La web más censurada en internet

Categoría: Guerra psicológica (página 28 de 45)

El espionaje polaco intervino en el levantamiento kazajo

El levantamiento kazajo se dirigió desde los países de la OTAN con el apoyo del canal Nexta, que también participó en las protestas de Bielorrusia en agosto de 2020.

Por eso al principio del levantamiento, el gobierno kazajo bloqueó la conexión a internet y China ha enviado a Kazajistán a especialistas en ciberguerra.

El canal Nexta es una iniciativa del bielorruso Stepan Putilo, actualmente refugiado en Polonia. Putilo trabaja en el canal de propaganda Belsat, creado especialmente por el ejército polaco para desestabilizar al gobierno bielorruso. Tiene más de cuatro millones de seguidores en las redes sociales, incluyendo más de medio millón en YouTube y más de 2,7 millones en su canal de Telegram. En 2019 recibió el Premio de Derechos Humanos Viktor Ivashkevich.

Nexta ha creado un cúmulo de argumentos para consumo de los políticos polacos, de modo que puedan fundamentar sus declaraciones sobre Kazajistán. La prensa polaca se contenta con retransmitir los comentarios de Nexta, con paralelismos entre Lukashenko y el dirigente kazajo Kassym Zhomart Tokayev. “Las protestas en Kazajistán recuerdan cada vez más a las protestas en Bielorrusia en agosto de 2020”, dijo Polskoe Radio citando a los periodistas de Nexta (1).

Putilo lo tiene claro: “Esto es una guerra de la información”, dijo en una entrevista (2), poco después de las protestas de Bielorrusia del verano de 2020. Los medios polacos publican reportajes con títulos como “Insurgencia en Kazajistán. Las autoridades prorrusas ahogan las protestas en sangre”. La participación de los militares bielorrusos en la operación de mantenimiento de la paz de la OTSC en Kazajistán también se interpreta negativamente. El dictador bielorruso va a reprimir la revuelta popular de los kazajos, utilizando la experiencia de las represalias callejeras contra los manifestantes de 2020.

Detrás de las actividades de Nexta está el equipo central de acciones sicológicas, que forma parte de la Dirección de Inteligencia y Guerra Electrónica del ejército polaco. Es una unidad militar especializada en desinformación e impacto sicológico sobre el enemigo. Tiene su sede en la ciudad de Bydgoszcz y, gracias a su emblema, es conocida como “Arañas Negras”.

Un informe del Centro Militar Polaco de Educación Pública, titulado “Comunicación Estratégica y Relaciones Públicas”, afirma que los militares utilizan las redes sociales en operaciones sicológicas “para promover cambios sistemáticos de carácter político”.

El antiguo director de Nexta, Roman Protasevich, detenido en Bielorrusia el año pasado, no niega que el canal está supervisado por los servicios especiales. “A menudo, incluso yo, como uno de los principales combatientes en la guerra de la información, no tenía acceso a ciertas reuniones, a los momentos en que se tomaban las decisiones, por quién y cómo se tomaban”, dijo Protasevich, según el cual se limitaba a dar el orden del día para seguir trabajando.

Aunque el golpe de Estado en Bielorrusia no prosperó, la infraestructura de influencia se mantuvo: más de 800.000 personas siguen suscritas a Nexta. Los administradores del canal aseguran que no van a dejar “dormir tranquilo a ningún dictador del espacio postsoviético”. La cadena empezó a emitir información sobre los acontecimientos de Kazajistán, estableciendo un calendarios de actividades.

La organización de levantamientos masivos a través de la redes sociales es una técnica internacional probada. Las actividades de Nexta se inscriben dentro de la labor de los provocadores profesionales.

Nexta se refirió a las personas que saquearon los depósitos de armas del Comité de Seguridad Nacional (KNB) en Kazajistán como manifestantes: “Ayer, los manifestantes confiscaron equipos y armas de las fuerzas de seguridad. Me pregunto si quedará algo en las armerías antes de la llegada de las tropas de la OSTC”.

La cadena divulgó las imágenes de la brutal paliza a un policía con un comentario mordaz: demostraba el “amor del pueblo por las fuerzas de seguridad de Nazarbayev”. Un suscriptor de Nexta en Ucrania aconsejó a los kazajos cómo debían luchar contra el gobierno.

“Agrúpense en torno a personas con experiencia de combate… Estas personas han participado en las hostilidades y tienen el entrenamiento adecuado, sabrán cómo conducir correctamente sus acciones en la lucha contra los invasores. Los grupos deben ser de entre 10 y 20 personas. Sigue la regla de ‘morder y correr’: si el enemigo tiene ventaja sobre ti, intenta infligir el mayor número de bajas y retirarte con el menor daño posible”.

“El mejor vehículo en el campo de batalla es el ligeramente blindado. Busca coches de época o de la policía: casi cualquiera puede conducirlos y la protección contra las armas cortas está garantizada. Intenta atacar al enemigo por la espalda o por el flanco: así tiene menos tiempo para reaccionar, lo que aumenta tus posibilidades. Los ladrillos o adoquines impiden en gran medida el paso de la infantería y de los vehículos ligeros con ruedas”.

“Ármate al máximo. Si no puedes disparar, prepara cócteles y lánzalos por las ventanas mientras abandonas el puesto inmediatamente. Intenta cambiar de posición tan a menudo como sea posible”.

La Unión Europea presenta a Nexta como destacados luchadores por la democracia e incluso les premia por su trabajo, pero si ocurriera en España, el lenguaje cambiaría de forma radical. Alemania quiere censurar a Telegram cuando se trata de las protestas contra las vacunas, pero le encanta que se difundan los textos de Nexta sobre Bielorrusia o Kazajistán.

El 5 de enero, cuando el gobierno de Kazajistán ya había dimitido, Nexta siguió adelante: “Los rumores sobre la dimisión del gobierno se extienden por Internet. Lo más probable es que sea una táctica para engañar a los manifestantes. La protesta no puede detenerse hasta que la dimisión del gobierno y del dictador Nazarbayev sea un hecho. No te equivoques”.

Poco después, Nexta señaló al nuevo enemigo: “Los soldados rusos han volado a Kazajistán. Si creen que serán recibidos allí con las manos vacías, se equivocan. Los kazajos son gente hospitalaria, hay suficiente espacio para todos en la estepa”.

(1) https://vz.ru/world/2022/1/10/1138089.html
(2) https://meduza.io/en/feature/2020/09/18/this-is-an-information-war

‘La Marea’ se suma a la ola inquisidora y propone censurar la red Telegram

La pandemia ha desatado una furia inquisidora como pocas veces se ha visto. Las redes sociales han ido cerrando progresivamente todas las cuentas críticas hacia la represión sanitaria, con el aplauso entusiasta de los grupos y medios de la oposición domesticada, como Público, ElDiario.es o La Marea.

Son muy malos momentos para la libertad de expresión, sobre todo porque la cloaca de sitios web que dicen defenderla, son sus más acérrimos enemigos, para lo cual suministran a cada paso su conocido gazpacho de adjetivos: magufos, conspiranoicos, negacionistas, antivacunas, ultraderechistas…

Ante la marea de movilizaciones en toda Europa contra los pasaportes de vacunas, las webs domesticadas y sus periodistas estelares, como Miquel Ramos, siguen buscando ultraderechistas con lupa. Es el mejor servicio que le prestan a la reacción, tanto dentro como fuera del gobierno.

Ayer La Marea volvía a la carga con un artículo venenoso del plumífero alemán Thilo Schäfer (*) que sugiere, con una sutilieza farisaica, “tomar medidas” contra Telegram, una red social que no ha entrado en la ola censora de otras, como Facebook, Twitter o YouTube.

Malos tiempos para la libertad de expresión y malos tiempos para redes, como Telegram, que no han entrado en el juego inquisidor. El gobierno alemán quiere responsabilizar a Telegram de los contenidos que introduzcan sus usuarios, como se hace con Facebook, Twitter o YouTube, lo que supone una espada de Damocles para que contrate “verificadores de hechos” y empiece a eliminar mensajes e incluso cerrar cuentas completas.

Telegram ha crecido porque se ha convertido en un refugio para quienes han tenido que huir de la censura de otras redes. En los medios digitales el tamaño importa mucho. Hasta ahora la red rusa se ha librado de la furia de los inquisidores, como La Marea, sólo porque era marginal. Albergaba pocos usuarios que, además, están ubicados en Europa oriental y en países de Oriente Medio.

La ola censora ya ha comenzado como comienzan estas novedades: con un “debate sobre si se debe actuar contra Telegram”. Por su parte, el gobierno alemán ya ha lanzado dos advertencias contra Telegram, pero los responsables “no hacen caso”. La nueva ministra de Interior, Nancy Faeser, tomará medidas para “forzar a Telegram a cooperar”, lo que se traduce así: deberán empezar a censurar lo mismo que censuran las demás redes sociales.

El pretexto del plumífero tampoco es nuevo, los contenidos violentos, por lo que —siguiendo ese mismo criterio— deberíamos cesurar también el cine de terror, o “La naranja mecánica”, o “Reservoir dogs”, o “Asesinos natos”, o “El club de la lucha”, por poner algunos ejemplos. ¿Por qué no se permite en una red social lo que aparece con tanta abundancia gráfica en el cine o la televisión?

En una red social no se pueden contar mentiras, sobre todo contra las vacunas, mientras que en el cine todo es mentira por definición. ¿Por que no cerrar los cines?, ¿por qué no emitir documentales exclusivamente en las televisiones?

El caradura de Schäfer acaba con un requiebro torero: si el gobierno alemán interviene en los contenidos de las redes sociales, Putin también lo podría aprovechar “para sofocar cualquier crítica u oposición”. Lo que es bueno para Alemania no lo es para Rusia.

Este es el tipo de basura que difunden medios como La Marea.

(*) https://www.lamarea.com/2022/01/04/telegram-el-refugio-de-la-ultraderecha-y-los-antivacunas-en-alemania/

Facebook admite que una de sus censuras es errónea

Que los inquisidores de Facebook hayan cumplido con función cabalmente no es noticia, pero que el monopolio admita un “error” no es muy común. A pesat de todo, no es exactamente un “mea culpa”.

Robby Soave, editor de la revista Reason, escribe que ha sido el destinatario de una confesión inusual. En este caso, la censura se refería a un artículo que Soave compartió en su cuenta de Facebook, pero que fue calificado como “desinformación”, por los sicarios de la multinacional, esos a los que llaman “verificadores de hechos independientes”.

El artículo se titulaba “El estudio que convenció los CDC para apoyar las mascarillas en las escuelas es ciencia basura”. Se basaba en un artículo de David Zweig en Atlantic, que afirmaba que un estudio concreto en el que se basaban los CDC inflaba los datos sobre los riesgos para los alumnos no enmascarados, hasta tal punto que debía considerarse defectuoso.

Saltó la paradoja: el artículo de Zweig no fue censurado, pero la reseña de Soave sí lo fue. El artículo no discutía que las mascarillas ayudaran a detener la propagación del virus, especialmente en las escuelas.

El estudio realizado por el CDC adolece de una serie de defectos en la forma en que se llevó a cabo y debido a las decisiones cuestionables tomadas por los investigadores. El punto principal es que el CDC se equivocó al basar su política en lo que objetivamente sería un mal ejemplo de investigación científica.

Lo que desencadenó la censura de Facebook fue el intento de Soave de compartir el mensaje. El tema de las mascarillas en la escuela es sin duda la razón de la reacción instintiva de los inquisidores de Facebook.

Esa nueva Inquisición, llamada Science Feedback, consideró que la afirmación de que el estudio del CDC era “ciencia basura” era errónea. Los que luchan contra la desinformación se convirtieron en desinformadores.

Soave se puso en contacto con Facebook y su equipo de censores y es uno de los afortunados que ha obtenido la admisión de que no había ninguna justificación para llevar su artículo al Índice de textos prohibidos.

“La egiqueta ha sido retirada. Pedimos disculpas por este error”, escribió Facebook, antes de lavarse las manos como Pilatos: nosotros no hemos sido; los responsables son nuestros censores subcontratados.

La Premio Nobel de la Paz ataca la desinformación de los monopolios tecnológicos

Este año la concesión del Premio Nobel de la Paz ha pasado desapercibida porque le ha correspondido a la periodista filipina Maria Ressa, de 58 años, que ha lanzado una furibunda crítica en la ceremonia de entrega del galardón ante la familia real en Oslo.

Ressa dirigió su ataque contra los grandes monopolios tecnológicos (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft). Dijo que estaban acabando con la información libre y difundiendo una narrativa tóxica sobre la pandemia.

“Su poder casi divino ha permitido que el virus de la mentira nos infecte a todos, poniéndonos en contra de los demás, sacando a relucir nuestros miedos, nuestra ira, nuestro odio y allanando el camino para el ascenso de líderes autoritarios y dictadores”, añadió Ressa.

Tras una carrera en la que ha cubierto la corrupción y las violaciones de los derechos humanos en su país, la periodista criticó el dominio mundial de los grandes monopolios tecnológicos sobre la opinión pública, así como la negación de hechos e informaciones fiables “esenciales en tiempos de pandemia”.

El Tribunal de Apelaciones de Filipinas autorizó a Ressa, que está en libertad condicional, a viajar a Noruega sólo durante cinco días para la ceremonia de entrega del Premio.

El discurso de Ressa es una aportación valiosa en un momento en que la mayoría de los periodistas se han convertido en meros mercenarios que escriben al dictado.

Para muestra sirve un botón: hace unos días Instagram, o sea Facebook, censuraba una cita de Thomas Paine escrita en 1776. “Quien no se atreve a ofender, no puede ser honesto”. Los “verificadores de hechos” dijeron que Paine era un mentiroso y retiraron la frase de internet.

La presidenta del Comité Noruego del Nobel, Berit Reiss-Andersen, expresó su preocupación: “Llevar la información al público puede por sí mismo prevenir la guerra. El papel de la prensa es levantar el velo de la agresión y el abuso de poder, contribuyendo así a la paz”.

La verificación de hechos no existe, lo que se censura son opiniones divergentes

Facebook ha admitido, por fin, su verdadero papel censor: eso que presentan como “verificación de hechos” es una caza de brujas de opiniones divergentes (1).

El periodista John Stossel presentó una demanda judicial para demostrar que la supuesta lucha contra la “desinformación” de los monopolios tecnológicos es una farsa (2). Publicó dos vídeos en los que abordaba el cambio climático. Ninguno de los dos cuestionaba la realidad del cambio climático, sino que cada uno de ellos abordaba otras cuestiones conexas, como la gestión forestal y el uso de la tecnología para adaptarse.

Sin embargo, los sicarios de Facebook, llamados Science Feedback, los calificaron de “falsos” o, como dicen ahora, “faltos de contexto” porque no les gustó el “tono”.

Esto demuestra que en asuntos como el cambio climático no basta con repetir sólo una parte; hay que insistir en todo el repertorio clásico de temas ligados a la cuestión central para no dejar lugar a dudas: es la peor catástrofe de la historia de la humanidad, hay que gastar billones para combatirlo…

Sólo por eso, Facebook prohíbe o margina algunos reportajes, privándoles de lectores. Pero cuando le demandan, Facebook se encoge de hombres y dice “¡No hemos sido nosotros!” Ellos subcontratan la censura a sicarios como Science Feedback, que deben cobrar por cada hereje al que llevan a la hoguera.

Facebook califica a este tipo de mercenarios, estilo Newtral y Maldita, de “verificadores independientes” porque venden la burra muy barata. Al mejor postor.

El New York Post se ha encontrado con el mismo problema varias veces. En febrero del año pasado publicaron un artículo preguntando si el coronavirus se había escapado desde el laboratorio de Wuhan. La información fue calificada de falsa por los censores de Facebook.

Los verificadores, dice el New York Post, se basan en un grupo reducido de “expertos” interesados en rechazar ciertas teorías, incluyendo EcoHealth, que financió el funcionamiento del laboratorio de Wuhan. Por lo tanto, si la fuga del virus fuera cierta, serían responsables de los daños causados y estarían obligados a indemnizar.

Cuando Twitter bloqueó los informes del New York Post asegurando que el ordenador de Hunter Biden era un “equipo pirateado”, no se basó en nada. Sólo era una excusa para que la reputación de la familia presidencial, padre e hijo, permaneciera inmaculada y, con ella, el partido demócrata al que Twitter sirve.

La “verificación de hechos” se ha convertido en un negocio, otro más, propicio para trepas y vendidos de todos los pelajes. Está financiada por magnates oscuros, como George Soros, con la apariencia de ONG y al servicio de los monopolios tecnológicos y, por supuesto, del discurso dominante.

(1) https://thefederalist.com/2021/12/13/facebook-quietly-admits-its-third-party-fact-checks-are-opinions/
(2) https://www.hollywoodreporter.com/business/digital/john-stossel-sues-facebook-1235019248/

Santa Klaus inauguró el estilo de vida (norte)americano

Aunque es un relato común a muchas culturas, fueron los emigranes holandeses los que llevaron a Estados Unidos la leyenda de Sinterklaas en el siglo XVII. El personaje llevaba regalos a los niños el 5 de diciembre.

En 1809 el escritor Washington Irving transformó el nombre del santo holandés en la actual Santa Claus, derivado de San Nicolás. No obstante, su popularidad comenzó con el poema de Clement Moore publicado en Estados Unidos en 1823: “Una visita de San Nicolás”, que apareció como anónimo.

En 1863 el ilustrador estadounidense Thomas Nast lo dibujó por primera vez como un hombre regordete, con barba y vestido de piel, en la revista Harper’s Weekly.

Pero la gloria no llegó hasta que en diciembre de 1930 Coca-Cola asoció su nombre al personaje en una campaña publicitaria diseñada por la agencia D’Arcy. En los dibujos, Santa Klaus ganó estatura humano y dejó de ser un gnomo.

En aquella época, la mayoría de los consumidores asociaban la Coca-Cola con un refresco veraniego. Las chicas en traje de baño eran la imagen de marca más conocida del brebaje. Santa Klaus llevó la bebida a la temporada de invierno.

“La sed no conoce estaciones”, comenzó a decir la publicidad de Coca-Cola para ampliar el mercado. Al final fue el invierno el que acabó simbolizado por Santa Klaus, sobre todo durante las fiestas cristianas.

El mercado de Coca-Cola también se amplió con un nuevo segmento de consumidores, los niños, que debían poner una botella del brebaje en la nevera para que cuando llegara Santa Klaus con los regalos pudiera refrescarse.

Para acercarse a los niños, las ilustraciones comenzaron a presentar a Santa Klaus sin su pipa y para acercarse al resto del mundo, se le cambió el nombre por otros, como Papá Noel.

La leyenda de Santa Klaus no sólo demuestra la capacidad de penetración de la publicidad en el mundo moderno, sino la que procede de Estados Unidos, que es capaz de lograr que veamos lo blanco como si fuera negro y lo negro como si fuera blanco.

Fue el primer ejemplo del “estilo de vida americano” que el mundo debía imitar porque la publicidad no sólo transmite mensajes o pensamientos, sino que es capaz de modificar el comportamiento de millones de personas de culturas muy distintas. Todos debemos hacer lo que hacen los americanos.

La prensa especializada manipula la información sobre los efectos adversos de las vacunas

En la revista “Redacción Médica” los inquisidores tienen un buen ejemplo de manipulación de una información, cuyo titular dice “España detecta 321 casos de miocarditis en 60,5 millones de vacunados covid” (*).

Los que sólo lean los titulares y lo hagan demasiado rápido quizá no se aperciban de que España no tiene 60,5 millones de habitantes y hasta llegar al contenido de la (des)información el truco no aparece: no se refieren a personas vacunadas sino a dosis administradas.

Por lo tanto, también es falso el porcentaje de riesgo del 0,0005 por ciento porque no se puede dividir por dosis sino por personas vacunadas.

El porcentaje es mentira porque los 321 casos de miocarditis se refieren sólo a los que han llegado a oídos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) que, es una parte del total de casos reales.

Pero con el riesgo podían haber hecho lo mismo que hacen con la famosa “incidencia acumulada”: en lugar de dar porcentajes podían dar cifras por cada cien mil vacunados y obtendrían una “incidencia” de la miocarditis de 500, que asustaría bastante más a los lectores.

Ya lo dijo Mark Twain: hay mentiras, medias verdades y estadísticas, y en cuanto te distraes un poco te la cuelan doblada.

Es una de las grandes enseñanzas que esta pandemia ha mostrado sobre las técnicas de manipulación informativa: cuando suministran datos cuantitativos, disfrazan a una noticia con un rigor y una precisión que no existe.

En cuanto una noticia se llena de cifras, porcentajes y estadísticas, la mayor parte de los lectores dan media vuelta y pasan a otra cosa, pero se creen que han asimilado una conclusión exacta y muy documentada.

(*) https://www.redaccionmedica.com/secciones/ministerio-sanidad/espana-detecta-321-casos-de-miocarditis-en-60-5-millones-de-vacunados-covid-3759

Hacen desaparecer un documento de la Fundación Rockefeller que anticipó la pandemia hace más de 10 años

En 2010 la Fundación Rockefeller, en colaboración con Global Business Network, publicó el informe “Escenarios para el futuro de la tecnología y el desarrollo internacional”. El estudio recurre a diferentes escenarios para simular las opciones estratégicas ante el futuro.

Rockefeller diseñó cuatro escenarios (Lock Step, Clever Together, Hack Attack y Smart Scramble) que diseñan distintos desastres naturales y otras configuraciones apocalípticas. El primero es un escenario pandémico, sorprendente por su similitud con la pandemia declarada de coronavirus. Nadie antes conocía un confinamiento para toda la población, sana y enferma, sin distinción, con fines preventivos y durante tanto tiempo.

Esta es la descripción de la pandemia en “Lock Step”:

En 2012, por fin llegó la pandemia que el mundo llevaba años esperando. A diferencia del H1N1 de 2009, esta nueva cepa de gripe, traída por patos salvajes, era extremadamente violenta y mortal. Incluso las naciones mejor preparadas para ella se vieron rápidamente desbordadas cuando el virus arrasó el mundo, infectando a cerca del 20 por cien de la población mundial y matando a 8 millones de personas en sólo siete meses, en su mayoría adultos jóvenes sanos. La pandemia también tuvo un efecto letal en las economías: el movimiento internacional tanto de personas como de bienes se detuvo repentinamente, debilitando industrias como el turismo, e interrumpiendo las cadenas de suministro globales. Incluso a nivel local, los comercios y las oficinas, normalmente muy concurridos, quedaron repentinamente vacíos. La pandemia afectó a todo el mundo, pero de forma desproporcionada a África, el sudeste asiático y América Central, donde el virus se propagó con la velocidad del fuego en ausencia de protocolos oficiales para contenerlo. Pero incluso en los países más desarrollados, la contención ha sido un gran problema. La política inicial de Estados Unidos de «desalentar fuertemente» a los ciudadanos a viajar en avión resultó letal en su exceso, y aceleró la propagación del virus, no sólo en Estados Unidos sino también a través de las fronteras. A pesar de todo, algunos países salieron mejor parados, especialmente China: la rápida imposición por parte del gobierno chino de una cuarentena obligatoria para todos sus ciudadanos, acompañada del sellado instantáneo de todas sus fronteras, salvó millones de vidas, deteniendo la propagación del virus mucho antes que en otros países, y permitiendo una recuperación más rápida después.

El gobierno chino no fue el único que tomó medidas extremas para proteger a sus ciudadanos del riesgo de contagio. Durante la pandemia, varios dirigentes nacionales hicieron valer su autoridad e impusieron normas y restricciones estrictas, que iban desde la obligación de llevar mascarillas hasta el control de la temperatura corporal al entrar en espacios públicos como estaciones de tren o supermercados. Incluso cuando la pandemia terminó, este control autoritario sobre los ciudadanos y sus actividades continuó, e incluso se intensificó. Para protegerse de la propagación de los crecientes problemas globales -desde las pandemias hasta el terrorismo transnacional, pasando por las crisis medioambientales y el aumento de la pobreza-, diversos líderes de todo el mundo han reforzado su control del poder. Al principio, el concepto de un mundo más controlado tuvo una gran aceptación y aprobación. Los ciudadanos estaban dispuestos a ceder parte de su independencia y privacidad a gobiernos más paternalistas a cambio de una mayor seguridad y estabilidad. Los ciudadanos eran más tolerantes e incluso estaban deseosos de recibir la dirección y el control desde arriba, y los líderes nacionales tenían vía libre para imponer el orden de la forma que quisieran. En los países más desarrollados, esta mayor forma de control adoptó diversas formas: identidad biométrica para todos los ciudadanos, por ejemplo, combinada con regulaciones más estrictas para las industrias consideradas vitales para el interés nacional. En muchos países desarrollados, esta cooperación forzada, junto con las nuevas normativas y acuerdos, condujo lentamente al restablecimiento del orden y, lo que es muy importante, al crecimiento económico. En el mundo en desarrollo, sin embargo, las cosas han sido muy diferentes. La autoridad descendente ha adoptado diferentes formas en los distintos países, en función del calibre, las capacidades y las intenciones de sus dirigentes.

El escenario “Lock Step” continúa describiendo que la brecha tecnológica entre los países avanzados y los que están en vías de desarrollo se amplía, así como el confinamiento nacionalista y las represalias entre países. El final de la simulación, que marca el epílogo de la deriva reaccionaria y represiva de los gobiernos a escala mundial, es sorprendente:

Alrededor de 2025 la gente empezaba a resentirse de este control verticalista, en el que siempre eran los dirigentes los que tomaban las decisiones por todos. Cuando los intereses nacionales chocan con los intereses individuales, surgen los conflictos. Las protestas esporádicas se volvieron cada vez más organizadas y coordinadas, a medida que los jóvenes, desanimados al ver que sus oportunidades se desvanecían en el aire -especialmente en los países en desarrollo-, planteaban la desobediencia civil.

En 2026, una protesta popular en Nigeria hizo caer al gobierno, acusado de nepotismo y corrupción. Incluso aquellos que apreciaban la mayor estabilidad y previsibilidad de este mundo empezaron a sentirse incómodos, atenazados por la gran cantidad de normas y restringidos por las fronteras nacionales. Había una sensación en el aire de que, tarde o temprano, algo iba a alterar inevitablemente el estricto orden que los gobiernos del mundo se habían esforzado tanto en establecer.

El estudio, que estaba disponible en el sitio web de la Fundación Rockefeller, empezó a circular. El hecho de que el público en general, se diera cuenta de una coincidencia tan singular -además de toda una serie de «profecías autocumplidas», como el Evento 201- perturbó la sensibilidad de los más sensibles.

El 27 de mayo de 2021 la Fundación Rockefeller retiró el documento de internet porque ellos son así: escriben la historia y luego la borran. Es posible descargar el informe del siguiente enlace:

*https://web.archive.org/web/20211007004912/http://www.nommeraadio.ee/meedia/pdf/RRS/Rockefeller%20Foundation.pdf

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