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Turquía impide la entrada de dos buques de guerra británicos en el Mar Negro

Turquía ha invocado la Convención de Montreux de 1936 para negar el el paso a través de los estrechos del Bósforo y el Dardanelos a dos dragaminas de 600 toneladas, los británicos HMS Grimsby y HMS Shoreham, que se iban a incorporar a la Marina de Guerra ucraniana.

Erdogan afirma que está aplicando la Convención de manera imparcial. Ha bloqueado el acceso al Mar Negro a todos los buques militares desde marzo de 2022 para evitar una escalada en el Mar Negro.

La decisión turca se produce pocos días antes del hundimiento del buque de desembarco Novocherkask de la Flota rusa.

Reino Unido y Noruega habían anunciado la creación de una coalición para fortalecer el potencial marítimo de Ucrania. El ministro de Defensa británico, Grant Shapps recurrió a un artificio gastado: garantizar las exportaciones ucranianas de cereales a través del Mar Negro.

El 28 de diciembre un barco panameño chocó contra una mina mientras se dirigía a un puerto del Danubio para cargar grano, lo que volvió a poner de relieve el peligro que representan las minas sembradas por la propia Ucrania.

El pretexto no ha colado. Ucrania no puede crear un riesgo y, al mismo tiempo, tratar de resolverlo.

Otro argumento de Ucrania es que los dragaminas son de naturaleza puramente defensiva y no representan una amenaza para la Armada rusa.

La Convención de Montreux establece que, en tiempos de guerra en los que Turquía no sea beligerante, los buques de guerra extranjeros pueden atravesar los estrechos del Bósforo y el Dardanelos en condiciones similares a las de tiempos de paz, con excepción de los buques de guerra de las potencias beligerantes, a menos que se trate de un barco que regrese a su puerto base en el Mar Negro. Esta posición se fortalece si Turquía se muestra beligerante, dejando el paso de barcos extranjeros a la discreción del gobierno turco.

El retorno de las guerras resolutivas

La Guerra de Corea es probablemente la última que Estados Unidos libró con la intención estratégica y la voluntad de ganarla en el campo de batalla. Como sabemos, terminó en empate. A partir de ese momento, Estados Unidos -que es sin duda el país más belicoso de la era moderna- ha hecho de las fuerzas armadas, y por tanto de la guerra, esencialmente un instrumento de disuasión, destinado a contener a los enemigos comunistas, la URSS y la República Popular de China.

Desde finales de los años cincuenta, Estados Unidos nunca ha considerado seriamente la posibilidad de un choque directo con una de las dos potencias socialistas; obviamente se involucraron en una confrontación para tratar de lograr la supremacía nuclear, e igualmente desarrollaron estrategias y tácticas basadas en un choque hipotético de este tipo, pero eran meras hipótesis. A nivel concreto, esa posibilidad nunca se consideró realmente posible, y mucho menos deseable.

Mientras existió la Unión Soviética, Washington nunca intervino directamente contra Moscú, incluso cuando (Berlín 53, Budapest 56, Praga 68) tuvo un pretexto. Cuando ha habido un enfrentamiento militar, ha sido en la periferia, y siempre ha sido indirecto.

Si miramos la historia del expansionismo militar estadounidense, y la infinita serie de pequeñas guerras que ha impulsado, desde la segunda mitad del siglo pasado en adelante, nos damos cuenta de que las victorias militares, las del campo de batalla y las estratégicas, casi nunca se materializaron.

La estrategia hegemónica de Estados Unidos no se ha basado en la victoria sino en la disuasión.

Todos los países que, por una razón u otra, se vieron obligados a enfrentarse militarmente a Estados Unidos, pagaron un precio muy alto, que casi siempre implicó una devastación casi total. Cuanto mayor y más duradero sea el desafío a la hegemonía, más duro fue el precio a pagar.

Además de las citadas Vietnam y Afganistán, recordamos Irak, Siria, Libia… Todas ellas fueron guerras que, desde un punto de vista estratégico, se pueden dar por perdidas. Pero le costaron a esos países un precio tal que, décadas después, no les han permitido recuperarse.

Es el axioma sobre el que se ha construido la estrategia imperialista estadounidense: simplemente, la disuasión del poder de destrucción.

Respecto a las potencias opuestas -Rusia y China- la estrategia preveía la contención. De ahí la enorme red de bases militares a lo largo de las fronteras de estos dos países, en la creencia de que tarde o temprano se produciría su caída por estrangulamiento, o que -en el peor de los casos- permanecieran confinados en sus propios espacios.

Por eso el ejército de Estados Unidos nunca se preparó realmente para chocar con las fuerzas armadas soviéticas o chinas, y mucho menos con ambas.

Desde este punto de vista, la Guerra de Ucrania representa un punto de inflexión. Estados Unidos y su ejército imperial ampliado, la OTAN, nunca se habían involucrado hasta tal punto en un choque directo con una de las potencias antagónicas. Nunca se involucraron en una guerra que no fuera marcadamente asimétrica. Nunca se involucraron en una guerra de desgaste prolongada.

Estados Unidos no estaba preparado estratégicamente (capacidad de producción de guerra industrial, reservas de armas y municiones), no estaba preparado para el combate (sistemas de armas nunca probados en el campo, falta de conocimiento de las capacidades del enemigo), tampoco estaba preparado doctrinalmente (estrategias y tácticas, estructuración de las fuerzas armadas, sustancialmente idénticas a las de conflictos asimétricos anteriores).

La guerra ruso-ucraniano marca, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la transición a una fase en la que la disuasión no disuade, el campo occidental está en crisis y las fuerzas imperialistas son insuficientes.

Ese paso, parcialmente oscurecido por el difícil conflicto político interno del país hegemónico, requiere una reconversión radical internacional de las políticas imperialistas, que necesariamente debe implicar tanto el plan operativo logístico-estructural, como el operativo más específicamente militar. Es un proceso que no puede completarse en poco tiempo y que, por lo tanto, abre un interludio en el que la capacidad del aparato militar ya no puede ejercer su histórica función disuasoria y ya no es capaz de pasar a uno en el que la disuasión sea reemplazada por la capacidad de derrotar al enemigo en el campo.

El cambio en el marco estratégico, del que la crisis militar estadounidense es en parte producto, pero que al mismo tiempo su causa, acaba por tanto determinando una inestabilidad extrema. Lo que está sucediendo en Palestina es la manifestación más evidente. Afectará los tiempos y las formas en que Estados Unidos intentará responder a la crisis. Lo podríamos resumir como el paso de la guerra como disuasión a la guerra como solución. Estados Unidos debe ganar la próxima guerra, debe derrotar a un enemigo que, hasta ahora, se ha mostrado claramente superior en el terreno militar.

Enrico Tomaselli https://giubberosse.news/2023/12/29/il-ritorno-della-guerra-risolutiva/

El ejército alemán no es capaz de desplegar una brigada blindada en Lituania

El 18 de diciembre el ministro de Defensa lituano, Arvydas Anusauskas, y su homólogo alemán, Boris Pistorius, firmaron un acuerdo para mantener una brigada blindada del ejército de tierra alemán en Lituania de manera permanente. “El flanco oriental se ha desplazado ahora hacia el este y es deber de Alemania protegerlo”, argumentó Pistorius, celebrando un “acuerdo histórico”.

La brigada debía estar formada por dos unidades ya existentes, a saber, el Panzergrenadierbataillon 122 (un batallón blindado de infantería) y el Panzerbataillon 203 (otro batallón blindado. Ambas se complementarían con un batallón rotativo. Sus primeros efectivos deberían enviarse a Lituania, como muy pronto, en 2025, con el objetivo de declararlo en pleno funcionamiento dos años después.

Sin embargo, el general Alfons Mais, comandante del ejército de tierra (Heer), alberga dudas sobre la viabilidad del proyecto y las ha expresado en una carta dirigida al jefe del Estado Mayor del Bundeswehr, el general Carsten Breuer (*).

“La cobertura es simplemente demasiado pequeña”, afirmó el general Mais en su carta. Claramente, el despliegue de la Panzerbrigade 42 en Lituania obligará a desnudar a un santo para vestir a otro… Y nuevamente, no es seguro que tenga un traje completo para eso”.

“Sólo el 60 por cien del ejército está suficientemente equipado. La situación no hará más que empeorar a medida que Alemania implemente su plan de desplegar una brigada de 5.000 efectivos en Lituania de aquí a 2027. Crear una nueva brigada grande sin inversión adicional reduciría esta cifra al 55 por cien”. Mientras tanto al ejército de tierra le falta de todo, “de la A a la Z, de artillería a tiendas de campaña”.

“Desafortunadamente, no puedo dejar de subrayar una vez más que los recursos materiales del ejército […] son ​​actualmente más que marginales y seguirán estando insuficientemente financiados en el futuro, a pesar de todos los esfuerzos positivos”, añade el general Mais.

La carta destaca que, además, no todos los costos generados por el despliegue de la Panzerbrigade 42 se han tenido en cuenta. Así, todavía no se ha previsto ningún presupuesto para financiar las unidades de apoyo necesarias para su correcto funcionamiento.

No es la primera vez que el general Mais hace sonar la alarma. En abril, en una nota interna publicada por el diario Bild, advertía que el ejército de tierra no puede cumplir con sus obligaciones en la OTAN y que, debido a su insuficiente equipamiento, no es capaz de “soportar combates de alta intensidad”.

El jefe del Bundeswehr comparte esa opinión. “Puede que algún día tengamos que librar una guerra defensiva”, pero “el ejército alemán aún no está suficientemente equipado para ello”, escribió el 10 de diciembre en el diario Frankfurter Allgemeine.

En noviembre Pistorius prometió hacer del Bundeswehr la “columna vertebral de la defensa colectiva en Europa”. El canciller alemán, Olaf Scholz, dijo algo parecido un año antes, prefiriendo la expresión “piedra angular”. El fondo especial de 100.000 millones de euros debía ayudar. Sólo que, por el momento, el ejército de tierra no ha visto mucho de ese dinero, que se ha gastado en adquirir cazabombarderos F-35A, helicópteros Chinook CH-47F, aviones de patrulla marítima Poseidon P-8A y el sistema de defensa aérea Arrow 3.

(*) https://www.spiegel.de/politik/deutschland/bundeswehr-brigade-fuer-litauen-top-general-alfons-mais-warnt-vor-ueberlastung-des-heers-a-97e5a631-ca9c-4c15-8efb-ce79cd2f67e5

El número de cazas rusos interceptados por la OTAN se ha reducido a la mitad

En el momento de la anexión de Crimea en marzo de 2014, la actividad de las fuerzas aeroespaciales rusas cerca de los países miembros de la OTAN se intensificó, particularmente en la región del Báltico. Ese año se llevaron a cabo 400 interceptaciones, en particular como parte de la misión de Policía Aérea del Báltico, lo que representó un aumento del 50 por cien en comparación con 2013.

Posteriormente, la aviación militar rusa mantuvo más o menos su actividad a ese nivel. Pero en 2021 se registró un descenso, ya que los aviones de combate de la OTAN sólo tuvieron que realizar alrededor de 290 despegues en alerta para interceptar aviones que volaban cerca de las fronteras de la Alianza, con el transpondedor apagado y sin haber presentado previamente un plan de vuelo.

Con las tensiones generadas por la guerra en Ucrania y la mayor presencia de la OTAN en su flanco oriental, el número de interceptaciones de aviones rusos aumentó significativamente, con nada menos que 570 intervenciones, principalmente, de nuevo, en el Mar Báltico.

Este año, según las cifras que acaba de publicar el Mando Aéreo Aliado, las fuerzas aéreas de los miembros de la OTAN despegaron 300 veces en respuesta a la presencia de aviones militares rusos. Esto marca una disminución del 47 por cien en comparación con el año pasado.

Este año, en toda Europa, las fuerzas aéreas de la OTAN llevaron a cabo más de 300 incursiones de alerta para interceptar aviones militares rusos que se acercaban al espacio aéreo de la Alianza, la mayoría de ellos aviones que habían sido interceptados sobre el Mar Báltico.

Las violaciones del espacio aéreo de la OTAN por parte de aviones militares rusos han seguido siendo raras y generalmente de corta duración.

La caída en las intercepciones de aviones militares rusos se debe sin duda a un menor tráfico hacia el enclave -fuertemente militarizado- de Kaliningrado.

La OTAN también mantiene una importante actividad aérea alrededor de Rusia, particularmente con fines de inteligencia. En ocasiones, esto puede dar lugar a incidentes, como lo demuestra la colisión entre un dron estadounidense MQ-9 Reaper y un Su-27 Flanker ruso sobre el Mar Negro el pasado mes de marzo.

La defensa antiaérea ucraniana da muestras de impotencia

Los brindis y sonrisas por el hundimiento del Novocherkask han durado muy poco. Hoy se han escuchado explosiones en Kiev, Odesa, Jarkov, Dnieper y Lvov. Las fábricas de reparación militar, los arsenales de defensa aérea y los depósitos de armas fueron alcanzados. Los ataques fueron muy precisos. No hay datos sobre víctimas civiles.

El comandante en jefe del ejército ucraniano, Valery Zaluzhny, ha confirmado que los rusos habían destruido numerosas instalaciones industriales y militares. Starokostiantyniv, en la región de Jmelnytsky, donde se encuentra el aeródromo militar, sufrió graves daños. Varios “aviones extranjeros” fueron destruidos, pero el ejército ucraniano no ha especificado el modelo.

Después del ataque, el ejército ucraniano experimentó interrupciones en las comunicaciones en el frente y en el suministro de energía a las bases militares en la retaguardia.

La defensa aérea ucraniana disparó unos 1.200 misiles antiaéreos por un valor de entre 70 y 200 millones de dólares. Pero no les ha ayudado en absoluto. “No se ha derribado ni un solo misil X-22”, reconoció Yuri Ignat, del Comando Aéreo de las Fuerzas Armadas de Ucrania en el canal Rada TV. Incluso los misiles viejos vuelan demasiado rápido para alcanzarlos.

Los sistemas de defensa aérea SAMP-T, Patriot, Iris-T, NASAMS y Crotale suministrados por la OTAN son insuficientes o su eficacia contra ataques masivos también se ha demostrado como extremadamente débil.

El único complejo Patriot, regalado a Kiev por los alemanes, probablemente fue destruido el día antes en Jerson. Los radares y lanzadores de misiles se basaron en un tren especial para una mayor movilidad, pero no fue suficiente contra el misil hipersónico Kinjal.

Es el segundo sistema de defensa aérea de ese modelo que ha sido destruido.

Zelensky intenta ocultar la desesperada situación del ejército ucraniano, pero en Occidente todos admiten que la derrota es inminente.

El armamento nuclear de Estados Unidos en Europa

Hoy en día se estima que hay alrededor de 200 armas nucleares tácticas estadounidenses desplegadas en Europa. Su presencia se admite oficialmente en los documentos de la OTAN, aunque las cifras, ubicaciones y otros datos que les conciernen son secretos. Se trata de bombas de tipo B61, llamadas “de gravedad”, es decir, diseñadas para ser transportadas en aviones de doble capacidad, es decir, aptas tanto para armas convencionales como nucleares, y lanzadas por encima de su objetivo.

Se encuentran almacenadas en Alemania (en la base aérea de Büchel), en Italia (Aviano y Ghedi Torre), en Bélgica (Kleine Brogel), en Holanda (Volkel) y en Turquía (Inçirlik), bajo el control de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Hasta hace muy poco el número de bombas nucleares estacionadas en Europa ha ido disminuyendo drásticamente desde la década de los setenta. Al mismo tiempo el nivel de alerta de los aviones de doble capacidad también se ha debilitado considerablemente. Ahora se mide en meses, en lugar de semanas, días o minutos.

El papel de las bombas estadounidenses en Europa hoy sirve -sobre todo- para aparentar que el “vínculo atlántico” se mantiene, lo mismo que el “paraguas”, es decir, que Estados Unidos protege a los países europeos con sus armas nucleares. Según el manual estratégico de la OTAN, “las fuerzas nucleares con base en Europa y destinadas a la OTAN constituyen un vínculo político y militar esencial entre los miembros europeos y norteamericanos de la Alianza”.

En realidad tal vínculo no existe. Las bombas nucleares no son un asunto de la OTAN sino de Estados Unidos exclusivamente. Estados Unidos no comparte su armamento nuclear con Europa. Las que tiene almacenadas en el continente son una extensión de Estados Unidos fuera de su territorio. No sólo no añaden nada a la seguridad europea sino que son un imán que convierte a los países del Viejo Continente en un objetivo militar legítimo para terceras potencias, es decir, para Rusia. Europa es rehén de las bombas nucleares que Estados Unidos tiene en el continente.

Un componente esencial del armamento nuclear es la dispersión. Las bombas deben estar repartidas por lugares remotos para obligar al adversario a repartir sus fuerzas. En otras palabras, Estados Unidos instala bombas en Europa para garantizar su propia seguridad. Obviamente, prefiere que las bombas caigan sobre Europa que sobre su propio territorio.

Estados Unidos es el único país del mundo que tiene desplegadas armas nucleares fuera de sus fronteras. Sin embargo, la “no proliferación” es la piedra angular de la arquitectura internacional en materia nuclear. Tanto Estados Unidos como los países europeos infringen el derecho internacional al emplazar armas nucleares en el continente.

La URSS hizo algo parecido cuando en 1962 llevó armamento nuclear a Cuba, con una pequeña gran diferencia: que el Tratado de No Proliferación Nuclear aún no se había firmado. Su aprobación se selló, entre otras cosas, para que las potencias nucleares no pudieran instalar armas nucleares en otros países.

Las bombas de gravedad tácticas en Europa están desfasadas, desde el punto de vista de la técnica militar, incluidas las nucleares. ya no tienen prácticamente ningún uso militar. Los grandes bombarderos estadounidenses B61 tienen muy pocas posibilidades de acercarse a su objetivo, y menos para descar bombas de gravedad encima.

De ahí que este tipo de armamento se haya reducido en los últimos años, sin necesidad de firmar ningún acuerdo sobre desarme. Durante las elecciones presidenciales de 2008, un belicista consumado, John McCain, incluyó una novedad en su programa electoral para “explorar, en consulta con los aliados y en paralelo con Rusia, formas de reducir y, con suerte, eliminar los despliegues de armas nucleares tácticas en Europa”.

Aquel mismo año nombraron a Ivo Daalder como embajador estadounidense ante la OTAN. Escribió un artículo titulado “La lógica del cero. Hacia un mundo sin armas nucleares”, publicado en la revista Foreign Affairs.

También nombraron al general James L. Jones como asesor de seguridad nacional del Presidente de Estados Unidos. Había sido comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa y conocido opositor al estacionamiento de bombardeos B61 en el Viejo Continente.

En la OTAN cada vez se escuchan más claramente este tipo de declaraciones, incluso en nombre del “pacifismo”. En la cumbre de Estrasburgo se oyeron frases como las siguientes: “La disuasión, que se basa en una combinación adecuada de capacidades nucleares y convencionales, sigue siendo un elemento central de nuestra estrategia general. La OTAN seguirá desempeñando su papel en el fortalecimiento del control de armas y la promoción del desarme nuclear y convencional de conformidad con el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares, así como los esfuerzos de no proliferación”.

El manoseado artículo 5 de los Estatutos de la OTAN, que establece la defensa mutua (“el ataque contra uno es el ataque contra todos”), desempeña el papel de cortina de humo. El arsenal nuclear de Estados Unidos y la OTAN es garantía suficiente para disuadir de un ataque contra cualquiera de los Estados miembros.

Es justamente al revés pero, en cualquier caso, sólo habría defensa mutua si así lo deciden todos los socios por unanimidad. En otras palabras, la OTAN sólo pone en marcha el artículo 5 si Estados Unidos es capaz de persuadir a sus socios para que se sumen a la “causa común”.

Cuando se redactó el artículo 5 la cuestión más polémica fue precisamente lo que, en su momento, se llamó “juramento”. Los europeos querían un compromiso automático de defensa por parte de Estados Unidos, algo que es imposible. Estados Unidos no se compromete nunca a nada y no defiende a nadie que no le interese defender. El artículo 5 lo que dice es que en caso de ataque, las partes “acuerdan que cada una de ellas ayudará a la parte o partes así atacadas tomando inmediatamente, individualmente y de acuerdo con las otras partes, las medidas que considere necesarias”.

Cada país miembro decide por su su cuenta si se une a la “defensa muta” o, lo que es lo mismo, la seguridad no es colectiva, salvo que así se decida por unanimidad. Por si se suscita alguna duda, se pueden reproducir las palabras del director de la MDA (Agencia de Defensa de Misiles) estadounidense durante una audiencia en el Congreso: la defensa antimisiles “fortalece nuestra capacidad de defender nuestros intereses en el extranjero”.

Turquía admite la incorporación de Suecia a la OTAN

Tras largas negociaciones, Turquía admite la incorporación de Suecia a la OTAN. Pero si Suecia ha negociado es porque la decisión no le ha salido gratis, lo cual explica bastante bien la naturaleza actual de la Alianza imperialista, donde las decisiones se toman por unanimidad y cada vez hay más países miembros y, en consecuencia, más derechos de veto.

Por lo demás, los vetos no tienen nada que ver con la seguridad, como ha demoestrado Turquía. Es un mercadillo donde el precio se regatea todos los días.

Otra puntualización: la incorporación de Suecia a la OTAN es puramente formal y no tiene que ver con la Guerra de Ucrania ni con la “amenaza rusa” porque hace décadas que el país se coordina con Estados Unidos y demás ejércitos de la Alianza.

Por ejemplo, uno de los capítulos negociados con Suecia es el levantamiento del embargo de armas, que fue impuesto a Turquía en 2019, mucho antes del inicio de la Guerra de Ucrania.

Además de negociar con Suecia, Turquía ha obligado a negociar a Estados Unidos la compra de cazas F-16 y, posiblemente, también F-35. En este caso la parte perdedora es Grecia, que acusa a los cazas turcos de violar su espcio aéreo.

También pierden los dirigentes kurdos refugiados en el país escandinavo, que ya no tendrán tantas facilidades para obtener los permisos de residencia.

Más complicado será que el Parlamento de Estocolmo criminalice las provocaciones de los nazis nórdicos contra el islam y la quema del Corán en público, que ha sido el argumento que Erdogan ha lanzado a sus seguidores como carnaza para consumo electoral.

Ucrania destruye el buque de desembarco Novocherkask de la flota rusa

Ucrania está de enhorabuena. El buque de desembarco Novocherkask de la flota rusa del Mar Negro ha sido destruido en el puerto de Feodosia como resultado de un ataque.

Lo ha reivindicado el comandante de la Fuerza Aérea ucraniana, Nikolai Oleshchuk. Dijo que el ataque fue llevado a cabo con misiles de crucero.

“El 26 de diciembre, alrededor de las 02:30, la aviación táctica de la Fuerza Aérea atacó con misiles de crucero el gran barco de desembarco de la flota rusa del Mar Negro Novocherkassk en la región de Feodosia”, dice el informe del ejército.

El Ministerio de Defensa ruso confirmó el ataque. Se cree que el barco resultó dañado debido al uso de misiles guiados por aviones por parte de la fuerza aérea ucraniana.

Los rusos dicen que dos Su-24 ucranianos que lanzaban misiles han sido destruidos. La Fuerza Aérea de Ucrania ha negado esta parte de la información.

El ejército ucraniano afirma que el Novocherkask se hundió y que los barcos cercanos también podrían haber resultado dañados.

Según el portavoz del ejército, Yuri Ignat, la magnitud de la detonación del barco indica que había municiones y es poco probable que el barco sea reparado.

La explosión se produjo sobre las 15.30 horas. En las fotos publicadas a las 8:42 horas, el incendio del puerto aún estaba en marcha, como se observa en la imagen de portada.

El hundimiento del buque ruso no puede cambiar para nada el curso de la guerra. Pone de manifiesto la esencia de una guerra de desgaste y el intento de hacer pagar a Rusia el mayor precio posible.

También indica las dificultades de la defensa antiaérea de Rusia.

Cómo negociar con Rusia salvando la cara al mismo tiempo

El canciller alemán Olaf Scholz siempre afirma de cara a la galería que no está dispuesto a firmar un acuerdo de paz con Rusia. Pero en Washington el nuevo embajador alemán, Andreas Michaelis, convocó una velada con los “expertos” estadounidenses en “kremlinología” para debatir lo contrario.

El orden del día es obvio: cómo capitular sin que se note demasiado. Nadar y guardar la ropa. La derrota más dolorosa que ha padecido la OTAN desde su nacimiento en 1948 no va a ser nada fácil de disimular.

En nombre de Alemania estaba presente Wolfgang Schmidt, jefe de la Cancillería y peón de confianza de Scholz. También estaba Fiona Hill, una “experta” que ha escrito una biografía de Putin y que, en época de Trump, trabajó en el Consejo de Seguridad Nacional.

Otra convidada, Andrea Kendall-Taylor, coordinó durante años la estrategia de inteligencia de Estados Unidos hacia Rusia.

La estrella fue Samuel Charap, que trabajó brevemente como asesor del Departamento de Estado de Estados Unidos. Ahora trabaja para Rand Corporation, un equipo de análisis del Departamento de Defensa de Estados Unidos con muchos años de experiencia a sus espaldas.

Charap es el Pepito Grillo de los “expertos” en la Guerra de Ucrania. Este verano publicó un artículo en la revista Foreign Relations cuyo título lo dice todo: “La guerra imposible de ganar: Washington necesita un final en Ucrania”.

“Una estrategia eficaz para superar la crisis de política exterior más grave requiere que Estados Unidos y sus aliados cambien sus prioridades y desarrollen un escenario para poner fin a la guerra”, dice Charap.

Fue la estrella. Los tertulianos le felicitaron por haber sido uno de los primeros en hablar claramente de la capitulación.

Hace tiempo que las negociaciones han empezado, aunque se hace con este tipo de veladas y ágapes. Si no se airean más a menudo es porque la Casa Blanca ha establecido formalmente que no hay negociaciones si Ucrania no está presente.

En la reunión se echó de menos a un especimen que no puede faltar en este tipo de tertulias: alguien capaz de vender la moto, de firmar lo que sea, pero sin que se note la bajada de pantalones.

Seguramente ya hay un equipo de “expertos” redactando un breve manual que veremos pronto en las cadenas de televisión con un nudo argumental apasionante: la Guerra de Ucrania ha acabado en tablas, hemos logrado que Putin no se salga con la suya…

El ejército ruso libera el asentamiento fortificado de Maryinka

Situado en la República Popular de Donetsk, Maryinka es un asentamiento fortificado situado en las afueras de la ciudad de Donetsk. Fue utilizado por el ejército ucraniano para bombardear indiscriminadamente la capital de la República Popular durante casi diez años.

“Durante las operaciones ofensivas, los destacamentos de asalto del Grupo de Fuerzas del Sur liberaron completamente el asentamiento de Maryinka al suroeste de Donetsk”, anunció ayer el ministro ruso de Defensa, Serguei Shoigu.

“Me gustaría felicitarle. Es un éxito. Transmita palabras de agradecimiento a todos los funcionarios y combatientes que participaron en diferentes momentos y en diferentes etapas” en la liberación del asentamiento, dijo Putin.

El presidente ruso expresó confianza en que el control de la localidad permitirá al ejército alejar aún más las posiciones ucranianas de Donetsk. Shoigu también afirmó que la liberación de Maryinka también permitirá proteger más eficazmente la ciudad de Donetsk del fuego ucraniano.

El ministro dijo que las tropas de la 150 División Motorizada se distinguieron durante la toma de la localidad. Es la misma unidad que durante la Segunda Guerra Mundial capturó el edificio del Reichstag en Berlín.

“La liberación de este asentamiento naturalmente reduce las capacidades de defensa de las Fuerzas Armadas de Ucrania y nos brinda oportunidades adicionales para futuras acciones”, dijo el ministro.

En los últimos nueve años Maryinka se había transformado en una fortaleza conectada por una red de pasajes subterráneos, con fortificaciones en casi todas sus calles, dijo Shoigu.

“Al penetrar en esta fortificación que el enemigo ha estado construyendo desde 2014 […] nuestras tropas tienen la oportunidad de avanzar en un área operativa más amplia. Pero eso, por supuesto, depende de los comandantes locales, de los especialistas del estado mayor y el Ministerio de Defensa. Es un tema aparte, pero en cualquier caso se presenta una oportunidad en ese ámbito”, dijo Putin.

Maryinka fue capturada por primera vez por las milicias de Donbas en abril de 2014, buscando escapar del Golpe de Estado fascista en Kiev. Después, el gobierno ucraniano inició una “operación antiterrorista” contra ellos con el objetivo de aplastar la rebelión por la fuerza.

Las tropas ucranianas, incluidos los paramilitares del infame Regimiento Azov, recuperaron Maryinka en agosto de 2014. La lucha de las milicias de la República Popular de Donetsk por recuperar Marinka, ahora apoyadas por el ejército regular ruso, comenzaron inmediatamente después del inicio de la guerra en febrero del año pasado.

Las imágenes del asentamiento muestran que hoy se ha transformado en un montón de ruinas. La mayor parte de los civiles que vivían en la ciudad se marcharon después de 2014 y el resto fue evacuado el año pasado.

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