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Categoría: Estrategia (página 103 de 151)

España adiestrará a los reclutas del ejército ucraniano en Zaragoza

En junio el Ministerio de Defensa británico lanzó una iniciativa para adiestrar a 10.000 reclutas del ejército ucraniano en Reino Unido cada 120 días. Desde entonces, otros países, incluidos los miembros de la Unión Europea, han anunciado su participación en el programa, entre ellos España (*).

España acogerá a 20 soldados ucranianos en Zaragoza para que se formen en combate, desminado y medicina de guerra.

A finales de agosto, los ministros de Defensa de la Unión Europea aceptaron el principio de una misión de asistencia militar europea para Ucrania. El objetivo era “mejorar el funcionamiento del ejército ucraniano, que se enfrenta a grandes desafíos”, según Borrell. “Podemos responder mejor poniendo en común nuestras capacidades”, dijo.

Otros países europeos han acogido a soldados ucranianos en su territorio para entrenarlos. Pero se trataba sobre todo de enseñarles a utilizar el material de guerra que se les había prometido.

Durante una visita a la capital ucraniana el 13 de septiembre el ministro de Defensa danés, Morten Bodskov, también se ha sumado a la iniciativa británica.

“Habrá entrenamiento en Dinamarca. No puedo dar más detalles, pero habrá entrenamiento del ejército ucraniano en Dinamarca”, dijo Bodskov, mientras que 130 instructores militares daneses participan en la formación de reclutas ucranianos en Reino Unido.

Hasta el pasado mes de junio, Dinamarca tenía una cláusula de exención de defensa dentro de la Unión Europea. Tras un nuevo referéndum, finalmente renunció a esta cláusula, que ahora le permite participar en la Política Común de Seguridad y Defensa y, por lo tanto, en las operaciones militares europeas.

(*) http://www.heraldo.es/noticias/aragon/2022/09/14/defensa-militares-ucranianos-campo-maniobras-san-gregorio-1599602.html

La constitución de una alianza militar contra Rusia: el Tratado de Kiev

La presidencia ucraniana acaba de publicar el Tratado de Seguridad de Kiev (*), cuya redacción ha dirigido muy discretamente Anders Rasmussen, antiguo secretario general de la OTAN, con la contribución de ex primeros ministros, ex ministros, altos funcionarios y académicos occidentales. El Tratado prevé el establecimiento de un mecanismo para la intervención militar de la OTAN y los países aliados en la Guerra de Ucrania. El objetivo no es sólo convertir a toda Ucrania en una plataforma de lucha contra Rusia, sino sobre todo destruir a la propia Rusia.

“Las garantías de seguridad deberían codificarse en un documento de asociación estratégica conjunta llamado Pacto de Seguridad de Kiev, cofirmado por un grupo central de socios que actuarían como garantes de la autodefensa de Ucrania. Esto podría incluir, entre otros, a Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Polonia, Italia, Alemania, Francia, Australia, Turquía y los países nórdicos, bálticos y centroeuropeos. Además del Documento de Asociación Estratégica, Ucrania y algunos Estados garantes pueden firmar acuerdos bilaterales sobre cuestiones específicas relacionadas con las garantías de seguridad entre Ucrania y los Estados garantes. Además de los principales garantes, varios niveles de países podrían sumarse a cuestiones adicionales o específicas relacionadas con las garantías de seguridad”.

Se trata de una coalición con diferentes grados de implicación, incluyendo un grupo estable de países plenamente implicados. El propósito general de esta coalición es la defensa de Ucrania, que se convierte así en el nuevo interés general de estos países:

“El formato Rammstein, también conocido como Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania, formado por unos 50 países, podría constituir la base de este grupo más amplio, que podría formalizarse en una coalición de voluntades. Deben tomarse medidas para que Ucrania pueda disuadir y, en caso necesario, defenderse de otro ataque armado o actos de agresión. Para ello, Kiev necesitará grandes fuerzas de defensa, capacidades sólidas y una industria de defensa fuerte y reformada. Esto debe estar apuntalado por una inversión sostenida en su base industrial de defensa, por importantes transferencias de armas y apoyo de inteligencia por parte de los aliados, y por fuerzas bien entrenadas y ejercitadas”.

No se trata formalmente de una defensa, sino que también está previsto el ataque. Para que la arruinada Ucrania pueda convertirse en el campo de batalla de esta guerra mundial, se requiere un esfuerzo bélico por parte de los países mencionados para fortalecer la potencia económica e industrial del país, además de la militar.

Hay dos áreas. Una de ellas es la militar, la otra es la económica. Según el documento, Ucrania debe participar en las maniobras de la OTAN y de la Unión Europea, beneficiarse de la formación de su ejército, de la transferencia gratuita de tecnología, de la reconstrucción de su industria militar, de la entrega de armas, etc. Es como el artículo 5 del tratado de la OTAN, del que Ucrania no forma parte:

“El proceso de toma de decisiones debe basarse en el principio de las consultas colectivas seguidas de las contribuciones individuales. A petición de Ucrania, los garantes se reunirán para celebrar consultas colectivas en un plazo muy breve (por ejemplo, 24 horas) y decidirán ampliar las garantías sobre la base de una coalición de voluntades (por ejemplo, 72 horas)”.

Así pues, los garantes tienen 72 horas para convertirse en beligerantes, en cuanto firmen esos acuerdos, puesto que ya reconocen la “agresión rusa”. En otras palabras, no se realizará ninguna consulta nacional y las poblaciones europeas, en particular, se encontrarán en guerra, sin tener nada que decir al respecto. El texto también especifica que no es una alternativa al ingreso de Ucrania en la OTAN. Una premisa quizás, porque si se aprueba este texto, se romperá la última barrera psicológica y sólo quedará por dar un paso simbólico.

En cuanto al aspecto económico, los países garantes y beligerantes pierden el poder de decisión sobre las sanciones adoptadas contra Rusia. No obstante, esos países están hoy divididos, tanto en materia de gas como de visados. Bajo la apariencia de Ucrania, la OTAN podrá determinar la política exterior de los países firmantes:

“Sin perjuicio del mecanismo de sanciones descrito a continuación, los garantes deben abstenerse de levantar las sanciones contra Rusia acordadas desde 2014, hasta que Moscú: a) cese su agresión contra Ucrania; b) garantice que no atacará a Ucrania en el futuro; c) compense a Ucrania por los daños causados durante la invasión. Cualquier decisión de levantar o suspender temporalmente las sanciones, como parte de un acuerdo de paz negociado, debe tomarse en estrecha coordinación con Ucrania. El acuerdo de garantía de seguridad debe contener una disposición que establezca la reimposición de las sanciones (disposiciones de reactivación) en caso de nuevos ataques o agresiones. Las sanciones deben mantenerse hasta que Rusia deje de ser una amenaza para la soberanía ucraniana […]

“El paquete de sanciones debe ser iniciado y aplicado por los garantes de la seguridad de Ucrania, en estrecha coordinación con otros organismos internacionales como el G7 y la UE. Otros países afines que apoyan las sanciones (por ejemplo, Suiza, Noruega, Singapur, Corea del Sur, Australia y otros) también deberían ser invitados a unirse”.

Para ayudar económicamente a Ucrania, se propone embargar propiedades y fondos rusos, para ayudar a reconstruir Ucrania.

“Cuando esta guerra termine, debemos asegurarnos de que Rusia no pueda volver a invadir Ucrania. La mejor manera de hacerlo es que Ucrania tenga una gran fuerza militar que pueda resistir cualquier futuro ataque ruso”, subrayó Rasmussen. La construcción y el mantenimiento de una fuerza de este tipo requerirá décadas de compromiso por parte de los aliados de Ucrania, añadió Rasmussen.

Es la muerte política y económica de los países miembros de esta coalición beligerante, formada directamente por la OTAN en nombre de la defensa de Ucrania. La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso lo subrayó en estos términos:

“Poner a los países occidentales en total dependencia, obligarles a seguir con esa ayuda al régimen de Kiev, es incinerarlos. Imagínese, se propone hacer esto a los Estados, que ahora están pensando en cómo pueden sobrevivir al invierno […] Ahora los países desarrollados han caído instantáneamente al nivel de los países subdesarrollados, que no saben cómo calentarse”, dijo Zakharova.

La portavoz añadió que a los países que ya se encuentran en esta situación “también se les ofrece una servidumbre tan terrible, que tienen que firmarla con toda su sangre, lo que será un horror sin fin”.

Para la OTAN se trata de la aniquilación de Rusia como potencia. La Alianza militar intenta limitar el campo de batalla principal a Ucrania principalmente y, en la medida de lo posible, extenderlo a Rusia.

(*) https://www.president.gov.ua/en/news/andrij-yermak-ta-anders-fog-rasmussen-prezentuyut-rekomendac-77729

El más fiel vasallo de Estados Unidos en Europa: Polonia

El pasado mes de mayo el Primer Ministro polaco, Mateusz Morawiecki, en el Foro Económico Mundial de Davos, exigió que Alemania cerrara unilateralmente el Nord Stream I antes de finales de año. Antes, había propuesto añadir el cierre del gasoducto al paquete de sanciones del Golden Billion (*) justo después del inicio de la última fase (provocada por Estados Unidos) del conflicto en Ucrania hace 6 meses. Ahora conocemos el desastre que ha supuesto el corte de las exportaciones rusas para la estabilidad europea, algo que era de esperar, pero que debería hacer que los observadores se pregunten: ¿por qué quería Polonia que ocurriera?

Desde el principio, esta potencia que aspira a la hegemonía sobre Europa Central y Oriental ha impulsado las políticas antirrusas más radicales posibles, y sus dirigentes han llegado a jactarse de haber establecido el estándar mundial de la rusofobia. El “nacionalismo negativo” explica en parte la constitución del nacionalismo polaco en los últimos años, que ve a los polacos obsesionados con una supuesta diferenciación de los rusos, en lugar de abrazar un “nacionalismo positivo” que remite al orgullo y no recurre a la comparación con los demás.

La otra razón es mucho más estratégica, y tiene que ver con el deseo de sabotear los intentos de los principales países europeos de maximizar su autonomía estratégica. En particular, Polonia teme que una Alemania fuerte imponga su visión hegemónica del continente a todos los demás países, empezando por su vecino oriental. Así, los dirigentes polacos han decidido seguir una política doble: presentarse como la principal fuerza antirrusa en Europa, para convertirse en el principal socio de la hegemonía unipolar en declive del continente, y al mismo tiempo intentar llevar a Alemania al suicidio económico.

El primero de estos dos ejes se ha perseguido desplegando una furia rusófila, y el segundo se ha impulsado instando constantemente a Berlín a cerrar el gasoducto Nord Stream I, bajo el falso pretexto de la “solidaridad con las democracias”, una retórica manipuladora que el embajador polaco en la India acaba de mencionar al intentar presionar a Delhi para que condene y sancione a Moscú. Aunque el cierre del gasoducto prometía perjudicar los propios intereses de Polonia, Varsovia apostó por la idea de que su pueblo no protestaría más que eso, adoctrinado como está con el “nacionalismo negativo”.

Polonia considera que sus intereses estratégicos más amplios, destinados a socavar el ascenso de Alemania en la escena mundial, son mucho más importantes que sus intereses a corto plazo, perjudicados por el corte de gas ruso al continente. Polonia ha planeado desde el principio equivocarse con Alemania y promulgar políticas contraproducentes que debilitarían irremediablemente su autonomía estratégica frente a Estados Unidos, y permitirían así a Washington restablecer su menguante hegemonía unipolar sobre Berlín y el bloque dibujado e influenciado por el poder alemán.

El propósito subyacente de estas acciones es conseguir que Estados Unidos favorezca a Polonia en detrimento de Alemania como su principal vasallo en Europa, como recompensa por obedecer perfectamente las demandas antirrusas de Washington, y conseguir que Berlín debilite irreversiblemente su autonomía estratégica, permitiendo a Estados Unidos reafirmar su control hegemónico sobre todo el continente. Es poco probable que Alemania pueda volver a competir con Estados Unidos.

Este resultado se habría conseguido incluso antes si Alemania se hubiera sumado al descabellado plan polaco de sancionar el Nord Stream I hace seis meses, cuando Morawiecki pidió a Alemania que anunciara que cortaría unilateralmente las importaciones de gas a través del gasoducto para finales de año. A través de estos objetivos de desestabilización, Polonia esperaba conseguir que Alemania se debilitara a sí misma y a la Unión Europea, y poder responsabilizarse de ello, para reafirmar la hegemonía estadounidense en el continente, y evitar para siempre cualquier acercamiento a Rusia.

Por muy lejano que pareciera este segundo escenario, hasta hace poco todavía era teóricamente posible que una Alemania estratégicamente autónoma reparara sus relaciones con Rusia después de algún tiempo, siempre y cuando los fundamentos económicos del dirigente de facto del bloque europeo se mantuvieran relativamente estables, y pudiera así mantener cierta independencia de la hegemonía estadounidense en declive. Fue precisamente por esta razón por la que Polonia quería que Alemania cortara Nord Stream I: para que el objetivo de su guerra híbrida saboteara sus propios intereses nacionales objetivos.

Independientemente de lo que uno pueda pensar del corte del Nord Stream I y de si es o no realmente el resultado de problemas técnicos, este acontecimiento está arruinando a Alemania y consignándola a la condición de vasallo de Estados Unidos, en plena consonancia con el gran diseño estratégico que Polonia ha estado persiguiendo durante los últimos seis meses, como se ha explicado anteriormente. Las dificultades socioeconómicas sin precedentes que la crisis energética amplificada promete infligir a millones de personas en la Unión Europea hacen que este último acontecimiento sea extremadamente impopular, lo que probablemente provoque algunas miradas muy oscuras en dirección a los pensadores estratégicos polacos.

Aunque Polonia no es responsable en última instancia de lograr el resultado que lleva esperando tanto tiempo -al fin y al cabo, son los problemas técnicos los que justifican el cierre del gasoducto y no la propia voluntad de Alemania-, Varsovia no quiere que se la asocie con las inmensas dificultades que este desarrollo ha infligido a los pueblos de Europa. Quería que Berlín asumiera la culpa, lo que habría llevado al colapso final de la influencia de su objetivo, pero ahora los responsables de la percepción en los principales medios de comunicación pueden culpar tranquilamente a Moscú, mientras intentan que todo el mundo olvide que ese era el objetivo de Varsovia todo el tiempo.

Polonia no quiere ser recordada por la energía que sus dirigentes gastaron para lograr precisamente la situación actual, porque cientos de millones de personas están sufriendo como resultado: por eso es tan importante ahora que los activistas den prioridad a asegurar que todo el mundo conozca la realidad de este hecho “políticamente inconveniente”. Los europeos tienen derecho a saber que todo esto es el resultado de una guerra híbrida polaco-estonia contra Alemania, en pos de los amplios objetivos estratégicos explicados anteriormente, aunque el punto álgido de la crisis se deba a la invocación de problemas técnicos y no a que Berlín haya caído en la trampa de cerrar el grifo por sí mismo.

Andrew Korybko https://oneworld.press/?module=articles&action=view&id=3213

(*) La expresión “golden billion” es típica en los medios rusos en los últimos años. Se refiere a la población de los países más desarrollados, que disfrutan de un alto nivel de vida, a costa del resto del mundo, empobrecido y expoliado.

Estados Unidos se prepara para una intervención más agresiva en la Guerra de Ucrania

La guerra de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia fue instigada por las grandes potencias para incorporar a Ucrania a la Alianza militar. La guerra ya ha provocado la muerte de decenas de miles de soldados y civiles ucranianos, la muerte de decenas de miles de soldados rusos, el colapso total de la economía ucraniana y la pérdida de más de una cuarte parte de su territorio.

Los principales beneficiarios de la guerra son los contratistas de defensa estadounidenses y europeos, que están registrando los mayores pedidos en décadas, y las empresas energéticas estadounidenses, que han aumentado enormemente sus exportaciones de energía al mercado europeo a precios récord, obteniendo enormes beneficios.

A pesar del desastre económico que amenaza a Europa, Estados Unidos y la OTAN no hacen más que intensificar su compromiso con la guerra. El lunes la Casa Blanca pidió al Congreso que asigne 11.000 millones de dólares adicionales a la guerra en Ucrania, además de los más de 50.000 millones ya asignados hasta la fecha.

Biden está eliminando casi todas las restricciones que quedaban a la participación de Estados Unidos en la guerra. En un artículo titulado “Por qué Estados Unidos se está volviendo más descarado con su apoyo a Ucrania”, The Hill asegura de que “Biden está armando a Ucrania con armas que pueden causar graves daños a las fuerzas rusas y, a diferencia del comienzo de la guerra, los funcionarios estadounidenses no parecen preocupados por la reacción de Moscú”.

El artículo cita a William Taylor, antiguo embajador de Estados Unidos en Ucrania: “Con el tiempo, el gobierno [de Biden] ha reconocido que puede proporcionar a los ucranianos armas más grandes, más capaces, de mayor alcance y más pesadas, y los rusos no han respondido”.

“Los rusos van de farol y les gusta exagerar, pero no fueron provocados. Al principio el gobierno de Biden estaba preocupado -y todavía lo está en cierta medida-, pero el miedo a provocar a los rusos ha disminuido”.

Como no se ha provocado a Rusia, la respuesta de los estadounidenses es intensificar su participación en la guerra hasta conseguir el resultado necesario.

El mes pasado “funcionarios de defensa dijeron que Estados Unidos enviaría por primera vez a Ucrania drones de vigilancia ScanEagle, vehículos MaxxPro fuertemente blindados y sistemas de misiles guiados antitanque Tow, así como una variedad de nuevas municiones”.

Eso se suma a los misiles antirradiación de alta velocidad AGM-88, así como a un aumento masivo del número de Himars (Sistemas de Cohetes de Artillería de Alta Movilidad) de largo alcance.

“En el futuro numerosos informes indican que Estados Unidos planea enviar municiones de artillería Excalibur guiadas con precisión, armas que pueden viajar hasta 70 kilómetros y que ayudarían a los ucranianos a apuntar a posiciones y puestos de mando rusos de difícil acceso”, sostiene The Hill.

Un funcionario estadounidense dijo: “Creo que el instinto de la gente en los departamentos y agencias, en particular Estado y Defensa y la comunidad de inteligencia, creo que su instinto es ser más previsor y más agresivo… Tenemos mucho más espacio en nuestro lado, creo, para tomar medidas que ayuden a Ucrania sin tener un temor injustificado de cómo va a reaccionar Putin”.

Los medios de comunicación estadounidenses aplauden la ofensiva ucraniana, que la Casa Blanca utiliza como pretexto para ampliar la participación de Estados Unidos en la guerra. Hasta la fecha Estados Unidos ha suministrado cientos de drones y aviones, cientos de vehículos, decenas de miles de misiles y millones de cartuchos. Pero, como señala The Hill, esto es sólo un anticipo mientras Estados Unidos se prepara para una intervención “más agresiva” en la guerra.

La reorganización militar de la OTAN en el norte de Europa

La ampliación de la OTAN para incluir a Suecia y Finlandia ya ha sido descrita como la conversión del Mar Báltico en aguas interiores de la OTAN. Esta afirmación no es del todo cierta. Pues una parte del mar Báltico pertenece a Rusia y las islas Aland, que forman parte de Finlandia, tienen un estatuto especial. Pero este es otro tema, el de la integración de las capacidades militares, ya que además de la OTAN existe una cooperación en materia de defensa entre los países nórdicos.

La cooperación nórdica en materia de defensa está formada por cinco miembros: Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia. El objetivo de la organización es reforzar las capacidades de defensa de los países participantes identificando áreas de cooperación y promoviendo soluciones eficaces.

La pertenencia de Suecia y Finlandia a la OTAN no es sólo un valor añadido. La perspectiva de la integración de la defensa nórdica ofrece la oportunidad de un cambio radical que podría transformar la defensa del Atlántico Norte. No se trata sólo de cómo gobierna Estados Unidos, sino de cómo los países nórdicos trabajan ahora juntos para dar forma a las reglas y determinar lo que Estados Unidos puede proporcionar para la defensa del norte de Europa. Es decir, Washington podría ser el probable patrocinador de la acción. Dado que el vecino más cercano y potencialmente considerado como una amenaza por los países de la OTAN es Rusia, se emprenderían hipotéticas acciones contra ese país.

En términos de geografía política, Noruega y Finlandia formarán ahora una larga frontera terrestre con Rusia. Suecia y Dinamarca (incluidas Groenlandia y las Islas Feroe) no tienen esa frontera y, por tanto, pueden pasar de la proyección del poder militar terrestre al desarrollo de las capacidades aéreas y navales.

Si se produjera una profunda transformación de la estrategia militar, los aliados de la OTAN fuera de Europa del Norte, especialmente Estados Unidos y Canadá, tendrían que reconsiderar su planteamiento a la hora de planificar operaciones en las que participen países del norte de Europa. Al hacerlo, estos mismos países tendrán un incentivo para desarrollar capacidades militares contra Rusia.

Es probable que los países nórdicos comiencen a alejarse gradualmente de las plataformas tradicionales y se centren en la integración de las capacidades de combate y la interoperabilidad para las operaciones militares. En la actualidad, los Estados nórdicos que aspiran a la cooperación en materia de defensa están considerando la creación de un mando nórdico que se integraría plenamente en la OTAN. Si esto ocurriera, no sólo se produciría un salto en las capacidades de defensa globales, sino que la OTAN podría proyectar su fuerza militar hacia el Ártico y el Atlántico.

Es probable que la Segunda Flota de la Armada estadounidense, con sede en Norfolk, asuma este papel, con sus buques desplazándose por el Atlántico y el Ártico. Hay que tener en cuenta las capacidades del espectro electromagnético y la nueva doctrina militar estadounidense de operaciones integradas de espectro completo.

También hay que tener en cuenta las capacidades de Canadá, que tendrá que aumentar su contribución con el nuevo planteamiento, especialmente para contrarrestar a Rusia en el Ártico.

El caso de Finlandia es especialmente interesante. Como puente en la Guerra Fría entre la Unión Soviética y Occidente (así como campo de batalla para la inteligencia), tras el colapso de la Unión Soviética, Helsinki respondió a la nueva era a su manera. Finlandia apoya ahora activamente a Ucrania, proporcionando sistemas de artillería. Pero en el caso de la reorganización militar del norte de Europa, la atención debe centrarse en el poder aéreo, ya que la OTAN hace hincapié en el uso de estas fuerzas en tiempos de conflicto.

Además, unos meses después de la desaparición de la Unión Soviética, los finlandeses firmaron un acuerdo de 3.000 millones de dólares con Estados Unidos para la compra de 64 cazas F-18. Esta decisión no sólo reforzó el poder militar de Finlandia, sino que también creó una base para la interoperabilidad con la OTAN. El 10 de diciembre de 2021, Finlandia anunció su decisión de comprar aviones F-35, y Suecia también ofreció comprar aviones de su propia producción. Esto indica el deseo de Helsinki de cooperar más estrechamente con aliados como Estados Unidos.

Aunque el ingreso formal de Finlandia en la OTAN todavía está lejos, los miembros de la alianza ya han empezado a planificar cómo integrar la fuerza aérea finlandesa en sus estrategias de lucha contra Rusia. Desde hace varios años, Finlandia lleva a cabo un entrenamiento transfronterizo de sus fuerzas aéreas con Noruega y Suecia. Ahora Finlandia estará totalmente integrada con los demás socios del F-35 en la región -Noruega, Dinamarca, Polonia, Países Bajos y Bélgica-, así como con otros operadores del F-35 en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania.

Esto significa que cuando los finlandeses desplieguen los F-35, formarán parte de un cinturón regional de inteligencia, vigilancia y reconocimiento que penetrará en territorio ruso y proporcionará comunicaciones integradas con él para una respuesta de fuerza. Como el F-35 no es un caza tradicional, es un sistema de combate volante cuyas capacidades aumentan con el número de F-35 en el aire. Los expertos de la OTAN ya están recomendando que se actúe lo más rápidamente posible para utilizar el F-35 como fuerza de ataque integrada capaz de atacar objetivos rusos a larga distancia en caso de conflicto.

Por lo tanto, Rusia se enfrenta a una amenaza más seria que otro miembro de la OTAN. Dada su posición, Finlandia se convierte en un Estado clave para influir en el comportamiento de Rusia en la región.

—https://www.geopolitika.ru/it/article/riorganizzazione-militare-delleuropa-settentrionale

La OTAN dirige directamente el ataque ucraniano en la región de Jarkov

El éxito táctico del ataque ucraniano en Jarkov está directamente relacionado con el aumento de la cooperación con la inteligencia estadounidense, reconoce el New York Times (*).

Desde el comienzo de la guerra, Estados Unidos está proporcionando a Ucrania información sobre los movimientos de las tropas rusas, la ubicación de los puestos de mando, los depósitos de municiones y otras instalaciones clave.

Ahora, las agencias de inteligencia estadounidenses no sólo comparten información, sino que participan directamente en la planificación de las ofensivas, asegura el New York Times.

El avance del ejército ucraniano se ha visto influenciado por el entrenamiento operativo de sus fuerzas especiales y la organización del intercambio de inteligencia operativa entre Estados Unidos y Ucrania, asegura el periódico.

Entre julio y agosto la infraestructura de recopilación y análisis de información se ajustó considerablemente.

Desde el principio de la guerra, los estadounidenses y británicos planearon cada movimiento de las tropas ucranianas y también compartieron toda la información que pudieron conseguir.

El único éxito del ejército ucraniano hasta la fecha se debe a que durante 6 meses han acaparado equipos y han puesto en reserva fuerzas entrenadas para este fin específico.

Al principio enviaron a los civiles de la defensa territorial a la picadora de carne, mientras reservaban cuidadosamente el resto de sus bien entrenadas fuerzas detrás de las líneas del frente.

Tardaron seis meses en acumular el equipo que llegaba desde el oeste, aunque ya han perdido la mayor parte del mismo.

La diferencia entre Rusia y Ucrania en este retroceso del ejército ruso es que Rusia puede avanzar de nuevo, tiene el equipo, las municiones y un armamento prácticamente ilimitado.

Ucrania, no tanto. Occidente está dando todo lo que tiene, literalmente. Todo lo que han podido acumular. Los ucranianos acabarán quedándose sin equipos y tropas y volverán a la casilla de salida.

Cuando lanzaron el ataque en le región de Jarkov, las tropas ucranianas superaban en número a las rusas en una proporción de 4 a 1. Los refuerzos en el bando ruso inclinarán la balanza de nuevo, sin ningún género de dudas. Como explicó Putin, aún no han echado toda la carne en el asador.

(*) https://www.nytimes.com/2022/09/10/us/politics/ukraine-military-intelligence.html

El ejército ruso retrocede en el frente de Jarkov ante los ataques ucranianos

Ayer por la mañana el gobierno ucraniano anunció la captura de Kupiansk. Si la información es cierta, lo cual no ha ocurrido hasta ahora, confirmaría la importancia del avance del ejército ucraniano en el frente norte, que ya capturó Balaklaya hace tres días. La represión contra la población civil ya ha comenzado.

El avance en el norte, en torno a Jarkov, iniciado hace una semana, es mucho más importante que el del frente sur, en torno a Jerson, por más que sea irrelevante desde el punto de vista estratégico.

El ejército ucraniano baila la música al ritmo que le marca la OTAN (ataques en zonas definidas del frente), y de cara a la galería. Querían ofrecer a los medios de comunicación del mundo entero un regalo de cumpleaños: “hemos llevado a los rusos a sus propias fronteras”. No lo han conseguido, al menos de momento.

Rusia está reforzando a marchas forzadas las unidades en ese sector, lo que sus simpatizantes en el extranjero consideran como una derrota, al menos parcial. Otros dicen que se trata de una trampa tendida a los ucranianos: el ejército ruso estaría a punto de cercar a las fuerzas ucranianas en los alrededores de Kupiansk. Hay quien se consuela diciendo que el avance ucraniano se ha llevado a cabo con un considerable costo de vidas y materiales, que no van a ser capaces de reponer. Por fin, los hay que piden la cabeza de Putin y el ministro de Defensa ruso, Serguei Choigu, por su fracaso.

A diferencia de un desfile militar, en una guerra se producen retrocesos y la única pregunta que cabe hacerse en el frente de Jarkov es cuánto va a durar el ataque ucraniano o, en otras palabras, el tiempo que va a tardar en volver a sus posiciones iniciales.

También habría que preguntar por el costo del ataque y si los ucranianos serán capaces de reponerse alguna vez de las pérdidas que han padecido para abrir una brecha de sólo 50 kilómetros.

Ahora bien, la situación del ejército ruso en el sector no es fácil. Tanto Kupiansk como Izyum son puntos estratégicos al norte del Donbas. Aseguran retaguardia de las fuerzas rusas, sus cuarteles generales de sector, los refuerzos, las rotaciones de unidades y sobre todo la logística vital para continuar las operaciones en dirección a Slaviansk y Kramatorsk.

Cuando el ejército ruso inicie el contraataque tampoco lo va a tener fácil para embolsar a los ucranianos en un cerco del que no puedan salir.

Guerra económica, guerra total

Un tercio de la población mundial vive sometida a algún tipo de sanciones económicas, a veces masivamente letales. Las sanciones de la ONU contra Irak en la década de los noventa mataron a cientos de miles de personas.

En enero apareció un libro de Nicholas Mulder, “El arma económica: el auge de las sanciones como instrumento de la guerra moderna” (*), que analiza la normalización de las sanciones desde la Primera Guerra Mundial para desplazar “la frontera entre la guerra y la paz”. Formalmente la guerra económica no parece una guerra, e incluso dicen que es una alternativa o un antídoto a la guerra.

Las sanciones raramente producen el efecto deseado y, a veces, se cobran un alto precio a la población sometida a ellas. En el caso de Ucrania resultan contraproducentes y se vuelven contra sus patrocinadores.

En 1919 la Sociedad de Naciones afirmó que las sanciones económicas estaban fuera del artículo 16 del Pacto fundacional. No suponían una declaración de guerra, no eran de naturaleza militar. Sólo suponían “el uso de la fuerza en tiempos de paz”, pero no alteraban la paz.

Concluyó así una determinada fase de la guerra mundial, pero no la guerra en sí, creando una era de “guerras pacíficas”. Más que un acuerdo de paz, el tratado fue un conjunto de acuerdos entre grandes potencias que prolongaron la guerra en muchas partes del mundo, como en la rusia posterior a la Revolución de 1917.

El gobierno británico inventó formas de proseguir la guerra con más sigilo y menos bayonetas sobre el terreno y recurriendo a las tácticas innovadoras. La “pax britannica” fue una época de constante agresión disfrazada de policía. El propio Estado británico consideraba las sanciones como “medidas beligerantes”. Las sanciones impuestas por la Sociedad de Naciones se entendían como un “mantenimiento del orden”, o sea de la hegemonía imperialista. Las declaraciones de guerra se volvieron superfluas porque la guerra se convirtió en un estado permanente.

De 1937 a 1945 Japón impuso sanciones a China en el marco de una guerra no declarada. Roosevelt evitó reconocer el estado de guerra entre China y Japón para no desencadenar un embargo de armas estadounidense. Tratando de combatir a las potencias fascistas “sin declarar la guerra” él mismo, tanteó el terreno, evitando incluso la palabra “sanciones”.

Del mismo modo, cuando en la crisis de los misiles Kennedy ordenó el bloqueo naval de Cuba, lo calificó como “cuarentena”. No fue una declaración de guerra sino una medida de “salud pública”.

El principal artífice de las sanciones “en tiempos de paz” fue Robert Cecil, Premio Nobel de la Paz en 1937 y ministro británico encargado del bloqueo. Cecil no reconocía la diferencia entre un civil y un militar porque las guerras coloniales del Imperio Británico tenían por objeto imponer el terror entre la población, la única manera de impedir la descolonización. Esa confusión deliberada autorizaba los bombardeos masivos e indiscriminados sobre las ciudades y pueblos, especialmente en Oriente Medio.

El imperialismo inició la época de las “guerras totales”, favorecida por la guerra química y la entrada de la aviación en el campo de batalla. En 1923, cuando Ramsay MacDonald predijo una futura guerra de “bloqueos y […] ataques aéreos […] que simplemente devastarán ciudades y campos enteros”, se refería a una guerra total que nunca se reconocería como tal. El efecto de los bombardeos era fundamentalmente “sicológico”. El número de víctimas no importaba tanto.

La guerra moderna no se libra de eufemismo propios de la demagogia. También la ONU ha diferenciado entre las medidas coercitivas que son “propiamente de guerra” y las que “preservan la paz”. Hoy las guerras, como la de Irak, se hacen en nombre de la ONU y de la paz. Que hayan muerto cientos de miles de civiles es lo de menos.

(*) https://yalebooks.yale.edu/book/9780300270488/the-economic-weapon/

El momento de la verdad en la Guerra de Ucrania

La niebla de la guerra envuelve la “contraofensiva” ucraniana en la región sur de Jerson, donde Kiev espera recuperar el territorio perdido. Pero en el sexto día de operaciones, la cámara de eco de Occidente se ha callado. No hay grandes reivindicaciones.

La actualización de hoy del Ministerio de Defensa británico prefiere insistir en cuestiones de “moral y disciplina” en el ejército ruso, en general, en sus modestos salarios y en el equipamiento básico, como “uniformes adecuados”, armas y raciones, en lugar de en la contraofensiva de Jerson.

Hay un apagón mediático en Ucrania. Todo lo que sabemos son convoyes militares de ambulancias con las sirenas a todo volumen por las calles de la ciudad de Odessa, hospitales en las regiones de Odessa y Nikolai desbordados de militares heridos y extraños llamamientos públicos a la donación de sangre. La región de Transcapatia, en el oeste de Ucrania, desde donde la 128 Brigada de Asalto a la Montaña, reclutada localmente, fue redesplegada al frente de Jerson, declaró un día de luto por sus valientes hijos que perdieron la vida.

Mientras tanto, la última palabra de Kiev es que su contraofensiva es una “operación metódica” para degradar a las fuerzas rusas en el sur, más que para obtener ganancias territoriales. El presidente Volodymyr Zelensky dijo con cierta irritación: “No estoy dispuesto a predecir cuándo ocurrirá esto (la retirada de las fuerzas rusas). No tengo las fechas exactas, pero tengo el conocimiento exacto de cómo lo haremos”.

El jueves (quinto día de la contraofensiva), Zelensky celebró una segunda reunión de la semana en el cuartel general del Comandante Supremo, pero sólo para añadir crípticamente que “también se han tomado algunas decisiones”. Creo que todos podrán ver sus resultados.

Los informes de los medios de comunicación estadounidenses afirman vagamente que las fuerzas ucranianas están logrando “avances tácticos” y se preparan “para una larga y dura batalla antes de que llegue el invierno… Los funcionarios occidentales han advertido que la contraofensiva no expulsará a las fuerzas rusas de Ucrania a corto plazo”.

Sin embargo, lograr retomar la región de Jerson y tomar el control de la orilla occidental del río sería “verdaderamente significativo”, dice la revista Político. “Una victoria así demostraría a los aliados occidentales de Ucrania que tienen razón al seguir enviando miles de millones de dólares en armas y suministros para ayudar a contrarrestar a Rusia”.

Este último punto es el quid del problema. Los suministros de armas de los países europeos a Ucrania prácticamente se han agotado y se observa una tendencia similar con los suministros de Estados Unidos.

El gobierno de Biden pide al Congreso que apruebe una ayuda adicional de 11.700 millones de dólares para Ucrania, pero esto es en previsión de la probabilidad de que el presupuesto de 2023 no se apruebe antes de la fecha límite del 1 de octubre. El anuncio de la Oficina de Gestión y Presupuesto de la Casa Blanca del 2 de septiembre reconoce que se trata de “una resolución continua a corto plazo para mantener el funcionamiento del gobierno federal”.

El comunicado de la Oficina de la Casa Blanca indica que los fondos de los paquetes anteriores para reforzar el ejército ucraniano se están agotando, con tres cuartas partes distribuidas o comprometidas, y otras más que llegarán el próximo mes. Y lo que es más importante, de los 11.700 millones de dólares solicitados por la Casa Blanca, 4.500 millones de dólares se destinarían a reponer las reservas agotadas del Pentágono, 4.500 millones de dólares a apoyar el presupuesto del gobierno ucraniano, y sólo 2.700 millones de dólares a la ayuda real en materia de defensa e inteligencia. Se espera que esta nueva ronda de ayudas dure hasta diciembre.

Zelensky debe ser un hombre preocupado. Tiene que convencer a Estados Unidos de que esa ayuda militar masiva de miles de millones de dólares merecía la pena. Pero tendrá que mostrar como mínimo un sangriento estancamiento en el frente de guerra del sur. Rusia ya está ganando la partida en el Donbass.

Siempre existe el peligro de que Zelensky vaya demasiado lejos. Los gobiernos occidentales han advertido a Kiev de que no debe dispersar sus fuerzas para capturar la mayor cantidad de territorio posible, ya que los ucranianos deben conservar los beneficios que obtengan. Los funcionarios dijeron que esperan que Ucrania reevalúe sus objetivos militares si recupera Jerson. Sin embargo, la ciudad de Melitopol, también en el sur, sigue estando demasiado lejos de las posiciones ucranianas, por lo que un ataque terrestre a Crimea en esta ofensiva no es plausible.

Ahora, todo esto se yuxtapone con el tono optimista pero la escasa información objetiva que se comparte en las declaraciones oficiales rusas sobre el frente de Jerson. Otros informes rusos indican que la “contraofensiva” ha sido prácticamente amordazada y que las fuerzas ucranianas han sufrido grandes pérdidas que se cuentan por miles. Esto suena como un escenario del día del juicio final, demasiado trágico para contarlo.

El único avance ucraniano que quedaba en la noche del sábado era una cabeza de puente en el río Ingoulets, la llamada cabeza de puente Andreevsky. Se especula que los rusos pueden haber atraído a las tropas ucranianas a una “trampa de fuego”. Los cruces de los ríos han sido cortados y los rusos probablemente están rodeando a las tropas ucranianas atrapadas en el lado occidental de los Ingoulets sin suministros ni refuerzos.

La contraofensiva ha perdido fuerza y ahora se está convirtiendo en batallas posicionales en uno o dos lugares en la dirección de Mykolayv-Krivoy Rog. También se ha mencionado un contraataque ruso en el sentido de que la línea del frente está ahora tocando la “frontera administrativa” de la zona de Mykolayv, que es una ciudad crucial en el camino hacia Odessa. También se informó de un intenso bombardeo de la ciudad de Mykolayev. Los rusos afirman haber destruido grandes cantidades de armas.

El “control de dominio” de Rusia se puede poner en perspectiva: el enemigo, por un lado, es sorprendido en la estepa desnuda y derribado con la abrumadora superioridad de la artillería y la aviación rusas, y, por otro lado, se topa con líneas defensivas bien fortificadas y atrincheradas.

Dicho esto, Zelensky no puede rendirse, ya que necesita desesperadamente una historia de éxito. Kiev aún espera cambiar la situación, pero está por ver si es factible.

Ante este sombrío panorama, cada vez hay más voces escépticas en Estados Unidos sobre la trayectoria política del gobierno Biden. El último es un artículo de opinión publicado en el Wall Street Journal por el general (retirado) Mark Kimmitt, antiguo Subsecretario de Estado para Asuntos Político-Militares en el gobierno Bush. Kimmitt predice que “es improbable que se produzca un avance” y que pronto las “carencias logísticas” podrían forzar un cambio en la estrategia estadounidense.

“La OTAN tendrá que hacer frente a la disminución de las existencias de sistemas de armamento avanzados. Esto probablemente significará hacer frente a una guerra más larga, con más bajas. Significa más presión por parte de las naciones que lo apoyan, una inflación sostenida, menos gas de calefacción y la disminución del apoyo popular”, escribe el general Kimmit.

En principio, las opciones son: 1) “profundizar en los arsenales de la OTAN retenidos para las defensas nacionales“; 2) “aumentar los déficits críticos” invocando la Ley de Producción de Defensa y sus equivalentes europeos; 3) escalar el conflicto apuntando a Crimea y a la propia Rusia; o, 4) obligar a Zelensky a enfrentarse a la sombría realidad de que las “menguantes reposiciones” de armamento contienen en realidad “el mensaje de la disminución del apoyo externo” a la propia guerra.

El general retirado de tendencia republicana concluye: “Empezar la resolución diplomática sería desagradable, y quizás se perciba como derrotista, pero con pocas posibilidades de salir del actual atolladero, puede ser mejor negociar ahora que después… un futuro de guerra prolongada, sistemas de alta tecnología decrecientes y un número creciente de bajas, el Sr. Zelensky y la OTAN se enfrentan a decisiones difíciles antes de que esas decisiones les sean impuestas”.

https://www.indianpunchline.com/moment-of-truth-in-the-ukraine-war/

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