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Occidente no puede permitir que gane Rusia y Rusia no puede permitir que gane Occidente

El viernes Borrell dijo que Occidente debe seguir enviando armas a Kiev porque Rusia está acostumbrada a ganar guerras muy largas. “Rusia es un gran país, una gran nación que está acostumbrada a luchar hasta el final, casi perder y volver a levantarse”, dijo Borrell en un discurso en Madrid, citando como ejemplos históricos la invasión de 1812 por Napoleón y la de 1941 por Hitler.

“Sería absurdo pensar que Rusia ha perdido la guerra o que su ejército es incompetente”, añadió Borrell. Es cierto que Moscú va perdiendo la guerra, “pero sigue teniendo una enorme fuerza y capacidad para seguir combatiendo”.

“Por eso ha llegado el momento de seguir armando a Ucrania con el equipo militar y los medios necesarios para librar el tipo de guerra que necesita librar”, concluyó.

Según Borrell, la guerra no es sólo “defensiva”, sino que le permite a Ucrania “tomar la iniciativa y romper los frentes e impedir que Rusia lance otra ofensiva muy poderosa y sangrienta dentro de unos meses”.

Para Borrell la victoria en la guerra es sólo cuestión de armamento. Bastarían unos cuantos tanques Leopards, Challengers o Abrams para llegar a Moscú y convertir a Rusia en un nuevo reino de Taifas, como los Balcanes.

En cierta manera Borrell está de acuerdo con Putin. En Rusia casi todos los medios hablan de la misma manera: Occidente se pone de acuerdo para invadir la “Madre Patria” por tercera vez. Las dos anteriores se llamaron “Guerra Patriótica” y “Gran Guerra Patriótica”, respectivamente. Lo que en la memoria occidental son guerras “mundiales”, en Rusia son guerras “nacionales”. Muchos siguen sin comprender la diferencia, que es abismal.

Lo mismo ocurre con otra expresión en boca de todos: la Tercera Guerra Mundial. El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki ha advertido de que la derrota del ejército ucraniano en la batalla de Soledar allana el camino para una victoria rusa no sólo en el Donbas, sino en toda Ucrania. Según él, es el preludio de la “Tercera Guerra Mundial”.

Dmitry Medvedev, que actualmente ocupa el cargo de vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, dice lo mismo, pero al revés: lo que desataría una nueva guerra mundial no sería una victoria rusa sino una derrota: “Los imbéciles que piden una derrota rusa en Ucrania no parecen darse cuenta de que tal resultado podría conducir a una escalada nuclear”, dijo Medvedev.

Es la pescadilla que se muerde la cola: Occidente no puede permitir que gane Rusia y Rusia no puede permitir que gane Occidente. Ambas partes están de acuerdo en que cualquier de las dos posibilidades supone que estallará una nueva guerra mundial, nuclear.

Medvedev lanzó la advertencia antes de la cumbre en la base aérea de Ramstein, en Alemania. “La derrota de una potencia nuclear en una guerra convencional puede desencadenar el inicio de una guerra nuclear. Las potencias nucleares nunca han perdido un conflicto importante del que dependiera su destino”, afirmó Medvedev.

La crisis del complejo militar-industrial de Estados Unidos

Como ya informamos ayer, el Secretario de Marina de Estados Unidos, Carlos del Toro, ha declarado que el complejo militar-industrial estadounidense podría verse pronto en apuros para satisfacer tanto sus propias necesidades como las de Ucrania.

Los medios se han lanzado a pedirle explicaciones. “Si el conflicto [de Ucrania] continúa durante otros seis meses o un año, la cadena de suministro seguirá sin duda sometida a una difícil presión”, respondió el Secretario de Marina.

La Subsecretaria de Defensa, Kathleen Hicks, estaba trabajando “estrechamente con la industria [de defensa] para animarles a identificar qué retos o barreras tienen para aumentar sus propias tasas de producción”, añadió Del Toro.

“Está claro que estas empresas tienen una importante fuente de ingresos para el futuro”, afirmó el Secretario de Marina. “Ahora necesitan invertir en su mano de obra, así como en las inversiones de capital que deben realizar dentro de sus propias empresas para aumentar sus índices de producción”.

Ya lo había denunciado el New York Times a finales de noviembre, aunque entonces se calificó como “propaganda rusa”. Los cerca de 100.000 millones de dólares que Estados Unidos ha entregado a Kiev no son suficientes. La mayor potencia mundial no tiene dinero para financiar la Guerra de Ucrania y trata de que sean otros, como Alemania, los que paguen la factura.

Esa fue la tentativa del viernes del secretario de Defensa, Lloyd Austin, en la base aérea de Ramstein, que acabó en un sonoro fracaso porque Alemania le ha dado la vuelta al asunto: nosotros enviaremos tanques Leopard si, al mismo tiempo, Estados Unidos envía tanques Abrams. Se pasan la pelota los unos a los otros.

El canciller Scholz dice que Estados Unidos no entrega los tanques Abrams para eludir su propia responsabilidad en la futura derrota de Ucrania. En Washington siempre podrán decir que Alemania no cumplió su parte. Es más, Estados Unidos podría dejar a Europa la responsabilidad de una Ucrania desmembrada y en bancarrota. Un lastre ruinoso para décadas.

A media tarde Austin confirmaba la mala noticia: no había acuerdo sobre la entrega de tanques a Ucrania. El ministro de Defensa polaco confirmó el fracaso de la cumbre. El viceministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Andriy Melnyk, definió la reunión muy gráficamente: ha sido un teatro de marionetas (“Panzer Kasperltheater”).

Al mismo tiempo el BND, el servicio secreto alemán, seguía con la cascada de malas noticias del día: en la batalla de Bajmut el ejército ucraniano estaba sufriendo unas pérdidas gigantescas, del orden de tres dígitos de soldados muertos cada día.

La picadora de carne sigue su curso implacable.

Para iniciar una ofensiva Ucrania necesitaría 100 tanques que nadie le suministra

Cada día aparecen declaraciones de dirigentes occidentales prometiendo el oro y el moro a Ucrania. Es la manera de demostrar su inquebrantable alineamiento con el gobierno de Kiev: las palabras y las promesas. Pero una cosa es predicar y otra dar trigo.

El ejército ucraniano necesitaría unos 100 tanques occidentales para lanzar una ofensiva a gran escala, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, una opinión apoyada por Phil Osborn, antiguo jefe de la inteligencia militar británica (1).

Hasta la fecha los únicos tanques que han entregado los países europeos a Ucrania son modelos antiguos fabricados por la URSS, principalmente las versiones soviéticas del T-72, algunas de ellas modificadas.

En septiembre del año pasado Berlín acordó con Liubliana que Eslovenia enviaría a Ucrania 28 tanques M-55S a cambio de vehículos alemanes. Los M-55S son tanques soviéticos T-55 modernizados en Eslovenia con ayuda israelí en la década de los noventa.

La OTAN cuenta actualmente en Europa con algo más de 2.300 tanques alemanes Leopard. Aunque no todos están operativos en este momento, existe una reserva suficiente para entregar unos 100 tanques al ejército ucraniano. También podrían suministrar otros modelos, pero todo son hipótesis.

Las tropas ucranianas no van a iniciar ninguna ofensiva en el futuro porque no tienen ninguna de las condiciones que se lo podrían permitir. No las han tenido antes y no las van a tener ahora. Para ellos será bastante si logran mantener sus posiciones sobre el terreno durante un cierto tiempo.

El Primer Ministro británico, Rishi Sunak, ha prometido transferir a Ucrania 14 carros de combate Challenger 2 y unos 30 obuses autopropulsados AS90 de calibre 155 milímetros y 39 milímetros.

El anuncio de Londres lo hicieron para animar a una Alemania cada vez más reacia a prolongar la guerra y cuya ministra de Defensa ya ha tirado la toalla. Pero en Berlín sólo se oyen palabras y promesas y no aceptan que terceros países envíen sus tanques Leopard a Ucrania sin un previo permiso de reexportación.

Como consecuencia, otros países han anunciado que enviarán los tanques alemanes a Ucrania aunque no haya autorización del gobierno de Berlín. Es el caso de Polonia, que ha anunciado el envío de otros 14 tanques Leopard.

Finlandia también está dispuesta a enviar tanques alemanes a Ucrania… si otros países hacen lo mismo, es decir, si se saltan la aprobación del gobierno de Berlín. Pero, ¿de cuántos tanques pueden desprenderse? En la actualidad el ejército finlandés cuenta con 139. “Si Europa empieza a dar tanques a Ucrania, Finlandia debe participar. Con una pequeña contribución, por supuesto, ya que su propia capacidad de defensa es una prioridad para nosotros”, ha declarado Antti Häkkänen, presidente de la Comisión de Defensa del Parlamento.

No hay nada más. El resto, incluidos Estados Unidos y Francia, son promesas de enviar vehículos blindados, como Bradley M2, mientras en Kiev sueñan con tanques M1 Abrams o los Leclerc franceses y no con palmaditas en la espalda.

Cada día la prensa ucraniana se llena de titulares como “Francia está estudiando transferir sus tanques Leclerc a Ucrania, con la esperanza de que Alemania siga su ejemplo y suministre a Ucrania sus tanques Leopard” (2).

(1) https://news.yahoo.com/ukraine-needs-100-tanks-breakthrough-101100140.html
(2) https://ukranews.com/en/news/909697-france-wants-to-transfer-leclerc-tanks-to-ukraine-media

Un cuello de botella en el corazón de Extremo Oriente: Malaca

Un Panamá en Asia, un nudo de comunicaciones, una puerta de entrada para los europeos… El Estrecho de Malaca es uno de los cuellos de botella más importantes del mundo. Con el 20 por cien del comercio mundial pasando por el tubo, es un lugar clave en el tablero mundial.

En el siglo XV se decía que quienes gobernaban el Estrecho de Malaca tenían en sus manos la garganta de Venecia. Los primeros fueron los portugueses. En 1511 Alfonso de Albuquerque se hizo con el control de la ciudad a base de astucia y fuerza: los elefantes de guerra no fueron rivales para los cañones que se oyeron atronar bajo estos cielos por primera vez, estableciendo la primera posesión territorial de Europa entre India y China.

La activa ciudad mercantil conserva restos de las ocupaciones lusitana, holandesa y británica. Está salpicada de mezquitas, iglesias y templos chinos e hindúes, y sigue siendo uno de los lugares más destacados de la cultura peranakan, una comunidad chino-malaya. En una apacible y verde colina se encuentra Bukit Cina, el mayor cementerio chino fuera de China, con miles de tumbas antiguas junto a los Pozos del Dragón, excavados por los marineros del almirante Zheng He. Los juncos de alta mar de este eunuco musulmán, encargados por el emperador Yongle de la dinastía Ming, hacían escala en Malaca de camino a expediciones de descubrimiento que les llevaban a la costa oriental de África.

Pero Malaca no es sólo un recuerdo histórico para China. Es un Estrecho entre las costas de Malasia y la isla indonesia de Sumatra: 940 kilómetros de largo, 400 de ancho al noroeste y 15 kilómetros al sureste, que constituye la ruta más corta entre el océano Índico y el mar de China Meridional. Es una de las vías navegables más estrechas y congestionadas del mundo -sólo superada por la de Suez-, por la que pasan unos 85.000 barcos al año.

En 2003 el Presidente chino Hu Jintao hizo pública su preocupación por la vulnerabilidad de su país ante una ruta tan fácil de bloquear. Había nacido el “dilema de Malaca”, que los estrategas de Pekín no descansarían hasta resolver. Procedentes de Oriente Próximo y África, el 80 por cien de las importaciones chinas de petróleo -y algunas otras como el cobalto-, así como buena parte de sus exportaciones, transitan por un estrecho por el que no sólo pasan los barcos de piratas.

También se desplazan flotas que enarbolan las banderas de las naciones implicadas en la estrategia estadounidense para el Indo-Pacífico (AUKUS y QUAD), hostiles hacia China. Estados Unidos tiene a sus aliados en la región, empezando por Singapur, India, Japón y Australia, muy ocupados en aumentar sus fuerzas navales.

Bab-El-Mandeb, Ormuz, Malaca… Los estrechos son el talón de Aquiles del mayor importador de petróleo del mundo. En caso de una guerra chino-estadounidense en torno a Taiwán, la marina estadounidense y una marina india, punta de lanza de la Política de Actuación en Oriente de Modi, podrían organizar un bloqueo del Estrecho. Tal y como están las cosas, China tendría pocas alternativas. Los estrechos de Lombok y Sunda, en los extremos de Java, son un inconveniente. Para las exportaciones chinas a Europa, el Paso del Nordeste, la ruta marítima a través de un Ártico ruso caldeado, sigue siendo experimental.

En 2013 Xi Jinping anunció la reactivación de las antiguas Rutas de la Seda, tanto terrestres como marítimas, un proyecto económico cuya palabra clave es conectividad: pretende impedir el cerco de China. Diversificación de los suministros -en el caso del petróleo, de Irán a Venezuela pasando por Nigeria-, estrategias de circunvalación a través de corredores terrestres. Muchas de sus variantes tienen una relación directa con el dilema de Malaca.

El Corredor Económico China-Pakistán, un costoso programa de inversiones en infraestructuras de transporte y energía y zonas económicas especiales, tiene como emblema el puerto civil y militar de Gwadar, que da acceso al mar Arábigo a la turbulenta región occidental china de Xinjiang. El Corredor Económico China-Birmania proporciona una salida al Golfo de Bengala, uniendo la provincia china de Yunnan a través de Mandalay con Kyaukphyu, un puerto birmano de aguas profundas y zona económica especial. Sin embargo, las tuberías, los ferrocarriles y otros proyectos de la Nueva Ruta de la Seda se ven frenados por la pandemia, y el Golpe de Estado militar de febrero de 2021. Sigue en proyecto un corredor China-Birmania-Bangladesh-India, que uniría Kunming, capital de la provincia china de Yunnan, con Calcuta a través de Mandalay. Cuando oyen “Ruta de la Seda”, en India saltan las alarmas: el Corredor China-Pakistán atraviesa tierras reclamadas por el gobierno de Nueva Delhi.

En la antigua Ruta de la Seda que, durante siglos, unió la cuenca del río Amarillo con el Mediterráneo, los camellos han dado paso a los oleoductos y gasoductos entre Kazajstán o Turkmenistán y China, mientras que otros, en el norte, ilustran una asociación chino-rusa “sin límites”, a la espera del “Siberian Force 2”, un futuro gasoducto transmongol de mayor capacidad que el Nord Stream 1. Pero esas alternativas son sólo un paliativo para el insustituible Estrecho de Malaca.

Sin embargo, existe un arma fatal para vencer en Malaca. Su nombre es Kra. Al sur del antiguo reino de Siam hay un estrecho istmo, bordeado al oeste por el mar de Andamán y al este por el golfo de Tailandia. Hace siglos un soberano siamés encargó a un ingeniero que estudiara la posibilidad de un canal, inviable en aquella época. La idea resurgió en los siglos XVIII y XIX, apoyada por la Compañía Británica de las Indias Orientales. Hacia 1880 Ferdinand de Lesseps merodeaba por los alrededores, desdeñado por el rey Chulalongkorn, preocupado por los apetitos franceses a las puertas de Indochina. Al final, Siam y Gran Bretaña acordaron enterrar el proyecto: Singapur, la joya de la corona victoriana, no debía sufrir daños.

La Nueva Ruta de la Seda ha reavivado el sueño de un Panamá asiático, un canal de 120 kilómetros que costaría 30.000 millones de dólares. Tiene muchos partidarios en Bangkok (empresarios, militares) que sueñan con ganancias fabulosas. Otros se preocupan por las consecuencias sobre la soberanía y la deuda de una infraestructura enteramente financiada y construida por China. La mayoría teme que se refuerce la división entre el norte del reino budista y sus provincias meridionales, asoladas desde la década de los ochenta por los separatistas musulmanes, que ya se ha cobrado miles de vidas. Por el momento, la atención se centra en un proyecto de autopistas y vías férreas que unan dos futuros puertos en cada una de las orillas marítimas.

Los imperialistas nunca escatiman las vidas de los demás, las suyas propias son algo distinto

En el contexto creado por la Guerra de Ucrania, todos los países han amenazado con ataques nucleares… excepto los rusos, que no han hecho otra cosa que recordar su propia doctrina el respecto: no tienen niguna intención de lanzar armas nucleares en primer lugar.

El Kremlin acaba de publicar los objetivos del plan nuclear ruso para este año. Es una lista de sistemas de armas avanzados que se incorporarán al ejército este año. Incluye equipos para las tres unidades del ejército, así como para la fuerza estratégica rusa con capacidad nuclear. Se centran en cuatro submarinos, doce buques de guerra, misiles hipersónicos y bombarderos nucleares.

Durante su visita a Tula, centro de fabricación de armamento, el ministro ruso de Defensa Serguei Shoigu se dirigió a la industria de defensa rusa: “La tarea más importante de nuestro complejo militar-industrial es proporcionar a nuestras unidades y fuerzas de primera línea todo lo que necesitan: armas, equipos y municiones de buena calidad, en las cantidades necesarias y en el menor tiempo posible”.

Shoigu subrayó que Rusia seguiría desarrollando la parte de su tríada nuclear estratégica que incluye misiles balísticos, submarinos y bombarderos estratégicos “porque el escudo nuclear sigue siendo la principal garantía de la soberanía y la integridad territorial de nuestro país”.

En cuanto a las armas convencionales, Shoigu dijo que Rusia se centraría en la fuerza aérea, reforzando sus capacidades generales de ataque. Rusia aumentaría las capacidades de combate de las fuerzas aeroespaciales, incluidos cazas y aviones no tripulados. El desarrollo de un arsenal de armas ofensivas modernas es una prioridad en los planes militares rusos.

El 10 de enero el Ministerio de Defensa ruso emitió un comunicado en el que afirmaba que la fragata Almirante Gorshkov, que transportaba misiles de crucero hipersónicos, había realizado un ejercicio de defensa aérea en el mar de Noruega. Es una señal de que Moscú no dará marcha atrás en su ofensiva ucraniana.

El Ministerio de Defensa ruso se ha comprometido a aumentar el número de sistemas de misiles hipersónicos de alta precisión Kinzhal y Zircon y a desarrollar otros sistemas de armas del máximo nivel. Varios cazas MiG-31K ya están equipados con misiles hipersónicos, y la Defensa rusa ha integrado recientemente el misil hipersónico Zircon en la fragata Almirante Gorshkov.

La Armada rusa también se modernizará. Este año se incorporarán unos cuatro submarinos y doce buques de superficie. Rusia también creará cinco divisiones de infantería de marina que integrarán las fuerzas de defensa costera. A finales de diciembre, el comandante en jefe de la Armada, almirante Nikolay Yevmenov, anunció que este año la Armada incorporará nuevos equipos y armas, como el crucero estratégico Emperador Alejandro III, misiles balísticos, cuatro submarinos y doce buques de superficie y apoyo logístico.

Los más importantes son los submarinos nucleares de la clase Borei-A Alexander III, que pueden transportar hasta 16 misiles intercontinentales Bulava. Ofrecen mayor sigilo acústico, capacidad de maniobra y de desplazamiento en alta mar y un sistema de control de armamento mejorado. El submarino forma parte de la tríada nuclear que Rusia se ha comprometido a reforzar de aquí a 2023. “Seguiremos desarrollando la tríada nuclear y manteniendo su disponibilidad para el combate, ya que el escudo nuclear sigue siendo la principal garantía de la soberanía y la integridad territorial de nuestro país”, subrayó el ministro ruso de Defensa, Shoigu.

Shoigu anunció que el ejército ruso recibiría en 2023 unos 22 lanzadores de misiles balísticos intercontinentales Yars, Avangard y Sarmat, tres portamisiles estratégicos Tu-160 y el submarino nuclear Emperador Alejandro III.

En noviembre del año pasado el misil balístico intercontinental (ICBM) RS-28 Sarmat entró en la fase de producción en serie tras una prueba realizada con éxito. Está previsto que mejore la capacidad de combate del ejército ruso en los próximos 40-50 años y se convierta en el principal medio de disuasión nuclear.

La proporción de equipos avanzados suministrados a las fuerzas nucleares estratégicas de Rusia ha superado el 90 por cien. El prototipo de bombardero portamisiles nuclear Tu-160M modernizado ha completado recientemente su segundo vuelo de prueba y ahora será probado por el Ministerio de Defensa. Su desarrollo se produce un año después del primer vuelo del Tu-160M en enero de 2022. El Tu-160M es una variante mejorada del bombardero Tu-160, el mayor avión supersónico militar, y se espera que el programa de introducción del bombardero dure hasta 2027.

Los medios atlantistas agachan la cabeza

Las cadenas occidentales de propaganda ya reconocen que las únicas armas de disuasión nuclear definitivas las tiene Rusia, ya sean los misiles hipersónicos RS-28 (Sarmat/Avangard) o el submarino nuclear K-329 Belgorod, capaz de disparar los únicos torpedos Poseidón del mundo.

Esos torpedos son de propulsión nuclear con una cabeza nuclear muy potente (potencialmente de hasta 100 Mt). El K-329 puede ir armado con seis de esos torpedos capaces de navegar sigilosamente a grandes profundidades antes de alcanzar las costas enemigas y desatar una ola radiactiva.

“Rusia prepara Poseidón, su torpedo infernal con tsunamis y propulsión nuclear”, titulaba ayer un medio de comunicación típico de la OTAN. El artículo era mucho menos triunfalista de lo habitual: “los reveses sufridos por Ucrania, ¿requieren empezar a preparar a la opinión occidental para aceptar su futura e inevitable derrota?”, preguntaba.

El día anterior Reuters había retransmitido un despacho de la censurada agencia Tass que acababa de anunciar que el primer lote de aviones no tripulados torpederos Poseidón había sido fabricado y pronto sería entregado en Belgorod. “Se han fabricado los primeros torpedos Poseidón y el submarino Belgorod los recibirá en un futuro próximo”, titulaba la agencia.

En un discurso de 2018 Putin describió los torpedos Poseidón como un nuevo tipo de arma nuclear estratégica, con un alcance ilimitado y la capacidad de operar a profundidades extremas y a una velocidad mucho mayor que los submarinos existentes u otros torpedos. “Son muy silenciosos, tienen una gran maniobrabilidad y son prácticamente indestructibles para el enemigo. Ningún arma puede contrarrestarlos en el mundo actual”, declaró el Presidente ruso.

La OTAN no puede iniciar un enfrentamiento nuclear con Rusia, incluso si su guerra en Ucrania acaba en una derrota humillante. Perder la cara es una cosa, pero es mucho peor perderlo todo. En el pasado los imperialistas nunca escatimaron cometer los peores crímenes masivos (incluidos los nucleares) y sacrificar impunemente la vida de millones de personas. Pero no eran las suyas; jugar con ellas es otro nivel.

Para los pueblos del mundo es la mejor garantía de que se evitará el apocalipsis nuclear, a pesar de todos los dislates contemporáneos de las hienas atlantistas.

La arquitectura de seguridad europea tiene que incluir a Rusia

En Europa no todo está perdido. Aún queda alguien con unas pocas neuronas en funcionamiento, como el ministro austriaco de Asuntos Exteriores, Alexander Schallenberg, que ha declarado: “Tenemos que entender que Rusia no se va a ir a ninguna parte. La geografía no puede cambiar, ni tampoco la historia. Rusia permanecerá en la historia y la cultura europeas”.

El ministro pronunció un discurso en el Instituto de Estudios Políticos de París, en el que reconoció el papel de Rusia en la arquitectura de seguridad europea que, añadió, tendrá que incluir de algún modo a Rusia en el futuro, como potencia nuclear y miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

“No debemos cruzar la línea, por ejemplo, introduciendo una prohibición de visado para 144 millones de rusos. También tenemos que pensar en lo que pasará mañana, dentro de una semana y dentro de meses. De un modo u otro, la arquitectura de seguridad europea tendrá que incluir a Rusia como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y como potencia nuclear en el futuro”, según el periódico austriaco Kronen Zeitung.

El ministro también abogó por el mantenimiento de la OSCE como plataforma de negociación y criticó la negativa de Varsovia a invitar al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Larov, a una reunión de la organización en Polonia.

Schallenberg celebró la primera reunión bilateral con su homóloga francesa Catherine Colonna. Durante las conversaciones, Schallenberg transmitió a la ministra la tesis de que era “impensable” ignorar el papel de Rusia en la construcción de un sistema de seguridad europeo sostenible.

El Primer Ministro holandés, Mark Rutte, también se ha apeado del burro durante su visita a Estados Unidos. “Rusia no se va a ir a ninguna parte; Rusia está aquí; siempre será una parte importante de Europa y también de Asia. Es el país más grande del mundo. Si hay conversaciones de paz en Ucrania y terminan con éxito, tendremos que restablecer de alguna manera las relaciones con Rusia”, ha dicho en el lugar menos indicado.

En fin, les ha costado entrar en razón, pero a la fuerza ahorcan.

Sudáfrica realizará maniobras navales conjuntas con Rusia y China

Sudáfrica, Rusia y China tienen previsto realizar maniobras navales conjuntas en febrero frente a las costas del sur de África. Se trata del segundo ejercicio trilateral, tras el entrenamiento conjunto de las armadas china, rusa y sudafricana en 2019 en aguas del Cabo de Buena Esperanza. Estos ejercicios navales se conocen como Ex Mosi.

Las maniobras navales trilaterales se realizarán del 17 al 24 de febrero frente a las costas de la provincia sudafricana de KwaZulu-Natal, en el océano Índico. Incluirán ejercicios de búsqueda y salvamento, buques en peligro, oficiales de guardia, artillería, protección de fuerzas y defensa antiaérea. En las maniobras participarán buques del Ejército Popular de Liberación chino, dos buques de la Armada rusa y un buque de guerra de la Armada sudafricana.

El anuncio se produce después de que China y Rusia concluyeran, del 21 al 27 de diciembre, unas maniobras navales bilaterales en el Mar de China Oriental que tenían como objetivo mostrar las capacidades conjuntas de los dos aliados para contrarrestar las amenazas marítimas y, al mismo tiempo, defender la paz y la estabilidad regionales.

Anteriormente, China, Rusia y Sudáfrica realizaron maniobras navales trilaterales en 2019. El ejercicio Mosi de 2019 fue el primer ejercicio naval trilateral entre los tres países en aguas de África.

En los ejercicios participaron la fragata china Tipo 054 Weifang, el crucero de misiles ruso Almirante Ustinov acompañado por el petrolero Vyazma y el remolcador SB-406, así como la fragata sudafricana SMS Amatola y el SAS Protea y su buque auxiliar.

El ejercicio naval previsto para febrero de 2023 podría ser un intento de China y Rusia de presentarse como alternativas a los acuerdos de seguridad encabezados por las potencias occidentales.

China y Rusia, junto con Brasil, India y Sudáfrica, son miembros del llamado grupo BRICS, una coalición heterogénea unida por el objetivo de erosionar la hegemonía occidental defendiendo la soberanía política de los diversos Estados del mundo.

Aunque los países BRICS no son una coalición antioccidental, ni proponen un orden mundial alternativo, el énfasis del bloque en mantener la soberanía de los Estados diverge de la política de bloques de las potencias occidentales.

Xi Jinping se refirió a Occidente en la XIV Cumbre de los BRICS, celebrada en junio del año pasado, al afirmar que “algunos países tratan de ampliar las alianzas militares para garantizar una seguridad absoluta, crear enfrentamientos en bloque obligando a otros países a tomar partido y reclamar la supremacía a expensas de los derechos e intereses de otros países. Si permitimos que continúen estas peligrosas tendencias, el mundo sufrirá más turbulencias e inseguridad”.

El compromiso de China y Rusia con Sudáfrica también puede estar motivado por el valor estratégico del país africano. Los puertos de Sudáfrica y sus recursos pueden permitir a los BRICS competir mejor en las cumbres del G7 y servir de ruta marítima alternativa dada la vulnerabilidad del Canal de Suez ante la inestabilidad política en Oriente Medio.

Para Sudáfrica, su pertenencia a los BRICS es un medio de posicionarse como cabecera regional de África, y con sus compromisos con China y Rusia, incluidas las próximas maniobras navales, será un intento de legitimar esa posición.

Sin embargo, las próximas maniobras navales trilaterales no deben interpretarse como un desplazamiento de Sudáfrica desde la OTAN y Occidente hacia China y Rusia. El equipamiento y las tácticas militares de Sudáfrica siguen dependiendo en gran medida de la OTAN.

Ucrania se hace un lío con los distintos materiales que le envía la OTAN

Las entregas de vehículos blindados de los países de la OTAN a Ucrania son un regalo envenenado. La diversidad de armas hace que el mantenimiento y la logística sean complejos. Plantean problemas de gestión de piezas de repuesto y municiones, así como adiestramiento para su manejo correcto.

La inminente llegada al teatro de operaciones ucraniano de tanques y blindados de fabricación occidental -e incluso tanques pesados alemanes Leopard 2- plantea a Kiev el reto de formar a sus tropas en el uso y mantenimiento de diversos equipos, algunos de ellos muy complejos. Ayer Estados Unidos inició un programa ampliado de entrenamiento para uos 500 soldados del ejército ucraniano en Alemania, que durará entre cinco y ocho semanas.

Desde el comienzo de la invasión rusa hace casi un año, los aliados europeos de Kiev ya han entregado cerca de 300 carros soviéticos modernizados, pero nunca tanques pesados de fabricación occidental, a pesar de las reiteradas peticiones de Ucrania.

El tabú que se ha mantenido desde el principio de la guerra está a punto de romperse. La semana pasada Polonia dijo que estaba dispuesta a entregar 14 tanques Leopard 2. Este modelo de tanque alemán se utiliza ampliamente en Europa, lo que garantiza el acceso a piezas de repuesto y munición.

Pero un carro de combate es el vehículo militar más complejo de mantener. Más de un tercio de ellos tiene que permanecer inmovilizado para su mantenimiento. Los británicos van a suministrar a Ucrania 14 tanques Challenger 2, lo que requiere la movilización de toda una red de formación y mantenimiento para una tasa de disponibilidad limitada y, por tanto, un efecto mínimo sobre el campo de batalla.

Hasta ahora Berlín se había mostrado reacio a suministrar tanques a Kiev por el temor a una escalada con Moscú. Sin embargo, la semana pasada, junto con Estados Unidos y Francia, anunció el envío de tanques de infantería o de reconocimiento: 40 Marders alemanes, 50 Bradleys estadounidenses y AMX-10 RC franceses. París podría ceder un total de 40 de estos vehículos de gran movilidad… pero no antes de dos meses.

Entregar todo ese equipo es una cosa y utilizarlo es otra. Es un quebradero de cabeza logístico para el ejército ucraniano. Los campos de tiro son extremadamente diferentes, cada uno tiene sus propios sistemas de armas, chasis y motores.

El Leopard 2, al igual que el Leclerc francés o el Abrams estadounidense, dispara proyectiles de 120 milímetros. Pero el Challenger 2 británico, aunque también está equipado con un cañón estriado de 120 milímetros, requiere munición específica.

La intensidad de los combates entre ucranianos y rusos hace crucial el mantenimiento de unos equipos que se han visto sometidos a duras pruebas. Los tanques occidentales, destinados a la línea del frente, no escapan a la regla.

Los daños más leves los pueden reparar mecánicos desplegados cerca de la línea del frente, pero las reparaciones más pesadas deben llevarse a cabo en la retaguardia. Para ayudar a los ucranianos a mantener los equipos occidentales, los países de la OTAN ya han empezado a enviar a sus propios técnicos y especialistas muy cerca del frente.

El grupo franco-alemán KNDS (formado por la alemana KMW y la francesa Nexter) abrió en noviembre un centro de mantenimiento en Eslovaquia para reparar material francés, como los cañones Caesar, y alemán, como los cañones PzH 2000, vehículos blindados antiaéreos Gepard y lanzacohetes múltiples MARS II.

El cambio en la cúpula del ejército ruso prepara la inminente ofensiva

El 8 de octubre el general Surovikin fue nombrado comandante de las fuerzas rusas en los frentes de la Guerra de Ucrania. Dos días después, Rusia lanzó su primer ataque masivo con misiles contra la infraestructura cívico-militar de Ucrania, en una nueva operación de desgaste.

Tres meses después, el 11 de enero, Moscú nombró al jefe del Estado Mayor ruso, Valeri Guerasimov, como nuevo comandante en jefe de sus tropas en Ucrania, convirtiendo a Surovikin en uno de sus tres adjuntos.

El relevo se produce en un momento en que Rusia ha estabilizado el frente durante los dos últimos meses, e incluso ha registrado nuevas victorias sobre el terreno, en particular en dirección a Artemovsk, con la captura de Soledar. El Ministerio de Defensa ruso justificó el nombramiento de Guerasimov por una “ampliación del alcance de las misiones a cumplir” y la necesidad de una “interacción más estrecha entre los componentes de las fuerzas armadas”.

Los propagandistas de las principales cadenas de comunicación atlantistas vieron en el cambio una prueba de los fracasos militares de Moscú y las graves disensiones internas en el mando.

Al día siguiente el Wall Street Journal les recriminó sus tonteorías: no había nada que celebrar; el cambio forma parte de la preparación de una gran ofensiva rusa (*). El nombramiento del máximo comandante ruso para dirigir el esfuerzo militar en Ucrania era un motivo para preocuparse.

Una ofensiva a gran escala incorporará a los más de 300.000 nuevos soldados movilizados en septiembre, frente a un ejército ucraniano desangrado por más de 10 meses de combates y en una situación desesperada.

La ofensiva podría dar al traste en relativamente poco tiempo a los sueños de la OTAN de prolongar el sacrificio de sus peones ucranianos.

El colapso del ejército ucraniano será una derrota de incalculables consecuencias para la OTAN. Dará a los pueblos del mundo la señal de la muerte definitiva de su hegemonía mundial, del mismo modo que la derrota de Stalingrado anunció la derrota del III Reich.

(*) https://www.wsj.com/articles/russia-aims-to-regain-offensive-in-ukraine-war-with-new-commander-11673553592

Los ataques rusos de hoy han destruido los sistemas de alerta de la OTAN por completo

Un grupo de ataque naval, que incluye fragatas, 3 submarinos y el buque de desembarco Pyotr Morgunov, partió el 11 de enero de la base de Novorossiysk. Los submarinos de la clase Washavianca se utilizaron para lanzar ataques con misiles de crucero Kalibr contra Ucrania. Posteriormente, se produjo una intensa interferencia de GPS en la zona occidental del Mar Negro. La OTAN decidió desplegar 3 aviones E-3 AWACS en la base aérea rumana de Otopeni.

Esta decisión demuestra que algo ha empezado a fallar en el sistema de alerta temprana de la defensa AA ucraniana basado en la información proporcionada por la OTAN.

Rusia ha lanzado esta mañana varios ataques contra Kiev, la ciudad de Zaporiya y la base naval de Ochakovo, en la región de Mykolayev. Las alertas aéreas no han funcionado. El comandante adjunto de las fuerzas terrestres de Ucrania, general Alexander Pavlyuk, señaló que “las causas de las explosiones se anunciarán por separado”.

Esto demuestra una gran confusión. Básicamente los ucranianos no saben qué les ha golpeado. Hasta 6 horas después del ataque no supieron que los misiles rusos habían entrado en Ucrania a través de Bielorrusia.

Es posible que Rusia haya creado algunas zonas de invisibilidad para los sistemas de detección aérea y por satélite. Los rusos disponen de varios sistemas de interferencia muy eficaces, como el R 330ZH Zhitel y el Krasuha-4.

El R 330ZH Zhitel rastrea el diálogo (transmisión y recepción) entre las redes de satélites de navegación Navstar (GPS) y los medios de reconocimiento aerotransportados (RC-135V, RQ-4B, E-3 AWACS). Simultáneamente con el rastreo, la interferencia del R 330ZH Jitel interrumpe la recepción y transmisión (entrega de información) de las plataformas aéreas de reconocimiento.

La misión principal del Krasuha-4 es interferir los radares de aviones de reconocimiento tripulados (RC-135V, P-8A Poseidon y E-8C JSTARS), aviones de alerta temprana E-3 AWACS y aviones de reconocimiento no tripulados (drones estadounidenses RQ-4B Global Hawk).

El Krasuha-4 también bloquea los satélites militares de reconocimiento estadounidenses Lacrosse y Onyx.

La incapacidad de los aviones de reconocimiento de la OTAN para advertir a Ucrania de un inminente ataque aéreo ruso obligará a los ucranianos a mantener operativos los radares de sus baterías de misiles AA, que los rusos pueden neutralizar desde el aire con misiles antirradar.

La OTAN envía aviones de reconocimiento AWACS a Rumanía

El viernes la OTAN informó del despliegue de aviones de reconocimiento AWACS en Rumanía para vigilar las actividades aéreas de Rusia. Los aviones, equipados con un sistema de detección y control aerotransportado, llegarán el 17 de enero.

La portavoz de la OTAN, Oana Lungescu, afirmó la determinación de la alianza de defender cada parte del territorio de los Estados miembros de la alianza.

Los aviones AWACS pueden detectar otros aviones a larga distancia, lo que los convierte en una de las capacidades clave de disuasión y defensa de la alianza.

La OTAN aumentó su presencia en Europa del este tras el inicio de la Guerra de Ucrania, desplegando aviones de combate y reconocimiento adicionales en la región.

Los aviones AWACS realizan patrullas regulares sobre Europa oriental y la región del Mar Báltico para vigilar a los cazas rusos cerca de la frontera mutua.

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