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Categoría: Guerra psicológica (página 19 de 45)

Los medios de intoxicación alemanes no quieren la paz en Ucrania

La intoxicación mediática comienza a ser objeto de estudio por las universidades, como la de Maguncia, en Alemania, que ha publicado un estudio sobre la cobertura informativa de la Guerra de Ucrania. Desde el 24 de febrero, concluye el estudio, los medios de comunicación han desempeñado un papel fundamental en la oposición a una solución negociada, con la publicación casi general de contenidos sesgados, antirrusos y favorables a la continuación de las hostilidades.

Los investigadores analizaron la información en lengua alemana sobre la guerra entre el 24 de febrero y el 31 de mayo, evaluando el contenido de unos 4.300 artículos distintos publicados por los ocho principales periódicos y cadenas de televisión del país: FAZ, Suddeutsche Zeitung, Bild, Spiegel, Zeit, ARD Tagesschau, ZDF Today y RTL Aktuell.

Ucrania fue retratada positivamente en el 64 por cien de las noticias y Zelensky en el 67 por cien. En cambio Rusia fue retratada “casi exclusivamente de forma negativa” el 88 por cien de las veces y Putin el 96 por cien. Casi todas las informaciones, el 93 por cien en total, atribuyeron la culpa exclusiva de la guerra a Putin o a Rusia. Occidente sólo fue nombrado “corresponsable” en el 4 por cien de los casos, y Ucrania aún menos, con un 2 por cien.

La opinión de Rusia sobre el conflicto sólo se mencionó en el 10 por cien de las informaciones, menos que la de cualquier otro país, incluidos los vecinos de Moscú. Dos partidos, AfD (Alternativa por Alemania) y Die Linke (La Izquierda), que se oponen a armar a Ucrania y a prolongar los combates, “no tuvieron prácticamente presencia en los medios de comunicación a la hora de informar sobre la guerra”. Los mensajes del gobierno y las declaraciones de los ministros dominaron por completo, recibiendo el 80 por cien de la cobertura mediática, más de cuatro veces la cifra correspondiente a los partidos de la oposición.

En los debates de los medios de comunicación sobre las “medidas con más probabilidades de poner fin a la guerra”, las sanciones económicas contra Rusia fueron “con diferencia las más mencionadas” y aprobadas en el 66 por cien de los casos. Las medidas diplomáticas se mencionaron “con mucha menos frecuencia”, mientras que las “medidas humanitarias” se mencionaron incluso con menos regularidad.

En total, el 74 por cien de las informaciones describen el apoyo militar a Ucrania de forma “extremadamente positiva”. La entrega de armamento pesado se aprobó “con algo menos de claridad, pero aún se considera en gran medida razonable”, con un 66 por cien “abrumadoramente a favor”. Menos de la mitad, el 43 por cien, opinó que las negociaciones diplomáticas serían útiles, y esto se debió en gran medida a las informaciones de “Der Spiegel” que señalaban claramente a la diplomacia como la opción más sensata para Berlín “con diferencia”.

“Der Spiegel” fue el único medio de comunicación analizado que valoró más positivamente las negociaciones diplomáticas que la entrega de armamento pesado. concluye el estudio, que identificó un área en el que la cobertura mediática “definitivamente no era progubernamental”. En contadas ocasiones, el canciller Olaf Scholz y su coalición de gobierno fueron duramente criticados “por vacilar a la hora de inundar Ucrania con armamento pesado” por todos los medios de comunicación excepto “Der Spiegel”.

“No todos los miembros del gobierno se vieron igualmente afectados por las críticas”, constata el estudio. Aunque los que escaparon a la censura no figuran en la lista, es probable que sean representantes de partidos de la coalición gubernamental, como Los Verdes, que exigieron a Berlín que inundara Kiev de armas desde el primer día.

El estudio arroja una visión inquietante. Todos los medios de comunicación alemanes se han alineado en favor de la guerra y la escalada militar contra Rusia. Mientras tanto, la consideración de políticas alternativas, como el apoyo a un acuerdo diplomático o instar a Ucrania a entablar negociaciones productivas para poner fin a los combates lo antes posible, estuvo casi totalmente ausente -si no desapareció por completo- de cualquier información o análisis de las noticias.

Los periodistas se encuentran entre los grupos de presión más agresivos en favor de la guerra. Alemania es sólo un país, y una investigación similar de la cobertura mediática del conflicto en cualquier Estado occidental llevaría a conclusiones parecidas. En muchos casos, los resultados podrían ser aún más drásticos, en términos de imagen unilateral y favorable a la guerra que la prensa ofrece, así como la ausencia de puntos de vista opuestos y favorables a la diplomacia.

Reino Unido y Estados Unidos son los dos países que más están presionando para que estalle una guerra contra Rusia. Kiev y Moscú llegaron a un acuerdo provisional negociado a principios de abril, según el cual Rusia se retiraba a sus posiciones anteriores al 24 de febrero y Ucrania prometía no solicitar el ingreso en la OTAN a cambio de garantías de seguridad por parte de una serie de países.

Entre el 24 de febrero y el 31 de mayo apenas había informaciones sobre la influencia de la guerra en Alemania, que la energía iba a escasear o que la inflación se iba a disparar. Ese tipo de noticias nunca superó el 15 por cien. Sólo recientemente los medios de comunicación del país han empezado a reconocer el daño de la guerra para la propia población alemana.

La palabra ‘Palestina’ ha desaparecido de las grandes cadenas de intoxicación

La parcialidad de las grandes cadenas de intoxicación contra Palestina se manifiesta de varias maneras. Una son las palabras que utilizan para describir la brutal opresión israelí, a la que les gusta llamar “conflicto palestino-israelí”.

Los medios buscan cuidadosamente expresiones que defiendan al opresor (Israel) frente al oprimido (Palestina), y la mejor manera de hacerlo no es afirmar que la opresión no existe, sino eliminar al oprimido, relatar las noticias sin mencionalo siquiera.

Así lo establecen los manuales de estilo de las radiotelevisiones y los periódicos, empezando por el New York Times, que es ágora del periodismo contemporáneo.

La guía de estilo de este periódico no tiene una entrada específica para referirse a Palestina. Sin embargo, en la referencia a la voz “Oriente Medio”, escribe que incluye Egipto, Irán, Irak, Israel, Jordania, Líbano, Libia, Arabia Saudí, Siria, Yemen y los emiratos del Golfo Pérsico. No menciona a Palestina. O no existe o no forma parte de Oriente Medio.

Los Angeles Times sólo permite utilizar el nombre de Palestina entre comillas. La política del periódico, expresada en un informe de 2005, exige que Palestina se utilice únicamente para describir el territorio que existió de 1923 a 1948, o una región histórica (“la tierra de Palestina”).

Antiguamente existió un territorio, pero sin personas. Palestina no es, pues, una nación y no se puede oprimir a alguien que no existe.

La agencia Associated Press

La guía de estilo de la agencia Associated Press es el canon para todos los medios de comunicación de Estados Unidos, como el Washington Post, por ejemplo. Cada periódico puede tener su propia guía de estilo, pero la mayoría utiliza la guía de estilo de la agencia en su totalidad o como base sobre la que introducir cambios. Sus directrices son, pues, extremadamente importantes, porque cuando se cambian, los demás medios de comunicación hacen lo mismo.

La agencia es una de las mayores del mundo, con más de 1.300 terminales que reproducen sus noticias.

El encabezamiento de la voz “Palestina” en la 55 edición del Libro de Estilo, publicado en 2020, dice lo siguiente: “Utilícese Palestina y palestinos en el contexto de las actividades de Palestina en los organismos internacionales en los que ha sido admitida y de las acciones de la Autoridad Palestina: la bandera palestina, el primer ministro palestino. No utilice Palestina o Estado de Palestina en otras situaciones, ya que no es un Estado totalmente independiente y unificado. Para territorio, refiérase específicamente a Cisjordania o Gaza, o a los territorios palestinos en referencia a ambos”.

La BBC, cadena pública de Reino Unido

En 2005 la BBC encargó a un equipo que revisara su cobertura de eso que llaman “conflicto palestino-israelí”. La cadena estaba recibiendo numerosas quejas de los lectores por su parcialidad.

Ahora la entrada “Palestina” es larga y rebuscada: “Hoy en día no existe un Estado independiente de Palestina, aunque el objetivo declarado del proceso de paz es establecer un Estado de Palestina junto a un Estado de Israel. En noviembre de 2012 la OLP ganó una votación en la Asamblea General de la ONU, mejorando su anterior estatus de ‘entidad’ para que la ONU reconozca ahora los territorios como ‘Estado observador no miembro’. Este cambio permite a los palestinos participar en los debates de la Asamblea General de la ONU. También mejora las posibilidades de los palestinos de entrar en las agencias de la ONU. Pero la votación de la ONU no creó un Estado palestino (más bien, Palestina fracasó en su intento de ingresar en la ONU como Estado miembro de pleno derecho en 2011 por falta de apoyo en el Consejo de Seguridad). Así pues, en la cobertura diaria de Oriente Próximo, no hay que poner el nombre de ‘Palestina’ a Gaza o Cisjordania; se trata más bien de una aspiración o entidad histórica. Pero está claro que los periodistas de la BBC deben tener en cuenta el cambio de circunstancias a la hora de cubrir la propia ONU y los Juegos Olímpicos, en los que el Comité Olímpico Internacional reconoce a Palestina como nación competidora. La mejor práctica es utilizar el término Palestina con firmeza y sólo en el contexto de la organización en la que es aplicable, como hizo la BBC en las Olimpiadas, por ejemplo: ‘En las Naciones Unidas, representantes de Palestina, que tiene estatus de observador no miembro’”.

Canadian Press

Canadian Press es el equivalente canadiense de la Associated Press, y sirve tanto de guía de estilo estándar para los medios de comunicación como de agencia de noticias. A diferencia de la Associated Press, la agencia canadiense no tiene una sección sobre Palestina, ni en su Libro de Estilo ni en su guía de mayúsculas y ortografía.

La práctica general es adherirse a las normas de la Associated Press. El Libro de Estilo tiene una sección en la que se enumeran la mayoría de los países y regiones del mundo, junto con información sobre cada uno de ellos. Pero no se menciona la palabra Palestina, ni siquiera los “territorios palestinos”.

Otra sección del libro define cómo deben utilizarse los títulos de determinadas regiones. Señala que “generalmente se considera que Oriente Medio incluye Arabia Saudí, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Qatar, Sudán, Siria, Turquía y Yemen”.

No aparece la palabra Palestina, ni tampoco la de “territorios palestinos”.

Canadian Broadcasting Corporation

La guía de estilo de la radiotelevisión pública de Canadá se títula “Palestina frente a territorios palestinos”. Se introdujo por primera vez en 2011 y luego se actualizó a su penosa forma actual: “No existe un país moderno de Palestina, aunque hay un movimiento para establecer uno como parte de un acuerdo de paz de dos Estados con Israel. Así que no se refiera a Palestina y no muestre un mapa con Palestina como país. Utiliza el término ‘pro-palestino’ en lugar de ‘pro-Palestina’ cuando te refieras genéricamente a los partidarios de Palestina. Se consideran territorios palestinos las zonas bajo control de la Autoridad Palestina: Cisjordania, controlada por Al Fatah, y la Franja de Gaza, controlada por Hamás. Los términos ‘territorios palestinos’ y ‘territorios ocupados’ no son sinónimos. La primera incluye la Franja de Gaza, donde Israel ya no mantiene una presencia militar permanente. Este último incluye los Altos del Golán, objeto de disputa entre Israel y Siria. En noviembre de 2012, las Naciones Unidas votaron a favor de conceder el estatus de ‘Estado observador no miembro’ a Palestina. Podemos mencionarlo con precisión en los artículos cuando proceda. Pero la ONU no concede la condición de nación, y es prematuro llamar a los territorios palestinos el país de Palestina. Cuando se refiera a la Palestina histórica, utilice un lenguaje claro (por ejemplo, ‘Palestina británica’ es el término aceptado para el Mandato Británico de Palestina, que administró la región entre 1920 y el nacimiento de Israel en 1948)”.

No sólo Palestina ha desaparecido sino que los altos del Golán no han sido expoliados a Siria y ocupados por Israel por obra y gracia de un libro de estilo.

En 2020 la cadena le obligó a un locutor de radio a rectificar y disculparse en antena por haber utilizado la palabra “Palestina” en lugar de “territorios palestinos” en una entrevista en la que hablaba con el autor de un libro titulado precisamente “Palestina”. La cadena llegó a eliminar la palabra “Palestina” de la grabación en línea del programa y de la propia entrevista antes de que llegara a los oyentes.

Corporación Australiana de Radiodifusión

ABC, la cadena pública de Australia, prohíbe utilizar la palabra “Palestina” en su guía de estilo: “Decimos territorios palestinos. Palestina como adjetivo o sustantivo está bien”.

Deutsche Welle

Deutsche Welle es una cadena pública internacional con sede en Alemania. En mayo del año pasado se filtró un informe interno titulado “Israel y los territorios palestinos: guía del editor para informar”. Según el documento, como ejecutora del Holocausto, Alemania “tiene una responsabilidad especial hacia Israel”, que le impide cuestionar el derecho de Israel a existir como Estado ni que otros lo hagan.

Para Palestina, la entrada de la emisora dice: “El término Palestina se utiliza en el contexto de las actividades de Palestina en los foros internacionales y las acciones de la Autoridad Palestina. En cuanto al territorio, nos referimos específicamente a Cisjordania o Gaza, o a los territorios palestinos en referencia a ambos”.

Davide Mastracci https://readpassage.com/western-media-doesnt-want-you-to-read-the-word-palestine

El FBI dirigió la censura en Twitter durante la campaña electoral

Los nuevos documentos internos de Twitter muestran que el agente del FBI Elvis Chan concedió el nivel más alto de habilitación de seguridad nacional de Estados Unidos a los cabecillas de Twitter para que censuraran las noticias sobre las elecciones presidenciales de 2020.

Elvis Chan lleva mucho tiempo colaborando estrechamente con empresas de redes sociales para identificar y censurar las informaciones procedentes de fuentes independientes. Eso incluyó el envío regular de listas de publicaciones a empresas de medios sociales para su eliminación, sobre todo para ocultar el contenido del ordenador portátil del hijo de Biden.

Elvis Chan, el inquisidor del FBI

En su declaración del mes pasado, Chan relató que él y otros inquisidores del FBI presionaron a los monopolios tecnológicos para condicionar los resultados electorales en favor de Biden con el pretexto de la “combatir la desinformación y las noticias falsas” que, por lo demás, siempre proceden de Rusia o sirven a los intereses de Rusia.

El FBI era planamente consciente de que el pretexto era ridículo porque tenía en su poder el ordenador de Hunter Biden desde diciembre de 2019, casi un año antes de que en los medios empezaran a aparecer informaciones sobre su contenido. Desde luego no había nada que sugiriera que Rusia estaba interfiriendo en aquellas elecciones, como no había interferido en las anteriores.

Los correos electrónicos periódicos y las reuniones semanales de Elvis Chan con los censores de las redes sociales plantean nuevos interrogantes sobre el nivel de coordinación que existe entre el gobierno y las empresas tecnológicas privadas.

Esta coordinación es actualmente objeto de demandas judiciales, según las cuales más de 80 funcionarios de una docena de instituciones públicas habían participado en la censura de contenidos de las redes sociales.

En otras palabras, las plataformas digitales siguen las instrucciones políticas del FBI.

El hecho de que Chan concediera, además, autorizaciones de seguridad de alto secreto a los cabecillas de las redes sociales desmiente la defensa del gobierno de que su colaboración con las plataformas digitales no es una relación “mano a mano” con el fin de impedir la libertad de expresión.

Irán no está imponiendo penas de muerte por ir a las manifestaciones sino por cometer asesinatos

En los últimos meses, mercenarios apoyados por Estados Unidos e Israel han saltado a las calles de Irán, matando a varios civiles y miembros de la policía, al estilo de lo que ya ocurrió en 2014 en la Plaza Maidan de Kiev.

Muchos de ellos han sido detenidos y juzgados. Algunos han admitido los delitos que cometieron. No sólo han confesado voluntariamente los asesinatos, sino que también han sido identificados en vídeos y fotos que se han hecho virales en las redes sociales.

Uno de ellos es Mohammad Mehdi Karami, un kurdo que ha aparecido en las redes sociales en los últimos días. Los medios de comunicación controlados por los imperalistas y los sionistas han emprendido una virulenta campaña contra Irán, calificando de “matanza” las ejecuciones relacionadas con los disturbios.

Recientemente se publicó una entrevista con el padre de Karami en la que expresaba su preocupación por la suerte de su hijo. Los medios de comunicación y las redes sociales empezaron a difundir extractos de la entrevista, afirmando que había sufrido abusos, palizas, torturas y violaciones (*).

Los medios de comunicación decían que Karami había sido campeón de kárate y que había participado en “manifestaciones pacíficas” contra el gobierno de Teherán. Su condena a muerte se dictó como consecuencia de las protestas.

Nada más lejos de la verdad. En un vídeo Karami confesó haber participado en el asesinato de Sayed Ruhollah Ajamian, miembro de las milicias populares que defienden al gobierno de Teherán.

A principios de noviembre, Ajamian fue brutalmente golpeado y arrastrado vivo por la calle por unos 30 mercenarios en la ciudad de Karaj y después apuñalado hasta la muerte.

Karami describió que él y otros mercenarios asesinaron a Ajamian a sangre fría y detalló el incidente ante el tribunal en presencia de la familia de la victima. “Le golpeé con una piedra en la cabeza y luego le di tres puñetazos. Cayó al suelo y un tipo le dio una fuerte patada en el costado y en el tronco”.

También admitió que los mercenarios portaban cuchillos, lo que desmiente el carácter pacífico de las manifestaciones.

En un vídeo que circuló por las redes sociales tras el asesinato, se ve a Karami pateando a Ajamian en la cara con los pies y arrastrándolo por el asfalto, mientras alguien grita “¡basta!, ¡basta!”.

En su descargo, Karami dijo que había sido engañado por las campañas de los medios de comunicación extranjeros, que le habían atraído a él y a sus amigos.

Majid Reza Rahnavard, ejecutado hace unos días por matar a dos milicianos en Mashhad, declaró en un vídeo que había sido influido por Karimi y manipulado emocionalmente.

La pena de muerte de Karami no se dictó por participar en una manifestación, sino por cometer un asesinato deliberado, y en tales casos la mayoría de países del mundo imponen la pena de muerte.

(*) https://www.iranintl.com/en/202212108015

Las listas negras y blancas de Twitter

No cabe duda de que el nuevo patrón de Twitter, Elon Musk, ha levantado el felpudo que escondía la censura. Es un verdadero culebrón. La periodista Bari Weiss ha tomado el relevo de Matt Taibbi y mete la nariz en la segunda parte de los archivos negros de la red social.

Musk asegura que ha permitido un “acceso sin restricciones” a viejos documentos internos de la red. “Yo no controlo la narrativa. Es obvio que hubo mucho veto y supresión de información, incluyendo cosas que afectaron a las elecciones”, afirma.

El abogado de Twitter, que a su vez también fue abogado del FBI, Jim Baker, había auditado e incluso censurado la primera tanda de los archivos de la red social, “sin que la nueva dirección fuera informada”. Musk anunció que le había despedido.

El interés por los archivos está centrado en la manera de crear candidatos y fabricar elecciones a gusto del mejor postor. “Twitter estaba actuando como un brazo del Comité Nacional Demócrata”, sentencia Musk.

Había listas blancas y negras. Se trataba de difundir los contenidos de unos y tapar los de los de la competencia. La plataforma limitó el alcance de los mensajes de varias figuras políticas utilizando “poderosas herramientas” sin que los usuarios se dieran cuenta de ello.

En 2018 los cabecillas de Twitter negaron estas prácticas. Vijaya Gadde y Kayvon Beykpour dijeron que “no aplicamos la prohibición en la sombra basada en opiniones políticas o ideológicas”. Sólo eran “filtros de visibilidad”, una forma de amplificar o suprimir lo que los usuarios leen. “Controlamos la visibilidad lo suficiente. Y controlamos un poco la amplificación de los contenidos. Y los usuarios no saben lo que estamos haciendo”, explicó un ingeniero de la red.

La plataforma utilizaba los “filtros de visibilidad” para bloquear las búsquedas de los usuarios, limitar el alcance de un mensaje o evitar que las publicaciones se convirtieran en tendencia. Las decisiones no las tomaba nadie del equipo de moderación, sino el “Strategic Response and Global Escalation Group” (SRT-GET), que se ocupaba de hasta 200 casos al día.

Había otro equipo de censores, el “Site Integrity Policy and Policy Escalation Support” (SIP-PES), del que formaban parte Jack Dorsey, Parag Agrawal y Yoel Roth, además del mencionado Vijaya Gadde. Este equipo revisaba y censuraba cada uno de los contenidos de las cuentas incluidas en la lista negra.

Los pretexto de la censura son siempre los mismos. Normalmente revolotean alrededor de los “discursos de odio” como las moscas alrededor de la mierda. Sin embargo, una nota del equipo de SIP-PES reconoce que no siempre se suspende una cuenta por ese motivo.

A veces el capo de los moderadores, Yoel Roth, solía exigir una “investigación” más a fondo de determinadas cuentas, tanto para prohibir como para levantar las prohibiciones. Los moderadores se habían convertido en la policía digital de la red.

Google crea una Inquisición Internacional para censurar la información

Con 12 millones de dólares Google financiará una red mundial de inquisidores a través del Instituto Poynter Media. Los nuevos Torquemada están encuadrados en 135 chiringuuitos que operan en 65 países y en más de 80 idiomas.

Es un mordisco de los 13,5 millones de dólares concedido por los grandes monopolios tecnológicos a la IFCN (International Fact-Checking Network), una división del Instituto Poynter que, sin embargo, asegura que no tiene ánimo de lucro.

En España forman parte de la IFCN los censores de Newtral y Maldita.

El dinero se utilizará para ampliar las actuales operaciones de la IFCN, así como para estrechar el control del flujo informativo sobre lo que consideran como “desinformación”, que es todo aquello que desmiente las versiones oficiales de los gobiernos y las grandes empresas.

La IFCN fue creada en 2015 por el Instituto Poynter para reunir los inquisidores de todo el mundo en una red unificada. En la actualidad colabora con más de 100 tinglados de todo el mundo que adiestran a los nuevos Torquemada y demás aficionados a quemar libros.

A pesar de que no tiene ánimo de lucro, los ingresos de Poynter han aumentado un 150 por cien desde 2017. Este año sus ingresos superaron los 15 millones de dólares. Entre sus principales financiadores se encuentran Facebook, TikTok y Google.

La privatización de la censura

El objetivo de Google no es ayudar a encontrar información, sino a controlarla y crear un nuevo “Index”, una lista negra de fuentes independientes y alternativas, como mpr21.info, enterrándolas entre los resultados de su buscador.

La distinción entre lo que constituye “información” y lo que constituye “desinformación” es arbitraria y depende de si se alinea con la versión oficial que suministran quienes detentan el gobierno, la industria, la universidad, las instituciones o los colegios profesionales.

En Estados Unidos, en un reciente pleito, Facebook ha reconocido que la llamada “verificación de hechos” que encubre la censura, son opiniones y, como tales, están protegidas por la libertad de expresión. No son declaraciones objetivas, por lo que unas opiniones, las dominantes, sirven para censurar otras, las independientes.

La transferencia de la censura de los organismos públicos a los privados es característico de los nuevos tiempos. Permite que el Estado, los fiscales, los jueces, los policía y demás aparatos de represión queden al margen y se mantenga la imagen de la defensa de los derechos fundamentales. Son las empresas tecnológicas las censuran, no el Estado, que no puede inmiscuirse en una cuestión que parece “comercial” más que política.

Sin embargo, en Twitter se ha demostrado que no es así, que las nuevas empresas tecnológicas actúan por encargo o en connivencia con los gobiernos y que la Unión Europea ha exigido a Twitter que imponga un censura más estricta a las opiniones.

Así se refuerzan los aparatos represivos del Estado, mientras que su responsabilidad pública desaparece. El cierre gubernamental de un periódico se puede recurrir ante el juez; el cierre de una cuenta de Facebook no.

Las redes sociales aumentan la capacidad del Estado para vigilar, controlar, censurar y despersonalizar a los “bichos raros” que suministran informaciones fuera de los circuitos oficiales de las grandes cadenas.

El siguiente paso ya está en marcha. Se trata de controlar la información por medio de inteligencia artificial, que es más barato que tener a un Torquemada visitando las páginas de los “bichos raros” a tiempo completo.

La complicidad de los universitarios y los militares en la contrainsurgencia

Hugo G.Nutini nació en Estados Unidos en 1928. Vivió varios años en una finca chilena propiedad de sus padres antes de obtener el título de ingeniero civil en la Academia Naval de aquel país, para luego trasladarse a Estados Unidos a estudiar antropología, donde obtuvo el doctorado con una tesis sobre Tlaxcala, México, a donde llegó en 1957.

De su relación con Tlaxcala y México dan cuenta varios libros, aunque no empezó a ser muy conocido en el país centroamericano, sino en Chile como integrante del Proyecto Camelot, un caso que muestra la colaboración de los científicos con el complejo militar industrial durante la Guerra Fría.

En Chile, Nutini intentó captar a varios académicos para que trabajaran en Camelot, entre ellos Ricardo Lagos, que luego sería Presidente de la República. Los universitarios rechazaron la propuesta, investigaron a Nutini y destaparon el Proyecto Camelot. En 1965 Nutini confesó su doble juego en una carta enviada a la “Review of Sociology”. El gobierno chileno tuvo que intervenir para pedir explicaciones a Estados Unidos, que las ofrece: todo había sido culpa de Nutini, que actuaba por su cuenta.

El académico se convierte en el chivo expiatorio, es declarado persona non grata y se esfuma. En cualquier caso, Estados Unidos se disculpa y promete que no se volvería a repetir. Naturalmente, era mentira. La complicidad de los universitarios y los militares no se detuvo sino que subió de grado poco después, con el Golpe de Estado contra Allende de 1973, en el que los académicos desempeñaron un importante papel en la creación de las cortinas de humo, junto con la Democracia Cristiana.

El Proyecto Camelot lo creó la Oficina de Guerra Sicológica del ejército en 1956 dentro de la Universidad Americana de Washington. Parecía el típico tinglado académico, pero sus ambiciosos objetivos eran militares: aplastar a los movimientos revolucionarios en los cinco continentes, pero especialmente en Latinoamérica. El dinero que el Pentágono puso en manos de los docentes fue muy cuantioso para aquella época: seis millones de dólares en cinco años.

El tinglado se escondía con el acrónimo anodino de SORO (Special Operations Research Office, Oficina de Investigación de Operaciones Especiales). Lo mismo que Nutini, tenía una doble condición: era militar y universitaria a la vez. Al Pentágono le interesaba conocer a fondo los factores culturales y sicológicos de la guerrilla latinoamericana. En los años sesenta el Pentágono pasó de la contrainsurgencia a la guerra sicológica, materializadas en los informaciones que dieron los medios de comunicación del mundo para justificar el Golpe de Estado de Pinochet en 1973.

Estaba naciendo la ingeniería social. Para mantener su hegemonía, Estados Unidos no sólo necesitaba bases militares, sino también universidades, investigaciones, cursos, doctorados… Son el “hardware” y el “sofware” de la contrarrevolución. El Pentágono continuó el Proyecto Troya y el Grupo Smithsonian con la mayor investigación social para fines militares de la historia de la humanidad hasta entonces. Marcó una pauta para el futuro, de manera que ya es imposible saber dónde acaban los profesores universitarios y dónde empiezan los chusqueros.

Aunque los académicos, como Nutini, lo que trataban era de impedir la revolución, tenían un lenguaje mucho más sofisticado: su tarea era crear un “modelo predictivo del colapso social”, para lo cual colaboraban especialistas en múltiples disciplinas universitarias: antropología, teoría de la comunicación, psicología de masas, neurociencias…

Los “expertos” acudieron como moscas al olor de las becas y las subvenciones del Pentágono, a cuyo servicio se pusieron 140 sociólogos, entre los que estaban Lewis Coser. Pero los militares también lograron reclutar a Thomas Schelling, especialista en teoría de juegos, o James Samuel Coleman, sociólogo.

Unos equipos se encargaron de estudiar los principales teatros de América Central y del Sur, como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, México, Perú y Venezuela. Otros llegaron hasta países más lejanos, como África (Nigeria), Europa (Francia, Grecia), el mundo islámico (Egipto, Irán, Turquía) y Extremo Oriente (Corea del Sur, Indonesia, Malasia, Tailandia).

Los universitarios no sólo resumieron lo que ya se había escrito con anterioridad, sino que iniciaron investigaciones sobre el terreno, realizando encuestas, entrevistando a colegas y a la población, interesándose por su literatura y asimilando sus costumbres, hábitos y creencias.

La producción intelectual fue gigantesca: informes periódicos de psicólogos, transmisión de los datos recogidos sobre el terreno a un centro informatizado para su análisis, interpretación y clasificación, estudio de los informes y datos con el fin de crear una enorme base de datos sobre las sociedades de todo el mundo y formulaciones predictivas de inestabilidad social.

Cuando en Chile se destapa el Proyecto Camelot, se carga la responsabilidad sobre Nutini para mantener intacta la estructura. Entonces Estados Unidos rediseña el proyecto y se lo entrega a una empresa privada, Rand, y a Darpa, el centro de investigación avanzado del Pentágono, un instituto de desarrollo de alta tecnología. Ambos siguen incorporando y subvencionando a numerosos académicos.

A Camelot le han calificado como el Proyecto Manhattan de las ciencias sociales. Fue un experimento social al aire libre envuelto en la espesa niebla del secreto militar. Luego ha habido otros, aún mayores y más vastos, pero la espesa niebla de la complicidad universitaria con los militares no se destapado aún del todo.

Twitter: el aparato de propaganda cambia de bando político

En entradas anteriores ya hemos reseñado las oscuras operaciones económicas del hijo de Biden en Ucrania. A ellas se añaden las de FTX, por lo que da la impresión de que estamos ante una reedición del asunto Irán-Contra, en el que la “ayuda internacional” sirve para múltiples objetivos simultáneos, como subvencionar elecciones de manera ilegal o lavar montañas de dinero negro.

Como el trapicheo afecta a Obama y Biden, la reacción estadounidense, los “trumpistas”, se ha lanzado a la caza, entre ellos Elon Musk, el actual propietario de Twitter, un aparato de propaganda del Partido Demócrata que ahora ha cambiado de bando.

Para emprender su caza particular contra los antiguos propietarios de Twitter y el Partido Demócrata, Elon Musk ha encargado al periodista Matt Taibbi que difunda los correos internos de Twitter ordenando silenciar los trapos sucios de Biden y el Partido Demócrata.

Es otra de esas grandes oportunidades para comprobar cómo se manipula una red social y los intereses a los que sirve.

En 2020 el New York Post, un periódico reaccionario, informó de que en el ordenador portátil del hijo de Biden, el FBI había recuperado, además de pornografía, datos sobre los negocios delictivos de Hunter Biden en Ucrania.

Los correos electrónicos encontrados en la memoria del ordenador demuestran que, a pesar de sus desmentidos, Joe Biden manipuló al gobierno ucraniano para encubrir las actividades delictivas de su hijo. Un tribunal verificó posteriormente que el contenido del portátil era auténtico.

A la estela del entonces vicepresidente de Obama, los medios de comunicación “progres” y el Partido Demócrata lanzaron una campaña para impedir que la información contenida en el portátil se difundiera porque era desinformación procedente de Rusia. El Kremlin había vuelto a piratear los servidores y las comunicaciones estadounidenses y actuaba de común acuerdo con los “trumpistas”.

Twitter se sumó a esa campaña de censura. Prohibió los enlaces al New York Post a espaldas de Jack Dorsey, el cabecilla de la red, que tardó en enterarse de la manipulación y, sin embargo, no hizo nada por impedirla.

El antiguo director jurídico y político de Twitter, Vijaya Gadde, desempeñó el papel fundamental en la censura sistemática y el pirateo ruso fue el pretexto perfecto. La red no podía hacer el juego a Rusia.

El pretexto ruso no convenció a nadie. Los trabajadores de la red siempre supieron que estaban lavando la cara a Obama, Biden y el Partido Demócrata, es decir, que Twitter era uno de los brazos ideológicos de la Casa Blanca.

Si la historia del portátil del hijo de Biden se hubiera difundido, no hubiera podido optar a las elecciones presidenciales. En otras palabras: la censura en las redes sociales y los medios de comunicación falseó el proceso electoral.

El Partido Demócrata y los “progres” del mundo han perdido una poderosa herramienta y han pasado al contraataque, no vacilando en ponere en evidencia. Acusan a Twitter de una “censura insuficiente”. El New York Times asegura que los discursos de odio han aumentado en Twitter, en una escala sin precedentes.

La Comisión Europea amenaza con prohibir Twitter en Europa si no cumple con las normas de censura y suprime la “desinformación”. Lo que había hasta ahora en Twitter no debía ser “desinfomación”.

La testigo desmiente el ataque aéreo ruso contra la maternidad de Mariupol

Marianna Vychemirskaya, la joven cuya fotografía se utilizó para ilustrar un supuesto ataque aéreo ruso contra la maternidad de Mariupol el 9 de marzo, ha concedido una entrevista al periodista Johnny Miller, de Press TV, para explicar lo que realmente ocurrió.

En la entrevista confirma lo que dijo tras llegar a Donetsk a finales de marzo de 2022, a saber, que no hubo ningún ataque aéreo ruso contra la maternidad, donde se encontraba. Hubo una explosión en el exterior del edificio, que hizo volar las ventanas y las paredes de pladur, pero no hubo ruido de aviones ni antes ni después.

Los soldados ucranianos se encontraban en la maternidad, convirtiendo el edificio en un objetivo militar. Su testimonio se ve confirmado por otros dos testimonios, el de Nikolai, filmado tras su evacuación de la ciudad, y el de otra joven, Viktoria, entrevistada en la propia Mariupol.

Viktoria confirmó que los soldados ucranianos estaban en la maternidad y que algo, posiblemente un proyectil, cayó sobre los botes de gas que explotaron, lo que explicaría el tamaño del cráter.

La fotografía de Vychemirskaya fue tomada por un periodista de la agencia Associated Press, Mstislav Chernov, cuando acababa de salir de la maternidad tras la explosión. Marianna le dijo claramente que no quería ser fotografiada. El periodista le hizo creer que ya no la filmaba, pero era mentira.

Otro periodista de Associated Press fue despedido recientemente por escribir un artículo en el que acusaba falsamente a Rusia de bombardear Polonia.

Al día siguiente de la explosión, Vychemirskaya fue entrevistada por otro periodista de Associated Press, acompañado por Evgueny Maloletka, fotógrafo de la agencia, después de haber dado a luz por cesárea. Afirma claramente que no hubo ningún ataque aéreo, sino una explosión que hizo volar las ventanas y las paredes.

Luego manipularon la entrevista para publicar lo que les interesaba. Eliminaron las menciones a la ausencia de un ataque aéreo. Vychemirskaya pidió explicaciones al periodista y éste la cortó. Después le escribió para pedirle que publicara la entrevista completa pero, como era de esperar, el periodista fingió que no había leído su petición.

Otros periodistas, como los del New York Times, cortaron todo contacto con Vychemirskaya después de que sus respuestas no siguieron el guión que tenían establecido. La joven no decía lo que los periodistas querían oír.

El último punto interesante es el hecho de que haya conseguido ser contactada por muchos periodistas occidentales a los que ha concedido voluntariamente una entrevista (incluida la BBC), pero que los de France Info afirmen no haber conseguido contactar con ella.

La entrevista con Vychemirskaya arroja bastante luz sobre el modo en que los periodistas occidentales cubren las noticias sobre la Guerra de Ucrania.

Los mil y un trapicheos del Banco Mundial

La decisión del Banco Mundial de suspender la publicación de la revista Doing Business (DB), tras un escándalo interno, es una muestra más del descrédito que asola a la institución desde hace décadas. De hecho, la revista es un fraude intelectual en sí misma.

Lanzada en 2002, se había convertido en un instrumento para promover las políticas neoliberales asociadas al “Consenso de Washington”, en boga en la década de los noventa, pero completamente desacreditado a principios de la década de 2000. La revista sirvió para promover los intereses de las empresas multinacionales y fomentar el saqueo de los recursos del sur, impulsando una mayor desregulación, privatización y liberalización a gran escala para atraer la inversión extranjera directa (IED). Estas políticas han provocado una fuga masiva de capitales, que ha privado a África y a otros países del Sur de grandes cantidades de recursos propios que superan los flujos combinados de IED y de ayuda oficial al desarrollo (AOD).

¡Cuántas reformas destructivas se han hecho en Senegal y en otros lugares para conseguir una mejor clasificación o ganar el título de “mejor reformista”! Pero cuanto más reformamos, más nos hundimos en la pobreza. El reciente estudio de la Agencia Nacional de Estadística y Demografía (ANSD) muestra que los esfuerzos de Senegal por mejorar su clasificación no han hecho más que empeorar la situación económica y social del país. Sigue en la categoría de “países menos desarrollados”, donde aterrizó en 2001 tras dos décadas de aplicación indiscriminada de las recetas de… ¡el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI)!

Desde hace varios años, cada vez se pedía más insistentemente la desaparición de la revista DB, debido a su orientación ideológica y a la cuestionable metodología que hay detrás de sus clasificaciones. Por ejemplo, en 2018, Paul Romer, entonces economista jefe del Banco, reconoció que tenía un sesgo ideológico real, que influía en la clasificación de los países. Sus declaraciones siguieron a la caída de 23 puestos de Chile, entonces bajo la presidencia de Michelle Bachelet, ¡considerada “socialista”!

Las críticas a DB se han intensificado desde el colapso del fundamentalismo de mercado tras la crisis financiera mundial de 2008. Pero el escándalo de DB no es un caso aislado. Lejos de ello, se suma a la larga lista de escándalos que han salpicado la labor del Banco Mundial, acostumbrado a manipular las cifras para apoyar los objetivos que quiere alcanzar al servicio de sus principales patrocinadores, Estados Unidos y los países europeos.

El escándalo de la ‘investigación para el desarrollo’

En 2006 una comisión dirigida por el profesor de Princeton Angus Deaton y el ex economista jefe del FMI Kenneth Rogoff puso de manifiesto el sesgo ideológico del Banco y la manipulación de cifras en miles de sus estudios. Tras revisar 4.000 documentos publicados entre 1998 y 2005, la Comisión descubrió que los equipos encargados de redactar los documentos a menudo se aseguraban de que sus conclusiones fueran coherentes con lo que la dirección del Banco quería transmitir como mensajes clave.

Según el profesor Angus Deation, que recibirá el Premio Nobel de Economía en 2015, “no es que sólo encarguen investigaciones que apoyen afirmaciones predeterminadas […] sino que seleccionan entre los trabajos que apoyan las posiciones de la dirección […] Esto es lo que criticamos, más que el sesgo de la propia investigación.

El Banco trató de ocultar este informe, lo que supuso un gran golpe para la credibilidad de su trabajo y su propia reputación. Tardó en publicarlo y le dio muy poca publicidad, lo que llevó al profesor Deaton a decir irónicamente: “Tardé tanto en sacarlo que he olvidado los detalles de su contenido”.

Wolfowitz: un enchufe sexual

Pero los escándalos del Banco Mundial no se limitan a la manipulación de su trabajo. En 2005 estalló un importante escándalo sexual que implicaba al entonces presidente del Banco, Paul Wolfowitz. Este escándalo sacudió al Banco entre 2005 y 2006. Paul Wolfowitz fue culpable de promover a su amante, Shaha Riza, que ocupaba un alto cargo en el sistema de comunicaciones del Banco para Oriente Medio.

El escándalo de Wolfowitz fue tanto más sonado cuanto que había desempeñado un papel clave en la invasión estadounidense de Irak en 2003. Era conocido como uno de los principales halcones del gobierno de George W. Bush. De 2001 a 2005 fue el número dos del Pentágono, el Departamento de Defensa estadounidense. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Wolfowitz fue uno de los artífices de la política de propaganda y manipulación de la opinión pública que finalmente condujo a la invasión de Irak en 2003 y al desencadenamiento de la política estadounidense de terror y destrucción masiva contra ese país.

Tras ese trabajo sucio, fue recompensado para convertirse en Presidente del Banco Mundial. Su misión era, sin duda, hacer de esta institución un instrumento aún más dócil para difundir el veneno neoliberal, o “el virus neoliberal”, como diría el difunto profesor Samir Amin, y promover aún más los intereses estadounidenses. Pero el escándalo en el que se vio envuelto puso fin prematuramente a esta misión. Tras resistir las presiones durante mucho tiempo, Wolfowitz se vio finalmente obligado a dimitir en junio de 2006. Fue sustituido por otro miembro del gobierno de Bush: Robert B. Zoellick.

El futuro de una institución desacreditada

A pesar del escándalo de la DB, el Banco Mundial no está derrotado. De hecho, en su comunicado de prensa, dice que quiere encontrar otra forma de seguir difundiendo su ideología y sus políticas mortíferas hacia los países del Sur. En este sentido, afirma que sigue “firmemente comprometido con la promoción del papel del sector privado en el desarrollo” y que ya está trabajando “en un nuevo enfoque para evaluar el clima empresarial y de inversión”.

Lo más importante es que el Banco Mundial dice que pone fin a DB porque la publicación “ya no es creíble”: “La confianza en la investigación del Grupo del Banco Mundial es de vital importancia. Este trabajo orienta las acciones de los responsables políticos, ayuda a los países a tomar decisiones mejor informadas y permite a las partes interesadas medir el progreso económico y social con mayor precisión”, señala el comunicado.

En realidad, no es sólo el trabajo del Banco el que carece de credibilidad, sino que el propio Banco ha perdido credibilidad a los ojos de gran parte de la opinión pública mundial. El Banco y el FMI ya han sido duramente criticados por no haber previsto la crisis financiera internacional de 2008 y la crisis económica que le siguió. De hecho, desde el colapso del fundamentalismo de mercado a raíz de esta crisis financiera, el descrédito del Banco Mundial y del FMI ha aumentado.

Desde entonces, ambos han estado a la defensiva y los críticos internos han cuestionado algunos de los dogmas en los que se basaban su filosofía y sus análisis. Por ejemplo, en un notable discurso pronunciado en septiembre de 2010 en la Universidad de Georgetown, en Washington, Robert B. Zoellick, que había sustituido a Wolfowitz al frente del Banco, pidió que se hicieran revisiones a fondo. En particular, cuestionó la excesiva modelización, incluso por parte de los premios Nobel, que llevó a la explosión del mercado de derivados y a la crisis de las hipotecas de alto riesgo, que llevó a la economía mundial al borde del colapso.

El nuevo escándalo que rodea al Banco aumentará las críticas a su propia existencia. De hecho, muchos creen ahora que el Banco es una institución obsoleta que ha superado su utilidad. En un principio, se encargó de gestionar los fondos destinados a la reconstrucción de Europa Occidental (el famoso Plan Marshall) tras la Segunda Guerra Mundial. Se añadió al componente de “desarrollo” en la década de 1960, cuando muchas antiguas colonias se independizaron.

Pero nunca ha ayudado a ningún país a “desarrollarse” porque ha seguido siendo fundamentalmente un instrumento al servicio de la agenda geoestratégica estadounidense. Por ello, cada vez se reclama más su disolución total -como la del FMI- para sustituirla por una nueva institución democrática, que refleje las realidades del siglo XXI y sea capaz de financiar una auténtica agenda de desarrollo.

Demba Moussa Dembélé https://oeildafrique.com/economie/banque-mondiale-dun-scandale-a-lautre/

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