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Los generosos donantes de armas a Ucrania quieren que alguien pague la factura

En Bruselas crece el resentimiento, aunque las lamentaciones sólo se oyen en los pasillos, cuando no hay micrófonos enfrente. Washington se está llevando la mejor parte de la guerra y Europa paga la factura, decía Político el 24 de noviembre (*). La Unión Europea compra gas estadounidense a un precio cuatro veces superior al que solía comprar a Rusia y tiene los arsenales de armas vacíos, lo que le obliga a comprar armas estadounidenses a un coste extremadamente elevado.

Los altos cargos de la Unión Europea acusan a Estados Unidos de enriquecerse con la guerra. Además, Biden va a conceder subvenciones masivas a las empresas que operen en su suelo. Europa teme que cientos de empresas abandonen el Viejo Continente para instalarse en la otra orilla del Atlántico.

Rusia ha acertado. A finales de octubre Lavrov reveló claramente la estrategia estadounidense: desindustrializar Europa e inundarla de armas estadounidenses. “Cada vez más economistas, no sólo en Rusia sino también en Occidente, han llegado a la conclusión de que Estados Unidos está intentando agotar y desindustrializar la economía europea”, afirmó.

“Los alemanes están deslocalizando gran parte de sus cadenas de producción a Estados Unidos, con todas las consecuencias que ello implica para Europa. A Washington le interesa debilitar militarmente a Europa, obligarla a permanecer en estado de alerta, inundar Ucrania de armas y llenar los arsenales militares europeos con armamento estadounidense”, añadió Lavrov.

Para el diplomático ruso, los europeos son los grandes perdedores de la guerra. “Los europeos sufren mucho más que Estados Unidos las sanciones económicas”.

Al principio Kiev sólo recibió sistemas antitanque y artillería, pero ahora ha conseguido tanques y reclama aviones e incluso submarinos. Europa es incapaz de satisfacer la demanda de armas, mientras Estados Unidos monopoliza el mercado. Cuanto más material de guerra europeo se recicle en Ucrania, más beneficios para la industria militar estadounidense.

No es nada personal, sólo negocios. No hay ninguna solidaridad europea con Ucrania. La ayuda no es desinteresada. Algunos de los países donantes exigen compensaciones a la Unión Europea para comprar nuevas armas, que sólo Estados Unidos puede suministrar.

Polonia exige que la Unión Europea compense el coste de los tanques entregados a Ucrania, según declaró esta semana el Primer Ministro polaco, Mateusz Morawiecki. Varsovia ya ha entregado cerca de 250 tanques T-72 a las fuerzas ucranianas y también tiene la intención de enviar tanques alemanes Leopard 2 de sus reservas. “Sí, pediremos una compensación, por supuesto. Será otra prueba de la buena fe de la Unión Europea”, declaró Morawiecki.

Estonia también pretende que le reembolsen su ayuda militar a Ucrania. Según Katri Raudsepp, representante del Centro Público de Inversiones en Defensa del Ministerio de Defensa, por el momento Bruselas ha aprobado una compensación para Tallin de 156 millones de euros, que se ingresarán en el presupuesto estonio para reforzar el potencial de defensa del país de aquí a 2027. Sin embargo, los estonios esperan recibir un total de 400 millones de euros.

Desde noviembre los arsenales de los países pequeños de Europa han agotado sus existencias de armas y municiones y 20 de los 30 miembros de la OTAN los tienen significativamente mermados.

Eslovaquia fue uno de los primeros en exigir la devolución del dinero gastado en la entrega a Ucrania de sistemas antiaéreos soviéticos S-300 por valor de 130 millones de dólares. La semana pasada, la portavoz del Ministerio de Defensa eslovaco, Martina Koval Kakascikova, declaró que su país estaba dispuesto a suministrar a Kiev tanques T-72 siempre que recibiera a cambio un moderno blindaje occidental. Y el jefe de Defensa, Jaroslav Nad, habló de planes para enviar cazas soviéticos MiG-29 a Ucrania.

El apetito de Kiev no para de crecer. Tras obtener tanques soviéticos y lanzacohetes múltiples estadounidenses Himars, Ucrania quiere tanques modernos para lanzar la ofensiva que la OTAN le exige. El grupo de contacto de la OTAN debatió la semana pasada el aumento de la ayuda militar a Ucrania en la base aérea de Ramstein. Sus participantes no llegaron a un acuerdo sobre la entrega de tanques. Pero esta semana Scholz y Biden anunciaron su decisión de entregar los modelos más modernos, el Leopard 2A6 y el M1 Abrams.

El mismo día Zelensky anunció su reunión con el Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg. “Tenemos que desbloquear las entregas de misiles de largo alcance a Ucrania, es importante que ampliemos nuestra cooperación en artillería, tenemos que conseguir que se entreguen aviones a Ucrania. Esto es un sueño. Y ese es el objetivo”, afirmó Zelensky.

Por su parte, el viceministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Andrij Melnyk, declaró en una entrevista a NTV que, tras suministrar al ejército ucraniano tanques Leopard 2, Alemania también debería entregar a Kiev cazas Panavia Tornado o Eurofighter Typhoon, buques de guerra y submarinos. “Necesitamos barcos para proteger el litoral, tenemos una costa muy larga. También necesitaremos submarinos para prevenir el peligro de un nuevo ataque desde el Mar Negro”, afirmó Melnyk.

En realidad, el ejército ucraniano nunca podría operar todo ese material de guerra. Es una manera de exigir que los equipos militares lleguen acompañados de los especialistas de la OTAN capaces de manejarlos en un campo de batalla.

A finales del año pasado la embajadora de Estados Unidos ante la OTAN, Julianne Smith, declaró que los miembros de la alianza están escasos de armas y municiones debido a la gran cantidad de ayuda militar entregada a Ucrania. Según ella, la industria militar occidental busca actualmente reactivar e implementar la producción de armas.

Uno de los objetivos de Washington es destruir la industria militar de la Unión Europea y hacer que sus países miembros dependan de los suministros de armas estadounidenses. Es posible que Washington conceda a los europeos un descuento en la compra de material militar, incluidos los Abrams. Lo hará para que Europa tenga más tiempo para comprar esos tanques que para reiniciar la producción de Leopard. El dinero obtenido por los estadounidenses será suficiente para desarrollar un tanque de nueva generación y comenzar su producción.

Estados Unidos también podrá desplegar otros equipos en Europa, que se enviarán a Kiev. Scholz ha declarado que Alemania no suministrará aviones de guerra a Ucrania. Pero lo mismo decía de los tanques. Los aviones de guerra seguirán la misma rutina: los europeos entregarán sus aviones para recibir a cambio cazas F-35, una chatarra de fabricación estadounidense.

Hace años algunos dirigentes europeos hablaron de crear un ejército europeo. Ahora Estados Unidos se está asegurando de que si finalmente se forma algo parecido, nunca dispondrá de armamento propio, sino exclusivamente estadounidense. El ejército europeo seguirá siendo dependiente de Estados Unidos.

(*) https://www.politico.eu/article/vladimir-putin-war-europe-ukraine-gas-inflation-reduction-act-ira-joe-biden-rift-west-eu-accuses-us-of-profiting-from-war/

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Japón y Países Bajos se suman al bloqueo tecnológico de Estados Unidos contra China

Japón y Países Bajos han llegado a un acuerdo con Estados Unidos para imponer restricciones a China en la industria de los semiconductores. Delegaciones de ambos países estuvieron en Washington para escuchar una amplia gama de bloqueos con el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Jake Sullivan (*).

El portavoz de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Kirby, reconoció que ambas delegaciones hablaron de cuestiones que son “importantes” para los tres, “y, desde luego, la seguridad de las tecnologías emergentes esta en el orden del día”, declaró a la prensa.

Entre los temas tratados figuraba la restricción de las exportaciones de equipos de fabricación de semiconductores a China. Conseguir que Países Bajos y Japón impongan controles más estrictos a las exportaciones chinas es una importante victoria diplomática para Biden, que en octubre anunció un bloqueo para impedir el acceso de Pekín a la tecnología estadounidense de fabricación de chips, con el pretexto de frenar sus avances tecnológicos y militares.

Las empresas japonesas podrían seguir vendiendo componentes no avanzados a China en virtud de la normativa, y cualquier descenso de los envíos a China podría cubrirse a medio y largo plazo aumentando la producción en regiones como Estados Unidos, Alemania e India.

La fragmentación del mercado mundial sigue, pues, su curso y el servilismo de los aliados hacia sus jefes de Washington es imprescindible para estrechar el cerco económico a China.

Estados Unidos intenta mantener su hegemonía y, a través del bloqueo tecnológico, asesta un golpe al conjunto de la economía china, perjudicando su industria de manera permanente, especialmente en inteligencia artificial y computación cuántica.

Huawei sólo fue un comienzo. Más que un competidor, era un enemigo, una amenaza para la infraestructura de telecomunicaciones de Estados Unidos y, por ello mismo, de todo el mundo. Al gigante chino lo retrataron como un caballo de Troya moderno, porque en su plataforma 5G tenía una supuesta puerta trasera que nunca han mostrado.

El nudo es el concepto de “fusión tecnológica”, que repite la noción de la tecnología de “doble uso” de la Guerra Fría: las tecnologías avanzadas tienen fines tanto comerciales como militares, son parte esencial del capitalismo monoplista de Estado.

Las empresas privadas han entrado en la lista negra del Departamento de Comercio de Estados Unidos por motivos de seguridad nacional. El último caso es el de TikTok. Los pretextos militares y de seguridad esconden que la tecnología china se acerca peligrosamente a lo que hasta ahora era un coto reservado a las empresas estadounidenses.

El año pasado Estados Unidos aprobó la Ley Chips, por la que el Estado apoyará la innovación tecnológica, es decir, dinero público para grandes empresas privadas. El gobierno cierra una puerta, la extranjera, y abre otra, la autóctona, porque el libre comercio ya no existe. El capital también tiene pasaporte y visado.

En Washington se creyeron sus propias leyendas: la “mano invisible” de Adam Smith seguía funcionando. En 1964 la investigación financiada con fondos publicos era del 1,9 por cien del PIB; en 2020 había caído al 0,7 por cien y la hegemonía tecnológica se les escapaba de las manos. El Estado (el ejército) tiene que salir al rescate de los monopolios privados, una vez más.

(*) https://www.reuters.com/world/officials-netherlands-japan-washington-chip-talks-2023-01-27/

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Ocupación, expropiación y construcción de viviendas públicas asequibles

En todas las ciudades del mundo, un número cada vez mayor de trabajadores no pueden comprar vivienda, tampoco puede alquilarla, ni hay viviendas sociales, mientras la especulación marcha viento en popa.

Berlín es un ejemplo, como otro cualquiera. El 85 por cien de los berlineses habita en viviendas de alquiler. La diferencia es que en 2021 se celebró un referéndum para expropiar todo el parque de viviendas de las empresas propietarias que tuvieran al menos 3.000 unidades de alquiler dentro de la ciudad. El referéndum fue convocado por el Ayuntamiento de la capital, dominado por la socialdemocracia, porque nunca creyó que el resultado pudiera resultar favorable a la expropiación.

El referéndum fue favorable a la expropiación. Algo más del 59 por cien de la población votó a favor de expropiar un parque de unas 200.000 viviendas. El Ayuntamiento tuvo que inventar una estratagema para eludir el resultado del referéndum: formar un “comité de expertos” encargados de examinar la viabilidad real de la expropiación.

Era una manera de ganar tiempo y enfriar el compromiso. A mediados de diciembre los “expertos” presentaron su informe, concluyendo que la expropiación era factible.

El Ayuntamiento había perdido el tiempo y el informe llegaba en el peor momento, ya que a mediados de febrero hay nuevas elecciones municipales y la vivienda será un elemento importante de la campaña de los partidos, que no están por la labor. En un país “democrático” como Alemania todos piensan en la mejor manera de pasar por encima del resultado de un referéndum.

Incluso Die Linke, los “progres” alemanes, se inclina por buscar soluciones menos “radicales”, como un aumento de las ayudas a la vivienda, para seguir poniendo parches a un problema acuciante sin solucionarlo nunca.

La solución al problema de la vivienda, en Berlín y en cualquier otra gran metrópoli, pasa por tres ejes: la ocupación, la expropiación y la construcción de viviendas públicas asequibles.

En cualquier otro caso, dentro de 50 años los precios de las viviendas seguirán subiendo porque ocurre lo mismo que en todos los mercados capitalistas: hay superproducción. La oferta privada de viviendas aumenta, pero los salarios de los trabajadores no son suficientes para pagarlas, lo que da lugar a otra paradoja característica del capitalismo: cada vez se construyen más viviendas, pero van a parar a manos de especuladores y quedan vacías.

La superproducción no impide que los precios sigan aumentando porque las presiones inflacionarias son más fuertes. El problema de la vivienda, pues, será cada vez más acuciante.

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Francia y Alemania reciben más ayudas de la Unión Europea que los demás

París y Berlín reciben casi el 80 por cien de las subvenciones de la Unión Europea, según las últimas cifras publicadas por la Comisión Europea. En marzo del año pasado, Bruselas modificó las normas de concesión de ayudas públicas a los países de la Unión Europea para hacer frente a las consecuencias económicas de la Guerra de Ucrania. Berlín y París recibieron el 77 por cien de todos los programas aprobados.

El nuevo procedimiento ha agilizado y facilitado la concesión de créditos blandos, subvenciones y garantías públicas a las empresas que intentan evitar la quiebra debido al aumento de los precios de la energía, las interrupciones de la cadena de suministro y las sanciones a Rusia.

Berlín recibió más de 356.000 millones de euros en ayudas económicas aprobadas por la Comisión Europea, es decir, el 53 por cien del total de ayudas de emergencia de la Unión Europea. Francia el 24 por cien, es decir, 161.000 millones de euros. Se asignaron 672.000 millones de euros a los programas de la Unión Europea.

El tercer puesto lo ocupó Italia, que recibió 51.000 millones de euros, es decir, el 7,65 por cien de la ayuda total. En cuarto lugar se situó Dinamarca, con 24.000 millones de euros (3,5 por cien). Los demás países de la Unión Europea recibieron en conjunto menos del 12 por cien del importe total de las ayudas públicas aprobadas por la Comisión Europea, es decir, unos 78.000 millones de euros.

La desigual distribución de la ayuda ha alarmado a los países de la Unión Europea. La cuestión de las subvenciones es ahora una de las más acuciantes en la Unión Europea, y no sólo por el empeoramiento de las relaciones con Rusia. Una nueva fuente de preocupación fue la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) de Estados Unidos, que introduce un enorme programa de desgravaciones fiscales y reembolsos directos que apoya las tecnologías ecológicas fabricadas en Estados Unidos.

En los próximos diez años, Estados Unidos concederá hasta 369.000 millones de dólares a empresas que pretendan producir o invertir en la creación de productos como paneles solares, turbinas eólicas, bombas de calor, vehículos eléctricos y electrolizadores. La condición es que la mayor parte de la producción se realice en el país.

Los europeos temen que la repentina inyección de dinero provoque un desplazamiento de la capacidad de producción de Europa a Estados Unidos, dejando cientos de fábricas vacías y miles de personas en paro.

No existe un consenso interno sobre las posibles respuestas de la Unión Europea. Francia y Alemania reclaman más subvenciones e incluso una estrategia “Made in Europe” para impulsar la industria autóctona. Sin embargo, otros países, como Países Bajos, Irlanda, Polonia, la República Checa y los países nórdicos, piden más cautela a la hora de relajar las normas sobre ayudas públicas. “Si las empresas europeas quieren producir energía, fabricar baterías, coches eléctricos y producir acero sin combustibles fósiles en el futuro, necesitan las condiciones adecuadas para ser competitivas”, declaró el Primer Ministro sueco, Ulf Kristersson.

También pidió que “se aborde con carácter prioritario la respuesta común de la Unión Europea al plan de subvenciones estadounidense, pues considera que la respuesta está en aumentar la productividad y competitividad de las empresas europeas”.

Las economías de los países europeos son muy interdependientes, por lo que la ayuda a los Estados más desarrollados también debería afectar a los demás miembros de la Unión Europea. Sin embargo, los datos del año pasado sugieren que son sobre todo los países con suficiente solidez financiera, es decir, Francia y Alemania, los que se benefician del aumento de las ayudas públicas.

La distribución de las subvenciones no refleja la contribución de los países más desarrollados a la economía europea. El país con mayor volumen de producción en la Unión Europea es Alemania, que representó el 27 por cien del volumen total de productos vendidos en la Unión Europea en 2021. Le siguen Italia (16 por cien), Francia (11 por cien) y España (8 por cien).

La parte de las ayudas concedidas a París y Berlín supera con creces su papel en el total de la producción europea. Alemania y Francia representan el 38 por cien de la producción industrial. Incluso si se toman otros indicadores, la contribución de estos países a la economía europea no será significativamente mayor. Por ejemplo, Alemania y Francia representan el 42 por cien del PIB total de la Unión Europea. Al mismo tiempo, el año pasado recibieron casi el 80 por cien de toda la ayuda asignada.

Una distribución así sólo puede suscitar malestar en otros países europeos porque París y Berlín utilizan su poder para recibir una cantidad desproporcionada de ayuda, dejando a los países más pobres de la Unión Europea en un aprieto.

—Philippe Rosenthal https://www.mondialisation.ca/pourquoi-la-france-et-lallemagne-recoivent-elles-plus-daide-de-lue-que-les-autres/5674364

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Google puede ser desmantelado en virtud de las leyes antimonopolio

El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha presentado una denuncia contra Google, al que acusa de monopolizar el mercado de la publicidad en línea. El gigante de las búsquedas en internet utilizó métodos ilegales para eliminar, o reducir drásticamente, cualquier amenaza a su dominio de las tecnologías de publicidad digital, declaró el martes el Departamento en una nota enviada a los medios.

El Ministerio y ocho Estados norteamericanos, entre ellos California y Nueva York, piden al tribunal que condene al grupo californiano por infringir la legislación sobre competencia, que obligue a la empresa a pagar daños y perjuicios y, por último, que ordene la venta de sus actividades relacionadas con la publicidad en línea.

Se trata de la segunda denuncia presentada por el ministerio contra el grupo californiano desde la toma de posesión de Biden hace dos años. El primero, relativo al dominio de su motor de búsqueda, irá a juicio este año.

Google ha sido multada en el pasado por infracciones de la legislación sobre competencia, incluso por la Unión Europea. En Estados Unidos, el monopolio ya se enfrenta a demandas iniciadas a finales de 2020 por una coalición de estados, encabezada por Texas. Acusan a Google de haber intentado expulsar a toda la competencia manipulando las subastas publicitarias.

El holding acapara más de una cuarta parte de todo el gasto en publicidad digital y más de la mitad de todos los ingresos publicitarios procedentes de las búsquedas en línea. Aunque Google se ha enfrentado a una competencia cada vez mayor en los últimos años, su cuota de mercado sigue siendo inigualable. Podría verse obligado a vender parte de su negocio publicitario.

A Google le puede pasar y le pasará lo mismo que a Microsoft en su momento: el desmantelamiento en virtud de las leyes antimonopolio que pretenden impedir la concentración de capital en muy pocas manos.

El abuso de una posición dominante tiene siempre como objetivo destruir todas las iniciativas de los demás capitales, que un día podrían convertirse en amenazas, y los monopolios matan evidentemente la creatividad y por tanto el progreso.

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‘Se acabó la era de los trabajadores tecnológicos felices’

Los recortes de empleo en la industria tecnológica han alcanzado un nuevo nivel. No se ha agotado el primer mes del año y los empleos suprimidos han alcanzado ya un tercio del total del sector el año pasado: 241.000 despidos.

Amazon ha enviado a la calle a 18.000 trabajadores. La empresa matriz de Google, Alphabet, ha despedido a 12.000 trabajadores. Microsoft a unos 10.000, Salesforce a 7.000, Cloud Software Group a 2.000 y Spotify ha anunciado el de otros 600 más.

Los despidos en otras 200 empresas tecnológicas, incluidos 1.100 puestos de trabajo en Capital One, 950 en CoinBase, 900 en la empresa de juegos Black Shark y 800 en Crypto.com suponen que el sector ha perdido un 6 por ciento de la fuerza de trabajo en el mundo.

Las plataformas de criptomonedas siguen quebrando. Las cotizaciones bursátiles han caído, a pesar de que debería tratarse de un sector con mucho futuro por delante. Se suponía que ese futuro era prometedor. Había que poner el dinero ahí.

También se suponía que una fuerza de trabajo cualificada tendría mejores condiciones laborales que la convencional, pero las previones han vuelto a fallar. En definitiva, un trabajador siempre es un trabajador.

Las causas son la superproducción, el empobrecimiento masivo y, naturalmente, el monopolismo. Una multinacional puntera, como Alphabet/Google, con una capitalización bursátil billonaria, despide a un parte de sus trabajadores para ahorrarse unos pocos céntimos.

En un sector, como el tecnológico, a los trabajadores despedidos les cuesta cada vez más encontrar otro empleo. Muchos de ellos ya no están a la altura de las nuevas exigencias profesionales. “Se acabó la era de los trabajadores tecnológicos felices”, titulaba el New York Times. Se acabó el trabajo a distancia, el pago de dietas, las largas vacaciones y los salarios de alta gama.

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La militarización del sistema financiero internacional

Recientemente se ha celebrado en Singapur una reunión de países del sudeste asiático sobre la militarización del dólar. Inclusos los más fieles aliados de Estados Unidos están preocupados por las sanciones, los embargos y el uso continuo del sistema financiero internacional como un arma en manos de Estados Unidos. Ese arma puede volverse en contra de cualquiera.

George Yeo, antiguo ministro de Asuntos Exteriores de Singapur, afirmó que “si se militariza el sistema financiero internacional, se desarrollarán alternativas para sustituirlo”.

Otro antiguo ministro indonesio, Thomas Lembong, elogió a los bancos centrales del sudeste asiático por crear sistemas de pago digitales con monedas locales. También pidió nuevas formas de evitar la dependencia del dólar. “Hace tiempo que creo que la diversificación de las monedas de reserva es absolutamente esencial”, afirmó Lembong.

Como se ve, las críticas no proceden de China o Rusia. La mayor parte del mundo piensa igual. Los países del Sudeste Asiático acumularon grandes reservas de dólares para evitar una retirada masiva de depósitos de los bancos locales e importar alimentos y petróleo para las épocas de crisis.

Ahora esos dólares les queman en las manos porque Estados Unidos los utiliza para castigar a los países que no apoyan sus políticas internacionales. Todos quieren reducir su dependencia del dólar, lo que significa un dólar más débil y quizá más inflación en el futuro.

También significa que los precios del oro seguirán subiendo, ya que el oro no se puede volver contra el que lo tiene en su poder. Todo lo contrario. El oro es el único dinero, en el sentido en el que definió Marx hace mucho tiempo. Abastecerse de oro es un medio de protegerse de las convulsiones y las amenazas, tanto políticas como económicas.

Es algo a tener muy cuenta cuando determinadas mercancías, como el oro, se convierten en un arma de guerra, como está ocurriendo ahora.

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Un impago de Estados Unidos desencadenaría una crisis financiera mundial

Como anunciamos, el jueves Estados Unidos alcanzó su techo de deuda pública. Este límite obliga al Departamento del Tesoro estadounidense a recortar gastos para garantizar el cumplimiento de sus compromisos financieros. El gobierno de Biden tiene que recortar el gasto público y subir los impuestos.

El techo de endeudamiento lo fijó el Congreso en unos 31 billones de dólares. ¿Conseguirá Estados Unidos evitar el impago? No sólo tendría consecuencias para el funcionamiento de los servicios públicos del país, sino también, como mayor economía, para el resto del mundo.

La Secretaria de Finanzas estadounidense, Janet Yellen lo advirtió el viernes. En caso de impago “nuestros costes de endeudamiento subirían y todos los estadounidenses verían subir los suyos”.

“Pero más que eso, la incapacidad de hacer un pago, ya sea a nuestras obligaciones de deuda, a nuestros beneficiarios de gasto social o a nuestro ejército, causaría sin duda una recesión en Estados Unidos y podría conducir a una crisis financiera mundial”, dijo Yellen.

En sí mismo, no se trata de un hecho insólito, ya que el límite máximo se ha legislado 79 veces desde 1960. El límite actual de 31 billones fue fijado por el Congreso en diciembre de 2021, antes de la Guerra de Ucrania. “Sin duda dañaría el papel del dólar como moneda de reserva utilizada en las transacciones de todo el mundo. Muchos estadounidenses perderían su empleo”, insistió Yellen.

Una vez alcanzado el techo, el Tesoro estadounidense ya no puede pedir dinero prestado, ni siquiera a corto plazo con fines de capital circulante, y ha puesto en marcha un periodo de suspensión de la emisión de deuda que durará hasta el 5 de junio.

También se han puesto en marcha medidas excepcionales, como la suspensión de los pagos a varios fondos de pensiones y de las prestaciones sanitarias y por incapacidad de los funcionarios públicos, ajustes técnicos que no son inmediatamente necesarios para pagar las pensiones.

Estas medidas sólo pueden ser temporales y, si el Congreso no llega a un acuerdo, Estados Unidos podría acabar incurriendo en impago.

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Sólo el 8,5 por cien de las empresas europeas ha abandonado Rusia

Sólo el 8,5 por cien de las empresas de la Unión Europea y el G7 han abandonado Rusia, a pesar de las sanciones económicas, informa un estudio suizo publicado el jueves. Algunas empresas aún no han sido sancionadas y otras se mantienen a pesar de ello.

El estudio cuestiona “el discurso sobre un vasto éxodo” de empresas desde el inicio de la Guerra de Ucrania.

Antes de febrero del año pasado, operaban en Rusia 2.405 filiales pertenecientes a 1.404 empresas de la Unión Europea y los países del G7, según los profesores Simon Evenett, de la Universidad de San Gall, y Niccolò Pisani, del IMD de Lausana, un instituto de gestión empresarial.

A finales de noviembre, nueve meses después del inicio de la intervención militar rusa, menos del 9 por cien había vendido al menos una filial rusa, y las salidas afectaban principalmente a empresas estadounidenses, más que europeas o japonesas.

En esa fecha, menos del 18 por cien de las filiales propiedad de empresas con sede en Estados Unidos habían completado la desinversión de sus filiales rusas, frente al 15 por cien de las de empresas japonesas y el 8,3 por cien de las de empresas de la Unión Europea.

“Muchas empresas domiciliadas en estos Estados han resistido la presión de gobiernos, medios de comunicación y ONG para abandonar Rusia desde la invasión de Ucrania”, señala el comunicado de la Universidad de St. Gallen en el que se presenta el estudio.

Varios factores pueden explicar por qué las empresas no han abandonado Rusia. Por ejemplo, su actividad puede no estar cubierta por las sanciones. Otros pueden no querer retirarse debido a la utilidad social de sus mercancías, enumeran los autores del estudio.

Algunos pueden no haber encontrado un comprador a un precio suficiente, mientras que otros, incluso cuando lo han encontrado, se enfrentan a obstáculos que el gobierno ruso puede haber puesto en marcha “para impedir” o “retrasar la desinversión”, y evitar la repatriación de los ingresos.

Pero si el número de empresas occidentales que se retiran “no aumenta significativamente” en los próximos uno o dos años, “podría cuestionarse la voluntad o la capacidad de muchas empresas occidentales de desinvertir en jurisdicciones que sus gobiernos consideran rivales geopolíticos”, argumentan.

120 empresas occidentales habían abandonado Rusia a finales de noviembre. De los que siguen operando allí, el 19,5 por cien son alemanes, el 12,4 por cien estadounidenses y el 7 por cien japoneses.

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El termómetro del miedo

Muchas personas miran cada día el parte meteorológico antes de salir de casa y porían hacer lo mismo con la cotización del oro porque es lo que mide el miedo y, por lo tanto, la inestabilidad y las preocupaciones, que no son sólo económicas, sino también internacionales.

El oro sube porque los que tienen mucho dinero no se creen las noticias de la televisión. Tienen muchas dudas y mucho miedo. Es muy fácil hacer pronósticos sobre la cotización de oro porque a largo plazo sube siempre. Es un reflejo de la crisis general del capitalismo.

Ahora bien, los especuladores se mueven a corto o muy corto plazo. No les interesan las tendencias, como la del oro… salvo como medio de atesoramiento. Empezamos el año anunciando que el precio del oro había alcanzado su cotización máxima con 1.836 dólares la onza y ahora tenemos que insistir porque vuela hacia los 2.000 dólares.

La Guerra de Ucrania asusta, las relaciones con China se deterioran, la crisis económica es galopante y el mundo baila sobre un volcán. En Estados Unidos van a elevar el techo de la deuda por enésima vez, o sea, la deuda no tiene techo… hasta que el tejado se hunda estrepitosamente.

La Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, envió una carta al Congreso advirtiendo de que el gobierno podría alcanzar su límite de deuda el jueves de esta semana. Reaparece el fantasma de un impago, aunque sea momentáneo. En otras palabras: el gobierno de Estados Unidos está a punto de bajar la persiana, como cualquier ferretería de barrio.

Sería el mejor momento para ver por una rendija a Putin y la corte del Kremlin al completo brindando con champán ruso, que tiene su propia denominación de origen, mientras el champán francés sólo se puede llamar “vino espumoso” en caracteres cirílicos.

¿Cómo va a financiar Estados Unidos la guerra de Ucrania si no puede subir el techo del déficit presupuestario?

La consecuencia es lógica: los bancos centrales, los monopolios, los fondos buitre y todos los especuladores parásitos se deshacen de sus dólares y compran oro creyendo que algún día la tormenta va a pasar.

Pero eso no va a ocurrir. En cuanto el oro supere la barrera de los 2.000 dólares se enfrentará a un nuevo reto: los 3.000 dólares. La única duda es el tiempo que va a tardar en alcanzar esa cota.