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El ejército ruso pasa a la ofensiva también en el frente sur del Donbas

El éxito del ejército ruso en el frente norte del Donbas, en Bajmut, ha obligado a los ucranianos a reforzarlo, dejando desguarnecidos otros sectores. Aprovechando la situación, los rusos han pasado a acciones ofensivas de menor envergadura en cinco direcciones tácticas desde el frente sur del Donbas para consolidar sus posiciones. Estos ataques tienen como objetivo interrumpir las vías de comunicación que aprovisionan a las tropas ucranianas.

Avdiivka es una ciudad situada en la periferia noroccidental de Donetsk. Los rusos han intentado sin éxito conquistarla mediante ataques frontales. El martes atacaron por el sur y ocuparon la aldea de Pervomaske. Desde allí avanzarán hacia el norte, asaltando las fortificaciones de Semenivka, para rodear la ciudad de Avdiivka.

Otra ciudad ucraniana bien fortificada es Krasnohorivka, situada al sur de Avdiivka. El desarrollo de la ofensiva rusa en Avdiivka permitirá envolver desde el norte el flanco de la defensa ucraniana en la ciudad. Al mismo tiempo, el ejército ruso tiene vía libre hacia el oeste, hacia la ciudad de Kurajiva.

Marinka, al sur de Krasnohorivka, está a punto de ser ocupada totalmente por los rusos. La ciudad es importante por la autopista H15 a través de la cual se abastecen los ucranianos. El posterior asalto a las fortificaciones al norte de Marinka conducirá al cerco de Krasnohorivka.

Al sur de Marinka, los rusos alcanzaron la línea de la aldea de Pobeda, donde los ucranianos mantenían un fortín. Un posible asalto a ese punto fuerte, coordinado con la ruptura de las defensas ucranianas en Novomykhailovka por parte de las tropas rusas, cortaría otra ruta de suministro, la carretera de Novomyjailivka a Katerinivka.

La acción ofensiva más interesante de los rusos se llevó a cabo en Ugledar. Las tropas rusas avanzaron hacia una zona residencial del sur de la ciudad, donde se encontraron con una fuerte resistencia del ejército ucraniano.

Como resultado, los rusos inmovilizaron a las principales fuerzas ucranianas al sur y abrieron otras dos direcciones de ataque, al oeste y al este de la ciudad, para rodearla. Desde Ugledar parte una carretera de circunvalación hacia Katerinivka, Novomikhailovsky y Mariinka, por la que el mando ucraniano traslada tropas hacia otros sectores del frente.

La carga de la caballería ligera

Alemania ha cedido a las presiones de la OTAN. El canciller Scholz ha cambiado su postura sobre el envío de tanques Leopard a Ucrania. La reunión del viernes en Ramstein le valió una nueva salva de críticas de sus socios. Como en 1941, Alemania volverá a tener sus tanques en los campos de batalla de Ucrania.

Aunque sea a regañadientes, un pais casi desmilitarizado, como Alemania, se ha convertido en su contrario, dentro de una guerra que va en contra de sus propios intereses. El gobierno de Scholz se había opuesto inicialmente a la entrega de vehículos de combate de infantería Marder.

Durante el año pasado Ucrania estuvo presionando sobre Berlín, junto con Estados Unidos, Reino Unido y Polonia. En septiembre Scholz siguió rechazando la entrega de carros de combate occidentales a Ucrania.

Los recientes éxitos militares de Rusia han causado una creciente preocupación en las capitales occidentales. Los medios de comunicación hablan cada vez más de la proximidad de otro “momento crítico” en los combates. En un viaje a Ucrania el asesor de Biden dijo el pasado mes noviembre que el momento era “crítico” para Ucrania.

En una entrada anterior dijimos que Kiev necesitaba unos 100 tanques occidentales para montar una ofensiva a gran escala. Ya no lo tienen tan claro. El medio noruego TV2 recuerda que el Estado Mayor ucraniano ha calculado que se necesitan al menos 300 tanques para llevar a cabo con éxito una contraofensiva contra las fuerzas rusas.

Dicha contraofensiva no se va a producir, ni con 100, ni con 300, ni con 3.000 tanques.

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Estados Unidos asume el control directo del gobierno y el ejército ucraniano

Como en Vietnam, Estados Unidos ha acabado asumiendo el control directo del gobierno y el ejército ucraniano, y empieza por limpiar la casa. Primero un “accidente” de helicóptero acabó con la cúpula del Ministerio de Interior. Luego se marchó Oleksii Arestovych y ayer se produjo una marejada de relevos en el gobierno.

Han sido destituidos varios viceministros y gobernadores provinciales. El viceministro de Defensa, Vyacheslav Shapovalov, ha dimitido tras conocerse que supervisó la compra de suministros militares a precios inflados a una empresa relativamente desconocida. El departamento lo calificó de “error técnico”.

El propio ministro de Defensa, Oleksii Reznikov, ha sido objeto de escrutinio por la misma razón.

Otros altos cargos también han sido destituidos, entre ellos el fiscal general adjunto, Oleskiy Symonenko, el viceministro de Desarrollo de Comunidades y Territorios, Ivan Lukerya, el viceministro de Desarrollo de Comunidades y Territorios, Vyacheslav Negoda, el viceministro de Política Social, Vitaliy Muzychenko, y los gobernadores provinciales de Dnipropetrovsk, Zaporiya, Kiev, Sumy y Jerson.

No son casos de corrupción. Estados Unidos se dirige hacia una escalada militar, deshaciéndose de los viejos y poco fiables lacayos ucranianos y sustituyéndolos por otros más predispuestos a hacer lo que les digan y, sobre todo, a hacer un mejor uso de las ingentes cantidades de material, militar y civil, que llega a Ucrania.

Un comunicado oficial del Ministerio de Defensa afirma que la salida del viceministro del departamento Shapovalov “preservará la confianza de la sociedad y de los socios internacionales y garantizará la objetividad” de los esfuerzos por esclarecer la corrupción.

El gobierno y el ejército ucraniano son un mercadillo de ocasión. En noviembre el gobernador de la provincia de Dnipropetrovsk, Valentin Reznichenko, fue acusado por varios medios de comunicación de adjudicar contratos de reparación de carreteras por valor de decenas de millones de euros a un grupo cofundado por su novia, que trabaja como preparadora física.

Este gobernador y sus colegas de las regiones de Sumy, Jerson y Zaporiya están siendo investigados judicialmente, mientras que la destitución de Oleksii Kuleba está relacionada con su próximo nombramiento para la administración presidencial.

El Viceministro de Infraestructuras, Vassyl Lozynsky, aceptó un soborno de 400.000 dólares para “facilitar” la compra de generadores a precios inflados, mientras el país se enfrenta a cortes de electricidad generalizados causados por los ataques rusos contra infraestructuras energéticas.

Un alto asesor de Zelensky, el jefe adjunto de su oficina, Kyrylo Timoshenko, ha dimitido. Era uno de los pocos ayudantes del presidente en funciones desde su llegada a presidencia en 2019. Entre otros chanchullos, gestionó proyectos de reconstrucción de instalaciones dañadas por los ataques rusos y ha estado envuelto en varios escándalos antes y después del inicio de la guerra.

En octubre fue acusado de utilizar un vehículo todoterreno donado a Ucrania por General Motors con fines humanitarios. Tras estas revelaciones, Tymoshenko anunció que trasladaba el vehículo a una zona cercana a la línea del frente.

El fiscal Symonenko viajó en Navidades a Marbella, a pesar de que los viajes al extranjero, salvo por motivos profesionales, están prohibidos para los ucranianos en edad de combatir.

Se marchó en un coche perteneciente a un empresario ucraniano y acompañado por su guardaespaldas.

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La guerra es una puñalada trapera de los socios de la OTAN dirigida contra Alemania

La guerra en el campo de batalla ucraniano por parte del ejército de Estados Unidos y la OTAN está perdida, y Alemania será la siguiente en perderse si el avance de las fuerzas rusas hacia Kiev y Lvov no se detiene rápidamente mediante un armisticio, afirma en una entrevista el general alemán Harald Kujat (1).

Es el oficial alemán de más alto rango que ha criticado la guerra. La prensa alemana, la canciller Angela Merkel, el primer ministro británico Boris Johnson y otros aliados de la OTAN, que no nombra, han asestado una puñalada por la espalda a Alemania.

A Washington le acusa de crear una amenaza nuclear directa contra Rusia en las baterías de misiles Aegis ahora instaladas en Polonia y Rumanía; de convertir a Alemania en parte directa de la guerra en Ucrania, al permitir que “Estados Unidos [entrene] a soldados ucranianos en Alemania“, y de destruir los gasoductos Nord Stream.

Los estadounidenses y los británicos pretenden debilitar políticamente a Alemania en Europa y suplantar la industria armamentística alemana con sus propias empresas. El ejército alemán, la seguridad territorial alemana y el poder industrial alemán serán los perdedores de la Guerra de Ucrania porque “Rusia podría superar la escalada occidental en cualquier momento con todas las armas que posee”. Kujat sugiere que eso podría incluir el uso de armas nucleares.

Los aliados de la OTAN pretenden sabotear la influencia de Alemania en Europa, aumentando el “riesgo de un ataque convencional contra Alemania” y “exponiendo Alemania a Rusia”.

“Según el Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, el general Mark Milley”, escribe Kujat, “Ucrania ha conseguido lo que puede conseguir militarmente. Más no es posible. Por eso ahora hay que hacer esfuerzos diplomáticos para lograr una paz negociada. Comparto esta opinión… es cuestionable que las fuerzas armadas ucranianas dispongan todavía de un número suficiente de soldados para poder utilizar estos sistemas de armas, dadas las grandes pérdidas de los últimos meses”, afirma Kujat.

El general alemán Harald Kujat

Rusia pide respeto

Los análisis alternativos, como los de Kujat, sólo aparecen en publicaciones muy marginales. El general Erich Vad publicó su análisis en Emma, una revista feminista de Colonia (2). Del mismo modo, a Kujat le entrevista un medio suizo de escasa difusión, Zeitgeschehen im Fokus (“Enfoque en la actualidad“), y después en Overton, una pequeña publicación alemana con sede en Frankfurt (3).

Kujat es hijo de un soldado alemán que murió en la Segunda Guerra Mundial combatiendo al Ejército Rojo. Sucedió al vicealmirante Kay-Achim Schönbach, que se vio obligado a dimitir en enero del año pasado, tras un discurso en el que afirmó que “la península de Crimea ya no existe: nunca volverá, eso es un hecho”. Las preocupaciones rusas en materia de seguridad “deben tratarse con respeto”, añadió el almirante. Lo que Rusia realmente quiere es “respeto. Y, Dios mío, dar respeto a alguien cuesta poco o nada… Es fácil darle el respeto que realmente exige, y probablemente también merece”.

Tras la destitución de Schönbach, ningún oficial alemán en activo se atrevió a criticar públicamente la política militar de Alemania. Hablan a través de oficiales retirados, como el general Vad, antiguo jefe del grupo militar en la cancillería de Merkel, con la que aparece en la foto de portada.

Kujat afirma que su malestar “es consecuencia de mis muchos años de servicio en la OTAN, entre ellos como Presidente del Consejo OTAN-Rusia y del Comité de Jefes de Estado Mayor OTAN-Ucrania. Me molesta especialmente que se preste tan poca atención a los intereses de seguridad alemanes y a los peligros que supone para nuestro país una ampliación y escalada de la guerra. Esto demuestra una falta de responsabilidad o, por utilizar un término anticuado, una actitud muy poco patriótica”.

El general asegura que “esta guerra debería haberse evitado y que podría haberse evitado”. Que ese no fue el resultado y de eso culpa a Merkel por su engaño a Rusia, calificándola de “flagrante abuso de confianza” y “violación del derecho internacional”.

El punto de inflexión en el equilibrio ruso-alemán de fuerzas comenzó en Washington en 2002, según Kujat, cuando Bush anuló el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM), y después, en 2008, cuando el Presidente estadounidense invitó a Ucrania y Georgia a entrar en la OTAN”. La decisión de la administración Obama en 2009 de desplegar “el sistema de defensa antimisiles balísticos de la OTAN en Polonia y Rumanía” supuso una nueva escalada “porque Rusia está convencida de que Estados Unidos también podría eliminar los sistemas estratégicos intercontinentales rusos de estas instalaciones de lanzamiento y poner así en peligro el equilibrio estratégico nuclear”.

La supervivencia de Alemania está amenazada por este desequilibrio nuclear, continúa Kujat, porque las armas nucleares rusas están ahora directamente amenazadas por Estados Unidos, y por la escalada de armas convencionales de Estados Unidos y la OTAN en el campo de batalla ucraniano. “Hay que contar con ello. Cuanto más dure la guerra, mayor será el riesgo de expansión o escalada”.

El gobierno de Londres sabotéo las conversaciones de paz

Kujat acusa a los británicos, y no a los estadounidenses, de interrumpir las conversaciones de alto el fuego que el Kremlin estaba dispuesto a firmar tras las conversaciones de Estambul de finales de marzo del año pasado. Según el general, “Rusia había aceptado retirar sus fuerzas antes del 23 de febrero, es decir, antes de que comenzara el ataque contra Ucrania. En la actualidad, se exige repetidamente la retirada total como condición previa para las negociaciones… Ucrania se había comprometido a renunciar a la pertenencia a la OTAN y a no permitir el estacionamiento de tropas o instalaciones militares extranjeras. A cambio, debería recibir garantías de seguridad de los Estados de su elección. El futuro de los territorios ocupados debe resolverse diplomáticamente en un plazo de 15 años, con la renuncia explícita a la fuerza militar… Según informaciones fidedignas, el entonces Primer Ministro británico, Boris Johnson, intervino en Kiev el 9 de abril e impidió la firma. Su razonamiento era que Occidente no estaba preparado para el fin de la guerra”.

El general carga las tintas contra los británicos. Parece señalar que los estadounidenses no estaban detrás del sabotaje británico, lo cual no es cierto. Tampoco es cierto que fuera el gobierno de Londres y no Estados Unidos quien controlara a Zelensky.

Kujat tampoco menciona la alianza de la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock y el Partido Verde con la industria aeroespacial y de defensa alemana para conseguir votos en Kiel, Düsseldorf, Munich y otras circunscripciones.

Los seudoecologistas alemanes son un puntal de la industria de guerra. Kiel es la sede de Krauss-Maffei Wegmann Maschinenbau, fabricante del carro de combate Leopard. En la votación parlamentaria de Kiel en 2021, los Verdes ganaron casi un 14 por cien para obtener un 28 por cien del total, mientras que el SDP perdió terreno pero conservó el escaño con un 29,5 por cien. En Düsseldorf, sede del Grupo Rheinmetall, los Verdes ganaron un 13 por cien en 2021 frente al SDP y la CDU. En Essen y Duisburgo, donde Thyssen-Krupp dirige su complejo militar-industrial, se registraron cambios de voto similares a favor de los Verdes.

Los Verdes están obligados a poner toda la carne en el asador. La derrota de Estados Unidos y la OTAN en Ucrania pone en peligro la rentabilidad la industria de guerra alemana, como bien dice Kujat en la entrevista.

(1) https://zeitgeschehen-im-fokus.ch/de/newspaper-ausgabe/nr-1-vom-18-januar-2023.html
(2) http://www.emma.de/artikel/erich-vad-was-sind-die-kriegsziele-340045
(3) https://overton-magazin.de/top-story/je-laenger-der-krieg-dauert-desto-groesser-wird-das-risiko-einer-ausweitung-oder-eskalation/

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El arma milagrosa está a punto de llegar a los campos de batalla: Leopard 2

Repetidamente Ucrania reclama a sus aliados de la OTAN que aceleren las entregas de armamento pesado, sobre todo tanques. Las presiones sobre Alemania han sido tan fuertes que Annalena Baerbock, la ministra de Asuntos Exteriores pareció claudicar el domingo por la noche. “Si nos lo pidieran, no nos opondríamos”, declaró. Pero se lo han pedido mil veces en los últimos días.

Las súplicas se refieren, principalmente, a la entrega de tanques Leopard 2, fabricado por la empresa alemana Krauss-Maffei para sustituir a los tanques estadounidenses M48 Patton. El Leopard 1 dio paso al Leopard 2 a finales de la década de los setenta, cuando se empezó a fabricar en serie.

Este carro de combate pesa sesenta toneladas y de las cadenas de producción han salido unas 3.500 unidades. Está equipado con un cañón de ánima lisa de 120 milímetros y se desplaza a una velocidad de hasta 70 kilómetros por hora, con una autonomía de 450 kilómetros.

La tripulación se compone de cuatro miembros, que disponen de herramientas tecnológicas para localizar y apuntar al enemigo a larga distancia. Está equipado con una protección pasiva integral contra minas y lanzacohetes.

Es el carro de combate más disponible en Europa, lo que facilita el acceso a la munición y las piezas de repuesto y simplifica el mantenimiento, exigente para este tipo de equipos. Portugal, España y Dinamarca están equipados con este tipo de tanques.

Finlandia cuenta con más de 200 y se ha declarado dispuesta a proporcionar algunos al ejército ucraniano. Polonia se propone entregar 14. Un puñado de otros países europeos también están dispuestos a entregar algunos. Pero las mayores reservas las tienen Grecia (350 tanques) y Turquía, dos países que no tienen la más mínima intención de desprenderse de ninguno.

El problema es que Alemania ha fabricado una docena de versiones diferentes del mismo tanque, en función de las necesidades de cada cliente, lo que complica su mantenimiento. Para Ucrania lo mejor sería que los países dispuestos a contribuir enviaran tanques del mismo modelo.

La empresa RheinMetall, que fabrica el cañón del tanque y algunos sistemas electrónicos, ha advertido de que tardará meses en actualizarlos, con el objetivo de que estén disponibles para el año que viene. Krauss-Maffei y RheinMetall hablan de seis meses para modernizar un centenar de A4 antes de enviarlos a Ucrania.

Alemania también podría entregar los viejos tanques Leopard 1, que están descatalogados y almacenados desde hace 20 años para la chatarra, aunque es difícil saber si podrían funcionar de nuevo.

Los medios europeos de comunicación no se cansan de adular las extraordinarias prestaciones del tanque alemán. “Un ejército puede romper las líneas enemigas y poner fin a un largo periodo de guerra de trincheras”, ha dicho el director de RheinMetall al diario Bild.

Sin embargo, un Leopard no es mejor que un T-90, diseñado en la URSS por la misma época. Desde luego que en ningún caso puede alterar la suerte en los campos de batalla de Ucrania. Turquía ya mostró sus límitaciones cuando recurrió a ellos en el norte de Siria. Hasta una milicia irregular pudo acabar con muchos de ellos con relativa facilidad.

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Occidente no puede permitir que gane Rusia y Rusia no puede permitir que gane Occidente

El viernes Borrell dijo que Occidente debe seguir enviando armas a Kiev porque Rusia está acostumbrada a ganar guerras muy largas. “Rusia es un gran país, una gran nación que está acostumbrada a luchar hasta el final, casi perder y volver a levantarse”, dijo Borrell en un discurso en Madrid, citando como ejemplos históricos la invasión de 1812 por Napoleón y la de 1941 por Hitler.

“Sería absurdo pensar que Rusia ha perdido la guerra o que su ejército es incompetente”, añadió Borrell. Es cierto que Moscú va perdiendo la guerra, “pero sigue teniendo una enorme fuerza y capacidad para seguir combatiendo”.

“Por eso ha llegado el momento de seguir armando a Ucrania con el equipo militar y los medios necesarios para librar el tipo de guerra que necesita librar”, concluyó.

Según Borrell, la guerra no es sólo “defensiva”, sino que le permite a Ucrania “tomar la iniciativa y romper los frentes e impedir que Rusia lance otra ofensiva muy poderosa y sangrienta dentro de unos meses”.

Para Borrell la victoria en la guerra es sólo cuestión de armamento. Bastarían unos cuantos tanques Leopards, Challengers o Abrams para llegar a Moscú y convertir a Rusia en un nuevo reino de Taifas, como los Balcanes.

En cierta manera Borrell está de acuerdo con Putin. En Rusia casi todos los medios hablan de la misma manera: Occidente se pone de acuerdo para invadir la “Madre Patria” por tercera vez. Las dos anteriores se llamaron “Guerra Patriótica” y “Gran Guerra Patriótica”, respectivamente. Lo que en la memoria occidental son guerras “mundiales”, en Rusia son guerras “nacionales”. Muchos siguen sin comprender la diferencia, que es abismal.

Lo mismo ocurre con otra expresión en boca de todos: la Tercera Guerra Mundial. El primer ministro polaco Mateusz Morawiecki ha advertido de que la derrota del ejército ucraniano en la batalla de Soledar allana el camino para una victoria rusa no sólo en el Donbas, sino en toda Ucrania. Según él, es el preludio de la “Tercera Guerra Mundial”.

Dmitry Medvedev, que actualmente ocupa el cargo de vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, dice lo mismo, pero al revés: lo que desataría una nueva guerra mundial no sería una victoria rusa sino una derrota: “Los imbéciles que piden una derrota rusa en Ucrania no parecen darse cuenta de que tal resultado podría conducir a una escalada nuclear”, dijo Medvedev.

Es la pescadilla que se muerde la cola: Occidente no puede permitir que gane Rusia y Rusia no puede permitir que gane Occidente. Ambas partes están de acuerdo en que cualquier de las dos posibilidades supone que estallará una nueva guerra mundial, nuclear.

Medvedev lanzó la advertencia antes de la cumbre en la base aérea de Ramstein, en Alemania. “La derrota de una potencia nuclear en una guerra convencional puede desencadenar el inicio de una guerra nuclear. Las potencias nucleares nunca han perdido un conflicto importante del que dependiera su destino”, afirmó Medvedev.

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La crisis del complejo militar-industrial de Estados Unidos

Como ya informamos ayer, el Secretario de Marina de Estados Unidos, Carlos del Toro, ha declarado que el complejo militar-industrial estadounidense podría verse pronto en apuros para satisfacer tanto sus propias necesidades como las de Ucrania.

Los medios se han lanzado a pedirle explicaciones. “Si el conflicto [de Ucrania] continúa durante otros seis meses o un año, la cadena de suministro seguirá sin duda sometida a una difícil presión”, respondió el Secretario de Marina.

La Subsecretaria de Defensa, Kathleen Hicks, estaba trabajando “estrechamente con la industria [de defensa] para animarles a identificar qué retos o barreras tienen para aumentar sus propias tasas de producción”, añadió Del Toro.

“Está claro que estas empresas tienen una importante fuente de ingresos para el futuro”, afirmó el Secretario de Marina. “Ahora necesitan invertir en su mano de obra, así como en las inversiones de capital que deben realizar dentro de sus propias empresas para aumentar sus índices de producción”.

Ya lo había denunciado el New York Times a finales de noviembre, aunque entonces se calificó como “propaganda rusa”. Los cerca de 100.000 millones de dólares que Estados Unidos ha entregado a Kiev no son suficientes. La mayor potencia mundial no tiene dinero para financiar la Guerra de Ucrania y trata de que sean otros, como Alemania, los que paguen la factura.

Esa fue la tentativa del viernes del secretario de Defensa, Lloyd Austin, en la base aérea de Ramstein, que acabó en un sonoro fracaso porque Alemania le ha dado la vuelta al asunto: nosotros enviaremos tanques Leopard si, al mismo tiempo, Estados Unidos envía tanques Abrams. Se pasan la pelota los unos a los otros.

El canciller Scholz dice que Estados Unidos no entrega los tanques Abrams para eludir su propia responsabilidad en la futura derrota de Ucrania. En Washington siempre podrán decir que Alemania no cumplió su parte. Es más, Estados Unidos podría dejar a Europa la responsabilidad de una Ucrania desmembrada y en bancarrota. Un lastre ruinoso para décadas.

A media tarde Austin confirmaba la mala noticia: no había acuerdo sobre la entrega de tanques a Ucrania. El ministro de Defensa polaco confirmó el fracaso de la cumbre. El viceministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Andriy Melnyk, definió la reunión muy gráficamente: ha sido un teatro de marionetas (“Panzer Kasperltheater”).

Al mismo tiempo el BND, el servicio secreto alemán, seguía con la cascada de malas noticias del día: en la batalla de Bajmut el ejército ucraniano estaba sufriendo unas pérdidas gigantescas, del orden de tres dígitos de soldados muertos cada día.

La picadora de carne sigue su curso implacable.

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Para iniciar una ofensiva Ucrania necesitaría 100 tanques que nadie le suministra

Cada día aparecen declaraciones de dirigentes occidentales prometiendo el oro y el moro a Ucrania. Es la manera de demostrar su inquebrantable alineamiento con el gobierno de Kiev: las palabras y las promesas. Pero una cosa es predicar y otra dar trigo.

El ejército ucraniano necesitaría unos 100 tanques occidentales para lanzar una ofensiva a gran escala, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos de Londres, una opinión apoyada por Phil Osborn, antiguo jefe de la inteligencia militar británica (1).

Hasta la fecha los únicos tanques que han entregado los países europeos a Ucrania son modelos antiguos fabricados por la URSS, principalmente las versiones soviéticas del T-72, algunas de ellas modificadas.

En septiembre del año pasado Berlín acordó con Liubliana que Eslovenia enviaría a Ucrania 28 tanques M-55S a cambio de vehículos alemanes. Los M-55S son tanques soviéticos T-55 modernizados en Eslovenia con ayuda israelí en la década de los noventa.

La OTAN cuenta actualmente en Europa con algo más de 2.300 tanques alemanes Leopard. Aunque no todos están operativos en este momento, existe una reserva suficiente para entregar unos 100 tanques al ejército ucraniano. También podrían suministrar otros modelos, pero todo son hipótesis.

Las tropas ucranianas no van a iniciar ninguna ofensiva en el futuro porque no tienen ninguna de las condiciones que se lo podrían permitir. No las han tenido antes y no las van a tener ahora. Para ellos será bastante si logran mantener sus posiciones sobre el terreno durante un cierto tiempo.

El Primer Ministro británico, Rishi Sunak, ha prometido transferir a Ucrania 14 carros de combate Challenger 2 y unos 30 obuses autopropulsados AS90 de calibre 155 milímetros y 39 milímetros.

El anuncio de Londres lo hicieron para animar a una Alemania cada vez más reacia a prolongar la guerra y cuya ministra de Defensa ya ha tirado la toalla. Pero en Berlín sólo se oyen palabras y promesas y no aceptan que terceros países envíen sus tanques Leopard a Ucrania sin un previo permiso de reexportación.

Como consecuencia, otros países han anunciado que enviarán los tanques alemanes a Ucrania aunque no haya autorización del gobierno de Berlín. Es el caso de Polonia, que ha anunciado el envío de otros 14 tanques Leopard.

Finlandia también está dispuesta a enviar tanques alemanes a Ucrania… si otros países hacen lo mismo, es decir, si se saltan la aprobación del gobierno de Berlín. Pero, ¿de cuántos tanques pueden desprenderse? En la actualidad el ejército finlandés cuenta con 139. “Si Europa empieza a dar tanques a Ucrania, Finlandia debe participar. Con una pequeña contribución, por supuesto, ya que su propia capacidad de defensa es una prioridad para nosotros”, ha declarado Antti Häkkänen, presidente de la Comisión de Defensa del Parlamento.

No hay nada más. El resto, incluidos Estados Unidos y Francia, son promesas de enviar vehículos blindados, como Bradley M2, mientras en Kiev sueñan con tanques M1 Abrams o los Leclerc franceses y no con palmaditas en la espalda.

Cada día la prensa ucraniana se llena de titulares como “Francia está estudiando transferir sus tanques Leclerc a Ucrania, con la esperanza de que Alemania siga su ejemplo y suministre a Ucrania sus tanques Leopard” (2).

(1) https://news.yahoo.com/ukraine-needs-100-tanks-breakthrough-101100140.html
(2) https://ukranews.com/en/news/909697-france-wants-to-transfer-leclerc-tanks-to-ukraine-media

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Un cuello de botella en el corazón de Extremo Oriente: Malaca

Un Panamá en Asia, un nudo de comunicaciones, una puerta de entrada para los europeos… El Estrecho de Malaca es uno de los cuellos de botella más importantes del mundo. Con el 20 por cien del comercio mundial pasando por el tubo, es un lugar clave en el tablero mundial.

En el siglo XV se decía que quienes gobernaban el Estrecho de Malaca tenían en sus manos la garganta de Venecia. Los primeros fueron los portugueses. En 1511 Alfonso de Albuquerque se hizo con el control de la ciudad a base de astucia y fuerza: los elefantes de guerra no fueron rivales para los cañones que se oyeron atronar bajo estos cielos por primera vez, estableciendo la primera posesión territorial de Europa entre India y China.

La activa ciudad mercantil conserva restos de las ocupaciones lusitana, holandesa y británica. Está salpicada de mezquitas, iglesias y templos chinos e hindúes, y sigue siendo uno de los lugares más destacados de la cultura peranakan, una comunidad chino-malaya. En una apacible y verde colina se encuentra Bukit Cina, el mayor cementerio chino fuera de China, con miles de tumbas antiguas junto a los Pozos del Dragón, excavados por los marineros del almirante Zheng He. Los juncos de alta mar de este eunuco musulmán, encargados por el emperador Yongle de la dinastía Ming, hacían escala en Malaca de camino a expediciones de descubrimiento que les llevaban a la costa oriental de África.

Pero Malaca no es sólo un recuerdo histórico para China. Es un Estrecho entre las costas de Malasia y la isla indonesia de Sumatra: 940 kilómetros de largo, 400 de ancho al noroeste y 15 kilómetros al sureste, que constituye la ruta más corta entre el océano Índico y el mar de China Meridional. Es una de las vías navegables más estrechas y congestionadas del mundo -sólo superada por la de Suez-, por la que pasan unos 85.000 barcos al año.

En 2003 el Presidente chino Hu Jintao hizo pública su preocupación por la vulnerabilidad de su país ante una ruta tan fácil de bloquear. Había nacido el “dilema de Malaca”, que los estrategas de Pekín no descansarían hasta resolver. Procedentes de Oriente Próximo y África, el 80 por cien de las importaciones chinas de petróleo -y algunas otras como el cobalto-, así como buena parte de sus exportaciones, transitan por un estrecho por el que no sólo pasan los barcos de piratas.

También se desplazan flotas que enarbolan las banderas de las naciones implicadas en la estrategia estadounidense para el Indo-Pacífico (AUKUS y QUAD), hostiles hacia China. Estados Unidos tiene a sus aliados en la región, empezando por Singapur, India, Japón y Australia, muy ocupados en aumentar sus fuerzas navales.

Bab-El-Mandeb, Ormuz, Malaca… Los estrechos son el talón de Aquiles del mayor importador de petróleo del mundo. En caso de una guerra chino-estadounidense en torno a Taiwán, la marina estadounidense y una marina india, punta de lanza de la Política de Actuación en Oriente de Modi, podrían organizar un bloqueo del Estrecho. Tal y como están las cosas, China tendría pocas alternativas. Los estrechos de Lombok y Sunda, en los extremos de Java, son un inconveniente. Para las exportaciones chinas a Europa, el Paso del Nordeste, la ruta marítima a través de un Ártico ruso caldeado, sigue siendo experimental.

En 2013 Xi Jinping anunció la reactivación de las antiguas Rutas de la Seda, tanto terrestres como marítimas, un proyecto económico cuya palabra clave es conectividad: pretende impedir el cerco de China. Diversificación de los suministros -en el caso del petróleo, de Irán a Venezuela pasando por Nigeria-, estrategias de circunvalación a través de corredores terrestres. Muchas de sus variantes tienen una relación directa con el dilema de Malaca.

El Corredor Económico China-Pakistán, un costoso programa de inversiones en infraestructuras de transporte y energía y zonas económicas especiales, tiene como emblema el puerto civil y militar de Gwadar, que da acceso al mar Arábigo a la turbulenta región occidental china de Xinjiang. El Corredor Económico China-Birmania proporciona una salida al Golfo de Bengala, uniendo la provincia china de Yunnan a través de Mandalay con Kyaukphyu, un puerto birmano de aguas profundas y zona económica especial. Sin embargo, las tuberías, los ferrocarriles y otros proyectos de la Nueva Ruta de la Seda se ven frenados por la pandemia, y el Golpe de Estado militar de febrero de 2021. Sigue en proyecto un corredor China-Birmania-Bangladesh-India, que uniría Kunming, capital de la provincia china de Yunnan, con Calcuta a través de Mandalay. Cuando oyen “Ruta de la Seda”, en India saltan las alarmas: el Corredor China-Pakistán atraviesa tierras reclamadas por el gobierno de Nueva Delhi.

En la antigua Ruta de la Seda que, durante siglos, unió la cuenca del río Amarillo con el Mediterráneo, los camellos han dado paso a los oleoductos y gasoductos entre Kazajstán o Turkmenistán y China, mientras que otros, en el norte, ilustran una asociación chino-rusa “sin límites”, a la espera del “Siberian Force 2”, un futuro gasoducto transmongol de mayor capacidad que el Nord Stream 1. Pero esas alternativas son sólo un paliativo para el insustituible Estrecho de Malaca.

Sin embargo, existe un arma fatal para vencer en Malaca. Su nombre es Kra. Al sur del antiguo reino de Siam hay un estrecho istmo, bordeado al oeste por el mar de Andamán y al este por el golfo de Tailandia. Hace siglos un soberano siamés encargó a un ingeniero que estudiara la posibilidad de un canal, inviable en aquella época. La idea resurgió en los siglos XVIII y XIX, apoyada por la Compañía Británica de las Indias Orientales. Hacia 1880 Ferdinand de Lesseps merodeaba por los alrededores, desdeñado por el rey Chulalongkorn, preocupado por los apetitos franceses a las puertas de Indochina. Al final, Siam y Gran Bretaña acordaron enterrar el proyecto: Singapur, la joya de la corona victoriana, no debía sufrir daños.

La Nueva Ruta de la Seda ha reavivado el sueño de un Panamá asiático, un canal de 120 kilómetros que costaría 30.000 millones de dólares. Tiene muchos partidarios en Bangkok (empresarios, militares) que sueñan con ganancias fabulosas. Otros se preocupan por las consecuencias sobre la soberanía y la deuda de una infraestructura enteramente financiada y construida por China. La mayoría teme que se refuerce la división entre el norte del reino budista y sus provincias meridionales, asoladas desde la década de los ochenta por los separatistas musulmanes, que ya se ha cobrado miles de vidas. Por el momento, la atención se centra en un proyecto de autopistas y vías férreas que unan dos futuros puertos en cada una de las orillas marítimas.

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Los imperialistas nunca escatiman las vidas de los demás, las suyas propias son algo distinto

En el contexto creado por la Guerra de Ucrania, todos los países han amenazado con ataques nucleares… excepto los rusos, que no han hecho otra cosa que recordar su propia doctrina el respecto: no tienen niguna intención de lanzar armas nucleares en primer lugar.

El Kremlin acaba de publicar los objetivos del plan nuclear ruso para este año. Es una lista de sistemas de armas avanzados que se incorporarán al ejército este año. Incluye equipos para las tres unidades del ejército, así como para la fuerza estratégica rusa con capacidad nuclear. Se centran en cuatro submarinos, doce buques de guerra, misiles hipersónicos y bombarderos nucleares.

Durante su visita a Tula, centro de fabricación de armamento, el ministro ruso de Defensa Serguei Shoigu se dirigió a la industria de defensa rusa: “La tarea más importante de nuestro complejo militar-industrial es proporcionar a nuestras unidades y fuerzas de primera línea todo lo que necesitan: armas, equipos y municiones de buena calidad, en las cantidades necesarias y en el menor tiempo posible”.

Shoigu subrayó que Rusia seguiría desarrollando la parte de su tríada nuclear estratégica que incluye misiles balísticos, submarinos y bombarderos estratégicos “porque el escudo nuclear sigue siendo la principal garantía de la soberanía y la integridad territorial de nuestro país”.

En cuanto a las armas convencionales, Shoigu dijo que Rusia se centraría en la fuerza aérea, reforzando sus capacidades generales de ataque. Rusia aumentaría las capacidades de combate de las fuerzas aeroespaciales, incluidos cazas y aviones no tripulados. El desarrollo de un arsenal de armas ofensivas modernas es una prioridad en los planes militares rusos.

El 10 de enero el Ministerio de Defensa ruso emitió un comunicado en el que afirmaba que la fragata Almirante Gorshkov, que transportaba misiles de crucero hipersónicos, había realizado un ejercicio de defensa aérea en el mar de Noruega. Es una señal de que Moscú no dará marcha atrás en su ofensiva ucraniana.

El Ministerio de Defensa ruso se ha comprometido a aumentar el número de sistemas de misiles hipersónicos de alta precisión Kinzhal y Zircon y a desarrollar otros sistemas de armas del máximo nivel. Varios cazas MiG-31K ya están equipados con misiles hipersónicos, y la Defensa rusa ha integrado recientemente el misil hipersónico Zircon en la fragata Almirante Gorshkov.

La Armada rusa también se modernizará. Este año se incorporarán unos cuatro submarinos y doce buques de superficie. Rusia también creará cinco divisiones de infantería de marina que integrarán las fuerzas de defensa costera. A finales de diciembre, el comandante en jefe de la Armada, almirante Nikolay Yevmenov, anunció que este año la Armada incorporará nuevos equipos y armas, como el crucero estratégico Emperador Alejandro III, misiles balísticos, cuatro submarinos y doce buques de superficie y apoyo logístico.

Los más importantes son los submarinos nucleares de la clase Borei-A Alexander III, que pueden transportar hasta 16 misiles intercontinentales Bulava. Ofrecen mayor sigilo acústico, capacidad de maniobra y de desplazamiento en alta mar y un sistema de control de armamento mejorado. El submarino forma parte de la tríada nuclear que Rusia se ha comprometido a reforzar de aquí a 2023. “Seguiremos desarrollando la tríada nuclear y manteniendo su disponibilidad para el combate, ya que el escudo nuclear sigue siendo la principal garantía de la soberanía y la integridad territorial de nuestro país”, subrayó el ministro ruso de Defensa, Shoigu.

Shoigu anunció que el ejército ruso recibiría en 2023 unos 22 lanzadores de misiles balísticos intercontinentales Yars, Avangard y Sarmat, tres portamisiles estratégicos Tu-160 y el submarino nuclear Emperador Alejandro III.

En noviembre del año pasado el misil balístico intercontinental (ICBM) RS-28 Sarmat entró en la fase de producción en serie tras una prueba realizada con éxito. Está previsto que mejore la capacidad de combate del ejército ruso en los próximos 40-50 años y se convierta en el principal medio de disuasión nuclear.

La proporción de equipos avanzados suministrados a las fuerzas nucleares estratégicas de Rusia ha superado el 90 por cien. El prototipo de bombardero portamisiles nuclear Tu-160M modernizado ha completado recientemente su segundo vuelo de prueba y ahora será probado por el Ministerio de Defensa. Su desarrollo se produce un año después del primer vuelo del Tu-160M en enero de 2022. El Tu-160M es una variante mejorada del bombardero Tu-160, el mayor avión supersónico militar, y se espera que el programa de introducción del bombardero dure hasta 2027.

Los medios atlantistas agachan la cabeza

Las cadenas occidentales de propaganda ya reconocen que las únicas armas de disuasión nuclear definitivas las tiene Rusia, ya sean los misiles hipersónicos RS-28 (Sarmat/Avangard) o el submarino nuclear K-329 Belgorod, capaz de disparar los únicos torpedos Poseidón del mundo.

Esos torpedos son de propulsión nuclear con una cabeza nuclear muy potente (potencialmente de hasta 100 Mt). El K-329 puede ir armado con seis de esos torpedos capaces de navegar sigilosamente a grandes profundidades antes de alcanzar las costas enemigas y desatar una ola radiactiva.

“Rusia prepara Poseidón, su torpedo infernal con tsunamis y propulsión nuclear”, titulaba ayer un medio de comunicación típico de la OTAN. El artículo era mucho menos triunfalista de lo habitual: “los reveses sufridos por Ucrania, ¿requieren empezar a preparar a la opinión occidental para aceptar su futura e inevitable derrota?”, preguntaba.

El día anterior Reuters había retransmitido un despacho de la censurada agencia Tass que acababa de anunciar que el primer lote de aviones no tripulados torpederos Poseidón había sido fabricado y pronto sería entregado en Belgorod. “Se han fabricado los primeros torpedos Poseidón y el submarino Belgorod los recibirá en un futuro próximo”, titulaba la agencia.

En un discurso de 2018 Putin describió los torpedos Poseidón como un nuevo tipo de arma nuclear estratégica, con un alcance ilimitado y la capacidad de operar a profundidades extremas y a una velocidad mucho mayor que los submarinos existentes u otros torpedos. “Son muy silenciosos, tienen una gran maniobrabilidad y son prácticamente indestructibles para el enemigo. Ningún arma puede contrarrestarlos en el mundo actual”, declaró el Presidente ruso.

La OTAN no puede iniciar un enfrentamiento nuclear con Rusia, incluso si su guerra en Ucrania acaba en una derrota humillante. Perder la cara es una cosa, pero es mucho peor perderlo todo. En el pasado los imperialistas nunca escatimaron cometer los peores crímenes masivos (incluidos los nucleares) y sacrificar impunemente la vida de millones de personas. Pero no eran las suyas; jugar con ellas es otro nivel.

Para los pueblos del mundo es la mejor garantía de que se evitará el apocalipsis nuclear, a pesar de todos los dislates contemporáneos de las hienas atlantistas.

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La arquitectura de seguridad europea tiene que incluir a Rusia

En Europa no todo está perdido. Aún queda alguien con unas pocas neuronas en funcionamiento, como el ministro austriaco de Asuntos Exteriores, Alexander Schallenberg, que ha declarado: “Tenemos que entender que Rusia no se va a ir a ninguna parte. La geografía no puede cambiar, ni tampoco la historia. Rusia permanecerá en la historia y la cultura europeas”.

El ministro pronunció un discurso en el Instituto de Estudios Políticos de París, en el que reconoció el papel de Rusia en la arquitectura de seguridad europea que, añadió, tendrá que incluir de algún modo a Rusia en el futuro, como potencia nuclear y miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

“No debemos cruzar la línea, por ejemplo, introduciendo una prohibición de visado para 144 millones de rusos. También tenemos que pensar en lo que pasará mañana, dentro de una semana y dentro de meses. De un modo u otro, la arquitectura de seguridad europea tendrá que incluir a Rusia como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y como potencia nuclear en el futuro”, según el periódico austriaco Kronen Zeitung.

El ministro también abogó por el mantenimiento de la OSCE como plataforma de negociación y criticó la negativa de Varsovia a invitar al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Larov, a una reunión de la organización en Polonia.

Schallenberg celebró la primera reunión bilateral con su homóloga francesa Catherine Colonna. Durante las conversaciones, Schallenberg transmitió a la ministra la tesis de que era “impensable” ignorar el papel de Rusia en la construcción de un sistema de seguridad europeo sostenible.

El Primer Ministro holandés, Mark Rutte, también se ha apeado del burro durante su visita a Estados Unidos. “Rusia no se va a ir a ninguna parte; Rusia está aquí; siempre será una parte importante de Europa y también de Asia. Es el país más grande del mundo. Si hay conversaciones de paz en Ucrania y terminan con éxito, tendremos que restablecer de alguna manera las relaciones con Rusia”, ha dicho en el lugar menos indicado.

En fin, les ha costado entrar en razón, pero a la fuerza ahorcan.