecho similar ocurrió en la aldea de Al Burj, sobre cuyas ruinas se estableció la colonia judía de Modi’in.

El periódico también reveló nuevas evidencias sobre la matanza de 35 personas en la localidad de Hula efectuada por miembros del grupo terrorista Irgún, dirigido por Benajem Beguin, quien luego fue primer ministro de Israel.

El reportaje indica que el grupo incluía ancianos y niños, quienes fueron obligados a cavar un hoyo y luego tiroteados a quemarropa.

(*) https://www.haaretz.com/israel-news/.premium.HIGHLIGHT.MAGAZINE-classified-docs-reveal-deir-yassin-massacre-wasn-t-the-only-one-perpetrated-by-isra-1.10453626

Con L’Oreal el fascismo se maquilla mejor

Champú, desodorante, gel, laca, jabón, pintalabios, perfume, gomina, bronceador, mascarilla, after shafe, depilación, colonia,… nadie se presenta en la calle de la misma forma que en la intimidad de su casa. En la política burguesa, esa que tanto aburre y aborrece, sucede otro tanto; nada es lo que parece; las cosas no son como las presentan ante las cámaras y los micrófonos. Antes hay que pasar por la peluquería, que en la política burguesa son los gabinetes de imagen, porque una imagen vale más que mil palabras, sobre todo si la imagen no tiene nada que ver con el original.

El fascismo se maquilla porque resulta antiestético hasta para la misma burguesía monopolista: “El fascismo es compatible con una burda falsificación del parlamentarismo”, dijo Dimitrov en 1937. Por eso a veces aparece con la imagen de la democracia burguesa, y a veces incluso con la imagen del socialismo. No es nada fácil observar al fascismo desnudo en su intimidad, sin maquillar.

No se puede entender lo que es el fascismo si no se entiende lo que fue la bancarrota del imperialismo y la agudización de la lucha de clases en los años treinta del pasado siglo, y la manera en que todo ello influyó en la construcción del socialismo en la URSS. La expansión europea del fascismo no se llevó a cabo por la vía militar, al estilo de una invasión desde el exterior, sino que previamente a ella en cada país existían poderosos grupos fascistas internos, estrechamente vinculados al Eje Berlín-Roma. Degrelle en Bélgica, Quisling en Noruega, Seyss-Inquart en Austria y otros parecidos son la quinta columna que, en Francia, con la victoria del Frente Popular, desata una ola de agresiones y atentados dirigidos desde Roma por los fascistas italianos.

El Comité Secreto de Acción Revolucionaria

En enero de 1935 Eugene Deloncle (1890-1944), procedente de las juventudes de Acción Francesa, los Camelots del Rey, funda el Comité Secreto de Acción Revolucionaria, una organización armada clandestina con todo un ceremonial esotérico al estilo del Ku Klux Klan en Estados Unidos. Esos ritos iniciáticos y sectarios son los que le valdrán a su Comité el sobrenombre de La Cagoule (capucha o pasamontañas en francés) con el que ha pasado a la historia. Más tarde, en la época de Vichy, Deloncle fundó y dirigió un partido legal: el Movimiento Social Revolucionario.

Para cometer sus crímenes La Cagoule tuvo, además de Roma, el apoyo financiero de algunos monopolistas franceses, como Louis Renault (el de los coches) y Eugene Schueller (1881-1957), fundador de L’Oreal, la multinacional de los afeites y enjuagues. Schueller era amigo íntimo de Deloncle y durante el gobierno de Petain fue con él uno de los dirigentes del Movimiento Social Revolucionario. Las reuniones secretas de La Cagoule se celebraban en su despacho personal en la misma sede de L’Oreal. Otra de la sedes de La Cagoule era el internado de los maristas en el número 104 de la calle Vaugirard en París. Entre otros pistoleros fascistas, estudiaban allí François Mitterrand y André Bettencourt.

Uno de los encargos de Mussolini que se discutían en las reuniones de La Cagoule era la liquidación física de los comunistas y antifascistas franceses, así como de los refugiados políticos de otros países. Los contactos de los pistoleros cagoulards con los servicios secretos de Mussolini también tenían su glamour: se hacían en la costa azul, en sitios como Niza o Mónaco. Allí el emisario del Duce era el capitán Navale, jefe del contraespionaje italiano en Turín. La Cagoule estaba representada por Joseph Darnand, un antiguo oficial del ejército francés.

En la costa azul Darnand preparaba con el espionaje italiano el transporte de armas a Franco durante nuestra guerra civil y el sabotaje de las que tenían como destino a la República. Una de las primeras visitas que hicieron Deloncle y su adjunto, el general de aviación Duseigneur, fue al cuartel general de Franco durante nuestra guerra civil. Pero Deloncle no sólo estuvo en Salamanca; también visitó en Madrid a la quinta columna, entre ellos al embajador de Chile, que le falsificó un pasaporte diplomático a nombre de Héctor Dávila Soles el 20 de abril de 1937 para que pudiera cometer sus crímenes con plena impunidad.

También Mussolini les recibió en persona. Era un canje: Franco y Mussolini ayudaban a los pistoleros franceses y éstos ayudaban a aquellos. La Cagoule disponía de tres emisoras de radio en Mónaco, Bélgica y en la España franquista.

La participación de los hitlerianos fue menor, pero el embajador del Reich en París, Otto Abetz, y el jefe de la Gestapo, Reinhardt Heydrich, estaban al corriente de todos los movimientos. Deloncle también estuvo en contacto durante la ocupación con el almirante Canaris, el jefe del Abwehr, el contraespionaje alemán. Su relación era tan estrecha que cuando Canaris fue ejecutado por los propios nazis por intentar de sacudirse al fracasado Hitler al final de la guerra mundial, Deloncle fue ejecutado al mismo tiempo en París por la Gestapo: se presentaron en su casa y le acribillaron delante de toda su familia; también murió su hijo. Era ya un 17 de enero de 1944.

El reguero de sangre

El asesinato el 9 junio de 1937 de los hermanos Carlo y Nello Roselli, antifascistas italianos refugiados en Francia, fue uno de aquellos encargos de Mussolini a Pariani (subsecretario de guerra), de éste a Navale y de éste a Darnand. Ésa era la cadena de mando pero el autor material fue Jean Filliol, que lo ejecutó de una manera realmente salvaje, a puñaladas. Carlo Rosselli había sido profesor de economía en Génova; se fugó de la cárcel refugiándose en Francia, donde prosiguió su lucha editando la revista Justicia y Libertad.

Otro encargo para los cagoulards fue el sabotaje en agosto de los aviones preparados en el hangar del aeródromo de Toussus-le-Noble, para reforzar los arsenales de la República española. Vestido de oficial de aviación, Filliol ejecutó un auténtico trabajo de profesionales: era la primera vez que se empleó un explosivo plástico. No faltó la guinda intoxicadora a este trabajo perfecto: la prensa burguesa clama contra un atentado que imputa a los comunistas. La legalidad remataba el trabajo de la ilegalidad; la democracia se complementaba con el fascismo.

13 de febrero de 1936: intento de asesinato de León Blum; 23 de enero de 1937: Filliol asesina en París al economista soviético Dimitri Navachin; 8 febrero: asesinato de Maurice Juif; 16 de setiembre: explosiones en dos sedes de la patronal en las que mueren dos policías para que la prensa pueda seguir acusando a la CGT y a los comunistas; 5 de julio de 1941: asesinato de Marx Dormoy. En Niza las empresas que envían suministros a nuestra República vuelan por los aires. Una bomba destruye el almacén de frutas Arbonna; otra, la sociedad de transportes Pestalacci; otra más, el buque republicano Turia, fondeado en el puerto por orden del gobierno francés… los fascistas tardan en darse cuenta de que, en realidad, el barco es propiedad suya y entonces Franco protesta oficialmente.

A petición de los servicios secretos franquistas, La Cagoule infiltra entre las Brigadas Internacionales a un tal Jean-Baptiste Leon, que coincide en la misma unidad que Ramón Mercader, el que en 1940 ejecutaría a Trotski en México. En plena guerra civil, la Gaceta de Salamanca publicó el 19 de enero de 1937 en primera página la foto del tal Jean-Baptiste Leon, calificándole de voluntario francés muerto en la lucha contra el comunismo. Se trataba de una impresión falsificada; la edición original del periódico no mencionaba nada de eso. El galoso Francisco Paesa hizo lo mismo muchas décadas después. Se trataba de borrar las pistas que conducían hasta él.

Los servicios de inteligencia de las Brigadas Internacionales supieron inmediatamente del intento de infiltración de los cagoulards, la mayor parte de los cuales eran originarios de Niza. Casi todos fueron identificados al cruzar la frontera en Irún. Se trataba de viejos renegados del comunismo que habían seguido a Jacques Doriot al Partido Popular francés.

Para depurar a los infiltrados, André Marty, comisario político de las Brigadas Internacionales, creó un tribunal militar en Albacete. Por eso los fascistas le han llamado siempre, y le siguen llamando, el carnicero de Albacete. Las cosas vueltas del revés.

Con ayuda del SS Theo Dannecker, representante de Adolf Eichmann, se crea una organización dentro de la organización, la Comunidad Francesa, cuyo objetivo es liberar a Francia de judíos y franc-masones. Ésta es la que organiza el expolio de los judíos en Francia, para provecho de sus propios miembros, entre ellos Jacques Correze y Jean Filliol.

Los pistoleros en el gobierno de Vichy

A veces una biografía es la metáfora de todo un país, o al menos de una clase social. La de Mitterrand expresa los avatares de los monopolistas y reaccionarios franceses en la encrucijada del pasado siglo. No sabían en qué cesta poner sus huevos, un síntoma de la debilidad y la decadencia irreversible del imperialismo francés. Después de 1940 la burguesía francesa, lo mismo que Francia, tenía el corazón partido. Petain en Vichy, De Gaulle en Londres y Hitler en París. Entonces Mitterrand era un joven fascista comprometido a fondo con la reacción. No cabe duda de que el socialista empezó como fascista, sumándose a la revolución nacional de Petain. Fue funcionario del comisariado general de prisioneros de guerra. En marzo-abril de 1943 fue condecorado con la cruz gálica por los servicios prestados.

Tras el armisticio de junio de 1940, los criminales de La Cagoule se incorporan al gobierno de Petain. Deloncle fusiona su Movimiento Social Revolucionario con la Agrupación Nacional Popular de Marcel Deat, un tránsfuga de la socialdemocracia al fascismo, el camino inverso de Mitterrand. En aquel partido se juntaron aventureros muy variopintos, entre ellos los dirigentes trotskistas Henri Molinier y Lambert; el primero de ellos toma la palabra en uno de los congresos de los vichystas; el otro no era aún tan conocido como lo fue después como jefe de la OCI, una de las sectas de la IV Internacional.

Miterrand siempre fue un íntimo amigo de René Bousquet (1909-1993), primero prefecto y luego secretario general de la policía vichysta, nombrado por Laval el 18 de abril de 1942. Lo fue hasta que fue relevado por Darnand el 31 de diciembre del año siguiente. Todavía fueron buenos momentos aquellos para los vichystas; aquellos en los que la policía torturó y asesinó a nuestro camarada Conrado Miret Musté y en los que torturaron al destacamento de Manouchian. Bousquet se veía con Heydrich cuando éste viajaba a París y negociaba con el general Oberg de las Waffen SS. Tras la guerra fue nombrado director del Banco de Indochina y recibió la Legión de Honor. Por tanto, también fue condecorado, pero a diferencia de su amigo Mitterrand, lo fue por la democracia (burguesa). En realidad, tanto en España como en Francia, no hay torturador ni asesino en serie que no haya sido condecorado con todos los honores que merecía por los servicios prestados (a la burguesía y a su Estado de Desecho).

A Bousquet le sucedió en el cargo Darnand (1897-1945) que, como ya hemos dicho, había abandonado el ejército en 1921 para crear una empresa de transportes en Niza. Fue una pieza clave de los cagoulards; desde el sur de Francia dirigía la Legión Francesa de Combatientes; después, en 1942, creó en Túnez la Falange Africana, luego creó el SOL, transformado más tarde en la Milicia francesa; en agosto del siguiente año alcanzó el grado de Obersturmführer de la Waffen SS y, finalmente, Laval le nombró director general de la policía del gobierno de Vichy (enero de 1944). Apenas tuvo tiempo de sentarse en su cargo. Huyó a Alemania, luego a Italia, donde combatió a la guerrilla comunista hasta que le detuvieron, le enviaron a Francia, le juzgaron y le ejecutaron el 10 de octubre de 1945.

Por su parte, otro cagoulard, Jean-Marie Bouvyer, cómplice del asesinato de los hermanos Roselli, fue nombrado el 19 de abril 1944 jefe del servicio de investigación del Comisariado de cuestiones judías en el gobierno de Petain. El culebrón y el relato rosa están unidos al glamour. Antes y después de la ocupación de Francia, de 1942 a 1947, la amante de Bouvyer era Marie-Josèphe, marquesa de Corlieu, hermana de Mitterrand.

Al principio todo iba viento en popa, todo era fascismo puro y duro, pero la apuesta de Vichy era muy fuerte para los monopolistas franceses y hacían falta recambios (por si acaso). Quizá todo se viniera abajo, quizá se habían equivocado en sus alianzas. Las victorias disipan las dudas, pero las derrotas las acrecientan y en el siglo XX hay un antes y un después de Stalingrado. Con Hitler lejos de Moscú todos los planes se venían abajo.

Con la medalla en el pecho, como muchos otros fascistas, Mitterrand quiso jugar un doble juego. Por eso sus biógrafos oficiales dicen que en 1942, en plena orgía vichysta, se pasó a la resistencia. Quizá cambió de bando del mismo modo que Rudolf Hess se pasó a los británicos tres años antes. El caso es que los libros de historia dicen lo siguiente: Mitterrand no enviaba a los antifascistas a los campos de concentración sino que los libraba de ese destino fatal.

El álbum de familia de los fascistas franceses

Miterrand estaba en medio de la mierda más pestilente. Todos los hilos de La Cagoule pasaban por él. En 1939 la nieta de Deloncle, Edith Cahier, se casó con Robert Mitterrand, uno de los hermanos del futuro Presidente de la República, que se puso a trabajar tras la guerra de inmediato para que no fusilaran a sus camaradas. Mitterrand fue a la cárcel a visitar al colaboracionista Bouvyer y luego testificó en el juicio a su favor. Eso era posible porque, a su vez, Miterrand nunca fue considerado como el criminal de guerra que había sido. Desde luego no era el testimonio desinteresado que cabe esperar en un juicio. Aunque los boletines oficiales dicen que Bouvyer había sido el comisario de cuestiones judías de Vichy, su juicio cambió las cosas con el estupendo maquillaje de L’Oreal: en realidad Bouvyer, lo mismo que Mitterrand, había sido un resistente que escondía en su casa los instrumentos necesarios para elaborar documentación falsa para el Movimiento de prisioneros de guerra que dirigía Mitterrand. Así quedó la verdad oficial. Las cosas no eran lo que siempre habían parecido, sino justo al revés.

En 1945 los fascistas tenían que sobrevivir porque más allá de los Pirineos sí hubo una pequeña transición: los fascistas fueron juzgados, enviados a la cárcel y a veces fusilados. Por eso los cagoulards no tuvieron empacho en hacerse pasar como resistentes. El maquillaje ayuda. El viejo cagoulard Bouvyer renegó de sus ideas juveniles, dijo estar dispuesto a denunciar a sus camaradas de antaño y trabó amistad íntima con Miterrand. En 1946 la madre de Bouvyer, Antoinette, fue la madrina de Jean-Christophe, el hijo de Mitterrand.

Aquel maldito año de la transición francesa, Schueller y Bettencourt, los de cosméticos L’Oreal, también lo pasaron mal, pero también contaron con el testimonio favorable de Mitterrand en sus juicios respectivos. Por eso a finales de 1945 le devolvieron el favor nombrándole director de Ediciones Rond-Point que publicaba la revista Nueva Belleza. Al año siguiente le financiaron su campaña electoral en Nièvre.

L’Oreal en España

Jacques Correze era el hijo adoptivo de Deloncle. Cuando la Gestapo acribilló a Deloncle en París, él se casó con su viuda. Estuvo combatiendo al bolchevismo en la guerra mundial en las filas de la Legión Francesa, es decir, integrado en la Waffen SS. Salió de la cárcel en 1949 y Schueller le dio trabajo en L’Oreal como director de la multinacional para España y América Latina. Luego siguió su carrera comercial como delegado para Estados Unidos.

Pero el destino capitalista es inescrutable y L’Oreal, que había sostenido el holocausto en Francia, fue comprada en 1988 por la sociedad americana de cosméticos Helena Rubinstein, de innegable raigambre judía. Entonces la Liga Árabe le aplicó las normas de bloqueo internacional contra Israel. Obsequiso hacia los nuevos dueños, Correze fue el encargado de negociar el levantamiento del boicot. Nos lo imaginamos en una jaima diciéndoles cosas como ésta: Yo he enviado más judíos al matadero en Francia que vosotros en Palestina. Son argumentos comerciales convincentes.

Mitterrand no fue el único alumno marista cuya carrera fue lanzada por L’Oreal: está el caso de François Dalle. En 1990 el judío Jean Frydman se querelló en los juzgados contra Dalle por haberle despedido de una filial de L’Oreal por motivos racistas, a causa de las presiones de la Liga Árabe. Pero todo el enojoso asunto (político) se tapó con un acuerdo (comercial) entre ambas partes. No hay nada como el maquillaje para que los pequeños defectillos pasen desapercibidos.

Schueller, Bettencourt y L’Oreal, lo mismo que Mitterrand, podían jugar a todas las barajas: de pistoleros fascistas pasaron a ser considerados resistentes y de matar judíos también podían pasar a formar parte de una de las sucursales del capital judío internacional.

Tras la guerra, Schueller dejó L’Oreal en las manos del marista Bettencourt, que en 1950 se casó con Liliane, su única hija. Hoy Lilianne Bettencourt es la mujer más rica de Francia.

Otro que acabó sus días en España fue el pistolero Filliol, que huyó tras la derrota de los vichystas y logró pasar desapercibido aquí, a pesar de haber sido condenado en rebeldía tres veces a la pena capital. La España de Franco se convertía en el santuario del terrorismo internacional: además de Filliol aquí se refugiaron nazis de la talla de Leon Degrelle y el SS Otto Skorzeny. Filliol acabó plácidamente sus días trabajando para L’Oreal en Madrid, rodeado de falangistas, tomando vermú en el bar de Chicote en la Gran Vía.

En España L’Oreal se impulsa de la mano del Opus Dei, siendo su capataz Henri Deloncle, el hermano del cagoulard. Los fascistas se siguen maquillando; de la Cagoule al Opus Dei, otro signo de los nuevos tiempos. En París, en la calle Saint-Dominique, la oficina de Bettencourt cuando éste dirigía la PropagandaStaffel, se convierte en la sede central del Opus Dei para Francia. El hermano de Mitterrand, Robert, se instala en calle Dufrenoy, en una casa que, dirigida par Jean Ousset, también será sede del Opus Dei.

De asesino a ministro de Justicia

Los tiempos cambiaban pero el capitalismo seguía necesitando su tributo de sangre; además, ya no necesitaban la capucha porque todo era legal, hasta el punto de que en 1956 Mitterrand es el ministro de Justicia del gobierno socialfascista de Guy Mollet. Ya no necesita matar; le basta con firmar las órdenes de ejecución de penas capitales impuestas por los tribunales militares. Firmó más de 30 de esas órdenes entre 1955 y 1956 contra militantes del FLN argelino. Según una investigación de Le Point, de los 45 expedientes que pasaron por las manos de Miterrand cuando era ministro de Justicia, sólo en siete de ellos pidió la conmutación de la pena capital. De 1956 a 1962 los imperialistas franceses fusilaron a 222 militantes argelinos. Naturalmente porque eran terroristas. Nos explicaremos mejor: eran terroristas en Francia y héroes en Argelia (cuando ésta logró su derecho a la independencia).

Ahora bien, Mitterrand ha pasado a la historia (burguesa) por ser ese buen socialista que en 1981, desde la Presidencia de la República, abolió la pena de muerte. ¿Acaso ya no quedaba nadie a quién matar? Sí había, pero tuvo que volver otra vez La Cagoule. Al fin y al cabo, los 30 asesinatos de los GAL entre 1983 y 1987 se cometieron en Francia bajo el visto bueno de Mitterrand y de las policías española y francesa, que siempre aparecieron entremezcladas con mafiosos y gangsters. A los refugiados vascos, Mitterrand les cambió su derecho de asilo por un certificado de defunción, todo ello de conformidad con Felipe González y los cagoulards hispánicos. Así es la dialécica de la historia: de la ilegalidad a la legalidad para acabar de nuevo en la ilegalidad. El caso es matar. En 1999 en París se creó una asociación de víctimas del terrorismo… de Estado, entre las cuales reivindica las de Eizaguirre y Fernández Cario. La lista de asesinatos es espeluznante; supera el centenar: el comunista egipcio Henri Curiel, Ben Barka, refugiados palestinos, resistentes sudafricanos… Los que quieran un listado pueden leer L’Humanité de 1 noviembre de 1999.

Mitterrand dijo una vez que la República no debía ninguna excusa a las víctimas del régimen de Vichy. El Estado de Desecho hace (deshace) siempre lo que tiene que hacer (deshacer) para que la explotación siga su curso. Lo mismo que Mitterand han dicho siempre en España hombres de paja como Eligio Hernández y Rodríguez Ibarra, apologistas de los GAL y el terrorismo de Estado desde sus cargos oficiales. No pasa nada. Aunque tarden o se mueran con las botas puestas, los políticos como Mitterrand, Hernández o Ibarra van y vienen. Pero siempre hay algo que no cambia nunca; más que infraestructura, como la llamaba Marx, habría que llamarla subterránea. Lo otro es el chocolate del loro, ese alpiste electoral que nos despista.

La asociación de víctimas del terrorismo de Estado creada en París se llama Memoria, verdad, justicia. En los años cincuenta Mitterrand y otros como él podían hablar de la guerra de Argelia para justificar sus fusilamientos, pero a partir de los sesenta no cabía excusa para seguir matando. No tenemos que aclarar que jamás hubo ni investigaciones, ni condenas, ni juicios. El Estado de Desecho no puede perder el tiempo en investigarse a sí mismo. Sólo nos queda la historia y Memoria, verdad, justicia ha logrado que se abran los archivos para saber a ciencia cierta lo que sospechamos.

Los fontaneros también necesitan maquillaje

Hubert Vedrine no es un político conocido en España, pero en Francia formó parte durante varios años de los fontaneros del Estado, que es como se denomina a todos aquellos que están fuera de los focos y los micrófonos, haciendo el trabajo sucio de los monopolistas, las tareas ilegales y desagradables que todo Estado de Derecho tiene que llevar a cabo para sostener el régimen burgués de explotación a trancas y barrancas.

Desde que asesinaron a Luxemburgo y Liebknecht, la socialdemocracia es especialista en ese tipo de tareas, como los GAL demostraron en España. Vedrine forma parte de esta socialdemocracia europea que hiede por todos sus costados. Su padre, Jean, fue un dirigente cagoulard condecorado por el gobierno de Petain.

Había sido concejal en su pueblo y militó en Intercambios y proyectos, una asociación presidida por Jacques Delors, también socialdemocrata y durante años presidente de la Comisión Europea. Cuando en 1981 Mitterrand llegó al Elíseo, Vedrine fue su hombre invisible: le nombró secretario general de la Presidencia de la República. Uña y carne. También fue su hombre más visible, su portavoz casi personal. Ocupó el Ministerio de Cultura durante una etapa, pero su verdadera especialidad es la política exterior, es decir, el imperialismo francés. A partir de 1994, a medida que se agravaba la enfermedad del Presidente, Vedrine desempeñó un papel más relevante, por no decir que él era realmente el Presidente.

En 1990 convivía en su misma casa el reverendo padre Nicolas Glencross, un viejo amigo de la familia que atesoraba, allí mismo, el estudio de pornografía infantil más importante jamás descubierto por la policía en Europa. Las fotografías del padre Nicolas Glencross se difundían por medio del también reverendo Joseph Doucé a un editor nazi, Michel Caugnet, que las comercializaba. El nazi Michel Caignet también difundía las fotos de Bernard Alapetite, un viejo mlitante del Frente Nacional próximo al abogado Gabriel Jeantet.

A pesar de la gravedad del crimen, el padre Glencross consiguió su libertad provisional, pero falleció poco tiempo después; el padre Doucé fue asesinado y Vedrine jamás fue interrogado acerca del estudio de pornografía infantil que había en su casa; ni siquiera como testigo. Nada. Son los privilegios del poder.

Había muchos asuntillos de ese tipo, por ejemplo, una venta de terrenos militares poco clara en Var. Pero todo eso son minucias. Como Mitterrand y como todos los imperialistas degenerados, Vedrine es un personaje corrupto hasta la médula, hasta el mismo tuétano de sus huesos, pero eso no le ha impedido nunca levantar la cabeza y hablar con el mayor descaro. Es un columnista habitual de Le Point, es decir, es de esos que crean opinión en Francia. No hace mucho publicaba un libro titulado Los mundos de François Mitterrand en el que justificaba la política imperialista francesa en África, incluido el genocidio en Ruanda.

No podía ser de otra forma porque Vedrine es uno de los responsables directos de ese genocidio. Las asociaciones ruandesas de derechos humanos han exigido su comparecencia ante el tribunal internacional, siempre sin éxito. Vedrine es intocable y cuando el crimen no tiene castigo lo que tiene es recompensa. En 1995 Vedrine fue nombrado miembro del Consejo de Estado, que en Francia no es un florero, como en España. De ahí pasa a lo privado, a la Comisión Trilateral, aunque no de una manera pacífica porque incluso en Francia aún hay quien tiene una pizca de dignidad o le gusta guardar las formas y no mezclarse con indeseables: el embajador Gilles Martinet dimitió de la Trilateral.

Esto merece una explicación breve: Gilles Martinet también es militante de la socialdemocracia y fue uno de los pocos que se opuso a que Mitterrand se apoderara del partido socialista francés (entonces con las siglas SFIO), aduciendo inútilmente el origen vichysta del futuro Presidente de la República. Una cosa es ser un socialfascista y otra es que se note demasiado. Pero no son sólo los socialfascistas. Chirac, un derechista, nombró a Vedrine, un izquierdista, para el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores.

Si lo tuviéramos confirmado deberíamos añadir aquí que Vedrine tiene negocios comunes con la familia real de Marruecos, pero lo dejamos simplemente apuntado. El caso es que pasa temporadas con el rey de Marruecos, que es un puntal del imperialismo francés en el norte de África, y en la etapa del Aznar en La Moncloa, también un foco de problemas por el alineamiento español con Estados Unidos. Recordemos el asunto de la isla de Perejil.

Al tiempo que Vedrine entraba en la Trilateral, entraba también en el despacho de abogados Jeantet y Asociados. Ya hemos dicho que el abogado Gabriel Jeantet es un hombre muy cercano al fascista y pederasta Alapetite, a su vez en relación con el nazi Michel Caignet. Para dejarnos de eufemismos diremos que el abogado Jeantet es un vichysta. Fue uno de los dirigentes de La Cagoule y también padrino en la fulgurante y camaleónica carrera política de Mitterrand. Jeantet aupó a Mitterand en la orden clerical vichysta a la que éste pertenecía en tiempos de Petain: la Francisca. Bajo el vichysmo, Jeantet dirigió la revista de La Cagoule, llamada Nuevo Estado en la que Mitterand publicó en noviembre de 1942 un artículo titulado Peregrinaje a Turingia.

Y así volvemos siempre al principio de todo…

publicado por vez primera en la censurada web ‘Antorcha’

Una guerrillera vietnamita fusilada con 19 años: Vo Thi Sau

Un vuelo muy corto sobre el mar, desde el aeropuerto internacional de Tan Son Nhat, y ya está. El destino es la costa sur de Vietnam, pero bien podría ser otro mundo. En menos de una hora, se pasa del ajetreo de Ciudad Ho Chi Minh (Saigón) a la tranquila y melancólica belleza de la isla de Con Son, la mayor y más infame de las dieciséis islas del archipiélago de Con Dao.

Los vietnamitas llegan de lejos no sólo para disfrutar de las impresionantes vistas al mar, los mariscos frescos y los vigorizantes paseos por las playas vírgenes, sino también para participar en una solemne peregrinación a lugares oscuros heredados de la brutalidad francesa y estadounidense. La isla de Con Son sigue siendo un testimonio condenatorio de la suprema arrogancia de una potencia colonial en decadencia, que pasó el sangriento testigo a una potencia neocolonial ascendente, ambas creyendo que tenían derecho a determinar el destino de un país que no era el suyo. Muchos de los que vienen aquí son veteranos de guerra y antiguos prisioneros que rinden homenaje a sus compañeros caídos.

Este paraíso tropical fue una colonia penal durante la época colonial francesa y durante la guerra americana en Vietnam. Para 22.000 vietnamitas y varios camboyanos, la isla de Con Son fue literalmente la última parada de un viaje que comenzó con su detención y encarcelamiento en el continente. ¿Su delito? Resistir al invasor extranjero y luchar por la independencia y la unificación de su país. Además de las ejecuciones, las enfermedades y las torturas causaron muchas muertes.

Los franceses construyeron el complejo penitenciario de Con Dao en 1861 para retener a los presos políticos y lo entregaron al gobierno de Vietnam del Sur en 1954. Era un Alcatraz político de extrema violencia, con condiciones de vida inhumanas, métodos de tortura bárbaros, sin posibilidad de escapar y con muy pocos supervivientes. Estados Unidos y sus colaboradores en el Estado vietnamita llevaron este infierno en la tierra a la perfección distópica.

Jaulas de tigres

Al igual que los colonialistas franceses habían hecho antes, el gobierno de Vietnam del Sur siguió utilizando la isla como lugar seguro y aislado para detener, interrogar y torturar a sus prisioneros políticos, con la plena cooperación, colaboración y apoyo de su benefactor estadounidense.

Lo que la mayoría de la gente sabe sobre la isla de Con Son es el resultado de una misión de investigación del Congreso en julio de 1970, en la que participaron dos representantes del Congreso estadounidense, Augustus Hawkins y William Anderson, acompañados por Tom Harkin, traductor, entonces empleado del Congreso y más tarde senador estadounidense, Don Luce, y Frank Walton, director de la Oficina de Seguridad Pública de la Usaid y asesor de prisiones.

Don Luce, que vivía y trabajaba en Vietnam desde 1958 para los Servicios Voluntarios Internacionales, una ONG que fue el modelo de los Cuerpos de Paz de Estados Unidos, y el Consejo Mundial de Iglesias, escribió sobre la visita en un artículo titulado “Las jaulas de los tigres de Vietnam”:

“Al salir, Frank Walton, el consejero de la prisión estadounidense, describió Con Son como “un campamento de exploradores recreativos”. Era, dijo, “la mayor prisión del mundo libre”.

“Vimos algo muy diferente cuando llegamos a la prisión. Con la ayuda de los mapas dibujados por un antiguo preso de las jaulas de tigres, nos alejamos del recorrido previsto y nos adentramos en un callejón entre dos edificios de la prisión. Allí encontramos una pequeña puerta que conducía a las jaulas dentro de los muros de la prisión. Un guardia del interior oyó la conmoción del exterior y abrió la puerta. Entramos.

“Los rostros de los prisioneros en las jaulas de abajo todavía están grabados de forma indeleble en mi mente. El hombre con tres dedos cortados; el hombre (al borde de la muerte) de la provincia de Quang Tri, al que le habían abierto el cráneo; el monje budista de Hue que hablaba apasionadamente de la represión de los budistas. Recuerdo claramente el terrible olor a excremento y las heridas abiertas donde las cadenas cortaban los tobillos de los prisioneros. “Dadme agua”, suplicaron. Nos pidieron que corriéramos entre las celdas para comprobar el estado de salud de los demás presos y nos pidieron continuamente agua”.

Algunas de las fotos de Harkin y un artículo se publicaron en la edición del 17 de julio de 1970 de la revista Life. Las jaulas de los tigres, construidas por los franceses en 1940, consistían en 60 celdas sin techo que se utilizaban para torturar a los prisioneros “tomando el sol” bajo el ardiente sol tropical. Sus torturadores atravesaban regularmente los barrotes, golpeaban a los prisioneros, les echaban cal en las heridas abiertas y orinaban sobre ellos.

Luce fue recompensado por su papel central a la hora de llamar la atención del mundo sobre estas atrocidades: la embajada estadounidense en Saigón le prohibió recibir su correo en la embajada, fue objeto de vigilancia policial e incluso de un intento de asesinato (por mordedura de serpiente) y fue expulsado del país menos de un año después.

A principios de 1971, Morrison-Knudsen Corp. y la empresa Brown and Root construyeron nuevas jaulas para tigres como parte de un contrato de 40.000 dólares (2,7 millones de dólares en 2021) con Maccords (Military Assistance Command Civil Operations for Revolutionary Development Support), el programa de ayuda económica paramilitar estadounidense en Vietnam.

El Cementerio de Hang Duong

Cada noche, poco antes de la medianoche, cientos de peregrinos visitan el cementerio de Hang Duong para rezar y presentar sus respetos a algunas de las 2.000 tumbas que hay allí, la mayoría anónimas, cada una con una estrella roja y la palabra “liet si” (mártir). Setecientas tumbas están marcadas. El resplandor rojo de las barritas de incienso que arden sobre las tumbas del cementerio de 20 hectáreas atraviesa la oscuridad nocturna, con su penetrante olor en el espeso aire de la noche.

La tumba que más visitantes atrae es la de una guerrillera escolar de la actual provincia de Ba Ria-Vung Tau, que se unió a la resistencia antifrancesa a los 14 años. Vo Thi Sau (1933-1952) es uno de los mártires más famosos de la causa independentista vietnamita. Le Hong Phong (1902-1942), segundo líder del Partido Comunista de Vietnam, y Nguyen An Ninh (1900-1943), escritor, activista y revolucionario, también están enterrados en Con Son.

Otras personalidades famosas que sobrevivieron a las prisiones de la isla de Con Son son: Le Duan (1907-1986), uno de los artífices de la Ofensiva del Tet de 1968; Pham Van Dong (1906-2000), que fue primer ministro de la República Democrática de Vietnam (“Vietnam del Norte”) de 1955 a 1976 y de la República Socialista Unificada de Vietnam desde 1976 hasta su jubilación en 1987; Le Duc Tho (1911-1990), que dirigió la delegación vietnamita en la Conferencia de Paz de París (fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz junto con Henry Kissinger en 1973, pero lo rechazó); Ton Duc Thang (1888-1980), que se convirtió en presidente tras la muerte de Ho Chi Minh en 1969; y Truong My Hoa, superviviente de las jaulas de tigres de Estados Unidos, que fue vicepresidente de Vietnam entre 2002 y 2007.

A los 14 años, Vo Thi Sau lanzó una granada, matando a un capitán francés e hiriendo a 12 soldados. En 1949, lanzó una granada a un jefe de aldea vietnamita, responsable de la ejecución de muchos combatientes de la resistencia vietnamita, que no explotó. Fue capturada por los franceses y enviada a tres prisiones antes de ser encerrada en la prisión de Con Son, probablemente porque los franceses no tuvieron el valor de ejecutar su sentencia de muerte en el continente, en una época en la que era contrario a la ley colonial ejecutar a una mujer. Fue la única mujer prisionera ejecutada por los franceses en Con Son.

Como otros vietnamitas que murieron por la causa de la independencia, Sau, una heroína nacional celebrada en el teatro y la canción, ha sido elevada a espíritu ancestral. Todas las ciudades y pueblos vietnamitas tienen una calle con su nombre, al igual que muchas escuelas. Encarna el espíritu de millones de vietnamitas a lo largo de la historia, incluidos los soldados de la primera y la segunda guerra de Indochina, que lo sacrificaron todo -su juventud, su salud, su amor, su felicidad personal y su vida- para que Vietnam pudiera convertirse en una nación unificada y soberana.

El 23 de enero de 1952, dos años antes de la derrota francesa en Dien Bien Phu (durante la cual los soldados del Viet Minh evocaron el nombre de Sau) y del final de la Primera Guerra de Indochina, antes de que Estados Unidos se hiciera cargo de la guerra y la ocupación en la Segunda Guerra de Indochina, Vo Thi Sau fue ejecutada en un momento en que cerca del 80% del esfuerzo bélico francés era financiado por Estados Unidos, lo que significa que fueron cómplices de su asesinato.

La mañana de su ejecución, el capellán de la prisión visitó a Sau y le dijo: “Ahora voy a bautizarte y a absolverte de tus pecados”. “No tengo pecados”, respondió ella. “Bautiza a la gente que está a punto de matarme. Sólo lamento no haber podido exterminar a los colonialistas que robaron Vietnam y a sus compinches, que se lo vendieron. Sólo pido una cosa. Cuando vengas a dispararme, no me cubras la cara. Soy lo suficientemente valiente como para mirar a los tiradores”. Quería ver su patria por última vez y mirar al enemigo a los ojos antes de dar su último aliento.

Intrépida hasta el final, Sau siguió cantando Tien Quan Ca, actual himno nacional de Vietnam, hasta que se dio la orden de disparar, tras lo cual gritó: “¡Abajo la ocupación colonial!” y “¡Viva Ho Chi Minh!”. Se dice que siete soldados, que recibieron dos balas cada uno, dispararon, pero sólo dos disparos dieron en el blanco. (Algunos creen que tal vez bebieron para llevar a cabo esta tarea, o que simplemente no se atrevieron a ejecutar a una mujer. La creencia popular es que el pelotón de fusilamiento se molestó por su mirada). Una bala se alojó en su cadera, la otra le rozó la cara. En lugar de ordenar una segunda descarga, el oficial a cargo se acercó, sacó su revólver y disparó a quemarropa para acabar con su vida.

Los franceses -con la ayuda de sus “acólitos” locales- acabaron con la joven y prometedora vida de Vo Thi Sau aquella mañana de enero, pero su espíritu más grande que la vida sigue vivo, su lugar perpetuado en el panteón milenario de las heroínas y héroes eternos de Vietnam. Sólo tenía 19 años.

La gente acude a su tumba para rezar por ella y hablar con ella, quemar incienso y colocar ofrendas en su tumba. Algunos extienden la mano para tocar su lápida, buscando algún tipo de conexión, mientras que otros permanecen en las sombras, con las manos juntas y la cabeza inclinada, rezando.

He visitado y rezado en la tumba de Vo Thi Sau muchas veces y siempre me siento humilde e inspirado por el supremo sacrificio que ella y muchos otros hicieron en nombre de su país y de la justicia universal. Visitar el cementerio de Hang Duong me llena de un profundo sentimiento de admiración y gratitud por estos mártires, que alcanzaron el sacrificio y la inmortalidad con sus valientes actos.

La necesidad permanente de sacrificio

En un ensayo de 2015 sobre su visita a Con Son, James Rhodes describió la isla como un “hermoso lugar con una historia trágica”. También muestra que las personas buenas prevalecerán sobre las acciones malvadas y violentas de los demás. Este es el sentimiento irresistible que emana de toda esta zona y que conecta a un alma receptiva con otra, sin importar dónde se encuentre. “Sólo por eso, merece la pena visitar este lugar”.

Esta observación capta la esencia agridulce de lo que se siente al explorar la isla y recorrer los terrenos sagrados del cementerio de Hang Duong. Aunque es trágico, hay una comprensión profunda y tranquilizadora de que los miles de personas cuyos restos están enterrados aquí estaban en el lado correcto de la historia y dieron su vida en la lucha por la independencia de Vietnam. Este es uno de los regalos de Con Son a los que tienen ojos para ver y oídos para oír. Sus espíritus nos recuerdan el quinto recuerdo de Buda: “Mis acciones son mis únicas posesiones reales. No puedo escapar de las consecuencias de mis actos. Mis acciones son el terreno sobre el que me mantengo”.

  1. 69 años después de la ejecución de Vo Thi Sau, 46 años después del final de la guerra de los Estados Unidos. Aunque Vietnam está en paz y disfruta de una relativa prosperidad, se enfrenta a una serie de cuestiones candentes y causas nobles por las que merece la pena luchar en nombre de Vietnam y del mundo. Las guerras que se libran actualmente son contra el cambio climático, la corrupción, la deforestación y la contaminación ambiental, entre otras muchas cuestiones.

Aunque el martirio ya no es necesario, el trabajo duro, el valor y el sacrificio son necesarios para que la nación por la que Vo Thi Sau y otros lucharon tan valientemente pueda alcanzar su objetivo de desarrollo sostenible a largo plazo. El espíritu indomable de Sau debe seguir vivo, aunque de forma diferente y adaptada a una nueva época.

Mark A. Ashwill https://www.counterpunch.org/2021/10/21/of-spirits-martyrs-legends-the-magic-sorrow-of-vietnams-con-son-island/

La política colonial siempre fue una política criminal: el caso de Burundi

Burundi fue una colonia alemana hasta que 1918 la Primera Guerra Mundial procedió a un nuevo reparto del mundo entre las grandes potenias imperialista. Pasó a poder de Bélgica. Ahora una comisión parlamentaria investiga los crímenes cometidos por Bélgica durante la colonización de África, incluido Burundi.

Uno de los temas de la investigación se refiere al asesinato del príncipe Louis Rwagasore poco antes de la descoloniazación. El hijo del Mwami (el rey de Burundi) había ganado las elecciones para dirigir su partido, Uprona, y había sido nombrado Primer Ministro, preparando la independencia de su país.

El escritor Ludo de Witte, que también ha investigado el asesinato de Lumumba, forzó al parlamento belga a organizar la comisión de investigación y acaba de publicar otro libro sobre la descolonización de Burundi.

La política colonial siempre fue una política criminal. Creó Estados artificiales y promovió la división y enfrentamiento entre los pueblos originarios para dominarlos. Cuando el llegó el momento de la descolonización, trató de aupar al poder a sus lacayos, a los dóciles. Cuando no los encontró, no vaciló en asesinar a los nuevos dirigentes africanos, como ocurrió con Lumumba.

Burundi siguió el ejemplo del Congo. El papel de   lo ocupó Louis Rwagasore, un personaje díscolo del que anunciaron su muerte con bastante antelación. Entre la muerte de uno y otro sólo transcurrieron unos pocos meses. Era la sumisión o el tiro en la nuca.

El 13 de octubre de 1961, menos de un mes después de su victoria electoral y dieciséis días después de su nombramiento como Primer Ministro, Louis Rwagasore fue asesinado en la terraza de un restaurante de Bujumbura. Tenía 29 años.

El asesino fue un griego, Jean Kageorgis, ayudado por tres cómplices. Fueron detenidos, juzgados y condenados a muerte por un tribunal burundés. Antes de su ahorcamiento Kageorgis gritó: “No soy el único que ha matado a Rwagasore”.

El burundés era muy diferente a Lumumba, un africano autodidacta que había evolucionado desde la propia cultura autóctona. Rwagasore era un príncipe de sangre, hijo del rey Mwambutsa. Había estudiado en las universidades de Amberes y Lovaina, es decir, conocía la cultura europeaa la perfección.

Conscientes de las rivalidades entre dos ramas de la familia real, los Batare y los Bezi, los colonialistas belgas se afanaron por ahondar la rivalidad, considerando a los Batare como “moderados” y los Bezi como “nacionalistas” hostiles al dominio belga.

Pero la población burundesa permaneció fiel al Mwami, “el padre de la nación”, el garante de las cosechas y la prosperidad, y su hijo fue elegido masivamente por hutus y tutsis, en la capital y en las colinas.

Con un pie en la tradición y otro en la modernidad colonial, Rwagasore tenía todas las bazas para llevar a Burundi a la independencia. Sólo le faltaba el aval de los colonialistas que, tras su victoria electoral, evocaron sin reparos la hipótesis del asesinato.

En 2018 el gobierno de Burundi acusó oficialmente a Bélgica de ordenar el asesinato de Rwagasore. “El verdadero patrocinador, el Reino de Bélgica, una potencia colonial de la época que se oponía ferozmente a la independencia inmediata de Burundi, aún no ha rendido cuentas”, dijo el portavoz del gobierno en un comunicado.

El gobierno burundés anunció la creación de una comisión para investigar los asesinatos de Rwagasore y su familia, refiriéndose a los dos hijos, que murieron a una edad temprana pocos meses después de su desaparición.

El gobierno también acusó a Bélgica de tener “una parte de responsabilidad en las diversas crisis político-étnicas que han asolado a Burundi desde su independencia”.

En su obra Ludo de Witte recuerda que Balduino, el rey de Bélgica, dirigió personalmente los asesinatos, tanto de Lumumba como de Rwagasore. La Familia Real estaba dominada por la reacción pura y dura de la época: colonialistas y fascistas, especialmente vinculados también a su consorte, la española Fabiola.

La polarización étnica de Burundi, sus guerras civiles y sus crímenes políticos impunes , añade De Witte, no son fruto del destino, sino de una independencia fallida y de las maniobras divisorias de los colonialistas.

Levanta ampollas un busto a Gagarin en un centro tecnológico de Lisboa

En Oeiras y a 15 minutos del aeropuerto internacional de Lisboa, Taguspark (1) se encuentra en un enorme parque verde con una vista única del mar y del Tajo. Oeiras, gracias a su cultura y arte, es una referencia europea en cuanto a calidad de vida laboral. La estatua de Gagarin, o más bien su pedestal, ha causado una gran controversia.

Una “vergüenza”, una “falta de tacto”, una “broma”. Son algunos de los adjetivos publicados en las redes sociales -muchos de ellos en la página web de la propia Cámara de Oeiras- en reacción al busto de homenaje al cosmonauta Yuri Gagarin, el primer ser humano que viajó al espacio.

La ceremonia de inauguración, que tuvo lugar el pasado domingo 17 de octubre, contó con la presencia del concejal Nuno Neto, el embajador de la Federación Rusa, Mikhail L. Kamynin, y el director general de Taguspark, Eduardo Correia. El busto, en bronce, es de A.D.Leonov, donado por la Fundación Benéfica Internacional “El Diálogo de las Culturas — El Mundo Unido” y la embajada de la Federación Rusa en Portugal. La estatua rinde homenaje al 60 aniversario del primer vuelo espacial tripulado y ahora forma parte de la colección del MAU, Museo de Arte Urbano, que se está desarrollando en el Tagepark.

Pero no es el busto en sí lo que muchos critican, sino su pedestal, con una imagen asociada al comunismo.

El pasado mes de septiembre, cuando se dio a conocer el busto -e incluso antes de esta inauguración oficial- Taguspark explicó, citado por “New in Oeiras”, su decisión. “Esta obra de arte, de la que estamos muy orgullosos por su importancia histórica y cultural, es un homenaje al primer ser humano en el espacio y a este notable acontecimiento.

“Por eso, y porque hay que respetar la historia, hemos decidido incluir la bandera de la URSS junto al busto de Yuri Gagarin y el cohete Vostok 1.

“En un momento en el que muchos quieren borrar los hechos de la historia, en Tagus estamos dando claras muestras de respeto por la conservación de la historia, para que a través de ella podamos aprender y contribuir a un mundo mejor. Es el respeto al rigor de la historia lo que nos ha llevado a poner en el museo de arte urbano, en esta sala, el logotipo internacionalmente reconocido como símbolo del comunismo”, dijo Eduardo Baptista Correia, director general de Taguspark (2).

Tras la inauguración oficial del pasado domingo surgieron las críticas más fuertes, por lo que NiT volvió a cuestionar a Taguspark sobre la elección. En respuesta, el gabinete de comunicación del centro empresarial comienza explicando que el MAU (Museo de Arte Urbano) es un espacio que aúna cultura e historia y que está en pleno desarrollo en Taguspark.

Esta nueva pieza, el busto de Yuri Gagarin, es la entidad más reciente del MAU, que se une al busto de Nelson Mandela, obra de Clo Bourgard, en La Ardilla, bordalo II, a los murales de grafitis en los garajes que celebran diferentes conceptos como los Descubrimientos o Sophia de Mello Breyner Andresen, entre otras obras de varios artistas portugueses. La misma fuente añade que “el objetivo de Taguspark es contar con un museo disruptivo, audaz y urbano que encarne los valores que la Ciudad del Saber pretende transmitir a la comunidad”.

Sobre la obra del busto que ha motivado algunos comentarios, Taguspark dice que es importante, en primer lugar, “subrayar que la obra pretende honrar al primer cosmonauta de la historia de la humanidad, Yuri Gagarin”, y que “el propio Taguspark, Ciudad del Conocimiento, tiene un vínculo con el tema al estar en un ecosistema con empresas dedicadas a la aeronáutica”.

Además, la pieza, recordando la misma fuente, está compuesta por el busto del cosmonauta, junto al cohete Vostok 1. El busto fue una oferta de la Fundación Benéfica Internacional “El Diálogo de las Culturas — El Mundo Unido” y la Embajada de la Federación Rusa en Portugal, al municipio de Oeiras, subraya.

“El Museo de Arte Urbano Tagepark aceptó recibir este busto ofrecido al municipio y, por iniciativa propia, lo integró en una obra compuesta por el cohete Vostok 1 y con un soporte que incluye el símbolo asociado al comunismo (la hoz y el martillo), que es también la bandera de la antigua URSS”, explica Taguspark.

Por ello, reitera, “el BAD respeta la historia, ya que no se puede cambiar, por lo que el logro del primer hombre en el espacio debe contextualizarse con la misión espacial de la URSS, un régimen comunista que existió en el siglo XX”.

Por último, la entidad señala que la obra del busto del cosmonauta Yuri Gagarin expuesta en el Museo de Arte Urbano del Tajo cuenta también con paneles en los que es posible que el visitante acceda a un Código QR, para obtener más información sobre la historia y así darse cuenta de que la obra conserva el rigor de la historia, revelando este logotipo reconocido internacionalmente como símbolo del comunismo.

Esta referencia se integra así “en un proyecto de compartir el conocimiento a través del arte que es el Museo de Arte Urbano Tagepark, como ocurre en muchos proyectos culturales nacionales e internacionales”.

No hay nada peor que cerrar los ojos ante las evidencias históricas para crear burbujas de aire pestilente…

(1) Taguspark, Cidade do Conhecimento, es un centro de ciencia y nuevas tecnologías cercano a Lisboa
(2) https://newinoeiras.nit.pt/cultura/42037/

El monstruo de la Guerra de Filipinas (la verdadera historia del general Smith)

Jacob Smith “es un hombre bajito, bastante delgado y muy calvo. Está pulcramente aseado y con sus ropas de ciudadano no parecía el feroz soldado que había sembrado el terror en los corazones de las tribus más salvajes de las Islas Filipinas”, dijo un reportero del Portsmouth Daily Times hace más de un siglo.

El general del ejército estadounidense Jacob H. Smith no era en absoluto un hombre físicamente intimidante, ni tampoco uno de los altos funcionarios de su época. Sin embargo, este mismo hombre consiguió ganarse los apodos de “El Monstruo” y “Howling Wilderness Smith” por sus acciones en Samar, que pasarán para siempre a la historia de Filipinas como una de las peores atrocidades de la guerra entre Estados Unidos y Filipinas.

A pesar de ser un veterano de la Guerra Civil estadounidense, de las Guerras contra los Nativos Americanos y de la Guerra Hispanoamericana, Smith se vio envuelto en una serie de juicios relacionados con sus deudas y su quiebra fraudulenta. Cuando se le sometió a un consejo de guerra por ciertos delitos, se le descubrió mintiendo en su defensa a altos generales militares, lo que casi le valió la baja del ejército. Sin embargo, el presidente Grover Cleveland intercedió en su favor y le permitió quedarse con sólo una reprimenda como consecuencia.

Pero estos fueron incidentes menores comparados con lo que vendría después. Acusado en una ocasión de “conducta impropia de un oficial y un caballero”, Smith fue llamado a filas durante la guerra filipino-estadounidense, cuando Estados Unidos intentaba establecer el control sobre su territorio recién adquirido. Fue una guerra que cambió el tejido mismo de la sociedad filipina, y sus cicatrices, algunas de las cuales dejó Smith, aún son visibles y se sienten hasta el día de hoy.

Nunca hizo prisioneros

La masacre de Balangiga y su represalia por parte de los vengativos estadounidenses es un capítulo de nuestros libros de historia que no se puede saltar. El 28 de septiembre de 1901, los habitantes de la ciudad de Samar, indignados por los abusos que estaban sufriendo a manos de los estadounidenses, se volvieron contra los soldados americanos que ocupaban su tierra. Cincuenta y un soldados estadounidenses murieron en el ataque sorpresa de la guerrilla en lo que se conocería como la Masacre de Balangiga. Sin embargo, sería la represalia de las fuerzas estadounidenses, dirigidas por Smith, la que realmente merecería el título de masacre.

El presidente Theodore Roosevelt pidió a los soldados estadounidenses en Filipinas que “pacificaran” el asunto de Samar, pero no esperaba que sus métodos, concretamente los de Smith, fueran tan sangrientos. Lo que siguió fue una violencia desenfrenada y una carnicería contra el pueblo, incluyendo mujeres y niños, todo ello dirigido por Smith.

“No quiero prisioneros. Quiero que matéis y queméis, cuanto más matéis y queméis mejor me gustará. Quiero matar a todos los que sean capaces de portar armas en las hostilidades reales contra los Estados Unidos”, dijo el general Smith. “El interior de Samar debe convertirse en un desierto de gritos”.

Y así fue. Estados Unidos y Filipinas han debatido sobre cuántos filipinos murieron realmente en la represalia. Un soldado estadounidense que estuvo presente afirmó que murieron 39 personas; los historiadores filipinos sitúan la cifra en unos 50.000. Un estudio exhaustivo de 10 años realizado por el escritor británico Bob Couttie concluyó que el número de masacrados fue de unos 2.500.

Por si fuera poco, Smith bloqueó el comercio en Samar, impidiendo la llegada de alimentos y obligando a los habitantes de la ciudad a mendigar a los soldados para sobrevivir. Fue un golpe para el orgullo de un pueblo orgulloso.

Podría haber sido peor si no fuera por los soldados que mostraron sentido común y desobedecieron las órdenes de Smith, como el mayor Littleton Waller. Waller revelaría más tarde que se negó a cumplir las órdenes de Smith y se negó a matar a mujeres o niños.

Matar a todos los que tengan más de 10 años

Cuando finalmente se supo de las atrocidades de Samar, no fue Smith quien fue llamado ante sus superiores. Fue Waller, uno de los subordinados de Smith, quien fue juzgado por ordenar la ejecución de 11 rebeldes filipinos.

Waller nunca mencionó la relación de Smith con su caso, y su abogado explicó que Waller simplemente estaba aplicando el Código Lieber, que autorizaba el asesinato de prisioneros de guerra. Cuando Smith fue llamado a declarar por la defensa, negó haber dado a Waller la orden de llevar a cabo las ejecuciones. Furioso por su mentira bajo juramento, Waller reveló la terrible verdad: Smith había ordenado el asesinato de cualquier persona mayor de 10 años.

Las brutales acciones de Smith en Samar no le valieron el honor que creía merecer por pacificar a personas que consideraba “salvajes”. Cuando otros testigos confirmaron la orden de Smith, éste fue sometido a un consejo de guerra y condenado, pero no por asesinato u otros crímenes de guerra. Fue condenado por “conducta en perjuicio del buen orden y la disciplina militar” y sentenciado a ser “reprendido por la autoridad de control”.

Cuando la opinión pública descubrió los crímenes de guerra de Smith contra los filipinos, los estadounidenses se indignaron e instaron al presidente Theodore Roosevelt a presionar para que Smith se retirara del ejército antes de tiempo para apaciguar al público. Aparte de ser obligado a abandonar el ejército, incluso con una baja deshonrosa, Smith no sufrió ninguna otra consecuencia de su gobierno.

Una bienvenida de héroe

Se podría pensar que ordenar la muerte de 1.000 personas sólo le traería deshonra, pero ese no fue el caso de Smith. Cuando regresó a su ciudad natal, Portsmouth, después de todo el escándalo, fue recibido como un héroe.

Defendió sus acciones ante la prensa local, diciendo que los nativos de Samar eran “salvajes del tipo más degradado”. Eran nómadas y no tenían domicilio fijo. La infancia de los nativos es un sueño a los 13 años. Están preparados para asumir la carga de la vida antes de ese momento. Los nativos de Samar son traicioneros y bárbaros. Mutilan los cuerpos de los muertos de la manera más horrible.

A continuación, los describió como “tribus salvajes que no reconocen las reglas de la guerra civilizada, sino que son traicioneras y brutales en el grado más bajo”. Deben ser sometidos y retenidos hasta que aprendan que el objetivo es darles la libertad y las bendiciones de ese buen gobierno que disfrutamos.

Jacob Smith fue recibido con aplausos y una gran ovación.

Anri Ichimura https://www.esquiremag.ph/long-reads/features/jacob-h-smith-philippine-american-war-a1926-20190919-lfrm

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