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Categoría: Economía (página 60 de 101)

La siderurgia europea agoniza por la superproducción y la inflación

En los últimos años ha habido mucha preocupación por la escasez de metales especiales -como el litio o el cobalto- necesarios para los coches eléctricos y las energías renovables. Pero quizá sean los metales más comunes los que puedan causar otro tipo de problemas en Europa. La industria metalúrgica europea está en crisis, no sólo por la inflación sino también por la superproducción.

En primer lugar, está el acero. En los últimos días, como ya hemos explicado, el gigante ArcelorMittal ha anunciado una serie de medidas para reducir la producción de sus aceros planos en Gijón y siete centros de Francia.

Sólo uno de los altos hornos de Dunkerque sigue produciendo, después de que uno de los tres se cerrara este verano, al igual que el tercero, que ya estaba en mantenimiento. La siderúrgica también ha anunciado el cierre de otros tres altos hornos en Alemania y Polonia.

Se trata de decisiones poco frecuentes, porque el proceso de producción de acero fundido -con fuegos continuos- es largo y complejo de reiniciar tras una parada.

Otro fabricante de acero, Ascometal, interrumpirá su actividad durante dos o tres semanas en diciembre en sus plantas de Moselle y Bocas del Ródano.

En el caso de los metales no férreos (todo lo que no es hierro ni acero), es esencialmente el aumento del coste de la electricidad lo que ha llevado a 40 productores europeos a dar la voz de alarma.

Las fábricas de aluminio, zinc, cobre, níquel y silicio afirman que su propia existencia está amenazada, a pesar de que ya han realizado reducciones de actividad sin precedentes en los últimos 12 meses. La producción europea de aluminio -que sólo cubre la mitad de las necesidades de la Unión Europea- ya se ha reducido a la mitad, a menos de un millón de toneladas, al igual que la producción de zinc. Europa debe importar ahora tres cuartas partes de su consumo.

El 6 de este mes Aluminium Dunkerque, uno de los mayores monopolios europeos del aluminio, anunció una reducción del 22 por cien de su producción, debido a la subida del coste de la energía.

Rusia entra en ‘quiebra’ y el capital financiero subasta su deuda

Hoy un consejo de acreedores subasta la deuda rusa para compensar a los especuladores que han contratado un seguro contra el impago de la deuda por parte de Rusia. JPMorgan estima el importe en 2.370 millones de dólares y los medios de comunicación hablan de “quiebra”, algo extraño cuando Rusia apenas debe dinero a nadie, a diferencia de España.

El impago de la deuda externa rusa es el primero desde la Revolución de 1917, aunque en realidad hoy Rusia no está en quiebra. Su deuda externa asciende a 40.000 millones de dólares y su deuda pública no llega al 20 por cien de su PIB, frente al 120 en España.

La balanza de pagos de Rusia nunca ha estado mejor. Los ingresos por la exportación de hidrocarburos han alcanzado máximos debido a la subida de los precios. En los primeros seis meses de este año Rusia ha recaudado 97.000 millones de dólares, de los que 74.000 millones proceden del petróleo.

El consejo de acreedores es un organismo del capital financiero internacional facultado para evaluar si los Estados o las empresas están pagando a tiempo sus deudas y, en caso contrario, activar el seguro.

Compuesto por los principales bancos y fondos de inversión, el consejo debe decidir si hay un impago de Rusia y si se activan los mecanismos financieros que sirven de seguro contra el impago de la deuda, conocidos como CDS (“credit default swaps”).

Su oficina de Londres ha llegado a la conclusión de que Rusia ha incumplido el pago de un crédito vencido, lo que ha desencadenado la decisión de subastar la deuda rusa.

La subasta funciona como un mecanismo de quiebra que, en el caso de Rusia, no se ha anunciado oficialmente porque, a causa de las sanciones económicas, las agencias de calificación no pueden evaluar la deuda rusa.

El reconocimiento del impago de Rusia no cambia nada. Desde el inicio de la Guerra de Ucrania las sanciones la han aislado de los mercados internacionales de capitales. Los especuladores internacionales no pueden negociar con activos rusos.

El capital financiero internacional ha quedado atrapado en sus propias contradicciones: no se puede negociar con activos rusos, pero el sistema de subastas exige que se negocien. Estados Unidos han tenido que hacer una excepción política.

Es posible que la subasta no se celebre porque el capital financiero de la City londinense rinde duelo por la muerte de Isabel II.

La Unión Europea quiere limitar el precio del gas pero no sabe cómo

Varios Estados miembros de la Unión Europea quieren limitar el precio del gas, independientemente de su origen, es decir, no sólo del gas ruso, como había defendido inicialmente Ursula von der Leyen. Sin embargo, no son capaces de llegar a un acuerdo.

Ante las divergencias, la Presidencia checa de la Unión Europea convocó un consejo extraordinario de ministros de Energía para el viernes. Más allá de la voluntad de limitar los precios del gas, la reunión acabó como una jaula de grillos. No hubo acuerdo sobre el alcance de los topes a los precios del gas.

El miércoles Ursula von der Leyen presentó cinco medidas para frenar los precios de la energía, entre ellas, limitación del precio del gas ruso que llega por gasoducto. Pero los ministros han pedido que se analice un tope para el resto del gas importado por la Unión Europea.

Es el caso de Croacia, que durante la sesión se mostró partidaria de “limitar el precio del gas, independientemente de su origen”. Una posición que también defiende Polonia.

El límite del precio del gas es una cuestión de mercado y complicada. La limitación del precio de las importaciones de gas licuado podría constituir un riesgo para la seguridad del suministro de la Unión Europea, porque el gas licuado es un mercado mundial donde la competencia es cada vez más feroz. Por lo tanto, es difícil estar en una posición fuerte para negociar.

Francia aboga por una ampliación del régimen que gozan actualmente España y Portugal. La ampliación de este mecanismo también cuenta con el apoyo de Suecia, mientras que Italia y Austria se han mostrado a favor de desvincular los precios del gas de los de la electricidad.

Además de la creación de un tope, la compra colectiva de gas en toda Europa, siguiendo el modelo de la compra de vacunas, permitiría negociar precios más bajos. Esta opción también ha sido ampliamente impulsada por los ministros de energía de la Unión Europea. Sin embargo, por el momento no se ha realizado ninguna compra conjunta de gas.

Francia emprende la carrera hacia la economía de guerra

El ministro francés del Ejército, Sebastien Lecornu, y la industria armamentista quieren acelerar la producción de guerra. Se trata de producir más armas, nuevas armas y más rapidamente, eliminando los trámites burocráticos con las empresas fabricantes.

Conjuntamente, el gobierno y la industria anunciaron su compromiso de adaptarse a la “economía de guerra” en la que ha entrado Francia.

“No estamos en guerra, pero desgraciadamente tenemos que prepararnos para ella. La economía de guerra significa estar preparado para no sufrir”, con “equipos suficientes y suficientemente rápidos en caso de conflicto importante”, dijo el miércoles el ministro al término de una mesa redonda que reunió a representantes de las empresas francesas de defensa y a los jefes de Estado Mayor del Ejército.

El gobierno está elaborando un plan de acción para aumentar los ritmos de producción y reducir el tiempo de entrega del armamento y, de hecho, el tiempo administrativo necesario para pasar de la adjudicación de un contrato a la entrega del equipo.

Esta necesidad la plantearon hace varios años los militares y empresarios. Incluso fue objeto de un informe presentado por los diputados Patricia Miralles, actual secretaria de Estado del Ministerio de las Fuerzas Armadas, y Jean Louis Thieriot, en un informe sobre la preparación del ejército francés para una guerra de alta intensidad.

La Guerra de Ucrania confirma que el consumo de munición (proyectiles, bombas y misiles) es aterrador durante un choque de alta intensidad. Sin embargo, los ejércitos franceses tienen escasas reservas.

“No podemos seguir viviendo con la gramática de hace un año”, dijo el Jefe de Estado francés el pasado mes de junio al inaugurar la gran feria de defensa y seguridad terrestre Eurosatory, subrayando la necesidad de “ajustar los recursos a las amenazas”.

“Todo esto no se hará de la noche a la mañana”, comentó Lecornu. El ejército francés ha establecido un listado prioritario de 10 de armas con la industria de guerra, cuyos plazos de producción deben reducirse, dijo el ministro.

En cuanto al gasto militar, Thieriot calcula que se necesitan “entre 3.000 y 6.000 millones de euros, además de los 3.000 millones ya presupuestados en la Ley de Programación Militar”, para reconstruir las existencias de municiones francesas.

Los trabajadores tienen que trabajar 5 días más que el año pasado para pagar la luz

La Confederación Europea de Sindicatos ha calculado el número de días de trabajo necesarios para pagar las facturas anuales de energía en cada país de la Unión Europea, según los precios y salarios de julio de este año. Esto hace que las comparaciones sean más relevantes, ya que se tienen en cuenta las disparidades de ingresos.

Para un trabajador que cobra el salario mínimo, en España son necesarios 38 días para pagar la factura anual. Por lo tanto, debe trabajar durante más de un mes para pagar la luz. En Portugal basta con 35 días y en Alemania con 33.

Pero no todos los países de la Unión Europea imponen un salario mínimo a sus empresas. Por ello, la Confederación Europea de Sindicatos ha hecho el mismo cálculo con el salario medio. El resultado es que en España se necesitan 24 días de trabajo para pagar la factura de la electricidad, mientras que en Francia basta con 20 días.

Sin embargo, los obreros europeos cada vez tienen que dedicar más días a pagar la factura de la luz. Los españoles tienen que trabajar 5 días más que el año pasado, mientras que los holandeses y griegos tienen que trabajar diez días más y los italianos 9.

Ante estas cifras, la vicesecretaria general de la CES, Esther Lynch, ha dicho que “millones de trabajadores ya tenían dificultades para pagar sus facturas antes de la crisis y ahora se les pide que paguen unos precios de la energía disparados, mientras los salarios pierden valor cada día”.

Por el contrario, “los ejecutivos y accionistas de las empresas energéticas cosechan beneficios récord a su costa”, añade Lynch.

La crisis va a costar vidas este invierno, concluye la sindicalista. “Es hora de garantizar aumentos salariales justos, limitar los precios de la energía, gravar los beneficios excesivos y ayudar a los hogares más pobres”.

—https://www.etuc.org/fr/pressrelease/les-couts-actuels-de-lenergie-representent-des-mois-de-salaire

El metal del demonio

En la Bolsa de Metales de Londres al níquel lo llaman “el metal del demonio” por la volátilidad de su cotización. Puede subir o bajar varios cientos de dólares por tonelada, e incluso un movimiento de más de mil dólares no asusta a los especuladores. Todo lo contrario: los puede llevar al éxtasis.

Pero la noche del 7 al 8 de marzo fue una pasada. La tonelada de níquel saltó de 30.000 a 100.000 dólares. “El mercado del niquel ha explotado”, tituló la agencia Bloomberg (*). La Bolsa convocó una reunión de urgencia para decidir si cerraba. Por si no lo saben los que tanto hablan de neoliberalismo: lo que determina el precio no es sólo el mercado, la oferta y la demanda, sino el regulador, que es quien abre y cierra las puertas del mercado.

La Bolsa de Londres decidió que no cerraba y la cotización del niquel se triplicó en 24 horas. No había precedentes. Finalmente la Bolsa no sólo acabó cerrando las puertas durante varios días sino que anuló todas las transacciones e impuso los precios que se debían pagar por el níquel: 80.000 dólares. Las reglas del juego cambiaron sobre la marcha, lo que benefició a algunos y arruinó a los demás.

Por ejemplo, Tsingshan Holding Group, que fabrica acero inoxidable en Wenzhou, en el sur de China, perdió 2.000 millones de dólares en un abrir y cerrar de ojos. A pesar de que la empresa es filial de un gran banco público chino, la Bolsa tuvo que concederle un plazo adicional para que pudiera pagar el precio. Una vez vencido, la empresa tampoco pudo pagar.

Fue totalmente insólito. Las causas son las que pueden suponer: Rusia es el mayor exportador del mundo y la Guerra de Ucrania acababa de empezar. Es más de lo mismo: los precios no dependen sólo de la oferta y la demanda sino de factores que los “expertos” no son capaces de sospechar siquiera.

Hacía años que la cotización del niquel venía subiendo en la Bolsa de Londres. Antes de la pandemia estaba en 12.000 dólares. El motivo tampoco fueron los mercados sino las políticas verdes: el niquel es un componente del acero inoxidable y los vehículos eléctricos. Más que el litio, el cobalto o las tierras raras, el níquel forma parte del conjunto de recursos naturales que se utilizan en las nuevas técnicas necesarias para la “descarbonización”.

Para aumentar la densidad de las nuevas baterías son necesarios cátodos con un alto contenido de níquel, lo que podría multiplicar por nueve la demanda de la materia prima antes de 2030, que es la fecha mágica señalada por las políticas verdes de Bruselas.

Está claro que la transición ecológica es sólo para los grandes millonarios, a quienes no les importará que la elevada cotización del níquel les obligue a pagar 1.000 euros más por cada vehículo eléctrico, ni las nuevas tasas sobre las autovías, ni la subida de los precios de la electricidad.

Pero aunque puedan pagar el precio, no es seguro que haya materia prima en el mercado. Es posible que haya vehículos eléctricos en las carreteras, pero no haya electricidad. Todo depende de Rusia y de las sanciones a Rusia. Mientras, los monopolios se curan en salud. Volkswagen y Mercedes-Benz han firmado acuerdos con el gobierno canadiense para asegurarse el suministro de níquel.

Una vez más, no es el mercado sino el Estado quien abre (o cierra) el grifo para que los grandes monopolios puedan comprar y vender.

(*) https://www.bloomberg.com/news/articles/2022-03-14/inside-nickel-s-short-squeeze-how-price-surges-halted-lme-trading

Amazon acaba con 100.000 trabajadores menos en tres meses

Tras los confinamientos, Amazon adelgaza, especialmente en España. En el segundo trimestre, la plantilla de Amazon se redujo en unos 100.000 puestos de trabajo, hasta 1,52 millones, la mayor contracción trimestral de la historia de la empresa.

Para reducir su volumen operaciones de reparto en medio de la ralentización del crecimiento de las ventas, ha abandonado docenas de instalaciones existentes o previstas en Estados Unidos.

Todavía tienen que hacer algunos recortes importantes antes de que acabe el año, tanto en Norteamérica como en el resto del mundo. La multinacional se ha comprometido a poner fin a la expansión de la época de los confinamientos, que generó un exceso de espacio de almacén y demasiados trabajadores.

La empresa ha cerrado o cancelado planes para abrir 42 instalaciones que suman casi 2,5 millones de metros cuadrados de espacio útil. La empresa ha retrasado la apertura de otros 21 centros, que suman más de 2,5 millones de metros cuadrados. El gigante del comercio electrónico también ha cancelado un puñado de proyectos europeos, principalmente en España.

La empresa ha reducido el número de trabajadores dejando puestos vacantes, frenando la contratación y endureciendo las normas disciplinarias o de productividad. Pero los trabajadores se preparan para más cierres. El mes que viene Amazon cerrará dos estaciones de reparto en Hanover y Essex, cerca de Baltimore, que emplean a más de 300 trabajadores.

Estos movimientos contrastan con los de años anteriores, cuando la mayor empresa de comercio electrónico del mundo entraba en el otoño apresurándose a abrir nuevas instalaciones y a contratar a miles de trabajadores para la temporada de compras navideñas.

—https://www.bloomberg.com/news/articles/2022-09-02/amazon-closes-abandons-plans-for-dozens-of-us-warehouses

ArcelorMittal cerrará dos altos hornos en Europa, uno de ellos el de Gijón

La siderúrgica ArcelorMittal, segundo fabricante de acero del mundo, cerrará “temporalmente” dos altos hornos en Europa, uno de ellos el de Gijón. Un comunicado oficial de la empresa, publicado el viernes, dice que el motivo es el aumento de los precios de la energía y las políticas de transición ecológica que está imponiendo la Unión Europea.

En Alemania la empresa cerrará dos instalaciones debido a los precios exorbitantes de la energía, que afectan fuertemente a la competitividad de la producción de acero. “A eso hay que añadir la debilidad de la demanda del mercado, las perspectivas económicas negativas y la persistencia de los elevados costes de CO2 en la producción de acero”, señala el comunicado.

El monopolio afirma que en Alemania “ya no se pueden explotar todas las instalaciones de forma rentable”. Destaca la ralentización de la industria del automóvil, que suele ser uno de los principales clientes de la siderurgia. Por ello, uno de los dos altos hornos de la planta de producción de acero plano de Bremen estará cerrado “desde finales de septiembre hasta nuevo aviso”.

“Los elevados costes del gas y la electricidad pesan mucho en nuestra competitividad”, explica Reiner Blaschek, jefe de ArcelorMittal Alemania. También denunció el nuevo impuesto sobre el gas que entrará en vigor el 1 de octubre en Alemania, destinado a evitar la quiebra de los importadores y distribuidores de gas.

En la acería larga de Hamburgo, donde ArcelorMittal produce alambrón, también se cerrará una planta a partir del cuarto trimestre. “El funcionamiento de la planta ya se ha reducido en un 80 por cien aproximadamente”, asegura el director de la obra. Allí, al igual que en Bremen, reducirán la jornada laboral.

A finales de este mes también cerrarán la fábrica de Gijón “temporalmente”. La situación se agrava por el gran volumen de acero importado de productores no europeos que no se ven afectados por el aumento de costes ligado a las cuotas de emisión de CO2 de la Unión Europea, dice un comunicado de la empresa.

En Francia no tienen previsto cerrar los altos hornos, pero sí ralentizar la actividad en Dunkerque (norte). Dos altos hornos están ya parados, uno por mantenimiento y el otro desde julio, en el marco de la “descarbonización” de la planta.

El mayor de los tres altos hornos, el número 4, que por sí solo representa más de la mitad de la capacidad de producción de acero en Dunkerque, sigue en funcionamiento.

También en el centro de Dunkerque se aplicarán medidas de ahorro con menor recurso a trabajadores temporales, vacaciones anticipadas, posibilidad de actividad parcial en función de las plantas.

A finales del año pasado, ArcelorMittal tenía 16 altos hornos en Europa.

La nacionalización de las eléctricas es otro engaño para consumo de la progresía

Se habla mucho sobre de los precios de la luz y el gas. Y se habla mucho de qué hacer con ellos. Las ganancias récord reportadas por las energéticas han sido tan escandalosas, que tanto en la prensa como en el público surge el debate político de una solución a este problema.

Una solución a menudo discutida es la nacionalización, o renacionalización, de los proveedores de energía.

Tanto la Ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, como Podemos han apoyado públicamente esta medida. Discretamente, Ribera apoyó a principios de agosto la idea de fundar una empresa eléctrica pública que aglutine las concesiones hidroeléctricas una vez expire su plazo de concesión. «Yo creo que esto puede ser muy relevante junto a la modificación de las reglas de mercado de generación», llegó a decir.

El espejo es la decisión del presidente francés, Emmanuelle Macron, de nacionalizar el 100% de Electricité de France (EDF), la principal empresa del sector de Francia. El Estado, que ya tenía el 84% de las acciones, se hará cargo ahora del 16% restante.

En el mismo sentido se había pronunciado días atrás el ex primer ministro Gordon Brown, el cual propuso renacionalizar “temporalmente” las empresas que “no consiguen bajar las facturas”. Esta última versión, maś parecida a la opción tomada por el gobierno del PSOE y Podemos (un impuesto temporal a las empresas energéticas cotizadas), contiene una sutileza que para nada es menor.

La historia oficial es que la situación en Ucrania (entre otras cosas) está elevando los precios del petróleo, el gas y la energía en general, aunque España haga compras minoritarias en los países del Este europeo.

Si el producto que vende se vuelve más caro de obtener, sus ganancias disminuyen porque está pagando más por sus materias primas. Si luego aumenta los precios para tener en cuenta los costos adicionales, sus ganancias permanecen iguales .

Las ganancias récord (y crecientes) significa que no hay un aumento en los costes. Es aumento de precios, y cuando todas las empresas del mercado lo hacen, es que están fijando precios, y eso es un delito contra el mercado y los consumidores, máxime en un momento de supuesta «emergencia energética».

Estas ganancias récord no son ningún secreto. Han sido publicadas por multitud de medios corporativos que tienen entre sus principales accionistas a las empresas a las que señalan. ¿Se están pegando un tiro en el pie?. Lo más probable es que no.

El modelo nacionalizador que está en mente no es el que muchos «izquierdistas» tienen en mente y que desde luego celebrarían si lo hiciera el gobierno progresista. Aquí no va a haber despidos de altos directivos, ni entrada de las Fuerzas Armadas en las refinerías. Quien lo piense así se ha olvidado del país en el que vive.

El modelo español es el modelo SAREB o Bankia: un saneamiento contable a cuenta del Estado para luego su reingreso en el «mercado libre», lo que viene a ser una socialización de las pérdidas de toda la vida.

Y si los medios corporativos han hecho semejantes insinuaciones es porque hay algo en mente, alguna circunstancia que va a llevar al Estado a recaudar para sanear. Algo que ya se empieza a intuir en las compensaciones previstas para los «topes a la energía» o que ya ocurre con el subsidio al consumo de combustible, donde previamente las compañías subieron tanto los precios que la recaudación vía impuestos es similar a cuándo éstos se encontraban dentro de la «normalidad».

El Real Decreto 14/2022 que aprueba las medidas de ahorro energético establece disposición adicional segunda establece una aportación al sector eléctrico de 1.360 millones de euros procedente de los Presupuestos Generales del Estado de 2022, es decir, que en la práctica, los topes, los límites, las «excepciones» y demás terminología pseudotécnica vuelven a encubrir un engaño masivo para garantizar la transferencia de rentas al gran capital.

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