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Categoría: Espionaje (página 11 de 13)

La CIA es un cachondeo

“Un Pearl Harbor digital”: así es como un funcionario de la CIA bautizó la publicación masiva de datos confidenciales por Wikileaks en 2017. La filtración mostró la capacidad de pirateo informático de la CIA.

Como es habitual, la fuga provino de un funcionario de la central. Sin embargo, a diferencia de los casos de Chelsea Manning o Edward Snowden, el acusado no actuó por imperativo moral, sino para vengarse de sus colegas.

Se trata del hombre que aparece en la foto de portada, Joshua Schulte, ahora encarcelado por poseer una enorme cantidad de pornografía infantil descubierta durante la investigación. Trabajaba en la Rama de Apoyo Operativo (OSB), una división de élite de la CIA.

La función del OSB era producir programas espía para ser insertados físicamente en los dispositivos seleccionados por los espías de campo o las personas reclutadas por la central.

Aunque estas misiones eran extremadamente peligrosas y altamente clasificadas, el ambiente en las oficinas del OSB, situadas en un tranquilo suburbio de Washington, se parecía más a un patio de colegio que a una unidad de espionaje. Varios funcionarios de la OSB describieron el ambiente como de cachondeo, asegura el New Yorker (*).

Los programadores intercambiaban apodos, bromas e incluso dardos de pistola Nerf. Fueron precisamente estos proyectiles de espuma los que supuestamente incendiaron el mundo cuando llegó un nuevo espía en 2015.

El comportamiento del recién llegado, más rígido que la media, hizo que Schulte lo convirtiera en su mascota, lo que incluía molestarle con su pistola Nerf. La situación se agravó rápidamente, con muchos insultos, hasta que cada uno de ellos acudió a sus superiores para quejarse del otro.

La dirección de la CIA tomó numerosas medidas para separar a los dos hombres, pero Schulte se quejaba constantemente de las decisiones tomadas en su contra, como la de ser asignado a una oficina demasiado alejada de las ventanas. Como el problema se agravó dentro de la unidad, acabó siendo trasladado a otro departamento, lo que supuso que se le negara el acceso a las aplicaciones que había desarrollado. Tras amenazar con hablar con la prensa, Schulte acabó dimitiendo.

Tras la filtración, el FBI no tardó en centrar su atención en su caso, y en sus datos. Además de su videoteca pedófila, los investigadores descubrieron búsquedas en Google sobre Wikileaks, así como aplicaciones de transferencia de datos recomendadas por el sitio fundado por Julian Assange.

Tras perder su acceso a los servidores de OSB, Schulte consiguió volver a entrar en ellos utilizando una puerta trasera que había creado previamente, asegurada por la contraseña “KingJosh3000”. Hizo una copia de seguridad exacta de los documentos filtrados.

El juicio tuvo lugar en 2020, pero giró sobre todo en torno a complejos detalles técnicos que aparentemente desconcertaron al jurado, y que al final dieron lugar a la anulación del juicio. Se inició un segundo juicio, en el que Schulte eligió esta vez representarse a sí mismo.

(*) https://www.newyorker.com/magazine/2022/06/13/the-surreal-case-of-a-cia-hackers-revenge

El espionaje estadounidense ayudó a Ucrania a matar a varios generales rusos

Estados Unidos ha proporcionado información sobre las unidades rusas que ha permitido al ejército ucraniano matar a muchos de los generales rusos muertos en los campos de batalla de Ucrania, según el New York Times (*).

Los ucranianos dicen que han matado a unos 12 generales rusos en el frente, una cifra que ha sorprendido. Pero el Pentágono se niega a decir cuántos generales han sido asesinados con ayuda de Estados Unidos. De cualquier manera, la noticia confirma la tesis de que Rusia se están enfrentando a la OTAN y a Occidente en Ucrania.

La asistencia en la selección de objetivos forma parte de un esfuerzo secreto del gobierno de Biden para proporcionar a Ucrania información en el campo de batalla en tiempo real. La información también incluye los movimientos anticipados de las tropas rusas recogidos de las recientes evaluaciones de Estados Unidos sobre el plan de batalla secreto de Moscú para luchar en el Donbas.

Estados Unidos se ha centrado en proporcionar la ubicación y otros detalles de los cuarteles generales móviles del ejército ruso, que se desplazan con frecuencia. Los oficiales ucranianos combinaron esta información geográfica con su propia información -incluyendo comunicaciones interceptadas que alertaban al ejército ucraniano de la presencia de oficiales rusos de alto rango- para llevar a cabo ataques de artillería y otros ataques que mataron a oficiales rusos.

El intercambio de información forma parte de una intensificación de la ayuda estadounidense, que incluye armas más pesadas y decenas de miles de millones de euros en ayuda, lo que demuestra la rapidez con la que han cambiado las restricciones iniciales de Estados Unidos en el apoyo a Ucrania, a medida que la guerra entra en una nueva fase.

El apoyo de la inteligencia estadounidense a los ucranianos ha tenido un efecto decisivo en el campo de batalla, confirmando los objetivos identificados por el ejército ucraniano y señalando otros nuevos. El flujo de información procesable sobre el movimiento de tropas rusas que Estados Unidos ha dado a Ucrania tiene pocos precedentes.

El gobierno de Biden ha tratado de mantener en secreto gran parte de la información sobre el campo de batalla, para que no se perciba como una escalada que provoque a Rusia a una guerra más amplia. Los militares estadounidenses son reacios a describir cómo obtuvieron la información sobre los cuarteles generales de las tropas rusas por temor a poner en peligro sus métodos de recopilación. Pero a lo largo de la guerra, las agencias de inteligencia estadounidenses han utilizado una variedad de fuentes, incluyendo satélites clasificados y comerciales, para rastrear los movimientos de las tropas rusas.

El secretario de Defensa, Lloyd J. Austin III, que aparece en la foto de portada, llegó a decir el mes pasado que “queremos ver a Rusia debilitada hasta el punto de que no pueda hacer el tipo de cosas que hizo al invadir Ucrania”.

Preguntado por la información proporcionada a los ucranianos, el portavoz del Pentágono, John F. Kirby, dijo que “no vamos a hablar de los detalles de esa información”. Pero reconoció que Estados Unidos está proporcionando “información e inteligencia a Ucrania que pueden utilizar para defenderse”.

Cuando esta noticia comenzó a circular, Adrienne Watson, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, se vio obligada a matizar: la información del campo de batalla no fue proporcionada a los ucranianos “con la intención de matar a los generales rusos“.

No todos los ataques se llevaron a cabo con la información estadounidense. El ataque a un lugar del este de Ucrania que había visitado el general Valery Gerasimov, el oficial uniformado de más alto rango de Rusia, no contó con la ayuda del espionaje de Estados Unidos, que tiene prohibido proporcionar información sobre los principales dirigentes de Rusia.

Pero la inteligencia estadounidense fue fundamental en la muerte de otros generales. Estados Unidos proporciona regularmente información sobre el movimiento de tropas y equipos rusos, y ayuda a Ucrania a confirmar la ubicación de objetivos críticos. Otros aliados de la OTAN también proporcionan información en tiempo real a los militares ucranianos.

El gobierno de Biden también está proporcionando nuevas armas que deberían mejorar la capacidad de Ucrania para apuntar a los altos cargos rusos. La versión reducida del dron Switchblade, que está llegando al campo de batalla, puede utilizarse para identificar y matar a soldados individuales, y podría acabar con un general sentado en un vehículo o dando órdenes en el frente.

Estados Unidos comenzó a proporcionar a Ucrania información de inteligencia procesable antes de la invasión de Rusia el 24 de febrero. Por ejemplo, las agencias de inteligencia estadounidenses advirtieron de un inminente ataque al aeropuerto de Hostomel, al norte de Kiev. Esto permitió a Ucrania reforzar sus defensas. Las fuerzas aerotransportadas rusas no pudieron finalmente tomar el aeródromo.

Aunque la Casa Blanca tiene cuidado de no provocar a Rusia para que intensifique sus ataques -el presidente Biden ha dicho que no enviaría tropas estadounidenses a Ucrania ni establecería una “zona de exclusión aérea” allí-, el gobierno de Washington tiene cierto interés en advertir a Rusia de que Ucrania se beneficia de la fuerza de Estados Unidos y la OTAN.

Moscú tiene que hacer sus propios cálculos, entre ellos si puede soportar una guerra que permita a la OTAN invocar su carta de defensa mutua o ir a una guerra directa. “Queremos que los rusos sepan, en algún nivel, que estamos ayudando a los ucranianos en esta medida, y que seguiremos haciéndolo”, dijo Evelyn Farkas, antigua funcionaria del Departamento de Defensa para Rusia y Ucrania en el gobierno de Obama. “Les daremos todo lo que necesitan para ganar, y no tememos la reacción de Vladimir Putin al respecto. No nos dejaremos disuadir”.

El intercambio de información se considera una forma segura de ayuda porque es invisible. La inteligencia estadounidense ha proporcionado información secreta a Ucrania en una amplia gama de áreas, desde los movimientos de las tropas rusas hasta los datos de los objetivos.

En abril Estados Unidos aumentó el flujo de información a Ucrania sobre las fuerzas rusas en el Donbás y Crimea, mientras las fuerzas militares de Kiev se preparaban para defenderse de una nueva ofensiva de Moscú en el este de Ucrania.

El general Mark A. Milley, jefe del Estado Mayor Conjunto, declaró ante una comisión del Senado que “hay una cantidad significativa de información que llega a Ucrania desde Estados Unidos”. “Hemos abierto las tuberías”.

(*) https://www.nytimes.com/2022/05/04/us/politics/russia-generals-killed-ukraine.html

El manual de instrucciones de la CIA para entender el mundo

La CIA acaba de publicar su informe anual sobre las nuevas amenazas a las que se enfrenta el mundo, o sea, Estados Unidos. Se titula “Rusia, Ucrania, Europa oriental y otros riesgos de conflicto”.

Los “expertos” del espionaje son como los de la OMS, los del Banco de España y demás. Su manual es un compendio de gilipolleces y obviedades variadas. Poco después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el asesor de Bush pronunció una frase que lo explica: “Ahora somos un imperio, y cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad”. La CIA ha hecho suyo ese mantra. La rfealidad es lo que diga la CIA; lo demás son bulos y noticias falsas.

El espionaje se rige por un principio muy simple: si de verdad conocen un secreto, no lo divulgan, así que el libro está repleto de páginas en blanco. Desde la guerra de Ucrania, dice el manual, la CIA “ha vuelto a su misión principal: la inteligencia”. La pregunta es obvia: ¿qué ha estado haciendo hasta ahora?

Refiriéndose a los datos proporcionados por la central justo antes del inicio de la Guerra de Ucrania, escriben la siguiente cursilería: “La información ha seguido fluyendo, precisa, implacable, actualizada regularmente como las observaciones meteorológicas de un tornado en desarrollo”.

En cuanto a las amenazas a las que se enfrenta el mundo, o sea, Estados Unidos, los espías siguen con sus frases vacías: “Estos retos se cruzarán e interactuarán de forma impredecible, dando lugar a efectos que se refuerzan mutuamente y que pueden suponer un reto para nuestra capacidad de respuesta, pero también para aprovechar nuevas oportunidades de actuar colectivamente con aliados y socios contra la renovada amenaza de la agresión de los Estados-nación y las nuevas amenazas a la seguridad humana”.

Como ven, la CIA no se limita a hablar en nombre del mundo sino de la humanidad, porque el origen del Homo sapiens nunca estuvo en África. Todo empieza y acaba en Langley,

El manual se complementa con la comparecencia del jefe de la central, William Burns, ante el Comité de Inteligencia del Congreso el 8 de marzo, quince días después del inicio de la Guerra de Ucrania. A muchos les sonará de lo que han escuchado en todos los canales de televisión.

A una pregunta sobre el riesgo nuclear, Burns dijo a los diputados: “En respuesta a su pregunta directa sobre un escenario en el que la OTAN y Estados Unidos se vieran directamente implicados en un conflicto militar con Rusia, la doctrina rusa es que escalamos para desescalar”.

Este es el nivel. No se esfuercen por encontrarle un significado a la frase. Ni la CIA ni su jefe dan para más, a pesar de gastar casi 100.000 millones de dólares todos los años.

A Burns los diputados le preguntan por el número de soldados rusos que han muerto en los primeros 15 días de combates y responde de una manera no menos indignante: “Con un bajo grado de fiabilidad, entre dos y cuatro mil soldados”. ¿Cómo es posible que la CIA sólo sepa el dato “con un bajo grado de fiabilidad”? Si a una pregunta tan importante, la gigantesca legión de espías de Langley no es capaz de responder fiablemente, ¿qué podemos esperar de las demás cuestiones mundiales que aborda el manual?

Afortunadamente nos consuela saber que si la CIA no sabe nada, Putin tampoco está bien informado de la realidad del mundo. Fue a la guerra “aislado”, dice Burns, basándose en “suposiciones” que resultaron ser “falsas” todas ellas. Si la CIA no sabe nada, lo que sabe Putin es equivocado… El mundo va a ciegas…

¿Realmente los tipejos de la CIA son tan inútiles como parece en el manual o se lo montan así?

La OSCE espiaba y entregaba armas al ejército ucraniano para masacrar el Donbas

La verdad sobre los crímenes del ejército ucraniano en el Donbas ha permanecido oculta durante ocho años. Tras la liberación de Mariupol, los combatientes de la República Popular de Donetsk han encontrado documentos sobre las actividades de la Misión Especial de Observación de la OSCE, que contienen pruebas irrefutables de la complicidad de la organización con el régimen de Kiev.

El personal de la misión, cabe recordar, comenzó su trabajo en Ucrania en 2014 a petición del gobierno ucraniano. Se suponía que debían “supervisar de forma imparcial y objetiva la situación” en el Donbas y “facilitar el diálogo entre todas las partes del conflicto”. Sin embargo, en realidad, las actividades de la OSCE han demostrado estar lejos de ser neutrales.

Ya se sabía. Los pueblos de las Repúblicas Populares del Donbas nunca esperaron ni “imparcialidad” ni “objetividad” de la OSCE durante los ocho años de guerra. Hicieron la vista gorda y oídos sordos a los crímenes del ejército ucraniano y nunca tuvieron en cuenta las pruebas presentadas.

Recientemente se ha revelado toda una red de espionaje que operaba bajo los auspicios de la OSCE, cuyos agentes trabajaban en estrecha colaboración con la inteligencia militar ucraniana y las centrales de inteligencia occidentales, y desde el comienzo del ataque ruso, han estado proporcionando a los neonazis de Kiev información sobre los movimientos de las tropas rusas y las unidades de las Repúblicas Populares del Donbas.

Recientemente han detenido a varios observadores de la OSCE por transmitir información a centrales de inteligencia extranjeras. Según el jefe de la República Popular de Donetsk, Denis Pushilin, se ha abierto un proceso penal por espionaje contra ellos.

Esto ha enfadado mucho al actual presidente de la OSCE, el ministro de Asuntos Exteriores polaco Zbigniew Rau, que ha considerado estas acciones “inaceptables” y ha exigido la liberación de su personal. También ha provocado la indignación del embajador de Estados Unidos ante la organización, Michael Carpenter, el mismo ex asesor de Biden que en 2020 alimentó activamente los disturbios en Bielorrusia del verano pasado. Dijo que las acusaciones de espionaje contra la misión de la OSCE en Ucrania eran falsas.

El archivo de la OSCE descubierto en Mariupol es un tesoro de pruebas. Contiene los informes de campo de los observadores desde 2014 y datos sobre todos los crímenes de guerra del ejército ucraniano que el organismo no incluyó en sus informes oficiales.

Cuando un dron del ejército ucraniano lanzó en Aleksandrovka la granada que mató Vladimir Dmitriev, un niño de de cinco años, la población corrió hacia el lugar, excepto los observadores de la OSCE, que no aparecieron. Llegaron más tarde, pero el hecho de que procediera de un dron militar ucraniano no se mencionó en el informe.

Otro ejemplo de la inacción del personal de la OSCE es el secuestro de Andrey Kosiak, un observador de nacionalidad rusa. Fue capturado por un grupo de reconocimiento del ejército ucraniano a la vista de los observadores de la OSCE, cuyos vehículos se encontraban muy cerca. El caso no apareció en sus informes.

También han descubierto un almacén de granadas de mortero de fabricación italiana en el garaje de un edificio del bulevar Primorsky de Mariupol, donde se encontraban las oficinas de la organización. A juzgar por las marcas de las cajas, fueron embaladas para su entrega por mar a más tardar el 11 de marzo de este año.

Resulta que la misión internacional no sólo espiaba para el ejército ucraniano, sino que también les suministraba armas. Es extraño que una organización de vigilancia suministre armas a uno de los bandos de la guerra. El alboroto malsano por la captura de personal de la OSCE por parte de las milicias de la República Popular de Donetsk y los artículos de desprestigio en los medios de comunicación occidentales son comprensibles.

Actualmente, la OSCE tiene prohibido operar en el territorio de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. Se ha ordenado a su personal que abandone el Donbas.

La única pregunta es: ¿no estaba claro desde el principio para quién trabajaba esta organización? “Por supuesto, todas las estructuras occidentales similares -llamadas de control, llamadas de derechos humanos, llamadas de regulación- no son neutrales”, comentó la subdirectora del Centro de Evaluaciones Geopolíticas, la analista política Nataliya Makeyeva. “Sólo trabajan en su propio interés y para lograr sus objetivos tácticos y estratégicos”.

A nadie se le habría ocurrido registrar en Donetsk a los funcionarios de la OSCE que trabajaban allí y que tenían fama de ser observadores ciegos y sordomudos. Pero si no te pillan no eres un ladrón. Irrumpir en los domicilios de estos observadores y realizar un registro sin ninguna excusa razonable es algo que suelen imaginar los medios de comunicación occidentales, que acusan a los servicios de seguridad del Donbas de ser implacables.

A mayor abundancia, la misión de la Cruz Roja Internacional en la República Popular de Lugansk también ha sido prohibida, porque fue sorprendida espiando para el ejército ucraniano.

Todas esas estructuras, dondequiera que aparezcan y bajo cualquier pretexto maravilloso y plausible, trabajan en favor de los intereses de Occidente y, por lo tanto, contra Rusia. Hoy en día, incluso la ONU, que se creó para mantener y reforzar la paz y la seguridad internacionales, ha dejado en general de cumplir su función. En gran medida, ahora actúa contra Rusia y a favor de los intereses de Occidente.

—https://svpressa.ru/politic/article/332554/

Rusia está perdiendo la ciberguerra en Ucrania frente a Starlink

Desde las primeras etapas de la guerra, Rusia está perdiendo la batalla de las comunicaciones via satélite en el este de Ucrania frente a la constelación Starlink, propiedad del Pentágono. El ejército ruso no ha consiguido bloquear internet en Ucrania y todos sus intentos de limitar o interceptar los flujos de datos han fracasado.

El nuevo sistema de satélites que Starlink ha puesto en el espacio para el Pentágono incluye tecnologías clasificadas que permiten a los nazis atrapados en la acería de Mariupol tener acceso a las redes e internet incluso bajo tierra.

Starlink y SpaceX evidencian las limitaciones de Rusia en telecomunicaciones. Que una potencia como Rusia no haya recurrido a la ciberguerra en Ucrania o no haya podido competir con el Pentágono es otra de sus muestras de debilidad y atraso tecnológico en lo que a inteligencia artificial concierne.

Desde las primeras horas de la operación rusa, las estaciones de repetición, las torres de transmisión y toda la infraestructura de telecomunicaciones ucraniana fueron blancos militares de la artillería rusa con sistemas de armas de alta precisión. El sistema de telecomunicaciones ucraniano fue aniquilado en muy pocas horas, hasta que el Pentágono puso en marcha su último y más novedoso recurso: Starlink. En menos de veinte minutos, todo el este de Ucrania estaba conectado a la red más rápida que ha existido desde la aparición de internet. Esta red se expandió gradualmente y coexistió sin ninguna interferencia con la red rusa.

En el oeste de Ucrania, donde Starlink no se ha activado del todo, la conexión a internet deja mucho que desear. En el este, el Pentágono ofrece una nueva red que parece superar en prestaciones a las mejores redes actualmente en funcionamiento.

Starlink proporciona acceso a las telecomunicaciones a los ucranianos y también a los rusos, por una razón obvia: permite detectar, localizar e identificar en tiempo real de todos los soldados, vehículos y equipos rusos conectados a internet, lo que incluye, además de los sistemas dedicados, todos los teléfonos móviles en posesión de personas en el este de Ucrania y el oeste de Rusia.

Starlink ha sustituido así la infraestructura que tenía un país por su propia infraestructura digital en la órbita terrestre baja. Gracias a Starlink, el Batallón Azov ha vencido los potentes sistemas de interferencia electromagnética de Rusia y sigue conectado con los cuarteles generales de la OTAN en Polonia, Rumanía y otros lugares.

Los equipos Starlink ofrecidos a Ucrania forman parte de la ayuda militar de Estados Unidos a ese país. Dado el carácter secreto de la red de satélites militares, resulta extremadamente difícil, si no imposible, neutralizar las telecomunicaciones de la OTAN y de Ucrania. Hasta ahora los rusos no han logrado encontrar las claves y los códigos del protocolo Starlink. Sólo los chinos son capaces de cartografiar la red satelital, lo que explica que el Pentágono considere a China como el rival más formidable para la hegemonía estadounidense, y no a Rusia.

Rusia está pagando el precio de no haberse liberado antes de los gigantescos monopolios de internet (Google, Microsoft, Apple, Facebook) que, como se ve, no son otra cosa que maquinarias de guerra electrónica.

Espionaje a los políticos españoles: mucho ruido y pocas nueces

Como si estuviéramos leyendo un cuento de hadas para críos, o viendo una película de dibujos animados, nos encontramos ante una pandilla de demócratas que están alarmados, dicen, por el motivo de un espionaje por medio de una aplicación informática dentro de sus teléfonos.

Claman al cielo algunas señorías, diciendo que se está vulnerando el estado de derecho, que se debe crear una comisión de investigación parlamentaria, que se tienen que pedir responsabilidades, que… y después de unas declaraciones con mucho deleite y poco provecho, sentados en sus sillas parlamentarias, cobrando cada mes un buen sueldo, esperan que el temporal esparza y sin más consideraciones que las derivadas de la sacrosanta Constitución y los famosos derechos escritos en ella, esperan que el agua vuelva a su cauce.

Y los llamados “activistas sociales”, nombre estrafalario si hay que definirlo de alguna manera, también se desgarran las vestiduras porque los han espiado.

Es auténticamente pueril pensar que el Estado no hará uso de todos sus instrumentos, tanto legales como ilegales para saber que dicen y hacen sus amigos y enemigos, pues una de las premisas para mantener el estatus de poder es disponer de los más mínimos detalles de las personas que de una forma u otro pueden ayudar a mantenerlo. Y si en algún momento se desvela lo que hacen los servicios secretos, es debido a que otros intereses contrapuestos en esta lucha por el poder, abren la caja de Pandora y esparcen unas pequeñas migajas para tener entretenido al personal televidente.

Es una competencia asignada a los servicios secretos espiar, controlar, seguir, chantajear, amenazar y si conviene matar. Aquí y en cualquier lugar del mundo. Y si esto no lo tienen en cuenta las persones u organizaciones que dicen querer cambiar el estado de las cosas, pero hacen el mismo papel que los pavos cuando se acerca la Navidad. Enchufados permanentemente al móvil, explicando venturas, aventuras y desventuras, almacenando centenares de datos de otras personas, teléfonos, correos, etc., no hacen sino facilitar el trabajo de los servicios secretos.

Una de las premisas básicas, de cualquiera que pretenda formar parte de una organización más o menos enfrentada con el poder establecido es la discrecionalidad, es tener cuidado que nadie pueda saber lo que se tiene entre manos, es lo que años atrás se llamaba “vigilancia revolucionaria” que gracias a la cual los sistemas represores no pudieron realizar más estragos.

Pero, parece ser que se ha puesto toda la fe en un catecismo llamado Estado de Derecho, y que los administradores de turno de este Estado se deben a los ciudadanos. Bien es verdad que desde la escuela ya se llenan las cabezas con estas mentiras y después las armas de destrucción informativa van haciendo el resto.

Carlos Barrachina, en una impresionante investigación sobre el papel de los militares en la transición española (1), hace un análisis exhaustivo sobre los servicios secretos españoles, desde el CESEDEN (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional), posteriormente el SECED (Servicio Central de Documentación) dedicado a controlar la “subversión interna”, el CESID (Centro Superior de Información de la Defensa) y después CNI (Centro nacional de Inteligencia).

El SECED nace a partir del movimientos estudiantil de 1968, y organiza un servicio de información dentro de las universidades (posteriormente recibe el nombre de “Organización Contrasubversiva Nacional” (OCN) que inicialmente disponía de unos cinco mil colaboradores en doce delegaciones regionales, y que a partir de 1972 intensifica las relaciones, -al mismo tiempo que espía y controla-, con grupos políticos clandestinos, grupos económicos y sociales y con todo tipos de personas que con el paso de los años serían los que conformarían la nueva clase política.

Nos habla del archivo Jano (por el nombre del dios romano de las dos caras), en el cual bajo la cobertura de defensa contra la subversión y el terrorismo, tenía espiados, archivados, controlados con pelos y señales, no a supuestos terroristas, sino a empresarios, políticos, sindicalistas, clérigos, profesionales, etc., que una vez conocidas sus virtudes y debilidades, serían necesarios para una tranquila transición mediante la operación “Promesa”. Asimismo, por medio de la operación “Lucero” los servicios secretos prepararon con tiempo la muerte de Franco. Y por medio de la operación “Alborada” movieron todos los resortes para organizar la coronación del Rey. Como también organizaron la vuelta de Tarradellas, así como en su momento ayudaron a organizar el golpe de estado interno del PSOE en su XXVI Congreso realizado en Suresnes (Francia) en octubre de 1974.

Según el general Peñaranda, organizador de este archivo, la filosofía no era controlar la gente “peligrosa”, sino todo lo contrario, la prueba es que de unas ocho mil fichas de personas, tan solo unas doscientas eran calificadas como de “no deseables”. El objetivo era saber más que nadie de las personas que podían tener la posibilidad de ocupar algún cargo en el futuro.

El control y espionaje sobre las personas es más viejo que andar descalzo y los servicios secretos españoles no son diferentes de cualquier otro, y también como cualquier otro, está en riesgo de que algunas migajas de sus actividades se hagan públicas como ocurrió el 12 de Junio de 1995 cuando el diario El Mundo publicaba a primera página: “El CESID lleva más de 10 años espiando y grabando a políticos, empresarios y periodistas”.

Aquella información supuso la dimisión del Vicepresidente del Gobierno, Narciso Serra, del Ministro de Defensa, Julián García Vargas y del director del CESID, Emilio Alonso Manglano. Y se inició una etapa de reorganización de los servicios secretos que culminó con la aprobación de la Ley 11/2002, de 6 de mayo, reguladora del Centro Nacional del Inteligencia (CNI) (2).

El 23 de mayo de 1984 el CESID creó el proyecto “Gabinete de Escuchas” que recogía la forma de “pinchar” los teléfonos móviles por medio del “Centro de Vigilancia del Espectro Radioeléctrico”. La declaración ante la fiscalía del director del CESID Emilio Alonso Manglano en fecha 19 de junio de 1995, dice así: “En 1984 se adquirió un equipo profesional que podía cubrir el 30% del área de Madrid. Este sistema estaba compuesto por un receptor de la marca Rohde Schwarz capaz de recibir emisiones entre 20 y 500 MHz. Dicho receptor se completaba con una grabadora para obtener registros de las emisiones detectadas”.

Y en el mes de septiembre de 1995, el diario El Mundo publicaba documentos que relacionaban el Gobierno con la guerra sucia contra lo que denominaban terrorismo. Entre estos documentos estaba el acta fundacional de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación) y la afirmación del conocimiento que tenía desde 1983 el CESID así como habían informado de ello a Felipe González.

Todo ello acabó con un arresto de cuatro meses para el coronel Juan Alberto Perote, y aquí paz y allá gloria (3).

Han pasado los años y parece una antigüedad de museo las cámaras fotográficas, los micrófonos escondidos, las antenas y las cintas magnetofónicas, pues ahora los instrumentos utilizados son mucho más sofisticados, vía satélite, dotados de algoritmos, de reconocimientos de voz, de cara, de ubicación, de escucha permanente…, y para hacerlo funcionar centenares o miles de especialistas informáticos reclutados en todas las universidades.

Pero da la impresión que el estado mental mayoritario no es consciente que vivimos efectivamente en una parodia del Mundo Feliz de Huxley y que una obsesión de la clase y casta dominante es obtener el control total y permanente de la población para recoger en cada momento inquietudes, desalientos, euforias, enfados, desafecciones, obediencias… y poder actuar en consonancia, al tiempo que se imparten las órdenes oportunas en los espacios propagandísticos escritos y audiovisuales para modular comportamientos y maneras de pensar.

Así pues, no es ninguna novedad que los servicios secretos espíen a quién crean conveniente. Es su función. De lo que se trata es de no facilitarles la tarea por parte de aquellas personas que dicen querer pensar en otra manera de vivir y otro tipo de sociedad.

Pero es todavía más preocupante que “amplios sectores sociales” a todos niveles imploren que se pongan cámaras de reconocimiento en las calles, en las escuelas, en los mercados, en los espacios deportivos, de ocio… para “nuestra seguridad”. Así pues no hay que lamentarse de lo que hacen los servicios secretos, puesto que pronto mucha gente, como ha pasado durante la proclamada pandemia que se convirtieron en “policías de balcón” denunciando al vecino o vecina que salía a la calle, ahora harán de espías para velar quién echa la basura al contenedor equivocado, son los aprendices sin sueldo de los servicios secretos españoles.

Tenemos que pensar una utopía si no queremos vivir una distopía.

(1) Carlos Barrachina, El regreso a los cuarteles: militares y cambio político en España 1976-1981
(2) Antonio Díaz Fernández. Universidad de Burgos. El servicio de inteligencia español a la luz de la teoría de la organización https://www.resdal.org/producciones-miembros/art-diaz-05.pdf
(3) https://www.elmundo.es/espana/2017/05/10/59119d72268e3e85668b459d.html

Ucrania albergó una de las cárceles secretas de la CIA en la que torturaron a los yihadistas detenidos

En 2007 uno de los eurodiputados que investigó los centros de tortura de la CIA en Europa, Giovanni Fava, descubrió en Ucrania una de aquellas cárceles secretas, así como una pista de aterrizaje que fue utilizada por los aviones que transportaban a los yihadistas detenidos de un país a otro.

El año anterior la cadena rusa RTR había divulgado un documento del ejército ucranio con las órdenes para construir un centro para alojar a 10 presos y a 10 guardias y una carta del Ministerio de Exteriores ucraniano de julio autorizando el aterrizaje en Ucrania del ya famoso Gulfstream IV N85VM, uno de los jets privados utilizados en 103 vuelos de la CIA.

La cárcel secreta estaba en un bosque próximo a Kiev, cerca de la frontera con Polonia. Según Fava se trata del complejo militar Makarov, un edificio con galerías subterráneas y cercado con alambradas.

En una rueda de prensa Fava y su colega italiano Giulietto Chiesa citaron el documento del ejército ucraniano autorizando el aterrizaje de un avión Gulfstream operado por la CIA en cinco ocasiones en agosto de 2005. “El avión fue utilizado sistemáticamente por la CIA”, dijo Fava en la rueda de prensa.

Anteriormente la CIA utilizó el avión para el traslado del clérigo egipcio Osama Moustafa Hassan Nasr, también conocido como Abu Omar, que fue secuestrado en una calle de Milán, antes de ser trasladado a bases militares estadounidenses en Italia y Alemania y, finalmente, a Egipto.

En septiembre de 2006, el presidente estadounidense, George Bush, reconoció la existencia de una red de cárceles secretas que la CIA utilizó para interrogar a sospechosos de terrorismo antes de enviarlos al penal de Guantánamo.

No es ninguna casualidad que la mayor parte de las cárceles secretas de la CIA estuvieran emplazadas en los países que habían formado parte del antiguo bloque socialista, reconvertidos en colonias de Estados Unidos y sus centrales de inteligencia.

En un informe publicado en 2007, el investigador suizo Dick Marty acusó a la CIA de dirigir prisiones secretas en Polonia y Rumanía para interrogar a los yihadistas. Afirmó que los prisioneros solían estar encadenados y esposados, desnudos y aislados.

Según el informe del Parlamento Europeo, algunos países europeos habían aceptado y ocultado el secuestro de al menos 21 yihadistas detenidos, así como su traslado a cárceles clandestinas, donde se les interrogó en muchos casos bajo tortura.

El informe calculó en al menos 1.245 los vuelos de la CIA sobre territorio europeo. Entre 2002 y 2007 pasaron por España medio centenar de vuelos con dirección a Guantánamo. El transporte de los secuestrados se llevó acabo con el conocimiento de los gobiernos respectivos, dijo Fava.

<p style=»font-size: x-small;»>—https://elpais.com/diario/2007/11/15/internacional/1195081208_850215.html</p>

El papel de la CIA en el Golpe de Estado fascista de 2014 en Ucrania

En 2016 se publicó el libro “The CIA as Organized Crime: How Illegal Operations Corrupt America and The World” de Douglas Valentine (1), con varias referencias interesantes a Ucrania, que no deben pasar desapercibidas, como el papel de una oscura ONG llamada United Action Centre (UAC), que tuvo un papel destacado en el Golpe de Estado de 2014.

El UAC es la típica organización paraguas vinculada a varios proyectos desestabilizadores, uno de los cuales es la campaña Nuevos Ciudadanos, que reúne a unas 40 ONG y, según el Financial Times, jugó un papel destacado en el golpe.

El libro “Flashpoint in Ukraine” (2) demuestra que el gobierno de Obama derrocó al legítimo gobierno ucraniano para poner a otro repleto de neonazis y sicarios de Estados Unidos. El UAC no fue más que una herramienta de camuflaje.

Si se buscan a los financieros del UAC, aparecen siempre los mismos protagonistas de las primaveras y revoluciones de colores de las últimas décadas: USAID, NED, Soros, Rockefeller… Ahora nos interesa destacar a otro de ellos, Pierre Omidyar, de quien se suele decir que es el dueño de eBay y poco más. En realidad, Omidyar es la CIA.

Según el Kyivpost, un diario de la capital ucraniana, el UAC recibió más de 500.000 dólares en 2012, que es una cantidad insignificante. En cualquier caso, lo que está claro es que más de la mitad del dinero provino de Pact Inc, un proyecto financiado por la USAID. Casi el 36 por ciento provino de Omidyar. Otros donantes son la NED y la International Renaissance Foundation, cuyo principal financiero es el omnipresente Soros.

Omidyar: entre el Sha de Irán y la Ucrania de Zelensky

Pierre Omidyar nació en París y sus padres se trasladaron a Maryland cuando era joven. Parece que son de ascendencia iraní. Su madre era lingüista de farsí y desde 2016 presidía el Instituto del Patrimonio Cultural Roshan. Hay poca información disponible públicamente sobre su padre, incluido su nombre. Al parecer, fue urólogo o cirujano en el John Hopkins, y si ese fuera el caso, su nombre debería ser público. Pero no es así. El secreto sugiere algún tipo de conexión con los servicios de inteligencia, quizás con el tipo de círculos de emigrantes de élite que la CIA cultiva en Estados Unidos.

La antena de la CIA en Irán fue una de sus principales bases para las operaciones contra la URSS. La CIA y el Mosad crearon el Savak, el servicio de seguridad interna del Sha que, a cambio, autorizó a la CIA para realizar operaciones clandestinas contra la URSS desde suelo iraní.

Omidyar se gastó una insignificante cantidad de dinero para situar a la UAC y sus 40 ONG en Ucrania. El modelo es siempre el mismo, tanto en Irán como en Ucrania, y la UAC es una plataforma para llevar a cabo operaciones de sabotaje contra los rusos. Bajo su cobertura la CIA llevó a cabo operaciones de piratería informática, penetración en la dirección de la policía, movilizaciones contra la corrupción, milicias privadas…

Entre la CIA y Omidyar hay al menos una conexión comercial evidente: ambos invirtieron dinero en InnoCentive, una empresa que comercializa tecnología de crowdsourcing. En el caso de la CIA participó Inqtel, su empresa de capital riesgo. Son socios.

El UAC coordina a políticos y periodistas con expertos en asuntos internacionales y relaciones públicas. Son personas involucradas en la gestión de la información, tanto en los medios como en las universidades.

El objetivo de la UAC era crear una plataforma para la OTAN en Ucrania, un nuevo Guantánamo. Pocos años después de la creación de la UAC, el hijo del entonces vicepresidente Biden se incorporó al consejo de administración de la mayor empresa productora de gas de Ucrania: Burisma. Hunter Biden dirige el departamento jurídico de Burisma y sirve de enlace con las organizaciones internacionales.

Dos años depués del golpe, Natalie Jaresko, se hizo con el control de Datagroup, la empresa que controla el mercado de las telecomunicaciones en Ucrania. Jaresko ocupó en su día un alto cargo en el Departamento de Estado, coordinando las agencias de comercio y de negocios que trataban con los países de la antigua Unión Soviética, incluida la Overseas Private Investment Corporation.

En tiempos de Clinton fue jefa de la Sección de Economía de la Embajada de Estados Unidos en Ucrania y adquirió la ciudadanía ucraniana el mismo día de su nombramiento como ministra de Finanzas de Ucrania en 2014. Entonces Jaresko exprimió a su competidor, el propietario de Datagroup, utilizando el tipo de estafa de deuda de préstamos en moneda extranjera favorecida por los padrinos de la mafia y sus sicarios. Así es como trabajan los buitres: sobrecargan de deuda a los países y las empresas, y luego los saquean a fondo.

La mafia y la CIA

En el extranjero la CIA recurre a los bajos fondos para recabar información y chantajear a políticos y periodistas. Se apodera de los archivos de la policía secreta de un país, o utiliza investigadores privados para obtener información sucia sobre las personas, y luego les tiende una trampa. Este tipo de operaciones no las pueden realizar abiertamente personas como el hijo de Biden o Jaresko o redes de relaciones públicas, como el UAC. Los chantajes en el extranjero se tienen que hacer en secreto a través del crimen organizado, y ahí es donde entra en juego la CIA.

Otras veces los medios de comunicación juegan el papel central. Las elecciones se ganan y se pierden mediante campañas negativas, aireando trapos sucios, escándalos fabricados y tergiversaciones… La verdad no importa porque después del recuento de votos nadie se acuerda de nada.

La CIA abre y cierra cuentas de Twitter, de Facebook y redes sociales para movilizar a la sectores de la población con tópicos, como la corrupción, o lemas insustanciales que valen para cualquier país en cualquier momento de su historia. En mayo de 2016 Twitter cortó a las centrales de inteligencia de Estados Unidos el acceso a un servicio que tamiza la producción de las publicaciones en la red (3). Una pantalla de la CIA, la Open Source Enterprise, había contratado a través de Inqtel con Dataminr el espionaje de los ciudadanos estadounidenses.

¿Por qué la CIA necesita a las ONG como intermediarias?

Durante la Primera Guerra de Indochina la CIA compró muchas propiedades de forma clandestina para tener oficinas y pisos francos. Entre 1952 y 1955 compró grandes edificios en el centro de Saigón a precio de ganga porque cada vez que hay una guerra, el precio de la vivienda se desploma. Algunos de ellos los cedieron a ONG y organizaciones civiles.

Clyde Bauer, el oficial de la CIA que dirigía Air America en Vietnam en los primeros tiempos, creó el Consejo de Relaciones Exteriores, la Cámara de Comercio y el Club de Leones de Vietnam del Sur para crear una red civil de complicidades. Es lo mismo que hizo en Ucrania con el UAC. Como toda organización mafiosa, la CIA fabrica cómplices y sicarios, que son el vivero del que luego surgen los políticos, los periodistas, los universitarios, los jueces…

El siguiente paso es controlar los servicios secretos. Lo hicieron en Vietnam y luego en Ucrania. Ofrecen entrenamiento y dispositivos de alta tecnología a los espías y policías, los corrompen y los utilizan para sus propios fines, como utilizaron a la Savak en Irán.

La CIA se infiltra en los partidos políticos parlamentarios y en cuanto un político bajo su tutela está en su puesto, sea reaccionario o progre, puede elevarlo a ministro de Defensa o de Interior. Esos ministros siempre están en la nómina de la CIA porque son los que nombran a militares, policías y diplomáticos que sirven a sus verdaderos amos.

(1) https://ia803000.us.archive.org/18/items/DouglasValentineTheCIAAsOrganizedCrime2016
(2) Stephen Lendman, Flashpoint in Ukraine: How the US Drive for Hegemony Risks World War III, Atlanta, Clarity Press, 2014.
(3) Eamon Javers, Why Twitter chose to do battle with the CIA, CNBC, 13 de mayo de 2016.

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