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Estados Unidos retira a sus tropas de Ucrania

El Pentágono ha anunciado que las tropas estadounidenses en Ucrania serían “redistribuidas” en otros lugares de Europa. La víspera Washington había asegurado que una invasión rusa de Ucrania podría producirse en cualquier momento. El anuncio estadounidense se produce en un contexto de fuertes negociaciones diplomáticas.

160 soldados estadounidenses que entrenaban al ejército ucraniano serán “recolocarlos en otro lugar de Europa”, anunció ayer el portavoz del Pentágono, John Kirby. El Secretario de Defensa, Lloyd Austin, añadió en un comunicado que la decisión se había tomado “por exceso de precaución, teniendo en cuenta la seguridad de las tropas”.

“El reposicionamiento no representa un cambio en nuestro compromiso de apoyo a las fuerzas ucranianas, sino que proporcionará cierta flexibilidad para tranquilizar a nuestros aliados y prevenir la agresión”, dijo Kirby. A modo de recordatorio, los reservistas de la Guardia Nacional de Estados Unidos han estado rotando desde 2015 para entrenar y educar al ejército ucraniano, junto con soldados de otros países de la OTAN, incluidos Canadá y Alemania.

Las lineas rojas son cada vez más caras. El anuncio estadounidense de la retirada de sus tropas confirma que Estados Unidos apuesta por una estrategia destinada a reforzar el “flanco oriental” de la OTAN sin desplegar tropas terrestres en Ucrania.

El 7 de diciembre, durante la reunión entre Biden y Putin, el presidente estadounidense informó de que, en caso de invasión rusa de Ucrania, Estados Unidos desplegaría tropas en los países fronterizos de la OTAN, pero no en la propia Ucrania.

Estados Unoidos también retira a la mayoría del personal diplomático estadounidense en Ucrania. A primera hora de la mañana, la embajada estadounidense en Kiev ordenó la retirada de su personal no esencial. Varios países europeos también han recomendado a sus ciudadanos que abandonen Ucrania.

El Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, dijo que la vía diplomática seguía “abierta” para evitar un conflicto, pero que requeriría una “desescalada” por parte de Moscú, durante una llamada ayer con su homólogo ruso, Sergei Lavrov.

Moscú también ha ofrecido a Washington garantías mutuas de seguridad, pero su principal propuesta (detener la expansión de la OTAN) no ha recibido una respuesta favorable.

Aunque la acusación de una inminente invasión rusa se remonta a bastante tiempo atrás, Estados Unidos aseguró recientemente que podría producirse en los próximos días. Pero el propio gobierno ucraniano se ha mostrado reticente ante esa probabilidad.

Ayer el presidente ucraniano, aunque reconoció los “riesgos” de que se produjera ese escenario, dijo que las advertencias de Estados Unidos estaban “causando pánico y no ayudando” a Ucrania. También dijo que había “demasiadas” predicciones de una “guerra profunda y total por parte de Rusia”.

Rusia también ha anunciado su intención de reducir su presencia diplomática en Ucrania. En un comunicado publicado ayer, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso explicaba: “Ante posibles provocaciones del régimen de Kiev o de terceros países, hemos tomado la decisión de optimizar el número de misiones rusas en Ucrania.

“Queremos subrayar que nuestra embajada y nuestros consulados siguen cumpliendo su misión”, dice el comunicado.

Invasión rusa de Ucrania: los imperialistas sólo pueden ganar la guerra de la intoxicación

La agencia de intoxicación Bloomberg asegura que la invasión rusa de Ucrania será el próximo martes. La misma agencia ya aseguró que la invasión era un hecho y luego tuvo que retirar el engaño de su sitio web y pedir disculpas públicamente.

Otras fuentes pronostican que la invasión será durante los Juegos Olímpicos de invierno que se celebran en Pekín, mientras que hay quien sabe que será al día siguiente de su finalización, el 20 de febrero, porque Putin no quiere aguar la fiesta a su colega Xi Jinping.

Finalmente están los que le proponen a Putin que espere al final del invierno porque los tanques se atascan en medio de los lodazales que deja el deshielo. La guerra es como los fines de semana. Hay que atacar con buen tiempo. De lo contrario volveremos a leer que, lo mismo que Alemania en 1945, la OTAN ha perdido la guerra por culpa de las condiciones meterológicas adversas: el frío, la nieve, la lluvia, el viento…

Lo único cierto es que la invasión será inminente, un “Blietzkrieg” sin factor sorpresa, la primera que se anuncia a bombo y plantillo. ¿Acaso se creían los rusos que la CIA no se iba a enterar de lo que planean?

Cuando la invasión no se produzca, ya sabemos los titulares de los medios de intoxicación: la firmeza de Estados Unidos y la OTAN ha disuadido a Rusia; no se atrevieron. Así es como hay que actuar en el futuro frente al Kremlin…

El problema de los tópicos es que, de tanto repetirlos, ellos mismos se los acaban creyendo y en la prensa estadounidense se han podido leer argumentos muy envejecidos, como ese de que “tenemos que luchar contra Rusia en Ucrania para no tener que hacerlo aquí”.

Es obvio que el imperialismo está deseando que Rusia ataque a Ucrania y que Rusia no cometerá tal estupidez por más que lo deseara. Ucrania es un país que se ha convertido en una pesada carga para Rusia, un foco de problemas de todo tipo, pero sobre todo es una carga para los países de la OTAN.

El embajador ruso en la ONU, Vasily Nebenzia, lo dijo bien claro ante el Consejo de Seguridad: “Hablar de una guerra inminente es una provocación en sí misma. Se diría que uno lo reclama, lo desea y espera que ocurra, como si quisiera que estas acusaciones se hicieran realidad”.

La crisis actual comenzó en la primavera del año pasado, cuando el ejército ruso desplazó 100.000 soldados hacia el oeste, hacia la frontera ucraniana. Los presidentes estadounidense y ruso se reunieron en Ginebra y Rusia devolvió a sus militares a sus cuarteles, no sin exigir a Washington que presione a Kiev para que respete los Acuerdos de Minsk.

En el otoño Rusia repitió los mismos movimientos de tropas, más un despliegue de tropas de élite en Bielorrusia y en diciembre de 2021 envió a Estados Unidos y a la OTAN, y luego hizo pública, una lista de demandas relativas a la seguridad europea que, según Moscú, estaba en peligro por la ampliación de la OTAN y la instalación de misiles en sus fronteras. Pidió una respuesta por escrito y sin demora, dando a entender que es lo mínimo que puede pedir.

Las peticiones más importantes eran la renuncia a la integración de Ucrania y Georgia en la OTAN y el retorno de todas las instalaciones militares de la OTAN a las posiciones que ocupaban en 1997.

Las demandas no fueron aceptadas porque la OTAN no quiere renunciar a su política de “puertas abiertas” que, por cierto, no está incluida en el Tratado del Atlántico Norte.

La pregonada invasión de Ucrania no es más que una empresa de intoxicación porque hoy la única guerra que los imperialistas son capaces de ganar es la de la desinformación, así que Washington desvió las conversaciones al punto que le interesaba: Ucrania.

Desde Moscú respondieron que esa postura contraviene los acuerdos sobre la indivisibilidad de la seguridad que se celebraron en el seno de la OSCE en 1999 en Estambul y en 2010 en Astana. Aquellos acuerdos permiten elegir las alianzas, pero también condicionan la libertad a la necesidad de evitar medidas que refuercen la seguridad de un Estado a costa de la seguridad de los demás.

Si Trump puso a China en el punto de mira, Biden hace lo propio con Rusia. Estados Unidos no quiere una guerra con Rusia que no puede ganar; simplemente pretende mantener unas relaciones lo más ácidas posibles, y las sanciones económicas son el mejor instrumento para ello.

Sin embargo, las sanciones también plantean problemas con los aliados europeos y con los alemanes en primer lugar, porque Rusia es un socio comercial muy importante para ellos. No sólo dividen a Estados Unidos de la Unión Europea, sino que abren grietas entre los países europeos.

Por lo demás, no son medidas eficaces, sobre todo si China ayuda a su aliado a eludirlas, cosa que sabemos con certeza que hará.

Las sanciones también socavan a los países de la OTAN. Alemania ha dudado. La República Checa y Bulgaria han prohibido que sus tropas participen en la aventura. Turquía considera que la crisis ucraniana es una agresión de Estados Unidos y la OTAN para contener las ambiciones regionales turcas vinculándolas a un conflicto con Rusia.

Supongamos que las normas jurídicas tuvieran algún interés: ¿con qué fundamento retórico podría la OTAN salir en defensa de un país que no es miembro de la Alianza? Lo de las armas de destrucción masiva ya no cuela…

Fracasó la guera y ahora Estados Unidos trata de someter a Afganistán mediante el hambre

En los últimos años las sanciones económicas se han convertido en una de las herramientas más importantes de presión imperialista. Actualmente hay más de 20 países sometidos a diversas sanciones por parte del gobierno estadounidense, entre ellos Afganistán.

A pesar de ello, los medios de comunicación imputan a los talibanes el hambre, la carestía y todo tipo de privaciones que, por lo visto, no existían mientras duró la ocupación militar de Estados Unidos.

Sin embargo, en diciembre del año pasado un grupo de diputados del Congreso de Estados Unidos envió una carta a Biden en la que afirmaban: “La confiscación por parte de Estados Unidos de 9.400 millones de dólares de las reservas de divisas de Afganistán” hunde al país “más en una crisis económica y humanitaria”.

Las sanciones impuestas actualmente a Afganistán van a costar más vidas civiles en el próximo año que el número de víctimas de 20 años de guerra. Según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, el 98 por cien de la población ya no recibe suficientes alimentos.

Las previsiones indican que casi 23 millones de afganos se enfrentarán al hambre, lo que supone más de la mitad de la población afgana, la cifra más alta jamás registrada en el país.

Un millón de niños ya sufren desnutrición aguda grave. Los niños desnutridos tienen más probabilidades de morir de otras enfermedades, aunque reciban suficientes calorías y nutrientes para subsistir.

La sanción más destructiva a la que se enfrenta actualmente Afganistán es la confiscación de más de 9.000 millones de dólares de los activos del país embargados por el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos. Equivale a cerca del 40 por cien de la economía afgana y a unos 14 meses de importaciones del país, incluyendo alimentos, medicinas e infraestructuras esenciales de salud pública.

Pero el impacto de esta pérdida de activos del banco central es mucho más mortífero que la pérdida de importaciones esenciales. Los activos confiscados están en dólares; los países en general necesitan estas reservas de divisas para mantener los intercambios internacionales. Desde la congelación de las reservas de Afganistán, la escasez de efectivo y la pérdida de las relaciones con los bancos corresponsales han paralizado a los bancos afganos», dijo el Fondo Monetario Internacional (FMI) en octubre del año pasado.

Los reportajes de la prensa sobre el terreno describen el terrible coste humano de los trastornos derivados de la pérdida de las reservas: madres desesperadas que buscan medicinas para sus hijos demacrados, un número cada vez mayor de personas sin ingresos y agricultores que dejan de trabajar sus tierras.

La moneda afgana se ha depreciado más de un 25 por cien desde agosto de 2021, lo que ha puesto el precio de los alimentos y otros artículos de primera necesidad fuera del alcance de muchas personas en el que ya era el país más pobre de Asia. Los bancos han impuesto un límite de 400 dólares a las retiradas de efectivo, así como restricciones que impiden a las empresas pagar sus salarios. Esto está empujando a más personas al desempleo y al hambre.

El objetivo es poner a Afganistán bajo la dependencia de la mendicidad internacional y las ONG. Primero destruyen un país y luego tratan de soldar los pedazos.

Existen enormes dificultades para la entrega de la ayuda: el sistema bancario está paralizado, los bancos internacionales e incluso algunos grupos de ayuda son reacios a asumir los riesgos que conlleva la transferencia de fondos, y las sanciones y la consiguiente contracción económica están provocando averías en el transporte y otros servicios esenciales.

— https://www.limaohio.com/opinion/columns/496632/mark-weisbrot-u-s-sanctions-on-afghanistan-could-be-deadlier-than-20-years-of-war

Los nazis viajaron de Ucrania a Canadá en 1945 con un billete de regreso

Actualmente Canadá tiene 900 soldados de tierra, mar y aire en apoyo de la provocación de la OTAN en Ucrania. Es una provocación sobre otra de una país que no es otra cosa que un triste comparsa de Estados Unidos.

900 soldados no aportan absolutamente nada, lo mismo que las declaraciones de los ministros del gobierno, como la encargada de Defensa, Anita Anand, que llegó a suelo ucraniano el 30 de enero y, tras reunirse con los mandos de la operación canadiense Unify, dijo en una rueda de prensa: “La información que utilizamos coincide con la de nuestros aliados de la OTAN en que -y es bien sabido- hay una agresión rusa en la frontera ucraniana en Bielorrusia”.

“Nuestras fuerzas armadas se han desplazado al oeste del río Dnieper, y seguiremos tomando todas las precauciones necesarias para garantizar su seguridad”. Es una declaración de guerra innecesaria y puramente retórica, destinada a la galería y a las primeras planas.

La agresividad verbal tiene, sin embargo, una pequeña explicación, que debe empezar por presentar al Primer Ministro, Justin Trudeau, que es uno de esos políticos posmodernos que sólo sirven de figurín para las cámaras de televisión y las listas electorales.

¿Quién corta el bacalao en el gobierno canadiense?

Quien corta el bacalao en el gobierno es la vicepresidenta, Chrystia Freeland, portavoz de un poderoso grupo de presión de petroleros y nazis ucranianos. Procede de una familia de ucranianos refugiados en Canadá al finalizar la Segunda Guerra Mundial por su complicidad con el III Reich (1).

En los años ochenta Freeland estudió en Ucrania, cayendo bajo el radar del KGB desde su llegada (2). Era algo más que una agitadora nazi. Organizaba manifestaciones y concentraciones para atraer el apoyo occidental. Entregó dinero en efectivo, equipos de grabación de vídeo y audio, e incluso un ordenador personal a sus contactos sobre el terreno.

También comenzó su carrera periodística en Kiev como corresponsal del Financial Times, el Washington Post y The Economist. De 1999 a 2001 fue subdirectora del Globe and Mail de Toronto. Pasó de ser una furibunda antisoviética a un furibunda antirrusa y así comenzó su carrera política.

De noviembre de 2015 a enero de 2017, ocupó el cargo de ministra de Comercio Internacional, supervisando las negociaciones del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Desde enero de 2017 hasta noviembre de 2019, fue ministra de Asuntos Exteriores y dirigió la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Canadá, México y Estados Unidos.

En noviembre de 2019 fue nombrada viceprimera ministra de Canadá y ministra de Asuntos Intergubernamentales, encargándose durante la pandemia de dirigir las histéricas restricciones sanitarias. En 2018 gestionó el encarcelamiento de Meng Wanzhou, la subdirectora de la empresa china Huawei, a petición de Estados Unidos. Hizo todo lo que pudo para impedir cualquier acuerdo negociado con Huawei o con China.

El cabildo petrolero canadiense

Ahora Freeland está al mando de las operaciones militares de Canadá en Ucrania. Desde 2014 el gobierno de Ottawa ha entregado 700 millones de dólares canadienses en ayuda militar al gobierno de Kiev y acaba de aprobar otros 120 millones porque Ucrania es un pozo sin fondo.

Es posible que Canadá tenga la mayor comunidad ucraniana fuera de Ucrania, pero eso no lo explica todo. Detrás está el cabildo petrolero. Lo mismo que Estados Unidos, Canadá quiere abrir el mercado europeo al gas licuado. Ya existe un proyecto, la Iniciativa de los Tres Mares, para mejorar las infraestructuras para acoger el gas natural licuado estadounidense en doce países de Europa del este.

Para el cabildo petrolero canadiense, el gas ruso es la competencia. El proyecto Quebec LNG de exportación de gas natural de Alberta, licuado en Saguenay, a 200 kilómetros al norte de Quebec, tenía como mercado a Alemania. Se ha firmado un acuerdo no vinculante con la empresa belga Fluxys, un holding de infraestructuras de transporte de gas natural con sede en Bruselas, para construir una terminal en Hamburgo.

El proyecto se archivó por el bajo precio del gas natural, pero ahora está subiendo y el abandono del Nord Stream II podría crear las condiciones idóneas para su reactivación.

Además, Canadá ha firmado una asociación energética con Alemania para el transporte de gas a través de un nuevo gasoducto que pasará por Quebec hasta una planta de licuefacción en Nueva Escocia. El proyecto Goldboro LNG, de 13.000 millones de dólares canadienses, desarrollado por Pieridae Energy, es comparable al proyecto Saguenay LNG, ya que ambos transportan una cantidad similar de gas natural.

Ambos proyectos forman parte de un plan de transición ecológica para evitar que Alemania y otros países europeos recurran a la energía nuclear.

El abuelo nazi de Freeland

El abuelo materno de Freeland, Mijailo Chomiak, fue un colaborador de los nazis desde el principio de la invasión de la URSS en 1941. El ejército alemán le dio un cargo, dinero, vivienda y un vehículo en Cracovia, entonces capital de la administración alemana de la región de Galicia. Su principal trabajo era el de redactor jefe de “Krakivsti Visti”, el periódico más importante en lengua ucraniana bajo la ocupación. Su imprenta había sido robada a un editor judío, que fue asesinado en el campo de concentración de Belzec.

El periódico fue robado por la Wehrmacht y supervisado por la inteligencia militar. Chomiak fue contratado por un oficial alemán llamado Emil Gassner, responsable de prensa en la región. La publicación de Chomiak tenía carácter oficial en la administración alemana en Galicia.

Tras la contraofensiva del Ejército Rojo, Gassner se trasladó de Cracovia a Viena y se llevó a Chomiak con él para seguir difundiendo propaganda nazi, al tiempo que informaba a los alemanes sobre otros ucranianos, entre ellos Stepan Bandera.

Justo antes de que Viena cayera en manos del Ejército Rojo en marzo de 1945, Chomiak fue evacuado con el ejército alemán a Alemania, terminando cerca de Munich, en Bad Worishofen. El 2 de septiembre de 1946 nació la madre de Freeland en un balneario en el que se habían refugiado los últimos combatientes de la Wehrmacht. El ejército estadounidense controlaba entonces esa parte de Alemania.

La inteligencia militar creó una unidad de adiestramiento en Bad Worishofen, para reclutar a europeos del este, incluyendo lituanos, ucranianos, polacos y otros que habían estado luchando contra el Ejército Rojo en las filas nazis, entre ellos Chomiak, a cambio de permitirle la entrada en Canadá en 1948. Eran las primeras fases de la Operación Paperclip.

Si Ucrania celebra la presencia de Freeland en el gobierno de Canadá, no ocurre lo mismo con Polonia, que ha abierto una investigación sobre Chomiak, que no sólo apoyó las matanzas de los judíos gallegos, sino también las de los polacos de Cracovia. Para tener todos los datos sería necesario que Estados Unidos abriera los expedientes confidenciales sobre el reclutamiento de los nazis para la Guerra Fría.

En una ocasión a Trudeau le correspondió visitar Polonia en compañía de Freeland y, cumpliendo los deberes rituales de su cargo, tuvo que viajar al campo de concentración de Auschwitz. Las fotos le muestran emocionado y llorando. Pero estaba solo. No aparece Freeland. Quizá no se desplazó hasta allá, o no lloró. Su abuelo había trabajado apenas a 80 kilómetros del campo, aplaudiendo y jaleando a los asesinos.

Ucrania es un gobierno de nazis que a los nazis les gusta visitar. Así cierra la historia su circunferencia. Cuando algunos creían que aquello no volvería a suceder, los herederos de los nazis se pasean por sus viejos dominios con nuevos ropajes y nuevas palabras sobre democracia y derechos humanos… y vuelta a la guerra contra Rusia.

(1) http://johnhelmer.org/victim-or-aggressor-chrystia-freelands-family-record-for-nazi-war-profiteering-and-murder-of-the-cracow-jews/
(2) http://www.theglobeandmail.com/world/article-kgb-archives-show-how-chrystia-freeland-drew-the-ire-and-respect-of/

Turquía mira hacia el otro costado

A Turquía le ha ocurrido lo mismo que a Rusia: ha estado suspirando tanto tiempo por encontrar un hueco en la Unión Europea, que se ha olvidado que miraba hacia el lado equivocado. El futuro está en los países de oriente.

La retirada de Estados Unidos de Afganistán es otra muestra de su error y el gobierno de Ankara quiere llenar el vacío en Asia central creando una alianza estratégica con Azerbaiyán y Pakistán. Erdogan ha visitado Azerbaiyán más de 20 veces durante su mandato.

Pakistán es una potencia nuclear y tiene un ejército que siempre necesita nuevo armamento. Por su parte, Azerbaiyán es un gran pozo petrolífero y en la guerra con Armenia, en la que triunfó, su ejército ha experimentado las ventajas de colaborar con los turcos.

Turquía ha incluido a Azerbaiyán y Pakistán en su programa TF-X de aviones de combate de nueva generación. Las exportaciones turcas de armas y tecnología aeroespacial a Azerbaiyán se quintuplicaron en 2020. Turquía es ahora el cuarto proveedor de armas de Pakistán, superando a Estados Unidos.

A principios de 2020, el presidente Erdogan y el primer ministro pakistaní, Imran Khan, firmaron una docena de memorandos de entendimiento en la sexta sesión del Consejo de Cooperación Estratégica de Alto Nivel, la mitad de ellos relacionados con la guerra.

Erdogan no excluye de su foco a Irán o Bangladesh, con los que pretende formar una alianza temporal con fines concretos. Sin embargo, las maniobras militares “Tres Hermanos 2021”, en las que participaron Turquía, Azerbaiyán y Pakistán, que tuvieron lugar el pasado mes de septiembre, despertaron la preocupación de Teherán, que las percibió como una amenaza para su seguridad, especialmente porque la minoría turca en Irán se estima en un 20 por cien de la población total.

Teherán no tardó en tomar represalias con un ejercicio militar “Fatehan Jaybar” cerca de la frontera entre Irán y Azerbaiyán.

Para consolidar la influencia política en Afganistán, el gobierno turco ha establecido estrechas relaciones con Qatar, su aliado en el Golfo Pérsico. A principios de diciembre del año pasado, Erdogan se reunió con el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, y firmó 12 memorandos de entendimiento en los sectores de defensa, sanidad, turismo y educación.

Ese mismo mes, Irán, Azerbaiyán y Georgia acordaron también la construcción de una carretera que unirá el Golfo Pérsico con el Mar Negro y estará conectada a las líneas ferroviarias entre Islamabad y Estambul, en un intento de estimular las relaciones comerciales, especialmente con Irán, que ha estado sometido a la máxima presión económica por parte de Estados Unidos.

El problema más importante de Turquía es China, por su apoyo a los uigures y por el interés de China en Afganistán y en Pakistán. No obstante, tanto para China, como para Irán y Rusia, lo más importante es que Ankara afloje sus lazos con la OTAN y la Unión Europea y mire hacia el otro costado.

Ucrania se pronuncia contra los Acuerdos de Minsk que pusieron fin a la Guerra del Donbas

En una entrevista con Associated Press, el secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, Alexei Danilov, vuelve a confirmar que Ucrania no tiene ninguna intención de cumplir los Acuerdos de Minsk, firmados en 2015 y convalidados por una resolución de la ONU (*).

Danilov confirma, pues, lo que las Repúblicas del Donbas llevan denunciando desde hace años: Ucrania está saboteando la aplicación de los Acuerdos de Paz.

Confirmando lo que dijo el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky en la primavera del año pasado, Danilov dice que los Acuerdos se deben reescribir porque “el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk significa la destrucción del país”, o sea, de Ucrania.

“Cuando se firmaron con la pistola rusa a la cabeza -y bajo la mirada de los alemanes y los franceses- ya estaba claro para todas las personas racionales que era imposible aplicar estos documentos”, dice Danilov.

Los Acuerdos de Minsk son dos y se negociaron tras una serie de derrotas militares ucranianas en el Donbas. El gobierno ucraniano las considera como una traición a los intereses nacionales, lo que ha llevado a Zelensky y a su gobierno a pedir repetidamente su modificación.

La declaración de Danilov echa por tierra la propaganda de Kiev que lleva años afirmando que el ejército ucraniano frena al ruso y protege así a Europa Occidental desde 2014. Si Ucrania firmó los Acuerdos con “la pistola rusa en la cabeza”, entonces el ejército ucraniano fue derrotado y no tendría nada que exigir. Cuando pierdes una guerra y firmas un acuerdo de paz para salvar lo que queda de tu ejército, años después no puedes exigir que se reescriban los acuerdos de una manera más favorable. O los aplicas o aceptas la reanudación de la guerra.

Danilov añade que Occidente no debe presionar a Ucrania para que cumpla los Acuerdos de paz, ya que esto haría que el país fuera inestable. “Si insisten en el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk tal y como están, será muy peligroso para nuestro país”, dijo. “Si la sociedad no acepta estos acuerdos, podría provocar una situación interna muy difícil y Rusia cuenta con ello”.

Si Ucrania aplica los Acuerdos, apunta Danilov, permitiría a Rusia pedir el levantamiento de las sanciones occidentales vinculadas a los avances en la aplicación de estos Acuerdos. Está claro que Ucrania quiere ante todo mantener las sanciones contra Rusia y, por lo tanto, hará todo lo posible para impedir cualquier avance en la aplicación de los Acuerdos, para que estas sanciones sigan vigentes.

Además, Danilov pide que se negocie un nuevo acuerdo que se pueda aplicar, que debería obligar “a Putin a retirar simplemente sus tropas y tanques”.

Sólo cabe recordar, por enésima vez, que Francia y Alemania fueron garantes de los Acuerdos de Minsk, lo mismo que Rusia y están obligados a exigir su cumplimiento a quien se niega a cumplirlos, o sea, al gobierno ucraniano.

(*) https://apnews.com/article/russia-ukraine-russia-france-germany-europe-d9a2ed365b58d35274bf0c3c18427e81

Los mercenarios de Blackwater están en el Donbas con el Batallón Azov

La conversación telefónica entre el presidente Biden y el presidente ucraniano Zelensky “no fue bien”, titula la CNN. Mientras “Biden advirtió que una invasión rusa en febrero es casi segura, cuando el deshielo del terreno haga posible el paso de los tanques”, Zelensky “pidió a Biden que bajara el tono, argumentando que la amenaza rusa sigue siendo ambigua”.

Mientras que el presidente ucraniano está adoptando una postura más cautelosa, las fuerzas armadas ucranianas se están concentrando en el Donbas, en Donetsk y Lugansk, los límites de la zona habitada por los rusos. Según la información de la Misión Especial de Observación de la OSCE en Ucrania, oscurecida por la corriente principal, que sólo habla del despliegue ruso, hay unidades del Ejército y la Guardia Nacional de Ucrania allí que suman unos 150.000 soldados. Están armados y entrenados, y por lo tanto comandados de facto, por asesores e instructores militares de Estados Unidos y la OTAN.

De 1991 a 2014, según el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, este país proporcionó a Ucrania 4.000 millones de dólares en asistencia militar, además de más de 2.500 millones después de 2014, y más de mil millones aportados por el Fondo Fiduciario de la OTAN en el que también participa Italia. Esto es sólo una parte de las inversiones militares realizadas por las principales potencias de la OTAN en Ucrania.

Gran Bretaña, por ejemplo, ha celebrado varios acuerdos militares con Kiev, entre ellos la inversión de 1.700 millones de libras en la mejora de las capacidades navales de Ucrania.

Este programa incluye el armamento de buques ucranianos con misiles británicos, la producción conjunta de ocho unidades de misiles rápidos, la construcción de bases navales en el Mar Negro y también en el Mar del Norte, y el desarrollo de una nueva base naval en el Mar de Azov, entre Ucrania, Crimea y Rusia. En este marco, el gasto militar ucraniano, que en 2014 equivalía al 3 por cien del PIB, aumentará al 6 por cien en 2022, lo que corresponde a más de 11.000 millones de dólares.

Además de las inversiones militares de Estados Unidos y la OTAN en Ucrania, existe un plan de inversión de 10.000 millones de dólares que está llevando a cabo Erik Prince, fundador de la empresa militar privada estadounidense Blackwater, ahora rebautizada como Academy, que ha proporcionado mercenarios a la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado para operaciones encubiertas (incluyendo torturas y asesinatos), ganando miles de millones de dólares.

El plan de Erik Prince, revelado por una investigación de la revista Time, es crear un ejército privado en Ucrania mediante una asociación entre Lancaster 6, a través de la cual Prince ha suministrado mercenarios a Oriente Medio y África, y la principal oficina de inteligencia ucraniana controlada por la CIA. No se sabe, por supuesto, cuáles serían las misiones del ejército privado creado en Ucrania por el fundador de Blackwater, seguramente con financiación de la CIA. En cualquier caso, podemos prever que, desde la base de Ucrania, realizaría operaciones secretas en Europa, Rusia y otras regiones.

En este contexto se sitúa la denuncia del ministro de Defensa ruso, Shoigu, de que en la región de Donetsk hay “empresas militares privadas estadounidenses que están preparando una provocación con el uso de sustancias químicas desconocidas”. Podría ser la chispa que desencadene una guerra en el corazón de Europa: un ataque químico contra civiles en el Donbas, atribuidos inmediatamente a los rusos en Donetsk y Lugansk, que serían atacados por las fuerzas ucranianas predominantes ya desplegadas en la región, para obligar a Rusia a intervenir militarmente en su defensa.

En primera línea, dispuesto a masacrar a los rusos en el Donbas, está el Batallón Azov, ascendido a regimiento de fuerzas especiales, entrenado y armado por Estados Unidos y la OTAN, que se ha distinguido por su ferocidad al atacar a la población rusa de Ucrania. El Azov, que recluta a neonazis de toda Europa bajo un estandarte calcado al de las SS Das Reich, está comandado por su fundador Andrey Biletsky, que aparecen en la foto de portada y ha sido ascendido a coronel.

No era sólo una unidad militar, sino un movimiento ideológico y político, del que Biletsky es el dirigente carismático, especialmente para la organización juvenil, que fue educada en el odio a los rusos con su libro “Las palabras del Führer blanco”.

Manlio Dinucci https://ilmanifesto.it/la-blackwater-e-nel-donbass-col-battaglione-azov/

Hungría también se opone a la entrada de Ucrania en la OTAN

El ministro de Defensa húngaro confirmó la oposición de su gobierno a la posible adhesión de Ucrania a la OTAN y expresó su oposición al refuerzo de la OTAN en su territorio en el contexto de las tensiones en torno a Ucrania.

El ministro de Defensa magiar, Tibor Benko, realizó su declaración el jueves durante una entrevista concedida al medio de comunicación húngaro InfoRadio.

Benko dijo que Estados Unidos y la OTAN han negociado el despliegue de tropas adicionales con todos los Estados miembros de la Alianza que tienen frontera con Rusia o Ucrania. Sin embargo, Budapest cree que su propio ejército es capaz de proporcionar toda la seguridad que necesita sin la ayuda de las tropas de la OTAN.

El ministro comentó que “Hungría ya ha creado tal fuerza nacional, ha desarrollado tales capacidades nacionales que en la situación actual no hay necesidad de depender de otras fuerzas y tropas extranjeras […] No consideramos apropiado -y no pedimos- que se desplieguen aquí refuerzos de la OTAN. Nosotros podemos encargarnos de eso”.

Al dia siguiente Biden declaró que tenía previsto enviar “pronto” un pequeño número de tropas estadounidenses al este de Europa.

Estas declaraciones se producen en medio de la tensión entre Washington y Moscú sobre la seguridad en Europa. Durante varias semanas, Estados Unidos y algunos de sus aliados han acusado a Rusia de planear una invasión de Ucrania.

Por su parte, Rusia ha expresado su preocupación por su seguridad, relacionada con la expansión de la OTAN hacia el este y la perspectiva de entregas de armas ofensivas a la vecina Ucrania.

El Kremlin ha propuesto a Washington y a la OTAN tratados para que la Alianza Atlántica renuncie a cualquier expansión hacia el este y vuelva a la arquitectura de seguridad construida en Europa tras el final de la Guerra Fría. Hasta ahora, Occidente ha rechazado las exigencias rusas, alegando, por un lado, el carácter defensivo de la Alianza Atlántica y, por otro, la soberanía de los Estados, que deben elegir sus alianzas.

El ministro magiar también reiteró la oposición de Hungría a las aspiraciones de Ucrania de ingresar en la OTAN, un posible ingreso futuro que es “una línea roja” para Moscú, como había dejado claro recientemente el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov.

Aunque Budapest estaba inicialmente a favor de la adhesión, su posición cambió cuando Kiev se comportó de forma “inaceptable” para un miembro potencial de la Alianza, explicó Benko. “Ucrania actuó contra los húngaros que viven en Transcarpacia y se comportó de forma inaceptable para la Alianza. Después, el gobierno mantiene la posición de que Ucrania no está preparada para ingresar, ya que no cumple los estándares de la OTAN”, explicó.

Las relaciones entre Ucrania y Hungría se deterioraron después de que Kiev aprobara una controvertida ley de educación que restringía gravemente el derecho de las minorías étnicas a recibir educación en su lengua materna. La disputa se intensificó a finales de 2018, cuando los medios de comunicación ucranianos difundieron imágenes que supuestamente mostraban a un cónsul húngaro entregando los pasaportes del país a los miembros de la minoría húngara que viven en el oeste de Ucrania. El escándalo, agravado por el hecho de que la posesión de la doble nacionalidad es técnicamente ilegal según la legislación ucraniana, provocó la expulsión de los diplomáticos.

Rusia comienza a retirar sus tropas de la frontera ucraniana

Ayer el ejército ruso desplegó una gran actividad en el territorio de los campamentos militares cercanos a la frontera ucraniana. Las tropas rusas han empezado a abandonar sus puntos de despliegue temporal. Así lo ha confirmado el servicio de prensa del Distrito Militar Occidental.

En estos momentos las unidades rusas han comenzado a abandonar en masa sus zonas de despliegue cerca de las fronteras de Ucrania. Esto se debe a la finalización de la revisión de la preparación para el combate prevista.

En contra de lo que afirman los altavoces de la OTAN, las prolongadas maniobras no han provocado ninguna agresión por parte de Rusia. Esto sólo pone de manifiesto la falsedad de tales acusaciones.

En abril del año pasado, entre 20 y 30 unidades, a nivel de batallón o brigada, se desplegaron en zonas del territorio ruso, entre 80 y 250 kilómetros de la frontera ucraniana, para realizar ejercicios. Las operaciones terminaron y las unidades rusas se quedaron o se fueron y regresaron.

Rusia ha demostrado el más alto nivel de preparación para transferir instantáneamente grandes fuerzas a sus fronteras occidentales, lo que es particularmente importante en el contexto del comportamiento agresivo de Ucrania, Estados Unidos y varios países de la OTAN.

Se sabe que el ejército ruso ha sido capaz de hacer frente a las misiones de combate asignadas, habiendo desarrollado acciones tanto defensivas como ofensivas.

—https://avia-pro.fr/news/rossiya-nachala-otvod-voysk-ot-ukrainskoy-granicy

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