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Categoría: Economía (página 52 de 101)

Alemania: la inflación más alta desde hace 50 años

Los titulares de los medios de comunicación suelen ser reconfortantes: “La inflación de Alemania se moderó hasta el 10 por cien en noviembre”, dice The Objective (1), aunque nos vuelven las dudas sobre la vara de medir.

En otros medios, ese tipo de titulares los sustituyen por otros, como “La subida de precios ha tocado techo”. Lo que no dicen es que ese “techo” es el más alto desde hace 50 años, antes de reunificación alemana.

El poder anestesiante de ese tipo de noticias es como el de los horóscopos. No aciertan ni una. Por ejemplo, hace un año los titulares de los medios eran “Alemania experimentará un alivio de la inflación a principios de 2022”, lo que es de risa (2).

En Alemania el aumento de los precios de producción (inflación industrial) fue del 28,2 por cien el pasado mes de noviembre, según la Oficina Federal de Estadística (3).

En septiembre se alcanzó en Alemania un récord histórico absoluto desde 1949, año en que comenzaron las observaciones estadísticas, cuando la inflación industrial alcanzó el 45,8 por cien.

Los récords anteriores se registraron en marzo (30,9 por cien), abril (33,5 por cien), mayo (33,6 por cien), julio (37,2 por cien), agosto (45,8 por cien) y octubre (34,5 por cien).

65,8 por cien: subida de los precios de la energía debida a las sanciones contra Rusia. Ha sido el factor decisivo de los elevados valores de la inflación industrial en noviembre.

117,2 por cien: el aumento del precio de la electricidad fue la principal contribución al incremento del precio de los productos energéticos.

El precio del gas subió un 114 por cien, el de los fertilizantes un 74,9 por cien, el de los pellets un 126,7 por cien, el del fueloil un 51,3 por cien, el de los productos petrolíferos un 21,8 por cien y el de los carburantes un 18,8 por cien.

Las previsiones para Alemania son muy negras. El año que viene le espera una recesión del 0,4 por cien y una inflación del 7 por cien, por lo menos.

Pero si la “locomotora del Europa” se para, los furgones de cola, como España, seguirán el mismo destino, o peor.

(1) https://theobjective.com/internacional/2022-12-13/inflacion-alemania-modero/
(2) https://es.prod.euronews.com/next/2021/11/15/alemania-economia-inflacion
(3) https://www.destatis.de/DE/Presse/Pressemitteilungen/2022/12/PD22_550_61241.html

Dominar la tecnología para preservar la hegemonía

El 7 de octubre Estados Unidos declaró oficialmente la guerra económica contra China. Aunque ningún canal de noticias cubrió el acontecimiento, todos tendremos que sufrir sus consecuencias. Ese día, gobierno de Biden lanzó una ofensiva tecnológica contra el país asiático, imponiendo límites más estrictos y controles más rigurosos a la exportación no sólo de microprocesadores, sino también de sus esquemas, las máquinas utilizadas para grabar los circuitos en silicio y las herramientas que estas máquinas producen. Ahora, si una fábrica china necesita alguno de estos componentes para producir bienes, las empresas deben solicitar un permiso especial para importarlos. ¿Por qué ha impuesto Estados Unidos estas sanciones? ¿Y por qué son tan duros?

Los circuitos integrados forman parte de todos los productos que consumimos -es decir, todo lo que fabrica China-, desde coches a teléfonos, desde lavadoras a tostadoras, desde televisores a microondas. Por eso China consume más del 70 por cien de los semiconductores del mundo, aunque, en contra de la creencia popular, sólo produce el 15 por cien. De hecho, esta última cifra es incluso engañosa: China no produce ninguno de los chips más modernos, los utilizados para la inteligencia artificial o los sistemas avanzados de armamento.

No vamos a ninguna parte sin esta tecnología. Rusia lo descubrió cuando, tras ser embargada por Occidente a raíz de su invasión de Ucrania, se vio obligada a cerrar algunas de sus mayores fábricas de automóviles. La escasez de chips también contribuye a la relativa ineficacia de los misiles rusos: muy pocos son “inteligentes”, es decir, disponen de microprocesadores que guían y corrigen su trayectoria. Hoy en día, la producción de microprocesadores es un proceso industrial internacional, con cuatro puntos nodales principales: 1) modelos de chips de inteligencia artificial, 2) aplicaciones informáticas de automatización de diseño electrónico, 3) equipos de fabricación de semiconductores, 4) componentes de equipos.

Los últimos movimientos del gobierno de Biden explotan simultáneamente el dominio estadounidense en las cuatro áreas. Las medidas muestran el grado sin precedentes de intervencionismo del gobierno estadounidense, dirigido no sólo a preservar su control sobre estas tecnologías, sino también a lanzar una nueva política para asfixiar activamente a grandes segmentos de la industria china, con la intención de acabar con ella.

El nuevo embargo a la exportación no se parece a nada visto desde la Guerra Fría. Incluso un comentarista tan obsequioso con Estados Unidos como Martin Wolf, del Financial Times, observa que “los recientes anuncios sobre el control de la exportación de semiconductores, y tecnologías relacionadas, a China son más amenazadores que cualquier cosa que haya hecho Donald Trump”. El objetivo es claramente frenar el desarrollo económico chino. Se trata de un acto de guerra económica. Y tendrá importantes consecuencias geopolíticas”.

‘Asfixia con intención de matar’

“Asfixia con intención de matar” es una caracterización adecuada de los objetivos del imperio estadounidense, seriamente preocupado por la creciente sofisticación tecnológica de los sistemas armamentísticos chinos, desde sus misiles hipersónicos hasta la inteligencia artificial. De hecho, China ha logrado avances significativos en este ámbito mediante el uso de tecnologías que son propiedad de Estados Unidos o están bajo su control. Durante años, el Pentágono y la Casa Blanca han observado con muda irritación que su competidor avanzaba a pasos agigantados con herramientas que ellos mismos habían proporcionado. La ansiedad por la “amenaza China” no fue solo un impulso pasajero del gobierno de Trump. Estas preocupaciones son compartidas por el de Biden, que ahora persigue los mismos objetivos que su predecesora, pero con un vigor redoblado.

El anuncio estadounidense se hizo pocos días después de la inauguración del Congreso Nacional del Partido Comunista Chino. En cierto sentido, la prohibición de las exportaciones fue una forma de que la Casa Blanca interviniera en el Congreso, que pretendía cimentar la supremacía política de Xi Jinping. A diferencia de las sanciones impuestas a Rusia -que, salvo el bloqueo de los microchips, han sido relativamente ineficaces-, es probable que estas restricciones tengan un impacto considerable, dada la estructura única del mercado de semiconductores y la particularidad de su cadena de producción.

La industria de los chips semiconductores se caracteriza por su dispersión geográfica y su concentración financiera, que se explican por la elevada intensidad de capital de su producción. Esta intensidad de capital se acelera con el tiempo, ya que la dinámica de la industria se basa en la mejora continua del rendimiento, es decir, la capacidad de manejar algoritmos cada vez más complejos al tiempo que se reduce el consumo de energía. Los primeros circuitos integrados fiables desarrollados a principios de los años 60 contenían 130 transistores. El procesador Intel de 1971 tenía 2.300 transistores. En los años noventa el número de transistores en un solo chip superó el millón. En 2010 un chip contenía 560 millones y en 2022 el IPhone de Apple tenía 114.000 millones.

A medida que los transistores se hacían más y más pequeños, las técnicas para fabricarlos sobre un semiconductor se volvían cada vez más sofisticadas. El haz de luz que traza los planos tenía que tener una longitud de onda cada vez menor. Los primeros se situaban entre 700 y 400 milmillonésimas de metro, es decir, nanómetros (nm). Con el tiempo, se redujeron a 190 nm, luego a 130 nm, antes de alcanzar los límites del ultravioleta: sólo 3 nm.

Para lograr estas dimensiones microscópicas se requiere una tecnología costosa y muy compleja: láseres y dispositivos ópticos de notable precisión y los diamantes más puros. Un láser capaz de producir una luz suficientemente estable y precisa se compone de 457.329 piezas, producidas por decenas de miles de empresas especializadas de todo el mundo: una sola impresora de microchips con estas características tiene un valor de 100 millones de dólares, y el último modelo tiene un coste previsto de 300 millones. Esto significa que abrir una fábrica de microchips requiere una inversión de unos 20.000 millones, más o menos la misma cantidad que construir un portaaviones.

Las empresas sin fábricas

La inversión debe amortizarse rápidamente, ya que en pocos años los microchips se ven superados por un modelo más avanzado, compacto y miniaturizado, que requiere equipos, arquitectura y procedimientos totalmente nuevos. Hay límites físicos a este proceso; ahora hemos llegado a capas de sólo unos pocos átomos de grosor. Por eso hay tanta inversión en computación cuántica, donde la incertidumbre cuántica ya no es un límite, sino una característica a explotar. Hoy en día, la mayoría de las empresas de componentes electrónicos ya no fabrican semiconductores; se limitan a modelar y planificar su arquitectura, de ahí el nombre estándar que se les da: “fabless” (*). Pero estas empresas tampoco son pequeñas. Por poner algunos ejemplos, Qualcomm emplea a 45.000 trabajadores y tiene unos ingresos de 35.000 millones de dólares, Nvidia emplea a 22.400 con unos ingresos de 27.000 millones y AMD tiene 15.000 empleados y unos ingresos de 16.000 millones.

Así, la modernidad tecnológica se caracteriza por una gran paradoja: la miniaturización infinitesimal requiere instalaciones cada vez más titánicas, y de tal envergadura que ni siquiera el Pentágono puede permitírselas, a pesar de su presupuesto anual de 700.000 millones de dólares. Un proceso así requiere un nivel de integración igualmente creciente para ensamblar cientos de miles de componentes diferentes, producidos por diversas tecnologías, cada una de ellas hiperespecializada.

El impulso hacia la concentración es inexorable. La producción de las máquinas que “imprimen” estos microchips avanzados está bajo el monopolio de una única empresa holandesa, ASM International, mientras que la producción de los propios chips corre a cargo de un reducido número de empresas, especializadas en un tipo concreto de chip: lógico, DRAM, memoria flash, procesamiento gráfico, etc. La empresa estadounidense Intel produce casi todos los microprocesadores informáticos, mientras que la industria japonesa -que alcanzó su apogeo en los años 80 antes de entrar en crisis a finales de los 90- fue absorbida por la estadounidense Micron, que sigue teniendo fábricas en todo el sudeste asiático.

Sin embargo, sólo hay dos auténticos gigantes de la producción de hardware: uno es Samsung, en Corea del Sur, favorecido por Estados Unidos durante los años 90 para contrarrestar el ascenso de Japón, cuya precocidad antes del final de la Guerra Fría se había convertido en una amenaza; el otro es TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, con 51.000 empleados, 43.000 millones de facturación y 16.000 millones de beneficios), que abastece a todas las empresas fabless estadounidenses y produce el 90 por cien de los chips más avanzados del mundo.

Así pues, la red de producción de chips es muy dispar, con fábricas repartidas por Holanda, Estados Unidos, Taiwán, Corea del Sur, Japón y Malasia. También está concentrada en manos de cuasi monopolios (ASML para la litografía ultravioleta, Intel para los microprocesadores, Nvidia para las GPU, TSMC y Samsung para la producción) con cantidades astronómicas de inversión. Es esta red la que hace que las sanciones sean tan eficaces: un monopolio estadounidense en el diseño de microchips, establecido por sus grandes empresas sin fábricas, a través del cual se puede ejercer una influencia colosal sobre las empresas de los Estados vasallos que realmente producen el hardware. Estados Unidos puede bloquear eficazmente el progreso tecnológico chino, ya que ningún país del mundo tiene la competencia ni los recursos necesarios para desarrollar sistemas tan sofisticados. Los propios Estados Unidos dependen de infraestructuras tecnológicas desarrolladas en Alemania, Gran Bretaña y otros países.

Pero no se trata sólo de tecnología: también se necesitan ingenieros, investigadores y técnicos formados. Para China, por tanto, el ascenso es empinado, incluso vertiginoso. En este sector, la autarquía tecnológica es imposible.

China se prepara para la guerra tecnológica

Naturalmente, Pekín ha tratado de prepararse para esta eventualidad, habiendo anticipado la llegada de estas restricciones hace algún tiempo almacenando chips e invirtiendo fuertemente en el desarrollo de la producción tecnológica local. Ha hecho algunos progresos en este campo: la empresa china International Semiconductor Manufacturing Corporation (ISMC) ya produce chips, aunque su tecnología va varias generaciones por detrás de TSMC, Samsung e Intel. Sin embargo, a China le resultará imposible seguir el ritmo de sus competidores. No tiene acceso a las máquinas litográficas ni a la luz ultravioleta de alta calidad suministrada por ASML, que ha bloqueado todas las exportaciones. La impotencia de China ante este ataque es evidente: considérese la total falta de respuesta oficial de los dirigentes de Pekín, que no han anunciado ninguna contramedida ni represalia por las sanciones estadounidenses. La estrategia preferida parece ser la ocultación: seguir trabajando bajo el radar antes que ser arrojado por la borda sin boya.

El problema para el bloqueo estadounidense es que gran parte de las exportaciones de TSMC (y luego de Samsung, Intel y ASML) van a China, cuya industria depende de la isla que quieren anexionarse. Los taiwaneses son muy conscientes del papel central que desempeña la industria de semiconductores en su seguridad nacional, hasta el punto de que hablan de un “escudo de silicio”. De hecho, Estados Unidos quiere hacer todo lo posible para no perder el control de esta industria, y China no puede permitirse destruir esta infraestructura en una invasión. Pero este razonamiento era más defendible antes de la actual Guerra Fría entre China y Estados Unidos.

De hecho, dos meses antes del anuncio de las sanciones a China por los microprocesadores, gobierno de Biden lanzó la Ley Chips, que destinaba 50.000 millones de dólares a repatriar al menos parte de la cadena de producción, lo que casi obligaba a Samsung y TSMC a construir nuevas instalaciones de producción (y actualizar las antiguas) en suelo estadounidense. Desde entonces, Samsung se ha comprometido a invertir 200.000 millones de dólares en la construcción de 11 nuevos centros en Texas durante los próximos diez años, aunque es probable que los plazos sean décadas, en plural. Todo esto apunta a una cosa: si bien es cierto que Estados Unidos está dispuesto a “desmundializar” parte de su aparato productivo, también es muy difícil desvincular las economías china y estadounidense tras 40 años de interferencia mutua. Y sería aún más complicado para Estados Unidos convencer a sus otros aliados -Japón, Corea del Sur, Europa- de que desenreden sus economías de China, sobre todo porque estos Estados han utilizado históricamente estos vínculos comerciales para liberarse del yugo estadounidense.

Alemania es un ejemplo de ello: es el mayor perdedor en la guerra de Ucrania. Este conflicto ha puesto en tela de juicio todas las decisiones estratégicas de sus élites en las últimas cinco décadas. Desde el cambio de milenio, Alemania ha basado su fortuna económica -y, por tanto, política- en su relación con China, que se ha convertido en su socio comercial más importante (su comercio asciende a 264.000 millones de dólares anuales). En la actualidad, Alemania sigue reforzando sus lazos bilaterales con China, a pesar del enfriamiento de las relaciones entre Washington y Pekín y de la guerra en curso en Ucrania, que ha perturbado el papel de intermediario de Rusia entre el bloque alemán y China.

En junio, el productor químico alemán Basf anunció una inversión de 10.000 millones de dólares en una nueva central eléctrica en Zhanjiang, al sur de China. Olaf Scholz incluso visitó Pekín a principios de mes, encabezando una delegación de directivos de Volkswagen y Basf. El Canciller viajó con regalos, comprometiéndose a permitir la polémica inversión de la china Costco en una terminal de contenedores en el puerto de Hamburgo. Los Verdes y los liberales (miembros de la coalición gobernante con el SPD de Olaf Scholz) criticaron esta decisión, pero el canciller replicó que la participación de Costco solo sería del 24,9 por cien, sin poder de veto, y solo abarcaría una de las terminales de Hamburgo, algo incomparable con la adquisición total de El Pireo en 2016. Al final, el ala más atlantista de la coalición alemana se vio obligada a aceptar la decisión.

En el clima actual, incluso estos pequeños gestos -el viaje de Scholz a Pekín, menos de 50 millones de dólares de inversión china en Hamburgo- parecen grandes actos de insubordinación, especialmente tras las últimas sanciones estadounidenses. Pero Washington no podía esperar que sus vasallos asiáticos y europeos se limitaran a abrazar esta desmundialización como si la era neoliberal nunca hubiera existido, como si durante las últimas décadas no se les hubiera animado, empujado, casi obligado a vincular sus economías entre sí, creando una red de interdependencias que ahora es difícil de romper.

Sin embargo, los vasallos deben elegir bando cuando estalla un conflicto. Un conflicto que parece una guerra gigantesca, aunque se libre por unas millonésimas de milímetro…

Marco D’Eramo https://newleftreview.org/sidecar/posts/circuits-of-war</>

(*) Se denomina “fabless” a una empresa de semiconductores que no fabrica, ni produce las obleas de silicio, sino que se especializa en el diseño y la comercialización.

Deslocalización, desindustrialización o guerra comercial entre Europa y Estados Unidos

El ex Presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, y la actual Presidenta, Ursula von der Leyen, han anunciado la posibilidad de una guerra comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos. El motivo es la Ley de Reducción de la Inflación, que entrará en vigor en Estados Unidos el 1 de enero de 2023. Esta ley ofrece subvenciones masivas a las empresas que lleven a cabo proyectos de energía y tecnología limpias, siempre que tengan su sede en Estados Unidos.

Eso supone unos 370.000 millones de dólares en subvenciones que servirán de incentivo adicional para que los gigantes industriales europeos se trasladen a Estados Unidos. Además, a la Unión Europea le preocupa que Estados Unidos acapare la mayor parte del suministro de metales de tierras raras, necesarios para la producción de paneles solares y eólicos, así como baterías y motores de coches eléctricos.

Estas medidas, combinadas con una diferencia múltiple en el coste de los recursos energéticos, contribuirán a la absorción de la industria europea por Estados Unidos. Ambos parámetros alteran de forma crítica el equilibrio de la competitividad entre las empresas de la Unión Europea y las de Estados Unidos, lo que deja a las fábricas europeas ante una elección sencilla: deslocalización o muerte.

En una comparecencia, el gigante automovilístico Volkswagen no desmintió los rumores de que iba a cerrar centros de producción en Alemania, la República Checa y Eslovaquia debido a la escasez de gas. La empresa no dice nada sobre la ubicación exacta de las instalaciones de producción que se cerrarán, pero no es difícil adivinarla. Una vez desvelado el secreto, el proceso empezará a expandirse exponencialmente: después vendrán los fabricantes de automóviles, las plantas químicas, las empresas farmacéuticas y muchas otras, que despedirán a cientos de miles de trabajadores.

Sólo un mes antes de la entrada en vigor de la Ley de Reducción de la Inflación, los europeos decidieron hablar del conflicto que se había abierto en el campo aliado. Hasta el final confiaron en negociar un compromiso. Biden firmó la ley en agosto de este año, en plena Guerra de Ucrania que debería haber unido al máximo a los países occidentales para hacer frente a Rusia. Pero el sabotaje de Nord Stream ha dejado a la Unión Europea sin la mayor parte de su gas. Y un embargo del petróleo en alta mar y una limitación de los precios podrían dejar al Viejo Continente sin petróleo ruso. Resulta que lo que es bueno para Estados Unidos no lo es para Europa, que se ha hecho dependiente de los recursos energéticos estadounidenses.

Antes lamentaba su dependencia de la energía rusa y ahora lamenta lo mismo de Estados Unidos.

Los últimos industriales europeos que dudaban acaban de ser “convencidos” por la ley de Biden, que es una de las principales herramientas para conservar el sillón presidencial. Las nuevas industrias y empleos están pensados para paliar la crisis de la economía estadounidense a medio plazo (idealmente antes de las elecciones presidenciales de 2024).

En 2008 la Unión Europea aprobó la llamada Iniciativa de Materias Primas, que constituyó la base de la política de Bruselas para garantizar el acceso a las materias primas del Tercer Mundo. Esa política se aplicó de diversas maneras. En general, se reducía a garantizar la libre exportación de materias primas de terceros países a la Unión Europea por todos los medios disponibles. El acuerdo sobre la adhesión de Ucrania a la Unión Europea también perseguía el objetivo de garantizar la exportación sin trabas (y, a ser posible, libre de aranceles) de madera, acero, mineral de hierro y metales de tierras raras ucranianos a Europa. Ahora es Estados Unidos quien ofrece a la vieja Europa su versión de “asociación” en beneficio propio.

Los intentos de resistencia de los europeos hasta ahora parecen cómicos. Han amenazado a Estados Unidos con recurrir a la Organización Mundial del Comercio. Von der Leyen quiere crear un fondo para subvencionar la economía en respuesta a los beneficios estadounidenses. Las capacidades financieras de Washington y Bruselas son incomparables, y desde luego no hay dinero extra, dada la crisis en Europa y el aumento de los costes de la ayuda a Ucrania.

Los planes de la Unión Europea para obtener recursos energéticos alternativos parecen aún menos prometedores que antes de febrero de 2022. Por ejemplo, la estrategia del hidrógeno de la Unión Europea preveía organizar la producción de hasta un tercio del volumen de hidrógeno en Ucrania y en los países del norte de África desde donde se importaría a la Unión Europea. Nadie en su sano juicio construiría ahora costosos electrolizadores en Ucrania. El hidrógeno debía transportarse con gas natural a través de gasoductos ucranianos, que podrían cerrarse en cualquier momento en un país en guerra. Los países norteafricanos, como Argelia y Marruecos, ven ahora a la Unión Europea como un cliente debilitado, que pierde rápidamente influencia y solvencia.

La política monetaria de la Unión Europea tampoco funcionará. El debilitamiento del euro y el alcance de la paridad con el dólar han contribuido al empobrecimiento de los trabajadores de la Unión Europea. Pero ha resultado ser un incentivo insuficiente para la industria europea, presionada por la crisis energética y los problemas sociales. Un mayor debilitamiento del euro como medio de mantener la competitividad de la economía no hará sino avivar los movimientos de protesta en el continente. Además, esa política no puede funcionar cuando Estados Unidos puede orientar su política monetaria en sentido contrario (y tarde o temprano lo hará): bajando de nuevo los tipos de interés y debilitando el dólar, estimula sus exportaciones. Pero eso no ocurrirá hasta que Europa esté agotada, a pesar de las tibias protestas de los burócratas de Bruselas.

Macron y Meloni bien podrían seguir la visita de Scholz a Moscú, pero no hay necesidad de asustar a Estados Unidos con un giro hacia China, que exigiría un replanteamiento estratégico de la política exterior de la Unión Europea, una reconciliación con Rusia y una alianza estratégica con China. Significaría una ruptura con Estados Unidos, que llegará más temprano que tarde.

Crisis energética: el año que viene será aún peor

En marzo, cuando acabe el invierno, la crisis del gas que sacude actualmente a Europa parecerá probablemente lejana. Pero lo peor está aún por llegar, advierte la Agencia Internacional de la Energía en un nuevo informe publicado ayer. La Unión Europea podría enfrentarse a un déficit de casi 30.000 millones de metros cúbicos de gas, es decir, más del 6,5 por cien de su consumo total en 2021.

A medida que bajan las temperaturas en Europa, cristaliza la preocupación por posibles cortes de electricidad en las próximas semanas, al aumentar la demanda de calefacción. Sin embargo, el final de este invierno no será el final de la crisis energética. Por el contrario, lo peor está aún por llegar y podría amenazar la supervivencia de la industria europea y aumentar la presión sobre los trabajadores el próximo año.

Es el mensaje principal del informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) titulado “Evitar la escasez de gas en Europa”. Es probable que se produzca un “grave desfase” entre oferta y demanda si las importaciones por gasoducto desde Rusia caen a cero el año que viene y la demanda de gas licuado de China repunta a los niveles de 2021.

Europa ya no podrá recibir gas ruso para reponer sus reservas antes del próximo invierno, como ha hecho este año a pesar de la Guerra de Ucrania. “En 2021 las exportaciones de gas ruso a la Unión Europea ascendieron a 140.000 millones de metros cúbicos (bcm). Cayeron a 60 bcm en 2022, y es probable que en 2023 no haya más gas ruso en nuestros sistemas”, advirtió el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, en una rueda de prensa en Bruselas, junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Esto “dejaría un agujero aún mayor en el suministro de gas europeo y mundial”, advierte la AIE.

La situación no sería tan grave si hubiera volúmenes equivalentes de gas disponibles en otros lugares para sustituir al de Gazprom. El único problema es que “la cantidad de nueva capacidad energética es extremadamente baja”, advirtió Birol. Los países europeos están aumentando actualmente su capacidad de importación de gas licuado, que se transporta por barco desde todo el mundo en lugar de por gasoducto. Incluso deberían alcanzar unos 40 bcm más a finales de 2023, gracias a la construcción de nuevas terminales de gas licuado, que regasifican el gas a medida que llega a la costa. Pero mientras muchos países del mundo luchan por acceder al gas licuado, es posible que estas terminales no estén plenamente operativas. Según la AIE, este año sólo llegarán al mercado unos 20 bcm de suministro adicional de gas licuado, a pesar de los proyectos de desarrollo en Estados Unidos y Qatar.

Se avecina una crisis importante en el suministro de gas licuado, debido a un “desequilibrio estructural” entre la oferta y la demanda en el mercado mundial. Si el suministro de gas ruso se interrumpiera durante mucho tiempo, habría que cubrir el 40 por cien de la demanda europea en 2025.

Encarnizada competencia con China

El tira y afloja con Asia por los cargamentos de gas licuado se intensificarán el año que viene. Es probable que China se lleve una gran parte de estos volúmenes, que ya son insuficientes para abastecer a Europa, que ya está privando de gas licuado a países menos desarrollados como Pakistán y Bangladesh para sustituir al gas ruso. El año que viene la demanda de este gas por parte de Pekín “bien podría recuperarse de los niveles inusualmente bajos observados en 2022”, ligados a la política de “covid cero”, señala la AIE en su informe.

La capacidad de Europa para garantizar un aumento de las importaciones de gas licuado este año con el fin de reponer sus reservas de gas, que hoy están llenas casi al 90 por cien, “ha sido posible en gran parte por la caída de la demanda de importación de China”, señala la AIE. A eso se añade el hecho de que China está mejor posicionada en los contratos a largo plazo, ya que sus necesidades están cubiertas al 100 por cien para 2025, a diferencia de Europa, que ha tenido que recurrir al mercado del día a día y a los contratos a corto plazo desde el inicio de la Guerra de Ucrania.

“Las temperaturas anormalmente suaves observadas [en Europa] a principios del invierno podrían no durar”, señala la AIE. Cuanto más bajo esté el termómetro, mayor será el consumo de calefacción y, por lo tanto, de gas. En este punto, Europa ha tenido bastante suerte este año: el clima suave que experimentó en el otoño de 2022 redujo la demanda de gas en más de 10 mmc, según la AIE. Sin embargo, “no hay garantías de que las temperaturas vayan a ser tan suaves durante el resto del invierno, ni para 2023 en su conjunto”, señala la organización. Con la caída de la oferta y el aumento de la demanda, la crisis se agravará.

Otros 100.000 millones de euros más

Para evitar este escenario catastrófico, la AIE recomienda que la Unión Europea inyecte 100.000 millones de euros adicionales de dinero público para poner en marcha cinco “acciones clave”. Una cantidad que “se devolverá en dos años gracias al ahorro de gas que supondrá”, propuso Birol, y que representa “menos de un tercio de los 330.000 millones de euros que han movilizado los Estados miembros en el último año en forma de planes de emergencia para proteger a los consumidores de los altos precios”. Sin las medidas ya adoptadas este año, el déficit potencial en 2023 sería de 60 bcm en lugar de unos 30 bcm, según la AIE.

Los 100 000 millones en cuestión deberían favorecer la aceleración de las medidas de eficiencia energética, en particular la renovación térmica o la sustitución de la iluminación por LED, y fomentar el uso generalizado de bombas de calor para calentar los edificios. Luego Birol se explayó con el famoso cuento de la lechera energético: el plan REPowerEU, despliegue de las energías renovables y “revolucionar el comportamiento de los consumidores” para que consuman de forma más inteligente. Son herramientas “que nos permitirán ahorrar gas de forma rápida y sencilla”, prometió Birol.

Europa siempre necesitará cantidades considerables de gas para el funcionamiento de sus industrias y el abastecimiento de sus hogares. En estas condiciones, varias partes interesadas trabajan ya entre bastidores para consolidar las relaciones entre la Unión Europea y sus proveedores. A mediados de septiembre, los reguladores europeos de la energía (ACER) viajaron en secreto a Washington para suplicar que les rebajen los precios para el gas de esquisto estadounidense.

La Unión Europea también le reza a la virgen de Noruega. Hoy Von der Leyen se entrevista con el Primer Ministro Jonas Gahr Store, pero el escenario no va cambiar demasiado. A Europa les esperan escasez y precios disparados.

Bienvenidos al país de los hambrientos: Estados Unidos

El personal de Bread for the City, una venerable organización de beneficencia en la capital de Estados Unidos, pensaron que estaban preparados para el donativo anual de alimentos Holiday Helpers previo al Día de Acción de Gracias de este año. La pandemia se había desvanecido, pero la inflación era alta, por lo que presupuestaron repartir 12.000 comidas, un 20 por cien más que los niveles normales previos a la pandemia.

Pero rápidamente quedaron abrumados, con largas filas de clientes que esperaron horas para recibir un pavo gratis y una tarjeta de débito de 50 dólares para comprar comestibles. Se vieron obligados a cerrar tres días antes tras ayudar a 16.000 personas, muchas más de las que preveían.

“No queremos volver a traumatizar a nuestra comunidad haciéndola esperar afuera durante cuatro horas por un pavo”, dijo Ashley Domm, directora de desarrollo de la organización de beneficencia. “No estamos preparados para tener a cientos de personas haciendo fila en una calle de la ciudad”.

La experiencia de Bread for the City refleja una dinámica más amplia que está desarrollándose en todo el país. La que muchos estadounidenses esperaban sería la primera temporada navideña normal en tres años, en lugar de ello ha entrado de nuevo en una crisis intensificada de hambre, con la Navidad en el horizonte.

Un informe de septiembre del Urban Institute —un grupo de investigaciones sobre políticas económicas y sociales con sede en Washington— estimó que aproximadamente 1 de cada 5 adultos experimentó inseguridad alimentaria en el hogar el verano pasado, una cifra casi similar a la del primer año de la pandemia, pero un incremento agudo en comparación con la primavera de 2021. Los adultos negros e hispanos reportaron tasas más altas de inseguridad alimentaria que sus contrapartes blancas, según el informe.

Durante la pandemia, nadie tenía trabajo y nadie tenía dinero”, dijo Nancy Murphy, una cuidadora de 45 años que recogió un pavo congelado y comestibles la semana pasada de un donativo en la parroquia Asamblea Vino Nuevo de la Iglesia de Dios El Cristiano Redimido, en el noreste de Washington. “Ahora están de regreso en sus trabajos, pero el dinero no es suficiente. Todavía es difícil”.

El gobierno estima que los precios de los alimentos subirán entre un 9,5 por cien y un 10,5 por cien este año. Y eso está presionando los presupuestos de muchos estadounidenses y los bancos de alimentos que los han ayudado, especialmente luego de que expiró el flujo masivo de ayuda por la pandemia.

“La inflación ha sido la historia del año”, dijo Michael Altfest, director de compromiso con la comunidad en el Banco de Alimentos del Condado Alameda en Oakland, California.

Altfest agregó que el nivel de necesidad en la comunidad todavía es entre un 50 por cien y un 70 por cien más alto que los niveles previos a la pandemia, y aproximadamente el 30 por cien de las llamadas a la línea de ayuda de emergencia del banco de alimentos son de personas que telefonean por primera vez.

En muchos casos, las organizaciones de beneficencia y los bancos de alimentos se habían preparado para un número mayor debido a la inflación, sólo para descubrir que el nivel de necesidad había superado por mucho sus proyecciones.

El Banco de Alimentos del Área de la Capital, en Washington, originalmente calculó que necesitaría distribuir unos 43 millones de comidas durante el año presupuestario de julio de 2022 a junio de 2023. Ahora, cuatro meses después de iniciado ese año fiscal, ya está un 22 por cien por encima de esas predicciones.

“Esa fue una predicción informada con cuatro o cinco buenos meses de información”, dijo Radha Muthiah, directora general del banco de alimentos. “Nosotros siempre estamos pensando en el Día de Acción de Gracias y la Navidad justo cuando todo el mundo se encamina a la playa en verano”.

En Illinois, Jim Conwell, del Banco de Alimentos de la Zona Metropolitana de Chicago, dice que la necesidad todavía es elevada. “Así que estamos comprando más y gastando más en lo que compramos”, señaló.

La red de su organización prestó servicios a aproximadamente un 30 por cien más de hogares en agosto de 2022, en comparación con el agosto previo.

“Las familias que apenas estaban logrando enderezar las cosas están experimentando un reto completamente nuevo, o incluso si tienen empleo, o tienen varios trabajos o fuentes de ingresos, (el dinero) simplemente no está rindiendo igual que hace dos años”, añadió. Los precios más altos están obligando a las personas a hacer “sacrificios en alimentos”, señaló Altfest.

Por ejemplo, dijo, el precio del pollo ha aumentado más del doble: de 78 centavos por libra (453 gramos) el año pasado a 1,64 dólares por libra este año. Las estimaciones de la fundación Farm Bureau establecen que el costo del pavo es un 21 por cien más alto que el año pasado. Y el investigador mercadológico Datasembly estima que una caja de relleno de 16 onzas (453 gramos) cuesta un 14 por cien más que el año pasado, y una bolsa de papas Russet de cinco libras (2,27 kilos) cuesta un promedio de 45,5 por cien más.

Mike Manning, presidente del Banco de Alimentos de la Zona Metropolitana de Baton Rouge, en Luisiana, hace una distinción entre el aumento de los niveles de hambre causado por la pandemia y la crisis actual. Durante la pandemia, los trabajos e ingresos de millones de personas prácticamente desaparecieron, lo que creó una ola inmediata de necesidad que él comparó con las secuelas de un huracán.

Pero la crisis actual ha sido un incremento lento y constante que comenzó a fines de febrero y sigue en aumento. Manning dijo que su banco de alimentos ha visto un aumento del 10 por cien al 15 por cien en la inseguridad alimentaria local tan sólo en los últimos dos meses.

“Uno está hablando con personas que tienen ingresos más bajos y tienen varios empleos; sólo hay que pensar en el costo de ir de un trabajo a otro, con la gasolina consumiendo cualquier extra que estén tratando de ganar”, agregó. “¿Qué van a hacer? ¿Renuncian a la gasolina, y por lo tanto no pueden llegar a trabajar, o se sacrifican en la comida y regresan y nos piden ayuda?”

Y sin indicios claros de cuándo podría disminuir la ola de inflación a largo plazo, “esto casi se siente más como un maratón sin una línea de meta a la vista”, dijo Conwell, del banco de alimentos de Chicago.

Domm recuerda las filas en Bread for the City que “permanecieron abrumadoramente largas” durante semanas. El hecho de que los clientes estuvieran dispuestos a esperar afuera durante horas por un pavo y una tarjeta de débito habla de “la intensidad y profundidad de la necesidad”, señaló.

Domm también cree que hay además un elemento psicológico en juego: después de dos temporadas navideñas consecutivas afectadas por la pandemia, las familias están muy ansiosas por tener algo más cercano a la normalidad. “La gente ha evitado reunirse con sus familias durante los últimos dos años. Así que este año hay más presión para conseguir comestibles y tener una comida grupal”, dijo.

—https://www.latimes.com/espanol/eeuu/articulo/2022-12-10/eeuu-inflacion-agrava-el-hambre-en-esta-temporada-navidena

Un tiro en el propio pie: los límites de precio al petróleo ruso

El lunes entró en vigor la limitación impuesta por las potencias occidentales al precio del petróleo ruso, que se impondrá aprovechando su control sobre las compañías aseguradoras occidentales.

Rusia ha anunciado que no venderá petróleo a los clientes que se sometan a la imposición. Por su parte, los clientes que están fuera del radio de acción de las presiones occidentales, tendrán que buscar otras aseguradoras, lo que socavará aún más la influencia financiera de Occidente sobre el sector marítimo mundial.

Desde 2010 el petróleo ruso se ha vendido a un precio medio de 75 dólares, muy por encima de los 60 dólares impuesto por la Unión Europea. En 22 años años sólo ha estado una tercera parte del tiempo por debajo de los 60 dólares. Fue en dos momentos diferentes.

La primera fue tras la fuerte caída de los precios del petróleo que tuvo lugar en 2014-2015. Se debió a dos factores que entraron en juego al mismo tiempo. En primer lugar, Estados Unidos aumentó masivamente su producción de petróleo de esquisto y, en segundo lugar, los saudíes incrementaron su producción en un mercado inundado por el nuevo petróleo de esquisto.

Dado que los saudíes apoyan la postura rusa en las reuniones de la OPEP y que el petróleo de esquisto estadounidense ya tiene precio en el mercado, hoy no se dan ninguna de esas dos circunstancias.

La segunda vez que el precio del petróleo ruso cayó por debajo de 60 dólares fue durante el confinamiento.

Si Rusia no vende a los precios impuestos, Europa tendrá que abastecerse en otros países a un precio mucho más elevado. También habrá escasez de petróleo, ya que Bruselas es incapaz de compensar los suministros rusos. Serán tiempos de inflación y escasez.

La historia recordará sin duda la gran crisis energética europea de este año como uno de los fenómenos económicos más extraños jamás registrados. Bruselas está destruyendo la economía para imponer unas sanciones a Rusia que no tienen ningún impacto real sobre la política exterior de Rusia.

Con la llegada del frío invernal, la Comisión Europea haría bien en cambiar de rumbo porque, de lo contrario, las calles le obligarán a hacerlo por las malas.

El rublo no estará tan fuerte el año que viene

El rublo ha sido una de las pocas divisas que ha superado al dólar este año. Una divisa fuerte ha ayudado a la economía y al Banco Central ruso, pero poco a poco empieza a debilitarse. Es sólo cuestión de tiempo que el dólar vuelva a los 70 rublos o más.

Muchas divisas se han debilitado frente al dólar este año, a diferencia del rublo, que se apreció un 18 por cien por dos motivos. En primer lugar, el gobierno impidió las fugas de capital al extranjero. En segundo lugar, por el superávit del comercio exterior. Los ingresos por exportaciones han aumentado y las importaciones han caído bruscamente.

El elevado tipo de cambio del rublo en el contexto de las sanciones ha impedido que se desarrolle la inflación. En un contexto de subida de precios, todos los bienes importados se han abaratado en realidad. Los ingresos por exportación también aumentaron considerablemente, debido al mayor coste de los productos vendidos para la exportación.

Los precios de algunos de estos productos ya habían subido durante la pandemia debido a las interrupciones en las cadenas de suministro. Los ingresos de muchos exportadores rusos este año han alcanzado niveles récord, a pesar del fortalecimiento del rublo. El beneficio neto de Gazprom en el primer semestre se multiplicó por 2,6 hasta alcanzar la cifra récord de 2,5 billones de rublos.

Las importaciones ha aumentado a causa de las sanciones, pero la fortaleza del rublo ha hecho que sean más baratas. Un rublo fuerte ha ayudado al Banco Central a bajar el tipo de interés oficial y normalizar las condiciones de préstamo.

Sin embargo, la situación de este año ha sido excepcional y es poco probable que se repita en 2023.

En primer lugar, existe la amenaza de una disminución de los ingresos rusos por exportaciones debido al embargo de la Unión Europea y los topes al precio del petróleo. Esto acabará empeorando la situación de la balanza de pagos y comercial de Rusia, pero las consecuencias no se verán en el tipo de cambio del rublo hasta la primavera del año que viene.

A finales de diciembre, las exportaciones rusas de petróleo podrían perder unos 0,5 millones de barriles diarios. A partir del año que viene, los volúmenes podrían reducirse aún más, ya que también entrará en vigor el embargo sobre los productos petrolíferos rusos.

En segundo lugar, las sanciones contra las exportaciones rusas tienen un impacto inmediato en los ingresos del país. Los ingresos presupuestarios procedentes del petróleo y el gas solían representar entre el 35 por cien y el 40 por cien de los ingresos totales, y este año se espera que su cuota aumente hasta el 45 por cien. Cuanto más caros sean los recursos energéticos en los mercados mundiales, más dinero recibirá Rusia por su venta en divisas. Pero para alimentar los fondos del Tesoro, este dinero debe convertirse primero en la divisa local. Por lo tanto, cuanto más bajo esté el rublo frente a otras divisas, más dinero ingresará el Estado en la moneda local.

Olga Samofalova https://vz.ru/economy/2022/12/7/1189873.html

Las sanciones contra Rusia siguen abriendo brechas entre los países de Europa

En Europa crece el malestar contra las sanciones. Algunos de los principales pilares de la Unión Europea quieren que Bruselas sea más flexible con las exportaciones rusas de cereales y fertilizantes.

Las sanciones contra Rusia siguen abriendo brechas entre los europeos. Tras los retrasos en el establecimiento de un techo para los precios del petróleo, ahora son las exportaciones de fertilizantes y cereales las que causan problemas.

Seis países de la Unión Europea -Bélgica, Francia, Alemania, España, Países Bajos y Portugal- han criticado las restricciones a estos suministros. Estos países consideran que las recomendaciones emitidas por la Comisión Europea van en detrimento de la seguridad alimentaria de los Veintisiete.

“La situación jurídica actual lleva a criticar estas sanciones, que obstaculizan el comercio de productos alimenticios y fertilizantes […] Eso es contrario a la política común de seguridad alimentaria de la Unión Europea”, dice un memorándum firmado por los seis países.

Los envíos de alimentos se ven a veces retenidos en los puertos europeos porque las empresas temen verse implicadas en transacciones relacionadas con Rusia y entidades sometidas a sanciones, afirman los firmantes.

Por ello, piden aclaraciones que eximan de responsabilidad a los fondos o recursos económicos necesarios para la compra y el transporte de productos agrícolas y alimentarios.

En las últimas semanas se han hecho llamamientos para que Europa suavice algunas de sus restricciones a Rusia. En concreto, las aerolíneas europeas podrían volver a utilizar el espacio aéreo ruso para evitar la competencia de sus homólogas asiáticas, según pidió recientemente Willie Walsh, antiguo director de British Airways y presidente de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional.

Las críticas ya han dado lugar a ciertos ajustes. En septiembre la Unión Europea suavizó sus sanciones al carbón ruso. Los Veintisiete siguen sin poder importar carbón, pero ahora puede ser transportado por buques europeos.

Esta medida ha provocado una explosión de la demanda. Las exportaciones rusas de carbón por vía marítima alcanzaron niveles récord en octubre, con 16,6 millones de toneladas, cerca del récord de julio.

La Unión Europea ha adoptado ya ocho paquetes de sanciones contra Rusia desde febrero y se dispone a aprobar un noveno.

Recientemente Putin dijo que la política para debilitar a Rusia y socavar su estabilidad financiera formaba parte de una estrategia occidental a largo plazo. Sin embargo, estas sanciones han supuesto un duro golpe para toda la economía mundial, añadió.

Los diamantes rusos no están sometidos a las sanciones

Bélgica sigue comprando diamantes rusos, a pesar de las sanciones y presiones de ciertos países de la Unión Europea, como Polonia y los países del Báltico. Quieren que se incluyan en la próxima ronda europea de sanciones.

Europa ha dejado de importar carbón de Rusia, quiere eliminar gradualmente la mayor parte del petróleo ruso y ha dejado de comprar muchos productos, como oro, caviar y vodka. Sin embargo, los diamantes han evitado repetidamente la lista de sanciones.

Es sorprendente si se tiene en cuenta que en el comercio sólo participa un Estado miembro de la Unión Europea, Bélgica, que siempre ha declarado que participaría en la prohibición. Sin embargo, el comercio continúa a pesar de las presiones de Zelensky, que en marzo declaró ante el Parlamento belga que “la paz vale más que cualquier diamante”. Como consecuencia, Polonia y los países bálticos vuelven a presionar para que los diamantes se incluyan en la próxima ronda de sanciones de la Unión Europea, la novena. Algunos burócratas de la Comisión Europea han prometido sacar adelante esta sanción antes de finales de año.

Por su parte, Estados Unidos ha prohibido la importación de diamantes no industriales de Rusia, mientras Reino Unido ha impuesto sanciones a Alrosa en marzo. Pero ningún país tiene un mercado de diamantes tan grande como Bélgica. La ciudad belga de Amberes comercia con diamantes desde el siglo XV. Según la asociación comercial Antwerp World Diamond Center (AWDC), unas 1.700 empresas y 4.500 comerciantes compran y venden diamantes.

Antes de la Guerra de Ucrania, el 25 por cien de los diamantes en bruto que pasaban por Amberes procedían de Rusia. El país importó diamantes rusos por valor de 1.800 millones de euros el año pasado y de 1.200 millones en los ocho primeros meses de éste. Pero ahora el comercio se ha convertido en una “montaña rusa”, con una fuerte subida hasta los 393,8 millones de euros en junio, antes de desplomarse a partir de entonces. En el mismo mes de 2021, la cifra fue de 215,4 millones de euros, lo que supone un descenso interanual del 83 por cien.

Tom Neiss, portavoz de la AWDC, afirma que el aumento de junio reflejaba acuerdos sobre diamantes que ya estaban en marcha antes del estallido de la guerra. Una vez iniciada, el sector se sumió en la incertidumbre, dejando a miles de oficios en el limbo. Durante tres meses, un pequeño ejército de abogados tuvo que investigar si todos los acuerdos celebrados estaban en regla, si todos cumplían la cambiante normativa de Estados Unidos y Europa.

A pesar de la fuerte caída de los volúmenes comerciales desde junio, Neiss rechaza la prohibición de las importaciones. Para él, Amberes debe seguir siendo una puerta abierta para las pequeñas empresas.

Mientras que las grandes tienen alternativas a los diamantes rusos, para los pequeños comerciantes es muy difícil. Desaparecerán si no tienen alternativa. En algunos nichos, como los diamantes industriales, que se han convertido en la referencia para los bisturíes quirúrgicos oftálmicos, no hay alternativa a los diamantes rusos.

El cese de las importaciones rusas de diamantes podría poner en peligro 10.000 puestos de trabajo: 4.000 directos y 6.000 indirectos. En privado, el gobierno belga advierte a la Unión Europea de la pérdida de puestos de trabajo, aunque en público dice que no bloquea las sanciones. “Nuestro país nunca ha bloqueado medidas relacionadas con el sector del diamante”, declaró en marzo el Primer Ministro belga, Alexandre de Croo. Sin embargo, cuando se incluyeron a las empresas rusas de extracción de diamantes en el último paquete de sanciones, Bélgica se abstuvo. Posteriormente, las sanciones se adoptaron por unanimidad sin mencionar a las empresas rusas.

Bélgica no es ni mucho menos el único país que concede exenciones a su industria en virtud de las sanciones contra Rusia. Hungría, Eslovaquia y la República Checa han quedado exentas del embargo de petróleo. Italia y Bélgica han obtenido un aplazamiento de la prohibición de determinados productos siderúrgicos rusos, alegando el riesgo de pérdida de puestos de trabajo. Algunos países también apoyan los argumentos de Bélgica. Una prohibición de los diamantes rusos “irá en nuestra contra, porque el comercio se dirigirá a la India”, declaró un alto diplomático de la Unión Europea.

Pero la Comisión Europea ha enloquecido por completo. Un diplomático de la camarilla de Borrell sostiene que “Bélgica debe continuar las conversaciones. No sólo para apoyar a Ucrania con declaraciones contundentes, sino también para mostrar su valentía a la hora de compartir el dolor de las sanciones con todos los demás socios de la Unión Europea”.

La industria del diamante de Amberes afirma que el bloqueo provocará un éxodo de comerciantes de diamantes de Amberes a Oriente Medio y India, dos países que aún comercian con Rusia. Neiss señala que “no se trata de una advertencia: asumiremos el riesgo de que los 40.000 millones de euros de facturación anual vayan a parar a India o Dubai, y estos países se conviertan en el mayor centro comercial del mundo”. De ahí su pregunta, generalizable a otros sectores: “¿Es buena idea hacerse daño de tal manera que se destruya la propia economía? ¿Por qué transferir actividades a países que hoy no tienen problemas en sus relaciones con Rusia?

El gobierno belga considera que la prohibición de los diamantes rusos debería ser mucho más amplia e incluir las piedras talladas y pulidas. Los detractores de la prohibición estadounidense de los diamantes señalan que no impide que los diamantes rusos se importen a través de India después de haber sido cortados y pulidos allí, convirtiéndolos en diamantes “indios”.

Un portavoz del Primer Ministro belga confirmó el fuerte descenso de las importaciones rusas de diamantes desde junio. “En este momento se está estudiando la posibilidad de reducir este comercio a cero, pero eso debe hacerse sobre la base de un planteamiento colectivo”, dijo. “Si realmente queremos detener el flujo de dinero hacia Rusia, sólo puede lograrse si dejamos de comprar y vender diamantes tallados y pulidos, no sólo de vender diamantes en bruto. Es algo que debe decidirse con quienes representan a los principales mercados minoristas”.

Санкциям вопреки: почему Бельгия продолжает покупать российские алмазы

Los británicos empiezan a comer alimentos para mascotas y a calentar su comida con velas

En algunos lugares de Reino Unido las bolsas de pobreza se han visto exacerbadas por la histórica reducción de los salarios reales que en seis meses se han reducido un 0.9 por cien, mientras los precios de los alimentos y la energía se han disparado.

Una parte de la población recurre a alimentarse con comida para mascotas mientras otros tratan de calentar los alimentos en un radiador. Así lo denuncia Mark Seed, director de un proyecto comunitario de alimentos en Trowbridge, en el este de Cardiff, la capital de Gales.

Seis de las comunidades más desfavorecidas de Gales, una de las cuatro naciones que forman Reino Unido, se encuentran en esa ciudad. No obstante, una organización benéfica advierte que los hogares con dificultades no solo aparecen en áreas asociadas durante mucho tiempo con la pobreza y piden que las políticas se centren en las personas, no en los lugares.

Trowbridge se encuentra en lo que Seed llama un “arco de pobreza” de este a oeste de la ciudad. Afirma que muchas personas en la ciudad galesa de Cardiff están trabajando muchas horas para lograr comer y calentarse durante este invierno, debido a la inflación.

“Todavía estoy sorprendido por el hecho de tener personas que se alimentan con comida para mascotas”, dice Hay “personas que intentan calentar su comida en un radiador o con una vela. Estas son historias reales impactantes”, agrega.

“Cardiff es una ciudad floreciente; sin embargo, tiene bolsas de privaciones que simplemente no son aceptables”, dice Seed, que afirma que las personas no ganan lo suficiente para pagar lo esencial.

La gente “nos está diciendo que trabajan cada hora que pueden”, explica.

The Pantry, el banco de alimentos que dirige Seed, ofrece comida de buena calidad a precios muy bajos a más de 160 personas. La organización The Pantry ofrece a unas 30 familias a la semana cestas con alimentos básicos por unos 6 dólares.

Una de ellas es Elizabeth Williams, de 54 años, quien dice que el proyecto une a las personas, pero admite que los tiempos siguen siendo difíciles. “Por lo general, trato de no gastar para mejorar las cosas en mi casa”, dijo.

Ella y su pareja no trabajan, mientras que su hijo, que vive con ellos, trabaja muchas horas. “Incluso con mi hijo trabajando y contribuyendo es difícil, porque él también tiene que vivir y tiene necesidades. Tiene varias cosas mal y está esperando una cirugía”, indica.

La pobreza no siempre es evidente y cuando es así es mucho más complicada para combatirla, advierten los expertos.

Durante décadas, el oeste de Gales y los valles recibieron fondos adicionales de la Unión Europea porque se encontraban entre las partes más pobres de Europa, pero Cardiff no se incluyó porque, en términos de estándares de vida promedio, no estaba desfavorecida.

Victoria Winckler, directora de la organización benéfica galesa contra la pobreza The Bevan Foundation, advirtió sobre los peligros de estereotipar grandes áreas o ciudades como desfavorecidas o prósperas.

“El estereotipo es que Cardiff es próspera y los valles son pobres y estas cifras muestran que ese no es el caso en absoluto”, dijo. “Tienes zonas de Cardiff que son prósperas, sí, pero también tienes áreas bastante significativas de la capital galesa donde a la gente no le va tan bien”, agregó.

Los testimonios de estas personas se suman a lo que cuentan muchos otros ciudadanos que viven en distintos lugares de Reino Unido.

En Reino Unido millones de personas están en estos momentos en la encrucijada de decidir si comen o pagan sus facturas de luz y calefacción.

Cerca de un tercio de padres o madres solteros han recurrido a saltarse alguna de las comidas del día para llegar a final de mes, según reveló una reciente investigación del grupo “Which?” sobre los hogares más golpeados por la crisis inflacionaria en ese país.

Los miembros de 3 de cada 10 hogares monoparentales entrevistados dijeron haberse saltado alguna comida como consecuencia del alza de los precios de los alimentos. En total, en un 14 por cien de los hogares que participaron en el estudio se da la misma situación.

“Nuestra investigación constató que familias de todo Reino Unido están atravesando dificultades por el alza del costo de la vida, siendo los hogares monoparentales los más afectados por la crisis”, dice Rocío Concha, directora de políticas en “Which?”

Para la organización, es clave que los supermercados se aseguren de que los precios son fáciles de comparar y que hay variedad de oferta para distintos presupuestos.

“A medida que los precios siguen subiendo, es fundamental que todo el mundo tenga acceso a alimentos asequibles que sean sanos para ellos y sus familias”, agregó Concha.

Los datos oficiales más recientes muestran que la inflación alimentaria en Reino Unido alcanzó el 16,4 por cien en octubre, su nivel más alto desde 1977. Se debe principalmente a la fuerte subida de productos de la canasta básica como leche, mantequilla, queso, pasta y huevos.

Los hogares monoparentales y los pensionistas dedican una proporción más grande de su presupuesto a la comida, electricidad y gasolina, en torno a un 30 por cien. Para las parejas con hijos este porcentaje cae a un 25 por cien, según cálculos oficiales.

Sin embargo, todos los hogares están gastando significativamente más que el año pasado en productos esenciales.

Un mujer de unos 40 años dice que, dado el costo de sus facturas, algunas semanas apenas puede alimentar a sus hijos. Otra persona añadió: “No estoy comiendo adecuadamente para poder alimentar y vestir a mis hijos y todavía tener suficiente para la electricidad”.

Según la Confederación de la Industria Británica, la economía de Reino Unido va rumbo a contraerse un 0,4 por cien el año que viene debido a la inflación y el recelo de las grandes empresas a invertir.

—https://www.eleconomista.net/economia/Inflacion-Hay-personas-que-estan-comiendo-alimentos-para-mascotas-y-calentando-su-comida-con-velas-20221206-0005.html

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